O dispara usted o disparo yo: Antología de Lilian Elphick, autores Judith castañeda, Luis A. chávez, Gerardo farías.

Judith Castañeda Suarí. Luis Alberto Chávez Fócil

Judith Castañeda

Líneas de investigación
Aquí está el arma homicida, detective, dijo la voz, y unos dedos
de raso blanco depositaron sobre la mesa la calibre 22 que desapareció
de la escena del crimen. Mientras aferraba la culata, la mano envuelta
en un pañuelo, intenté recordar dónde había escuchado aquella voz un
poco rasposa, como de enferma de la laringe.
La he oído antes, pensé. Al levantar la vista me encontré con
unos retazos arrancados a la oscuridad por el foco. La mitad de una
boca rojísima, unas hebras negras, la solapa de un abrigo, el sombrero
cubriendo unos ojos castaños, o eso imaginé.
Se trataba de una desconocida. Pero su voz, ¿de dónde?
Lo supe después, cuando ya no tenía conmigo el arma, cuando
en la División de Homicidios cotejaban mis huellas dactilares con las
de la culata, que eran idénticas. Una noche soñé con aquella mujer. ¿Es
seguro, alguien se habrá dado cuenta?, me dijo entonces, al tomar la
pistola como si la amortajara con sus guantes. Le contesté que nadie,
que la música había cubierto el disparo, y ella se fue para dejarme a
solas con el muerto y su caja de seguridad. Debía salir a cantar.
Ahora me arrepiento de la nota que le puse más tarde en el
escote: Ven mañana para repartirnos el botín, el arma guárdala hasta
que te avise. Supongo que después la llamé, pero no lo recuerdo; no
siempre tengo presentes mis sueños.

Judith Castañeda Suarí.

Ciudad de México, 1975. Técnico en
química industrial y alumna en los talleres literarios de Alejandro
Meneses, Beatriz Meyer y José Prats. Ha publicado en suplementos
culturales de circulación local, en la revista Crítica y en antologías de
cuento y minificción como Lados B, de Nitro/Press, Antología virtual de
minificción mexicana y Ráfaga imaginaria, publicada por la Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla. Autora de los libros de cuento Dios
de arena y Aire negro.

Luis Alberto Chávez Fócil
Ángulo de toma
La cámara inicia con una panorámica desde la llanura, avanza sin
cortes poco a poco hacia la cabaña que se observa al fondo; la puerta
de la cabaña se abre, entra la cámara y continúa, para tomar a un
hombre sentado a la cabeza de una mesa, la cámara se aproxima,
avanza hacia el rostro del hombre, entra por la frente y sale dejándole
un agujero atrás de la cabeza: sesos, sangre, esquirlas de hueso, brotan
de la cabeza del hombre, que cae al suelo, la cámara rompe una
ventana, sigue avanzando por la llanura, se escuchan sirenas de
patrullas, bajan varios policías, le disparan a la cámara, ninguno logra
atinarle, la cámara se pierde en el horizonte…

Luis Alberto Chávez Fócil. Estudió teatro y cine en la Ciudad de México. Becario SOGEM 1992 en la Casa Internacional del Escritor, Bacalar, Q. Roo. Ejerce trabajo periodístico.

Gerardo Farías

Seguridad

Limpió con gran esmero toda la sangre. Su pecho estaba
hinchado de orgullo y sonreía inequívoco de su anonimato. Se marchó
caminando lentamente. Pero a sus espaldas el fantasma de su víctima
ya comenzaba a tomar forma.

Gerardo Farías. Nació en Morelia, en 1985. Es profesor de
literatura e inglés y tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana
por la Universidad de Guanajuato. Es miembro activo de la Sociedad
de Escritores Michoacanos. Es coautor del libro de crítica literaria
Revueltas (Conaculta/ FONCA/2013) y participó en el libro El vicio de
vivir. Ensayos sobre la literatura de José Revueltas (Tierra Adentro/2014). Y
es autor de dos libros de minificciones: Sobre el olvido y el juego (Canapé/
DF/2013) e Inventario del Crimen (Diablura Ediciones/2016).

El misterio del "hombre semen": la historia del pueblo de Francia en el que  vivían solo mujeres que compartieron a un hombre - BBC News Mundo





Recordando a Chespirito

Los chifladitos 1992

Recordando a «Shakespierito».

  • Oye Lucas, ¿Tú crees que sea útil ser poeta?
  • Claro que sí, Chaparrón, si no, ¿Qué pretexto vas a encontrar para morirte de hambre?
  • Sí, pero yo quiero decir: ¿Tú crees que si hubiera más poetas la gente avanzaría con más seguridad por la vida?
  • No, Chaparrón, para avanzar con más seguridad lo que hace falta es sincronizar los semáforos
  • Estás en lo cierto, pero de cualquier manera para algo deben servir los poetas…
  • Bueno, yo los utilizaría para disolver manifestaciones.
  • ¿Para disolver manifestaciones?
  • Sí. Chaparrón, ¿No te has fijado en cómo se desbarata una reunión en cuanto alguien se para a declamar un poema?
  • Estás en lo cierto.
  • Además, en esta época, ¿A quién le interesa que la luna sea blanca?
  • A los del Ku Klux Klan.
  • No, pero yo estoy hablando de gente no de animales. [..] Pero de cualquier manera tú no debes darte por vencido. Acuérdate que los poetas no son los únicos seres inútiles que existen en el mundo. También hay abogados, economistas, críticos de teatro, empresarios de boxeo; con el agravante de que el abogado te manda a la cárcel, el economista te manda a la bancarrota, el crítico de teatro te manda a la televisión y el empresario de boxeo te manda al manicomio, si no es que al cementerio. En cambio, los poetas a lo que más que pueden mandarte es al diccionario para que averigües qué fue lo que quisieron decir.

