Han Kang y la vegetariana, Corea

Periodista y escritora surcoreana, Han Kang nació en la ciudad de Gwanju el 27 de noviembre de 1970. Pasó gran parte de su infancia en su ciudad natal antes de mudarse con su familia a Seúl. Tras finalizar sus estudios en la escuela, estudió letras en la Universidad Yonsei. Tras su graduación comenzó a escribir para medios como Samtoh o Publishing Journal, además de empezar a publicar sus primeros cuentos y relatos cortos.

Debutó con «El amor de Yeosu», trabajo publicado en 1995 y continuó con libros importantes para su carrera como La vegetariana, obra compuesta por tres cuentos («La vegetariana», «La mancha mongólica» y «Los árboles en llamas»). Este trabajo la llevó a ganar en 2016 el prestigioso premio Man Booker International Prize.

 

Iolanda Batallé, Han Kang y Sunme Yoon

Fragmentos literarios de la vegetariana
«Si me casé con ella fue porque, así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular. Su manera de ser, sobria y sin ninguna traza de frescura, ingenio o elegancia, me hacía sentir a mis anchas. No hacía falta que me mostrara culto para atraer su atención ni tenía que andarme con prisas para llegar a tiempo a nuestras citas. Tampoco había razón para que me sintiera menos cuando me comparaba con los modelos que aparecían en los catálogos de moda masculina. Ni mi barriga, que había comenzado a abultar a partir de los veintitantos ni mis delgados brazos y piernas, que no ganaban músculo a pesar de los esfuerzos que hacía -ni siquiera mi pequeño pene, que era la causa de un secreto complejo de inferioridad-, me preocupaban lo más mínimo cuando estaba con ella.»
Mi muñeca está bien. No me duele. Lo que me duele es el pecho. Tengo algo atascado en la boca del estómago. No sé qué es. Siempre está ahí. Ahora siento esa pesada masa a todas horas aunque no lleve el sujetador. Por más que respiro profundamente, no se me aligera el pecho.
Son gritos, alaridos apretujados, que se han atascado allí. Es por la carne. He comido demasiada carne. Todas esas vidas se han encallado en ese sitio. No me cabe la menor duda. La sangre y la carne fueron digeridas y diseminadas por todos los rincones del cuerpo y los residuos fueron excretados, pero las vidas se obstinan en obstruirme el plexo solar.
Por una vez, una sola vez, quisiera gritar con todas mis fuerzas. Quisiera salir corriendo por la oscura ventana. ¿Entonces podré desembarazarme de esa masa que me obstruye el pecho? ¿Será eso posible?
Nadie puede ayudarme.
Nadie puede salvarme.
Nadie puede hacerme respirar.»
«He tenido un sueño». Yeonghye ha tenido un sueño. Yeonghye tiene sueños. Y son esos sueños los que la impelen a tomar una decisión. Una decisión que llevará hasta sus últimas consecuencias. Una decisión que nadie comprenderá y de la que todos tratarán de hacerla desistir. Porque sorprende. Porque incomoda. Porque nadie está preparado para la silenciosa tenacidad de Yeonghye. Yeonghye ha tomado una decisión. Probablemente la primera que verdaderamente toma en su vida. Y nadie va a quitarle eso. Nadie va a quitarle el poder de decidir sobre sí misma.
«Tu propio cuerpo es lo único a lo que le puedes hacer daño. Es lo único con lo que puedes hacer lo que quieres. Pero ni eso te dejan hacer».
Ni eso te dejan hacer. Ni eso le dejan hacer a Yeonghye.

Yeonghye toma un día la decisión de no ingerir más carne. Al primero que sorprende su determinación es a su marido. Le inquieta casi más el cambio de hábitos y comportamiento de Yeonghye que la nueva dieta en sí. Se casó con ella porque era una mujer que no destacaba en ningún aspecto y esa falta de atractivo no ponía de manifiesto su propia mediocridad. La única peculiaridad de Yeonghye cuando la conoció era su negativa a usar sujetador, a oprimir ese pecho que para ella es la única parte de su cuerpo incapaz de dañar. También la eligió porque era servicial y le hacía la vida más fácil. El día que Yeonghye toma la decisión de no volver a comer carne es el primero de su vida de casados en que ésta no le ayuda a prepararse para ir al trabajo ni le acompaña a la puerta, un primer indicio de la nueva situación que se avecina y que terminará por tornarse insostenible.

El esposo acudirá a la familia de Yeonghye en busca de ayuda: padres, hermanos, cuñados. Todos tratarán de hacerla desistir de su negativa a tomar carne; con firmeza (perdón por el eufemismo), con ruegos, con más o menos tacto. La preocupación que sienten por su cada vez más deteriorado estado de salud se mezcla con la incomprensión que les produce su obstinado comportamiento que llegan incluso a tildar de egoísta.

«Yeonghye, come. Si comes, te nacerán las fuerzas».

«Si no comes carne, te devorará el resto del mundo».

Afirma Han Kang, autora del libro que os traigo hoy, que «rechazando la carne, mi protagonista rechaza la violencia del ser humano». Cuenta también que para ella escribir es hacer preguntas y que La vegetariana «es una pregunta imposible. Hay una mujer, un ser humano que ya no quiere formar parte de la humanidad. Un ser que pone en juego su vida para no dañar a nadie ni a nada, un ser a quien un día deja de importarle en absoluto vivir o morir». Con su novela la escritora coreana tan solo quiso preguntar «si una mujer así se quedara en silencio, y llevara a cabo su decisión, qué es lo que pasaría; con qué se encontraría al final del camino».
Con qué se encontraría. Y hacia dónde (hasta dónde) nos llevaría Yeonghye con su silencio.

El silencio de Yeonghye es un aullido, como los gritos y alaridos que siente aprisionados en su pecho durante sus sueños; es fiereza bajo la aparente calma. A Yeonghye nos la cuenta su silencio, esos mismos sueños y los tres personajes que Han Kang elige para ello y que dividen esta novela en tres partes cada una de ellas más cautivadora, más subyugante, más paralizante.

El marido. El cuñado. La hermana..

En la tumba de Marlon Brando «omerta»

 «¡Otra vez protagonista de la ley del silencio!»

Pero detrás del epitafio hay una historia:

Texto escrito por sergio Rincón y tomada de Sinembargo.mx

Las novelas de Mario Puzo —y las películas basadas en ellas—, los artículos de Roberto Saviano o las mismas noticias que recogen los medios de comunicación recurren a un mismo término: omertà. Si hablan de la mafia, resulta inevitable mencionar este código del honor —de origen siciliano— que apela al silencio y a la lealtad a la organización, que la propia organización impone.

