Premonición de Rubén García García

Sendero

Se sentó y tiró de las sábanas para cubrirse mientras miraba la habitación desconocida. Estaba decorada en ricos tonos joya y la cama era enorme. Se percató que tenía una mano sobre su cadera, por el anillo, reconoció que era la de Toño, el mejor amigo de su marido, que dormía a su lado. Con cuidado se quitó la mano. Fuera de la cama y ya vestida salió hacia la calle. Laura, laura escuchó que la llamaban. Era la voz de su marido.

Laura, laura despiértate que no tarda en llegar Toño.

Una promesa de esperanza, William Faulkner — Calle del Orco

Estoy de acuerdo con usted en que el mundo resulta unas veces más sombrío que otras, y ahora vivimos en tiempos muy oscuros. Pero sigo estando convencido de que el hombre es mucho más fuerte que cualquier tiniebla. De que la esperanza del ser humano reside en su capacidad de creer en el hombre, en […]

Una promesa de esperanza, William Faulkner — Calle del Orco

Volver al paraíso de Rubén García García

Sendero

Abrí la cortina, y hubo luz y brisa. La cortina se movía al parejo del rechinido de la cama. Por tu aroma de manzana sabía que estábamos en el paraíso. Sí, también la mirada furiosa de Dios que volvió a expulsarnos.

Me desperté solo, con un dolor intenso en mis costillas. Todavía escuché la voz de la enfermera que gritaba: «¡Traigan el desfibrilador!».

Has o Haz de «redacción sin dolor» de Sandro Cohen

Sendero

Error común número 20: confundir «has» y «haz»

Tanto «has» como «haz» son verbos, pero son verbos muy diferentes. «Has» es la segunda persona singular presente del verbo «haber»:

• Tú me has hecho feliz.

• ¿Qué has hecho?

• Has entendido, por fin.

• ¡Tú lo has dicho!

«Haz», por otro lado, es el imperativo singular familiar del verbo «hacer»:

• Haz lo que quieras.

• Hazme feliz.

• ¡Hazlo rápido!

• Haz mi día. (Con el perdón de Clint Eastwood).

Lo contrario de «haz» es «no hagas»:

• No lo hagas.

• No hagas olas.

En América, «has» y «haz» son homófonos, pues suenan igual. De ahí el problema… Pero uno debe razonar que «has» viene del verbo auxiliar «haber» (he, has, ha, hemos, habéis, han; en presente). La «s» de «has», entonces, se debe a su condición de segunda persona singular familiar, que siempre trae la marca «s»:

• amas

• comes

• sales

• amarás

• comerás

• saldrás

«Haz», en cambio, viene de «hacer». Por esto se entiende la razón por la cual el imperativo «haz» tiene «z» y no «c»: no puede escribirse: «hac». El fonema [s] al final de la palabra, cuando proviene de la «c» de «hacer», solo puede escribirse con «z»: haz.

La mayoría de los españoles, que diferencia entre «z» y «s», no tiene este problema. Y recordemos que la secuencia «ze» y «zi» no existe: tiene que ser «ce» y «ci» (salvo en algunos apellidos).

Por esto debemos entender que hay, con frecuencia, una relación íntima entre las letras «z» y «c», pero nada tienen que ver con «s». Así, en resumen, «haz» de «hacer» solo puede escribirse con «z», jamás con «s».

15 geniales novelas muy cortas – El Placer de la Lectura

https://elplacerdelalectura.com/2022/11/15-geniales-novelas-muy-cortas.html

Marcel Proust, el genio que cambió la literatura

https://www.elmundo.es/la-lectura/2022/11/03/63640a9fe4d4d8336e8b459b.html

La providencia de Rubén García García

sendero

No cantó el gallo, ni rascaron las gallinas en el patio. Es una mañana fría. El marido ronca como cerdo. La madre se truena los dedos. No hay huevos porque las aves las vendió su esposo para comprar cerveza. Un puñado de frijoles, un caldito de chayotes. ¡No hay nada!. Hizo una maleta, tomó a su hijo y salió a la calle sin rumbo…regresar con su madre, ni loca. Es mejor la providencia.