— Los Chifladitos 1992

Tomado del fb del muro de Jorge Luis Barradas.

Las frases de Lucas y Chaparrón Bonaparte, la pareja de humor que  inmortalizaron Los Chifladitos

Palabras heredadas : los cambios históricos de nuestro vocabulario

«Palabras heredadas : los cambios históricos de nuestro vocabulario» https://www.elfinanciero.com.mx/algarabia/palabras-heredadas-los-cambios-historicos-de-nuestro-vocabulario

Del Libro «nadie piensa en los niños» de Santiago Eximeno

Español

Bajo un árbol
Cae una nuez. La niña mira hacia arriba, hacia las ramas del árbol,
pero no ve a la pequeña ardilla. En el bosque ya ha anochecido y
la niña tiene los ojos hinchados de tanto llorar.
Todavía cree que su padre volverá a buscarla.

De hombres y trenes
Desde la ventana de su habitación el niño veía pasar los trenes.
Sentado en su silla de ruedas, consciente de que nunca volvería a
caminar, el niño acercaba su rostro hasta que su nariz rozaba el
cristal y miraba cómo los vagones se desplazaban de un lado a
otro, recorriendo las vías como bestias temblorosas. Bestias que
temblaban, sí, temblaban de miedo.
En ocasiones su madre entraba en la habitación y le
acariciaba la cabeza y le decía que no se preocupara, que no
tuviera miedo, que no volvería a ocurrir. Que ya podía salir del
cuarto, apartarse de aquella ventana. Él asentía, pero no se movía.
De mayor seré maquinista, le decía a su madre, y ella
recordaba el accidente en las vías y lloraba y le decía lo orgullosa
que estaba, le decía lo valiente que era.
Maquinista, pensaba ella, para dominar sus miedos.
Maquinista, pensaba él, para introducirse en el interior de
una de aquellas bestias temblorosas y dominarla y descarrilarla y
saldar la deuda.

Al alba
Amanece cuando Mundego vuelve a casa, amanece cuando se
interna en ese edificio ruinoso que alberga el cuarto vacío, triste,
frío, que nunca ha sido capaz de llamar hogar. Mundego habla en
voz alta mientras abre la puerta, murmura resabios y maldiciones
que le acompañan de la noche al alba. Cada recuerdo en forma de
mirada esquiva, de gesto de desprecio, de susurro avergonzado,
acompaña hasta la mesilla donde deposita con cuidado los billetes
arrugados con los que el hombre enjuto, torvo, al que obedecen
las mujeres de la noche, le pagó la jornada. Después, como
siempre hace al amanecer, se encierra en el cuarto de baño para
derramar su dolor. Mientras Mundego llora su desconsuelo, vierte
en la bañera desportillada del cuarto de baño esas lágrimas
contenidas durante la larga noche, lágrimas de soledad, de
culpabilidad, lágrimas que no puede compartir con los extraños
que frecuenta cada día en esta ciudad desconocida, oscura, que no
le acepta por mucho que él lo desee. Mundego llora y llora y llora
sin pausa, y solo se detiene cuando la bañera está llena por
completo de su tristeza.
Entonces, como hizo aquella vez que no ha podido
olvidar, se sumerge en el frío líquido sin retirar una sola prenda
de su cuerpo, en busca de ese niño sin nombre que no tuvo suerte,
ese niño que viajaba con ellos en esa noches sin luna, perdido
entre la multitud que inundaba la barca, y justo antes del amanecer
cayó al mar.
Ese niño sin nombre que sus manos vacías, trémulas,
frías, no lograron encontrar.

Paciencia
Ya pensaríamos más tarde en acostarnos. Ahora era el momento
de encender la tele, de ver dibujos animados. De saltar en el sofá,
de reír, de gritar. De buscar en la nevera la tableta de chocolate
que siempre estaba escondida detrás de las verduras.
Ya tendríamos tiempo más tarde de preocuparnos del
vaso de leche volcado, de la silla caída, de los dedos de la abuela
engarfiados en el mantel. Era el momento de enfrentar nuestras
espadas de madera, de fintar, de atravesar las defensas del otro.
De exhibir nuestras habilidades mientras en la televisión Íñigo
Montoya vengaba a su padre.
Era tiempo de duelo, pero no queríamos pensar en ello.
Al fin y al cabo, mamá no vendría a buscarnos hasta la
noche.

Amor de madre
¡Qué feliz vemos a Dulce cuando entra en el mar!
Sonríe desde que la bajamos de su silla de ruedas y no
deja de hacerlo mientas la llevamos en brazos por la arena.
Después, cuando sus piernas, finas como palillos, entran en
contacto con el agua salada, grita de emoción.
¡Qué alegría verla nadar!
Se sumerge bajo el agua y aparece de nuevo entre risas y
espuma. Y salta y se hunde y vuelve a salta, y después nos saluda
con un movimiento de su cola.
Pero termina la tarde y debemos volver a casa, así que
mamá nos ayuda con la red y la atrapamos y la arrastramos por la
arena, de vuelta a su silla de ruedas. Dulce llora y grita y nos
amenaza, y creo que si pudiera nos daría patadas con sus pequeñas
piernas, pero mamá la abraza y la consuela y le susurra cosas
bonitas.
Yo siempre digo que eso sí es amor de madre

Santiago Eximeno 💀 on Twitter: "Malditos es un juego narrativo solitario  en el que tomas el papel de una persona que ha recibido un objeto maldito.  Y es gratis. https://t.co/QvyQNV3bd8 #rolgratis #jdr #
Santiago Eximeno es un escritor madrileño nacido en 1973. Siempre se ha sentido atraído por la literatura de género, particularmente por aquella que transita por los lugares más oscuros, por lo que su obra está impregnada de melancolía, dolor y miedo.

