Cinco autores para aproximarse a la literatura africana

En el siglo XXI, la literatura se ha vuelto un arte más democrático, aunque aún queden muchas batallas por ganar y prejuicios que sortear. Una situación que responde a una corriente en la que, durante siglos, la literatura occidentalse impuso en todo el mundo, incluyendo aquellos continentes en los que el hombre blanco puse los pies, condicionando el arte de una región o cultura sin permitirles expresarlo en su estado de gracia. Ngũgĩ wa Thiong’o, procedente de Kenia y eterno compañero de Murakami en eso de optar el Nobel, es una de las mejores voces del continente respecto a este tema y uno de estos 5 autores para aproximarse a la literatura africana.

Chinua Achebe

Nacido en Ogidi, un pueblo de Nigeria, como miembro de la etnia igbo, Achebe es posiblemente el autor más universal del continente africano gracias a obras como Todo se desmorona, publicada en 1958. Una obra que toma como inspiración la propia infancia del autor, criado en un ambiente que comenzaba a ser conquistado por la evangelización anglicana, para contarnos la historia de un guerrero, Okonkwo, que asiste a la caída de su mundo tras la llegada del hombre blanco. Uno de los mejores autores para iniciarse en la literatura africana, sin duda.

Chimamanda Ngozi Adichie

La escritores africana más influyente de la actualidad (si entramos en el TOP Amazon de literatura panafricana, los cuatro primeros puestos son suyos) nació en Nigeria en 1977 y se crió en la casa de Chinua Achebe hasta que una beca la llevó a Estados Unidos, donde  se formaría en Literatura Africana y Relaciones Políticas. Años después, el mundo sería testigo del buen hacer de Ngozi Adichie, autora que además de plasmar su visión del continente africano en libros como La flor púrpura o Medio sol amarillo también es la voz más firme de un feminismo presente en obras como Americanah, la más conocida, o el conjunto de cuentos Algo alrededor de tu cuello.

Ngũgĩ wa Thiong’o

El derecho a escribir en tu lengua

Mi favorito para ganar el Nobel de Literatura el pasado año (y el anterior, y el otro) es Ngũgĩ wa Thiong’o, autor keniata que ha sabido como pocos otros plasmar la situación de África en tiempos post-coloniales. Descolonizar la mente, uno de sus pocos libros publicados en España junto con El brujo del cuervo, es un ensayo que aborda la presencia de un hombre blanco que obligaba a los universitarios africanos a desdeñar su propia literatura y abrazar a Shakespeare, que convocaba reuniones de literatura africana marginando a quienes se negaban a abandonar sus lenguas locales en lugar del inglés. Ejemplos a los que habría que añadir el hecho de que una sencilla obra de teatro en en kikuyu, idioma natal del autor, fuera excusa suficiente para meter a su autor entre rejas. Fue en 1978, año durante el que Thiong’o escribió su primera obra en kikuyu en un rollo de papel higiénico.

Wole Soyinka

Convertido en el primer africano en ganar el Nobel de Literatura en 1986, Soyinka es un autor nigeriano caracterizado por una prosa que adapta los mitos africanos a las formas de narración occidentales, especialmente tras haber estudiado varios años en Reino Unido. Su forma de mimetizarse con los blancos le supuso en su momento muchas críticas por parte de los círculos literarios africanos aún dolidos por los efectos del postcolianismo hasta que regresó a su continente, mimetizándose con sus escenas teatral y literaria. Aké: los años de niñez, en la cual narra su vida de los 3 a los 11 años, es posiblemente su obra más conocida.

J.M.Coetzee

Sudáfrica es el país que mejor ha definido los cambios de África durante los últimos cincuenta años, especialmente con episodios tan cruentos como el apartheid abolido en 1994. Coetzee, descendiente de colonizadores daneses llegados en el siglo XVII a Sudáfrica, ha plasmado su visión del racismo en el país del arco iris y sus nocivos efectos en la sociedad en obras como Verano o la más popular, Desgracia. En 2002, Coetzee ganó el Nobel de Literatura, sumándose al mencionado Soyinka, su compatriota Nadine Gordimer y el egipcio Naguib Mahfuz como los cuatro autores africanos reconocidos por el comité sueco hasta ahora.

5 autores para aproximarse a la literatura africana

 