 

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Leer a Puzo es abrir un mapa del corazón arraigado y salvaje de la vieja Sicilia. A través de la pluma de aquel hijo de migrantes napolitanos y analfabetas se puede conocer la filosofía, el amor, el odio, la venganza, la vida y la muerte de los italianos más bravos de la región del Mediterráneo, y –sin exagerar- de cualquier hombre. Al menos 200 años de historia de aquel pueblo cubren la páginas de muchos de sus libros.
 
Nació el 15 de octubre de 1920 en Nueva York. Creció y dio sus primeros pasos en la famosa Hell’s Kitchen (La Cocina del Infierno), en el Wets Side de Manhattan. Hizo sus estudios de Ciencias Sociales en la Universidad de Columbia y prestó su servicio en las Fuerzas Armadas durante la II Guerra Mundial.
 
A los 45, Puzo escribió El Padrino, novela que lo sacó de la pobreza haciéndolo millonario. Esta gran historia no fue de todo su agrado; siempre dijo que pudo hacerla mejor pero no fue así porque la escribió por encargo. De hecho, aseguró que El Padrino, era una novela inferior que las dos anteriores (Dark Arena, 1955; y The fortunate Pilgrim, 1965). Mario sólo aceptó escribir la obra inspirada en la vida de Carlo Gambiano porque debía 20 mil dólares.
 
 
Bastó una hora, diez líneas escuetas sobre el proyecto de El Padrino y la elocuencia característica de Mario para convencer a la editorial Putnams Sons. “Me ofrecieron de inmediato un cheque por 5 mil dólares de anticipo que cobré, pero con el dinero en la mano por supuesto que no me puse a escribir el libro. Yo en verdad, no tenía ganas de escribir El Padrino. Me tardé tres años en la novela, y durante ese tiempo me dediqué a escribir tres historias por mes para el editor Goodman como free-lance”, confesó el autor.
 
A cuatro décadas del éxito literario de Puzo, que en 1972 fuera llevado a la pantalla grande por el director cinematográfico Francis Ford Coppola, resulta sorprendente el culto que se sigue rindiendo al bondadoso capo Don Corleone eternizado por el actor Marlon Brando, quien obtuvo el Oscar, gracias a aquel papel donde la mafia cesó de juzgarse como genio de maldad criminal.
 
Obtuvo dos premios Oscar de Hollywood en calidad de coguionista -junto al director Francis Ford Coppola- por El Padrino(1972) y El Padrino II (1974), que en total obtuvieron nueve estatuillas.
 
Con seis millones de dólares de la época como presupuesto, la película recaudó más de 230 en el mercado internacional tras su estreno el 15 de marzo de 1972 en Nueva York, lo que desbancó a la película que llevaba 33 años encaramada en el récord, Lo que el viento se llevó.
 
“El Padrino contesta a todas las preguntas que uno puede hacerse en la vida”, en palabras de Joe Fox, uno de los protagonistas de la película Tienes un e-mail (Nora Ephron, 1998).
 
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Algunos piensan que con El Padrino Puzo más que literatura, hizo periodismo –cabe destacar que fue reportero freelance–. Recolectó, retrató y contó lo que en aquellos años, y que hasta la fecha, no se puede narrar sin que se arriesgue el pellejo. Sus personajes son ficticios, todo mundo lo sabe, pero algunos fueron basados en figuras con nombre, apodo y apellido en la vida real. Como por ejemplo: Carlo Gambino, Frank Costello, Bugsy Siegel, Frank Sinatra, Al Capone, y algunos miembros de la alta cúpula de la iglesia católica.
 
 
No obstante, él siempre negó haber estado cerca de aquellas figuras del crimen: “Me da vergüenza decir que escribí El Padrino basándome únicamente en investigaciones. Nunca en verdad llegué a conocer ninguno de los gangsters que menciono en mi novela”.
 
Tuvo otras obras relacionadas con el crimen organizado: El último Don, El siciliano y la primera de sus obras póstumas, Omertá. Todas fueron un éxito, y siguen abonando miles y miles de dólares año con año.
 
Mario Puzo tenía la gracia de provocar que el apetito se vuelva infinito. Es experto en que el lector sea exigente y crítico de la gastronomía. Capítulo tras capítulo de cualquiera de sus libros, se puede terminar extasiado y hambriento. Jarras de vino con limones frescos, pan, exquisitos quesos, y manjares a base de tomates jugosos, albaca y pimienta son algunos de los ingredientes que no pueden faltar al banquete literario.
 
Fue amo y signor del buen decir y de la belleza en la palabra. Puzo cuidó milimétricamente cada detalle, expresión, o lo que sea que esté plasmado en sus textos -aunque no le gusten–. Hablar de la mafia no ha de ser cosa fácil, quizá en eso radica el la precisión.
 
Siempre se declaró ateo; sin embargo, en su trabajo literario, habla de Dios como si fuera esa magnánima y única fuerza amorosa que rige el universo. Conocía la religión católica como un cazador de zorro rojo conoce al bosque.
 
Pudo, con la misma fineza, cuidado y elegancia, describir el bello rostro del joven Salvatore Giuliano en El Siciliano, que la brutalidad del temible Luca de Brasi, el guardaespaldas más leal de Vito Corleone. Las cualidades y defectos de los enemigos del El Don; que la ternura y virginidad de la joven Apollonia. Lo hizo, habló, y rompió la sagrada y secreta ley de Omerta (Ley del silencio); habló de La Cosa Nostra, y también de la alta cúpula de la iglesia católica, “los amigos de los amigos” y de la historia de la M.A.F.I.A (“Morte Alla Francia, Italia Anella“)
 
Sus obras son un gran monumento del placer. Todo parte de eso. El dinero, el poder, la traición, la gastronomía italiana, el sexo… toda gran debilidad satisfactoria ha cabido en los escritos de Puzo.
 
Los mismos seguidores de este neoyorquino, piensan que sus mejores trabajos literarios no son los del mundo de la mafia -que han sido catalogados como muy buenos-. Claro es el ejemplo de Seis tumbas en Múnich, La cuarta K, Los tontos mueren, entre otros.
 
Mario padecía diabetes; en 1991 tuvo una operación al corazón. Murió a los 78 años de un ataque cardíaco en su casa de Long Island, en Nueva York.
 
Una semana antes de su fallecimiento, el escritor mantuvo conversaciones con los estudios de la Paramount Pictures para contribuir al diseño de una cuarta parte de El Padrino, un proyecto que también estaría dirigido por Francis Ford Coppola y para el que habían recibido una oferta inicial y que podría contar con las actuaciones de Leonardo DiCaprio y Andy García.
 
 

Sabadito alegre con dos fenómenos musicales y la marimba tabasqueña

 

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Rigo Tovar

Había ríos de gente que buscaban escucharlos. Más de cincuenta mil gentes que deseaban bailar al ritmo de su son. 