LOBOTOMÍA Y PICAHIELOS de Ana María shua


El Dr. Walter Freeman inventó una nueva técnica quirúrgica a
la que denominó «lobotomía transorbital», empleada en más
de veinte mil casos en los Estados Unidos y que le valió ser
galardonado con el premio Nobel. Describía el procedimiento
de la siguiente manera:
«La técnica consiste en aturdir a los pacientes con un golpe y,
mientras están bajo el efecto del “anestésico”, introducir con
fuerza un picahielo entre el glóbulo ocular y el párpado a
través del techo de la órbita, hasta alcanzar el lóbulo frontal;
en este puntoo se efectúa un corte lateral moviendo el
instrumento de una parte a otra».
Como ven, es una técnica muy sencilla. Ahora quiero que se
dividan en parejas para un primer ejercicio práctico. Sobre mi
escritorio encontrarán nueve picahielos. Ustedes son
dieciocho, la velocidad es una cualidad esencial en futuros
cirujanos.

El pediatra de Transilvania de Rubén García García

Sendero

Por supuesto condesa, en breve, el niño debe de ser alimentado, pues lo que usted le da no será suficiente para su desarrollo. No, mi señora, se debe de ir poco a poco, así sabrá usted que le gusta, que podría hacerle daño. Sí, de preferencia cada tres o cuatro días se le debe de dar un líquido nuevo. Inicie con betabel, y deje a lo último la fresa. ¡Claro!, cuando le salgan los colmillitos, hay que cambiar de alimentación a líquidos complejos, empiece por los de ave que son sencillos de digerir. No condesa, no es recomendable, sería exponer al pequeño a una infección, yo le sugiero que mejor vaya a un banco de sangre. Los cuidados que profesa el banco a su producto es de la más alta calidad. Claro que sí, pida un O Rh positivo que es la fórmula más adecuada para él.

La ofrenda de Rubén García García

Sendero

Deeini era ágil y ligera. ¡Hasta parece que escucho su carcajada! Corríamos hasta el punto más alto. Cuando la alcanzaba, ella veía a lo lejos la silueta del río, el pedregal, la arena con su color canela y las enormes piedras encimadas, donde mi madre solía lavar. Me acariciaba los cabellos con las uñas, diciendo cuanta cosa se le ocurría y de regreso me mostraba una hojas y decía que eran pétalos del niño Dios, pues en diciembre se volvía rojas y anunciaban el nacimiento de Jesús.

El río era una culebra de relámpagos y fulgores. Cuando las mulas de los arrieros lo atravesaban, sabíamos que al día siguiente habría fiesta. Mamá, buscando las especies, papá, los arreos para el caballo, mi hermana las peinetas, pasadores y cosas para colgarse en las orejas; yo, andaba a la caza de las canicas.

Dormíamos y la rodeaba con mis brazos, cuando escuché a mamá gritándole.

—¡Levántate, levántate!

Hacía frío. Al darse cuenta que seguía acostada, la zarandeó de su trenza.

— ¡Qué! ¿No oyes?

Le di mi camisa de franela para que se cubriera, pero mamá volvió a apresurarla y se levantó, tapándose con sus brazos. Papá había llegado dando tumbos y puso de pie a mamá para que le diera de cenar. Afuera se oía la gotera caer en la cubeta. Deeini salió a comprar un cuarto de aguardiente con don Chucho, regresó temblando. Estornudaba y el moco no la dejaba resollar.

En la mañana, mi madre se acercó y le puso la mano sobre la frente. ¡Por Dios! ¡Está ardiendo! Con rapidez, cortó del patio cáscara de árbol de chaca y albahaca, las martajó en alcohol y le puso lienzos en la cabeza y en los pies. Para la media noche tosía con dolor, al respirar sumía la panza, el pecho le gorgoteaba y una espuma del color amarillo le salía de la boca. Los ojos estaban secos e idos y su nariz aleteaba como una mariposa. Mamá y la abuela rezaban. Papá fue al pueblo grande en la madrugada por el médico. Encontró su cuerpo aún tibio; y lo sé porque yo estaba debajo de la cama apretándolo la mano.

