Anciano

Por Ildiko Nassr


A los setenta y siete años, Julián sale en libertad luego de largos años encarcelado por el crimen de su esposa. Nadie lo espera. Vive en un cuartucho. Solo y con la estricta disciplina adquirida en la cárcel, que incluye duchas heladas a determinadas horas del día, sesiones de abdominales, horas muertas.Su casera es una mujer de cuarenta y ocho años con dos hijos, gemelos de once. Es amable y distante. Él se enamora perdidamente, como si fuera un adolescente de dieciséis años. Julián sueña con ella. Escribe su nombre junto al suyo en la pared. Cuando la oye salir, va por detrás, como una sombra muy oscura. Ella lo rechaza cada vez que la invita a un trago. Lo mira con asco. Él siente el rechazo y eso lo excita más. En la calle, le susurra barbaridades. La persigue. Si no se le hubiera ocurrido pedir ayuda, probablemente Julián no hubiera sacado la faca. Pero regresar al conocido reclusorio no lo asusta. Es un anciano y le quedan pocos años de vida. Y ella no será de nadie más.

Ildiko Nassr (Río Blanco, Jujuy, Argentina, 1976) es una de las autoras más reconocidas en el ámbito de la microficción argentina. Ha publicado libros de poemas (Reunidos al azar, 1999; La niña y el mendigo, 2002 y, en coautoría, Ser poeta, 2007), de cuentos (Vida de perro, 1998) y de microrrelatos (Placeres cotidianos, 2007 y 2011; Animales feroces, 2011; Ni en tus peores pesadillas, 2016; Placeres cotidianos —reedición corregida y ampliada 2017—; Hilos dorados —junto a Susana Quiroga y Mónica Undiano, 2017—).
Sus microrrelatos han sido incluidos en las mejores recopilaciones de microficción.
Feria Internacional del Libro de Lima, 2019
https://www.youtube.com/watch?v=fraIXhqFYBI

Aroma a suavizante

Por Elena Casero Viana


La blancura de la sábana era total. Él, que desde el principio de su
matrimonio, cuando la felicidad era como un rayo de sol
constante, había insistido en acostarse sobre ropa limpia y olorosa
a diario, no tendría queja esta vez.
Ella había intentado disuadirle de este capricho en
numerosas ocasiones. Sin fortuna. No le importaba si era una

carga de trabajo adicional para ella. La ropa se amontonaba en el
cesto y después en la plancha. Su indiferencia era inversamente
proporcional a su amor.
Miró de nuevo la sábana al trasluz. Se la acercó hasta la
nariz. Un agradable aroma a suavizante la inundó de paz. Después
la extendió sobre la cama, envolvió el cuerpo inerte de su marido
en ella y le deseó un buen viaje.

ELENA CASERO VIANA (València, 1954) es Técnico de Empresas Turísticas y ha trabajado hasta su jubilación en la multinacional Ford España SL.Ha publicado las novelas Tango sin memoria (Mira Editores, 1996 y reeditada en 2013 por Talentura Libros), Demasiado Tarde (Mira Editores, 2004), Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros, 2009), Donde nunca pasa nada (Talentura Libros, 2014), Las óperas perdidas de Francesca Scotto (Talentura Libros, 2018), el libro de relatos Discordancias (Talentura Libros, 2011 y, el libro de microrrelatos Luna de perigeo (Enkuadres, 2016)Ha colaborado en distintos libros colectivos de relatos publicados por Editores Policarbonados, Mira Editores y Generación Bibliocafé.Y sus microrrelatos han sido publicados en Grandes microrrelatos 2011 (Internacional Microcuentista), De antología – La logia del microrrelato (Talentura Libros, 2013), Despojos del ReCLa Microbiblioteca (relatos ganadores y finalistas, 2013, 2014 y 2016) Lectures d’Espagne, une anthologie Vivante (Auteurs espagnols du XXI Siècle).

Caballitos de colores – SENDERO BLOG

Hojuelas de miel

Katalina Ramírez

De tanto pensarlo, me dolía el estómago; ni siquiera podía comerme el cereal servido en el tazón frente a mí. Comencé a bañar en miel de abeja las hojuelas secas, y el líquido dibujó en el aire tus labios, tu cuello y tus caderas. Con manos temblorosas te coloqué sobre mis piernas y me despojaste de las prendas que me separaban de tu ombligo. Un tirante y luego el otro; mis pezones rozaban los tuyos. Acariciaste mi espalda y mis muslos y, sin ordenárselos, mis manos empezaron a imitar tus gestos, a seguir la guía que habías trazado en mi cuerpo, abriendo surcos, donde se colaba la miel con su danza dorada. Tuve que morderme los labios para no despertar a mis padres y a los vecinos.

