Mo yan las baladas de ajo.

Las baladas de ajo (fragmento)

Una doctora vestida de blanco apareció en la puerta, con las manos protegidas por unos guantes de goma que le llagaban a la altura del codo, por donde resbalaba, principalmente, un reguero de gotas de sangre. El hombre corrió a su encuentro.
-¿Qué ha sido doctora?
-Una niñita.
Al escuchar que era padre de una pequeña, el hombre se tambaleó un par de veces hasta caer de espaldas, golpeándose ruidosamente la cabeza contra las baldosas, que dio la sensación de romper.
-¿Qué problema hay? – comentó la doctora.- Los tiempos han cambiado y las niñas son iguales que los niños. ¿De dónde proceden los hombres si no es de las mujeres?¿O es que salen de debajo de una piedra?
Lentamente, el hombre se puso de pie, como si estuviera en trance. A continuación, comenzó a gemir y a sollozar, como si estuviera loco, y acentuaba sus llantos con gritos de reproche:
-¡Zhou Jinhua, maldita mujer inútil, mi vida se ha arruinado por tu culpa!.
Sus gritos se unieron a los sonidos del llanto que se escuchaba en el interior: Gao Yang pensó que se trataba de Zhou Jinhua. La ausencia de llanto del bebé le desconcertó. Jinhua no habría sido capaz de ahogar a su propio bebé ¿Verdad?
Entra ahora mismo – ordenó la doctora – y ocúpese de su esposa y de su hijo. Hay más personas esperando.
El hombre se puso torpemente de pie y se arrastró hacia el interior. Unos minutos después salió con un fardo en la mano.
-Doctora – dijo mientras se detuvo en el umbral de la puerta – ¿conoce a alguien a quien le gustaría tener a una niña? ¿Podría ayudarnos a encontrarle un hogar?
-¿Pero es que en vez de corazón tiene una piedra? – preguntó enojada la doctora – Llévese a su hija y trátela bien. Cuando cumpla los dieciocho años puede conseguir al menos diez mil para ella.

Mo Yan nació el 17 de febrero de 1955 en Gaomi, un pobre condado de la provincia costera de Shandong.

Hijo de Yifan Guan y Gao Shujuan, se crio en el seno de una familia de granjeros.

Pasó hambre y perteneció a esa «generación pérdida» de chinos que tuvo que dejar los estudios para trabajar en una fábrica durante la «Revolución Cultural» (1966-76) de Mao Zedong.Mo Yan dejó la escuela y trabaja en una empresa petrolera. Cuando cuenta 20 años se alista en el Ejército Popular de Liberación, las actuales fuerzas armadas de su país. Comenzó a escribir siendo soldado.

En 1981 se publica su primera novela, Lluvia en una noche de primavera.

En 1984, Mo Yan obtuvo un puesto en la Escuela de Arte y Literatura del Ejército.

En sus obras mezcla la agitada historia de la China del último siglo con tradiciones rurales mediante un lenguaje humanista y satírico.
El éxito le llegó con sus novelas El rábano transparente y El sorgo rojo (1987). En 1996 publicó Grandes pechos amplias caderas, sobre la historia China. La novela fue prohibida en su país.

Además publica otras novelas y relatos breves como Las baladas del ajo (retrato ambientado en los primeros años del proceso de reforma puesto en marcha por Deng Xiaoping a finales de 1978) ; La vida y la muerte me están desgastando y La república del vino, sobre la corrupción gubernamental y la obsesión de su país por la comida y el alcohol.

Varias de sus obras han sido llevadas a la gran pantalla: Sorgo rojo (1987, dirigida por Zhang YimouHappy Times (2000, de Zhang Yimou)y Nuan (2003, dirigida por Huo Jianqi).

El 11 de octubre de 2012 Mo Yan resultó ganador del Premio Nobel de literatura. El jurado destacó que el autor «combina los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante».

Segundo Nobel de su país, y el primero con méritos literarios fuertes. El premio de Gao Xingjian, su antecesor, fue entendido como un galardón político, un premio a la disidencia de su país.

Obras

    • Red Sorghum (1986)
    • The Garlic Ballads (1988)
    • Thirteen Steps (1988)
    • The Herbivorous Family (1993)
    • The Republic of Wine: A Novel (1993)
    • Big Breasts & Wide Hips (1995
    • Red Forest (1999)
    • Sandalwood Death (2001)
    • Pow! (2003)
    • Life and Death Are Wearing Me Out (2006)

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Chi Zijian Literatura China

Chi Zijian, nacida en Mohe en el Festival del Farol de 1964, se graduó de la Escuela Normal de la Montaña Xing’an Mayor en 1984. Ingresó en el curso de postgraduados establecido conjuntamente por la Universidad Pedagógica de Beijing y la Academia de Literatura Lu Xun en 1987. Desde su graduación en 1990 hasta la fecha trabaja en la Asociación de Escritores de Heilongjiang. A partir de 1983 inició su creación literaria. Ha publicado novelas con más de 5 millones de caracteres chinos y 80 tiradas. Sus principales obras abarcan El falso país de Manchuria, Cielo claro a través de la capa de nubes, Orilla derecha del río Argun, Cuervo en nieve (cuentos largos), Cuentos infantiles del pueblo polar, Cementerio de la nieve, Viaje hacia la noche blanca, La corriente del río se va para siempre, Que vengan amigos para ver la nieve, El agua limpia lava el polvo, Boyera en niebra de luna, Andante al compás de la luz de luna, Todas las noches del mundo (colecciones de novelas), Belleza de tristeza y Mi mundo ha nevado (colecciones de prosas y ensayos). Ha publicado Antologías de Chi Zijian (4 tomos), Colecciones de novelas medianas de Chi Zijian (5 tomos), Colecciones de cuentos cortos de Chi Zijian (3 tomos), Obras seleccionadas de Chi Zijian (3 tomos). Ha ganado el I, II y IV Premio de Literatura Lu Xun,el VII Premio Literario Mao Dun, el Premio Literario para Frases Suspensivas de Australia, entre otros. Sus obras tienen versiones en inglés, japonés, francés, italiano y coreano.

chi zijian

http://spanish.china.org.cn/culture/txt/2013-09/04/content_29923963.htm

A la orilla derecha del río Argún

La mujer del último cacique de la etnia Evenki, con más de 90 años de edad, nos narra los cambios de su familia para reflejar la evolución del pueblo durante más de cien años. Un pueblo superviviente de la invasión de los japoneses y de la Revolución Cultural cuyas gentes en la actualidad se ven abocadas a abandonar sus bosques para ir a la ciudad.

La escritora, después de convivir durante años con este pueblo, intenta resaltar con su obra los valores esenciales de este pueblo ignorados por la sociedad en la actualidad: la veneración y el temor hacia la naturaleza, el respeto hacia la vida, la insistencia en la creencia y la capacidad de amar.

obras

Obras

雾月牛栏 [Wùyuè niúlán; lit., El mes de la niebla y el cercado]; novela, 1996. Premio Lu Xun.

清水洗尘[Qīngshuǐ xǐchén; lit., Baño de agua pura]; novela, 2000. Premio Lu Xun.

树下 [Shùxià; lit., Bajo el árbol]; novela, 2001.

世界上所有的夜晚 [Shìjiè suǒyǒu de yèwǎn; lit., Todas las noches del mundo]; novela, 2007. Premio Lu Xun.

额尔古纳河右岸 [É’ěrgǔ’nàhé yòuàn; lit., A la orilla derecha del río Argún]; novela, 2008. Premio Mao Dun.

白雪乌鸦 [Báixuě wūyā; lit., La nieve y los cuervos]; novela, 2010.

 

En español

A la orilla derecha del río Argún. Traducción de Xu Yingfeng y Fernando Esteban. Pekín: China Intercontinental Press, 2014. Novela.

No encontré fragmentos para tener una idea de cómo escribe.   Alguno de los lectores tendrá?

 

Recomendaciones sobre la literatura China

Los mejores libros contemporáneos de la literatura china

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Febrero, mes del amor, de los bombones y las flores. ¿Por qué el mes más amoroso del año es el que que menos días tiene?, ¿qué nos están intentando decir? Misterios aparte, febrero también es el mes chino por excelencia. El día 5 de febrero se celebra el Año Nuevo Chino con el cerdo como animal predilecto. Y lejos de leer Rebelión en la granja, os hemos preparado una lista de suculentos libros del país oriental, para ir entrando en calor, ordenados cronológicamente según aparecieron en el mercado editorial de habla hispana. Allá vamos.

