CÓMO MANTENER SOBREPESO Y SEGUIR ENGORDANDO. Parte 1. — Neurociencias divertidas

¿Qué podemos hacer para mantener el sobrepeso, y con este adorable carga conseguir la presión alta, la varices, la alteraciones hormonales, grasita en el hígado para que poco a poco sus células vitales se transforman en los tejidos fibrosos que a lo largo cambien el trabajo de este órgano importante y nos dejen morir en sufrimientos? Qué podemos hacer para apuntarnos a la diabetes, graves problemas coronarios, la artrosis y, por qué no, la infertilidad?

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Escritores del medio oriente*

En entradas anteriores, colgué cuentos escritos por rusos, de Japón, ahora meteré mis narices sobre el medio oriente. Quién haya seguido la serie, deseo que hayan gozado como lo hago.  Sucede que los cuentos son breves y no es complicado aprovechar unos minutos y alimentar el espíritu, otros requieren de más tiempo y concentración y si solo hay un instante, no es recomendable iniciar si se tiene trabajo quehacer. Nada complicado es copiar el cuento y pasarlo a un archivo y desues, con algo frío en la mano o un aromático puede degustarlo.

 

Yo me siento explorador de letras. A veces la presa llega solita. Le brindo mi domicilio y lo hago dormir en un archivo.  Los autores del siglo XX y otros que nacieron en el XIX se les encuentra con cierta facilidad, pero son cuentos extensos y la pantalla no es lo mejor para darles lectura, así que, vuelvo a la carga hasta encontrar un cuento corto. Los escritores exitosos y actuales los encuentras a la vuelta de la esquina, solo que no hay cuentos de ellos, hay propaganda, reseñas para adquirir sus libros. Encontrar un cuento de ellos, es pegar de gritos y decir » Eureka», en otras decido poner fragmentos de su obra, al menos un aroma de su inteligencia y estilo.

 

Me pregunto si países tan extensos como china, la India no tienen maestros de la palabra, ¡ Claro que debe de haber!  pero nos llegan a cuenta gotas. Por ahora les comparto a Etgar Keret*

Pizzería Kamikaze

“Creo que ella lloró en mi entierro; no es que quiera dármelas de listo pero estoy casi seguro de ello. A veces hasta consigo imaginarme cómo le habla de mí, de mi muerte, a alguien cercano a ella. De cómo me bajaron a la tumba, tan menudo y desamparado, como una tableta de chocolate rancio. De cómo, en realidad, nunca llegamos a hacerlo del todo. Y después de eso él se la folla brindándole un polvazo que es todo consuelo.”

*Nacido en Israelí, este hombre ha sabido ganarse a sus lectores, gracias al uso del lenguaje y por hacer de historias cotidianas, algo verdaderamente fuera de sentido y asombroso. No contento con ser uno de los grandes representantes de la literatura en su país, Keret también se dedica  a la cinematografía y hasta el momento, en prometedora su carrera en este rubro. Sus libros se han traducido a más de diez idiomas y la razón más fuerte por la que debes leerlo, es porque sus cuentos rayan en lo surrealista, logra hacer de una cotidianidad un gran suceso.

Etgar_Keret

Dos cuentos breves de Etgar Keret

  • Los cuentos los encuentran en la categoria de GRANDES MAESTROS

México, Breton y Dalí

Existe una genial anécdota que nos cuenta cómo es que André Breton, el francés considerado como fundador del surrealismo, llegó a la conclusión de que México era el país más surrealista del mundo. La historia cuenta que en 1938, cuando Breton visitó México y maravillado por la refinada artesanía que distingue al país, quiso encargar a un carpintero local una mesa artesanal. Como sugería el protocolo cartesiano, bocetó la silla que quería, en perspectiva, por lo cual el cuerpo resultante era una especie de rombo descompuesto. Días después de haber entregado su boceto, Breton recibió una mesa exquisitamente manufacturada, bien montada y con un acabado espléndido. Solo que el carpintero mexicano, con plena naturalidad, había mantenido una completa fidelidad al modelo bocetado por el francés, por lo cual la mesa, de tres patas cada una de distinta altura, era más bien un cuerpo amorfo –una abstracción mobiliaria–.
A raíz de este episodio Breton no dudó en proclamar a México como “el país más surrealista del mundo”. Eventualmente Salvador Dali, quien también visitó México, respaldaría a Breton, advirtiendo que jamás regresaría a este, un país más surreal que sus pinturas.
Así que, independientemente de que México sea o no el país más surrealista del planeta, lo que queda claro es que aquí la metáfora es, con frecuencia, una realidad palpable –lo cual ofrece un encanto incomparable–.

