El sueño

mujermarSoñé con el mar y con una mujer que corría en contra de la brisa. El viento revolvía los rizos castaños mientras su blusa se esponjaba, comiéndose a bocanadas el aire. La falda era un par de alas y veía su cuerpo de garza en vuelo.  Me llevo lejos; cuando mis manos respiraban su pelo de cobre, se perdió en el murmullo celoso de las olas.

Deseos

mujer de espalda

Deseo que me abrace, olerla en silencio. Recorrerla con mis manos y llenarme de vueltas;  besarle la nuca, los hombros. Adherirme a su envés y percibir el calorcillo que la estremece y hace  que le crezcan rosas en la cadera.

Tumor

panoramica-de-la-ciudad-de-mexico-preven-lluvias

Rasgó el sobre con la navaja y leyó el resultado: » El ochenta por ciento del personal a su cargo, ha tenido una o más prácticas de corrupción» . Llamó al superior por la línea directa y se lo comunicó.

-Haga lo que crea conveniente- le contestó.

El sobre y su contenido se convirtieron en pedacitos de papel. que arrojó por la ventana; volaron como palomitas avergonzadas sobre el vientre de la ciudad.

el tlaucache -zariguella-

tlacuache

—Es camino a la sierra, llega hasta la casa de tarro, techo de palma, está bajo dos árboles de Zapote. Usted pregunta por los ahorcados y luego le dicen.

— ¿Ahorcados— Sí. Dicen que en esos árboles ahorcaban a la gente.

 Reconocí al enfermo: muy delgado, respiraba con dificultad y con fiebres que lo empapaban de sudor por las noches. Tos de meses. Un mal con siglos de historia y que conocemos bien: “Enfermedad de pobres con tratamiento de ricos”. De poco sirven las medicinas, si no hay una buena alimentación. Por más que miraba y miraba, sólo había pobreza. Llevaba medicinas, pero habría que insistir que con un mes de tratamiento no bastaba. ¿Y el alimento, de dónde lo sacarían?  Gallinas en el patio no se veían. —Come cada tercer día carne de tlacuache. Con eso empezarás a engordar, pero no te olvides que es un año.

Dejé de verlo, un día de la plaza, entre tanta gente, una persona joven me enfrentó. — ¿Ya no te acuerdas de mí? Qué difícil, la verdad nunca he sido buen fisonomista y cuando la gente pertenece a una etnia y visten igual, pues mucho menos.

— Yo soy el enfermo que fuiste a ver camino a la sierra. Tengo la casa debajo de los “ahorcados”.

— ¿Tú eres? Mi sorpresa es que se veía gordo, luciente, enérgico. — ¿Te sigues tomando las medicinas? —Sí, pero lo que me está curando es la carne de tlacuache que me recomendaste, pero ya me chocó. Ya puedo trabajar ¿Puedo comer de otra carne?

.

La hoja

monet otoñoLos caminos son infinitos, dijo la hoja del árbol antes de morir,  un segundo después tomó el viento de otoño.

Nos vamos de vacaciones

Ya lo pensé mejor amor mío. Dijo a su esposa. No vamos a París. he conseguido boletos para el lago Natron*. ¡Verás que te quedarás de una sola pieza!

lago natron

*El lago Natron es un lago de agua salada, ubicado en la frontera entre Kenia y Tanzania.Su superficie tiene entre unos 600 y 800 km², Al estar cerca del volcán Ol Doinyo Lengai (“La montaña de Dios”), tiene complejos compuestos químicos. pH de 10.5 y es un líquido tan cáustico que puede provocar serias quemaduras. El carbonato de sodio, uno de los compuestos químicos que más abunda en el lago, es justamente uno de los que se empleaban en el Antiguo Egipto para la momificación.

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/10/131004_ciencia_galeria_animales_petrificados_lago_nick_brandt_np

Bajo el volcán

il_340x270_1316069735_9l2h

Llegamos a vivir cerca del volcán. En noches de frío intenso, te hacías bolita, tu cabeza descansaba en mis brazos, tus pies se calentaban entre los míos. próximos a dormir, la pierna derecha cubría la redondez de tu muslo con olor a fiebre y sabor a canela. Ayer, dijiste que me apropié de la frazada, que en la madrugada te despertó el frío. Me reclamaste con enojo, en tus ojos creí ver una luz  con regusto a quina.

Dejamos de abrazarnos, sombreamos nuestras sábanas de lejanía; cada uno comenzó a abrigarse con su propio cobijo de lana.

En las noches que siguieron, el frío derramó vidrios en la casa .

No puedes conciliar el sueño, porque tu cuerpo no responde al acomodo; yo me cubro hasta la cabeza, pero mis ojos permanecen abiertos, sintiendo una profunda oscuridad –fría como la menta–  afuera,  se oye  el chiflido del viento que golpea y hace crujir  las ramas.  En el espacio que media entre tú y yo, camina un interminable  silencio.

La fiesta de la fe

dr atlLa clausura de la feria anual , la festejarían los ungidos con su principal evento: la carrera de montañas.

La mariposa fea

 

 

marip.fea

Tenía colores pardos y soltaba una pelusilla gris cada vez que se posaba en una flor. Volaba como si tuviese un ala rota, en tanto las amarillas lo hacían como breves fogatas sobre las olas del mar. Oculta tras un viejo árbol veía con admiración la fuerza interior de los monarcas; a ella le dolía el ala al volar:

—reumatismo juvenil, —había dicho su mamá, es cosa de familia.  Hacía paradas frecuentes, eso molestaba a las flores ya que manchaba sus pétalos con pelusa gris.

—Esa mariposa tiene mucha caspa, —cuchicheaban entre sí. Cuando se enteró dejó de visitarlas, se guareció en el viejo cedro.

Al tiempo, las flores se hicieron pálidas y una masacre de arrugas llegó de improviso. Algunas en silencio padecían la vejez, otras sollozaban al verse ajadas y polvosas.

La mariposa fue hacia ellas, así tuvieron fuerza para decirle “llévate tu caspa a otra parte.” Pero una flor infante, le dijo: acomódate a mi lado y cuéntame de la vida, mi aliento se escapa y no conozco el mundo.

Habló de la montaña, del viento, de la alegría del pájaro y del viejo cedro donde vivía.

—Sigue contándome.

Los días siguieron como los caballos que trotan en la pradera, como la gota que rueda por el fruto, llovía pelusa gris sobre la flor. Hasta que un día pidió que la peinara y vio que la luz había llegado de nuevo a sus pétalos.

La flor sonrió:

—Quédate conmigo, abrígame. Me has quitado la pena, y ahora deseo mirar las puestas de sol, y escuchar el clarín y sentir el griterío de los cotorros.

Tanka a la existencia

 

 

 

untitled

Dónde quedó

el árbol que sembraste;

la luna, el fruto.

Todo se fue sin ver,

ciegos en trote-

Al final de la vida

todo se va se va.

La mujer

flor.girasol

Fíjate en la piedra salobre,

Lápida que la gaviota desprecia.

Viento rencoroso que anida;

En medio del remolino,

cuaja el parto de la vida:

una flor retadora se levanta,

desafiando al viento, al mar y la gaviota.