Perdone la pregunta ¿ de dónde viene la palabra carajo?  Elcastellano.org

Juan Gossaín, El Tiempo
Expresa alegría o tristeza. Censura o aprobación. Sorpresa, asombro… Y nada sabemos de su origen.
Voy caminando por el sendero que bordea la bahía de Cartagena y, de repente, me detiene una señora sudorosa, que trota en sentido contrario, vestida con un pantalón corto y zapatos deportivos. Alguien le dijo que soy miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.
–Excuse usted –me detiene, jadeando–. ¿Cuál es el origen de la palabra carajo?
Desde esa tarde estoy metido de cabeza, investigando aquí y rastreando allá. Las leyendas abundan, las fábulas se multiplican, los cuentos son incontables, las teorías crecen, pero hasta el día de hoy nadie sabe con exactitud cuál es su procedencia, eso que los eruditos y los refinados llaman “la etimología”: origen de las palabras, motivo de su existencia, razones de su significado.
Parece mentira, y es una verdadera ironía del destino: la expresión más usada del idioma y ni siquiera sabemos de dónde salió. No ha sido posible establecer con precisión en qué parte fue que nació el término carajo, ni cómo ni por qué, siendo, como es, uno de los vocablos más comunes de nuestro idioma, de los más expresivos y útiles, al que la gente recursiva acude para decir cualquier cosa, tanto buena como mala.
Que yo sepa, es la única palabra castellana que tiene al mismo tiempo su sentido propio y el contrario. Es antónima de sí misma. Es casi hermafrodita. Puede significar, simultáneamente, lo negativo y lo positivo. ‘No valer un carajo’ es lo contrario de ‘valer un carajal’. Todo depende del sentido de la frase, pero, sobre todo, de la entonación que le pongan. ‘Estar del carajo’ es un elogio que se hace por igual a una novela, un vestido o una muchacha. ‘Irse para el carajo’, en cambio, es una desgracia.
Lo cierto es que, con el paso del tiempo, el término perdió su connotación de palabrota y se volvió imprescindible en el lenguaje cotidiano, incluso en las charlas de familia. Ya tiene hasta un sentido de ternura: ‘Ahí te mando esa carajadita de regalo. No será mucho, pero es con cariño’.
No existe otro caso en el idioma español que permita, con una sola palabra de seis letras, expresar todos los estados de ánimo, los sentimientos y los pensamientos humanos. Tanto así que don Roberto Restrepo, el admirable gramático paisa, escribió: “Pongan sobre la tierra un hombre que, con distintas entonaciones, sepa decir carajo. No necesitará nada más, porque ya se sabe todo un idioma”.
El diccionario de la Real Academia Española, que en el Caribe llaman ‘mataburro’ porque sirve para desasnar a la gente, pero también para romperle la crisma a un cristiano por su peso y su tamaño, se limita a decir, en la primera definición, que carajo es voz malsonante, empleada como sinónimo del miembro viril masculino. Es lo único que le faltaba.
La canastilla del marinero
Los portales más populares de internet, como Google y Wikipedia, recogen abundante material sobre una viejísima historia según la cual se le llamaba ‘carajo’ a una especie de canastilla que había en lo más alto del palo mayor en las antiguas naves marinas. Afirman que allí eran enviados, en señal de castigo, los marineros que cometían alguna falta.
Agregan, y se quedan tan frescos, que eso era lo que se denominaba ‘mandar a alguien para el carajo’ o ‘irse para el carajo’. Bonita historia, emocionante y llena de aventuras. Lástima que sea falsa, aunque la hayan recogido hasta libros serios y diccionarios de medio pelo. La enseñan en algunos colegios como si fuera auténtica. Sin embargo, nunca existió en las embarcaciones sitio alguno al que le dijeran ‘carajo’. A los marineros díscolos simplemente se los encerraba en el calabozo, a pan y agua. Más agua que pan. Y la famosa canastilla, que sí existe, es en realidad el puesto del vigía y en castellano se llama ‘cofa’.
Pero la mitología popular es infinita. En tiempos de Cristóbal Colón, los navegantes inventaron que el carajo ya no era una canastilla, sino una isla lúgubre perdida en mitad del mar Caribe, en la que bajaban a los tripulantes indisciplinados, abandonándolos a su suerte. Puras embusterías. La única relación comprobada que hay entre el mar y el carajo es una vela cuadrada, llamada ‘caraja’, que los pescadores mexicanos despliegan cuando sopla mucho viento.
¿Es palabra americana?
Entonces, ¿de dónde carajo proviene carajo? Repito que su cuna es incierta y que sus padres son desconocidos. Contra lo que piensan muchas personas, inclusive eruditos, se ha demostrado que no es palabra inventada en América, pues aparece mencionada con sentido picaresco en el Cancionero de Baena, una colección de poemas recogidos en España hacia 1405 por Juan Alfonso de Baena, para regalárselos al rey Juan II. En ese momento faltaba casi un siglo para el Descubrimiento. Cristóbal Colón ni siquiera había nacido. La reina Isabel, tampoco.
Como si fuera poco, filólogos minuciosos detectaron que hace casi un milenio, en el año 1247, vivía en la villa de Madrid un hombre al que apodaban Pedro Carajo o Carajuelo. Tampoco se sabe por qué.
En Colombia, por allá en los años 30 del siglo pasado, existió el ilustre profesor López de Mesa, que no solo era historiador, sino médico, psicólogo, político, ministro varias veces, y que además pasaba fácilmente de lingüista a biólogo y genetista: un día llegó a sostener que el hombre desciende de la sardina. El profesor también afirmó que la palabra carajo es de origen vascuence porque, según él, los primeros que la trajeron a Colombia fueron unos soldados vascos que llegaron en tiempos de la Colonia. Lo que no dice el profesor es cómo diablos hizo la palabrita para extenderse por el mundo entero de habla hispana. Debe de ser que había soldados vascos en todas partes.
El legendario padre Revollo, en su estupenda obra Costeñismos colombianos, informa que hace trescientos años, en la ciudad de Riohacha, las gentes decentes usaban el disimulo ‘caracha’ para no decir ‘carajo’, y que en Mompox decían ‘caracho’ por la misma razón.
Carajillo, carajito, carajear…
/> Hijo expósito, sin un padre que responda por él, como los huérfanos, y sin una familia que lo reclame, con el paso del tiempo carajo se fue convirtiendo en adjetivo y sustantivo, en exclamación o interjección, en verbo y también adverbio, en agravio y elogio por igual. Sirve hasta para medir las distancias: todos conocemos a alguien que vive más lejos que el carajo.
Ha llegado, incluso, a sentarse en los restaurantes más exquisitos, en España como en América, donde la palabra carajillo describe un café bien caliente que se mezcla con algún licor. Carajada, a su turno, es una cosa insignificante, pero también una réplica tajante: ‘¿Qué es la carajada suya?’, pregunta el agraviado, en tono retador. Carajadita, como dijimos al comienzo de esta crónica, viene siendo una pequeñez cariñosa.
Carajear pertenece a los verbos de la primera conjugación, que son los terminados en -ar. En Colombia significa ‘echar vainas’, ‘ofender a alguien con palabras soeces’, pero en otros países se lo usa para describir el hecho de andar por ahí profiriendo groserías sin ton ni son. Carajete o carajeto, ya en desuso, era el calificativo que le daban en tierras del Huila y Tolima al bobo del pueblo. Carajito, en cambio, es el calificativo cariñoso para referirse a un niño. ‘Ganarse unos carajazos’, de otra parte, es merecerse una reprimenda.
Cuando yo era niño, a comienzos de la Edad Media, los vecinos de San Bernardo del Viento decían: ‘Me importa un carajo a la vela’ para referirse a algo que solo merecía desprecio o indiferencia. Avergonzados por la grosería, comenzaron a decir, con cierto pudor, que les importa ‘un chorizo a la vela’.
Epílogo
Seguiré averiguando. Vale la pena porque se trata de la palabra más expresiva del idioma castellano, la más variable y provechosa, la que cambia de ropa todos los días. Sirve para todo de indistinta manera, para elogiar y condenar, para pelear o departir, para odiar y amar, para felicitar o regañar, para reír y llorar, para gozar o sufrir, para criticar y ponderar, o para referirse a alguien sin mentarlo (‘ese carajo’). Expresa alegría o tristeza con el mismo vigor. Censura o aprobación. Satisfacción y disgusto a la vez. Sorpresa, asombro, complacencia, perplejidad.
Es el recurso apropiado para salir de aprietos cuando uno no recuerda ese término esquivo que se le escapa de la memoria, aunque lo tenga en la punta de la lengua. Pero su verdadero origen sigue siendo un misterio. Antes de terminar, y a propósito de la palabrita que nos ocupa y del Descubrimiento de América, vale la pena recordar aquellos versos de un poeta festivo antioqueño:
Salió Colón para abajo
haciendo navegación.
Y nos descubrió, carajo,
por pura equivocación…

transformer

Una lectura para complcer: El panchatantra.