El día que André Breton declaró a México el país más surrealista del mundo

breton

 

Carta

Me ha extrañado tu silencio…
es como si cada dia que pasa
caminaras más lejos de mí.
¿Aún escalas el agobio?
¿O das de vueltas y vueltas
sin que la gravedad pueda detenerte?
El día que pares;
asombrame con la imagen de un helecho
que haya crecido en la imaginación de Neruda… .

helechoss

Foto tomada del Google.

poema de RGG

La danza

Motiva y me da alegría que mi labor poética se extienda en el blog de «piedra y nido» de la escritora argentina Patricia Nasselo. Aquí el enlace: http://piedraynido.blogspot.com/search/label/Rubén%20García%20García?fbclid=IwAR2wDynxOB5onOMsiV9bHa-CvdhZLfOvxWkJMmIjZwt631EVd_1JF3N7WbI

aguacero

Nasrudín* y el sabio gramático

A veces Nasrudín trasladaba pasajeros en su bote. Un día, un exigente y solemne sabio alquiló sus servicios para que lo transportara hasta la orilla opuesta de un ancho río. Al comenzar el cruce, el erudito le preguntó si el viaje sería muy movido.

-Eso depende talvez según…- le contestó Nasrudín.

-¿ Nunca aprendió usted gramática ? –

– No- dijo el Mulá Nasrudín.

– En ese caso, ha desperdiciado la mitad de su vida.-

El Mulá no respondió.

Al rato se levantó una terrible tormenta y el imperfecto bote de Nasrudín comenzó a llenarse de agua. Nasrudín se inclinó hacia su pasajero:

– Aprendió usted alguna vez a nadar ?

– No – contestó el sabio gramático.

– En ese caso, amigo, ha desperdiciado TODA su vida, porque nos estamos hundiendo !!!

*.-El Mullah Nasrudín es reconocido dentro de la tradición sufí como una especie de sabio idiota. Las apreciaciones que se hacen sobre él son variadas y curiosas. Se lo presenta como muy estúpido, increíblemente inteligente, o poseedor de secretos místicos. Los derviches utilizan sus enseñanzas para ilustrar las ridículas características que puede llegar a tener la mente humana. Para el sufismo, el verdadero conocimiento comienza por aceptar el hecho de aparentar ser un idiota frente al promedio de la gente normal. Solamente si pasamos por la práctica de asumir nuestra idiotez y mostrarla frente al mundo, podemos llegar a percibir la verdadera realidad. El Mullah Nasrudin es considerado un gran maestro del sufismo, justamente por tener el perfil de un loco, aunque siempre enseñe —con su supuesta locura— los verdaderos secretos de la vida.

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Fragmentos: «una extraña historia al este del río» de Nagai Kafu 

Una extraña historia al este del río (fragmento)

«Desde los dieciséis años hasta hoy, a los diecinueve, Kimie había sido perseguida por las demandas incesantes de esas frivolidades. No había tenido tiempo de considerar profundamente qué clase de emoción era el amor serio. De vez en cuando dormía sola en la habitación alquilada, pero su principal deseo en esas noches era compensar su falta de sueño crónica. Al mismo tiempo, empezaba a imaginar los nuevos placeres por venir, que, naturalmente, iba a disfrutar una vez recuperada de su fatiga. En ese círculo vicioso, una vez dormida, la impresión de cualquier otro tema por muy grave que fuera, se convertía en tenue e insustancial, como si estuviera soñando. Cuando se despertaba, trataba de diferenciar qué era realidad y qué era sueño. Para Kimie, nada resultaba tan agradable en esos momentos como esa mezcla de sentimientos y sensaciones.
Ese día, Kimie también se hundía en ese placer tras despertarse de su ligero sueño, y se resistía a levantar la cabeza de la almohada, a pesar de ser consciente de que eran casi las tres de la tarde. Miró a su alrededor, y vio en el suelo el quimono y el obi que ella misma había arrojado desordenadamente la noche anterior. A esa habitación de cuatro tatamis y medio de la parte posterior del primer piso, después de haberse ido el bailarín Kimura, había llegado el importador de automóviles Yata y este se había ido dejando una contraventana corrediza abierta. La lámpara del techo que Yata se había olvidado de apagar proyectaba la sombra del arreglo floral en la pared del tokonoma, igual que la noche anterior. Junto a los sonidos lánguidos de alguien que ensayaba una canción y las voces de los vendedores ambulantes, una brisa se colaba por la estrecha abertura de la ventana y acarició un lado del rostro que Kimie había apoyado directamente sobre el tatami. En un momento dulce como este, deseó que Yata o cualquier otro hombre estuviera ahí. De ser así, lo provocaría con todo el ardor de su cuerpo. Se sintió desgarrada por sus fantasías, que iban en aumento. Cerrando suavemente los ojos, se abrazó a su propio pecho con todas las fuerzas. Acto seguido, dio un profundo suspiro y se retorció. En ese instante, se oyó deslizar silenciosamente la puerta. Un hombre entró en la habitación y se puso delante del biombo. Era Yoshio Kimura, el mismo en quien Kimie había estado pensando con pesar desde la noche anterior. «

