Mimetismo por anopheles

Al cabo de varios días de navegar, en conferencia con Dios, Noé se quejaba con amargura de los camaleones:
—Son unos verdaderos tramposos, Señor. No sé de qué artes se habrán valido, pero los muy ladinos me tomaron el pelo en el abordaje. Cada día descubro al menos uno nuevo en las distintas secciones del arca.

camaleon

Tomado del Fb y Ficticia.com

Narcofosas tanka

Que hable el silencio
a las raíces de la hierba.
Gime el gemido;
el íntimo sonido
del roer del gusano.

paisaje árido.Rousseau__Theodore

La pareja

Venías por la loma cuando escuché tu silbido. Té grité y clamé al cielo que la tarde no se hiciera noche. Prendí la estufa de petróleo para calentar el té de canela. Esta noche comeríamos sabroso, un cocinero amigo me apartaba algún mendrugo, y esa tarde un comensal dejó cuatro langostinos. Diez minutos se hacen para llegar a nuestra casucha de cartón. Nos conocimos buscando plástico, ella huérfana, yo viudo. Le doblaba la edad, pero eso no importó. Vendría muy cansada por lavar tanta ropa, yo recibí unos centavos de más y le daría un vestido usado que compré. Aluzados por la vela, cenamos. Afuera brillaba la luna.

27-Lavaderos-Iztacalco-1972

 

Génesis de Lee Cygne

LE CYGNE

Aún conservaba la esperanza, a pesar de que el nivel del agua nunca dejó de ascender. Hacía tiempo que las cumbres nevadas quedaran en el fondo del mar… Y la monotonía, el horizonte siempre el mismo… Noé moría de fastidio.
Esa mañana nadie creyó lo que se vislumbraba a lo lejos. Sem, Cam y Jafet intentaban describirle a su padre una gigantesca masa de roca sólida a la que se acercaban lentamente. El patriarca se preguntó si el Diluvio habría llegado a su fin.
Cuando el descomunal objeto estuvo cerca, Noé se desplomó exánime y sin fe sobre cubierta, incapaz de asimilar la escena de la Luna flotando en el océano.

luna

Del Arca de ficticia

Vecinos de Mariana (curufmapu)

Doña Mercedes es menuda y usa unos lentes de aumento extremo.
Parece estar siempre de buen humor y andar en las nubes. Sonríe con facilidad y le gusta la vida social de barrio. 
Su impronta fluye entre el entusiasmo y la resiliencia, razón por la cual se hizo inmune al habitual trato despectivo y negligente de su marido y a la dureza de su entorno de pobreza neoliberal.
Es graciosa. Padece de un error de cálculo en la trayectoria de su caminar, pues acostumbra desviarse de la línea recta y estrellarse contra el marco de las puertas cuando entra o sale de una habitación. Ya sea por la miopía o por surfear en las nubes, lo divertido es que cada vez que le pasa estalla en risas, despreocupando a quienes a su alrededor piensan que se ha hecho daño.
Vive, con su marido obtuso, en una casa pareada. En la casa contigua vive Nacho, un adolescente criado a su suerte entre abulia, peleas, carencias y amores enfermos. No terminó la enseñanza media, pero su mamá le advirtió que si no se inscribe en un  se puede ir a la mierda porque no está para alimentar vagos. 
Nacho escucha y mira videos de reguetón gran parte de día en su teléfono celular, y desea mujeres como las de los videos: voluptuosas, complacientes y, por sobre todo, mudas. Otro tanto lo dedica a los video juegos, mientras más sangrientos, mejor. 
Sale poco, unas chelas de repente con los cabros nomás. Se aburre pronto porque no le gusta hablar ni que le hablen, y porque según él todos son unos idiotas-porque-sí-y-punto. Los cabros ya casi nunca lo invitan.
Un día sale a media tarde a comprar cigarros. Cuando viene de vuelta del almacén se da cuenta de que una figura menuda viene en dirección contraria. Él se mueve un poco a la derecha para dejarla pasar, pero la figura se mueve en la misma dirección y se estrellan uno contra el otro.
La figura menuda estalla en risas.
Nacho, por su parte, se enfurece y la increpa con las palabrotas más cochinas que se le vienen a la cabeza.
Doña Mercedes deja de reír y lo contempla con su natural mirada dulce, amplificada por sus mega anteojos.
-Ay, mi’hijo, no se enoje tanto, disculpe, es que soy tan piti… – dice mientras instintivamente intenta tocar el rostro del chico con una caricia.
Pero el contacto de abuela tierna lo perturba.
-¡No me toque señora! ¿Qué se cree la patúa? Vieja y se quiere pasar de lista conmigo…!salga de aquí!
Doña Mercedes – ahora en tierra firme y lejos de las nubes- lo observa con más atención. Y comprende. Reconoce lo que hay en las palabras y la actitud de ese muchacho áspero. Ella sabe leer los cuerpos donde no hubo abrazos infantiles, porque aprendió en carne propia. Sabe de la ignominia de la niñez sin amor.
La compasión la inspira y necesita hacer justicia.
Entonces insiste, y osadamente toma la mano de Nacho. El chico se resiste y retira la mano, parapetado aun en su rabia, y la mira con desconfianza. Segundo intento. Esta vez Nacho, sin entender por qué, acepta el gesto. Doña Mercedes avanza, lo abraza y ya no hay retorno posible. El chico no sabe cómo sus brazos por sí solos también abrazan esta figura menuda. La abrazan y no quieren soltarla. Llora. Siente que se derrite en lágrimas. 
Doña Mercedes tiene el cuello medio adolorido, por la fuerza del abrazo y porque el chico es muy alto para ella, pero no le importa. Podría estar así para siempre, siente.
-Eso mi’hijito, alíviese nomás, que los hombres bien hombres, sí lloran.