La historia del Panchatantra es sorprendente. No sólo por la fuerza de sus historias sino porque su fascinación ha sido tal, que ha viajado de civilización en civilización, a la par de la Biblia —desde el tiempo en que se cree que fue compilado en el 300 AC—, hasta nuestros días. Difícil resulta parar de leer una vez que se ha comenzado.
En la actualidad ya no es tan popular como en el siglo XIX, por ejemplo, pero sus mensajes no han perdido vigencia, de ahí esta nueva edición que lleva por nombre Kalila y Dimna y otras fábulas del Panchatantra, compilación de Ramsey Wood (Ed. Acantilado).
Según Doris Lessing, en la Edad Media se creía un texto indispensable para mejorar la calidad de vida de quienes lo leían (en cuestiones del espíritu).
Basta con leer unas cuántas páginas para saber que resulta infinitamente superior y más práctico que decenas de libros de autoayuda.
El Panchatantra es un compendio de historias, en su mayoría con animales parlantes que nos dan alguna moraleja, ésta gira en torno a un marco referencial a través del cual se desprenden dichos relatos.
En este caso, la acción se desarrolla con un rey de la India llamado Dabzelim, quien no está muy interesado en ser un buen monarca hasta que encuentra una misteriosa carta que le indica lo que debe hacer para convertirse en un buen rey.
El misterio que rodea la carta es tal, que decide llamar a un gran sabio de su tiempo, el doctor Bidpai, con quien conversará sobre los preceptos de la carta a través de la narración de historias tras historias, entre ellas las de Kalila y Dimna, dos hermanos chacales.
En esta compilación, Wood eligió sólo los cuentos relacionados con la amistad, la obra “original” es mucho más extensa. Cuentan que el contexto en el cual se compiló la historia tuvo lugar en el tiempo en que las fuerzas de Alejandro Magno dejaron India, y existía la necesidad de tener un buen gobernante. Aunque esto es sumamente discutible.
Incluso, existe otro marco narrativo donde no se trata de un rey que no sabe ser justo, sino de los hijos estúpidos de un rey, quien desea a toda costa que sus descendientes se conviertan en grandes gobernantes. En ambas versiones la figura del sabio está presente.
El idioma original del compendio es el sánscrito, pero dicho texto está perdido, por lo que los relatos sobrevivieron gracias a las traducciones a otras lenguas e incluso reescrituras en sánscrito.
La tradición popular de las cual se desprenden estas historias permite hacer adaptaciones en cuanto a estilo y detalles se refiere, según la época y lugar a donde el texto llega. Afortunadamente, la esencia se ha mantenido intacta.
“No despidas nunca a un criado a petición de terceras personas, pues quien goza de la confianza siempre despertará, sin querer, los celos y la envidia de quienes no comparten esa dicha…”, es una de las enseñanzas que vienen en el texto, que más allá de todo entorno real, puede aterrizarse en el área de management o incluso en las relaciones familiares.
Pero también encontramos aprendizajes más sencillos como en el cuento de Los tres peces. En donde un pez listo y gordo, que está a punto de ser atrapado por unos pescadores, recuerda de pronto que “El pánico no soluciona nada”, lo que le brinda la oportunidad de recomponerse, dejar a un lado su miedo y encontrar una solución.
Esta edición cuenta con un par de estudios introductorios escritos por Wood y Lessing, y además un apéndice, que ayudan a entender la enormidad del texto, aunque no es necesario para poder vislumbrar la grandeza de los relatos: El Panchatantra es un hermoso compendio de sabiduría, con historias fascinantes, que además de entretener, si se pone atención, son mensajes para la vida.
@faustoponce
Tomado del «Economista» https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Panchatantra-La-sabiduria-de-los-cuentos-populares-20171015-0115.html
Panchatantra

Desalojadas de María José Escudero

Cuando el inspector Turing regresó a Waterloo aquella tarde de marzo, las calles olían a chocolate y leña, pero el cielo estaba nublado y el invierno se mantenía imbatible.
Refugiado en las solapas de su vieja gabardina, atravesó la solitaria Plaza del Cañón y se dirigió, apresurado, al lugar de la tragedia. Mandó retirar el sello de la puerta y entró cauteloso en la alcoba donde las dos mujeres, pálidas y serenas, yacían, cogidas de la mano, sobre una cama limpia y estrecha.
En la mesita reposaban las cajas de barbitúricos y la botella de ginebra que aplastaba, implacable, una carta para el juez. Algunos discos y libros apoyados en hilera se enfrentaban, descaradamente, al voto manifiesto de pobreza y, aunque no se apreciaba signo alguno de atropello ni violencia, todo en aquel insignificante y austero apartamento, estaba ordenado con desesperación, con temor a que la verdad se desvaneciera.
Antes de partir, se asomó a la ventana que miraba hacia la Colina del León y, mientras sonaban furiosas las campanas de la torre del Convento de Fichermont, en las cuerdas del tendal, dos túnicas de novicia se enredaban con el viento y trataban, en vano, de volar hasta las nubes.

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Del Panchatantra, el camello despistado

Vivía en cierto lugar del bosque un león llamado Madotkata y erán sirvientes suyos un tigre, un cuervo y un chacal.

Corriendo de aquí para allá, vieron cómo pasaba delante un camello, de nombre Kathanaka. Entonces, el cuervo le dijo al tigre:

-¡Míra qué animal más raro! ¡Vamos a ver que cosa es!.

