Aprendiendo de Basho

De frente a las azaleas
una mujer prepara
bacalao seco

Este Haiku destaca por el contraste entre las dos imágenes que lo forman: la delicadeza de la mujer frente a las azaleas y la dureza de la preparación del bacalao.

El contraste es un recurso interesante ya que, al colocar codo con codo un elemento y su contrario, ayuda al lector a percibir de un modo más vivo las diferencias entre ambos.

El contraste puede ser útil, por ejemplo, para evidenciar las ironías y contradicciones de la realidad. Como en este pequeño verso:

En la blanca arena griega, descansan los turistas y desembarcan los inmigrantes.

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hay-kus  Carles Roselló…https://creatividadparaescritores.com

Una simple salida al cine de Delia Goldadler Joison (mujerdiosa)

Si algo le gusta a nuestra querida Sra. D, es ver películas. Desde muy chica le fascinó ese mundo, y con el correr del tiempo, se convirtió en una cinéfila empedernida. Vio Lawrence de Arabia diecisiete veces, subtitulada en varios idiomas mientras viajaba por el mundo. Otras de sus películas favoritas eran: Doctor Zhivago, La Malvada, Mañana lloraré y muchas más…

Hoy justamente se levantó con ganas de ver la última película de Woody Allen. Ya decidida, “arregló” todo en la casa y se prometió no ser tan atolondrada, o sea, portarse muy bien. Era uno de esos días fatales de verano que arden como fuego vivo. Arregló como podía la casa, esto es, metió a presión en los placards todas las cosas desparramadas por el piso y otros lados; empujó las puertas con el estilo que ya es una marca registrada en ella -o sea con sus caderas- puso al gato en el acuario y a los peces dorados en la caseta, la ropa usada en los cajones y la limpia en el lavarropas, ustedes saben, arregló todo como de costumbre. Como el día estaba francamente insoportable por el calor, se propuso ir caminando hacia la sala donde la proyectaban, distante 25 kilómetros.

Cuando llegó a duras penas, sus pies estaban hinchadísimos y le dolían como nunca en su vida. Había tenido la maravillosa idea de estrenar un par de zapatos hermosos, llenos de tiras. Dichas tiras las tenía clavadas en la carne para toda la vida, o al menos así parecía.

Cuando al fin terminó de hacer la cola y logró entrar, le tocó la última fila ya que estaba lleno de gente a rebosar. Lo primero que hizo al sentarse fue por lógica pura, sacarse los zapatos. Se apagaron las luces, mientras ella intentaba quitárselos. No fue tan sencillo porque las tiras estaban como cementadas, pero bueno, luego de tratar por media hora, lo consiguió.
Comenzó a masajearse los pies, que parecían empanadas fritas con el relleno saliendo. ¡Qué alivio sintió! Fue notando como hormigas que caminaban mientras la circulación se ponía en marcha, comenzando a restablecerse nuevamente de a poco.

Aún no había visto nada de la película ocupada como estaba con sus pies, cuando sintió deseos de ir al baño. Miró algo preocupada y acusadora, el litro de cerveza que se había llevado al asiento y pugnaba por salir. ¡Qué mala pata!
En medio de un silencio sobrecogedor lleno de suspenso ya en la mitad del film, comenzó a buscar sus zapatos.

Tanteó el piso, primero con su pie derecho, luego con el izquierdo, más tarde con su mano derecha, luego con la izquierda. ¡No estaban! ¡No los podía encontrar! ¿Qué hacer? La sala descendía vertiginosamente en picada, como en caída libre hasta casi tocar la pantalla, y la Señora D se encontraba en la cima de la misma. Suavemente, como una anguila, comenzó a escurrirse entre los asientos hacia abajo. Pero un grito estentóreo y aterrorizado que lanzó una mujer al sentir un bulto, la hizo incorporar rápidamente.

Ya que en su cartera suele llevar de todo, buscó a tientas la linterna para emergencias -un recuerdo de cuando fue rescatada por los bomberos en su casa hace tiempo- y que siempre llevaba por las dudas. Con su luz potentísima como reflector brillando a todo lo que daba, fue iluminando por medio minuto los rostros de cada persona que se encontraba ahí sentada tranquilamente pretendiendo disfrutar del film. Asumió que se iba a dar cuenta de quién tenía sus zapatos, claro que sí, por la cara de culpabilidad que asomaría de inmediato al ser iluminada.