abrazo

 

 

 

Tomado de http://www.loscuentos,net

http://www.loscuentos.net/cuentos/local/curufmapu/

El último deseo de Dino Buzzati

Le preguntaron al condenado a muerte cuál era su último deseo.
—Quisiera consultar a una quiromántica —respondió.
—¿A cuál?
—Amelia, la quiromántica del rey.
Amelia era la mejor de todas y el rey confiaba tanto en ella que nunca decidía nada sin consultaría.
El condenado a muerte fue llevado ante la quiromántica, que no sabía de quién se trataba. La mujer estudió la palma de la mano izquierda del condenado y declaró sonriendo:
—Eres muy afortunado, muchacho: tendrás una vida larga.
—¡Basta! —dijo el condenado, y pidió ser devuelto a prisión.
La anécdota corrió por todas partes y la gente reía a carcajadas de la quiromántica del rey. Pero a la mañana siguiente, cuando el condenado era conducido al patíbulo, el verdugo, que ya había levantado el hacha para el tajo final, lo bajó y rompió en llanto:
—¡No, no! ¡No puedo hacerlo! ¡Imagínese que llegara a saberlo su Majestad! ¡No, de ningún modo!
Y arrojó lejos el hacha.

quiromancia

Tomado de la revista «el cuento»

Literal de David Lagmanovich

Mi mente es literal. Cuando les sugerí que probaran la fruta del árbol, quise decir exactamente eso. No es culpa mía si ellos tomaron mis dichos, inocentemente gastronómicos, en un sentido metafórico que irritó al dueño del jardín -dijo la serpiente.

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Los conspiradores de J. Emilio Pacheco

No queremos dejarla en paz. Antes de suicidarse, B llamó a sus amigos. No dijo lo que intentaba ni alcanzamos a imaginarlo. B no había hecho simulacros ni ensayos generales. Nadie acudió al llamado. El abandono es injustificable. Pero, como es de suponerse, tenemos paliativos, coartadas. El teléfono suena a medianoche. Hay sobresaltos. No somos los que fuimos. Ahora cada uno tiene deberes y necesidad de levantarse temprano.
El suicidio es una crítica radical a nuestro modo de vida y, en primer término, un asesinato simbólico. Todos sentimos que matamos a B, y ella, en venganza, acabó con nosotros. Nos sobrevaloramos al pensar que una palabra nuestra, un gesto solidario, los consuelos de la filosofía cristiana o estoica, la esperanza de la revolución mundial, la memoria de los buenos momentos en compañía, el despliegue de nuestras propias humillaciones y fracasos, un sarcasmo oportuno y escarnecedor… algo hubiera bastado para conjurar el suicidio.
Más que en nuestro íntimo sufrimiento, en estas maniobras se revela el horror de estar vivo. Nos sentimos tan culpables que nadie quiere cargar al culpa.
Entre habladurías y reproches directos, sostenemos una campaña cerrada para que alguno de nosotros expíe el remordimiento colectivo –y le haga a B en la muerte la compañía que no supimos hacerle en vida.

picasso

Choka al color

¿Son serpentinas?
solo son saltamontes
muy asustados;
y como trapecistas
saltan y saltan
confundiendo mis ojos
que llenan de color.

saltamontes

Lágrimas viajeras de Pedro Guillermo Jara

Mi compañera de viaje duerme acomodada en el asiento del bus. No la conozco y de vez en cuando observo a hurtadillas su perfil, sus manos entrelazadas, su piel blanca, su cabello largo y castaño. Creo escuchar su respiración acompasada. Es hermosa, no sé su nombre y no conozco su destino. Observo el paisaje que se desplaza esta mañana de otoño. En un prado un álamo con sus hojas oro-viejo resplandece con furia.
De pronto una lágrima comienza a rodar por la mejilla de mi compañera de viaje: se desliza con lentitud en búsqueda de las concavidades y pliegues del rostro hasta desaparecer en el mentón. Luego aparece otra lágrima. Tomo mi pañuelo y las enjugo. Ella no se da cuenta porque continúa dormida y soñando. No sé si son lágrimas de pena, de despedida, de separación, de ruptura. Mientras tanto sus lágrimas ruedan y se cobijan en mi pañuelo. Mi compañera de viaje llega a su destino, desciende. La observo desde la ventanilla. Habla por celular.
El bus parte.
El asiento está vacío.
El álamo resplandece.
Duermo.

mujer con lagrimas

 

Tomado de Fb

Una breve historia de amor

El empezó dándole las buenas noches; meses después le daba los buenos días, llevando un café humeante y aromático a la cama.

Couple drinking coffee in bed