Aunque ha publicado varias novelas, frecuenta el relato y el microrrelato, y es en estas distancias cortas donde muestra su repertorio más exquisito.

Cástulo Aceves, Sergio Astorga y Agustín Cadena, cuentos

«O dispara usted o disparo yo» Antología organizada por Lilián Elphick

Cástulo Aceves
Sonrisa
El payaso detective se propone encontrar al asesino del mago.
Interroga al malabarista hasta convencerse que no tiene nada entre
manos. La mujer barbuda es también fatal, mediante sus habilidades
seductivas lo convence de que es inocente. Arroja más de diez veces al
trapecista hacia el vacío sin lograr que confiese ante la tortura. Los
demás payasos aseguran haber estado en el mismo auto compacto esa
noche, logrando así su coartada. Uno a uno va descartando a los
habitantes de esa carpa. Al regresar a la escena del crimen, el mago, de
pie e ileso, lo observa expectante. El investigador lo mira confuso.
¿Aún no lo resuelve?, exclama histriónico aquel hombre, ¡nunca habrá
mejor acto que un crimen perfecto! Del sombrero saca una pistola, el
disparo es preciso. La única pista para resolver el nuevo crimen es una
indeleble sonrisa.

Cástulo Aceves.

Guadalajara, Jalisco. 1980. Autor de Acteon
(Ed. Paraíso Perdido, 2013), Las Instancias del Vértigo (CECA Jalisco,
Mar. 2013), Los nombres del juego (Ed. Paraíso Perdido, 2006) y Puro
Artificio (Ed. Humo, 2004). 1er lugar en el concurso estatal de cuento
“Adalberto Navarro Sánchez” (2004). Cuentos suyos han sido
traducidos al inglés e italiano.

Sergio Astorga
Delación

Su paso criminal lo delató, no su mirada.
Niño Envuelto
Encerrado de noche y mañana, el niño se escondió entre las
sábanas.
Cuando lo encontraron sus ojos se habituaron a la eterna
oscuridad.
Sergio Astorga.

Soy de México, de su ciudad. Actualmente
radico en Porto, Portugal. He sido artista independiente. Estudié
Licenciatura en Comunicación Gráfica en la Escuela Nacional de Artes
Plásticas (Antigua Academia de San Carlos UNAM) y Letras
Hispánicas, Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. He publicado
en suplementos culturales y en revistas, tanto textos como dibujos. Soy
editor de la Revista Brevilla, junto a Patricia Nasello y Lilian Elphick.
Gestiono blogs: Antojos y Conversa en el balcão del Abarrote .

Agustín Cadena
El Asalto
Salió corriendo con la pistola en alto y el sonido de la alarma
ladrándole detrás como un perro. En la calle, la banqueta comenzó a
hundirse en cada sitio donde él pisaba. Un viejo se atravesó en su
camino y él tuvo que dispararle. Saltó por encima de la cara muerta y
siguió corriendo…
—¡Abuelita! —el niño despertó con sus propios gritos y le pidió
a la mujer que dormía a su lado que encendiera la luz.
—Soñé que era un hombre malo: un ladrón.
Ella se levantó a encender la luz, volvió a la cama y trató de
consolar a su nieto. Le acarició los cabellos hasta que lo sintió
dormido.
El viejo dejó de pensar en el aumento a las tasas de interés, en la
boda ya cercana del último hijo soltero, en sus lentes, que esperaba
cambiar para el día de la fiesta. Miró su imagen en el cristal de una
tabaquería y se acomodó el sombrero. Por un segundo había sentido,
emergiendo de las aguas más empozadas de su memoria, el frío aletazo
de un pez inquietante: ese rostro ya lo había visto antes, en sueños,
quién sabe qué noche de hacía muchos años. Se acordó de la abuela
que lo cuidaba de niño…
Entonces lo distrajeron el sonido de la alarma y el de un joven
enloquecido que venía con una pistola en la mano. Un ojo negro y
profundo se volvió hacia él y le miró el pecho.

Agustín Cadena

Es novelista, cuentista, ensayista, poeta y
traductor, además de profesor universitario de literatura. Ha publicado
más de treinta libros y ha colaborado en más de cincuenta
publicaciones de diversos países. Ha recibido varios premios
nacionales e internacionales y parte de su obra ha sido antologada y
traducida al inglés, al francés, al italiano, al griego, al portugués y al
húngaro.