¿Les cuento cómo terminó la salida?, es muy cruento…

El periódico de la zona al día siguiente en primera plana mostraba la foto de la señora con sus grandes ojos a punto de salir de sus órbitas, siendo acogotada por la mujer que lanzó aquel grito. Al lado su marido tratando por todos los medios de calmar su furia. Y al fondo una montaña de gente dividida en dos enormes grupos: Quienes querían a toda costa lincharla, versus los más pacíficos entre los que se contaban uno o dos religiosos, vegetarianos varios, y demás yerbas.

Así, descalza y desgreñada, nuestra protagonista llegó a duras penas a su casa donde -según declaró a los medios- a partir de ahora verá de instalar un cine personal.

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Manuel Gutiérrez Najera

«Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.»

Manuel Gutiérrez Nájera 

Nació en México, 1859 y muere en 1895. Poeta y escritor mexicano, pasó toda su vida en Ciudad de México, salvo breves visitas a Querétaro y Veracruz y alguna temporada en una hacienda familiar de Puebla, donde se sitúa la dramática acción de su cuento La mañanita de San Juan.

Cultivó diversos géneros literarios en prosa y en verso, y perteneció a la primera generación modernista. Influido por el marcado afrancesamiento de su ciudad, se inspiró en Verlaine, Gautier y Musset, aunque también admiró a los místicos españoles.

En su madurez poética se inclinó por los parnasianos, el simbolismo y el modernismo, el cual contribuyó a difundir desde 1894 a través de la publicación de Azul, revista clave del movimiento.

Su obra

Entre las obras destacan La duquesa Job, los volúmenes de cuentos Cuentos frágiles, de 1883, y Cuentos de color de humo, de 1894.

Muere

Falleció a los treinta y seis años de edad, y su obra lírica fue recopilada en 1896 en el volumen Poesías.

https://www.ecured.cu/Manuel_Gutierrez_Najera

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Correr y correr

En África todas las mañanas el venado despierta sabiendo que debe llegar a correr más rápido que el león si quiere seguir vivo.
Todas las mañanas el león despierta sabiendo que debe correr más que el venado si no quiere morir de hambre.
Conclusión: no hace diferencia si Usted es venado o león; cuando el sol salga usted tiene que empezar a correr por sus sueños.

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Tomado del Fb

La analepsis o flash back por Eduardo Benavides, narrativa.

 

Como hemos podido observar en clases anteriores, especialmente cuando hablábamos del tiempo narrativo y del tiempo estructural, la posición del narrador está íntimamente vinculada al tiempo desde donde cuenta. El narrador elige un momento para empezar a contar la historia y a menudo este tiempo (estructural) no coincide con el tiempo cronológico, es decir con la línea trazada desde el punto temporal más remoto de la historia hasta el más reciente. Pero también ocurre que a veces ese tiempo se disloca y se hace astillas ante nuestros ojos porque el narrador ha decidido saltar de un momento a otro. A veces ese salto se hace pausadamente, a veces ocurre sin previo aviso. En algunos casos ocurre en capítulos alternos y en otros bastan unas frases para romper ese tiempo. A esto último lo llamamos flash back.
Se trata de una técnica narrativa de uso bastante frecuente y que nos permite condensar la historia pasando brevemente por hechos pretéritos que alumbran el momento presente de la narración. Mucho más explícito como técnica cinematográfica el flash back es, sin embargo, un recurso narrativo que encontramos en muchas novelas y también en algunos cuentos. La analepsis o flash back es una brusca y repentina alteración del tiempo que rompe la secuencia cronológica y nos traslada al pasado de la narración. Es una ruptura fugaz, a menudo desconcertante para el lector, pues a diferencia del racontto -que veremos más adelante- no parece tener lógica e incluso a veces rompe la cadencia sintáctica, como si fuera una burbuja de tiempo pasado que estallara en las tranquilas aguas del presente narrativo: como en esas películas en las que aquel personaje amnésico empieza a recordar fragmentos de su pasado y la secuencia nos los presenta como víctima de visiones fugaces, repentinas.
El caso contrario es el de la prolepsis (flash forward), que es un salto repentino hacia delante, aunque la mecánica sea la misma que la de la analepsis. Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa es un ejemplo contundente de este recurso, menos frecuente, pero muy útil en la narración. En ambos casos se utiliza para ofrecerle al lector un dato necesario a la hora de entender el argumento.
También ocurre que tanto la analepsis como la prolepsis suelen darse de manera más bien lenta, como veremos en la próxima clase.
Les dejamos un cuento del escritor peruano Richar Primo, quien ha tenido la gentileza de enviarlo, para que vean cómo funciona el flash. De igual manera, les recomendamos la lectura de Tiburón, cuento de Edmundo Paz Soldán en el volumen Amores imperfectos (Alfaguara).