El Poder de la Palabra
epdlp.com 

 

Kimie dejó la postura formal, deslizando las piernas a un lado para acomodarse, y apoyó el codo en el alféizar de la ventana. Con la mejilla apoyada en la palma de la mano, volvió el rostro hacia el interior de la habitación, dejando que la brisa soplara contra su cabello. Kawashima, que estaba bajo los efectos del alcohol, al observar a Kimie desde donde él estaba sentado, no pudo evitar que una imagen fugaz atravesara su mente: el cabello de la chica cayendo desordenadamente de la almohada al suelo

Nagai Kafu

Abandonarse a la pasión de Hiromi kawakami-fragmento-

Te llevaré a comer unas galeras riquísimas—me dijo Mezaki. Yo creía que la galera sólo era un crustáceo oscuro, una mezcla entre gamba e insecto, pero en el restaurante donde me llevó las hacían deliciosas. Las hervían enteras y las servían con cáscara. Luego les quitábamos la cáscara, que nos quemaba los dedos, y nos comíamos el bicho. Tenían un sabor ligeramente dulce, de modo que ni siquiera hacía falta aliñarlo con salsa de soja.
Así fue pasando la noche. De repente, no podíamos volver a casa. Cuando nos dimos cuenta de la hora que era, además de que ya no pasaban trenes estábamos en un lugar por el que apenas circulaban coches. En cuanto cerró el restaurante, el único local que había en los alrededores, no encontramos nada más en todo el trayecto. Era uno de esos caminos en los que hay alguna farola de vez en cuando que sólo sirve para que la noche sea aún más oscura, un camino bordeado de árboles y matorrales de los que parece que en cualquier momento puede salir un caballo o una vaca.
No hubo más remedio que echar a andar, uno al lado de la otra, por aquel camino, que por mucho que avanzáramos no se estrechaba ni se ensanchaba.
No sé cuántos años tiene Mezaki. Sea cual sea su edad, parece mayor que yo, aunque también podría tener mi edad. Siempre habla de cosas sin sentido, como de un día que, en cierta ciudad, vio a un artista ambulante que escupía fuego por la boca y que ponía la misma cara que su abuelo cuando se quemaba la lengua; o de un amigo suyo que sufría una misteriosa enfermedad hasta que un día, de golpe y porrazo, le cambió la cara, se curó, se volvió más honrado y parecía otra persona. Son historias sin pies ni cabeza que Mezaki explica poco a poco, como si fueran interesantes.
Desde que nos conocimos en una reunión, sin saber cómo empezamos a coincidir en los mismos lugares. A veces, intercambiábamos cuatro palabras entre la muchedumbre, mientras que otras veces no nos decíamos nada, sólo nos mirábamos. Más adelante, Mezaki empezó a contarme aquellas historias sin sentido que tan interesantes le parecían, y se me acercaba cada vez que nos encontrábamos. Sin embargo, nunca habíamos estado los dos solos hasta el día que fuimos a comer galeras. No fue una cita planeada de antemano, simplemente coincidimos por enésima vez y, de repente, me invitó.
Cuando Mezaki me llevó al restaurante, creo que era bastante tarde. Ya habíamos bebido mucho, quizá no hasta el punto de perder la memoria, pero nos encontrábamos en un estado en que las horas pasaban deprisa y despacio a la vez, hasta que terminamos por perder la noción del tiempo. Mezaki caminaba delante de mí, meneando las caderas arriba y abajo. Yo lo seguía con paso vacilante y pensaba en las galeras.
El restaurante era un local pequeño donde sólo estaban el dueño y un camarero joven. Mezaki se sentó en la barra, justo enfrente del dueño, que no parecía conocerlo. En cualquier caso, si se conocían, debía de ser uno de esos restaurantes donde tratan a todos los clientes por igual.
—Unas galeras, un sake y verduras en salmuera para picar—le pidió Mezaki al dueño. Acto seguido, se volvió hacia mí y me sonrió arrugando la frente. Mezaki tiene la costumbre de sonreír arrugando la frente—. ¿Tú cómo comes los huevos crudos, Sakura?—me preguntó Mezaki, aprovechando un descanso entre cáscara y cáscara. Mientras pelaba las galeras, no decía nada. No es que habitualmente sea muy parlanchín, pero como pelar las galeras era bastante laborioso, cuando lo hacía hablaba menos que de costumbre.