Rigoberto Tovar García (* 29 de marzo de 1946 – † 27 de marzo de 2005), mejor conocido como Rigo Tovar, era un cantante y músico mexicano nacido en Heroica Matamoros. Creó una mezcla musical entre la cumbia, la balada y el bolero con aspectos de rock. Muere el 27 de marzo de 2005 a causa de un paro cardiorrespiratorio.

Considerado un pionero quien introdujo instrumentos modernos a la dotación acostumbrada dentro de la música tropical y de cumbia (guitarras eléctricas, sintetizadores, bajo eléctrico y efectos de sampleo, y hasta batería eléctrica).

Rigo empezó su carrera musical en Houston, Texas a principios de los setenta. Fue el creador del grupo «El Costa Azul», llamado así por una cantina/bar en Houston, integrado por sus hermanos. Su primer álbum Matamoros Querido (1971) incluyó el tema homónimo y «Lamento de Amor» que fueron las que le abrieron las puertas musicalmente hablando a los Estados Unidos. Aparte de cantar canciones escritas por otros, Rigo era compositor de las letras y los aspectos musicales de sus canciones.

Acapulco tropical

Datos de Conjunto Acapulco Tropical

  • Donde Nació:Acapulco Guerrero, Mexico
  • Género(s):Cumbia
  • Ocupación:Grupo Musical
  • Disquera(s):RCA Victor

En las costa guerrerense, en el puerto de Acapulco, surge la agrupación llamada Conjunto Acapulco Tropical, que también retoma una de las vertientes de Mike Laure que a su vez como este grupo, se toma de la cumbia colombiana, el estilo de grabar cumbia con acordeón sumada a los acompañamientos y requintos de guitarra eléctrica hacia 1973. El Conjunto Acapulco Tropical de Walter Torres aún sigue teniendo gran éxito a pesar de que sus años de gloria nos remontan a la decada de los 70’s. Aúnque han pasado casi 4 décadas, siguen siendo muy solicitados para amenizar eventos publicos o privados sobre todo en la zona suroeste del país como Oaxaca y Guerrero. Su primer disco contenia tambien uno de los grandes temas del momento y todo un éxito de antologia: «Que bien que toca» .

A pesar de que la prensa especializada en su momento los catalogaba como “músicos corrientes”, ellos cobraban los más altos contratos, fueron los precursores de la música tropical en México, y durante más de una década completa fue el único grupo mexicano que que logró la hazaña de reunir 60 mil personas en un mismo lugar, en casi todas sus actuaciones se creaban tumultos, que sin embargo, era comparable a las de los grupos de cumbia de Colombia de los años 1960.

Por su sonido autóctono, sin embargo, en poco tiempo había tomado gran popularidad producienhttps://www.youtube.com/watch?v=lyqqgqAewZEdo de manera independiente sus temas tanto que, finalmente RCA Victor después de haberles rechazado, les contrata y aumenta su promoción llevándeles fuera de las fronteras llegando sus LP a ser populares en países como Estados Unidos, centro y parte de Sudamérica, principalmente en Argentina, donde actualmente se revenden su LP a través del mercado electrónico que llegaron a editarse en el país sureño mediante las filiales de RCA Victor. Sus temas «Cangrejito Playero», «Walter», «Mi lindo Acapulco», «¡Que bien que toca!» demostraron su popularidad.

La marimba

 

Nasrudin siempre escoge mal, anónimo árabe

Todos los días Nasrudin iba a pedir limosna a la feria, y a la gente le encantaba hacerlo tonto con el siguiente truco: le mostraban dos monedas, una valiendo diez veces más que la otra. Nasrudin siempre escogía la de menor valor.
La historia se hizo conocida por todo el condado. Día tras día grupos de hombres y mujeres le mostraban las dos monedas, y Nasrudin siempre se quedaba con la de menor valor. Hasta que apareció un señor generoso, cansado de ver a Nasrudin siendo ridiculizado de aquella manera. Lo llamó a un rincón de la plaza y le dijo:
—Siempre que te ofrezcan dos monedas, escoge la de mayor valor. Así tendrás más dinero y no serás considerado un idiota por los demás.
—Usted parece tener razón —respondió Nasrudin—. Pero si yo elijo la moneda mayor, la gente va a dejar de ofrecerme dinero para probar que soy más idiota que ellos. Usted no se imagina la cantidad de dinero que ya gané usando este truco. No hay nada malo en hacerse pasar por tonto si en realidad se está siendo inteligente.
Nasrudin

Augusto Monterroso y el cuento

Si a uno le gustan las novelas, escribe novelas; si le gustan los cuentos, uno escribe cuentos. Como a mí me ocurre lo último, escribo cuentos. Pero no tantos: seis en nueve años, ocho en doce. Y así.
Los cuentos que uno escribe no pueden ser muchos. Existen tres, cuatro o cinco temas; algunos dicen que siete. Con ésos debe trabajarse.
Las páginas también tienen que ser sólo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan fáciles de echar a perder como un cuento. Diez líneas de exceso y el cuento se empobrece; tantas de menos y el cuento se vuelve una anécdota y nada más odioso que las anécdotas demasiado visibles, escritas o conversadas.
La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo suena falso y aburrido y fullero. Hay que ser muy sabio para no dejarse tentar por el saber y la seguridad.

AUGUSTO-MONTERROSO

Augusto Monterroso Bonilla
Tegucigalpa, Honduras, 21 diciembre 1921 – México, D. F. 7 febrero 2003

Un poema de Rupi Kaur

Rupi_Kaur_reading_from_her_book_milk_and_honey_in_Vancouver_-_2017
¿Pensaste que era una ciudad
lo suficientemente grande como para una escapada de fin de semana?
Soy el pueblo que la rodea
del cual nunca escuchaste hablar
pero por el que siempre pasaste.
No hay luces de neón aquí
ni rascacielos o estatuas
pero hay trueno
pues hago temblar a los puentes.
No soy fritanga
soy mermelada casera
lo suficientemente espesa como para cortar
la cosa más dulce que tus labios tocarán.
No soy sirenas de policía
soy el chasquido en una chimenea.
Te quemaría y tú no apartarías la mirada de mí
porque me vería tan hermosa haciéndolo que te sonrojarías.
No soy un cuarto de hotel. Soy hogar.
No soy el whiskey que quieres
soy el agua que necesitas.
No vengas aquí con expectativas y tratando de hacer de mí una vacación. 

Rupi Kaur, Honey and Milk (2014)

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Bianca Li (1984) Estudiante de Humanidades y Sociales.

https://twitter.com/bla_camflo

Aki Shimazaki: El quinteto Nagasaki frag.