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EDITORIAL: Circe
AÑO: 2004
PÁGS.: 560
Cisnes salvajes es un relato autobiográfico escrito por Jung Chang y publicado en 1991.Relata la historia de China a lo largo del siglo XX (desde 1909 hasta 1978), a través de tres generaciones de mujeres que, gracias a su fuerte personalidad, intentan sobrevivir en una China sometida a guerras, invasiones y revoluciones. El libro obtuvo varios reconocimientos como: NCR Book Award en 1992 y British Book of the Year en 1993. Ha vendido cerca de 13 millones de ejemplares y ha sido traducido a 37 idiomas. Después de la repercusión del libro, Jung Chang visitó España en 1995 para entrevistarse con el político español Santiago Carrillo. La obra ha sido traducida a 37 idiomas. Es uno de los libros de China más leídos del país y que merece la pena leer.
EDITORIAL: China Intercontinental Press
AÑO: 2008
A la orilla derecha del río Argún ganó el Premio Mao Dun en 2008. Trata de la mujer del último cacique de la etnia Evenki, con más de 90 años de edad. Ella nos narra los cambios de su familia para reflejar la evolución del pueblo durante más de cien años. Un pueblo superviviente de la invasión de los japoneses y de la Revolución Cultural, cuyas gentes en la actualidad se ven abocadas a abandonar sus bosques para ir a la ciudad. La escritora, después de convivir durante años con este pueblo, intenta resaltar con su obra los valores esenciales de sus gentes, ignorados por la sociedad en la actualidad: la veneración y temor hacia la naturaleza, el respeto hacia la vida, la insistencia en la creencia y la capacidad de amar.  Chi Zijian empezó a escribir en 1983. Ha escrito obras de relevancia en la literatura contemporánea china, como las novelas Debajo del árbol o Nieve blanca y cuervo negro. Ganó el Premio Lu Xun tres veces en los años 1996, 1997 y 2007, con sus cuentosLuna y niebla en el establoAgua cristalina para limpiar y Todas las noches del mundo.

EDITORIAL: Seix Barral
AÑO: 2010
PÁGS.: 240

Las obras de Hua suelen ambientarse en laRevolución Cultural. Este libro capta muy bien la esencia de China. Después de gastar toda la fortuna de su familia en el juego y en burdeles, el joven Fugui, único heredero de la familia Xu, no tiene otra solución que convertirse en un honesto granjero. Obligado por el Ejército a separarse de su familia, es testigo de los horrores de la Guerra Civil. Años después, tiene que hacer frente a las penurias de la Revolución Cultural. Con un buey como único compañero en sus últimos días, Fugui consigue sobrevivir gracias a su amor por la vida.¡Vivir! Fue llevada al cine por el director Zhang Yimou. Sin embargo, la película fue prohibida en China, lo que supuso, como suele pasar en estos casos, que sus libros fueran un éxito internacional y se tradujeran a varios idiomas.

EDITORIAL: Popular

AÑO: 2012
PÁGS.: 148

Escrito en 1986 por Wang Angy. La escritora eligió como protagonistas dos jóvenes destinados a convertirse en bailarines de una compañía local en la época de la Revolución Cultural. El muchacho y la joven experimentan un lento incremento del deseo, descrito por la autora hasta la escena crucial. Se sienten embriagados por una pasión que los sobrepasa, sin embargo, toman conciencia rápidamente de haber transgredido en laprohibición de mantener relaciones sexuales antes del matrimonio, y por así decirlo, de haber incurrido en una falta grave de índole moral. Una novela que cautiva al lector desde las primeras páginas, haciéndole partícipe de la angustia y pesar de los protagonistas.

EDITORIAL: Austral
AÑO: 2012
PÁGS.: 128

Cambios apareció en el panorama nacional español el mismo año que le concedieron elPremio Nobel de Literatura. La obra es la narración de los últimos cuarenta años de la historia de China a través de los ojos de un chico que se hace mayor en un mundo demasiado estrecho. Esta novela es, en definitiva, la vida de Mo Yan, estudiante, obrero, militar y escritor, y la de la gente corriente que lo ha acompañado desde la infancia; como He Zhiwu, héroe que no reconoce principio de autoridad alguno, o Li Wenli, una chica testaruda, acostumbrada a tomar siempre la decisión correcta que la lleva hacia el camino equivocado. Estas páginas tejen la historia popular de un país en permanente cambio, y, con el tono abierto y cómplice de una confidencia entre amigos, nos descubren quién es realmente el escritor chino.

EDITORIAL: Nova

AÑO: 2016
PÁGS.: 416

Este libro forma parte de la «Trilogía de los Tres Cuerpos», el fenómeno editorial chino que ha conquistado al mundo y ha ganado el Premio Hugo 2015 a la mejor novela. Cixin Liu es considerado como el gran maestro de ciencia ficción de China, y ha sido capaz de haber vendido cuatro millones de ejemplares solamente en China, y de hacerse con prescriptores de la talla de Barack Obama, quien seleccionó El problema de los tres cuerpos como una de sus lecturas navideñas de 2015, y Mark Zuckerberg, que lo convirtió en la primera novela de su club de lectura. Es, por tanto, una gran obra maestra que nos ayuda a comprender el pasado y el futuro de China, pero también, leída en clave geopolítica, del mundo en que vivimos. Y es que Cixin Liu es el autor de ciencia ficción más prolífico y popular de la República Popular China. Liu ha sido galardonado ocho veces con el Galaxy Award (el equivalente en su país al premio Hugo) y el Nebula chino. Su enorme éxito se repite ahora en todos los mercados internacionales, gracias a los fans del género, pero también, y sobre todo, a los millones de lectores interesados en la actualidad geopolítica y en el pasado y futuro de China. Antes de ser escritor, Liu trabajó como ingeniero de una central eléctrica de la ciudad china de Yangquán, en la provincia de Shanxi, ahora temporalmente cerrada debido a la contaminación atmosférica. El bosque oscuroEl fin de la muerte son los títulos que cierran esta trilogía.

EDITORIAL: Siglo XXI Editores México
AÑO: 2017
PÁGS.: E-book

A Liu Zhenyun le llevó tres años escribir esta novela, la más grande y madura de su acervo literario. La primera parte describe el pasado: Moisés Wu salió de Yanjin para encontrar a la única persona con quien podía hablar, su hijastra. La segunda parte narra el presente: Niu Aiguo, hijo de aquella querida hijastra, también emprendió un viaje desde Yanjin men busca de un amigo con quien hablar. Ambos salieron y tardaron cien años. Los personajes y los acontecimientos, la organización social y familiar, ofrecen la posibilidad de un diálogo entre seres humanos y, sobre todo, una conversación que permite trastocar el alma y despertar compasión.El universo chino se manifiesta ante Occidente como un mundo distinto culturalmente, pero en el que coinciden los aspectos más humanos. Liu Zhenyun muestra un país marcado por las revoluciones políticas, culturales y sociales de los últimos siglos. Fruto de ellas, la desorientación, la pérdida de los valores ancestrales y el progreso asimétrico tiñeron una sociedad china centrada más en sobrevivir que en vivir. La soledad de sus personajes nos enseña un rostro de China que el autor narra con agilidad no exenta de crudeza.

EDITORIAL: Galaxia Gutenberg

AÑO: 2017
PÁGS.: 1200

Sueño en el Pabellón Rojo es el gran clásico de la literatura china y «la novela más famosa de una literatura casi tres veces milenaria», como afirmó Borges, un libro imperecedero. El bello y trágico relato de los desvelos amorosos de Jia Baoyu y Lin Daiyu en la China del siglo XVIII, en el crepúsculo de un esplendor feudalque ya no es más que un sueño, no sólo constituye un abanico de todas las pasiones humanas, en el que se entremezclan dulzura y crueldad, sino que es a la vez una crónica deslumbrante de los claroscuros de la sociedad y la cultura de la China imperial.«Cada palabra me ha costado una gota de sangre», afirmó Cao Xueqin. Desde que la novela comenzara a circular en China en copias manuscritas que se vendían en ferias y mercados tras la muerte de Cao Xueqin, cuando este contaba apenas cuarenta años y se hallaba en la miseria, Sueño en el Pabellón Rojo se ha convertido en una de las obras fundamentales de la literatura universal.

