Una corta Primavera — MJBeristain

En el campo la primavera era muy corta, así que, antes de entrar en aquel voluminoso edificio, me entretuve unos instantes en oler y tocar algunas flores. Observé detenidamente sus colores, aunque en mi retina aparecían difusos, como si una lluvia de miedo me invadiera con suavidad imperceptible ante las pocas personas con las que […]

Una corta Primavera — MJBeristain

Célibe de Rubén García García

Sendero

Célibe camina por la playa y siente el cosquilleo del agua entre sus dedos. Declina la tarde. Sentada sobre una manta escucha el graznido de las gaviotas y ve el barco que se aleja. La brisa acaricia su cuerpo breve.

Parece dormitar. Abre su camisa. Entrecruza las piernas. Sus manos están en la planicie de su vientre. En casa había silencio, pero hasta su recámara escuchó respiraciones entrecortadas. Fisgoneo: Su hermana movía sus caderas sobre las piernas del novio.

La púber respira profundo. Acaricia sus pezones erectos. Entrelaza sus piernas una y otra vez, y suda por el calor que transita dejando un camino de pulsos. La mano se mueve como gata saltando al monte y retoza entre los humedales.

Que veinte años no es nada de Rubén García García

Sendero

Casi veinte años pasaron desde que se salió del departamento. Una idea se le había metido entre el corazón y la cabeza y pensaba que su esposa lo engañaba. Una mañana se dio cuenta de que su mujer era íntegra. Ahora estaba seguro de que no lo reconocería e intentaría enamorarla. Se hizo coincidir con ella, logró sacarle algunos monosílabos, y hasta pudo entablar una charla en la soledad de un parque, donde sin rodeos le habló como la primera vez. Ella sintió que una aguja se le clavaba en el corazón. Y aquellos ojos tristes volvieron a prenderse como un cerillo. Ella se llenó de una fina lluvia y en un instante pensó que había algo mágico en aquel hombre y al verlo con los labios entreabiertos lo tomó de la mejilla y lo besó como lo haría una muchacha de veinte años. Reconoció los labios del hombre que se ausentó y dio gracias a Dios por habérselo regresado. Él se retiró ofuscado, perdiéndose en los vericuetos de la gran ciudad y nunca más volvió a verla.

La muerte de Juanito de Rubén García García

Sendero

El fotógrafo tomaba impresiones del cadáver que yacía bajo los escombros de la barda. El periodista comentó con el vecino: «mala suerte del occiso que al ir pasando le haya caído esta barda de cantera». La muerte de él fue culpa del “Pifas” que es un perro bravo. El difunto y el perro no se tenían simpatía. Muchas veces lo vi molestado al “Pifas”. Esta vez no fue diferente, con una varilla le picó las costillas. El dóberman tomó impulso y saltó la barda. Juanito se cruzó la calle y corría por la banqueta donde se alza la barda del convento; y sobrevino el temblor que lo sepultó. «¿y qué fue del «Pifas»». Volvió a saltar la barda y se echó bajo el árbol. Mientras redactaba la nota pensó que la muerte del occiso no fue culpa del “Pifas”.

El hereje de Rubén García Garcia

Sendero

Le dije a mi madre que solo sería catequizado por un santa. Ella partió rumbo a la montaña y el desierto. Era una santa, traía una aureola que resplandecía sobre su cabeza. Acepté.

Ella se quitó la aureola, y rezamos en la cama como manda su doctrina. De mi cuarto, escapaban rechinidos, golpes de lucha, y jadeos. «quítele los demonios gritaba mi madre» mientras en mi defensa pellizcaba su aureola. Al salir le di un beso en la frente, me persigné, al tiempo que rezaba incoherencias.

¿Qué dijo? preguntó mi madre «retazos del demonio, contestó la Santa.

Seguro que necesitará de más ejercicios». «Los que sean necesarios, pero sáquele los demonios».