Entonces los tres animales fueron a verle y se lo llevaron al león, pensando que el inocente camello sería una excelente cena para el rey. Pero cuando le revelaron sus intenciones al rey, el les dijo:

Quién mate al que llega a su casa, confiado y sin temor; comete el mismo crimen que si matará cien brahmanes ( es por eso qué no es bueno comerte a las visitas)

Y así, el camello se salvó de ser servido con guarnición.

Pero un día, el león se enfrentó al elefante, por qué éste le debía dinero; y resultó muy mal herido.

Entonces sus sirvientes comenzaron a buscarle algo de comer, pues solo así se recuperaría el soberano. Al no encontrar nada, desesperados sugirieron al león hacer uso del camello ; pero el león lo volvió a rechazar, y los reprendió enérgicamente, diciéndoles que la única forma de hacerlo sería si este se ofreciera voluntariamente, por lo que los sirvientes idearon un plan.

En presencia de todos el cuervo se ofreció como alimento y hasta sugirió una receta: cuervo a la campirana; pero el león le dijo que dado su tamaño pequeño sería un sacrificio inútil ya que su poca carne no alcanzaría a saciar su hambre, pero que se podía ir en paz por qué había demostrado serle fiel.

Luego el chacal se ofreció para que lo comiera en forma de brochetas, pero lo rechazó argumentando que no le podía servir de alimento un animal con garras, pero sin embargo se podía ir en paz ya que le había demostrado su fidelidad.

Finalmente, el tigre se ofreció para qué lo hiciera unas costillas agridulces; pero el felino lo rechazó, en idénticas condiciones.

Entonces el confiado camello se ofreció al león; pensando en que también correría con la misma suerte, en cuanto termino de hacer su ofrecimiento los animales se le abalanzaron encima y se lo comieron.

*

El Panchatantra: selección de cuentos.

La literatura le debe mucho al Panchatantra, una antología de cuentos y fábulas cuya autoría, en el siglo IV d.C., se le atribuye al Bidpai, que recopiló gran parte del material folklórico y oral.
La versión que ha llegado hasta nosotros consta de cinco libros que contienen setenta y tres relatos en prosa entre los cuales se intercalan unos versos en forma de estribillo para entender mejor el contenido de la fábula. Los relatos abordan todo tipo de temas: la amistad, la educación, la guerra, la administración…La mayoría de los relatos están protagonizados por animales. Su propósito original era instruir a un príncipe joven sobre cómo obtener el éxito en su vida terrenal, y también en la del más allá. El texto sánscrito original se ha perdido, pero se han hecho muchas redacciones y refundiciones, además de traducciones a otras lenguas. Bajo el reinado y la orden de Alfonxo X se tradujo al castellano una versión árabe y, con el título Calila y Dimna se extendió por Europa e influyó a numerosos autores, desde el sobrino del propio rey, el Infante don Juan Manuel, Boccaccio, Shakespeare.

Estructura:

  • 24000 versos escritos con el verso sloka
  • 7 volúmenes

Publicación:

  • s.IV d.C. pero fue escrito alrededor del año 200 a.C.
  • India

Estructura:

  • Colección de 63 fábulas alternando entre verso y prosa.

5 libros

Propósito

La educación de los jóvenes príncipes hindúes.

Traducciones e influencia:

  • s.VIII d.C. Kalila wa-Dimna (árabe)
  • año 1251: Alfonso X lo mandó traducir al castellano (Calila e Dimna.

LA VERIDICA HISTORIA DE A Q DE LU XUN

 

LU-XUNUn fragmento
Escrita en 1921. Un investigador anónimo narra la historia de AQ, un personaje del que no se sabe nada con certeza (explica) ni con el sustento de los documentos históricos; es decir, que es un personaje más mitológico que histórico. Se sabe que AQ son las iniciales de su nombre y apellido pero tampoco se conocen éstos. AQ es un hombre pobre y muy trabajador, vive de labores domésticas que hace en las casas de los burgueses del pueblo de Weichuang. Es constantemente destratado por los mismos e, incluso a veces, cruelmente golpeado. Y así vive, en un infierno constante entre duras jornadas laborales y golpizas que él, tras un complejo proceso intelectual de raigambre confucionista, consigue volver a su favor, creyéndose victorioso. Pero al igual que las novelas picarescas (Lazarillo de Tormes, El Buscón, Abul F´ath de Alejandría, etc.) AQ tendrá “desventuras” y “venturas”. Al volver a Weichuang tras un viaje a la ciudad en busca de una vida diferente, consiguió hacer una pequeña fortuna y su posición fue otra. Fue hipócritamente respetado hasta que la fortuna terminó; entonces volvió al yugo de sus prójimos. Cansado de su vida, sueña con la revolución, que se percibe incipiente. Cuando esta llega, sueña con la contrarrevolución y las consecuencias de su inestabilidad emocional y de la búsqueda de su verdadero ser resultan fatales. Si bien la historia es entretenida, el discurso es denso en varias ocasiones. No descarto que pueda ser por la traducción, que ni siquiera está firmada.

https://teecuento.wordpress.com/2015/07/03/la-veridica-historia-de-a-q-de-lu-xun/?fb_action_ids=10153522853483854&fb_action_types=news.publishes&fbclid=IwAR2rcig7v_0wRKdBpB8JwN7pSvtEk9Cmf7Kfk91zQTrKIy-fjp96R1siync

Avatar de Rubén Garcia García - SenderoPUROCUENTO

LU-XUNBreve recuento de las victorias de A Q
No sólo son inciertos el apellido de A Q, su nombre y su lugar de origen; aún mayor es la oscuridad que reina en relación con sus antecedentes. Ello es debido a que la gente de Weichuang sólo empleaba sus servicios personales, o le tomaba como hazmerreír, sin prestar la menor atención a sus antecedentes. El propio A Q jamás dijo nada sobre el particular; sólo cuando discutía con alguien decía a veces, lanzando una mirada furiosa:
—Nuestra situación era mucho mejor que la tuya. ¿Qué te crees?
A Q no tenía familia y vivía en el Templo de los Dioses Tutelares de Weichuang. Tampoco tenía empleo fijo; hacía trabajos ocasionales para otros: si había trigo que segar, lo fiaba; si era necesario moler arroz, ahí estaba A Q para hacerlo; si se precisaba un botero, él remaba. Si el trabajo duraba…

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Reseñas sobre novelas de autores asiáticos

El ojo de jade (Diane Wei Liang)