EDITORIAL: Runas

AÑO: 2017
PÁGS.: 544

Este libro conforma quince relatos y novelas cortas de uno de los mejores escritores de ficción breve de la ciencia ficción. La obra es la primera obra que ha obtenido los tres grandes premios del género en el mismo año: Nébula, Hugo y Premio Mundial de Fantasía. A través de todos estos cuentos, Liu utiliza tropos de la fantasía y la ciencia ficción para explorar de forma profunda, inteligente y, en muchas ocasiones, tremendamente emotiva una gran diversidad de temas con la intención final de arrojar un poco de luz sobre la gran pregunta de qué significa ser humano.

EDITORIAL: Renacimiento

AÑO: 2018
PÁGS.: 432

En China, la palabra prostitución es turbia y fea. Nadie habla del tema, pues aparte de ser ilegal es un tema tabú, pero afecta las vidas de millones de jóvenes, casi todas inmigrantes de las zonas rurales de China que se marcharon de sus casas en busca de un futuro mejor. Son repudiadas por la sociedad, maltratadas y agredidas por clientes y policías que, en ocasiones, son la misma persona. Lijia Zhang logra atrapar al lector con la conmovedora vida de Loto, una joven prostituta en Shenzhen, la ciudad del pecado. Conoceremos sus orígenes, cómo abandonó su pueblo para ir a trabajar a una fábrica en la ciudad y así pagar los estudios universitarios de su hermano pequeño y cómo acabó convirtiéndose en prostituta. Nos hará llorar y también reír, y de su mano conoceremos los entresijos del día a día de un salón de masajes con unos personajes que no podremos olvidar fácilmente. A través de sus páginas nos adentraremos en la compleja cultura china, que por un lado condena la prostitución pero que, a su vez, la perpetra a través de la tradición. La autora, que se inspiró en la historia secreta de su propia abuela, vendida a un burdel en su juventud, pasó doce años documentándose para escribir esta novela que, por vez primera, logra dar voz y visibilidad a la terrible situación actual de la prostitución en China.

EDITORIAL: PENÍNSULA

AÑO: 2018
PÁGS.: 232

Choo Waihong fue hasta 2006 abogada para grandes empresas en Singapur y California. Un buen día decidió dejar su trabajo y empezar a viajar en busca de sus raíces. Llegó hace casi una década como turista al valle en el que vive la tribu de los mosuo, se sintió fascinada por sus costumbres y optó por instalarse a vivir con ellos durante gran parte del año. Es la única persona no mosuo que conoce a fondo las costumbres de una tribuque vive en las montañas chinas que forman la frontera con el Tíbet. Allí las mujeres ostentan la propiedad de las tierras, son cabeza de familia y transmiten los lazos de parentesco. En ese valle no existe el matrimonio, las parejas por lo general no viven juntas y cada mujer es libre de tener tantos amantes como quiera. Sus hijos serán principalmente suyos, de la mujer, y el nacimiento de una niña se celebrará como la oportunidad de continuar con el linaje familiar. En este lugar, los mosuo no rezan a un dios, sino a una diosa, y tienen un sentido de la familia y de la comunidad que en muchas partes del mundo sería considerado igualitario y progresista. Son una de las últimas sociedades matriarcales y matrilineales del planeta, pero sus costumbres, que han cambiado poco a lo largo de los siglos, se ven ahora amenazadas por la globalización y por la fuerza uniformadora de la modernidad.

 EDITORIAL: Kailas
AÑO: 2018
PÁGS.: 922

Censurada durante diecisiete años por su contenido sexual explícito, Ciudad difunta, una de las obras más importantes del siglo xx,retrata con precisión las transformaciones sociales y económicas de China. Aunque el erotismo, el exoticismo y los detalles esotéricos están muy presentes, esta novela sobre losenredos sexuales y legales de un escritor constituye un mordaz retrato social y cultural de un país en transformación. A lo largo del libro, que combina alegoría política y parodia, Jia Pingwa sigue la pista a su antihéroe, Zhuang Zhidie, a través de unos encuentros sexuales cada vez más decepcionantes. En una metrópolis donde abundan el poder político, la corrupción y los esquemas capitalistas se evoca el romántico recuerdo de una China premoderna y de pasado rural, aunque los acontecimientos prevengan contra la trampa de la nostalgia.

EDITORIAL: Kailas

AÑO: 2018
PÁGS.: 624

El autor de Sorgo rojo regresa a la lista. Esta vez con El clan de los herbívoros. La obra simboliza el realismo mágico en la literatura china moderna. Historia y realidad; cultura y naturaleza; vista, gusto, olfato, y la imaginación desbordante se funden en este libro. En lo profundo de los pantanos del noreste de Gaomi, el clan de los comedores de paja tiene una potra como ancestro mítico, que se caracteriza por masticar un rastrojo de color rojo con virtudes singulares, pero que lo distingue como el clan de los «herbívoros», enfrentado con la incomprensión, incluso con la hostilidad, de sus vecinos. Los sueños del narrador entrelazan historias cruzadas, leyendas y recuerdos, personas y dioses. Seis sueños donde las pistas están borrosas, donde el lector se extravía, llevado a un final carnavalesco e inesperado. Mo Yan rompe los códigos de la saga clásica y da rienda suelta a la expresión multifacética de su arte. Una épica rural, jubilosa y desenfrenada, que vuela hasta los misterios y fantasmagorías del mito. Mo Yan se dejó influir por autores como Cortázar o Faulkner. Fue militar de profesión, estudió en la Escuela de Arte y Literatura del Ejército en los ochenta, década en la que sus historias toman gran fama, aunque también sufrió de censura con su afamada novela Grandes pechos amplias caderas.

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LITERATURA DE VIAJE

EDITORIAL: Confluencias
AÑO: 2016
PÁGS.: 152

Vamos a empezar con Pekín, la capital. Nos posicionamos en el años 1922, cuatrocientos millones de habitantes bajo el yugo de los señores de la guerra, mercenarios, bandidos, dirigidos a la vez por un presidente de la República y un emperador. El reportero, Albert Londres, se sorprende continuamente de lo que ve: piratas, tráfico de todo tipo o la desorganización general, que hacen que China parezca presa de una locura verdadera. Con su estilo lleno de color, con sus preguntas francas y su gusto por la anécdota, Albert Londres ofrece una historia pintoresca con un tono ligero, un humor ácido con cierto gusto por lo absurdo, tras el que se esconde una crónica de la situación del país.

EDITORIAL: Debolsillo

AÑO: 2017
PÁGS.: 256

Javier Reverte no podía faltar en la lista. En este nuevo libro viajero, el escritor recorre la China de nuestros días de este a oeste, de norte a sur y de oeste a este, en un largo periplo que se inicia en Pekín y concluye en Shanghái. El autor, «mochilero por gusto», utiliza trenes, autobuses, aviones y barcos, en un viaje en el que se asoma, entre otros lugares, al Tíbet; al nacimiento, el curso y la desembocadura del río Yangtsé y a la aldea donde nació Mao Tsé Tung. Como es su costumbre, Reverte se adentra en páginas de lahistoria del país cuando estas le parecen emocionantes o interesantes. Y su particular mirada serena, tierna y perpleja ante el mundo impregna constantemente las páginas de este relato. El libro, en ocasiones se vuelve en un relato difícil, que muestra a un país cuyo futuro no es fácil de prever y cuyo pasado ha sido destruido casi por completo. Se trata, además, de un libro cargado de sentido del humor que nos hará reír a carcajadas en más de una ocasión.
EDITORIAL: PENÍNSULA

AÑO: 2018
PÁGS.: 424

El periodista Sergi Vicente decidió viajar a China, y escribió este libro después de plantearse que no sabíamos nada del país oriental. Él aterrizó allí en el año 2013 con la idea de dar clases de inglés a niños durante tres semanas. Pero nunca llegó a utilizar el billete de vuelta. A los pocos meses TV3 empezó a pedirle crónicas desde el terreno y poco después se oficializó la corresponsalía. En total, estuvo casi doce años. Sergi Vicente recorrió todas las provincias chinas en busca de la noticia. Su periplo coincidió además con una época de profundos cambios en el país asiático, cambios que han catapultado a China a la primera línea informativa y de los que el ahora director de BTV ha sido observador privilegiado. Estamos ante un relato en primera persona, que narra el conocimiento del territorio y la cultura china, y se da cuenta del salto generacional y la apertura social de la China, el replanteamiento de prioridades político-económicas y las urgencias medioambientales de un país demográficamente al límite. En resumidas cuentas, estamos ante un libro imprescindible para entender cómo es la China de hoy y cuáles son las claves para entender sus retos inmediatos de futuro.

