mujer. picasso

El director del hospital hizo pasar a una conocida. Encargada del bienestar de los niños en el municipio. Por la responsabilidad de sus puestos, con frecuencia acordaban apoyos a la salud. Había surgido una amistad, colándose una que otra broma. De tez blanca, pelo que caía en ondas hasta la cintura y un lunar en el nacimiento de los senos. El doctor la interrumpió, ordenó poner sus manos hacia arriba, extendidas sobre el escritorio. Observó.

—Sabías que por las manos se puede saber el tamaño de los pechos.

Ella de inmediato cerró las manos y con rubor le contestó.

—¿Cómo es eso médico?

—Sencillo. El facultativo extendió las manos cerca de sus senos.

—Ahora, acerque hasta depositar en mis palmas.

—Oiga, creí que era en mis manos.

—De ninguna manera señora, es en las mías. Ambos rieron. Se despidieron de beso y rozaron las pieles. Nunca llegó el más. El deseo se pierde con el tiempo y la distancia.