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El ojo de jade (Diane Wei Liang)

diane-wei-liang-at-home-i-001Diane Wei Liang es periodista y es china; una de tantos intelectuales que han abandonado el país por diferencias con el Sistema Comunista Chino. Ciertamente, aquellos autores y creadores disidentes de algún tipo de régimen totalitarista cumplen en cierta medida, (con sus lógicos matices), con las siguientes premisas, que siempre aparecen reflejadas en su obra : crítica (más o menos evidente) al Gobierno del país de origen, un costumbrismo social que refleje la relaciones de aquellos que no aceptan el Sistema frente a los que se ven beneficiados por éste, y nostalgia por la patria perdida.
En “El ojo de jade”, y dentro de este patrón, nos encontramos con su protagonista, Mei Wang. Es una “joven” policía que deja su conveniente y acomodado cargo dentro del Ministerio de Seguridad Pública tras sufrir el acoso de un alto cargo. Imaginad el disgusto de los padres (chinos y contentos de serlo) de Wang. Es sólo comparable a cuando el director de cine Pedro Almodóvar anunció en casa que dejaba Telefónica para hacer cine. No contenta con esto, funda su propia consultoría de información. Ojo con el eufemismo, porque en China las agencias de detectives están prohibidas.
Con este rebelde bagaje la intrépida Mei intenta encontrar el ojo de jade, una valiosa joya desaparecida de un museo en plena Revolución Cultural. Ésta es la disculpa perfecta para que la trama se adentre en esta etapa de la historia de China, (recomiendo ampliar) combinando la Historia (con mayúscula) del país, con la historia (con minúscula) de la propia familia Wang.
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Una revolución cultural que es impuesta es toda una condena para ella misma. De hecho, imágenes como esta… ¡uf! dan bastante miedito.

¿Alguien más está viendo aquí las premisas del primer párrafo? Por si esto fuera poco, nuestra Mei está soltera (¡¡a sus 31 años!!), tiene a un hombre como ayudante, y también una hermana guapa, rica y triunfadora, en contraposición con la inteligencia, el valor y la audacia de Mei.
Dicho esto, entenderéis que encuentro el personaje bastante estereotipado. No obstante, la trama de novela negra de “El ojo de jade” está bien resuelto, aunque sin sufrir por mi parte grandes ataques de interés e irrefrenables ganas de saber cómo sigue. Lectura sencilla y agradable, pero poco más. A destacar el fondo social y cultural de una China cambiante, en plena transición entre la modernidad y la tradición, su efervescente economía y sus valores morales en horas bajas, la importancia del orgullo por lo propio y la atracción por las libertades occidentales. Podría seguir enumerando contrastes, que esto siempre queda muy erudito, pero vamos a dejarlo por hoy.

Las baladas del ajo (Mo Yan)

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Las baladas del ajo (Mo Yan)

‘Las baladas del ajo’ es una especie de Romeo y Julieta en la China de finales de los 80. Se desarrolla en un entorno rural en pleno régimen comunista, y creedme, no tiene nada de romántico. De primeras y como rasgo más obvio, la historia de Gao Ma y Jijun resulta bastante cruda (atención a los detalles amigos, porque estos tortolitos viven, para mayor escarnio, en el Condado Paraíso. Un no te digo ná y te lo digo tó). Aunque eso es precisamente lo que uno espera cuando algo ha leído acerca de las condiciones laborales y vitales de los campesinos de la China más profunda. Ciertamente, no se trata de un relato dulce y placentero; como digo, tampoco se espera nada con este enfoque. No obstante, es sabida la cercanía de Mo Yan para con el régimen comunista chino, por lo que sorprende en cierta medida el enfoque que se le da al sistema en ‘Las baladas del ajo’

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En un análisis un poco más profundo, y por más que Mo Yan nos quiera transmitir la dureza de esta realidad…, ¿de verdad era necesario darle un toque tan… escatológico? Bien es cierto que, rebuscando un poco, podemos encontrar esos matices tan poéticos de los autores asiáticos, esas preciosas metáforas cuando describen a las personas, por ejemplo. Recuerdo un “tenía la cara redonda y blanca, como un huevo de cisne”; o también cuando relata la historia de una mujer a la que sus vecinos llamaban tapa de tetera por su gran belleza. ¿Bonito o no? Bien amigos, pues preparad vuestros estómagos, porque durante el resto de páginas de ‘Las baladas del ajo’encontraréis montones de epítetos tales como heces, ventosidades, vómito, mucosidad, sangre, escupitajo, excrementos, pus, sudor. Casi siempre acompañados de adjetivos tan descriptivos como sucio, denso, maloliente, caliente, espumoso, infecto, hediondo, pringoso o nauseabundo. Creedme: no los cito al azar.

Dejando de lado el estilo y en lo que respecta al argumento de ‘Las baladas del ajo’ propiamente dicho, me gustaría realmente saber si existe un atisbo de exageración en algunos de los detalles que se vislumbran en las tramas de los personajes. Como sucede a menudo, especialmente en las historias que se desarrollan en localidades pequeñas como Condado Paraíso, al final las vidas de sus habitantes de cruzan inevitablemente. De sus relaciones aprenderemos mucho de la concepción de la vida en la China más profunda. Aunque, ciertamente, algunos pequeños detalles suscitan mis dudas sobre su absoluta realidad. Por ejemplo: ¿será lo normal ese trato, físico y psicológico hacia los hijos?; esas condiciones de vida, ¿están sobredimensionadas por Mo Yan para dramatizar aún más en lo que nos cuenta?; ¿es cierta esa falta de higiene?; ¿hasta qué punto son habituales algunas de esas absurdas costumbres? No puedo dejar de pensar que la acción se desarrolla en 1.987… eso es casi S.XXI.

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No obstante todas estas preguntas, creo firmemente que existen verdades incontestables en lo que vemos en ‘Las baladas del ajo’. Esas personas viven condicionadas de forma irremediable por un omnipresente y totalitario gobierno, reflejado en cada uno de los funcionarios y servidores del régimen, que controlan en nombre del Estado los movimientos de aquellos a los que, supuestamente, han liberado. Es dramático. Pero además existe, intangible pero evidente, un mundo de tradiciones y supersticiones que rigen sus destinos, y que a los occidentales (insisto, en pleno 1.987) se nos escapa un poco. Lo cual no hace que sea menos auténtico.

