Cónocete: anónimo hindú

Un niño de la India fue enviado a estudiar a un colegio de otro país.
Pasaron algunas semanas, y un día el jovencito se enteró de que en el colegio había otro niño indio y se sintió feliz. Indagó sobre ese niño y supo que el niño era del mismo pueblo que él y experimentó un gran contento.
Más adelante le llegaron noticias de que el niño tenía su misma edad y tuvo una enorme satisfacción. Pasaron unas semanas más y comprobó finalmente que el niño era como él y tenía su mismo nombre. Entonces, a decir verdad, su felicidad fue inconmensurable.

niño hindú

Tomado de Ciudad Seva

Anita Nair periodista y escritora

Escritora india nacida en Shoranur en 1966. Estudió Filología inglesa y Literatura en el NSS College, Ottapalam en Kerala. Más tarde asistió a clases en Estados Unidos, en Virginia Center for Creative Arts, gracias a una beca a la que tuvo acceso por su primer libro de relatos breves, Satyr of the Subway & Eleven Other Stories (1997).
En sus relatos cortos y novelas, abundan las protagonistas femeninas en historias emotivas que mezclan tradición y modernidad con un lenguaje sencillo. Sus obras se han traducido con éxito a varios idiomas
Por sus novelas, Nair ha sido nominada y ha recogido varios premios literarios. Finalista en prestigiosos certámenes como Orange Prize for Fiction, LiBeraturpreis o PEN/Beyond Margins y ganadora del Kerala Sahitya Akademi Award o el FLO FICCI Women Achievers.

EL LIBRO

Akhila, si tengo una virtud, es la inmunidad a lo que la gente piense de mí. Naturalmente, esto hace que les guste aún menos. A la gente no le gusta pensar que su opinión sobre alguien no significa nada para esa persona. Y cuando es una mujer…, la sola idea es intolerable. Pero, como he dicho, no me preocupa. No estoy diciendo que debieras pensar como yo. Aunque descubrirás que, una vez que dejas de preocuparte por lo que el mundo pensará de ti, tu vida se hace mucho más fácil de vivir.

el vagón de las mujeres de la autora Anita Nair.

En el caso del presente volumen encontramos un retrato de la sociedad india desde el punto de seis mujeres diferentes que coinciden en un viaje en tren, durante el cual estas mujeres irán hablando de sus situaciones vitales y de las relaciones con sus maridos y familiares, y cómo todo esto las ha ido afectando, a ellas y a su visión de la vida a lo largo de los años.

En este aspecto del retrato social, encontramos una radiografía de la vida de las mujeres en el país, cómo es su juventud y su vida adulta, lo que se espera de ellas en cada momento de sus vidas y sobre todo como esta vida cambia cuando se quedan viudas o solteras, esto se puede ver tanto en la historia de la propia protagonista y las anécdotas que va contando sobre ella y su familia, como sobre mujeres de su propio vecindario así como de las historias de las mujeres que acompañan a Akhila en el vagón a lo largo del viaje en tren, lo que sirve de excusa para denunciar una serie de injusticias respecto de la mujer.

Creo que lo bueno que tiene este libro es que presenta todas estas situaciones, en algunos casos muy desagradables, de una forma muy delicada y que, dentro de lo extremadamente desagradables que resulta, no llegan al punto de provocar desagrado al leerlos, a la vez que utiliza todas estas historias protagonizadas por mujeres para poner el valor del esfuerzo de estas mujeres para sacar adelante a sus familias aun a costa de dejar de lado todo aquello que ellas quieren o necesitan en sus respectivas vidas.

El libro se encuentra en Pdf y pueden bajarlo gratuitamente.

El río y la moto

La carretera se pierde en la lejanía, Detrás, escucho el motor, que en instantes se hace ruidoso y pasa a mi lado. Es una motocicleta que en segundos se vuelve diminuta. Cuando corro, el sol cae sobre la espalda y mi sombra se inclina sobre la lengua gris del asfalto. Estoy en el pico del cerro, con un charco de sudor en la cabeza. Desde aquí, puedo tomar las nubes con la mirada, los árboles parecen arbustos. Casi podría lavarme la cara con el agua del rio. El río que corre abajo y parte los cerros. Hay un cielo con un azul transparente, sin nubes. Tengo mi garganta seca y la lengua pastosa y el sudor hace regatos por las mejillas. Mi sudor es lluvia y fluye. La moto viene de regreso y el rio se dobla y estira como una sierpe manchada de espejos.

rio amazonas

Las tormentas

Espacio de gigantes
de fuego y fragua,
que en días de septiembre
rompen el cielo,
con el hacha y el yunque;
la lumbre, y el rayo.

MADRE TIERRA — POESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

Pertenezco a la tierra, a los susurros de los ríos, pertenezco a las aves, a la sonrisa de un niño. Soy mar y espuma, soy arena y palmera, soy aquellos ojos marrones, como la miel de tus labios. Soy volcán que arde, tierra seca, tierra en el que el verde lleva aromas de vida. Soy […]

a través de MADRE TIERRA — POESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