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Llueve desde la muerte de mi madre. Estoy sentada junto a la ventana que da a la calle. Espero al abogado de mi madre en su oficina, donde trabaja una sola secretaria. Estoy aquí para firmar todos los papeles de la herencia: el dinero, la casa y la tienda de flores de la que se ocupaba desde el deceso de mi padre, muerto de un cáncer de estómago hace siete años. Soy la única hija de la familia, y la única heredera declarada.
Mi madre le tenía cariño a la casa. Es una vieja casa rodeada de una cerca de arbustos. Atrás, un jardín con un pequeño estanque redondo y una huerta. En un rincón, algunos árboles. Entre los árboles, mis padres habían plantado camelias poco después de comprar la casa. Las camelias le gustaban a mi madre.
El rojo de las camelias es tan vivo como el verde de las hojas. Las flores caen al final de la estación, una por una, sin perder su forma: corola, estambres y pistilo permanecen siempre juntos. Mi madre recogía las flores del suelo, todavía frescas, y las arrojaba al estanque. Las flores rojas de corazón amarillo flotaban en el agua unos días.
Una mañana le dijo a mi hijo: «Me gustaría morir como una tsubaki. Tsubaki es el nombre japonés de la camelia».
Ahora, como era su deseo, sus cenizas están dispersas en la tierra alrededor de las camelias, y su lápida está junto a la de mi padre en el cementerio.
Aunque solo anduviera por los sesenta, decía que ya había vivido lo suficiente en este mundo. Tenía una grave enfermedad pulmonar. Era una sobreviviente de la bomba atómica que había caído en Nagasaki tres días después de Hiroshima. Esta segunda bomba causó ochenta mil víctimas en un instante e hizo que Japón capitulara. Allí también murió su propio padre, mi abuelo.
Nacido en Japón, mi padre partió después de la guerra rumbo a este país, donde su tío le había ofrecido trabajar en su pequeña empresa. Era un taller de ropa de algodón inspirada en la forma del kimono, recta y simple. Antes de irse, mi padre quería casarse. Una pareja de su familia organizó un miai con mi madre: se trata de un encuentro convenido con vistas al matrimonio. Mi madre era hija única, su madre había muerto también, de leucemia, cinco años después de la bomba atómica. Como se había quedado sola, mi madre decidió aceptar casarse con mi padre.
Con él trabajó sin descanso para desarrollar la empresa; luego, cuando se jubilaron, dedicó mucho tiempo a la tienda de flores que abrieron juntos. Asistió a mi padre hasta el último momento. En el funeral me dijeron que debía de haber sido feliz con una mujer tan dedicada como mi madre.
Solo después de la muerte de mi padre pudo llevar una vida más tranquila y discreta en compañía de una empleada doméstica extranjera, la señora S. Esta dama no entendía japonés ni la lengua oficial del lugar. Solo necesitaba dinero y una habitación, y mi madre necesitaba a alguien que pudiera ocuparse de ella en la casa. A mi madre no le gustaba la idea de vivir conmigo o en un asilo, menos aún en una clínica. En caso de necesidad, hacía llamar a su médico por la señora S., que apenas podía decirle por teléfono: «Venga a casa de la señora K.».
Mi madre, además, confiaba en la señora S. «Nos arreglamos», le contestó a mi hijo cuando le preguntó cómo se comunicaban entre ellas. «Me siento bien sin hablar. La señora S. es una persona discreta. Me ayuda y no me molesta en absoluto. No es una persona instruida. No me importa. Lo que cuenta para mí son sus modales.»
En cuanto a la guerra y la bomba atómica que cayó en Nagasaki, mi madre se negaba a hablar del asunto. Más aún, me prohibía decir en público que era una sobreviviente de la bomba. Pese a toda la curiosidad que yo había sentido desde niña, tenía la obligación de dejarla en paz. Me parecía que seguía sufriendo la pérdida de su padre, a quien la carnicería se había llevado.
Fue mi hijo, sin embargo, quien en su primera adolescencia empezó a hacerle las mismas preguntas que siempre me habían preocupado. Cuando se ponía demasiado insistente, mi madre le gritaba que volviera a su casa.
En sus tres últimas semanas nos decía que le costaba dormir. Le pidió somníferos a su médico. Fue en ese período cuando, de pronto, se puso a hablar de la guerra hasta por los codos. Mi hijo y yo íbamos a verla casi todas las tardes. Mi madre siguió hablándole del asunto incluso la víspera de su muerte.
Estaba sentada en un sillón de la sala, frente a la cocina, donde yo leía un libro. Podía verlos y oírlos a los dos.
Mi hijo le preguntó:
—Abuela, ¿por qué los norteamericanos tiraron dos bombas atómicas en Japón?
—Porque en ese momento solo tenían dos —dijo ella con franqueza.
La miré. Me pareció que bromeaba, pero su rostro estaba serio. Asombrado, mi hijo dijo:
—¿Quiere decir que si hubieran tenido tres habrían tirado la tercera en otra ciudad de Japón?
—Sí, creo que hubiera sido posible.
Mi hijo hizo una pausa y dijo:
—Pero los norteamericanos ya habían destruido la mayoría de las ciudades antes de tirar las bombas, ¿no es cierto?
—Sí, en los meses de marzo, abril y mayo, cerca de cien ciudades habían sido destruidas por los B-29.
—De modo que para ellos era evidente que Japón no estaba en condiciones de seguir combatiendo.
—Sí. Por otro lado, los dirigentes norteamericanos sabían que, en junio, Japón, por intermedio de Rusia, intentaba emprender negociaciones de paz con los norteamericanos. Japón también temía ser invadido por los rusos.
—Entonces ¿por qué lanzaron de todos modos esas dos bombas, abuela? La mayoría de las víctimas eran civiles inocentes. ¡Mataron a más de doscientas mil personas en unas semanas! ¿Qué diferencia hay con el Holocausto de los nazis? ¡Es un crimen!
—Así es la guerra. Solo se piensa en ganar —dijo ella.
—Pero ¡si ya habían ganado la guerra! ¿Para qué hacían falta las bombas? A mi bisabuelo lo mató una bomba que, en mi opinión, era totalmente inútil.
—No eran inútiles para ellos. Una acción siempre tiene razones y ventajas.
—Entonces dígame, abuela, ¿qué ganaron lanzando esas dos bombas atómicas?
—Amenazar a un enemigo más grande, Rusia.
—¿Amenazar a Rusia? Entonces ¿por qué no era suficiente con una sola bomba atómica?
—¡Buena pregunta, nieto mío! Creo que los dirigentes norteamericanos querían mostrar a los rusos que tenían más de una bomba atómica. Tal vez también quisieran ver qué efecto producía cada bomba, sobre todo la segunda, pues eran dos bombas distintas: la que cayó en Hiroshima había sido fabricada con uranio; la de Nagasaki, con plutonio. Gastaron en secreto muchísimo dinero en esas bombas. El norteamericano común no sabía de su existencia. Ni siquiera Truman, el vicepresidente de la nación, había sido informado. Puede que se vieran obligados a usarlas antes de que la guerra terminara.
Mi hijo no se conformó con esa respuesta. Siguió interrogándola:
—Si las bombas eran para amenazar a Rusia o para probar nuevas armas, ¿por qué lo hicieron con Japón, donde ya no quedaba nada por destruir? ¿Por qué no en Alemania?
—¡Ah, otra pregunta curiosa! Alemania ya había renunciado oficialmente a la guerra. Incluso de no ser así, los norteamericanos no se habrían atrevido a tirar bombas atómicas en el centro de Europa. Son descendientes de europeos, después de todo. Los norteamericanos consideraban que todos los japoneses, civiles o militares, eran sus enemigos, pues no eran hakujin.
—¿Incluso los cristianos? —preguntó.
—Por supuesto —contestó ella sin vacilar—. Cuando vivía en Nagasaki conocí a gente católica. Nagasaki es famosa por sus creyentes. Un día, una muchacha católica de mi escuela me dijo muy seria: «Los norteamericanos son cristianos. Si ven cruces en nuestra ciudad, pasarán de largo sin arrojar las bombas». Le dije enseguida: «Para ellos, los japoneses son japoneses». Y la bomba atómica cayó frente a una iglesia.
Mi hijo estaba callado. En realidad, la mitad de su ascendencia es europea. Sus bisabuelos eran alemanes. Su abuelo, nacido también en Alemania, pero criado en Estados