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No nos llega tanta literatura china traducida como nos gustaría, pero he querido hacer de esta publicación un pequeño anzuelo para que sigáis investigando en este mes chino cargado de actividades culturales, sobre todo en Madrid. Por supuesto, la lista está abierta a vuestros gustos en la literatura china. ¿Habéis leído algún libro de autor chino a lo largo de vuestra vida lectora? ¡Contádnoslo! Por cierto, ¡feliz Año Nuevo chino!

Tomado

El ciervo escondido, anónimo chino

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
-Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero -dijo la mujer.
-Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño -contestó el marido- ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?
Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:
-Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego, nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.
El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:
-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

La confesión

Detrás de cámaras me confesó que nunca había sido malo.

– Todo es un montaje  de allá arriba. – me dijo.

José Manuel Ortiz Soto

 

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El orden de los factores de Pere Calders

Le tocó un entrevistador de aquellos que se quieren lucir con preguntas impertinentes. El invitado al programa era un prohombre ilustre y el locutor le preguntó de pronto:
-¿Sería Usted capaz de dar la vida por una idea?
El entrevistado se abrió de corazón y, ofreciendo el perfil favorecedor a la cámara, dijo:
-No. Me gustaría más encontrar una idea que me salvara la vida.

Tomado del Fb

El pequeño gran salto de Liu de Liu Zhenyun*

Liu Zhenyun nos propone en «El pequeño gran salto de Liu» un juego: atrapar al ladrón. Se trata de una frenética narración tragicómica en la que los robos y la violencia se suceden movidos por la avaricia.

Liu Yuejin es un cocinero. Un día, tras perder su bolso y mientras lo buscaba, encuentra otro lleno de secretos que involucran a personalidades de la alta esfera social. Los bajos fondos de mugre y sopa clara se entremezclan con las enormes villas de urbanizaciones privadas, las inmensas y modernas construcciones y los altos funcionarios corruptos.

Proliferan las desgracias de los protagonistas, meros peones prescindibles de una partida en la que están presentes los mejores ingredientes de la tradicional novela negra: corrupción, crimen, chantaje, sexo, dinero, violencia, muerte… ¿Hasta dónde es capaz de llegar el ser humano por unos cientos de billetes?

Los personajes de «El pequeño gran salto de Liu», saltando de un lado a otro con el único objetivo en sus vidas de llenar cada día el estómago, se convierten en simples briznas de paja en el huracán de la corrupción de altos vuelos.

http://stmargaretsaspley.co.uk/libro/B079G4TPG6.html

  • Dice que se puede bajar en pdf. ¿será? Busco un fragmento de su obra pero no he tenido suerte, si ustedes  tienen suerte, les pido me manden una copia.

