¿Acaso los has visto pasar? de Rubén García García

Sendero

Por la mañana, si mamá hablaba sola, había que levantarse. Su voz era una exigencia. De pie para ir por agua al pozo, asearle y darle de comer al chancho y barrer el patio. Se oía el barullo de los cotorros, era un griterío espantoso. Desesperada les tiraba piedras para que se fuesen. Era enérgica la voz de mi madre y hoy solo la escucho en mis recuerdos. La entiendo en su carencia y soledad. Qué no daría por traerla y ¿dónde se fue el escándalo de los cotorros? ¿O acaso los has visto pasar en este cielo sin nubes? me pregunta mi madre.

El sabor de piña de las islas de Rubén García García

Sendero

Calladito, calladito… ¡Así se ve tan bien!, sin nada de alharacas. Esa es la manera de enfrentar a la muerte; como si fuese una vieja amiga, o una esposa a quien se le dice que sí, porque es el día en que ella sale de compra. Tranquilo. Ya vendrá cada dos de noviembre. Seguro que le ofrendaran sus viandas de mole, su cerveza oscura y hasta es posible ese ron blanco añejo que tanto disfrutaba. Claro, también debe de tomar en cuenta que la viuda ha conservado sensualidad y belleza y el deseo de conocer el mundo y usted, cuando estuvo en vida siempre se negó a salir del rancho. Nunca se lo dijo, pero siempre soñaba conocer y vivir en las islas del océano Pacífico. Allá, los festejos son diferentes. No se altere, es poco probable que eso suceda, pero siempre hay una posibilidad. Recuerda aquel tejano con quien hizo negocios…ayer fue a su rancho y le dieron la noticia de su deceso, se fue hasta después del novenario y todo parece que seguirá haciendo negocios, ahora con la viuda. ¿y qué cree?, tambien gusta de las islas del ensueño y piña.

QUÉ VERDE ERA MI VALLE — manologo

Sí, sé que es el título de una película ganadora de cinco premios Oscar, del año 1941 y que trata de los mineros galeses… Sin embargo, lo “robo” para este articulito, largamente pensado y fruto de varias lecturas, en diferentes momentos, de “La Lima que encontró Pizarro” de Gilda Cogorno y Pilar Ortiz de Zevallos, […]

QUÉ VERDE ERA MI VALLE — manologo