Para quien no lo sepa, Mo Yan es un seudónimo del autor, cuyo nombre real es Guan Moye, y que significa “El que calla”. Viene siendo una declaración de intenciones. Fue Premio Nobel en 2.012.

Ilustrado (Miguel Syjuco)

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Ilustrado (Miguel Syjuco)

Si queréis leer algo diferente, tanto en contenido como en forma, no lo dudéis: “Ilustrado” no os va a decepcionar. Se trata de la primera novela de Syjuco, hasta entonces un desconocido autor filipino que rompió todos los moldes con esta obra desde su publicación, obteniendo el Man Asia Literary Prize 2008, entre otros.

A pesar de su complejidad estructural, la superposición de estilos, y sus juegos con la fragmentación del tiempo, Syjuco logra mantenernos firmemente intrigados con la historia de Crispín Salvador, un escritor filipino en horas bajas, misteriosamente desaparecido, que ha dejado inconclusa su obra maestra. Aquí es donde empieza lo bueno, porque el auténtico protagonistade “Ilustrado” es un joven y debutante escritor, amigo personal, aprendiz y protegido del malogrado Crispín, y (agarraos los machos) que no es otro que el propio Miguel Syjuco.

Jugando de esta manera a combinar hasta el paroxismo realidad con ficción, en cuanto comienzas a dejarte seducir por la historia, no llegas a diferenciar cuándo comienza la una y termina la otra.

Todo esto con una ciudad – Manila -, desvirtuada, corrupta, vencida tras el post-colonialismo, como telón de fondo. Realmente esa decadencia poética de su ciudad natal, (ese recurso que tanto gusta a algunos autores), hace de Manila una protagonista más.

Es mejor no ser muy pródigo contando detalles del argumento de “Ilustrado”, para no arruinarle a nadie la intensa sensación de tenerlo en sus manos y descubrir cómo la novela negra podía llegar a reinventarse a través de un jeroglífico que mezcla vida real y literatura de forma tan correctamente dimensionada (OMG! visto está que esta crítica está inspirando mi expresividad), dejándote un agradable mareo final, como cuando miras más tiempo del debido un caleidoscopio.

Estambul (Orhan Pamuk)

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Estambul (Orhan Pamuk)

Comencé este libro con muchas ganas. Ya sabéis: eso siempre te predispone a un resultado positivo, pero corres el riesgo de crear unas expectativas que finalmente pueden no llegar a cumplirse.

Llegué a Orhan Pamuk -como a tantos otros escritores no occidentales- a través de la concesión del Premio Nobel de Liteartura en 2.006. Esto, que a priori puede parecer una garantía, nos puede llevar a conocer los más áridos rincones de la Literatura. Porque no siempre lo considerado mejor es lo más fácil de consumir, en fin, el debate de siempre: calidad versus divertimento, y bla, bla, bla…

Y es que es totalmente cierto: hay novelas y autores imposibles, infumables para la mayoría; mientras que muchas obras que han conseguido grandes éxitos de ventas nos pasan por delante de nuestras narices sin que les prestemos atención, sólo porque las consideramos mayoritarias. Esto se resume en una sencilla palabra: los prejuicios.

Pero bueno, estamos aquí para hablar de “Estambul”, la original autobiografía de Pamuk que, sí, finalmente terminó por engancharme y dejar en mí ese sabor de boca tan especial que (afortunadamente) no se ha ido con los años.

Para los que no conozcáis Estambul os diré que es una ciudad fascinante, incluso para un primer contacto como turista estándar, puede dejarte embelesado en cuatro días con sus contrastes y su combinación de tradición y modernidad. Las calles, las casas, las zonas menos transitadas, y las más turísticas también… todo tiene un encanto especial si sabemos verlo. Así pues, éste fue otro elemento que me hizo llegar a este libro de lo más receptiva.

Ahora bien, aunque reconozco que me atrajo en un principio el hecho de que no se trata de una biografía al uso, y que la vida de Pamuk tampoco es que sea moco de pavo, según iban pasando los capítulos sí que se me hacía cada vez más denso el recorrer de su mano (es un decir, amigos) esta ciudad que tan bien conocía él, y que descubrí que tan, pero tan poco conocía yo. Orhan Pamuk es un científico de su ciudad natal, un auténtico fan fatal, entregado a recorrer sus avenidas y plazas una y otra vez desde su más tierna infancia, a fotografiar sus casas, dibujar las fachadas, los cruces de caminos, las calles menos pavimentadas, los restos arqueológicos menos conocidos, y los rincones más secretos. Esto le hace un erudito de Estambul aunque cueste unas cuantas de cientos de páginas darse cuenta. Sabe de lo que habla, y no se limita en exclusiva a contar lo que sabe de sí mismo, que también, sino a enmarcarlo de una forma milimétrica en la ciudad que tanto ama, y que fue testigo de todo cuanto relata.

Como digo, la vida de Orhan Pamuk no tiene desperdicio (¿por qué esta gente casi nunca tiene vidas aburridas?). Hijo de una familia acomodada pero cuyos padres vivieron una relación insatisfactoria e infeliz, el autor acaba marcado por esa ciudad tan mediterránea y oriental al mismo tiempo, mucho más de lo que yo misma puedo decir de que me marcó mi propia ciudad (y eso que, inevitablemente todos estamos marcados de alguna forma por el lugar donde crecimos).