La madre de Rubén García García

Sendero

Se fue, solo se llevó una muda de ropa y su esperanza. En la mesa dejó un recado breve que la sofocó. Se fue, como se había ido su esposo, del que nunca supo más.

José se bañó con el agua tibia del pozo. Su mirada se perdió en el patio, se vio jugando con sus hermanos. Escuchó los gruñidos del marrano y el cacaraqueo de las gallinas. Entró a la pieza de su madre, unas líneas sobre la mesa y la intención de un beso.

Durante dos años Juana lavó y planchó para mantener a la prole y comprar cada ocho días una veladora que dejaba al pie de la imagen pidiéndole que cuidara de su hijo. En la soledad del lavadero tallaba la ropa con coraje, con furia, deseaba romper la tristeza que le causaba la ausencia de su hijo. Llegaban imágenes poderosas, oscuras, donde oía la voz de José. Y el lloro se iba por el boquete, el mismo por el que se va el agua sucia.

Una mañana encontró sobre la mesa pan y fruta y, al fondo un veliz. Supo en ese instante que su José había llegado y lloró, lloró… Con las lágrimas se dispersó el dolor y la opresión que no la dejaba respirar. Los ruegos que le hizo a la virgencita no fueron en vano. Cerró los ojos, aflojó los surcos de la frente y un sueño le sobrevino y durmió. Y dormía como si no hubiese dormido nunca.

«Obra maestra», la increíble historia de la desaparición en España de una escultura de 38 toneladas que aún hoy nadie puede explicar. — Andando tras tu encuentro…

Es una historia real, pero increíble, un misterio sin respuesta que gira en torno a una escultura compuesta por cuatro bloques de acero, que pesaba nada menos que 38 toneladas… y pese a ello desapareció. Sucedió en España en los años 90 del siglo pasado. «Equal Parallel / Guernica-Bengasi» había sido creada por el influyente […]

«Obra maestra», la increíble historia de la desaparición en España de una escultura de 38 toneladas que aún hoy nadie puede explicar. — Andando tras tu encuentro…

Claves para aprender la verdadera belleza del haiku de Vicente Haya

https://www.letraskairos.com/sabiduria/3-claves-para-aprehender-la-verdadera-belleza-del-haiku

Para la mente occidental, el haiku es una expresión artística nipona difícil de comprender. Por su brevedad y aparente falta de sentido o extrema simpleza, la confusión acerca de qué pretende decir suele combinarse con una fascinación para desentrañar su misterio.

Vicente Haya, doctor en Filosofía, traductor de poesía japonesa y discípulo de Reiji Nagakawa, reúne en Aware. Iniciación a la poesía japonesa una antología de haikus cuidadosamente seleccionada junto a diversos textos en los que desarrolla, explica y clarifica las diversas claves que nos permitirán acercarnos a la tradición y comprensión de los haikus. Compartimos en Letras Kairós un fragmento del libro con 3 claves para iniciar la exploración.

1. EL PRIMER REQUISITO DE UN HAIKU ES LA INOCENCIA

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El haiku debe ser sencillo; esta es su primera condición. La sencillez le es tan esencial como la brevedad de su forma métrica. El haiku es una impresión fácil de comunicar por medio de unas palabras fáciles de comprender.

Un haiku no es un hermético arcano; no es un enigma dentro de un enigma. Deberíamos presentarnos ante cada nuevo haiku como los más simples de los lectores que haya tenido ese haiku, pero con el orgullo de que así —carentes de recursos intelectuales o de formación— somos la medida exacta del haiku.

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Un haiku que no sea sencillo es una pura exhibición, un alarde del “yo” del poeta que opaca la realidad que tiene la obligación de trasparentar. El haiku es patrimonio de los corazones descomplicados.

 

Solo los verdaderos poetas y los niños —únicamente los que sienten en carne viva— son capaces de ver el mundo; los demás estamos desahuciados. El mundo nos niega su seno. Parece que estamos, pero no estamos. Porque “estar” es una meta final, un proyecto, no un punto de partida, como hasta ahora habíamos creído.