Mi madre se hincaba frente al doctor.

—¡Regrésemela doctorcito! ¡Le pago lo que quiera, ándele no sea malito! ¡Regrésemela, por lo que más quiera! ¡Por lo que más quiera!

Llovía finito cuando la enterraron y el camino al cementerio se hizo chicludo. Los sollozos de mamá me picoteaban el pecho. Desde el cementerio veía el sendero donde corríamos. Me parecía verla.

La tristeza no se va como lo hacen las semillas que vuelan con el viento. lloro a diario, pero nadie me ve, porque lo hago hacia adentro. Cuando voy al monte por leña, me voy por el sendero para recordar a mi hermana; y al regreso, mamá me dice siempre lo mismo. ¿No quieres agua?’ Le digo que no.

Hoy mi papá trajo ramas y hojas grandes y lustrosas del monte, que llaman palmilla. Pusieron una mesa y con las varas hicieron arcos que rozan el techo. Van a hacer un altar: me dijeron que los muertos llegarán en la noche y, ¿saben? ¡Estoy feliz porque voy a encontrarme con mi hermana!

Mamá tiene en una mesa figuras humanas que cocerá en el horno de barro, será el pan de muerto. En otro lado está la abuela probando la pasta y la masa que luego envolverán en hojas de plátano, y después de tres horas en el fogón estarán los tamales. Así, en una labor de día y noche, tendremos el ofrecimiento a los que se fueron antes. Papá está fue por las flores de cempasúchil que son amarillas y despiden un olor vegetal intenso; ellas y las veladoras hacen que los santos difuntos encuentren el camino, guiados por la luz y el aroma. Primero llegan los muertos chiquitos, después los grandotes. Yo iré a la cañada y buscaré Lupitas, que es el fruto de monte que Deeini saboreaba. Traeré varias, porque hace mucho que no las come.

¡El altar ya está terminado! Las hojas de palmilla lo revisten; son de un verde intenso, oscuro, brillante, las flores alfombran en ramos el cielo y también los pilares. De entre las hojas cuelgan las naranjas, mandarinas, limas. Todas ellas como si salieran de las ramas. Sobre la mesa están las veladoras con su luz de cobre y los alimentos que saboreaban en vida los difuntos. Para mi abuelo dulce de calabaza, terrones de panela para una tía, ¡y a mi hermana lupitas que es su fruta de monte preferida! Una se la abrí y la otra no, para que se la llevara. ¡La estaré esperando!

A media noche veo cómo llega una luciérnaga y se posa sobre mi brazo, camina hasta alcanzar la mano y después vuela en zigzag, dejándome la sensación de que es el espíritu de mi hermana. Me despierto, ¡había prometido no dormir para verla…! pero ganó el sueño. Sin hacer ruido camino despacio hacia el altar, a la luz de las velas compruebo que las Lupitas están en el mismo sitio, nadie las ha tocado; o sea que quizás Deeini no había encontrado el camino, no la dejaron venir o, lo peor, no quiso. No sé, no sé. Con paso veloz decido ir rumbo al sendero. A la mitad del recorrido se abre la mañana.

Veo el río que culebrea y el viento fresco trae olores de limonaria. Voy hasta el lugar en el que mejor siento a mi hermana; es un rincón escondido, donde las enredaderas se tuercen formando un cielo de hojas y cuelgan de un amarillo intenso los frutos que al abrirse dan la dulce semilla y dentro dibuja la imagen de la virgen de Guadalupe. No puedo callar y grito con todas mis fuerzas, pero sólo escucho mi gemido. Salgo del escondite llorando. Con mi pequeño machete rompo con coraje las hierbas del camino y huelo el perfume de la flor de cempasúchil; vuelvo mis ojos a la hondonada y diviso que en el corazón de la mancha verde, justo en el centro, está la floración enrojecida de las nochebuenas.