Todo está en calma.
El peso de la nieve
dobla la rama
y el pájaro asustado
se refugia en mi choza.

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Todo está en calma.
El peso de la nieve
dobla la rama
y el pájaro asustado
se refugia en mi choza.



Al abrir, buscar una liga que te lleva a la prosa de Chimamanda
El mar lo trajo ahogado y hermoso lo llamaron Esteban.
Tal vez fue él quien comió de mi sopa o quien puso en orden mis papeles en el escritorio luego de que caí dormido en el sillón. Acaso él me haya puesto la pijama y me haya lavado los dientes… Hasta hace unos instantes abrigaba mis dudas, mas ahora que veo dormir a mi esposa y reconozco en ella la tez propia de sus ansiares satisfechos a plenitud, tengo la certeza: él… estuvo aquí.
Tomado de fb


Durante siglos, la cultura africana se ha visto oprimida por unas potencias extranjeras que trataron de inculcar su visión del mundo en gran parte del continente negro. Y es ahora, en pleno siglo XXI, cuando diferentes voces se han alzado para contar la realidad de ayer, hoy y mañana, siendo la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie una de las mayores embajadoras de esta nueva ola. Te invitamos a conocer los mejores libros de Chimamanda Ngozi Adichie a fin de sumergirte en todas esas historias congeladas en el tiempo y que hoy se abren al mundo para reivindicar la igualdad en todos sus sentidos.

Nacido como quinta hija de un matrimonio de la etnia igbo de Nigeria, Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977) vivió durante gran parte de su infancia en la misma casa que una vez perteneció al famoso escritor Chinua Achebe. Influencias que cimentaron la inquietud de una joven Adichie que a los 19 años,obtuvo una beca para cursar estudios de Comunicación y Ciencias Políticas en la Universidad Drexel de Filadelfia. Una formación que enlazaría con diversos cursos de escritura creativa y un máster en Estudios Africanos en la Universidad de Yale.
Con el paso de los años, Chimamanda se ha convertido en una de las grandes voces literarias de África, especialmente gracias a su habilidad para narrar todos los sucesos desde una posición tejida entre África y Estados Unidos. Entre las temáticas de sus historias, el feminismo y la globalización se encuentran entre los recurrentes, siendo sus diferentes conferencias Ted Talk las que consagraron su posición en un mundo globalizado que necesita de nuevas perspectivas.
Esto son los mejores libros de Chimamanda Ngozi Adichie:

Publicada en 2003, La flor púrpura se convirtió en el primer gran éxito de Adichie. Una historia que presenta a dos hermanos, Kambili y Jaja, dominados por un padre millonario y fanático. Expuestos a la cara más dura de la dictadura de Nigeria, ambos jóvenes cambiarán su perspectiva acerca de su propio país tras pasar unos días en el cálido apartamento de su tía Ifeoma. Muestra innata de la capacidad de la autora para ahondar en la problemática africana y retorcerla como miembro de una nueva generación, La flor púrpura es un inteligente ejercicio por parte de la autora a la hora de tratar de configurar la historia de su propio país. De un continente entero.

El 30 de mayo de 1967, la región nigeriana de Biafra consiguió independizarse del resto del país tras una guerra civil que acabó con miles de personas. Un conflicto analizado en Medio sol amarillo a través de tres personajes: Ugwu, el empleado de un profesor universitario, Olanna, la esposa del profesor, y Richard, un joven inglés enamorado de la misteriosa hermana gemela de Olanna. Personajes que se ven sacudidos por la guerra y deben adaptarse a la reescritura de la historia de un país a través de temas como el feminismo, la identidad o los efectos de las potencias extranjeras en la África postcolonial. La novela ganó el Orange Prize for Fiction en 2007.

Publicada en 2009, esta colección de cuentos evoca la esencia literaria de Adichie en su estado puro. Doce relatos que hablan de la realidad africana, de inmigrantes que llegan a Estados Unidos y desconocen qué es El Rey León, de familiares que crecen y callan historias del pasado o mujeres que aguardan en una Embajada cubiertas por moscas aferradas a un halo de esperanza. La perfecta obra con la que introducirse en el universo de esta escritora y comprender los diferentes aspectos en la vida de unos nigerianos que sueñan con alcanzar esa “tierra prometida” llamada América. Sin duda, uno de los mejores libros de Chimamanda Ngozi Adichie.
¿Te gustaría leer Algo alrededor de tu cuello?

Ifemelu y Obinze son dos jóvenes nigerianos enamorados quienes un buen día dejarán su país para marcharse juntos a Estados Unidos. Sin embargo, es Ifemelu quien consigue la visa para saltar al otro lado del Atlántico. Tras llegar a Occidente, y con vistas a estudiar en la universidad, la joven debe enfrentarse a los diferentes prejuicios latentes en Estados Unidos respecto a personas con su color de piel. Americanah, título que hace referencia al término en que los nigerianos se refieren a los compatriotas que vuelven de Estados Unidos con aires de grandeza, fue publicada en 2013 convirtiéndose en la obra cumbre de Adichie. Una historia capaz de adentrarnos en los muchos obstáculos que supone para un africano encontrarse en otra tierra diferente, tratando de alcanzar su propia visión de una vida próspera. La novela, un recurrente de los primeros puestos en las listas de literatura africana, ganó el premio National Book Critics Circle Award en 2014 y será adaptada en una miniserie protagonizada por Lupita Nyong’o.