—¿Los huevos crudos? Nunca me han entusiasmado—le respondí. Enseguida me acordé de que mi tío soltero, que vivía en casa de mis padres, solía hacer un agujerito en la cáscara de los huevos. Cuando me levantaba en mitad de la noche para ir a beber agua, lo encontraba de pie frente al fregadero sorbiendo un huevo crudo. Era un soltero cuarentón que no encontraba pareja a pesar de que le habían concertado varias citas con mujeres. «Te llevaré a caballito, Sakura», me decía cuando era pequeña. Yo me sentaba en sus anchos hombros y él me paseaba por todo el comedor. En los umbrales colgaban fotografías de mis abuelos y bisabuelos, y me daba miedo acercarles la cara. Pero no me atrevía a decirle que quería bajar. Mi tío nunca se cansaba de llevarme a caballito. «¿Quieres bajar?», me preguntaba al final. Entonces yo fingía protestar un poco y él me bajaba al suelo. Mi tío no tenía trabajo. Cuando ya había cumplido los cuarenta y cinco, se casó con una mujer diez años mayor que él, se fue de casa y dejó de visitarnos a menudo. Se ve que ahora es pescador y vive con su mujer en casa de su patrón, en una preciosa zona junto al río.
—¿A ti te gustan los huevos crudos, Mezaki? ¿Los sorbes a través de un agujero en la cáscara?
—Primero casco el huevo, separo la yema de la clara y bato sólo la clara hasta que queda espumosa, así. —Mezaki me lo enseñó moviendo rápidamente la mano derecha, en la que sujetaba los palillos. Al final de la demostración, se llevó una galera a la boca y dio un trago de sake—. Cuan
do he terminado de batir la clara, bato también la yema y la mezclo con la clara hasta obtener un líquido uniforme, como si fuera agua. Luego añado un poco de salsa de soja. —El montón de cáscaras iba creciendo al mismo ritmo que disminuía el de las galeras. Entonces Mezaki me acercó la cara—. ¿Tú sorbes directamente los huevos crudos, Sakura? Por tu cara diría que sí. Lo haces, ¿verdad?
—No, no lo hago.
Empezamos a repetir la misma pregunta y respuesta: «¿Lo haces?», «No, no lo hago», mientras la mesa se llenaba de botellas de sake vacías. «Vamos a cerrar», nos avisó el dueño, pero aún nos quedamos bebiendo un rato más, y no nos levantamos hasta que hubo quitado la cortinita que colgaba en la puerta de entrada, apagado los fogones y limpiado la barra. Cuando salimos al camino bordeado de farolas, la luna brillaba arriba en el cielo, redonda.
—Aquí no hay nada, vamos a dar un paseo—dijo Mezaki mientras echaba a andar delante de mí meneando las caderas, como cuando habíamos llegado al restaurante. Cada vez que pasaba bajo una farola, su sombra aparecía detrás de él, y luego se proyectaba delante de su cuerpo. Cuando salía del círculo luminoso, la sombra desaparecía en la oscuridad. Yo también meneaba las caderas, como él.
—Tengo un poco de miedo, Sakura—me dijo al cabo de un rato, y se puso a mi lado—. Me da miedo la oscuridad. Antes creía que de la oscuridad podía salir cualquier cosa, por eso me daba miedo. Ahora la temo porque sé que no hay nada en su interior. —Mezaki tenía la costumbre de acercarme la cara al hablar, y notaba su aliento en mi mejilla. Recuerdo que, cuando nos conocimos, decidí que no me caía bien. Pero luego, a medida que me iba contando aque
llas historias que le parecían tan interesantes, fui cambiando de opinión. Su aliento era dulce y húmedo como el de un perrito—. Dondequiera que vayas, en los lugares oscuros sólo hay oscuridad, y eso me da miedo. ¿A ti no, Sakura?
—No. No especialmente. A mí lo que me da miedo es…—dije, y me di cuenta de que había olvidado qué era. Lo tenía en la punta de la lengua, pero no me acordaba. Un perro ladró lejos de allí. Cuando uno empieza a ladrar, los demás lo imitan, como si le respondieran. Quizá no era un perro doméstico. Quizá ni siquiera era un perro, sino algún tipo de animal salvaje que no sabíamos identificar. Cuando los ladridos cesaron, las ranas empezaron a croar. Sus voces surgían de los márgenes del camino. Se oían tan cerca que parecía que pudiéramos alcanzarlas alargando el brazo.
—Las ranas tienen una voz muy potente para su tamaño, ¿no crees? Si las personas tuviéramos ese tono de voz, seríamos insoportables—rió Mezaki mientras me cogía la mano. Sus manos estaban calientes, y me di cuenta de que yo las tenía muy frías. Siempre tengo las manos, la espalda y la frente frías.
—¿Todavía tienes miedo, Mezaki? ¿Te sientes mejor si te doy la mano?
Él rió de nuevo. Eran unas carcajadas guturales que sonaban como el tañido de una campanilla de porcelana. Ya no había casas y las farolas escaseaban cada vez más, pero el camino no parecía tener fin. Me pareció distinguir una montaña entre la oscuridad que se expandía frente a nosotros, pero tal vez sólo fuera una ilusión óptica.
—¿Dónde estamos, Mezaki?
—Pues… no lo sé, lo mismo me preguntaba yo, pero no sabría decirlo. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Una vez, cuando era pequeña, me perdí. Mi tío, al que he mencionado antes, me llevó al hipódromo. Un mar de gente
http://www.acantilado.es/cont/catalogo/docsPot/Extracto_Abandonarse_a_la_pasion.pdf
hiromi