Agustin Cadena | University of Debrecen - Academia.edu

Pequeficciones de Argentina, México Ant: Chris Morales y José L. Ortiz Soto

Patricia Nasello, Ildiko Nassr, César Navagómez, Laura Nicastro, Queta Navagómez

La solución que cayó del cielo
Patricia Nasello

Ninguna persona ha logrado, nunca, poner la pasta de dientes dentro
del tubo del dentífrico, eso lo hacen los extraterrestres.
Aunque grandes como cualquier papá o mamá, estos
extraterrestres tienen el tamaño de una hormiga colorada. Llegaron
acá en barco, remando por el universo. Como fue un viaje largo se
cansaron mucho, entonces decidieron quedarse a vivir acá. Y como
acá teníamos el problema de los tubos y la pasta, enseguida
consiguieron en qué ocuparse.
Toman los tubos, luego los apoyan inclinados contra la pared,
trepan hasta el borde con unas zapatillas con pinches para ir
sosteniéndose y, con cucharas especiales que consiguieron en el cielo
mientras remaban, de a poco los van llenando. Cuando se hace de
noche se vuelve cada cual a su luciérnaga. Porque el lomo de esos
bichitos es la casa ideal para ellos. Cualquiera sabe que las
luciérnagas son las mejores amigas de los extraterrestres.

Patricia Nasello (Argentina, 1959). Es magíster en Escritura Creativa
por la Universidad de Salamanca (USAL). Publicó Está rugiendo otra
vez (Quarks, antología personal), como así también Acabemos con
ellos de una vez (Alción, micronovela), y los libros de microrrelatos
Qué buen disfraz de leona (Micrópolis), Una mujer vuelta al revés
(Macedonia), y Nosotros somos eternos (Macedonia).

Amigos
Ildiko Nassr

Le enseñaron que eran sus enemigos. Le dijeron que no se acercara a
ellos, que debía cazarlos. Y le advirtieron que otros harían lo mismo
con ella.
Pero un día conoció a Remigio, un ratoncito de lo más
simpático, y se hicieron amigos. A él le habían enseñado que debía
odiar y temer a los gatos, como Sofi.
Ahora son mejores amigos, a pesar de las diferencias. O
precisamente por ellas.
Ildiko Nassr (Argentina, 1976).

Lo que más me gusta en el mundo son las montañas, el chocolate y el té. Amo leer, escribir y bordar. También viajar y conocer a otras personas. Tengo una hija, dos perras y dos
tortugas.

Contratiempo
César Navagómez

Juanito siempre quiso subirse a ese barco y desempeñarse como
capitán. Un día, con sus amigos, mirando la nave detenidamente,
pronunció las palabras mágicas que le enseñó su amigo el mago y
¡pummmmm!, de inmediato él y sus compañeritos lograron su tan
ansiado sueño. Se miró en la embarcación, vestido con el uniforme y
gorra anhelados.
Durante la travesía se dio cuenta de que eran perseguidos. Le
ordenó a Pedro, su jefe de máquinas, que forzara los motores al
máximo, a fin de no ser alcanzados, pero en lancha rápida, diminutos
marinos rebasaron a su pequeño barco y los abordaron. Le exigían
que pagara mucho dinero por las millas náuticas que había navegado.
Juanito no salía de su asombro, no imaginaba tener que pagar tanto
por meterse a manejar el minúsculo barco metido en una botella.

César Navagómez (México).

Profesor normalista y licenciado en Educación Física. Escribe cuento y minificción. Tiene publicados dos libros de cuento. Sus minificciones han sido incluidas en varias antologías. Ganador del Premio Latinoamericano de Literatura “Jorge Calvimontes y Calvimontes”, Bolivia, 2015.

Caja de juguetes
Queta Navagómez

Lety despierta al sentir que alguien le jala con suavidad los cabellos.
Abre los ojos y prende la lamparita. De al lado de la almohada sale un
gato diminuto. Le maravilla verlo tan bien hecho, tan blanco y negro,
tan presumido al caminar, con ese paso elegante y la cola erguida con
que se mueve entre la colcha. ¡Otro animalito que escapa de sus
sueños!, lo toma entre el dedo índice y pulgar y lo lleva a su caja de
juguetes. Hay ahí un dinosaurio bebé, un pegaso, un unicornio, todos
pequeñísimos. Tengo sueño, pero mañana jugaré con ustedes la tarde
completa, les promete. Regresa a la cama y se dispone a dormir de
nuevo.

Queta Navagómez (México).

Licenciada en Educación Física, representó a México en carreras internacionales de 800 y 1500
metros. En cuento, poesía, novela y minificción ha obtenido reconocimientos a nivel nacional. Publicada en más de 20 antologías, sus cuentos se han traducido al inglés y al francés.

Dos amigos
Laura Nicastro

Un perro y un gato muy apegados salieron de paseo. De pronto, se
enfrentaron a un peligroso arroyo engrosado por las lluvias. El perro
—que siempre fue excelente deportista— nadó hasta la otra orilla y
desde ahí le ladró a su amigo:
—¡Salta al agua! ¡No seas cobarde y salta!
El gato no quiso saltar porque es sabido que los de su especie
pueden morir si se resfrían y por eso tienen miedo de mojarse. Se
ofendió un poco con el insulto, pero se le pasó enseguida.
Poco después, cuando ambos merodeaban por una huerta,
apareció un alacrán. El gato saltó sobre el alto muro de la casa
mientras que el perro aullaba, aterrorizado, desde el suelo.
—¡Salta! —le gritó el gato.
Pero el paredón era inmenso y por más que el perro lo
intentara, jamás podría alcanzar su borde.
—¡No seas holgazán y salta! —insistió el gato.
A pesar de los insultos nacidos de la ansiedad por salvar al
compañero, ambos se reconciliaron y hasta el día de hoy siguen
paseando juntos.
Por su parte, el alacrán continuó su camino, indiferente a tanta
batahola.