Una familia Feliz de Lu Sin

“Escribir sólo cuando uno se siente inspirado. Eso es de veras hacer obra de arte, una obra que, como la luz del sol, irradie de una fuente infinita de claridad y no simplemente la chispa que brota del roce de la piedra con el hierro; sólo entonces el autor es un verdadero artista. Mientras que yo… ¡escribir como lo he hecho!…”
Cuando llegó a este punto de sus reflexiones saltó de la cama. Hacía tiempo que venía diciéndose que era absolutamente necesario escribir algo a fin de obtener un poco de dinero para la casa; aun más, había decidido por anticipado enviar su manuscrito a La Felicidad, revista mensual, porque pagaba mejor que otras publicaciones. Pero tenía que encontrar un tema conveniente, de otro modo podrían rechazar su trabajo. Bueno, iba a encontrar uno… “¿Cuáles son los problemas que inquietan a los jóvenes en la actualidad?… Son muchos, sin duda, pero tal vez la mayor parte de ellos se refiere al amor, al matrimonio, a la familia… Sí, hay muchos jóvenes que viven preocupados de estas cuestiones y las discuten todos los días. Bueno, vamos entonces con la familia. Pero ¿cómo presentarla?… Porque hay que hacer las cosas de modo que esta novela breve no sea rechazada. Pero ¿para qué estar prediciendo desgracias? Sin embargo…”
Saltó del lecho y de cuatro o cinco brincos se aproximó al escritorio; se sentó, sacó del cajón una hoja de papel con cuadrículas verdes y, aunque con cierta sensación de humillación, escribió sin vacilar el título:Una familia feliz.
Hecho esto, su pincel se inmovilizó. Levantó los ojos al cielo raso, pensando en el sitio en que colocaría a esta familia feliz. ¿Pekín? No, un lugar demasiado muerto, hasta el aire que se respira parece muerto. Y aunque esta familia viviera en una casa rodeada de altas murallas, el aire de Pekín no dejaría de llegarle. ¡No, imposible! En Chiangsú y en Chechiang se prevé una guerra de un día a otro. En Fuchián, ni hablar. ¿Sechuán? ¿Guangdong? Están en plena guerra civil.2 ¿Tal vez Shangdong o Jonán?… De ninguna manera, uno de mis personajes podría ser secuestrado y si cualquiera de ambos esposos es apresado por los bandoleros, la familia se convertiría en una familia desgraciada. Por otra parte, las casas situadas dentro de las concesiones de Shanghai o Tientsín cobran alquileres demasiado subidos… ¿Y si los pusiera en el extranjero? No, sería completamente ridículo. No sé tampoco en qué situación están Yunnán y Guichou, pero las comunicaciones son tan difíciles…
Después de haber reflexionado largamente y al no encontrar un solo sitio apropiado, decidió inventar una ciudad que llamaría A. Pero de pronto lo asaltó otra idea: “Existen no pocas personas que están contra el empleo de letras del alfabeto europeo; dicen que reemplazar el nombre de una persona o de un sitio por una inicial, disminuye el interés del lector. Más seguro será que en esta novela me abstenga de hacerlo… Pero ¿qué lugar será mejor, entonces? En Junán hay guerra, en Dalian los alojamientos son muy caros… En Chahar, en Chilin, en Jeilongchiang…, bueno, he oído decir que hay muchos bandidos; no, tampoco sirve esto…”
Volvió a dedicar largos minutos a la reflexión, pero fue inútil; no pudo encontrar un sitio conveniente para su relato. Finalmente decidió que esta familia feliz viviría hipotéticamente en una ciudad llamada A.
“En definitiva, esta familia tiene que vivir en A; se acabó la discusión. La familia se compone naturalmente del marido y la mujer, el señor y la señora, que se han casado por amor. Su contrato de matrimonio comprende una cuarentena de cláusulas muy detalladas, que aseguran a los esposos una igualdad perfecta y una gran libertad. Ambos son muy cultos, pertenecen a la élite intelectual… Haber estudiado en Japón es cosa pasada de moda… Es mejor que hayan estudiado en algún país de Occidente. Él se viste siempre a la europea, con cuello almidonado e impecable. Ella tiene siempre los rizos en la frente, suaves y vaporosos, peinados al estilo de un nido de gorriones. Luce siempre dientes nacarados, pero lleva el vestido chino…”
-No, no, eso no… ¡Veinticinco libras!
Al oír una voz de hombre que venía de bajo la ventana, instintivamente se volvió en esa dirección. Pero las cortinas estaban descorridas y el sol brillaba tan fuerte que la reverberación le causó dolor en los ojos. Pronto oyó ruido de trozos de leña que caían al suelo. “No tengo nada que ver con eso”, pensó volviéndose para continuar en sus reflexiones. “¿Veinticinco libras de qué?… Pertenecen a la élite intelectual, aman la literatura y el arte. Pero como han sido criados en el seno de familias felices, no gustan de las novelas rusas… La mayor parte de las novelas rusas muestran a gente del bajo pueblo y por lo tanto no son adecuadas para esta familia.
“¿Veinticinco libras? No pensemos en esto. ¿Qué leen entonces? ¿Los poemas de Byron, los de Keats? No, eso no, no es seguro… Ah, ya lo tengo, están maravillados con el libro Un marido ideal. Bueno, la verdad es que todavía no he leído ese libro, pero si los profesores de la Universidad lo elogian tanto, supongo que a este matrimonio le encantará. Ambos lo leen, cada uno tiene su ejemplar; hay dos ejemplares de Un marido ideal en el seno de esta familia…”
Experimentó una sensación de vacío en el estómago y, dejando el pincel, se agarró la cabeza con ambas manos, lo que le dio la posición de un globo suspendido de dos columnas. “…Están almorzando”, piensa. “Sobre la mesa hay un mantel de blancura nívea; el cocinero trae los platos, platos chinos. ¿Veinticinco libras de qué? No hay que pensar en esto. ¿Por qué platos chinos? Los occidentales dicen que la cocina china está a la cabeza del progreso, es la más sabrosa, la más sana; es la razón por la cual esta pareja prefiere los platos chinos. El cocinero trae el primer plato. Pero ¿qué puede ser el primer plato?”
-Leña para la lumbre…
Se sobresalta, vuelve la cabeza y ve a la dueña de su propia casa, de pie a su izquierda. Lo mira con ojos sombríos y tristes.
-¿Qué pasa? -pregunta él, descontento de que haya venido a trastornar su creación.
-Hemos agotado la leña para la lumbre y acabo de comprar más. La última vez las diez libras costaban veinticuatro sapecas y hoy cuestan veintiséis. Me propongo darle veinticinco por las diez libras, ¿qué piensas tú?
-Bien, bien, vaya por las veinticinco.
-No nos ha hecho un buen peso. Insiste en que hay veinticinco libras y media y yo pienso insistir en que hay veintitrés libras y media… ¿Qué crees tú?
-Bueno, vaya por las veintitrés libras y media.
-En ese caso, cinco veces cinco, veinticinco; tres veces cinco, quince…
¡Oh!… Cinco veces cinco, veinticinco; tres veces cinco, quince…, tampoco pudo terminar la multiplicación. Después de una pausa, de súbito cogió con brusquedad el pincel y en la hoja de cuadrículas verdes en que había escrito Una familia feliz, se puso a hacer el cálculo. Después de largos minutos levantó la cabeza y dijo:
-Cincuenta y ocho sapecas.
-Entonces no me alcanza; me faltan ocho o nueve sapecas.
Abrió el cajón de la mesa, sacó todas las monedas que había, cerca de treinta, y las puso sobre la mano tendida de ella. La miró partir y volvió a su escritorio. Su cabeza estaba pesada, como si fuera a estallar, llena de atados de leña. Cinco veces cinco, veinticinco. El cerebro parecía tener números arábigos impresos en todas direcciones. Aspiró profundamente, luego hizo una forzada espiración como si con ese recurso fuera a desocupar su mente de la leña para la lumbre, las cinco veces cinco, veinticinco y los números arábigos. Y, efectivamente, después de ese ejercicio de respiración, se sintió más relajado. Volvió a sus reflexiones, que eran un poco vagas:
“¿Qué platos? No hay nada que impida que esos platos sean extraordinarios. Lomo frito, holoturias con camarones son platos bastante comunes. Estoy empeñado en hacerlos comer ‘duelo entre tigre y dragón’. Pero ¿en qué consiste este plato? Algunos dicen que es un plato cantonés muy rebuscado que sólo se sirve en banquetes importantes y que lo preparan con gato y serpiente. Pero yo vi este plato en el menú de un restaurante en Chiangsú. En Chiangsú no comen a lo mejor gatos ni serpientes. Quizás, como me dijo otro, este plato se hace con ranas y anguilas. Bueno, entonces, ¿de qué provincia tendrían que ser ambos esposos? Tanto peor, dejemos eso de lado. En todo caso, de cualquiera provincia que sean, pueden muy bien comer una mezcla de gato con serpiente o de ranas y anguilas sin que la felicidad de la familia se vea afectada en absoluto, bueno, quedamos en que el primer plato que se les sirve es ‘duelo entre tigre y dragón’. No hay más que hablar sobre esto.
“Ahora que el plato ‘duelo entre tigre y dragón’ se halla al centro de la mesa, los esposos levantan los palillos al mismo tiempo y señalando el plato se miran sonriendo:
“-My dear, please.
“-Please, you eat first, my dear.
“-Oh, no, please you!3
“Y ambos, con sus palillos, sacan al mismo tiempo un trozo de serpiente… No, no, no está bien; la carne de serpiente es demasiado ordinaria; es mejor decir que sacan un trozo de anguila. En tal caso, el ‘duelo entre tigre y dragón’ tiene que componerse de ranas y anguilas. Ambos sacan simultáneamente un pedazo de anguila de igual tamaño. Cinco veces cinco, veinticinco, tres veces cinco… Dejemos eso. Se llevan los trozos a la boca al mismo tiempo…”
Tuvo deseos irreprimibles de volverse para ver lo que ocurría a sus espaldas, porque sentía gran animación, que alguien iba y venía varias veces; pero se contuvo y continuó pensando distraídamente:
“Esto parece un poco sensiblero; no se es tan sentimental en la vida de familia. ¿Por qué tengo todo tan confuso en la cabeza? Temo que no voy a llegar a dar fin a esta historia, a pesar de que tiene un título tan bonito…
“Tampoco es absolutamente necesario que hayan estudiado en el extranjero; pueden haber estudiado en una universidad china, pero ambos tienen diploma universitario y pertenecen a la élite intelectual, a la élite… El marido es escritor, la mujer también escribe, o por lo menos es apasionada por la literatura. O bien ella es poetisa y el marido un apasionado por la poesía; él es feminista. O mejor…”
No resistiendo más, volvió la cabeza.
Junto al estante de libros que se hallaba a sus espaldas se levantaba un montículo de coles: tres abajo, dos al centro y una encima, formando una A gigantesca.
“¡Oh!”, lanzó un suspiro de asombro; el calor le subió a las mejillas y sintió una picazón corriéndole por la espalda. “Pues…” Respiró profundamente como para desembarazarse de la picazón que tenía junto a la columna vertebral y luego continuó:
“…Es necesario que esta casa feliz tenga muchas habitaciones. Hay una despensa donde se pueden meter los repollos y otros elementos por el estilo. El dueño de casa tiene un despacho personal, con estanterías para libros que cubren todos los muros y junto a las cuales no hay coles, naturalmente. Estas estanterías están colmadas de libros, libros chinos, libros extranjeros, entre los que no falta Un marido ideal…, dos ejemplares. El dormitorio es una habitación separada, con un catre de cobre, o bien una cama más corriente; una cama de madera de olmo como las que fabrican los presos de la cárcel número uno no estaría mal; debajo de la cama hay mucha limpieza…” Echó una mirada al suelo debajo de su propia cama; la provisión de leña para la lumbre se había acabado y no se veía sino un trozo de paja trenzada, estirado en el suelo como el cadáver de una serpiente.
“Veintitrés libras y media…” Tuvo el presentimiento de que la leña para la lumbre iba a llegar -cargas y más cargas- y comenzó a dolerle la cabeza. Se levantó precipitadamente de la silla y fue a cerrar la puerta; pero cuando sus manos iban a tocar la perilla pensó que obrar de esa manera equivaldría en realidad a mostrar muy mal humor; en consecuencia, en vez de cerrar la puerta se limitó a bajar la cortina llena de polvo. Se dijo que esta medida, menos extrema que la de encerrarse, le evitaría también los inconvenientes de una puerta abierta; había alcanzado el justo término medio recomendado por los antiguos.
“La puerta del despacho del dueño de casa está, por lo tanto, siempre cerrada”, pensó mientras volvía a sentarse. “Si alguien necesita verlo, golpea la puerta y sólo entra cuando él lo autoriza. Este sistema es muy razonable. Cuando el marido está en su despacho y la mujer quiere ir a hablar de literatura con él, también golpea la puerta… Pero el marido no tiene nada que temer, ni mucho menos que ella vaya a llevarle un montón de coles.
“-Come in, please, my dear4.
“Pero, ¿qué se puede hacer cuando el marido no tiene tiempo para hablar de literatura? ¿La deja llamar discretamente a la puerta sin responderle? No, no es posible. A lo mejor este caso está descrito en Un marido ideal…, de veras debe ser una buena novela. Si me pagan por mi narración, tendré que comprar este libro…”
¡Pam!
Su espalda se enderezó, porque sabía por experiencia que ese “¡pam!” era el ruido que hacía la mano de su mujer al caer sobre la cabeza de la hija pequeña, de tres años.
“En esta familia feliz…”, pensó con la espalda tiesa, oyendo llorar a la niña, “los hijos llegan tarde, más tarde. O bien no llegan, lo cual es mucho más simple para dos personas. Pueden vivir en un cuarto de hotel, en una pensión con todo el servicio comprendido. Por otra parte, sería más simple que no hubiera sino una persona sola…”
Como los llantos de la niña redoblaban en intensidad, se levantó y cruzó la cortina pensando:
“Karl Marx escribió Das Kapital5 entre el ruido del llanto de sus hijos, lo que demuestra que era un gran hombre…”
Atravesó la habitación junto a la suya y abrió la puerta exterior; un fuerte olor a petróleo lo asaltó. La niña estaba tendida de boca, a la derecha de la puerta; al ver a su padre lloró aún con más ganas.
-Vamos, vamos, no llores así, no llores así, mi hijita buena… -Se inclinó para levantarla. Cuando la tenía en los brazos se volvió y vio a su mujer, de pie al otro lado de la puerta. También ella tenía la espalda tiesa y parecía muy enojada, las manos en las caderas, como si estuviera preparándose para hacer ejercicios gimnásticos.
-¡Tú también vienes a fastidiarme! En vez de ayudarme, lo echas todo a perder. Claro, tenías que dar vuelta a la lámpara de petróleo… ¿Cómo vamos a alumbrarnos esta noche?
-Vamos, vamos, hijita, no llores más -poniendo oídos sordos a las enérgicas palabras de su mujer, llevó a la niña a su habitación, sin dejar de acariciarle la cabeza-. Tú eres mi hijita buena -dijo poniéndola en el suelo. Se sentó, instaló a la pequeña entre sus rodillas, y levantando la mano, añadió-: No llores, hijita buena. Papá va a imitar al minino cuando se lava la cara. Mira.
Alargando el cuello, sacó la lengua, hizo como que se humedecía la palma de la mano y luego se la pasó por la cara, dibujando círculos en el aire.
-¡Ah, ja, ja, es la gata Florecilla! -dijo la niña riendo.
-¡Eso es, eso es, Florecilla! -Se pasó aún varias veces más la mano en círculos junto a la cara; la niña lo miraba sonriendo a través de sus lágrimas. De pronto se dio cuenta del parecido que existía entre esa linda carita de niña inocente y la de su mujer, cinco años antes. Los labios muy rojos eran exactamente los mismos, sólo que más pequeños. Había sido en un día de invierno soleado; al oírlo decir que estaba dispuesto a vencer todos los obstáculos y a hacer todos los sacrificios necesarios por ella, ella lo había mirado así, sonriendo a pesar de las lágrimas que nublaban sus ojos. Melancólicamente sentado en su silla, él daba la impresión de un hombre algo borracho.
“Ah, los hermosos labios…”, pensó.
De súbito se levantó la cortina y la leña para la lumbre hizo su entrada.
Recuperó su propio dominio y notó que la niña, aún con lágrimas en los ojos, lo miraba, los labios rojos entreabiertos. “Labios…” Echó una mirada de soslayo, vio que la leña llegaba por brazadas. “…Tal vez bastará que cuente cinco veces cinco, veinticinco, y nueve veces nueve, ochenta y uno, en el futuro, para que sus ojos se vuelvan sombríos y tristes…” Pensando en ello, cogió bruscamente la hoja de las cuadrículas verdes en la que había escrito un título y una serie de cifras, la arrugó y luego la estiró de nuevo y la aprovechó para enjugar los ojos y la nariz de la niña.
-Pórtate bien, anda a jugar sola.
La empujó hacia la puerta y lanzó con violencia la bola de papel arrugado al cesto de los papeles.
Se arrepintió en seguida de la brusquedad con la niña, y se volvió para mirarla alejarse solita. El ruido de la leña que arrojaban bajo la cama lo aturdió. Quiso concentrarse de nuevo y, sentándose a la mesa de trabajo, cerró los ojos, desterró los pensamientos que lo perturbaban y permaneció apaciblemente inmóvil.
La imagen de una flor negra, redonda y plana, con un corazón de color naranja, surgió bajo sus pupilas; pasó flotando del rabillo del ojo izquierdo al ojo derecho y luego desapareció. En seguida fue una flor de un verde vivo con un corazón verde oscuro; finalmente un montículo formado por seis coles, que se alzó ante él con el aspecto de una A gigantesca.
FIN