De verdad: es que este hombre es un virtuoso de Estambul (si se puede usar esta expresión) desde su más tierna juventud, con una entrega hacia su propia ciudad que no estamos acostumbrados a vivir. Será que suele deslumbrarnos más lo que hemos descubierto en nuestra vida adulta. Lo mejor de todo es que, cuando uno termina el libro, ese largo paseo que supone su lectura nos deja la sensación de compartir con Pamuk la pasión que, año tras año de su existencia y arropándole en cada capítulo de su vida, el autor vive por su ciudad. Llegamos a identificarnos con sus gustos, que recién descubiertos por nosotros, podemos llegar a comprender y compartir: el arte del detalle en los dibujos de Melling, por ejemplo, o sin lugar a dudas, las fotografías antiguas de las calles sucias, de los barrios pobres, sin pavimentar, mal iluminadas, los palacetes derruidos, consumidos por las llamas…

Lolita (Vladimir Nabokov)

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Lolita (Vladimir Nabokov)

Empecemos diciendo sobre esta obra que no se trata de una novela erótica, como hasta hace poco ha solido ser considerada por muchos. Tiene muchos calificativos, pero desde aquí queremos reivindicar, al igual que el propio Nabokov en su día, que Lolita no es una sucesión de escenas de contenido erótico y que por lo tanto, nunca podría encajar en este tipo de estilo literario, sino que más bien se nos relata una historia tensa, dolorosa, destinada al fracaso, casi enfermiza, de amor. Un amor nada convencional, desde luego. Para empezar, por no correspondido, lo que lo hace injusto, dominante e inútil. No obstante, en este contexto que hemos descrito, podríamos afirmar que Lolita es en mayor medida una sucesión de escenas “románticas”, si se me permite el epíteto (desde luego, no se atienen a los cánones del amor romántico tal y como lo canta Luis Miguel), por el hecho de que hablan más de amor que de erotismo.

Bien, hecha esta puntualización empecemos a analizar esta fascinante, fascinante historia. Para nada es lo que, personalmente, había imaginado que sería. Aviso a navegantes (como hacemos en otras ocasiones) que la prosa de Nabokov no es fácil, sino que tiene cierto toque de complicación por sofisticada y compleja. Puede resultar un tanto confusa en tanto en cuanto la descripción de las emociones, pero también de los paisajes. No en vano estamos hablando de uno de los mejores autores del S.XX. De todas formas, es cuestión de acostumbrarse en las primeras cuatro páginas, ya que el mensaje es sencillo y llega al lector sin problemas. Sobre esta cuestión hemos de decir que este escritor se había desenvuelto hasta el momento de escribir Lolita siempre en ruso, su legua materna. Y que se propuso escribir en inglés después de trasladarse a EE.UU.

Para ello decidió retomar una historia que ya había dejado perfilada en ruso, aunque introduciendo no pocos cambios en la misma con posterioridad, hasta llegar a nosotros tal y como la conocemos.

Con respecto a lo dicho sobre las descripciones de los paisajes (ya que Lolita se trata de una historia de carretera), estos tienen su importancia puesto que imprimen la percepción del propio Nabokov como extranjero en aquellas tierras, que podríamos denominar la “América profunda”. Veamos un ejemplo de este tipo de descripciones: “Poco a poco los modelos de esas rusticidades elementales se fueron haciendo tanto más extraños ante mis ojos cuanto más de cerca los conocía. Más allá de la llanura cultivada, más allá de los tejados de juguete había una lenta difusión de inútil encanto, un sol bajo, en medio del halo platinado, de tintes tibios, color durazno pelado, que invadía el borde superior de una nube bidimensional, gris-paloma, medio fundida con la distante niebla amorosa.” Ahí es ná… ¿Entendéis ahora lo de la prosa sofisticada?

Sin embargo no toda la novela está escrita con tal vocabulario, sino que en realidad es fácil que la historia llegue a arrastrarnos como en los casos de los mejores best-sellers. Tiene suficiente fluidez, y el testimonio de Humbert, el desdichado protagonista agobiado por la culpa, primero, y por el recuerdo, después, resulta tan auténtico y desgarrado, que consigue hacernos llevar y dejarnos profunda huella. Este pobre hombre – fascinado hasta el tuétano por las nínfulas– se debate entre sus más bajos instintos y la intención más ferviente de no corromper a su “víctima”.

Y ésta es otra de las grandes sorpresas de la novela: la propia Lolita. Según se mire, no tiene mucho de víctima, en realidad. Aunque se ve inevitablemente arrastrada por esta historia de la que termina participando, un poco por necesidad, y un poco también por interés.

Esta forma de tratar una relación pedófila, semi-incestuosa, procurar explicar los motivos, las distintas intenciones de sus protagonistas, conocer los deseos más íntimos y egoístas de cada uno de ellos, así como el tirón y la profundidad de los personajes (todo ello resultan grandes sorpresas para el lector que no conozca mucho de esta novela), ha llevado a varias adaptaciones al cine de Lolita: una primera de Kubrick, de 1.962, y otra posterior de 1.997, de Adrian Lyne. Los enlaces a las pelis son de Filmaffinity. En la primera versión, al castigado por la culpa Humbert lo protagoniza un enorme James Mason. Mientras que en la segunda, a Jeremy Irons Humbert se le queda en un pobre hombre con cara más triste que Bambi en el día de la madre . Sin embargo, con las Lolitas pasa, en mi opinión, al contrario: Dominique Swain clava a esa niñata maleducada, desgarbada, sucia y definitivamente sexual. En fin, para gustos los colores, aunque como es habitual, creo que ambas desmerecen la calidad de esta obra.

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

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El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (Haruki Murakami)

Me confieso públicamente fan-fatal de Murakami. Lo cierto es que aún no he leído todas sus novelas, y he de reconocer también que llegó a mí un poco de rebote (por no contar la historia “larga” de que llegó a casa y no fuí yo quien había escuchado hablar de él. Vamos, en la inopia total). Sin embargo el hecho de que El fin del mundo… fuera una edición de Tusquets ya me olía bien. Así que me dispuse con mucha curiosidad a ver de qué iba esto de los autores japoneses. Bien es verdad, y lo digo por si hubiera alguien interesado en iniciarse con este autor, que no tiene muchas coincidencias con otros autores japoneses contemporáneos que yo conozca. Porque… cómo explicarlo… Murakami es capaz de crear universos enteros en cada una de sus novelas. Y eso no lo digo yo, que soy una pobre bloggera aficionada a la lectura. Se le ha catalogado como el escritor más cool del mundo, o como artífice del pop art literario. Casi ná. Anda que también los críticos literarios tienen sus días de máxima inspiración…

Os aconsejo fervientemente leer este “retrato robot” sobre el escritor que realizó el periódico The Times, y que encontraréis traducido aquí gracias a Papel en Blanco. Vamos, que es todo un personaje.

