
En la fría, soleada mañana llegó el pájaro que acicala , es un ave que le acomoda el pelo con la peineta de su pico. Él responde con gruñidos , el ave entre chisme y chisme quita las garrapatas del cuello y sigue.
Hoy no gruñó el tigre y el ave comprendió que era un día diferente y calló respetando su deseo.Tiene la cabeza oculta entre sus patas y no percibe que las mariposas revolotean alrededor de su testa. Arriba hay sol tibio, no siente el calor que cae sobre el lomo.
Anoche no levantó su testa al cielo. La luna se fue malhumorada; gusta reflejarse en sus ojos; Allí se peina, corrige sus aretes y se retira.
¡Se fue el hijo del tigre! él se ha quedado solo, ya no harán las correrías por caminos que le enseñó. Sabe que es viejo, no tendrá más hijos. Tiene una mirada lejana. Recuerda los besos del cachorro sobre su hocico, los juegos insistentes, con sus manazas.
Todo fue después de la tormenta, del rayo que mordió los hombros de la montaña.¿Qué dislocó su corazón? para que su hijo cambiara tanto: se hizo taciturno, de mal carácter, y luego enmudeció.
Está solo, pero eso no le preocupa. Él disfruta del viento, la mirada de la luna y el grito en la lejanía de los búhos. Su hijo se fue; eso pasaría tarde o temprano., preocupa lo que dijo antes de irse, lo dijo sin decirlo. Pero el padre adivina que le han dado ansias de matar por el sólo placer de matar y eso no lo soporta.





Cuando al defensa le ganaron la espalda, supo que su portería sería vulnerada.


Miraba las buganvilias. llegó el aroma de la vainilla; el grano de café al tostar escapaba de cada casa. La vaina verde desdoblaba en perfume y la cereza en el comal exhala una fragancia que aloca el corazón. Son mujer y varón. La vainilla cobijando en la intimidad; el café en la mañana es campana, llama a chicos y grandes a compartir la mesa, antes de encontrarse con los quehaceres de la vida.

Todo se va;