https://www.megustaleer.com/libros/el-quinteto-de-nagasaki/MES-085552/fragmento

Reseña de la librería de Mitzuko de Aki Shimazaki de Wilson Pérez Uribe

Esa sutil inocencia de las palabras en la obra de Aki Shimazaki: Hôzukim la librería de Mitsuko

Las cosas extrañas portan una sutileza encantadora. Vienen de a poco, nos son dadas gradualmente, como si tuviéramos que habituarnos a ellas para recibirlas. Quizá, sin titubeos, sea esta la experiencia que se deshilvana en la lectura de Hôzukim la librería de Mitsuko (2017)de Aki Shimazaki (Gifu, Japón, 1954), novelista y traductora canadiense de origen japonés. Un libro para acompañarnos durante un viaje o en una tarde de tibio sol. Traducida por Íñigo Júregui y publicado por Nórdica Libros, se nos ofrece una novela ligera por su extensión y no menos diciente por lo que se permite sugerir entre sus líneas.
Mitsuko vive con su hijo Tarô Tsuji y su madre, una anciana católica. Ella pasa sus días en una librería de su propiedad, especializada en la venta de libros de filosofía. Descubrimos una vida serena, apacible, la cual se complementa con un trabajo un poco distinto al habitual. Cada viernes en la noche cambia su tranquila posición de mujer vendedora de libros para trabajar en un bar de alta gama. Allí presta sus servicios y no se priva de variadas y particulares conversaciones con intelectuales y escritores. Mitsuko, de reservada personalidad, dice: “Cada uno tienen una vida única y problemas que pueden ser increíbles. Como se suele decir: ‘La realidad a menudo supera la ficción’. Pero, después de todo, la vida del prójimo no es asunto de nadie”. No le han interesado los problemas de las demás personas, no ha asistido al encadenamiento que impone otro ser. Hay en ella una ingenuidad que le permitía recordar una vida pasada donde abundaron los amantes, los viajes a otros países y algunas marcas propias de la vida que no reservarían esa áspera línea entre la alegría y la tristeza.
Tarô, hijo de Mitsuko, es sordomudo. En la novela se particulariza su condición a través de la mención de esa antigua lengua de señas que el niño aprende para comunicarse con su madre y su abuela. Sin embargo, no desconoce los ideogramas chinos (kanji) ni la escritura silábica japonesa (hiragana). En la infancia todos los comienzos son posibles: suerte de natalidad frente al mundo, acontecimiento de la mirada, experiencia de una poética del sentido. En este sentido, Aki Shimazaki ha recreado en Tarô la figura de un personaje inolvidable. Aficionado a la pintura, aprenderá ese silencio musical con el que se pueden mirar la cosas, no solo de su madre, sino también de su gato Sócrates, quien fue encontrado, en medio de la intemperie, por Mitsuko. Tarô, de siete años, conoce a Hanako, una niña que ingresa con su madre Sato a la librería buscando algunos libros de filosofía y psicología. El encuentro entre ambos niños será determinante para que otra historia vincule a las dispares Mitsuko y Sato. Un encuentro, único e indefinible, entre dos vidas que llegan a vincularse más allá del tiempo y del espacio, más allá de disímiles percepciones sobre la verdad y la mentira, dando a la historia un giro entrañable y sensato.
Si en la infancia asistimos a ese comienzo posible, es porque Torô nos revela otra dimensión del ser niño. Es decir, la inocencia es el fruto de una mirada honesta frente al mundo. No nos podemos privar de compartir este fragmento que resulta ser luminoso:

“Le explico a Tarô el significado de la palabra confesión.

—Si admito ante el cura el mal que hice, ¿de verdad Dios va a perdonarme? —pregunta, confundido.

—No lo sé, pero es lo que creen los católicos. A condición de que no repitas tu falta.

—¿El cura no le cuenta a nadie lo que ha oído?

—No. Su función es guardar el secreto.

—Incluso si le robo a alguien, ¿no me llevará la policía?

—No. El cura tratará de convencerte de que vayas tú mismo a la policía.

—Si me niego a ir, ¿llamará a la policía?

—No. Aun así, debe guardar el secreto.

—¿Y si la policía le pide que diga la verdad?

—Intentará convencerte, peo no te traicionará.

—¡Qué valiente! —exclama Tarô, impresionado.

—Sí, mucho, pero tú tampoco debes traicionarlo.

—¿Qué quieres decir?

—Que tú te arrepientes de lo que has hecho y no lo repites.

—Si todo funciona así —dice —, no hace falta policía ni cárcel”.

Aki Shimazaki propone en su novela una relación fría y tensa, en un principio, pero que se irá construyendo, a la manera de fragmentos que forman un objeto concreto. A través de Mitsuko y la distinguida señora Sato, la autora explorará la temática, siempre frágil y compleja, de la maternidad, el abandono, el aborto y la adopción. El lector que propone es un lector activo, como lo pensara Julio Cortázar. El lector habitará la historia, anudará las luces que se ocultan entre sombras, construirá una casa donde ambas mujeres habitarán en un destino común y compartido. La cercana amistad entre los dos niños, Tarô y Hanako, será ese puente entre el presente y el pasado. La analepsis abunda y el tejido tomará tramas y texturas no avizoradas. Será el lector quien las descubra, quien perciba al final un otro decir, para ligarse con hechos y recuerdos donde resuena, siempre, una cierta lección del amor.
Aki Shimazaki, en Hôzukim la librería de Mitsuko, nos comparte una visión íntima sobre cómo se anudan los lazos humanos. Es una novela que sigue diciendo luego de ser leída. La sugerencia ha sido una de las características más destacables en la literatura japonesa. No representar el mundo completamente, sino graduarlo para que se convierta en encuentro, en acontecimiento y, por qué no, en la felicidad de unos hechos que precisan de nuestra mirada para tomar la forma de la memoria en esa sutil inocencia de las palabras.

