Sendero
Aluza al agua
un resplandor de cobre;
brillan los peces,
y en la profundidad
la luna que complace.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Sendero
Aluza al agua
un resplandor de cobre;
brillan los peces,
y en la profundidad
la luna que complace.

Sendero
Este lugar,
es el lugar preciso
donde mi madre
miraba los ocasos.
Hoy la veo
en la tarde borrosa,
abrazada a mi padre.

Sendero
El viento oscuro levanta las hojas que caen. En el árbol hay un rumor y en la cripta un niño que sueña, y corre tras el remolino que se pierde. A su lado, en la misma cripta la madre le dice que se sosiegue, que a los trompos no se les persigue, solamente se les mira y se les disfruta en su brevedad.

Sendero
La lluvia fría.
Entre las hojas de un libro
una flor.

Sendero
Las gentes de Cox cuidan en sus patios a las plantas de café. Sus hojas parecen boleadas con aceite. Por la mañana, mientras caminas la cuesta quedas en éxtasis, ¡qué espectáculo cuando los cafetales florean!, el color blanco es tan tupido, que bien puede decirse que nieva en el trópico. Los niños ven crecer el fruto, y dia con día el rojo se apodera milimétricamente de la piel de la cereza y la engullen, es una gota de miel. Las abuelas dejan que el fruto se seque en la mata. La llevan al mortero hasta que la carne de la semilla está lista para tostarse en los comales de barro bajo el amparo de su paciencia. El aroma se dispersa y revolotea como niño travieso. Nunca se va, se queda en la memoria y todos los días se despierta.

Sendero
En la montaña
hice una gran fogata.
Versos y poemas
escritos a lo largo
de mi existencia.
Lapislázuli y ágatas,
nubes y espumas,
serpentinas de fuego.
flores de barro.
Caricias y suspiros
que me estremecen.
Apagué la fogata
y me entregué
al murmullo del mar.
Y en la lejanía
las parvadas de gruyas
volaban majestuosas.

Sendero
Juana vivía en una vecindad. Por la tarde sacaba la silla fuera de la vivienda y tejía. Sus ojos en el manto y sus oídos en el taconeo. Cuando reconocía el andar de su esposo empezaba a calentar su cena. Desde hace un mes llegaba cerca de la media noche. Lo oía comer, desvestirse y roncar. Sospechaba con buenas razones de que su esposo buscaba o tenía otra mujer.
Hace cinco años se juntó con él. Estaba joven, con cara de niña. y harta. Como fue la mayor, hacia todo y su madre solo sabía hacer hijos con los hombres que se juntaba. No le incomodaban sus hermanos, ellos no tenían culpa, para ellos era su mamá. Tampoco juzga a su madre. Simplemente se hartó y se fue. En poco tiempo se encontró con el que sería su pareja.
En cinco años nunca se le detuvo la regla. Y mujer es la que puede tener hijos y ella no se embarazaba por más que se lo pedía a la virgencita. Vendió los bordados y empeñó su reloj. Fue inútil. Los estudios ni en sueños podía pagarlos y el punto final se lo dio la doctora «tendremos que hacerle estudios a su pareja». Decirle eso a Toño, su marido, es como decirle que no sirve
Ese día aseó la vivienda, lavó la ropa, guisó. Si Toño llegaba temprano, solo calentaría la comida. Salió a la calle con un vestido encendido, pegado y se fue a un parque de luces y cumbia. Se sentó a mirar los anuncios. Después de unos minutos se gritó «si soy yo, maldita sea mi vida» al rato se le acercó un jovencito. Ella dudó. Las piernas le temblaban y el sudor en las manos hizo que las frotara. Escuchó la voz de él, como si ésta hubiese salido del cascarón. «No sea malita, yo también tengo miedo» y eso le dio valor.
Esa noche esperó a Toño y lo incitó a tener sexo. Un día no llegó la menstruación. El esposo volvió a ser el mismo, amable cariñoso y protector de la familia. Cuando el niño cumplió el año, le dijo al oído. ¿Cuándo me darás la niña para tener la parejita?

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GAMINEDES LUNA Y MITOLOGÍA
Ganimedes era hijo del rey Tros, que dio su nombre a Troya (o de Laomedonte, según algunas versiones), y descendiente de Dárdano; su madre era Calírroe, hija de Escamandro. Sus hermanos eran Ilo y Asáraco. Este último fue bisabuelo de Eneas.
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Ganimedes fue raptado por Zeus en el monte Ida, en Frigia (que actualmente corresponde a Turquía), lugar de más de una leyenda sobre la historia mítica de Troya. Ganimedes pasaba allí el tiempo de exilio al que muchos héroes se sometían en su juventud, cuidando un rebaño de ovejas o, alternativamente, la parte rústica o ctónica de su educación, junto con sus amigos y tutores. Zeus lo vio, se enamoró de él casi instantáneamente, y enviando un águila o transformándose él mismo en una lo llevó al monte Olimpo.
En el Olimpo, Zeus hizo a Ganimedes su amante, compañero de lecho y copero de los dioses, suplantando a Hebe. Todos los dioses se llenaron de gozo al ver la belleza del joven, salvo Hera, la esposa de Zeus, que lo trató con desprecio. Su odio por el muchacho fue usado por los mitógrafos para justificar su rencor por los troyanos (junto al hecho de no habérsele concedido el premio de belleza en el juicio de Paris y a la infidelidad de Zeus con la pléyade Electra, de cuya unión nació Dárdano, ascendiente de los reyes troyanos). Más tarde Zeus ascendió a Ganimedes al cielo como la constelación de Acuario (el Aguador), que está relacionada con la de Aquila (el Águila).
En la telaraña
cuelga inmovil la gota.
Amanece.
