A ella

A ella le gustan los búhos, a mí las águilas.
Ella es un programa,
yo soy la frivolidad.
Pero la amo y ella me ama,
y nos encantan las diferencias,
pues sin ellas seríamos un cuento barato.

Mujer de reboos rojo

Las lavanderas del río

Llegaron al río las lavanderas con su chorcha de hijos. Ellas cargan la maleta de ropa más pesada y las crías, lo que pueden. Cada una tiene su lugar, piedras que el tiempo modeló como bateas y se sirven de ellas para tallar. Algunos varones, se fueron a su milpa y el resto a servirle al patrón para cuidar el ganado. La chamacada disfruta del agua que baja presurosa de la montaña. Los grandes cuidan a los chicos que se distraen viendo el ir y venir de los peces y gusarapos. Todo parece igual, los zopilotes dan vueltas en círculo, esperan el momento para caer sobre la carroña. una parvada de cotorros cruza el cielo gritando y posándose en  la arboleda que crece cerca de la cañada. La corriente corre sin prisa y su murmullo parece un rezo. Un sujeto con ropa de mezclilla y camiseta blanca es arrastrado por la fuerza del agua con la panza hacia arriba. Una de las mujeres se da cuenta, avisa a las demás, la joven nada hacia el cuerpo y regresa. No tienen porque preocuparse, el muerto no es del lugar, sino del algún pueblo de la serranía. Saben que más abajo el ahogado quedará varado entre las piedras, como es un paso obligado, otros lo sacarán y darán parte a la autoridad; que en este momento ya estará en la cantina de Don Julio, vacunándose contra el sopor de la tarde. Se despacha bien con una cerveza fría en la mano.

lavanderas

Tanka de la vida

Vuelan en círculos
en la copa del cielo;
se cierra un ciclo.
la muerte siempre llega
cerrando nuestra puerta.

 

aves carroñeras

El regalo

Hoy encontré en el mercado: cazuelas, jarros en miniatura y pregunté si tenía metates, que eran las licuadoras de antes, los arrieros iban de un pueblo a otro vendiendolos. Metates enanos, de juguete que regalaban a las niñas, para que supieran como molían las abuelas.  Me han dicho que no tienen, les he pedido que busquen por algún rincón de México. Vi en sus ojos, una promesa seria, así que esperaré, Prometí darle a una amiga niña ese obsequio. Han pasado meses y nada. Ahora en los mercados no encuentras el regalo hecho con la habilidad manual, sino fabricado en automático y con la monotonía del plástico.

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Metate

 

molcajete

molcajete

José Martí

El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea.

José Martí (1853-1895) Político y escritor cubano.

José Martí

Varones

 

Él Oía el parloteo de las mujeres.

  • Se deben de casar con un hombre mayor, ellos son maduros y saben como tratar a una mujer.
  • Jajaja Sarita estás en otro siglo, “los hombres nunca maduran”, cásate, júntate con el que te de la gana.

-¡¿Qué los hombres no maduramos Bah?! Estoy a punto de caer del árbol de la vida y no por estar verde, sino por ser un post maduro.

tromp

Ángel de luz de Agustín Monsreal

“Mamá está en mi cuarto”, le dije a mi hermana. “Dice que quiere hablar contigo, que vayas”.
Mi hermana me miró con lástima, aunque también con reproche.
“No puede ser”, me contestó.
“Mamá está muerta”.
“Ya lo sé, pero ahí está. Ven a ver”.
“Bueno, está bien. Vamos”.
Y atravesamos la pared cogidos de la mano.

blanco y negro niño

 

La Gata

Es la única gata cuyo nombre es Gata. Así entiende. Por la mañana me sigue hacia la cocina, mientras tomo el café se enrosca en mi pierna y maúlla seco y breve. Como diciéndome » ¡A qué horas, me sirves! Al retornar a la casa, me espera en el portón, – ella reconoce el ronroneo del carro y corre a recibirme- En realidad no es que sea muy afectuosa, sucede que tiene hambre. Así que maúlla suave y prolongado, como expresando » ¡Joder, pero que tarde llegas!»
La gata tiene una historia de vida y muerte, tal vez en eso se parezca a mí, pues mi vida ha sido eso. No, no soy proclive a las armas. Sucede. Pasa porque la vida tiene sus misterios, y la verdad es un misterio que esté con vida; y lo mismo ha sucedido con ella.

gato.