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Mini biografía

Aki Shimazaki nació en Gifu (Japón) en 1954, pero vive en Montreal (Canadá) desde 1991. Sus libros han sido traducidos al inglés, japonés, serbio, alemán, ruso y húngaro. Con «El quinteto de Nagasaki» ganó el Premio Ringuet de la Academia de las Letras de Quebec, el Premio Literario Canadá-Japón y el Premio Gouverneur-Général en 2005. Tras un segundo ciclo de cinco novelas titulado Au coeur du Yamato, en 2015 comenzó un tercero, Azami. Es también autora de las novelas «Tonbo» (2012) y «Hôzuki, la librería de Mitsuko» (2016)

Wilson Pérez Uribe (@WilsonP_U). Escribe poesía y ensayo. Algunos de sus poemas y ensayos han sido publicados en Colombia, España y México en revistas como La TaguaAurora BorealSuma CulturalOtro PáramoPeriódico de poesía UNAM, Literariedad, Desván y Cronopio, periodismo cultural, entre otros. entre sus poemarios destacan El amor y la eterna sinfonía del mar (Hombre Nuevo Editores, 2011) y  Movimientos (Universidad de Antioquia, 2018).

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El viaje de Ednodio Quintero

Al fin, después de tantos años la pareja estuvo lista para iniciar el viaje. Todos los preparativos anteriores se habían frustrado ante un olvido de último momento. Esta vez habían tomado en cuenta el más mínimo detalle. Conservaban el propósito de partir sin que sus vecinos se enteraran. Sin embargo en la esquina se arremolinaba un montón de curiosos cuando pasó el coche fúnebre.

Biografía

Ednodio José Quintero Montilla nació en Las Mesitas, Trujillo, Venezuela el 11 de marzo de 1947. Se mudó a Mérida, en 1965, para estudiar Ingeniería Forestal. Ha sido profesor en la Escuela Nacional de Artes Audiovisuales de la Universidad de Los Andes, y fue promotor de diversos proyectos culturales en Mérida como la revista y editorial Solar, el taller literario TAL y la Bienal Nacional de Literatura «Mariano Picón Salas».

Publicó en 1974 su primer libro de cuentos, La Muerte Viaja a Caballo, le siguieron Volveré con mis Perros, de 1975 y El Agresor Cotidiano, de 1978. Tras una crisis personal, no volvió a publicar hasta 1988 los cuentos La Línea de la Vida, y su primera novela La danza del jaguar, de 1991. También ha escrito novelas cortas como La Bailarina de Kachgar, de 1991; El rey de las ratas, de 1994, y El cielo de Ixtab, de 1995 y los libros de cuentos Cabeza de cabra y otros relatos, de 1993, El combate, publicado en 1995, y El corazón ajeno, en 2000, y la novela Lección física, a la que siguieron Mariana y los Comanches, de 2004; Confesiones de un Perro Muerto, de 2006; El Hijo de Gengis Khan, de 2013 y El amor más frío que la muerte, de 2017.
Ha publicado también los ensayos: De narrativa y narradores (1996) y Visiones de un narrador (1997) y dos guiones cinematográficos: Rosa de los vientos (1975), Cubagua (1987).

 En la tumba de Orson Welles:

«No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores».

(Kenosha, Estados Unidos, 1915 – Los Ángeles, 1985) Director, productor, guionista y actor de cine estadounidense. Hijo de un hombre de negocios y de una pianista, Welles fue un niño prodigio que a los dieciséis años comenzó su carrera teatral en el Gate Theatre de Dublín y cinco después (1936) debutó como actor y director en Nueva York. Durante su etapa teatral alcanzó notoriedad gracias a diversos montajes shakespearianos, como el de Macbeth, obra íntegramente representada por actores negros, o Julio César, todos ellos producidos por la Mercury Theatre, compañía fundada por el propio Welles y su socio John Houseman en 1937.
Su versión radiofónica del original literario de H. G. Wells La guerra de los mundos(1938) fue hasta tal punto realista que sembró el pánico entre miles de oyentes, convencidos de que realmente se estaba produciendo una invasión de extraterrestres. Avalado por este éxito, firmó con la productora RKO un contrato que le otorgaba total libertad creativa, circunstancia que aprovechó hasta el límite en su primer filme, Ciudadano Kane (1941).
Considerada como una de las obras más significativas de la historia del cine, esta especie de biografía imaginaria del magnate de la prensa William Randolph Hearst, protagonizada por el propio Welles -coautor también del guión, que escribió en colaboración con Herman J. Mankiewicz-, fue capital a la hora de sentar las bases del moderno lenguaje narrativo cinematográfico.
Sin embargo, el propio Hearst aprovechó los resortes de su poder para criticar duramente la película, que no consiguió el éxito esperado en Estados Unidos, mientras que hasta después de la Segunda Guerra Mundial no se estrenaría en Europa, donde enseguida se convirtió en una cinta de culto minoritaria.

 

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Otras frases
«Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Únicamente a través del amor y la amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos».

«Odio la televisión del mismo modo que detesto los cacahuetes. Pero no puedo dejar de comer cacahuetes».

«Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude».

«El escritor necesita una pluma, el pintor un pincel, el cineasta todo un ejército».

«No rezo porque no quiero aburrir a Dios».

Kim Thúy Vietnam

Kim_Thúy_-_Atlantide_2018

«cada domingo iba yo a la ribera de un estanque de lotos en las afueras de Hanói, donde siempre había dos o tres mujeres de espalda arqueada, de manos temblorosas, que, sentadas en el fondo de una barca redonda, se desplazaban por el agua con la ayuda de una pértiga para colocar hojas de té dentro de las flores de loto abiertas. Regresaban al día siguiente para recogerlas, una a una, antes de que los pétalos se marchitasen, después de que las hojas aprisionadas hubieran absorbido durante la noche el perfume de los pistilos. Me decían que cada hoja de té conservaba así el alma de aquellas efímeras flores.”

“… así es hasta la posibilidad de este libro, hasta ese instante en que mis palabras resbalan por la curva de vuestros labios, hasta esas hojas blancas que toleran mi surco o, más bien, el surco de quienes caminaron ante mí, por mí. He avanzado en la huella de sus pasos como en un sueño despierto donde el perfume de una peonía abierta no es ya un olor sino un florecimiento; donde el rojo profundo de una hoja de arce en otoño no es ya un color, sino una gracia; donde un país no es ya un lugar, sino un arrullo.”