18 de febrero de 1924
1. Sü Chin-wen fue escritor coetáneo de Lu Sin. Dice Lu Sin que este cuento fue escrito al estilo de “Un compañero ideal”, de ese autor. (N. de los T.)
2. En aquel período había guerra civil entre los caudillos militares en muchos lugares de China. (N. de los T.)
3. -Por favor, querida
-Por favor, come tú primero, querido.
-Oh no, tú, por favor.
4. -Entra, querida, por favor.
5. Das Kapital: El capital.

Tomado de ciudadseva.com

Lu sin

Cómo escribir un cuento corto

Estos días tenemos en marcha otra de las escenas del taller de escritura, y por eso quiero aprovechar para publicar una entrada hablando de algunas de las claves para escribir un cuento, un relato corto o un microcuento como los del taller.

Cómo se escribe un relato corto

Como sabéis, uno de los requisitos para participar en el taller es que los textos que nos enviáis no pueden tener más de 750 palabras. La pregunta es: ¿se puede realmente contar una historia con 750 palabras? ¡Por supuesto que sí! Y con muchas menos. Solo hay que tener en cuenta que los mecanismos para contar no funcionan igual que los de la novela.

Veamos cuáles son algunos de esos mecanismos a través de este decálogo para escribir cuentos cortos:

1. Céntrate en la acción

Que no en la anécdota. El cuento no es solo una anécdota, ya que cuenta una historia, pero la narración ha de estar más condensada que en la novela y centrarse en lo que sucede, sin tiempo ni espacio para otras disertaciones.

En el cuento no hay lugar para largas descripciones o extensas divagaciones morales o psicológicas. Esto no quiere decir que el cuento tenga que ser simple y carecer de estos elementos. Pueden estar, pero en forma de subtexto, escondidas entre líneas o dichas directamente con las palabras justas. ¡Es todo cuestión de espacio!

Hace tiempo leí una frase que se me quedó grabada: una novela de ciencia ficción describe un mundo de ciencia ficción; un cuento de ciencia ficción narra hechos de ciencia ficción. Sin embargo, ambos subgéneros narrativos pueden hacernos reflexionar al leerlos.

2. No quieras abarcarlo todo

A veces pecamos de querer contar historias muy ambiciosas que no tienen cabida en un relato corto. Recuerda que el cuento, por lo general, debe ocurrir en un espacio de tiempo breve, tener pocos personajes principales (2 o 3 como mucho) y una localización principal. Si no logras adaptar tu historia a estas premisas, puede que estés ante una novela corta y no de un cuento corto.

3. Busca una idea y simplifícala

Toda idea puede simplificarse siempre, sólo hay que darle una vuelta. Por ejemplo, queremos contar la historia de un hombre que, tras pasarse muchos años dedicado a su trabajo, logró alcanzar el éxito profesional. Fue un tipo importante, ambicioso y que llegó a lo más alto, pero a costa de arriesgar su vida personal. Con el tiempo, cometió una serie de errores y se arruinó, dándose cuenta de lo que realmente era importante.

¿Se puede contar una historia así en apenas 750 palabras? Sí, pero solo si la simplificamos. Para ello, busquemos el instante con mayor fuerza, el momento de impacto de la historia, así sabremos dónde hay que centrarse. Yo creo que el punto álgido lo encontramos cuando se da cuenta de que se equivocó, por ello creo que deberíamos contar la historia cuando ya lo ha perdido todo.

Por ejemplo, Fulanito es un mendigo que cada mañana pide en una esquina del centro de la ciudad, en una zona de oficinas cerca de donde él trabajaba tiempo atrás. Los mismos ejecutivos entre los que él se incluía antes, son ahora los que le ignoran y pasan por su esquina sin mirarle.

Recuerda, cuando tengas tu idea, simplifícala: busca el impacto, el instante.

4. No lo cuentes, muéstralo

Este debe de ser el consejo en el que más se insiste en cualquier libro o artículo sobre escritura, ¿verdad? Pero es que resulta fundamental y muchas veces se nos olvida, sobre todo a la hora de escribir cuentos.

Un cuento no es un resumen de una historia, sino una historia en sí. Tomando el mismo ejemplo del punto anterior, podríamos decir que Fulanito es un mendigo que cada mañana pide en una esquina cerca de donde antes trabajaba. Entonces tenía mucho éxito, aunque se acababa de divorciar y no tenía mucho tiempo para sus hijos porque solo le importaba su trabajo, etcétera… ¿Qué es esto? ¿Es una historia o el resumen de una historia? En realidad es lo segundo.