El héroe Tagore

Madre, figúrate que vamos de viaje, que atravesamos un país extraño y peligroso.
Yo monto un caballo rubio al lado de tu palanquín.
El sol se pone; anochece. El desierto de Joradoghi, gris y desolado, se extiende ante nosotros.
El miedo se apodera de ti y piensas: ‘¿Dónde estamos?’
Pero yo te digo: ‘No temas, madre’.
La tierra está erizada de cardos y la cruza un estrecho sendero.
Todos los rebaños han vuelto ya a los establos de los pueblos y en la vasta extensión no se ve ningún ser viviente.
La oscuridad crece, el campo y el cielo se borran y ya no podemos distinguir nuestro camino.
De pronto, me llamas y me dices al oído: ‘¿Qué es aquella luz, allí, junto a la orilla?’ Se oye entonces un terrible alarido y las sombras se acercan corriendo hacia nosotros.
Tú te acurrucas en tu palanquín e invocas a los dioses.
Los portadores, temblando de espanto, se esconden en las zarzas.
Pero yo te grito: ‘¡No tengas miedo, madre, que yo estoy aquí!’ Armados con largos bastones, los cabellos al viento, los bandidos se acercan.
Yo les advierto: ‘¡Deténganse, malvados! ¡Un paso más y son muertos!’
Sus alaridos arrecian y se lanzan sobre nosotros.
Tú coges mis manos y me dices: ‘¡Hijo mío, te lo suplico, escapa de ellos!’
Y yo contesto: ‘Madre, vas a ver lo que hago’.
Entonces espoleo a mi caballo y lo lanzo al galope. Mi espada y mi escudo entrechocan ruidosamente.
La lucha es tan terrible, madre, que morirías de terror si pudieras verla desde tu palanquín.
Muchos huyen, muchos más son despedazados.
Tú, inmóvil y sola, piensas sin duda: ‘Mi hijo habrá muerto ya’.
Pero yo llego, bañado en sangre, y te digo: ‘Madre, la lucha ha terminado’.
Tú desciendes del palanquín, me besas, y estrechándome contra tu corazón me dices: ‘¿Qué habría sido de mí si mi hijo no me hubiera escoltado?’
Cada día suceden mil cosas inútiles. ¿Por qué no ha de ser posible que ocurra una aventura semejante? Sería como un cuento de los libros.
Mi hermano diría: ‘¿Es posible? ¡Siempre lo tuve por tan poca cosa!’
Y la gente del pueblo proclamaría: ‘¡Qué suerte la de la madre al tener a su hijo a su lado!’

caballero inf

Las tres grandes, Natalia Lafurcade, Lila down, Tania, eugenia, Pastori. Jorge, Pedro y más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

choka al otoño

Cada año vengo
a la vieja alameda.
En los veranos
me refresca su sombra,
y en el otoño,
al caerse las hojas…
fluye el recuerdo:
tu perfume con hierbas;
y de tus besos de ave.

Leonid-afremov-the-way-of-the-fog

El dios de las pequeñas cosas de Arundhati Roy fragmento

«En el estudio de Pappachi la colección de mariposas diurnas y mariposas nocturnas se había desintegrado hasta convertirse en montoncitos de polvo iridiscente que cubría la parte de abajo de los expositores de cristal, y los alfileres que las atravesaban habían quedado desnudos. Algo cruel. Los hongos y el abandono habían invadido la habitación. Un viejo hula-hoop de color verde neón colgaba de un gancho de madera que había en la pared como un enorme halo de santo desechado. Una hilera de hormigas negras relucientes cruzaba el antepecho de la ventana con los traseros levantados como una fila de chicas de revista, todas acompasadas, en un musical de Busby Berkeley. Sus siluetas se recortaban contra el sol. Lustrosas y bellas.
Rahel (sobre un taburete puesto encima de la mesa) revolvía una estantería de libros con los cristales sucios y opacos. Las pisadas de sus pies descalzos se podían apreciar claramente sobre el polvo del suelo. Iban desde la puerta hasta la mesa (arrastrada hasta la librería) y hasta el taburete (arrastrado hasta la mesa y subido encima de ella). Buscaba algo. Ahora su vida tenía forma y tamaño. Bajo los ojos tenía ojeras en forma de media luna y había duendecillos en su horizonte.
En el estante más alto las tapas de cuero del conjunto de volúmenes de Pappachi La riqueza entomológica de la India se habían despegado y se habían ido abombando hasta parecer amianto ondulado. Los lepismas habían hecho madrigueras entre las páginas, habían perforado túneles de una especie a otra y habían convertido en encaje amarillento lo que antaño fue una información organizada.
Rahel fue tanteando detrás de la fila de libros y sacó varias cosas que estaban escondidas.
Una concha marina lisa y otra rugosa.
Un estuche de plástico para lentes de contacto y una pipeta naranja.
Un crucifijo de plata que colgaba en el extremo de una sarta de cuentas: el rosario de Bebé Kochamma.
Lo usó contra la luz. Cada una de las cuentas atrapó, avariciosa, una porción de sol.
En el rectángulo que el sol iluminaba sobre el suelo del estudio se reflejó una sombra. Rahel se volvió hacia la puerta con su sarta de cuentas de luz. «

Arundhati Roy

El Poder de la Palabra
epdlp.com

SEXUALIDAD CONFUNDIDA?

Avatar de AlonaDeLarkNeurociencias divertidas

Hoy hablaremos del aspecto de nuestra biología etiquetado por muchas culturas ( no todas!) como pecaminoso. Es un tema sensible para mi, por lo tanto me voy a permitir algunas exclamaciones emocionales en ciertas partes de mi narrativa. Me disculpen, por favor, esta debilidad.

8 semanas de desarrollo embrional

Aproximadamente en la octava semana del desarrollo del embrión humano, sus glándulas sexuales empiezan a secretar las hormonas esteroides (testosterona en los del sexo masculino, y de estrógenos con progesterona en los del femenino). El testosteron y la hormona antimulleriana se encargan de formar los rasgos del cerebro masculino que en su vida postnatal se expresará en la conducta observada como la conducta propia de los humanos del sexo masculino. Antes que las dos hormonas mencionadas entren en acción, el cerebro del embrión se forma de acuerdo con el modelo femenino. Hay un sinfín de experimentos que demuestran que en…

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