Laura Nicastro (Argentina). Estudió Filosofía en la Universidad de Filosofía y Letras (UBA). Publicó libros de cuentos —Los ladrones del fuego , Premio “Arturo Mejía Nieto” (S.A.D.E.), Oyó que los pasos, Pueblos de arena, Libro de los amores clandestinos, La Tigra—; microficciones (e-Nanos, Caleidoscopio, Entre duendes y pirañas) y novelas: Intangible, Premio Municipal “Ricardo Rojas”, Jueves para siempre, Premio “Alfredo Roggiano” (Municipalidad de Chivilcoy) y Tango Brujo. lauranicastro@yahoo.com.ar

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Los eufemismos de Marco Crisanto Bravo

Tomada de fb en amantes de la ortogrfía

LOS EUFEMISMOS EN ESPAÑOL

El “eufemismo” es una “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. Suele referirse a realidades sexuales, fisiológicas o realidades tristes, que por «delicadeza» evita
pronunciarse. Estas realidades suelen denominarse “tabúes”.

Según Manuel Seco, los eufemismos suelen ser nombres con semejanza con lo designado o nombres cuyo sentido propio es más vago que el sentido de la realidad a la que designan.

Todo esto se hace por intentar conseguir un “lenguaje políticamente correcto”.

Algunos ejemplos de eufemismos que se utilizan hoy en día son:

  1. En lugar de ciego se le dice «invidente».
  2. En lugar de viejo o anciano se usa “adulto mayor”o “ciudadano de oro”.
  3. Para los llamados antes locos, retardados mentales, cojos, tullidos e impedidos, ahora son «personas con necesidades especiales».
  4. En lugar de pene se le dice “miembro viril”, pero cualquier miembro del cuerpo de un hombre es viril.
  5. En lugar de preso, presidiario, reo o recluso ahora se le dice “interno”, pero resulta que todos los que están dentro de la cárcel son internos.
  6. Cuando necesitamos defecar decimos que tenemos una «necesidad fisiológica”.
    Comer, dormir y otras también lo son.
    También decimos “voy a dar del cuerpo”, pero igual damos del cuerpo cuando lloramos, sudamos, orinamos, eyaculamos y otros.
  7. Para copular o coitar (unirse sexualmente) decimos “hacer el amor” (frase ilógica porque el amor no se puede “hacer”) y otras por ese estilo. Es que resulta «poco romántico” decirle a la otra persona: coitemos o copulemos…
  8. En lugar de preguntarle a la mujer ¿Qué parió?, le dicen: ¿Qué “le regalaron”, qué “le dieron” o qué “le trajo la cigüeña”? Pareciera como si no le costara nueve meses de antojos, incomodidades y sacrificios.

Si se extiende mucho el uso de un eufemismo, deja de funcionar como tal y pasa a ser un sinónimo.

Manuel Seco lo ilustra perfectamente con este ejemplo:
Para morir se buscó un eufemismo en “fallecer”, cuyo significado era solo el de “faltar”. Cuando fallecer se redujo al sentido único de “morir”, dejó de funcionar como eufemismo para ser un sinónimo de “morir”.

Aquí se usa mucho en tono serio y oficial: Fulano “descansa en paz”, “partió a la casa del Señor” o “descansa en la paz del Señor”.

En forma coloquial y hasta jocosa decimos: “colgó las tenis”, “patió el balde”, “se fue para el otro potrero”, “cantó viajera”, “se lo llevó la pelona” y otras.

Nótese que algunos eufemismos pueden resultar más ofensivos que el propio término original y castizo, como ocurre con “persona de color” y “persona de raza negra”, sobre todo en aquellos casos en los que se tenga en mente el ser negro/a como algo malo o de lo que hay que avergonzarse.

Sé que en otros países habrá muchos y distintos eufemismos pero también que compartimos varios.

Saludos cordiales desde Alajuela, Costa Rica.
Domingo, 27 de diciembre del 2020.

El testigo de Melanie Márquez de Ecuador

De la antología » O dispara usted o disparo yo»

Testigo
—¿Está seguro de lo que vio?
Grimaldi husmea el ambiente como un capitán atento al mar
agitado. Percibiendo al acechador, descubre a sus pies un gato
escuálido, ansioso por lamer el charco oscuro que brilla sobre la
calzada. Un suave puntapié basta para ahuyentarlo.
A través del humo del cigarrillo, los ojos del detective
magnifican la decadencia del edificio. Pone en duda la historia de que
treinta y ocho personas, todas habitantes de aquellos raídos bloques de
concreto, ignoraran sin reparo los gritos de la víctima.
—Así fue —contesta la miniatura de hombre que tiene al frente.
Sus dedos frotan, unos contra otros, ávidos gusanos peleándose la
carroña—. Parecían títeres siniestros, escondidos detrás de las cortinas.
Todos oyeron a aquella pobre mujer suplicar por su vida. Pero una a
una las ventanas se apagaron, así sin más.
—Tanta indolencia… —dice Grimaldi— es inconcebible.
Estamos en el medio de Queens. ¡Estamos en Nueva York por Dios!
—¡Créame, detective! Durante una hora vi sus ojos de
terciopelo derretirse, rotos por el dolor y la indiferencia.
—Ajá… Dígame, si estaba tan cerca de la víctima, ¿por qué no
hizo nada?
Una corriente helada susurra la respuesta. Abriendo la gabardina
sin respirar, Grimaldi lleva la mano hasta su pistola. Como tímidas
luciérnagas, las ventanas cobran vida. Destellos vibrando al son de los
truenos. Antes de que la noche termine de engullirlos, treinta y ocho
testigos volverán a negarlo todo.