 

Yo era dueña de la eternidad, porque el tiempo es infinito cuando no se espera nada.

Cuando el futuro no existe, porque no se espera nada, el presente consiste en viajar constantemente al pasado. Un presente vivido entre sabores y aromas, como compañeros de viaje hacia el pasado, hacia los pasados…

Todo un placer leer a Kim Thúy.

Algunos fragmentos:

p. 31:
“Por eso me llamo Mân, que quiere decir ‘enteramente colmada’ o ‘que no tiene nada más que desear’, o ‘a quien se le han concedido todos los deseos’.”

p. 50:
“Según él, las golondrinas profesaban un amor paciente e infinito a sus polluelos porque eran las únicas que fabricaban sus nidos sólo con ayuda de su saliva. Al comer los nidos, tendríamos más oportunidades de ser padres a nuestra vez.”

p. 52:
“De entre tanta preciosa recolecta, se me había quedado la palabra ‘indolencia’ del libro Buenos días, tristeza de Françoise Sagan, ‘languidez’ de Verlaine y ‘penitenciario’ de Kafka. Además Mamá me explicó qué significaba ‘ficción’ con la siguiente frase de Albert Camus en El extranjero: ‘Por la noche, Marie vino a buscarme y me preguntó si quería casarme con ella’, pues para nosotras era impensable que una mujer pudiese manifestar tal deseo. Y luego, sin conocer ni el principio ni el final de la historia de Marius, de Los miserables, lo había erigido en héroe porque, una vez, nuestra ración mensual de cerdo había venido envuelta en la frase: ‘La vida, la desgracia, el aislamiento, el abandono, la pobreza son campos de batalla que cuentan con sus héroes; héroes oscuros, más grandes a veces que los héroes ilustres…’.”

p. 84:
“Mamá me repetía a menudo que, en caso de conflicto, es mejor retirarse que insultar a alguien, aunque esa persona sea quien tenga la culpa. Si mancillamos al otro, nos ensuciamos la boca, ya que antes deberemos llenarla de ira, de sangre y de veneno.”

p. 89:
“Descubrí las Amapolas de Monet en el Museo de Orsay…”

p. 98:
“Me pareció particularmente menuda y envejecida. Parecía haber franqueado ese umbral donde dejaba que el tiempo la meciera no porque lo estipula el contrato, sino con ternura, como si se confiasen uno a otro y se burlasen con afecto de los torbellinos de la juventud.”

#AdoptaUnaAutora | ¿Quién es Duong Thu Huong?

Vietnam

Avatar de Isa MartínezReadings in the North

El 2017 no fue un año fácil y eso repercutió tanto en mis lecturas como en mi actividad en el blog. Debido a esto el blog estuvo bastante abandonado y por ello no pude centrarme tanto como quería en el proyecto Adopta una autora. Este año retomo este proyecto, con muchas ganas y por partida doble. Por un lado seguiré ahondando en la obra y vida de Nina Berberova, y por otro lado os daré a conocer a Duong Thu Huong. Precisamente hoy, en esta entrada, quiero crear una primera presentación de mi nueva autora adoptada, Duong Thu Huong

voyage-vietnam_litterature-vietnamienne-portrait-duong-thu-huong-1Duong Thu Huong nació en Thai Binh, en el norte de Vietnam, y creció con la Guerra de Vietnam como fondo y en pleno apogeo. Cuando estaba estudiando en el Colegio de Artes se animó y se ofreció para servir en una brigada de mujeres jóvenes en la…

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Diez escritoras contemporáneas que deberías empezar a leer ya mismo (si no lo estás haciendo)

 

¿Quieres leer escritoras pero no sabes por dónde empezar? Desde CANINO intentamos arrojar algo de luz a esta cuestión presentándote a diez escritoras contemporáneas de gran calidad con pequeñas píldoras que te ayuden a escoger no sólo la escritora, sino la obra que más se adapte a tus gustos.

Mientras la mayoría de lectores, nada más comenzar el año, planifican una serie de retos para motivar la lectura de libros, yo suelo plantearme proyectos que se convierten en un leitmotiv que me sirve de excusa para lo mismo (leer libros) pero se mantienen durante todo el año. O más, incluso. Mi proyecto actual, el que voy a seguir en el 2016, similar a la decisión que tomó Azul Corrosivo y que también explicó en CANINO, tiene que ver con leer únicamente a mujeres, las razones las explico en este post y me está ofreciendo no pocos descubrimientos, además de nuevas perspectivas.

En mi caso particular no es que no leyera mujeres, pero es cierto que leía muchos más hombres. De ahí que este año quiera equilibrarlo un poco más, además de aprovechar para dar difusión a autoras menos conocidas. Me gustaría que se tratase de una evolución y, como tal, me planteo una base: aquellas escritoras que, a día de hoy, sin haber profundizado más, considero imprescindible leer. He establecido otros dos hitos: a los seis meses y al finalizar el año, en los cuales me gustaría ampliar el listado con otro buen grupo de buenas escritoras. Es ambicioso pero va a valer mucho la pena.

Chimamanda

Chimamanda Ngozi Adichie (1977): Esta nigeriana es una de mis últimas devociones. Después de leer Americanah (2013) es difícil no rendirse ante su talento. Una novela completísima que trata todo tipo de cuestiones relativas al género y al colonialismo y que, sin embargo, adopta perspectivas diferentes a las habituales sin perder un tono ligero -a pesar de los temas tratados-. Lo bueno de ella es que no es autora de una sola obra, solamente hay que transitar por Medio Sol Amarillo (2006)donde, además, desgranaba parte de la historia de Nigeria o, sencillamente, disfrutar de su clarividencia en ese discurso maravilloso (Todos deberíamos ser feministas) en el que es capaz de demoler el patriarcado en apenas sesenta páginas. Si os gusta, tenéis la suerte de poder encontrar toda su obra publicada y disponible con cierta facilidad. Un verdadero lujo

lorrie-moore

Lorrie Moore (1957): Esta americana, junto a una canadiense que mencionaré más adelante, es una de las mayores especialistas en las distancias cortas de la actualidad. Dos obras considero claves para saber si te gusta. Su recopilación de relatos Pájaros de américa (1998) es excepcional, presenta la realidad de la sociedad americana desde lo terriblemente cotidiano y con un estilo exquisito adaptado a cada una de las temáticas. El sueño americano no es dulce en sus afiladas palabras. El segundo libro para descubrirla es, curiosamente, una novela, Al final de la escalera (2009). Me consta que mucha gente no ha disfrutado tanto cobn ella pero, sin embargo, la considero un culmen de su estilo, ese lirismo cínico que destila, ese reflejo lacerante de un mundo que no es tan feliz como podríamos pensar. Una gran aspirante a pertenecer al canon de la Gran Novela Americana.