Para narrar la historia tenemos que centrarnos en el instante, en la acción: Fulanito cuenta las monedas de su caja y se da cuenta de que no ha sido una buena mañana. Duda si le alcanzará para tomarse algo caliente… Mostremos lo que ocurre, demos imágenes, enseñemos la historia a través de la acción.

5. Mantén la estructura

Aún siendo un relato muy corto, todo cuento ha de tener una introducción, un nudo y un desenlace. Por ejemplo: “el mendigo contando las monedas en su esquina y los ejecutivos pasando ante él envueltos en su abrigo” sería la introducción. Es lo que nos sitúa en la historia, en el qué, quién, dónde y cuándo.

El nudo podría ser “el mendigo está preocupado porque necesita tomarse algo caliente pero no le llega el dinero. Sigue pidiendo pero los ejecutivos lo ignoran.” El desenlace sería el final que le demos. Por ejemplo: “alguien se apiada de él y le da el dinero para que se tome el café”.

6. No lo des todo, sugiérelo

En el cuento es tan importante lo que se dice como lo que se calla. Como decíamos antes, no hay lugar para disertaciones, así que olvídate de explicar que el mendigo se siente mal por su situación o que se arrepiente de haber perdido a su familia. Eso ha de quedar implícito en la acción. Deja que el lector lo deduzca.

Por ejemplo, en lugar de explicar que el mendigo tenía familia y la perdió junto con su trabajo, podemos hacer que entre los ejecutivos que cruzan ante él, el mendigo reconoce a su hijo e intenta decirle algo. El hijo se vuelve hacia él con cara de fastidio y, sin reconocer a su padre, le da una moneda, solucionando el problema de tomar algo caliente esa mañana. Pero, obviamente, al mendigo ya no le importa el café.

7. Cada frase cuenta

Del principio al final, cada frase del cuento tiene que estar ahí con una función. Si tienes poco espacio, pocas palabras, aprovéchalas bien. Esto no es necesario hacerlo en la primera escritura, pero sí en la revisión. Desmenúzalo, analiza cada frase, cada elemento, y piensa qué función cumple en la historia. ¿Es imprescindible? Si la esencia del texto se comprende sin esa frase, elimínala.

8. Mantén el suspense

No des toda la información al inicio. Dosifícala y lleva al lector hasta la última palabra. Si contamos de partida que el mendigo era antes un ejecutivo y que acaba de encontrarse con su hijo, luego nos quedamos sin dinamita.

Siempre que puedas, intenta que al final del texto haya un giro, un golpe de efecto, una sorpresa. Que esté justificada, claro, pero que dé un nuevo sentido al texto.

Es mejor empezar por el mendigo con frío que ha de conseguir dinero para algo caliente. Así creamos un buen punto de partida. Luego podemos contar ya que él antes era uno de esos ejecutivos que ahora le ignoran, porque esto nos produce más curiosidad sobre el personaje. De pronto, reconoce a alguien entre la multitud y llama su atención (más intriga). Esta persona no le reconoce, pero le da dinero, aunque al mendigo ya no le importa el dinero, porque el ejecutivo era su hijo (dejamos el golpe de efecto para el final).

9. Impacto posterior

Una de las cosas más difíciles pero también de las más importantes es lograr que el cuento deje huella en el lector. Una vez haya terminado, el texto ha de dejar un eco en su interior, una reflexión, un sentimiento.

Para ello, la última frase es fundamental. Si logramos que contenga un giro o una imagen impactante que arroje luz sobre el resto de la narración, estaremos en el buen camino.

Volviendo al caso del ejemplo, lo ideal es llegar al final sin saber quién es el ejecutivo al que el mendigo ha reconocido y que acaba de darle el dinero. En esa última frase (que además debería ser corta, sencilla y directa para causar mayor impacto) revelaremos que se trata de su hijo (un buen giro final) y dejaremos entrever que el mendigo ya no está preocupado por el dinero (ni lo mira), sino que observa cómo su hijo se aleja sin poder hacer nada para evitar que cometa los mismos errores que él cometió en el pasado.

10. Ambienta con poco

No tienes espacio para descripciones largas ni disertaciones, pero el cuento también ha de tener ambientación para envolver al lector. Para ambientar en un texto muy corto, usa el tono, el narrador, el lenguaje y selecciona las palabras adecuadas. No es lo mismo decir “ciénaga” que decir “pantano”; tampoco es igual “bruma” que “niebla”. Cada palabra te ayuda a construir la atmósfera. Elígelas con cuidado.

Por ejemplo, para la historia del mendigo, nos encontramos en una ciudad, una mañana de invierno en la que hace mucho frío, pero no es necesario decir todo esto. Podemos ver el frío en el vaho que sale de la boca del personaje o haciendo que se frote las manos envueltas en guantes antes de contar el dinero. Incluso, mejor aún, podemos verlo todo a través de los ejecutivos que entran en sus oficinas envueltos en gruesos abrigos mientras ignoran al mendigo. En esta imagen sabemos que es una ciudad, que es por la mañana, es invierno y hace frío.

11. La importancia del título

Tenemos muy poco espacio para desarrollar nuestra historia y ya hemos dejado claro que cada palabra cuenta, ¿verdad? Pues tengamos algo de picardía y aprovechémoslas bien todas. El título es un espacio extra que puede resultar muy útil. Lo ideal: que sugiera, intrigue y arroje una nueva luz sobre el texto una vez se haya terminado su lectura.

¿Se os ocurre algún título para el relato del mendigo que cumpla estas características?

12. Una regla extra para escritores de cuento

Por último, nos queda un consejo fundamental para cualquier escritor que quiera dedicarse a escribir cuentos, aunque no tenga que ver con la escritura en sí: tenemos que leer cuentos. Si queremos entender cómo funcionan y cómo se escriben, es fundamental que los conozcamos. Hay que leer a Chéjov, a Horacio Quiroga, a Cortázar, a García Márquez, a Poe, a Borges, a Saki, a Ray Bradbury, a Bioy Casares, a Benedetti, a Monterroso… Tantos cuentos como se pueda.

Y hasta aquí las reglas fundamentales para escribir un relato corto. ¿Qué os han parecido? ¿Alguna más que añadiríais a la lista? Y, ¿qué me decís de los cuentos? ¿Soléis leer muchos? ¿Algún cuento o cuentista que os parezca imprescindible?

¡Feliz escritura!

Cómo escribir un cuento corto

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Ejercicio 7: Liu Zhenyun y el amor en los tiempos del móvil

