«¡Otra vez protagonista de la ley del silencio!»

Pero detrás del epitafio hay una historia:

Texto escrito por sergio Rincón y tomada de Sinembargo.mx

Las novelas de Mario Puzo —y las películas basadas en ellas—, los artículos de Roberto Saviano o las mismas noticias que recogen los medios de comunicación recurren a un mismo término: omertà. Si hablan de la mafia, resulta inevitable mencionar este código del honor —de origen siciliano— que apela al silencio y a la lealtad a la organización, que la propia organización impone.

 

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Leer a Puzo es abrir un mapa del corazón arraigado y salvaje de la vieja Sicilia. A través de la pluma de aquel hijo de migrantes napolitanos y analfabetas se puede conocer la filosofía, el amor, el odio, la venganza, la vida y la muerte de los italianos más bravos de la región del Mediterráneo, y –sin exagerar- de cualquier hombre. Al menos 200 años de historia de aquel pueblo cubren la páginas de muchos de sus libros.
 
Nació el 15 de octubre de 1920 en Nueva York. Creció y dio sus primeros pasos en la famosa Hell’s Kitchen (La Cocina del Infierno), en el Wets Side de Manhattan. Hizo sus estudios de Ciencias Sociales en la Universidad de Columbia y prestó su servicio en las Fuerzas Armadas durante la II Guerra Mundial.
 
A los 45, Puzo escribió El Padrino, novela que lo sacó de la pobreza haciéndolo millonario. Esta gran historia no fue de todo su agrado; siempre dijo que pudo hacerla mejor pero no fue así porque la escribió por encargo. De hecho, aseguró que El Padrino, era una novela inferior que las dos anteriores (Dark Arena, 1955; y The fortunate Pilgrim, 1965). Mario sólo aceptó escribir la obra inspirada en la vida de Carlo Gambiano porque debía 20 mil dólares.
 
 
Bastó una hora, diez líneas escuetas sobre el proyecto de El Padrino y la elocuencia característica de Mario para convencer a la editorial Putnams Sons. “Me ofrecieron de inmediato un cheque por 5 mil dólares de anticipo que cobré, pero con el dinero en la mano por supuesto que no me puse a escribir el libro. Yo en verdad, no tenía ganas de escribir El Padrino. Me tardé tres años en la novela, y durante ese tiempo me dediqué a escribir tres historias por mes para el editor Goodman como free-lance”, confesó el autor.
 
A cuatro décadas del éxito literario de Puzo, que en 1972 fuera llevado a la pantalla grande por el director cinematográfico Francis Ford Coppola, resulta sorprendente el culto que se sigue rindiendo al bondadoso capo Don Corleone eternizado por el actor Marlon Brando, quien obtuvo el Oscar, gracias a aquel papel donde la mafia cesó de juzgarse como genio de maldad criminal.
 
Obtuvo dos premios Oscar de Hollywood en calidad de coguionista -junto al director Francis Ford Coppola- por El Padrino(1972) y El Padrino II (1974), que en total obtuvieron nueve estatuillas.
 
Con seis millones de dólares de la época como presupuesto, la película recaudó más de 230 en el mercado internacional tras su estreno el 15 de marzo de 1972 en Nueva York, lo que desbancó a la película que llevaba 33 años encaramada en el récord, Lo que el viento se llevó.
 
“El Padrino contesta a todas las preguntas que uno puede hacerse en la vida”, en palabras de Joe Fox, uno de los protagonistas de la película Tienes un e-mail (Nora Ephron, 1998).
 
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Algunos piensan que con El Padrino Puzo más que literatura, hizo periodismo –cabe destacar que fue reportero freelance–. Recolectó, retrató y contó lo que en aquellos años, y que hasta la fecha, no se puede narrar sin que se arriesgue el pellejo. Sus personajes son ficticios, todo mundo lo sabe, pero algunos fueron basados en figuras con nombre, apodo y apellido en la vida real. Como por ejemplo: Carlo Gambino, Frank Costello, Bugsy Siegel, Frank Sinatra, Al Capone, y algunos miembros de la alta cúpula de la iglesia católica.
 
 
No obstante, él siempre negó haber estado cerca de aquellas figuras del crimen: “Me da vergüenza decir que escribí El Padrino basándome únicamente en investigaciones. Nunca en verdad llegué a conocer ninguno de los gangsters que menciono en mi novela”.
 
Tuvo otras obras relacionadas con el crimen organizado: El último Don, El siciliano y la primera de sus obras póstumas, Omertá. Todas fueron un éxito, y siguen abonando miles y miles de dólares año con año.
 
Mario Puzo tenía la gracia de provocar que el apetito se vuelva infinito. Es experto en que el lector sea exigente y crítico de la gastronomía. Capítulo tras capítulo de cualquiera de sus libros, se puede terminar extasiado y hambriento. Jarras de vino con limones frescos, pan, exquisitos quesos, y manjares a base de tomates jugosos, albaca y pimienta son algunos de los ingredientes que no pueden faltar al banquete literario.
 
Fue amo y signor del buen decir y de la belleza en la palabra. Puzo cuidó milimétricamente cada detalle, expresión, o lo que sea que esté plasmado en sus textos -aunque no le gusten–. Hablar de la mafia no ha de ser cosa fácil, quizá en eso radica el la precisión.
 
Siempre se declaró ateo; sin embargo, en su trabajo literario, habla de Dios como si fuera esa magnánima y única fuerza amorosa que rige el universo. Conocía la religión católica como un cazador de zorro rojo conoce al bosque.
 
Pudo, con la misma fineza, cuidado y elegancia, describir el bello rostro del joven Salvatore Giuliano en El Siciliano, que la brutalidad del temible Luca de Brasi, el guardaespaldas más leal de Vito Corleone. Las cualidades y defectos de los enemigos del El Don; que la ternura y virginidad de la joven Apollonia. Lo hizo, habló, y rompió la sagrada y secreta ley de Omerta (Ley del silencio); habló de La Cosa Nostra, y también de la alta cúpula de la iglesia católica, “los amigos de los amigos” y de la historia de la M.A.F.I.A (“Morte Alla Francia, Italia Anella“)
 
Sus obras son un gran monumento del placer. Todo parte de eso. El dinero, el poder, la traición, la gastronomía italiana, el sexo… toda gran debilidad satisfactoria ha cabido en los escritos de Puzo.
 
Los mismos seguidores de este neoyorquino, piensan que sus mejores trabajos literarios no son los del mundo de la mafia -que han sido catalogados como muy buenos-. Claro es el ejemplo de Seis tumbas en Múnich, La cuarta K, Los tontos mueren, entre otros.
 
Mario padecía diabetes; en 1991 tuvo una operación al corazón. Murió a los 78 años de un ataque cardíaco en su casa de Long Island, en Nueva York.
 
Una semana antes de su fallecimiento, el escritor mantuvo conversaciones con los estudios de la Paramount Pictures para contribuir al diseño de una cuarta parte de El Padrino, un proyecto que también estaría dirigido por Francis Ford Coppola y para el que habían recibido una oferta inicial y que podría contar con las actuaciones de Leonardo DiCaprio y Andy García.