Melanie Márquez Adams creció en la costa
ecuatoriana. Su obra ha sido antologada en Narrativa de autores
sudamericanos (Chicago, 2017), Latinoamérica en breve (México, 2016), Poets
in the Anzaldúan Borderlands (San Francisco, 2016), Todos contamos
(Miami, 2016), entre otros. Sus relatos y crónicas han aparecido en
diversos medios impresos y digitales. Melanie reside actualmente en la
región sureña de los Montes Apalaches y es profesora de español en
East Tennessee State University.

Nueva York Horizonte Noche - Foto gratis en Pixabay

Pequeficciones de Fabiola Morales México,Luis I. Muños Colombia, Diego Muños Valenzuela Chile

Antología organizada por Chris Morales y José Luis Ortiz Soto

Zoológico
Fabiola Morales

Siempre me fascinaron los zoológicos. Deseaba tocar a todos los animales y correr a un lado de las cebras, leones y jirafas. Me gustaba pasar horas viéndolos a los ojos e intentar hablar con ellos. Los monos me observaban con la misma curiosidad que lo hacía yo sobre ellos mientras el azúcar de los algodones azules se colaba a mis dientes como los sonidos de aves en sus jaulas. Nunca pensé en los
sentimientos de los animales hasta aquel domingo de sol radiante que a través del cristal el mono araña colocó su mano sobre la mía. Ahora soy yo el que observa correr a los niños con sus dulces en mano mientras me cuelgo de esta rama artificial. Estoy en espera del niñoque quiera conmigo dialogar.

Fabiola Morales Gasca (México). Es autora de los poemarios Para
tardes de Lluvia y de Nostalgia (2014) y Crónicas sobre Mar, Tierra y
Aire (2016). Libro de minificción El mar a través del caracol (2017) y El
niño que le encantaban los colores y no le gustaban las letras (2018).
Su trabajo está seleccionado en varias antologías en España,
Paraguay, Chile, Colombia y México. Actualmente estudia la maestría
en Literatura Aplicada en la Universidad Iberoamericana.

Mi hermano menor
Luis Ignacio Muñoz

Todo comenzó cuando conté a los amigos del barrio que mi hermanito podía alcanzar las estrellas y a veces estiraba sus manos para atraerlas y comérselas. También les conté que le gustaba pastorear elefantes que caminaban solos por la luna y devorar los duraznos que
cultivaba nuestro padre en el paraíso. Esto los hacía reír mientras se reunían a escuchar y se llamaban por señas a que vinieran pronto, antes que terminara de contar lo último que había hecho con los gatos salvajes que eran más grandes que los tigres y se alimentaban de nubes de algodón dulce que venden en el parque. Hasta cuando empezaron a decirme que querían conocerlo, que pidiera a mis padres que lo dejaran salir. Insistía que esto no era posible, pues él era una invención mía para tener qué contarles todos los días, y tampoco me creyeron.

Luis Ignacio Muñoz (Colombia). Escritor y tallerista. Es autor de los
libros Reloj de aire, 2006; Cuentos para rato, 2014; Inocencia de la
noche, 2016. Varios de sus cuentos han aparecido en revistas y
antologías de autores regionales y algunas internacionales como
Brevilla, Chile, e-kuóreo, El Espectador, Colombia, Piedra y nido,
Argentina, Letras de Chile, Ikaro, Costa Rica, Delatripa, Nocturnario,
Fantastique, México. Administra el blog Letras Itinerantes.

Desventuras de un dragón
Diego Muñoz Valenzuela

El dragón resopló con intensidad antes de emprender, muy desmañadamente, la carrera requerida para el vuelo. Sus pequeñas alas membranosas se pusieron en máxima tensión para sostener el cuerpo de la bestia. Tropezó y se produjo un crujido similar al de una embarcación sometida al imperio de una tormenta feroz. Rodó por el suelo en forma lamentable. Los niños aplaudían a rabiar, chillando de gozo ante el risible espectáculo. El monstruo intentó emitir una llamarada para impresionarlos, pero apenas logró exhalar una débil vaharada de humo. Más que un rugido, emitió un sonido análogo a un sollozo. Finalmente optó por desempolvarse con una sacudida y agradecer los aplausos con una venia. Así inició su trayectoria de comediante.

Diego Muñoz Valenzuela (Chile, 1956). Ha publicado catorce libros
de cuentos y microcuentos y seis novelas. Cultor de la ciencia ficción y
del microrrelato. Ha abordado en profundidad el periodo de dictadura
militar. Libros suyos han sido publicados en España, Croacia, Italia,
Argentina, Perú y China. Cuentos traducidos a diez idiomas. Premio
Mejores Obras Literarias 1994 y 1996. En 2011 fue seleccionado como
uno de los 25 “secretos literarios a la espera de ser descubiertos” por la
FIL de Guadalajara para celebrar sus 25 años de existencia

Aprender a dibujar dibuja un dragón - es.hellokids.com

La metamorfosis de Diana

José Manuel Ortiz Soto

Floración

Despertó sobresaltada. Soñó que iba desnuda por la calle, seguida por una turba de chicos, colibríes e insectos. «¡Qué locura!», se dijo ante lo inverosímil de la historia y entró a la ducha. Mientras el agua removía los últimos remanentes del sueño, vio como al contacto de sus manos jabonosas, los minúsculos botones de sus senos comenzaban a abrirse.

Esa mañana, camino a la escuela, Diana exhibía orgullosa sus fragantes alcatraces.

