Sendero
Las luciérnagas, son pequeños cometas
entre los árboles.

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Las luciérnagas, son pequeños cometas
entre los árboles.


Somos caminantes –eso es un hecho- de lo que es una verdadera telaraña de rutas que parecen distintas, pero en realidad todas son lo mismo y llevan, indefectiblemente, a un solo lugar, común para todos … Sí, es verdad que cada camino ofrece paisajes diferentes y cada uno cree que tiene “su propio camino”, pero […]
LA ARAÑA TEJEDORA — manologo
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«Conoce el mundo; la hierba es dulce y fresca»
Y el grillo en el vuelo miró que sobre las hojas había aun, canicas de rocío; después sobrevino la oscuridad y los brincos del sapo.

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Era una mujer que corría en contra de la brisa. zarandeaba sus rizos castaños y la blusa parecía un globo que se comía a bocanadas el aire. La falda enredada a su silueta con su cuerpo de garza impulsándose al vuelo. Blanca de algodones, canela en sus piernas, me llevó tan lejos que cuando mis manos rozaban su pelo de cobre, se perdió en el murmullo de las olas.
En el patio de la quinta una perra ladraba. Contemplé la alborada, no tardaría el sol en mostrarse y yo, en desaparecer.

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Mira el ocaso:
en el basto desierto.
Inmensidad.

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La fiesta de las babosas de Rubén García García
Cansada del trabajo del día, apenas si pudo regar el jardín, le emocionaba mirar los botones de las rosas y la floración del durazno. Mientras ella duerme a pierna suelta, las hormigas en una fila interminable llevan el sustento a los hongos que cultivaban. Las babosas hicieron una ensalada de gloxíneas y violetas y se fueron con la panza llena…


Junio es un lugar muy callado; no se necesita aguzar el oído para interceptar las voces del árbol, el insecto habita la casa (Kafka debió escribir la Metamorfósis en Junio y no en septiembre) y los automóviles transitan la sala. El hastío del verano de Ray Bradbury trae carruseles y la música del camión de […]
Junio — UNA LUZ MÁS
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Se miró en la playa en un cielo anaranjado. Estaba arrodillada con las manos sobre la arena. Los últimos rayos del sol aún pintaban de sepia la curva de mi talle; la popa era un puerto expuesto. A cada empuje de mi amante mis dedos se enterraban en la humedad. Los labios de él en mi nuca. Tienes — dijo—, un río hermoso en tu espalda. Desperté en mi dormitorio sudorosa, asombrada y pervertida con granos de arena en mis pezones.


Te escuché en mis sueños. Esta vez fue aterrador. Susurrabas con demasiada calma y querías consolarme, apartarme de tu vida de una vez. No sé si fuiste tú o quizás mi cerebro que al fin lo entendió. By: Ana Carranza.
Cuchillo en la garganta. — Diario de una Dama
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Anestesía de Rubén García García
No conoció el placer de danzar con el viento, Jamás se emocionó con el solo de la flauta, ni se detuvo cuando el aroma de la vainilla placía en el viento. Yace virgen, se fue desconociendo la infinitud del amor y el placer, envuelta en una sábana que tiene más vida que ella en vida.

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Esa mañana entraban y salían de la casa del anciano amigos y familiares. Escuché que deseaba despedirse de sus amigos porque mañana por la tarde moriría.
Lo encontré sonriendo, limpia la mirada y con su traje blanco. El olor de los enfermos terminales es evidente. La muerte se huele; yo no la olía. Estaba recostado sobre una almohada. Lo saludé a su usanza: tocando la punta de sus dedos con los míos. No sabía qué decirle y él fue quien rompió el silencio, nunca lo había tratado. Me miró sereno y en castellano, me dijo:
—Voy a morir. Lo tengo previsto. Mis hijos ya saben qué les va a tocar. Me iré limpio del corazón y de la conciencia, el padre ya me confesó.
—No te vas a morir — le respondí.
Lo veía tranquilo. No tenía signos atrevidos de enfermedad.
—Así está dispuesto. Ya sé en qué lugar quedaré. Escogí en lo alto de la loma, para que mire hacia mi casa.
El cementerio tenía una parte en la loma. Desde allí, su casa era visible.
—No te vas a morir, verás que mañana tomaremos café con tamales. —Y me despedí con respeto.
Nunca supe qué sucedió. El anciano habló de la muerte como si fuese parte de la vida, como decir mañana haré esto y lo otro. Cierto, murió en la madrugada, claro de conciencia, fibroso como una raíz y está enterrado en la loma, mirando hacia su casa a la que volverá cada año.

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LOS ESPERO PARA TRABAJAR JUNTOS — Lapizázulix la galaxia del cuento
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Ni se te ocurra salir un martes trece, porque nunca llegarás a un puerto y en algún mar se detendrá el barco. Salió en la fecha indeseable y para su fortuna llegó. Una reparación menor requería la nave, pero no pudo continuar el viaje. La tripulación incluyéndolo a él fue tirado a una fosa común, aún vivo, lleno de pústulas hediondas, recordó, antes de morir al abuelo, y sus proféticas palabras.


Cuando Giovanni Boccaccio comenzó a escribir el Decamerón, Europa acababa de ser devastada por la Peste Negra de 1348. El panorama general del triunfo de la muerte, uno de los temas más representados en la iconografía de la Baja Edad Media, viene a predominar en la introducción de su obra maestra, escrita entre 1349 y […]
Decamerón — Liberoamérica