Un cosquilleo, que me venía de la punta de los pies, andaba y desandaba mi cuerpo, que se contorsionaba con el roce de tu saliva. La miel empezó a desbordarse del recipiente. Ya no podía contener los gritos que se apretaban en mi garganta, cuando un sonido estridente rompió las cuerdas del silencio y destrozó el tazón en mil pedazos. Lo había arrojado al suelo y no tuve tiempo de pensarlo, abrí los ojos y ya te habías marchado. Sólo quedaban, regadas por mi habitación, hojuelas húmedas con miel de abeja.

***

Katalina Ramírez (Puebla, Puebla, 1990). Ha publicado en seis antologías internacionales. Lengua soy es su libro de poesía (3 norte y Universidad Iberoamericana). Música primigenia de microficción (BUAP). Está incluida en la ELEM y la Antología Virtual de Minificción Mexicana.

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La peste

Paola tena


Cuando se inclinó sobre la figura que agonizaba en la cama, reconoció con horror a la mujer con la que había yacido dos noches antes. Se echó hacia atrás asustado, y tambaleándose se llevó la mano derecha a la careta con pico de pájaro buscando un poco de aire.

–No se la quite, doctor. Se va a infectar –lo detuvo uno de sus ayudantes.

Pero ya era tarde, estaba contagiado sin remedio de la enfermedad más letal de que se tuviera noticia. El médico murió una semana después entre aullidos desesperados repitiendo el nombre de la mujer, víctima del mal de amores.

Microbiografía

(México, 1980). Pediatra de profesión y escritora por vocación. Ha publicado algunos de sus microcuentos en antologías de minificción (Señales mínimas , Ediciones Idea, Tenerife, 2012; Érase una vez… un microcuento, Diversidad Literaria, Madrid, 2013; Saborea la locura, Chiado Editorial, Barcelona, 2013; Vamos al circo, BUAP, Cd. de México, 2017; Las musas perpetúan lo efímero, Micrópolis, Lima, 2017). Ha publicado sus microcuentos en diversos blogs y revistas digitales, participando de manera activa en las redes sociales. Las pequeñas cosas es su primer libro.

Amanece con ... Paola Tena
Microdecamerón compilado por Paola Tena

La pasión de Sergio y Baco

de Édgar Núñez Jiménez

El sol cae de filo sobre tu cabeza y es grande el valle de lágrimas que debes recorrer. Sudas de manera incontrolable y tu labio superior, partido y reseco por la sed, se hiende como un terrón de tierra. El aire que acaricia tu rostro te recuerda a la respiración tibia de Sergio cuando dormía sobre tu pecho.

¿Amó el eunuco en silencio a aquel que estuvo entre los leones? Yo te amaré con todas mis fuerzas, Sergio, aunque me cubriera el polvo de los gentiles.

¿Por qué no caes de rodillas y dejas de correr? Falta poco, Sergio, y sólo sientes los clavos puestos en tus sandalias. Y a través de ese dolor, que anuncia la muerte, el recuerdo de Baco te sostiene.

Y el alma de Jonatán se quedó prendada de David aquel día que murió Goliat. Con esa misma intensidad, te amo a ti, Baco.

Llegas sucio por el polvo y las injurias. El miedo se te ha quedado en los ojos. “¿Dios, estaré contigo hoy en el paraíso?”. Los gentiles esperan con ansias tu cuerpo para mancillarlo, destruirlo, corromperlo.

Y Rut se desnudó en la estera y concibió con Booz un hijo para Noemí, ¿no es eso, amado Baco, la prueba más grande de amor?

Desgarradas las plantas de tus pies, sientes el filo de la espada sobre tu cuello. Cierras los ojos y piensas en la muerte, pero también en un halo de luz que puede ser la esperanza.

***

Edgar Núñez Jiménez (Copainalá, Chiapas, 1991). Ha aparecido en los libros En-saya (Universidad Veracruzana, México, 2013), Brevísimos (Ediciones Equinoxio, Argentina, 2019) y Esto solo podía pasar en verano (España, 2019). Aparece en las antologías Perros y Gatos (Ediciones Sherezade, Chile, 2019).