Sabras que te quiero, autor:Teddy fregoso

Nació un 24 de diciembre en Degollado, Jalisco. Teddy Fregoso recuerda una infancia feliz,. Tuvo la ilusión y luchó por llegar a ser torero. Teddy confiesa: “Viajando, entonces en tren o camión y con la ilusión de ser torero, noté la facilidad que tenía para rimar y musicalizar mis pensamientos. Quien me ayudó en este proceso fue el Mtro. Rafael Hernández”. (Puertoriqueño) realizó estudios de arte dramático y educación de la voz.Inicia  como compositor en la Ciudad de México, sus primeras obras fueron: Porque eres así, Leonor, No puedo contigo y Eso es amor. Teddy Fregoso también llegó a componer algunas canciones en coautoría, como Qué pena, con Héctor González de la Barrera y Yo creo en ti, con Gabriel Ruiz.
Gracias a Manuel Bernal y Ricardo López Méndez, personalidades del medio radiofónico y buenos amigos de Teddy, exploró otra faceta convirtiéndose en locutor un día de abril de 1945, cuando empezó a trabajar en la XEBS de la Ciudad de México.
 «Me dediqué a la parte comercial de la radio y a promover la música. En esa forma, abrí la puerta a todos los artistas de México al iniciar la primera estación de radio en español en Los Ángeles: KALI, 1420 kc en Pasadena, CA.”.
El tema que le ha dado mayores satisfacciones es Sabrás que te quiero, que entre sus múltiples versiones destacan las de Vicente Fernández, Javier Solís, Raúl Shaw Moreno, Los Ángeles Negros, Plácido Domingo, Richard Clayderman y José José, entre otros.
Recuerda con gran emoción el reconocimiento a su canción Porque eres así, al ser el bolero más ejecutado en la radio de los Estados Unidos en el año 2000, al revivirla Charlie Zaa.
Teddy Fregoso recibió, en 2008, el Reconocimiento Trayectoria que otorga la Sociedad de Autores y Compositores de México, por sus 50 años como compositor.
El maestro Fregoso falleció el 11 de enero de 2015.