Crucero

Para Beto Gómez, mimo

Era maestro en el arte de comunicarse sin palabras. En noventa segundos, los automovilistas veían transcurrir ante ellos escenas tomadas de la vida misma. La actuación terminaba cuando el mimo recogía del piso una mochila inexistente, decía adiós al público imaginario y echaba a andar por un camino que iba construyendo a cada paso, seguido por la verde mirada del semáforo.

Vacaciones de verano

—No hace mucho, yo era un niño que jugaba en el atrio de la iglesia del pueblo. Las amplias jardineras servían de campos de futbol o de coliseo donde dirimíamos nuestras diferencias a golpes. De las imágenes que mi mente conserva, destacan unas donde estoy sentado en la horqueta de un fresno. Abajo, junto a la calzada, mis amigos patean una pelota. De pronto, alguien señala a una lagartija que sube a toda velocidad por el tronco del árbol. Antes de que yo pueda hacer nada por apartarme, el reptil entra en una manga de mi pantalón. Mezcla de horror y repugnancia, chillo y me contorsiono hasta que el bicho cae al piso. «¡Te ha mordido un nahual!», me dice una mujer vestida de luto al pie del fresno; en su voz tortuosa advierto una sentencia. Creo que así fue como me convertí en lagartija. —Ay, mi amor, en realidad eres una vieja cámara fotográfica en desuso. Las imágenes que me describes se quedaron grabadas entre tu juego de espejos y el obturador.

Ausencia

Como cada tarde, al volver de la escuela, la niña se detiene frente a la puerta entreabierta de aquella habitación.

—Anda, ve y cuéntale a tu mamá cómo te fue hoy —ordena la abuela.

Dubitativa, la chiquilla atraviesa el cuarto repleto de aparatos y oloroso a medicinas. Deja caer la mochila en el suelo y se acerca a la cama.

—¡Tú no eres mi mamá! —solloza al rozar con los labios el rostro inexpresivo y ausente de la mujer allí postrada. Luego, incapaz de soportarlo más, la niña sale corriendo de aquel lugar.

Bandeja de plata

Cubierta apenas por la transparencia vaporosa del velo de seda, Salomé se contonea grácil y sensual. Percibe su cuerpo mancillado por miradas desbordadas de deseo, manos ávidas que la alcanzan y se funden al contacto con su intimidad; siente el fuego de la lengua que lame persistente su entrepierna. «¡Juan!», gime entre la marejada de contracciones que la inunda. Un rato después, Herodes, el viejo lebrel afgano que rompiera el cuello a su difunto esposo, devora complacido la doble ración de croquetas.

PINTORES Y PINTURAS - JUAN CARLOS BOVERI: JEAN SALA

“Al ratón le gusta el queso” / Por: José Luis Yépez Sosa — Los escribas

Sucedió en los Estados Unidos.La casa de Mr. White eran muy hermosa. Todo en ella era de excelente gusto. Solo algo opacaba su reluciente belleza: un atrevido ratón irrespetuoso, que más de una vez asustó y puso iracundo al flemático dueño de la propiedad.La osadía de horadar el pastel de queso en la sala del […]

“Al ratón le gusta el queso” / Por: José Luis Yépez Sosa — Los escribas

Detrás del cedro caído de Patricia Hanke

Peruana. De la antología » O dispara usted o disparo yo»


«¿Dónde estás, puta?», gritaba el maloliente, greñudo,
desdentado forastero, falso mendigo, mientras que Melania se
escabullía entre las ramas desnudas del bosque otoñal pisando las
crujientes hojas marrones y amarillas, exhalando gemidos de pavor,
tratando de desaparecer, camuflándose al fondo de la pradera. El
maldito le había empuñado un cuchillo y arrastrado hasta ese lado
oscuro y vacío detrás del estacionamiento, cuando ella distraída
rebuscaba en su cartera alguna moneda para el supuesto indigente.
Melania se detuvo, no podía seguir huyendo. Tenía dos
opciones: morir o pelear. Decidió lo segundo, agarró una inmensa
piedra y se escondió detrás del grueso tronco de un cedro caído,
mientras que el demente sediento de sangre le seguía los pasos. De
pronto lo vio aproximarse y caminar sin percatarse por su frente
dándole la vulnerable espalda. Melania se armó de valor y le arrojó la
piedra dándole bruscamente en su asqueroso cráneo, su depredador
cayó abatido. Melania al verlo inmóvil e inconsciente le arrebató el
cuchillo, sucio, opaco, oxidado, lo levantó y se lo clavó diez, veinte,
cincuenta veces en el vientre, pecho, rostro y hasta testículos, para
cobrarle cada una de las almas sin descanso que fueron encontradas, de
esas mujeres enterradas clandestinamente entre el barro y el follaje de
lugares despoblados, apuñaladas hasta morir.
Una hora después, el oscuro bosque se llenó de luces. La policía
había llegado. Melania fue arrestada por haber asesinado un
vagabundo, retenida hasta que se esclareciera el caso. Maldito mendigo,
maldita policía, maldita justicia. Crearon una asesina.

Patrice Hanke Perla nació en Lima-Perú.

Ya escribía poesía a los 13 años, a los 16 ganó un concurso literario convocado por la Embajada de España. En 1997 se graduó de la Universidad Ricardo Palma como traductora intérprete, emigrando meses después a los Estados Unidos. Después de 20 años retomó la escritura, siendo ya publicada y haciéndose reconocida en la comunidad hispana de los Estados Unidos.

