La esperanza
Rumbo al entierro. A la mitad del camino, él ordenó detener el cortejo. Quienes cargaban el féretro lo depositaron en el suelo. Compañera de vida, fiesta y peleas de gallos. Pensamos que deseaba verla por última vez. ¡Rubén!, escuché que me llamaba. Acudí. Levantó las manos, e indicó con señas que abrieran el ataúd. Pasó su mano sobre mis hombros, mientras de su cara ajada, corría humedad.
—Fíjate, ¿dime si está muerta?
Me acuclillé, lo vi de abajo hacia arriba y sin palabras le dije que sí.
Pecho a pecho
Imaginarme en tu noche.
Escuchar la lluvia
golpeando las ventanas.
La sombra de tu perfil
recostada en los ríos de mi piel.
Acaricio tu cabellera,
hago caminos imaginarios
para llegar a tu pensamiento.
Afuera el viento tuerce
los brazos de la magnolia,
por el silbido de la corriente.
Tu cuerpo se pega al mío;
hemos quedado
corazón a corazón.
Mañana será un día especial.




Poco antes de cumplir los cincuenta años, numeró las veces que la muerte había estado cerca de él. Fueron varias. Concluyó: “estoy predestinado a un fin grandioso”.Antes de morir, tuvo un último hijo, cuya vida fue paralela a la de él y al igual que su padre, presentía que la vida le tenía reservada una gran proeza. Murió viejo.
Se van los pájaros


Todo se fue, pero un día volvió, como vuelven las mariposas y lo que nunca se pudre: con menos fuego, pero con eternidad.
Tirémonos.
Cursaba la preparatoria, pregunté al subdirector ¿si yo terminase un libro, podría tener apoyo para publicarlo?

