Senryu
Roe a la piedra
la corriente del río.
Nadie lo cruza.
La mariposa fea

Tenía colores pardos y soltaba una pelusilla gris cada vez que se posaba en una flor. Volaba como si tuviese un ala rota, en tanto las amarillas lo hacían como breves fogatas sobre las olas del mar. Oculta tras un viejo árbol veía con admiración la fuerza interior de los monarcas; a ella le dolía el ala al volar:
—reumatismo juvenil, —había dicho su mamá, es cosa de familia. Hacía paradas frecuentes, eso molestaba a las flores ya que manchaba sus pétalos con pelusa gris.
—Esa mariposa tiene mucha caspa, —cuchicheaban entre sí. Cuando se enteró dejó de visitarlas, se guareció en el viejo cedro.
Al tiempo, las flores se hicieron pálidas y una masacre de arrugas llegó de improviso. Algunas en silencio padecían la vejez, otras sollozaban al verse ajadas y polvosas.
La mariposa fue hacia ellas, así tuvieron fuerza para decirle “llévate tu caspa a otra parte.” Pero una flor infante, le dijo: acomódate a mi lado y cuéntame de la vida, mi aliento se escapa y no conozco el mundo.
Habló de la montaña, del viento, de la alegría del pájaro y del viejo cedro donde vivía.
—Sigue contándome.
Los días siguieron como los caballos que trotan en la pradera, como la gota que rueda por el fruto, llovía pelusa gris sobre la flor. Hasta que un día pidió que la peinara y vio que la luz había llegado de nuevo a sus pétalos.
La flor sonrió:
—Quédate conmigo, abrígame. Me has quitado la pena, y ahora deseo mirar las puestas de sol, y escuchar el clarín y sentir el griterío de los cotorros.
Sueños
Tiene ojos negros.
de mirada aromática.
Ella ha soñado:
una calle desierta
y entre los árboles
Tanka a la existencia

Dónde quedó
el árbol que sembraste;
la luna, el fruto.
Todo se fue sin ver,
ciegos en trote-
Al final de la vida
todo se va se va.
La mujer
Fíjate en la piedra salobre,
Lápida que la gaviota desprecia.
Viento rencoroso que anida;
En medio del remolino,
cuaja el parto de la vida:
una flor retadora se levanta,
desafiando al viento, al mar y la gaviota.
Tanka
Se van los pájaros
como la juventud,
amor de otoño.
Vuelan hojas y flores
que ya nunca veré.

Sabiduria
No había luz. Diestros jinetes con burros llevaban agua en recipientes. Así abastecía un depósito para el aseo. La casa permitió un espacio para observar pacientes delicados. La auxiliar se encargaba del cuidado, alimentación, limpieza y Nemesio de hacer mandados. Ambos sabían hablar el totonaco. Este lugar es habitado por gente creativa, hacedores de milenios, herederos de la gran ciudad del Tajín, danzadores del cielo, talento para esculpir la piedra y transformarla en belleza. Riqueza poco comprendida.
La yegua
La yegua tenía asma y sudaba copiosamente. Encharcado el lomo. La silla se movía de un lado a otro. Íbamos pegados a la montaña. Al pasar sobre una peña, la silla resbaló a un lado, y mi cabeza quedó hacía abajo, y los pies arriba.
—¡No se mueva! ¡No se mueva! ¡Aguante, aguante…! ¡Ya vamos! —¡Agarra la pinche yegua! ¡Cuida que no resbale! ¡Putas madres! Si nos quedamos sin médico, ¿quién chingaos nos va a curar? ¡Ey… ey! Tú pendejo, ¡amárrale las patas al doctor, qué no se vaya a caer, porque el pueblo se queda sin matasanos, ¡Tanto trabajo que costó convencerlo! ¡Dale un vaso de caña para el susto, y otro para que le vuelva la sangre! No se preocupe doctor. Ya verá que en el camino y en la vida, nos topamos con yeguas mañosas.
Añoranza
Me parece verla por las mañanas, sorbíamos café. Ella sentada en mis piernas; pendiente de la taza.
—¿No quiere más? yo sonreía, mientras mi mano jugaba con el rulo, me extasiaba el olor de su pelo.
Todo está igual: los libros, el viejo ventilador, las flores. A mí me falta ella, tal vez a ella le sobre yo.
Silencio
He prometido no preguntar
si ella me habrá recordado.
Hoy cumpliríamos dos años.
Por la mañana,
al disolver el azúcar con la cuchara,
estúpidamente la llamo,
sabiendo que nunca más escuchará.
Crepúsculo
El río corre dando golpes y revuelca remolinos. Bajo el chapoteo del agua, anima el canto intermitente de las ranas. La noche se da por instantes al silencio; y al sopor, le crecen olores de flores trituradas. Nada perturba. Los gusanos dejan de roer; y el sopor, el silencio y las sepias se tensan cuando el monte pare el silbido profundo de la serpiente. El sol ha muerto.
El río corre,
noche que das silencio;
roe el gusano.
Visiones
La luz del faro aluza al viento que persigue a la red, a las sirenas y a las olas. Tiemblan los peces. En la memoria de la noche se oyen pasos de viejos naufragios. El mar contempla a las almas que abrazadas al viejo tablón sucumben al ojo espumoso del remolino.
Entre la roca que todo mira, se oye el asma de un tren en la montaña.
Gourmet
El médico ordenó que dejara café, cigarro y tequila; que no comiera asados, ni fritangas. No seguiré sus consejos. ¡Quiero tener buena sazón y ser la delicia de mis gusanos!
El sol vende unas alas
El sol vende unas alas,
dice que con ellas
llegarás lejos,
por no se qué galaxias.
Este sol vende unas alas.
Son frágiles,
que no asustan
el diapasón de una guitarra.
¿Quién quiere unas alas?
el soñador, el capitán
o el niño
que quiere ser cosmonauta.
El sol, el sol, el sol.
Vende, vende unas alas.
Grita un voceador de la Vía Láctea.