Los tiempos han cambiado

Los tiempos han cambiado para mal; ayer jugábamos en la calle. Hoy no dejo salir a mi nieto . Carros a velocidad, cazadores de niños y, ofrecedores de droga. Él se enoja y me dice que ya es grande y yo, muevo la cabeza.
niña de juan serolla

Un narrador diferente

Por norma, los lectores nos fiamos del narrador: es lo que se llama el “pacto ficcional”, por el que anulamos nuestro juicio crítico habitual y aceptamos la existencia de dragones, naves espaciales o personajes como la Regenta o Sherlock Holmes. Desde tiempos del Quijote, y probablemente incluso antes, aunque sobre todo desde mediados del siglo XIX, los escritores vienen experimentando con la creación de eso que Wayne Booth llamaba “narradores no fiables”, es decir, voces narrativas cuyas afirmaciones debe poner en duda el lector, para descubrir la verdad detrás de sus palabras: narradores que mienten, engañan, tergiversan u ocultan los hechos, por desconocimiento, malicia o torpeza.
La casa de citas (también publicada como La casa de Hong-Kong) es un ejemplo de cómo a lo largo del siglo XX se ha llevado este juego del gato y el ratón entre narrador y lector hasta el extremo, al igual que las novelas de Pynchon o algunas de Nabokov, por ejemplo. Porque en La casa de citas nada es completamente cierto, y es imposible intentar que la narración tenga sentido, en el sentido clásico del término. Los personajes tienen dos o tres nombres distintos cada uno; el narrador es a veces un personaje, a veces otro, a veces ninguno; el inicio de la novela se cita en medio de la novela, como si fuera un discurso de un personaje; las mismas acciones suceden tres, cuatro o veinte veces en lugares y momentos distintos, y unas veces se trata de una representación teatral, otras de un conjunto escultórico, o de unas figuritas de porcelana; un personaje muere varias veces en la novela, cada vez de una manera distinta…
Por supuesto, todo está manejado con habilidad, humor y frialdad por el autor, que se divierte dejándonos pistas acerca de su propia consciencia de estar mezclándolo todo, con frases como “pero de esto ya hemos hablado más arriba”, “esto está aquí fuera de lugar” o “pero cuando me acerqué vi que no era quien yo pensaba”, etc. Además, las descripciones de situaciones y objetos idénticos en distintas situaciones (el vestido estrecho que se abre hasta el muslo, y más arriba; las sandalias con cintas que se cruzan sobre el tobillo, los enormes perros de Lady Ava…) permiten hilar fragmentos de argumento, pero se ven desmentidos inmediatamente por las incoherencias, los cambios de plano o los saltos narrativos.
Porque en La casa de citas sólo puede hablarse de argumento: hay una fiesta, representaciones eróticas sado-masoquistas, tráfico de drogas, prostitución, un confuso triángulo amoroso, un asesinato. Todo ello da como resultado un ambiente más que una trama. Un aire a novela negra con ribetes románticos y eróticos, pasada por el turmix de la nouveau roman, que nos deja boquiabiertos y patidifusos, y que nos obliga a aceptar un nuevo pacto narrativo, distinto al anterior, que viene a decir: “No te creo, narrador, pero no tengo más remedio que seguirte”.

hombre Jacek-Malczewski-Portrait-of-a-Man-Reading

El recuerdo de la primera novia

¿Quién no recuerda a la primera novia? ¿Qué se habrá hecho? ¿Estará feliz? ¿Me recordará? Mañana celebraríamos el día en que nos dimos el sí. Son cosas de chamaco, pero de vez en cuando me da por la fuga. Me despedí de ella hace tantos años, pero la memoria no entierra ni lo que besa, ni lo que muerde.
Renoir.muchacha