Teléfono móvil comparte con muchas otras novelas de Liu Zhenyun lo que Hong Zicheng define en A History of Contemporary Chinese Literature como una característica esencial de su producción: la profundidad filosófica para indagar, con humor y desenvoltura, en el absurdo y la alienación presentes en la vida cotidiana.
Por: Jesús David Curbelo
Tomado de: Gimnasia de la incertidumbre, Cubaliteraria
22 de febrero de 2018
La aparición en Cuba de una novela de Liu Zhenyun constituye otra tentativa por vencer el antológico desconocimiento de una literatura que, pese a su nutrida nómina de autores notables y su alta calidad estética, apenas resulta familiar en nuestro país más allá de los nombres esenciales de los filósofos Confucio, Mencio y Laozi, de los poetas Li Bai, Du Fu y Wang Wei y del narrador Lu Xun. Sin duda, la dificultad del idioma chino y la escasez de traductores literarios de esa lengua en Cuba deben de haber incidido en que apenas se hayan publicado acá fragmentos de las doctrinas confucianas y taoístas, algunas antologías de poemas y una o dos novelas del iniciador de la literatura china moderna. Y poco más, que yo recuerde. También, desde luego, influye en el fenómeno el asunto de los derechos de autor, que tal vez haya impedido la presencia en los catálogos de editoriales cubanas de los premios Nobel Gao Xingjiang y Mo Yan, o de firmas tan reconocidas en el panorama literario internacional como Bei Dao, Duo Duo, Wang Shuo o el exitoso autor de novelas policíacas Qiu Xiaolong. Por suerte, esta edición de la Feria Internacional de La Habana con China como país invitado permite paliar un poco esas carencias y propiciar el diálogo del lector cubano con una muestra importante de las letras chinas clásicas y contemporáneas.
Liu Zhenyun, considerado por los historiadores literarios Pang Yuan Chi y David Ver-Wei Wang en su Chinese Literature in the Second Half of a Modern Century, una de las mayores figuras del nuevo realismo en los primeros 90, nació en el distrito Nanjin de la provincia de Henan en 1958. Se unió el Ejército de Liberación durante la Revolución Cultural. Más tarde entró a la Universidad de Beijing a estudiar Licenciatura en idioma chino. Ha trabajado como editor en El Diario del Campesino y como profesor del Instituto de Literatura de la Universidad Renmin en Beijing. Y resulta hoy uno de los escritores chinos más reconocidos por la crítica y el público porque ha sabido combinar el rigor en la elección de sus temas (siempre profundamente humanos y polémicos) y en el manejo del idioma, con un enorme éxito de ventas, impulsado por el hecho de que varias obras suyas poseen adaptaciones para el cine y la televisión.
Tapu, su relato inaugural, de 1987, resultó galardonado con el premio a la mejor novela corta en 1988 e inmediatamente fue adaptado para un largometraje homónimo y marcó la tendencia a convertirse en películas bien acogidas por el público, que distingue a varios hitos en la producción narrativa de Liu Zhenyun. Su carrera literaria incluye, entre otras piezas de ficción: Las flores amarillas de mi tierra natal (1991), Anecdotario de la convivencia en mi tierra natal (1993), Recordando 1942 (1993), El rostro y las flores de mi tierra (1998), Una sarta de estupideces (2002), Teléfono móvil (2003), Me llamo Liu Yuejin (2007), Una palabra vale más que diez mil (2009) y Yo no soy Fan Jinlian (2012). Una palabra vale más que diez mil recibió el importante premio literario Mao Dun (otro célebre narrador chino desconocido en Cuba) y muchos críticos la catalogan como su mejor libro. También la trilogía dedicada a su tierra natal goza de gran prestigio entre la crítica por la manera en que el autor consigue mostrar la pobreza del campesinado chino atrapado entre los arbitrarios poderes políticos y morales de diversas épocas históricas del país. Este conjunto ha permitido que varios estudiosos aludan a la serie como una muestra representativa del nuevo historicismo dentro de la narrativa china. Lin Ning, por ejemplo, habla de cómo difiere la historia tratada en los volúmenes de Liu Zhenyun con aquella aprendida en las aulas de los colegios y recogida en los libros de textos oficiales. Liang Jingjing, por otra parte, equipara a este narrador con Jean Paul Sartre, debido a la insistencia en finales trágicos que evidencian la imposibilidad del hombre de librarse de la soledad que anula todos sus esfuerzos y lo conduce a la alienación.
El origen campesino de Liu Zhenyun y su vívida memoria de sucesos complejos dentro de la historia china como el Gran Salto Adelante, la Gran Hambruna, la Revolución Cultural y el advenimiento de las reformas económicas durante el período gubernamental de Den Xiaoping, hace quizá que sus temas giren muchas veces alrededor de la vida campesina, o de la dura inserción de los campesinos en el ambiente de las grandes ciudades, así como de los contrastes y puntos de contacto entre las miserias materiales y las morales, y del conflicto entre la individualidad y los proyectos colectivistas de administración.
“¡Qué magnífica era la sociedad agrícola!”, dice en un momento Fei Mo, uno de los protagonistas de Teléfono móvil, anonadado por la fuerza con que la posmodernidad y la tecnología han invadido la vida del ciudadano hasta el punto de torcer los caminos de su intimidad y gobernar prácticamente sus actos. Este profesor universitario devenido asesor de un famoso programa televisivo gracias a la insistencia de Yan Shouyi, el personaje principal de la obra, se queja de que en el mundo contemporáneo las personas están muy cerca unas de las otras y apenas se puede respirar.
El comentario alude no solo a las multitudes en las megalópolis, entre las que Beijing resulta un más que aleccionador modelo, sino a las promiscuidades que esa cercanía genera y que laceran al hombre actual en contextos urbanos y rurales, y provocan una intromisión continua de los demás y, sobre todo, de cualquier tipo de poder, en su vida privada. Acerca de esas dicotomías entre lo público y lo personal, entre las apariencias y las realidades, entre las verdades y las mentiras, discurre con sagacidad la narración de Teléfono móvil para proponernos reflexionar alrededor del drama de un universo en que cada vez somos más despersonalizados por la tecnocracia que, sin atender demasiado a ideologías y religiones, mueve los hilos de la matrix donde habitamos.
Esa reflexión pudiera ser el punto medular de este libro: sondear las posibilidades que ofrece la literatura para someter a escrutinio el destino del hombre en el universo y cómo este destino, aunque sigue las líneas básicas esbozadas desde el surgimiento de la humanidad (amor, odio, celos, envidia, angustia ante la muerte, tensas relaciones con las divinidades), encuentra siempre nuevas pruebas que superar en cada época histórica. Ahora, antiguos problemas como la infidelidad, el juego de poderes entre el hombre y la mujer en las relaciones de pareja, la intromisión de la familia y los amigos en los conflictos amorosos y en la repercusión social de estos, son abordados desde la perspectiva tragicómica de que un dispositivo como el teléfono celular, aparte de facilitar la comunicación rápida y constante entre las personas, deviene un adminículo demoníaco que impide ocultar las dobleces de la vida erótico-sentimental porque sus notificaciones de llamadas y mensajes delatan siempre al culpable por más ardides que despliegue para esconder sus andanzas.
El conductor de un célebre programa televisivo que suele tocar temas tendientes al debate, Yan Shouyi, es, además, un donjuán impenitente que se va a la cama con sus admiradoras en detrimento de la estabilidad de su matrimonio. Este, y también los lazos estables que le suceden, se ven al final aniquilados por una serie de desaguisados repletos de una ironía chispeante y lúcida que disecciona las mutaciones del amor en los tiempos del móvil, en los que se han impuesto de forma generalizada el arribismo y la cínica creencia de que el dinero y el carisma para la interacción social son las fuerzas motrices del universo. A la postre, la tercera parte del libro, una simpática historia acerca de cómo se conocieron los abuelos de Yan, modelos de lealtad y amor entre ellos y para con la familia, parece dar la razón a Fei Mo, porque en las postrimerías de la sociedad agrícola, donde ese hecho ocurre, la gente se hacía llegar los mensajes a lo largo y ancho de todo el vasto territorio chino y, aunque demoraba años en volver a su tierra natal, lo hacía para cumplir con el deber filial y buscar la felicidad.
Teléfono móvil comparte con muchas otras novelas de Liu Zhenyun lo que Hong Zicheng define en A History of Contemporary Chinese Literature como una característica esencial de su producción: la profundidad filosófica para indagar, con humor y desenvoltura, en el absurdo y la alienación presentes en la vida cotidiana. Y sirve, además, para que el lector cubano se acerque de forma amena a los meandros de una realidad que, a pesar de las distancias culturales y geográficas, guarda con la nuestra una perturbadora similitud.
LIU. ZHENYUN
http://www.centronelio.cult.cu/noticia/ejercicio-7-liu-zhenyun-y-el-amor-en-los-tiempos-del-móvil

Conjugaciones verbales de Pilar Galán

Conocen también períodos de sequía, los malditos verbos, esos núcleos caprichosos, consentidos, los rema que aglutinan, que dicen, que predican, que atribuyen a Luis que es alto, por ejemplo.
Hay días de noviembre, hay tardes de verano, navidades enteras, en que juegan a esconderse, como niños.
Retumban en las bocas, se columpian en las comisuras, pellizcan la punta de la lengua y tratan de vivir para siempre en nuestros labios.
Malditos verbos, tan exactos, el presente que duele, el pasado, aunque no vale arrepentirse, la certera diferencia entre es y ha sido, el futuro que no llega, el camino que perdemos en todos los imperfectos, el aspecto tan horrible que tienen los condicionales.
Te amaba aún cuando me dejaste, o te amé más que nunca entonces, o te amaré mientras viva, o me fastidia tanto que me olvides, cuando lo que uno quiere decir no es eso, nada de eso, sino
ven,
acude,
dame besos,
ámame,
porque voy a morirme si me dejas, abrázate a mi cuerpo dormido.
Malditos verbos, caprichosos, núcleos de niño mimado, remas consentidos.
Nos sabemos todos los tiempos verbales, las personas,
los modos,
los pretéritos,
las condiciones, las excusas.
Cuando nos dejaríamos morir por un buen subjuntivo,
un imperativo a tiempo,
una súplica, amor,
no me dejes, ven a verme, acaríciame el alma, revuélveme el pelo.
ojalá que tus manos destejieran mi vida.
Malditos verbos, niños mimados, núcleos consentidos.
berrinche