Diversidades minificciones alternas compilación:

Vimarith Arcega-Aguilar

Diana Raquel Hernández Meza José Manuel Ortiz Soto

Vigilia

De Álvaro Ruiz de Mendarozqueta


No me podía dormir. Desde la ventana entreabierta se veían las
sombras de los árboles. Se oía el runrún lejano de la avenida y, de vez
en cuando, algunos pasos apurados en la vereda.
Ella no se movía; la toqué y después de tantos años me seguía
sorprendiendo la suavidad de su piel.
Me levanté y me senté en la silla en la que había colgado los
pantalones. Las sombras recorrían su espalda como olas. Ella parecía
tener un poco de frío pero si me hubiera levantado para taparla me
habría perdido el espectáculo. Pensé en lo mucho que la quiero y en lo
mucho que me costaba decírselo.
Encendí el velador que daba una luz tenue hacia abajo. La
suficiente para permitirme tomar notas en el cuaderno de tapas duras.
Hice un boceto de su espalda desnuda que, en un vano intento, quise
difuminar en una guitarra, incluso dibujé el agujero. Escribí algunos
recuerdos de momentos que pasamos juntos. Intercalé texto y dibujos.
Con un lápiz 2B hice unos sombreados como los que estaba viendo.
Con algo de rencor escribí el dolor que me había producido el engaño.
Fui al placar y saqué la caja de Faber-Castell. Para completar el
dibujo, elegí el lápiz más rojo de todos y comencé a pintar las manchas
de la sábana.

Álvaro Ruiz de Mendarozqueta. Publicó relatos y artículos en las revistas SuperHumor, Sinergia, Clepsidra, Cuasar, Vórtice, Gurbo, Gestalt, Axxon, miNatura, Brevilla y Puro Cuento. También publicó
en el diario El Litoral de Santa Fe y en las antologías Fase Uno, Fase Dos, Grageas 2, Todo el país en un libro. Fue incluido en las antologías Microrrelatos navideños y Fútbol en breve, de Internacional
Microcuentista y Antología de microrrelatos de amor y desamor, de Brevillia. Alción Editora publicó su libro de cuentos El arte de lo efímero.

El Vento rural es como un Falcon moderno” | La Voz
Tomado de Brevillia «O dispara uste o disparo yo»

Nota de cata

de
Carmen de la Rosa


La enóloga chocó su copa de brandy Gran Reserva con la de su
prometido, se la llevó a los labios y bebió un trago corto de aquel
líquido caoba oscuro. A petición de los invitados a su ceremonia
de pedida, besó después a su novio en la boca. Cerró los ojos y se
concentró en su paladar, en el que se mezcló un suave toque a
ciruelas y pasas del brandy, con la dulzura de la boca del hombre
al que amaba. Al final del beso, una vez que se hubo extinguido
el regusto a taninos del brandy en sus papilas gustativas,
reconoció, oculto en el fondo de la boca de aquel que le había
prometido amor eterno, el inequívoco sabor de otra saliva
femenina

Guía básica para catar un vino en 3 pasos | Vivanco
Del Microdecamerón

Asesino en serie

de Álvaro Ruiz de Mendarozqueta



La mejor manera que encontré para descargar la parte oscura
que llevamos dentro, fue asesinando gente en los cuentos. Forjé cierta
reputación y aparezco en antologías de la serie «Letra negra». Incluyo
algo de sadismo y toques eróticos —muy de moda—.
Sin ir más lejos acabo de mutilar a la vecina de arriba que me
tiene harto con sus tacos resonando a las seis de la mañana. Disfruté
mucho relatando cómo la desmembré con el cuchillo grande que uso
para el asado.
Salgo de casa a comprar algo para festejar. En la vereda dos
policías se me acercan; detrás de ellos, un empleado de la editorial me
señala con el dedo.

Álvaro Ruiz de Mendarozqueta. Publicó relatos y
artículos en las revistas SuperHumor, Sinergia, Clepsidra, Cuasar, Vórtice,
Gurbo, Gestalt, Axxon, miNatura, Brevilla y Puro Cuento. También publicó
en el diario El Litoral de Santa Fe y en las antologías Fase Uno, Fase
Dos, Grageas 2, Todo el país en un libro. Fue incluido en las
antologías Microrrelatos navideños y Fútbol en breve, de Internacional
Microcuentista y Antología de microrrelatos de amor y desamor, de
Brevillia. Alción Editora publicó su libro de cuentos El arte de lo efímero.