Durante su Ted Talk de 2012, Chimamanda habló al mundo de feminismo, de uno equitativo y que respetase al hombre. Una igualdad que no supusiera la mirada extrañada de un aparcacoches de Laos cuando una mujer le da una propina o de un recepcionista al ver a la autora en tacones caminando por el hall de un hotel. Un discurso que se ganó el aplauso del público para, posteriormente, ser recogido en forma de ensayo en este Todos deberíamos ser feministas, un libro tan ligero como poderosos ideal para leer durante un vuelo.

Si bien Todos deberíamos ser feministas recoge el discurso de Adichie durante su Ted Talk 2012, su último libro publicado en España, El peligro de la historia única, transcribe el discurso de la escritora realizado en 2009. Un ensayo que clama la necesidad de no reducir una persona o país a una historia única, tratando de comprender todas las perspectivas y versiones que existen del mismo. Un ejemplo reside en el primer encuentro de la autora con su compañera de cuarto en la universidad de Filadelfia. Ella quedó sorprendida por su fluído acento inglés y le preguntó si escuchaba música tribal en su walkman. “Escucho a Mariah Carey”, contestó Adichie.
¿Te animas a leer estos mejores libros de Chimamanda Ngozi Adichie?
-¡Eh, caverna! -Dicho esto, añadió de nuevo-: ¿ignoras que tienes un pacto conmigo, según el cual yo te he de hablar al venir de fuera y tú me has de responder? Si no me respondes, pues, me voy a otra gruta.
El león al oír esto pensó: «Sin duda que caverna invita a éste siempre que viene y hoy se calla por temor a mí. Pues se ha dicho esto:
Cuando el miedo oprime el corazón, quedan sin poder obrar las manos, los pies, la lengua y demás; el temblor es el único que domina.
« Voy, pues, a llamarle yo para que entre y me sirva de comida». Habiéndolo pensado así, le llamó. El rugido del león llenó todo el ámbito de la caverna, retumbando en ella cien veces; de tal modo, que puso en fuga hasta las bestias que estaban lejos. El chacal huyó enseguida a todo correr y recitó esta zloka:
Quien procede con cautela vive feliz, y no vive el que obra sin discernimiento. Yo me he hecho viejo viviendo en el bosque, y nunca he oído que una cueva hable.

Okonkwo era muy conocido en las nueve aldeas e incluso más allá. Su fama se apoyaba en sólidos triunfos personales. Cuando tenía dieciocho años había honrado a su aldea derribando a Amalinze el Gato. Amalinze fue un gran luchador que se mantuvo siete años invicto, desde Umuofia hasta Mbaino. Le llamaban «el Gato» porque nunca tocaba el suelo con la espalda. Okonkwo había derribado precisamente a aquel hombre en un combate que todos los ancianos decían que había sido uno de los más encarnizados desde que el fundador de su poblado había luchado con un espíritu del bosque durante siete días y siete noches.
Batían los tambores, cantaban las flautas y contenían el aliento los espectadores. Amalinze tenía astucia y oficio, pero Okonkwo era escurridizo como un pez en el agua. Se le marcaban todos los músculos y los nervios de los brazos, la espalda y los muslos, y casi los oías tensarse, a punto de romperse. Al final Okonkwo derribó al Gato.
Eso había sido muchos años atrás, veinte o más, y durante ese tiempo la fama de Okonkwo había crecido como un incendio en el bosque cuando sopla el harmatán. Era alto y enorme, y las cejas pobladas y la nariz ancha le daban un aire muy severo. Respiraba estruendosamente y decían que sus esposas y sus hijos le oían respirar desde sus cabañas cuando dormía. Apenas tocaba el suelo con los talones al caminar y parecía que tuviera muelles en los pies, como si fuera a pegarle a alguien. Y pegaba a la gente con mucha frecuencia. Tartamudeaba un poco, y en cuanto se enfadaba y no conseguía pronunciar las palabras con la suficiente rapidez usaba los puños. No tenía paciencia con los fracasados. No había tenido paciencia con su padre.
Unoka, que así se llamaba su padre, había muerto hacía diez años. En vida había sido perezoso e imprevisor y completamente incapaz de pensar en el futuro. Cuando se encontraba con algo de dinero, que era raras veces, compraba enseguida calabazas de vino de palma, llamaba a los vecinos y lo celebraba. Decía que siempre que miraba la boca de un muerto comprendía que era un disparate no comer lo que tenías mientras estabas vivo. Unoka era un deudor, claro, y debía dinero a todos los vecinos, desde unos cuantos cauris a sumas bastante cuantiosas.
Era alto pero muy flaco y un poco encorvado. Tenía un aspecto triste y ojeroso salvo cuando bebía o tocaba la flauta. Tocaba la flauta muy bien, y sus momentos más felices eran las dos o tres lunas después de la recolección de la cosecha en que los músicos de la aldea descolgaban los instrumentos, que colgaban encima del fuego del hogar. Unoka tocaba con ellos, la cara radiante de paz y beatitud. A veces otra aldea pedía a la banda de Unoka y a sus egwugwu danzantes que fueran y se quedaran con ellos y les enseñaran sus melodías. Se pasaban en estos convites hasta tres o cuatro mercados, haciendo música y festejando. A Unoka le gustaba la buena comida y la buena amistad, y le gustaba la estación del año en que habían pasado ya las lluvias y todas las mañanas salía un
https://issuu.com/israelo71/docs/achebe_chinua_-_todo_se_desmorona
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En el siglo XXI, la literatura se ha vuelto un arte más democrático, aunque aún queden muchas batallas por ganar y prejuicios que sortear. Una situación que responde a una corriente en la que, durante siglos, la literatura occidentalse impuso en todo el mundo, incluyendo aquellos continentes en los que el hombre blanco puse los pies, condicionando el arte de una región o cultura sin permitirles expresarlo en su estado de gracia. Ngũgĩ wa Thiong’o, procedente de Kenia y eterno compañero de Murakami en eso de optar el Nobel, es una de las mejores voces del continente respecto a este tema y uno de estos 5 autores para aproximarse a la literatura africana.