Una historia de terror para las féminas mosquito, autoría de Mater Natura

Les presento a Evarcha culicivora, la araña vampiro. ¿Porqué este nombre? Resulta que esta araña originaria de Kenia, sólo se alimenta del mosquito Anopheles gambiae, vector de la malaria en la región, y tiene preferencia en alimentarse de hembras que recién se han alimentado (a su vez) de sangre humana. Científicos han estudiado su comportamiento y han notado que su preferencia, además de por olfato, es por posición de los mosquitos (ya que cambian la postura cuando están recien alimentados), también sostienen que después de un festin de sangre, los machos cambian su aroma y son mas atractivos para las hembra.

Esta especie de salticidae no es peligrosa para el humano, de hecho, es benéfico en las zonas de Kenia y Uganda, ya que bajan poblaciones del mosquito vector de la malaria.

araña vampiro

Tomado del fb

Un viaje llamado vida de Banana Yashimoto- fragmeto-

Guiza es una ciudad extraña, te hace sentir como si el suelo
no tuviera ningún punto de apoyo, por lo que resulta ambigua. Quizá sea porque no fue construida para ser habitada.
Antes que nada, cuando hay una presencia tan peculiar en
una ciudad, es lógico que ella domine la atmósfera.
Una vez le comenté a alguien que había crecido en la falda
del monte Fuji:
–¡Qué envidia ver todos los días de cerca el hermoso
monte Fuji!
Pero para mi sorpresa me respondió:
–Para nada. A mí me daba miedo.
Dijo que su mente infantil se preguntaba qué haría en
caso de erupción, y que lo que experimentaba de todos
modos al ver el monte Fuji, que se erguía más allá del patio
del colegio durante las horas de Educación Física, no era su
belleza sino una inexplicable sensación de miedo. Me imagino que más que miedo sentiría una especie de temor.
En Guiza, cuando un anciano de una perfumería me
aclaraba: «Este es barato, pero tiene exactamente la misma
composición que el Chanel n.º5, ¿eh?» (¿En seriooo?), o
cuando paseaba en camello por el desierto, o almorzaba
o tomaba un delicioso cóctel de frutas frescas en el bar de
un precioso hotel, cada vez que me volvía, allí estaban las
pirámides. Ellas se inmiscuían en las escenas cotidianas proyectando un aspecto claramente distinto. Incluso cuando
no las veía en la oscuridad, sin duda me daba la sensación
de que algo enorme estaba allí y no dejaba de mirar hacia
mí. Sentí más próxima esa presencia mientras estuve lejos
de ella, concentrada en hacer otras cosas, que cuando me
detuve enfrente durante el espectáculo de luz y sonido.
En ese momento decidí que, en efecto, merecía la pena
ver las pirámides al menos una vez en la vida. No sé por qué,
pero aquella construcción es como si hubiera sido creada
proyectada hacia el futuro, y digo yo que quién iba a visitarlas sino nosotros, los seres humanos que están existiendo
ahora en ese futuro. Aunque no sé quién las construyó ni
con qué propósito, no se puede entender nada de su enigma
sin verlas in situ.
El aire seco de Egipto es ideal para enjugar bien el corazón
húmedo de los japoneses. Si alguien va allí cuando está harto, se sentirá renovado. Tengo la sensación de que aquellos
rayos de sol tienen una gran fuerza capaz de penetrar en
el corazón de las personas sin importar el estado en que se
encuentren. Tal vez, las pirámides hayan sido construidas
con esa fuerza.
El Japón que encontré en Australia
Fui a Australia a fin de recopilar material para mi nueva obra
Honeymoon. En realidad, había ideado para esta novela un
argumento como si deambulase por Australia; sin embargo,
mientras escribía, la situación interna de Japón se volvía
cada vez más insoportable, y tal vez eso me hizo centrarme
en elementos tales como los jardines y las vistas de Japón.
Creo que el viaje tiene sentido porque precisamente tenemos una vida diaria a la que regresar, excepto cuando uno
parte por un largo tiempo. Como al final me centré en los
aspectos de la vida cotidiana después del viaje, no llegué a
aprovechar mis aventuras australianas en el desarrollo de la
novela, pero mi estancia transcurrió en un lugar encantador.
Ya que se trataba de un pequeño alojamiento, no voy a
entrar en detalles (se localiza fácilmente si se busca). Era un