Como decía, como pers

ona este señor debe ser ciertamente especial. Tiene ciertas fijezas con algunos de sus hobbies como dejó bien claro con la obra De qué hablo cuando hablo de correr, una especie de diario profesional de lo que son sus entrenamientos, sus dietas, sus marcas, las maratones en las que ha participado (debidamente documentado y acompañado de fotografías), así como las sensaciones que le proporciona esta actividad, anotadas con todo detalle, como suele hacer siempre que un tema le interesa y le produce cierta fascinación. Pero no engañarse: no es una novela. De hecho es un libro que me veo incapaz de llegar más allá de hojear. Demasiado atletismo para ser leído.

Lo que quiero decir con esto es que Murakami… is different.

Retomemos El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Esta obra me dejó fascinada. Tanto, que aunque he seguido leyendo a este autor, aún no he encontrado otra de sus obras que me dejara con la boca igual de abierta. Eso sí: no es una novela que yo aconseje a principiantes. Es árdua de leer al menos en sus primeros capítulos. Porque su estructura, como ocurre en algunas otras de sus novelas como Kafka en la orilla (de la que hablaremos en otra ocasión), se repite eso de las dos historias paralelas que se alternan y que aparentemente no tienen puntos coincidentes. Hasta que llega un momento en que ambas convergen, bien a través de los personajes, bien a través de las situaciones. Y entonces todo empieza a encajar. O todo lo contrario. Pero lo que sí puedo asegurar es que la trama llega a ser hipnótica (y esta palabra no está elegida al azar), enganchándonos con la historia aunque no seamos capaces de entender muy bien qué narices está pasando. Murakami dosifica las explicaciones de manera que llegues a sentir un poco esa ansiedad y desorientación que están sufriendo sus protagonistas. Personalmente, creo que no es una sesación fácil de provocar a través de las palabras. Y en eso le doy un 10.

A través de historias que parten de personajes atormentados, perdidos, en plena búsqueda de respuestas, este autor consigue meternos en mundos que pasan de la intriga propia del género policíaco, a la pura ciencia ficción. Pasando por la Filosofía.

Porque he encontrado ciertos rasgos que aparecen en numerosas de sus novelas, como suele pasar cuando hay temas que preocupan e inquietan de forma particular a algunos autores. En el caso de Haruki Murakami son la Literatura, la Filosofía, el amor más platónico, la muerte. Cuando trata más ampliamente estos temas es cuando podéis encontrar que sus novelas se hacen un poco más… densas. También hay detalles (menos profundos, no va a ser todo ponerse intelectual) que aparecen en varias de las obras de este señor: las bibliotecas, los gatos (¡!), el mundo más espiritual (incluyendo aquí a los espíritus y personajes malignos), el sexo, la comida o la higiene personal. Me gusta especialmente cuando describe con tanta precisión cómo cocinan o se asean sus personajes. Le queda todo tan pulcro y tan bien contado, que te da por pensar en si él hace este tipo de cosas tan mecánicamente. ¡Cuánto detalle en tan pocas palabras!

Por lo demás remarco aquello de que consigue imbuirte en un mundo totalmente personal, único, y profundamente asocial, así que si en algún momento buscáis una lectura un poco más sofisticada, un libro que os haga revolveros en el sofá, disfrutar de la turbación y las historias imposibles, Murakami es vuestro autor.

Mil soles espléndidos (Khaled Hosseini)

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Mil soles espléndidos (Khaled Hosseini)
Mil soles espléndidos. El título me parece de lo más poético. Luego, según vas avanzando con esta novela, te das cuenta de que es mucho más dura de lo que prometía un título tan cálido. Supongo que el autor pretende que, a pesar de este tipo de historias, no perdamos la esperanza en la vida, insistir en que también se puede salir de según qué situaciones a pesar de tenerlo todo en contra. De hecho, Mil Soles viene a ser la historia de dos personas que, por devenires de la vida, terminan por tenerlo todo en contra: mujeres, solas, huérfanas o repudiadas, nada menos que en el Kabul tomado por los talibanes… Os podéis hacer una idea de lo que llega a ser el crudísimo día a día de estas dos mujeres. Dos historias sin nada en común que terminan por encontrarse, reconocerse, y finalmente cobijarse la una en la otra hasta que el destino de cada una termina por decidir quién gana y quién pierde en esta historia. Y eso de ganar, es una forma de hablar en este caso.
Creo que ninguna mujer en Occidente puede llegar a saber lo que sería que te despojen de todos tus derechos casi de un día para otro. ¿Os imagináis que no pudiera veros un médico por ser mujeres? ¿Que tu marido pueda entregar a tus propios hijos a una institución sin tu permiso? ¿Que no nos dejaran siquiera conducir? ¿Sabéis que los talibanes llegaron a prohibir cosas como cantar o escuchar música, por ejemplo? No quiero hacer comparaciones, pero pensemos en algunos regímenes totalitarios donde lo peor que nos podía pasarnos era no poder expresar en voz alta nuestro ideario político.
¿Os podríais imaginar, además de lo que eso supone, no poder siquiera decidir si una noche quieres tener sexo con tu marido, porque puedes ir a la cárcel?
Me parece una lectura casi obligada para mujeres como nostras: que no hemos sabido nunca qué tipo de vida es ésa, pero queremos conocer por qué en algunos lugares las cosas son tan diferentes. Saber qué es un “kolba”, o qué distintos significados puede tener el término “hamshira”. No en vano el autor termina la obra con un epílogo donde nos remite a webs como www.acnur.org.
En cualquier caso, no debemos quedarnos con el amargor que puede dejarnos alguna de estas historias. Como decía, Hosseini intenta por todos los medios darnos a entender que en medio de estas vidas tan maltratadas, también hay oportunidades de saber que hay personas buenas en todas partes. A pesar de guerras, dictaduras, sexismo, denigración y violencia. Esta novela está salpicada de personajes tiernos, humanos, y llenos de buenos sentimientos hacia sus semejantes, incluso si entienden o incluso comparten lo que el sistema talibán les ha vendido (o impuesto). Y como muestra, ojo al detalle de la portada, donde una mujer afgana recorre el desierto ¡con tacones! Las metáforas están para interpretarlas.
Como muchos sabréis, la primera novela de este autor es la aclamada Cometas en el Cielo, donde también lo simbólico aparece representado por las cometas, principio y fin de esta historia, como lo son el sol en la historia que nos ocupa. Existe una versión cinematográfica de esta primera obra de Hosseini, con varias nominaciones a premios internacionales como los Oscar, los Bafta o los Globos de Oro. Podéis ver el tráiler aquí.

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