Svetlana-nobel

Svetlana Alexiévich (1948): La última galardonada con el premio Nobel de literatura es otra de las últimas escritoras que he añadido a mi selección particular. La culpa la tienen dos libros excelentes: Voces de Chernóbil (1997) y La guerra no tiene rostro de mujer (1985).Su técnica consiste en coger un conflicto de algún tipo (el desastre de de Chernóbil o la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo) y realizar entrevistas a personajes que tuvieron que ver con él y que, sin embargo, nunca han podido dar voz a sus vivencias. La autora enlaza todos los testimonios para dejar por escrito una verdadera historia oral, la de aquellos olvidados. Naturalmentese centra en la mujer y consigue dotar de perspectivas radicalmente distintas a las esperablesa la narración. Esto es especialmente palpable en el segundo de estos libros, donde el típico relato guerrillero se centra en aspectos de otra índole que enriquecen cualquier pensamiento que pudiéramos tener preconcebido. Estamos de suerte: en marzo se publica otro libro de la bielorrusay hay un tercero disponible. Es buen momento para disfrutarla.

Atwood

Margaret Atwood (1939): Llevo ya mucho tiempo siguiendo a la canadiense. Estacomprometida ecologista y feminista es un caudal de buena literatura en la que no falta la ciencia-ficción o la novela policíaca, pasando por la poesía y el relato corto.Conocerla es amarla, pero hay que conocerla bien, y para ello lo mejor es irse a dos de sus obras clave: El cuento de la criada (1985) y El asesino ciego (2000). La primera es una distopía muy particular que le sirve como reflejo del papel de la mujer en la sociedad; la segunda es un relato aparentemente más decimonónico que se alterna con una serie de narraciones de género que parecen ir paralelas a la narración original. Ambas son prodigiosas, utilizando diferentes estrategias. Si no te gustan estas obras, es muy probable que no sea tu escritora. Sin embargo, si te gustan, probarás con todo. 

JCO

Joyce Carol Oates (1938): La estajanovista literaria por excelencia,una de las autoras actuales más prolíficas y, como muchos que me conocen saben, una de mis escritoras preferidas desde hace mucho tiempo. El problema de enfrentarse a ella viene, precisamente, de esta virtud; hay tantos libros, de tantos géneros y con tantos estilos diferentes que es muy probable que, si no dispones de alguna orientación, no encuentres la obra que te una definitivamente a ella; máxime teniendo en cuenta que no toda su obra está en castellano. Mientras pienso en acometer una Guía para Principiantes más detallada en el futuro os pongo varias de las obras que podrían servir para acercarse a ella: si te gustan los cuentos con tintes de género (policíaco o terror) Infiel: historias de transgresión (2001)es una buena opción; si prefieresla larga distancia y te gustan los experimentos postmodernistas y los juegos de estilo, Puro fuego (1993) o Hermana mía mi amor(2008)serían opciones excelentes; si por el contrario prefieres una narración más clásica, A media luz (2001)desborda por su elegancia; si, al fin y al cabo, no te quieres arriesgar demasiado pero quieres que se desgarre el corazón al leer entonces ve a por Violación: Una historia de amor (2003). No será por falta de posibilidades.

alice-munro

Alice Munro (1931): En efecto, esta arquitecta del relato corto siempre consigue que disfrute con cada una de sus palabras. No encontraréis relatos largos en su caso; me gusta avisarlo porque no todo el mundo gusta de los relatos breves. Teniendo en cuenta esto, hay dos vertientes que utiliza para crear sus antologías: unir las historias por un nexo común argumental (al estilo de un ciclo de relatos) o bien ligarlas de manera más difusa, por temáticas o hilos más sutiles (con lo cual cada relato parece unitario). En el primer tipo una buena aproximación es La vida de las mujeres (1971), y en el segundo, Las lunas de Júpiter(1982) es apasionante y presenta una variedad de mujeres que vale la pena descubrir.

byatt

A.S. Byatt (1936): Posesión (1990) es La Novela de Campus, sin más. Complejísima aproximación al subgénero que goza aquí, posiblemente, de su mayor estado de gracia, con una prosa que se une indisolublemente a lo poético y donde la autora demuestra una inteligencia sobrenatural, una cultura muy por encima de lo que estamos acostumbrados y, sí, por qué no decirlo, una erudición no exenta de calidez. Podría recomendar otras obras suyas más accesibles (como Ángeles e insectos -1992.), pero no vale la pena. A las/los buenas/os escritoras/es hay que descubrirlas/los con lo mejor que han hecho.

Mantel

Hilary Mantel (1952): Esta escritora británica ha despertado no pocas polémicas con su visión de la época de los Tudor; sobre todo por su particular aproximación a ciertos personajes y hechos que desafían profundamente la versión historicista (y más conocida). Independientemente de esto, En la corte del lobo (2009) es un intento maravilloso de alejarse de cánones y, mediante una perspectiva distinta (la de Cromwell), construir una novela magnífica que no puedo dejar de recomendar. Siempre me sorprende el tono de su prosa, distante, aparentemente frío y, sin embargo, totalmente cautivador.

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Siri Hustvedt (1955): No voy a decir que es la esposa de equis, como hacen en todos los medios. Sinceramente, esta novelista estadounidense merece por sí misma el éxito que tiene. No he leído muchas novelas suyas pero El mundo deslumbrante (2014)es tan buena que muy malas tendrían que ser las anteriores para quitarme esta opinión. No es fácil de leer y los temas que trata no son sencillos, pero es una novela completísima donde une el arte con el papel de la mujer y lo confronta con el patriarcado estructural de una manera muy elegante, donde la estructura es muy ingeniosa y los géneros se diluyen en una mezcla de autobiografía, ensayo y novela. Sin duda vale la pena tenerla en la mesilla de noche.

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Jhumpa Lahiri (1967): Su exotismo (hindú-americana nacida en Londres) y juventud no deben ensombrecer una carrera sólida (hasta tiene un Pulitzer) en la que se ha adentrado en estudios postcolonialistas mediante la presentación de protagonistas inmigrantes, tanto de primera como de segunda generación. Su foco en la crítica a los regímenes imperialistas (que también realiza a la perfección Chimamanda) es firme pero no monopoliza una narración llena de claroscuros y en la que se dignifica y enriquece el papel de la mujer en nuestra sociedad. En cuanto a las opciones para introducirse en su carrera, tanto Tierra desacostumbrada (2008) como La hondonada (2013)parecen buenos comienzos.

 

Diez escritoras contemporáneas que deberías empezar a leer ya mismo (si no lo estás haciendo)