albergue de estilo japonés en las montañas cerca de Brisbane,
donde hicimos noche. El propietario era un monje que se dedicaba a elaborar washi1
. Y su mujer preparaba deliciosos platos japoneses a los huéspedes. Estaba rodeado por un bosque de bananos donde había serpientes y sanguijuelas, un paisaje
inimaginable en Japón; pero una vez dentro, era una vivienda
japonesa en todos los aspectos. Aunque las habitaciones eran
de estilo occidental, estaban decoradas con libros y caligrafías
japoneses, de tal manera que me pareció encontrarme en
un albergue de las montañas de Nagano o Yamanashi2
. Y, curiosamente, había un baño de madera de ciprés al aire libre
que era muy de agradecer para descansar la vista y el cuerpo
fatigados del agotador viaje. Mientras reposaba en el agua
caliente en medio del aire limpio de las montañas, me llenó
de una inmensa felicidad el hecho de ser japonesa. Hasta
ese día, yo estaba en la habitación de un hotel y llevaba una
vida totalmente distinta a la de Japón, y comía con tenedor
y cuchillo, pero ese día en un baño al aire libre… no me parecía real. Sentí que mi cuerpo se relajaba. A fin de cuentas,
comprendí que los japoneses tenemos una constitución para
andar descalzos en casa, estirar el cuerpo en la bañera, y que
nos sientan mejor los alimentos ligeros. Todo esto se entiende
mejor cuando uno se encuentra en el extranjero.
Para ir de compras es obligado bajar de la montaña y llegar
a la ciudad; cuidar de una plantación de bananos y extraer
las fibras de los tallos para fabricar papel es muy laborioso,
y la administración de la vivienda y el mantenimiento de la
bañera también debe de resultar agotador. Sin embargo, al
encontrarme con la cultura japonesa en medio de aquella
naturaleza salvaje, aprecié su valor como nunca antes. Y es
que los japoneses poseen una sabiduría maravillosa para
vivir en armonía con la naturaleza, al tiempo que no escatiman el trabajo para lograr el bienestar, y mantienen un
gran espíritu y aman la belleza delicada. Los que vivían en
esa casa tenían un rostro realmente lozano. Decidí que, si
alguna vez vuelvo a Australia, regresaría a ese alojamiento al
final del viaje para refrescarme física y mentalmente antes
de volver a casa.
Otra cosa que me impresionó fue el bufé de fritura.
En teoría, esa cocina debía ser coreana, pero estaba preparada un tanto al azar en todo, en cuanto a los ingredientes,
el modo de cocinarlos y servirlos, por lo que resultaba
divertida. Consistía en que los huéspedes se ponían en fila
delante de una especie de bufé de ensaladas. Pero ese bufé
no era de ensaladas, sino ¡de carne! Una variedad de carne
congelada de pollo, cerdo, ternera y cordero cortada en finas
lonchas y amontonada en sus respectivos recipientes, de los
que cada uno tomaba la cantidad que quisiera. Las verduras
estaban dispuestas de la misma manera, y se aliñaban después con diversos aderezos al gusto de cada cual, como sake,
sal, salsa picante, salsa de soja, vinagre, pimienta molida y
salsa inglesa. Por último, se llevaba ese plato a una enorme
plancha redonda debajo de la cual el fuego crepitaba con
vigor. Allí estaba un joven coreano saludable y fornido, que
tras verter el aceite sobre la plancha, volcó bruscamente
todo el contenido del plato sobre ella, lo salteó con una larga
espátula de hierro haciéndolo chisporrotear, y con el espectáculo de darle la vuelta hábilmente al salteado lo devolvió
al plato. Como se podía repetir las veces que se quisiera,
me divertí tanto pensando en todas las combinaciones:
cordero, brotes de soja y jengibre, y después pollo, repollo
con sal y sake, que al final comí demasiado. Sin embargo, en
esta ocasión también reparé del todo en que era japonesa.
En comparación con los australianos que me rodeaban, mi
aliño era sin duda auténticamente japonés.
1 Papel tradicional japonés.
2 Son las prefecturas de la región de Chūbu, de la isla de Honshū en
Japón, que es la cuna de las casas rurales por su geografía montañosa.
banana-yoshimoto

https://ep00.epimg.net/descargables/2014/10/22/5a02fd3fca5122935cbe13172d4153dc.pdf?rel=mas

Yo pude bajar la novela, espero que tengan la misma suerte. Sendero