10 pueblos de Barcelona donde ahorcaron brujas - Barcelona Secreta

El dedo — cuentos del calamar lunar

Feng Meng Lung Foto: Dibakar Roy Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejará de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. […]

El dedo — cuentos del calamar lunar

10 cuentos infantiles con antecedentes terrorífico

Y vivieron felices y comieron perdices. FIN.

Un precioso final para cada uno de los cuentos infantiles que somos capaces de recordar. Sin embargo, los fenómenos Disney y Hollywood son algo relativamente reciente, y muchas de sus edulcoradas historias esconden realidades mucho más aciagas en su versión original, con crudas moralejas acerca de la vida.

La bella durmiente

1. Blancanieves

En el cuento de los hermanos Grimm los enanitos colocan a Blancanieves, envenenada por la reina a través de una manzana, en un ataúd de cristal. Un buen día, un príncipe se topa con el cadáver y decide llevárselo consigo; el trotar del caballo hace que el trozo de manzana salga de la garganta de Blancanieves y acaban casándose. Durante la boda, le colocan unos zapatos de hierro ardiente a la reina y la hacen bailar hasta la muerte.

2. Hansel y Gretel

bella

En la versión más popular de la historia los niños queman a la bruja que los mantenía presos y huyen. Sin embargo, en una versión francesa anterior, el villano es un demonio que idea otra forma de asesinar a los niños: desangrarlos en un caballete de serrar. Los niños fingen no saber cómo subirse al caballete, por lo que la mujer del demonio hace una demostración; es entonces cuando los pequeños aprovechan para degollarla y escapar.

3. La bella durmiente

Todos estaréis familiarizados con la escena del príncipe que besa a la bella durmiente para luego casarse con ella. Sin embargo, en la versión original el príncipe, al verla dormida, decide violar a la bella durmiente. Nueve meses después, da a luz a gemelos (dormida aún) y uno de ellos le sustrae el veneno del dedo al chuparlo, por lo que despierta.

4. El libro de la selva

En el libro escrito por Rudyard Kipling, el pueblo en el que se reinserta Mowgli no termina de aceptarlo por considerarlo brujo e inadaptado. El muchacho se ve obligado a huir de nuevo a la selva y su familia adoptiva es condenada a muerte. Mowgli pide entonces a Hathi el elefante que, debido al odio que les tiene, se vengue de los humanos arrasando el pueblo. Los lobos se hacen con el ganado y la pantera Bagheera aniquila los caballos. En seis meses, el territorio es devorado definitivamente por la selva.

5. La Cenicienta

Disney nos muestra cómo la Cenicienta se casa con el príncipe y sus hermanastras hacen lo propio con otros dos nobles. Sin embargo, en el cuento de los hermanos Grimm las hermanastras se amputan trozos de pie para poder calzarse el zapato de princesa. Sin embargo, el príncipe se da cuenta y dos pájaros empiezan a picotear los ojos de ellas. El cuento concluye con las hermanastras ciegas y mendigando en las calles mientras Cenicienta vive con el príncipe en su castillo.Ilustración de la versión original de Pinocho

Ilustración de la versión original de Pinocho

6. Pinocho

En la primera versión de Carlo Collodi Pinocho huye y la policía arresta a Gepetto acusándolo de abusos sexuales contra su marioneta. Cuando Pepito Grillo le aconseja a Pinocho, lo aplasta con un martillo y sigue haciendo travesuras, hasta que en un momento dado arranca de un mordisco una zarpa a un gato, por lo que el animal se venga más tarde ahorcando a la marioneta en un árbol. En una segunda versión, el propio autor cambió la historia incluyendo el célebre final en el que Pinocho se convierte en un niño.

7. La Sirenita

En la versión de Disney, la Sirenita es transformada en humana para que pueda casarse con el príncipe Eric en una boda fabulosa. Pero en la primera versión, de Hans Christian Andersen, la Sirenita ve cómo Eric se casa con otra mujer. Entonces, le ofrecen un cuchillo con el que apuñalarlo, pero ella decide lanzarse al mar y morir convertida en espuma.

8. Tod y Toby

Esta tierna película de Disney narra la amistad imposible entre un zorro rojo y un perro de caza. Sin embargo, en el libro de Daniel P. Mannix en el que se basa, el perro de caza está furioso por una muerte accidental de otro perro, que achaca a su viejo amigo el zorro. Una vez detectada su guarida, el cazador la gasea, matando a la “mujer” del zorro y a sus hijos. El zorro en cuestión huye y el perro lo persigue hasta que el primero cae muerto por agotamiento. Más tarde, el cazador mata con la escopeta a su propio perro y es internado en un asilo.

9. Caperucita Roja

La versión original de Charles Perrault es tan sencilla como demoledora. El lobo le da indicaciones falsas a Caperucita Roja, que se pierde y acaba siendo devorada. Fin. La abuela y el leñador se añadirían en versiones posteriores.

Nuestra Señora de París

10. El jorobado de Notre-Dame

Esta historia se basa en Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo. De acuerdo con ella, el villano Frollo asesina al capitán Febo, del que está enamorado Esmeralda, una gitana. Esta es acusada del crimen y llevada a la horca, de la que la rescata el propio Frollo. Le pide que le entregue su amor, algo que ella rechaza, por lo que Frollo la vuelve a llevar a la horca y el jorobado Quasimodo, furioso y enamorado, lanza a Frollo desde lo alto de la catedral y se mete en la tumba de Esmeralda, cuyo cadáver abraza hasta que muere de hambre.

Fuente principal: Listverse [1] [2]

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