ありたちがくさにのぼってすぐおりる

Aritachi ga kusa ni nobotte sugu oriru

KATAOKA YUMIKOLas hormigas
suben por una hoja de hierba…
y en seguida bajan

Comencemos leyendo un haiku escrito por una niña de seis años. Un haiku que carece de todo artificio literario. Es posible que nadie antes que ella hubiera dejado por escrito el hecho milagroso de que unas hormigas suban en fila por una hierba y que, cuando llegan a la punta, desciendan enseguida por el otro lado.

Quizá hay que tener seis años para hacer un haiku sobre este aspecto trascendental de la existencia: desde hace miles de años las hormigas suben y bajan las hojas de hierba. Y es una suerte para nosotros poder darnos cuenta de ello. Se nos ha dado la oportunidad de habitar, no lo olvidemos, en un mundo concebido para nuestra continua fascinación; tenemos la posibilidad de habitar en el más perfecto de los mundos.

あいて むる は

Kuchi aite rakka nagamuru ko wa hotoke

KUBUTSUAbriendo la boca
y contemplando las flores que caen,
un niño es un Buda

2. NO HAY QUE PRETENDER ESCRIBIR UN BUEN HAIKU

Para escribir un buen haiku, la primera condición es no pretender hacerlo. Escribir haikus no pertenece al oficio literario, sino a la cortesía debida hacia el mundo. Y esa cortesía exige ausencia de intención literaria.

 

El poeta recibe un impacto por parte de la realidad y vibra bajo su efecto; durante esa vibración se concibe un haiku. No es el poeta el que escribe el haiku. Es el mundo el que escribe. Un poeta con talento literario, a veces, puede olvidarse de que un haijin no es un experto en el uso de las palabras, sino un individuo particularmente sensible al mundo. Cuando es el poeta el que pretende escribir el haiku, así tenga el talento de Kyoshi —tal vez el séptimo u octavo mejor haijin de Japón—, fracasa:

蝶々のもの ふ の静かさよ

Chôchô no mono kû oto no shizukasa yo

KYOSHIEl sonido que hace la mariposa
comiéndose las cosas…
¡Es el puro silencio!

Si queremos expresarnos en haiku, hablaremos sobre lo que nos rodea solo cuando no tengamos un interés personal por hacerlo; cuando seamos obligados a ello por lo que quiera que sea que nos compela por dentro a hacerlo. El haiku no procede de un talento especial, sino de una obligación moral que tenemos en relación con la existencia que nos sostiene. En el momento en que el haijin demuestra ser más sensible que nadie, ha matado su haiku:

Uguisu ya hyakunin nagara ki ga tsukazu

RYÔKANEl ruiseñor —
De cien personas
ninguno se da cuenta

En ese sentido, la iniciación en el haiku puede resultar decepcionante para algunos. Porque van a notar cómo paulatinamente sustituyen el sabor edulcorado de las cosas, que es a lo que en principio estamos acostumbrados, por el auténtico sabor del mundo: mariposa, barro, ruido, silencio… No estamos acostumbrados al sabor de las cosas; lo que paladeamos del mundo es lo que nosotros mismos le añadimos para poder asimilarlo.

Probar el mundo de verdad exige unas dosis incalculables de falta de pretensión, y nos obliga a una reestructuración radical de lo que somos en clave de modestia.

Vicente Haya, autor de Aware.
VICENTE HAYA, AUTOR DE AWARE.

Sin estas condiciones no hay haiku. Después de habernos entrenado en el haiku, a nosotros la realidad —lo que hay ahí afuera y sucede— nos produce un respeto tal que nos obliga a postrarnos ante ello.