Nacido en Ogidi, un pueblo de Nigeria, como miembro de la etnia igbo, Achebe es posiblemente el autor más universal del continente africano gracias a obras como Todo se desmorona, publicada en 1958. Una obra que toma como inspiración la propia infancia del autor, criado en un ambiente que comenzaba a ser conquistado por la evangelización anglicana, para contarnos la historia de un guerrero, Okonkwo, que asiste a la caída de su mundo tras la llegada del hombre blanco. Uno de los mejores autores para iniciarse en la literatura africana, sin duda.

La escritores africana más influyente de la actualidad (si entramos en el TOP Amazon de literatura panafricana, los cuatro primeros puestos son suyos) nació en Nigeria en 1977 y se crió en la casa de Chinua Achebe hasta que una beca la llevó a Estados Unidos, donde se formaría en Literatura Africana y Relaciones Políticas. Años después, el mundo sería testigo del buen hacer de Ngozi Adichie, autora que además de plasmar su visión del continente africano en libros como La flor púrpura o Medio sol amarillo también es la voz más firme de un feminismo presente en obras como Americanah, la más conocida, o el conjunto de cuentos Algo alrededor de tu cuello.

Mi favorito para ganar el Nobel de Literatura el pasado año (y el anterior, y el otro) es Ngũgĩ wa Thiong’o, autor keniata que ha sabido como pocos otros plasmar la situación de África en tiempos post-coloniales. Descolonizar la mente, uno de sus pocos libros publicados en España junto con El brujo del cuervo, es un ensayo que aborda la presencia de un hombre blanco que obligaba a los universitarios africanos a desdeñar su propia literatura y abrazar a Shakespeare, que convocaba reuniones de literatura africana marginando a quienes se negaban a abandonar sus lenguas locales en lugar del inglés. Ejemplos a los que habría que añadir el hecho de que una sencilla obra de teatro en en kikuyu, idioma natal del autor, fuera excusa suficiente para meter a su autor entre rejas. Fue en 1978, año durante el que Thiong’o escribió su primera obra en kikuyu en un rollo de papel higiénico.

Convertido en el primer africano en ganar el Nobel de Literatura en 1986, Soyinka es un autor nigeriano caracterizado por una prosa que adapta los mitos africanos a las formas de narración occidentales, especialmente tras haber estudiado varios años en Reino Unido. Su forma de mimetizarse con los blancos le supuso en su momento muchas críticas por parte de los círculos literarios africanos aún dolidos por los efectos del postcolianismo hasta que regresó a su continente, mimetizándose con sus escenas teatral y literaria. Aké: los años de niñez, en la cual narra su vida de los 3 a los 11 años, es posiblemente su obra más conocida.

Sudáfrica es el país que mejor ha definido los cambios de África durante los últimos cincuenta años, especialmente con episodios tan cruentos como el apartheid abolido en 1994. Coetzee, descendiente de colonizadores daneses llegados en el siglo XVII a Sudáfrica, ha plasmado su visión del racismo en el país del arco iris y sus nocivos efectos en la sociedad en obras como Verano o la más popular, Desgracia. En 2002, Coetzee ganó el Nobel de Literatura, sumándose al mencionado Soyinka, su compatriota Nadine Gordimer y el egipcio Naguib Mahfuz como los cuatro autores africanos reconocidos por el comité sueco hasta ahora.

Cae la niebla,
y sobre la ciudad
se escucha un sax.