Qué es un asesino serial y características psicológicas - Historia
O dispara usted o disparo yo

Un beso

de Leodan Morales

No creía en nada. Mi amor desterrado a los abismos de la normalidad. Mi cuerpo, subyugado, esclavo de la norma del deber ser, existiendo sólo para cumplir los planes de la sociedad. Aterrado, aterrada. Tiemblo como un animal indefenso perdido en las entrañas de una cueva desconocida; me llegan ecos de gritos a cada paso: “¡No! ¡No! ¡No!”. No es normal. Es un error. Se trata sólo de una fase. Mientras más gritan, más me oculto en lo profundo de la cueva, mi cueva desconocida. Se oyen gotas que caen a lo lejos, se escuchan torturas que vienen de cualquier destino, y de pronto, un susurro. “¿A qué sabe un beso?”, a beso, “¿A qué sabe un beso?”, a beso, “¿A qué sabe un beso?”, a beso, respondo nuevamente. Unos labios se posan sobre los míos. Al primer contacto, me muestro temeroso; luego, tras esa sensación de labios, me doy cuenta: un beso no es heterosexual; no sabe a homosexualidad; no sabe a lesbianismo; no es bisexual; no es travesti; no es transexual; no es transgénero. Un beso es un beso. Un beso, fue el primer paso para enfrentar a la cueva desconocida, para callar a los ecos resonantes, para dejar atrás la normalidad. Un beso.

Leodan Morales (Coacoaco, Ilamatlán, Veracruz, 1990). Actual integrante del círculo literario “Luz y palabra”. Ha presentado su obra poética en náhuatl en la FIL del Zócalo, así como en la Revista de la Universidad.

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Los microrrelatos y el humor: casi un chiste (parte 1)

Silvina Gabriela Fariña

Por Silvina Gabriela Fariña 5 Minutos

Si bien hemos encontrado una frecuente presencia de la ironía, también es cierto que el humor en forma franca y directa aparece en la elaboración de estos relatos. En este sentido, muchos son los que relacionan estos microcuentos con los chistes:

¿Tu marido es celoso?

Sí, es el oso que viene allí.

¿Qué recursos del humor podemos encontrar?

Vamos a ver qué recursos del humor descubrimos en esta selección de microrrelatos que presentamos a continuación. En este caso vamos a encontrarnos con autores de diferentes nacionalidades.

  • Definiciones poco usuales. En muchas ocasiones nos topamos con ejemplos que son como definiciones pero atravesadas por un lenguaje que las saca del discurso de los diccionarios. En algunos casos, se hace referencia a la presencia del diablo: así sucede con el Diccionario del diablo, de Ambrose Bierce y con Rol de cornudos, de Camilo José Cela: 

Cornudo angélico

El que al encontrarse a su mujer en la cama con un vecino, lo atribuye a falta de calefacción. Es especie ejercitadora de la caridad: convierte infieles, regala boinas y calzoncillos a los huérfanos de las riadas, da tres pesetas mensuales a la Cruz Roja, etc.

Camilo José Cela (España, 1916/2002)

Inventor: Persona que construye un ingenioso ordenamiento de ruedas, palancas y resortes, y cree que eso es civilización.

Ambrose Bierce (EEUU, 1842/1914)

Sirena: Uno de los varios prodigios musicales célebres por su vana tentativa de disuadir a Odiseo de una vida oceánica. Figurativamente, dama de espléndida promesa, aviesa intención y frustrante rendimiento.

Ambrose Bierce

  • Observación absurdamente natural. En otros ejemplos predomina la observación de la realidad con una naturalidad tal que lleva necesariamente a la evidencia de lo absurdo o ridículo:

Una vida

La cocinera dijo que no se casó porque no tuvo tiempo.Cuando era joven trabajaba con una familia que la dejaba salir dos horas cada quince días. Esas dos horas las empleaba en ir en el tranvía 38, hasta la casa de unos parientes, a ver si habían llegado cartas de España, y volver en el tranvía 38. 

Adolfo Bioy Casares (Argentin, 1914/1999)

La última vez que nos encontramos Jorge Luis Borges y yo, estábamos muertos. Para distraernos, nos pusimos a hablar de la eternidad.

