Ayer se tituló la más chica de la familia. Fueron veinte años de levantarse todos los días antes de que el sol saliera para solventar los gastos de la “niña” «dormiremos hasta que el sol nos despierte» —se dijo el matrimonio.
En la alborada la cama les propinó una patada por el trasero y en silencio se vistieron para allegarse al quehacer de todos los días.
Se han detenido las nubes oscuras, gordas. Las gallinas suben a la rama. Mamá mete la ropa, cubre los espejos, cierra las ventanas, desconecta el enfriador, prende una veladora. El perro se ha enroscado en el rincón de la cocina. El enorme zapote cruje y los tordos gritan buscando cobijo. Voy a mis cuadernos usados y ya tengo lista mi flota de barcos. Un trueno nos cimbra, brinco a los brazos de ella «es un rayo y cayó cerca de aquí» dice mi madre. ¿verdad mamá que los barquitos se asustan con los truenos y los rayos?
Quisiera irme lejos, muy lejos de aquí romper el camino que dejé a mi paso; volver a ese mundo que crea el payaso retornar al pueblo donde yo nací. Quisiera esta tarde, saliendo de mí volver a la escuela para dar repaso a todas las notas que fueron fracaso y aprender del gallo su quiquiriquí. […]
Al caminar por la alameda hay una estatua que siento que me mira.
Hace tiempo caminaba con mi novia tomados de la mano por el malecón de un puerto. En un instante se desató y corrió hacia una banca, y cruzó la pierna imitando a una estatua. Algo sucedió, que nunca más supe de ella.
Me llené de años, y en mi ruta tengo que pasar por el bosque y encontrarme con la mirada que me perturba.
Un día, cansado, la enfrenté cara a cara, ojo a ojo y encontré en su frente la historia de mi fugacidad. Me quedé a su lado y dejé que mi cuerpo se perdiera en la arboleda.
Makiu implora que aparezca su hado. Está sentada en la cama y no puede dormir. Él llega deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:
—¿Qué te sucede?
—Cuando empiezo a dormir, sale un león y me persigue.
El hado sonríe.
—Duerme.
Él entra en su sueño y sí, hay un enorme león.
—¿El león es de melena negra?
—Sí —dice la niña.
—Ya no te molestará.
El hado se retira y sonríe satisfecho cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana y sueña con un campo de flores. Hay un extenso jardín donde florean las azaleas. Entre los tallos y las ramas irrumpe el color negro de una melena y el brillo frío de unos ojos. Se despierta angustiado y de inmediato le habla a su hada madrina… Y así, hasta que todos se quedan dormidos, incluso el león de melena negra.
Investigador, traductor y analista. Doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México. Profesor Investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, en la Ciudad de México, y Profesor Invitado en New York University. Presidente de la Asociación Mexicana de Teoría y Análisis Cinematográfico. Integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y del Sistema Nacional de Investigadores. Autor de poco más de 100 modelos de análisis semiótico. Entre sus libros más recientes como autor individual se encuentran: Cartografías del cuento y la minificción (2004); Paseos por el cuento mexicano (2006); Instrucciones para eliminar a un profesor. Viñetas de la vida académica (2008); Manual de análisis narrativo (2009); La seducción luminosa. Teoría y práctica del análisis cinematográfico (2010); De la investigación al libro. Estudios y crónicas de bibliofilia (2012); Semiótica preliminar. Ensayos y conjeturas (2015); Ironías de la ficción y la metaficción en cine y literatura (2018); Para analizar cine y literatura (2018); Principios de teoría narrativa (2019); Semiótica fronteriza (2022). Más información en: http://www.wikipedia.org / http://www.laurozavala.academia.edu / http://www.comunicacionlenguajesycultura.xoc.uam.mx / Correo: zavala38@hotmail.com
Llegó abrupto y entró como la navaja en un tomate. El mayo soleado dejó paso a un día invernal. Desaparecieron las moscas y el gato fiel a su costumbre fue hacía el tejado, pero se regresó antes de que la puerta se le cerrara. Al fondo del patio la lluvia helada caía sobre el naranjo. Él esperaba un chubasco que lo refrescara y no la insolencia de este frío que lo estremece. Las gotas resbalan por sus hojas. Él no sabe dónde quedó la gabardina. Mi madre con una sábana de plástico lo cubre y protege a los minúsculos botones que mañana perfumaran el viento.
Felicidades José Negrete Herrera de Rubén tu alumno de siempre.
«hacemos la incisión, alejamos el tejido graso, no usen instrumentos de corte, solo de disección. Vean, cuento uno, cuento dos y tres y aquí está el nervio circunflejo», «Pintamos a la vena de azul, a la arteria de rojo y al nervio de verde y esto lo llamamos disectocromia. ande, ande, toquen… el que no toca no siente, el que no siente es como el que no ve y el que no ve, no sabe».
«la anatomía que enseño es bajo la óptica de la medicina clínica. Lo que es útil para el médico joven»
Ese era el maestro José negrete Herrera. El libro que escribió es de gran utilidad y aún pasado muchos años lo siguen consultando.
En él había un valor mayor, la de ser humano. Un compañero me confesó: «vivo solo con mi madre, y ella tuvo un dolor en el vientre y fiebre, le hablé al maestro explicándole, y apresuradamente me dijo que la llevara a urgencias del hospital Juárez, que él estaría. Diagnosticó un abdomen agudo y operó de inmediato, se había reventado el apéndice. Mi madre vive por él».
Lo conocí cuando sus condiciones físicas mermaban, pero su pulso se mantenía firme, su cariño por enseñar era su diario. Tuvo el atributo de las personas sabias: enseñando lo que sabía y amando a las personas que lo rodeaban.
Ha pasado mucho tiempo pero su presencia persiste, su estatura moral sirva a nuestro México y al mundo.
En el cielo nublado, en salud y educación, que atormenta al país, más que nunca lo necesitamos.