 

El río recuerda

El río recuerda a las lavanderas,
las veía cada semana en la rivera,
llevando a la chorcha de hijos
y maletas de ropa que fregar.
Sí. el río seco, las recuerda.

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El cuervo y el conejo

Un cuervo está sentado en un árbol el día entero sin hacer nada. Un pequeño conejo ve al cuervo y le pregunta:
– ¿Puedo sentarme como tú y no hacer nada todo el día?
El cuervo responde:
– Claro, ¿por qué no?
El conejo se sienta en el suelo debajo del árbol y se relaja. De pronto una zorra aparece y come al conejo.
Conclusión: para estar sentado sin hacer nada, Usted debe estar en la cima.

 

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LECTURA SABATINA: La fábula del Cuervo y el conejo…

La ausencia…

Don Juan y Don Alberto, dos amigos de la tercera edad, se veían en el parque todos los días para alimentar a las palomas, observar las ardillas y discutir los problemas del mundo.
Un día Don Juan no llegó.
Alberto pensó qué quizá tuviese un resfrío. Pero después de una semana, se preocupó.
Siempre se juntaban solamente en el parque y Albert no sabía dónde vivía Juan,
por lo que no podía averiguar qué le había pasado.
Pasado un mes fue al parque  y sorpresa, ahí estaba Juan.
Alberto estaba muy excitado y alegre de verlo y le dijo: por lo que más quieras Juan, dime qué te pasó.
Juan le contestó, «He estado en la cárcel»
-¿En la cárcel?  -¿qué te pasó?
‘Bueno, dijo Juan, ¿Te acuerdas de Lupita, la linda mesera morena y nalgona de la cafetería donde vamos seguido?
-Claro, la recuerdo. ¿Qué pasa con ella?
‘Bueno, pues me demandó por acoso sexual y violación.
A mis 87 años, yo estaba tan orgulloso que, cuando fui al juzgado,
me declaré culpable …
¡Y el maldito Juez me sentenció a 30 días de cárcel por mentiroso!

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Tomado del wasap

Las cinco vocales

Un señor llamado Blanco Sánchez que un día vio en televisión a una escritora diciendo que, «murciélago» es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales, escribió:
<<Acabo de ver en la televisión estatal a una escritora diciendo que, “murciélago” es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales.
Mi estimada señora, piense un poco y controle su “euforia”. Un “arquitecto” “escuálido”, llamado “Aurelio” o “Eulalio”, dice que lo más “auténtico” es tener un “abuelito” que lleve un traje “reticulado” y siga el “arquetipo” de aquel viejo “reumático” y “repudiado”, que “consiguiera” en su tiempo, ser “esquilado” por un “comunicante”, que cometió “adulterio” con una “encubridora” cerca del “estanquillo”, sin usar “estimulador”.
Señora escritora, si el “peliagudo” “enunciado” de la “ecuación” la deja “irresoluta”, olvide su “menstruación” y piense de modo “jerárquico”.
No se atragante con esta “perturbación”, que no va con su “milonguera” y “meticulosa” “educación”.
Y repita conmigo, como diría Cantinflas: ¡Lo que es la falta de “ignorancia»!>>

Tomado del Fb, -amantes de la ortografía-

https://www.facebook.com/groups/285758135492450/

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