Juan José Arreola (México-1918/2001)

La mala memoria

Me contaron hace un tiempo una historia muy estúpida, sombría y conmovedora. Un señor se presenta un día en un hotel y pide una habitación. Le dan el número 35. Al bajar, minutos  después, deja la llave en la administración, y dice:

-Excúseme, soy un hombre de muy poca memoria. Si me lo permite, cada vez que regrese le diré mi nombre: el señor Delouit, y entonces usted me repetirá el número de mi habitación.

-Muy bien, señor.

A poco, el hombre vuelve, abre la puerta de la ofinina:

-El señor Delouit.

-Es el número 35.

-Gracias.

Un minuto después, un hombre extraordinariamente agitado, con el traje cubierto de barro, ensangrentado y casi sin aspecto humano entra en la administración del hotel y dice al empleado:

-El señor Delouit.

-¡Cómo! ¿El señor Delouit? A otro con ese cuento. El señor Delouit acaba de subir.

-Perdón, soy yo… Acabo de caer por la ventana. ¿Quiere hacerme el favor de decirme el número de mi habitación?

André Breton (Francia, 1896/1966)

El elefante 

Había una vez un cachorro de elefante que escuchó decir a alguien: “mira, allá va un ratón”. La persona que lo dijo estaba realmente viendo un ratón, pero el elefante pensó que se estaba refiriendo a él.

Había muy pocos ratones en aquel país y, en todo caso, preferían quedarse en sus agujeros, y sus voces no eran muy fuertes. Pero el cachorro de elefante bramó por todas partes, embelesado por su descubrimiento: ‘soy un ratón’.

Lo dijo tan fuerte, tan frecuentemente y a tanta gente que, créanlo o no, en la actualidad existe un país en el que casi toda la gente cree que los elefantes, y particularmente los cachorros de elefante, son ratones.

Es verdad que, de tiempo en tiempo, los ratones han tratado de argumentar con aquellos que sostienen la creencia de las mayorías, pero siempre se les ha hecho huir.

Idries Shah (India, 1924/1996)

Milonga para Jacinto Cardoso 

A Jacinto Cardoso se lo llevaron, esposado, un martes por la noche. Se resistió con todas las fuerzas que quedaban en su pobre cuerpo, desangrado, pero no hubo caso. La libertad esa noche le volvía la espalda. Pobre Jacinto Cardoso. Se cuenta que los muchachos le compusieron una doliente canción de despedida. Un martes por la noche nada menos, martes 13 para Jacinto Cardoso aunque fue un martes cualquiera cuando lo esposaron. Los muchachos supieron llorar la pérdida de Jacinto Cardoso, desangrado en el juego de naipes, esposado por la Juana un martes a la noche.

Historia verídica (Julio Cortázar-argentino-1914/1984)

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.

Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

Luisa Valenzuela (Argentina, 1938)

  • Juegos con referencias conocidas. También podemos encontrarnos con los cuentos que juegan haciendo referencia a historias conocidas (generalmente procedentes de la literatura):

The female animal 

Despertada por el canto de la alondra, Julieta abre los ojos, se levanta del lecho, se viste de raso, de brocato y de terciopelo, se calza chapines de seda, aprisiona sus cabellos en una red de hilos de oro, se colorea las mejillas con agua de púrpura, los párpados con tierra de Egipto, los labios con pasta carmín, se adorna con collares, con pendientes, con pulseras, con anillos, se perfuma con esencias arábigas, se mira en el espejo, sonríe, suspira y sale al balcón. Toda Verona arde en riñas callejeras entre Montescos y Capuletos. En el centro de la vasta reyerta, Romeo se bate encarnizadamente con Teobaldo. Julieta espera un minuto, dos minutos, tres minutos. Después vuelve a entrar en su alcoba, se arranca los collares, los aros, los brazaletes, las sortijas, hace volar por el aire los chapines de seda, se rasga el raso, el brocato y el terciopelo, arremete contra el agua de púrpura, contra la tierra de Egipto y la pasta carmín, hace pedazos la red de hilos de oro, se sienta, grita: ´¡Y para esto me vestí!¨?’

Marco Denevi (Argentino, 1922/1998)

En algunos de los grupos de historias seleccionadas estamos más cerca del cuento breve que del microrrelato, pero me ha parecido importante abrir un abanico de posibilidades. En cualquier caso, hasta aquí llega el artículo de hoy. En el próximo artículo, retomaremos este tema y seguiremos ahondando en cómo el humor impregna los microcuentos.

