Sin compositores no hay cantantes ( Vicente Fernández). Gracias a Fernándo Z. Maldonado, de quién la I.A. me da estos datos
Fernando Zenaido Maldonado Rivera (1917–1996) fue un genio musical polifacético: compositor, arreglista, director de orquesta y descubridor de talentos. Conocido por su seudónimo Fred McDonald en grabaciones internacionales, su obra abarcó rancheras, boleros, cumbias y música popular, dejando un legado que trascendió fronteras 73.
Biografía Detallada
1. Infancia y Primeros Pasos
Nacimiento: 20 de agosto de 1917 en Cárdenas, San Luis Potosí, México. Hijo de Moisés Maldonado y Catarina Rivera 7.
Talento precoz: A los 7 años compuso Catarina, un vals dedicado a su madre, y dominó instrumentos como el piano y el flautín bajo la tutela de su tío Evodio Rivera 7.
2. Carrera Musical
Inicios en la radio: En 1945 llegó a la Ciudad de México y se unió a la XEW, la emisora más importante del país, trabajando junto a leyendas como Agustín Lara 7.
Éxitos tempranos: Compuso Amor de la Calle (1950), ganadora de un premio y llevada al cine, e Voy gritando por la calle, popularizada por Los Hermanos Martínez Gil 7.
Versatilidad: Dirigió orquestas, arregló cumbias como La pollera colorá y descubrió talentos como Sonia López («La Chamaca de Oro») 7.
3. Obra Cumbre: «Volver, Volver»
Creación: Escrita en 1972, la canción fue un parteaguas en la música ranchera por su letra que expresa arrepentimiento amoroso, algo inusual para la época 310.
Impacto: Inmortalizada por Vicente Fernández, vendió millones de copias, se tradujo a 10 idiomas y fue versionada por Chavela Vargas, Luis Miguel y otros 19.
4. Vida Personal y Tragedia
Matrimonios: Casado con la compositora María Luisa Basurto (1942–1955), con quien tuvo dos hijas, y luego con Eglantina Covarrubias 7.
Muerte trágica: El 23 de marzo de 1996, Maldonado y su esposa fueron asesinados en su casa de Cuernavaca durante un presunto robo. El crimen nunca se esclareció del todo 17.
5. Legado
Reconocimientos: En 1973 fue nombrado Compositor del Año por «Volver, Volver» 7.
Influencia: Sus canciones fueron interpretadas por Javier Solís (Payaso), Trío Los Panchos y Vicente Fernández, consolidándolo como pilar de la música mexicana 79.
Contraste con Vicente Fernández
Mientras Fernández fue la voz que llevó «Volver, Volver» al estrellato, Maldonado fue el arquitecto emocional detrás de su letra y melodía. Su historia refleja la dualidad del arte: la gloria de crear himnos y la vulnerabilidad humana. Como dijo Fernández: «Sin compositores, los cantantes no existiríamos» 10.
todos los días, Narciso venía a mirarse en las aguas del río. Quizá no tenía con quién jugar y platicaba consigo mismo. O tal vez sufría de tristeza vital. Una tarde en que el arroyo corría con pereza, se inclinó demasiado y se hundió para siempre. Yo lo amé desde que lo vi. Desde aquella tarde gris, mis ramas no han dejado de llorar.
Leídos y gozados. Unos cortísimos y otros de mediana extensión. Todos pulidos, zurcidos con delicadeza y precisión. Algunos sorpresivos y tiernos, lapidarios en su totalidad, sugerentes y connotativos en su máxima expresión. Evocamos al niño de la plaza vacía mendigando un abrazo en vez de una dádiva, al perezoso que desperdicia su tiempo y aniquila las potencialidades de ese esparcimiento. Nos deja perplejos el gen malévolo del gemelo “cainesco” e inclusive del cirujano y obstetra, de uno de los dos o de ambos personajes. Así como el delirio revelador del paciente en plena cirugía, quien aparenta trasladarse hacia el más allá, a los intersticios de su cavidad mental, mientras oscila en su tambaleante y cruda realidad. Resuena, luego de la asimilación lectora, el dilema de la jovencita que no sabe si callar o delatar al padre infiel, si aprovechar la coyuntura para chantajear al falaz progenitor o para mostrarse solidaria con la “madre cornuda”. Retumba en ciernes y a posteriori el castigo de Poseidón y la susodicha zoofilia de Parsífae, los caprichos de los dioses del Olimpo frente a las debilidades humanas. De cierto, cada uno de los secretos y peligros habidos en los cruces geométricos del Laberinto de Creta, de la mitología grecolatina y de la vida misma.
Por esto y mucho más, este muestrario honra a la revista digital <<Brevilla>> y constituye una prueba suculenta de la microficción latinoamericana y, mexicana, en particular.
No he querido aniquilarte, porque eres única en este mundo. Mi admiración por ti me obliga a respetarte. En las noches de perversidad, te observo con mirada profunda y manipulo tus ácidos, haciéndote más letal. Mi alma tiembla al saber que un solo error podría serme fatal.
Tal vez algún día, mi odio hacia la humanidad te conceda la libertad de anidar en su sangre. Bastaría con dejarte en algún aeropuerto y, quince días después, brotarían tus vesículas negras en cuerpos hediondos, supurando pus y muerte.
Llegaron los recuerdos como un tren que arriba a la estación con las puertas abiertas. Encontré sábanas, soledad, gente que ascendía a la montaña, y otros que iban hacia la ciudad en busca de trabajo. Me vi corriendo en la pradera, como una yegua que retoza sobre la hierba húmeda, imaginando tener bajo mi vientre el peso de una piel distinta a la mía. Con el tejido en las manos, me pregunto, ¿por qué no lo hice? Sigo siendo la mujer que todas las tardes se encamina hacia la iglesia al repique de las campanas, mientras en el atrio los niños juegan con las palomas.
«¡Nada! No dejaré nada que lo haga imaginar que hay en la habitación una respiración diferente a la mía».
El teléfono repiquetea. Es él. Su timbre melódico suena a inocencia fingida. Respiro hondo y contesto.
—¿Qué estás haciendo, amada mía?
—Voy a preparar la receta de tu abuelita —respondo, ahogando el temblor en mi voz.
Cuelga sin más. Yo sigo con lo mío. Afilo tijeras, navajas, cuchillos, agujas de tejer. Anoche, en una discusión banal, vi en sus ojos un brillo de maldad. Todo tiene su sitio en la casona.
Resuenan mis tacones y las losetas del sótano están flojas. Él debe saberlo. Pero no sabe que yo lo sé. Cuando se abra su juego, no seré yo quien tiemble.