 

 

3. UN HAIKU NO ES UN POEMA BREVE

Un haiku no es un poema breve. No se admite nada que disfrace lo que está ocurriendo con toda su desnudez ante los ojos del autor. Si las palabras que se usan en el haiku no son sencillas, dejará de apuntar a la cosa misma que quiere mostrar y el propio autor se constituirá en el objeto disimulado de su poema.

El mundo desaparece y solo vemos la capacidad de producir belleza literaria de quien lo describió. El haiku no debe hablarnos de su autor, sino del mundo. El autor tiene que desaparecer. Por eso hemos dicho innumerables veces que —aunque no nos quede otra opción que tratarlo como parte de la Historia de la Literatura— el haiku no es “literatura”; que el haiku es parte de un adiestramiento espiritual. Se trata de desaparecer voluntariamente en un universo que es pura maravilla. Un universo que, hasta que nos armonizamos con él, tolera como puede nuestras pretensiones de ser y de tener. Si lo que nos emociona del mundo no está expresado con claridad, nuestro haiku no nos lleva adonde debe, sino a otro lugar. Como en el caso de:

に の をひらきけり

Hoshi sude ni aki no manako o hirakikeri

KÔYÔLas estrellas súbitamente
abrieron sus ojos
de otoño

Nos parezca bello o no lo que aquí nos ha dicho el poeta, no es haiku, porque no sabemos a ciencia cierta qué son los ojos de otoño de las estrellas. Y no queremos que el poeta nos lo explique.

Un poema japonés que tenga 17 sílabas puede ser magnífico y no ser haiku. Podríamos salvarlo para el universo del haiku con otras cesuras métricas —ya que las cesuras las pone el traductor—, pero solo conseguiríamos que dejara de ser un buen poema para convertirse en un mal haiku.

れ く に夢 る かな

Nagare-yuku awa ni yume miru tonbô kana

SENKEIVan fluyendo
los sueños de las libélulas
en las burbujas del agua

Por jugar a crear belleza con las palabras acabamos no viendo a las libélulas volando por entre las burbujas del agua, sino que nos quedamos pensando cómo serán los sueños de las libélulas. Hubo un momento en el que algo nos emocionó, tratamos de expresarlo con toda la fuerza con que se produjo… y el amor por la belleza de las palabras nos traiciona:

来る に い らし

Inu kuru ryôme ni kuroi umi yurashi

SEKKAKU SAKÔViene un perro…
En sus ojos se agita
un negro océano

Aberración de Rubén García García

Sendero

Aberración de Rubén García García

Intrigado por un libro escrito en el siglo XIX, cuya edición fue la primera y la única, por ser prohibido al público. “Aberración” tenía por título. Motivado pude traducir la primera historia, que es difícil de creer.

… regresaba acompañado de Cherri al estudio de pintura que tengo en el último piso de un viejo edificio. Tocamos varias veces, con la idea de que Marce nos abriría. Cherri y Marce me sirven de modelo. Ambas son mis amiga y amantes. Nos llevamos bien los tres. Marce es la bromista, sus ocurrencias las hace con gracia y reímos de buena gana. Saqué las llaves y entramos. Pensé que estaría en el baño, pero la sorpresa nos quitó el resuello, de una de las vigas aún se balanceaba. Con rapidez rompí la cuerda, la bajamos. La muerte se nos había adelantado.

Imaginé que la decisión la había tomado de improviso, solo cubría su cuerpo una batita de seda que le regalé. Desde que vi la bata supe que era para ella, vérsela era transformarme. La vi en su palidez y hacía contraste con el rojo transparente y llegaron a mi mente las locuras que hacíamos. Sabía que cuando ella se ponía la bata era una especie de orden velada que me decía: «vamos a jugar macho mío «. Ahora tenía la bata…

Cherri vio el bulto en mi pantalón. Bajó su mano y comenzó a besarme me susurró, «la muerte me excita». No le contesté, solo nos acostamos sobre la alfombra. A un lado de nosotros Marce que nos miraba con sus ojos negros, abiertos, y la lengua de fuera.