Profesora de Lengua y Literatura. Interesada en los microrrelatos, la narración oral, la literatura comparada, la producción de audiovisuales y el análisis comparado de textos y manifestaciones estéticas (diferentes casos de transtextualidad).
Luego de batallar con otras aplicaciones vuelvo por acá con otro espacio dedicado en particular para el material de trabajo del año en la escuela.

Narración oral | Literatura y Teoría Literaria en la Escuela Secundaria | Scoop.it

https://microcuento.es/los-microrrelatos-y-el-humor-casi-un-chiste-parte-1/

Liberación

Azucena rodríguez


Ya no sueño contigo. Ahí está mi insomnio de testigo.

Del microdecameron compilación de Paola Tena

Infierno grande

De consuelo Nieto Ortega

Mientras camina por el vecindario, detiene la mirada en el noticiero vespertino, que está en la tele que se han podido agenciar los de la familia compuesta/descompuesta: uno más en la lista arcoíris. Es como si pasara un auto a más de ochenta kilómetros cuando vuelan las mariposas monarcas; no hay respeto, no hay nada.

Se ha muerto el hijo de alguien, no se ha muerto: lo han matado. Ese al que se le volteaba la mano y su padre golpeaba para ver si se hacía más hombre, o mínimo, más humano. El hijo de Doña Mocha, la que pedía mucho a Dios por la salvación de su oveja chueca, ayuda para su hijo el afeminado. Las habladurías se hacen presentes en los quehaceres del medio día, entre las refriegas y el lavadero de piedra, entre las manos cuarteadas de jabón y detergente, cuando Doña “me sé los mejores chismes” saca las sábanas y abre la boca, y empieza la recapitulación interminable de aquellas a las que mataron, y se lo merecían, la lista de las trans:

Trans/segregadas

Trans/agredidas

Trans/humilladas

Trans/asesinadas

Y lavan las señoras de la vida políticamente correcta, tallan la ropa de los maridos patanes, que las golpean y les regalan flores, los que cogen como bestias y traen el papiloma de cada día, los que después de unas cervezas desconocen al compadre. Las señoras limpian, se cubren los moretones y dicen que sólo Dios sabe lo que hace.

***

Consuelo Nieto Ortega (Toluca, Estado de México, 1991). Médica cirujana por la Universidad Autónoma del Estado de México. Escritora y poeta apasionada por las letras. Abiertamente lesbiana, rebelde, comprometida con luchas sociales que impliquen solidaridad, igualdad y defensa de lo correcto. Cuenta con dos libros publicados a la fecha.

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Diversidades minificciones alternas

Divertimientos

Por José Manuel Dorrego


Últimamente venía notando que el número de Zambo y Chuky –el payaso triste y el payaso alegre de nuestro circo– no estaba a la altura del resto de los números. No es que el público silbase, nada de eso, pero al terminar la actuación se escuchaban unos aplausos levísimos y monótonos, de trámite, como diciendo: “Aplaudimos porque se nota cierto esfuerzo, pero no es lo que esperábamos”.Por eso decidí que Zambo hiciese también de payaso alegre, así que nos ha quedado un número divertidísimo. ¿Qué se pierde el contraste Alegría versus Tristeza? Completamente de acuerdo. A veces tenemos que dejar ciertos principios tirados por el camino, gajes de la vida, pero a cambio, la gente no para de reír. Un público contento es siempre un público que aplaude. Y un público que aplaude es incapaz de pedirte que les devuelvas el dinero de la entrada porque no les ha convencido el espectáculo. Al fin y al cabo, si lo piensas, nos pagan para divertirse. Para desgracias, las que tienen ahí afuera, en cuanto acabe esta cuarentena, empiecen a abandonar la carpa del circo en fila de a uno, abran la puerta de sus hogares y se les caiga la casa encima.

Espectáculo de circo con payasos y animadoras en el escenario ...

Dos cuentos de… O dispara usted o disparo yo


Patricia Odriozola

Nació el 8 de julio de 1957 en Nueva York. Vive en la Argentina desde los dos años. Es Licenciada en Comunicación Social y Magíster en Escritura Creativa. Se define como escritora de ficción, periodista y creativa publicitaria. Publicó novelas, cuentos y un ensayo breve en la Argentina, España y los EE.UU. También recibió premios y distinciones en estos tres lugares. Es casada. Tiene una hija y tres gatos.

El parto

No quiero despertarme.
Acá está calentito, y estoy bien.
¿Salir? ¿Qué es eso? Prefiero los adentros.
Yo me quedo aquí, con el hermano de la muerte, y la fantasía sin tiempo ni epitafio. Porque son redondos, suaves, mullidos, los sueños que me abrigan y me salvan de la luz insoportable y supuestamente bienvenida de los días de sol.
Voto por este todo es posible; lejos, bien lejos de esa puta realidad que voltea castillos y erige la nada.
Hay uno que dice -nunca me acuerdo el nombre- que la vigilia es lo real. Si es así, entonces no es más que una superposición de aristas, de cuadrados, de tijeras. Sin color. Como esa sala de partos, con los focos esperando confesiones de inocentes, y la sargentona autoproclamada enfermera, y el fascista
del médico ordenando que hay que llorar para vivir. Como esa angustiante disfonía de ruidos profanos.
De sucesiones de horas y minutos. De figuras recortadas, no de anfibios.
Afuera hace frío. Tengo miedo. No quiero abrir los ojos -no voy a abrir los ojos- por más que
me sacudan por enésima vez en veinticuatro horas.
Es la anestesia susurran, y enseguida: «pobrecita»; se sonríe. «No
sé cómo vamos a decirle que la chiquita no sobrevivió».
Como si no supiera bien que fui yo quien te anudó el cordón al cuello.
Fue mami la que te salvó, hija mía. Y por eso estoy sonriendo.

Agua

¿Lavarse, lavar…? Qué más da, decíamos; la higiene, un anhelo burgués. ¿Beber? Nuestra cava guarda el sueño de tantas botellas como puntos hay en una línea. ¿Infusiones? ¿Quién las necesita? Mientras las manzanas no nos mezquinen su gloriosa acquavit…
La llanura se ajó como un pergamino. El cielo perdió el azul subido y empalideció hasta volverse grisáceo. Los animales se consumieron: el brío del caballo y la temeridad del puma cedieron su
cetro a una cohorte de alimañas que crujían al andar. Ebrios de alcohol y de ansiedad, le dimos una aparatosa bienvenida a la estepa y permitimos que avanzara sobre nuestros cuerpos una nueva forma de supervivencia.
Un atardecer, el más anciano de nosotros se extinguió con la misma dulzura con que el sol bajaba sobre el horizonte. Recién entonces nos dimos cuenta de que las lágrimas también se habían acabado. Habíamos sido seres humanos. Ahora, no más que un tesoro de taxidermista.

Patricia Odriozola


El último vagón

Sergio Isaac Porcayo

Traspasa el último acceso. Él avanza (corbata suelta, maletín y saco bajo el brazo) entre cuerpos ausentes que lo ven sin mirarlo. El animal se sacude y penetra la oscuridad.

Otra estación, el aguijón se inunda de cuerpos parasitarios sin destino. La masa compacta de zombis sedientos se funde evasiva. Él, indiferente, les da la espalda. Al arranque siente, sin inmutarse, el contacto tibio sobre su cadera. Inmóvil ve las luces escapar por la entraña de la ciudad mientras otra piel se escurre debajo del pantalón como paladeando. La dermis extraña inicia un frotamiento sobre el canal de las nalgas, aumentando hasta terminar en la embestida del áspid que repta por otro canal, más frágil y aromático que los entresijos de la ciudad.

Anónima creatura cava los pliegues de su íntima oscuridad. Su mirada y su mente se ausentan. El sudor y otras humedades manchan su frente y corbata, hasta que repentinamente el vivaz invasor se retira furtivo. Antes de llegar a la estación arregla su camisa. Sale del gusano, y desde el otro lado de la compuerta cerrada reconoce los duros ojos amarillentos que lo poseen invasivos, incluso después de que veloces desaparecen del andén.

Sergio Isaac Porcayo (Toluca, Estado de México, 1987). Licenciado en Filosofía y especializado en Estética. Ha publicado en diversas revistas sobre temas literarios y filosóficos, centrándose en la visualidad, la sensibilidad contemporánea y las masculinidades.

Las líneas 8 y 9 del Metro de la Ciudad de México ya tienen WiFi ...