Una simple salida al cine de Delia Goldadler Joison (mujerdiosa)

Si algo le gusta a nuestra querida Sra. D, es ver películas. Desde muy chica le fascinó ese mundo, y con el correr del tiempo, se convirtió en una cinéfila empedernida. Vio Lawrence de Arabia diecisiete veces, subtitulada en varios idiomas mientras viajaba por el mundo. Otras de sus películas favoritas eran: Doctor Zhivago, La Malvada, Mañana lloraré y muchas más…

Hoy justamente se levantó con ganas de ver la última película de Woody Allen. Ya decidida, “arregló” todo en la casa y se prometió no ser tan atolondrada, o sea, portarse muy bien. Era uno de esos días fatales de verano que arden como fuego vivo. Arregló como podía la casa, esto es, metió a presión en los placards todas las cosas desparramadas por el piso y otros lados; empujó las puertas con el estilo que ya es una marca registrada en ella -o sea con sus caderas- puso al gato en el acuario y a los peces dorados en la caseta, la ropa usada en los cajones y la limpia en el lavarropas, ustedes saben, arregló todo como de costumbre. Como el día estaba francamente insoportable por el calor, se propuso ir caminando hacia la sala donde la proyectaban, distante 25 kilómetros.

Cuando llegó a duras penas, sus pies estaban hinchadísimos y le dolían como nunca en su vida. Había tenido la maravillosa idea de estrenar un par de zapatos hermosos, llenos de tiras. Dichas tiras las tenía clavadas en la carne para toda la vida, o al menos así parecía.

Cuando al fin terminó de hacer la cola y logró entrar, le tocó la última fila ya que estaba lleno de gente a rebosar. Lo primero que hizo al sentarse fue por lógica pura, sacarse los zapatos. Se apagaron las luces, mientras ella intentaba quitárselos. No fue tan sencillo porque las tiras estaban como cementadas, pero bueno, luego de tratar por media hora, lo consiguió.
Comenzó a masajearse los pies, que parecían empanadas fritas con el relleno saliendo. ¡Qué alivio sintió! Fue notando como hormigas que caminaban mientras la circulación se ponía en marcha, comenzando a restablecerse nuevamente de a poco.

Aún no había visto nada de la película ocupada como estaba con sus pies, cuando sintió deseos de ir al baño. Miró algo preocupada y acusadora, el litro de cerveza que se había llevado al asiento y pugnaba por salir. ¡Qué mala pata!
En medio de un silencio sobrecogedor lleno de suspenso ya en la mitad del film, comenzó a buscar sus zapatos.

Tanteó el piso, primero con su pie derecho, luego con el izquierdo, más tarde con su mano derecha, luego con la izquierda. ¡No estaban! ¡No los podía encontrar! ¿Qué hacer? La sala descendía vertiginosamente en picada, como en caída libre hasta casi tocar la pantalla, y la Señora D se encontraba en la cima de la misma. Suavemente, como una anguila, comenzó a escurrirse entre los asientos hacia abajo. Pero un grito estentóreo y aterrorizado que lanzó una mujer al sentir un bulto, la hizo incorporar rápidamente.

Ya que en su cartera suele llevar de todo, buscó a tientas la linterna para emergencias -un recuerdo de cuando fue rescatada por los bomberos en su casa hace tiempo- y que siempre llevaba por las dudas. Con su luz potentísima como reflector brillando a todo lo que daba, fue iluminando por medio minuto los rostros de cada persona que se encontraba ahí sentada tranquilamente pretendiendo disfrutar del film. Asumió que se iba a dar cuenta de quién tenía sus zapatos, claro que sí, por la cara de culpabilidad que asomaría de inmediato al ser iluminada.

¿Les cuento cómo terminó la salida?, es muy cruento…

El periódico de la zona al día siguiente en primera plana mostraba la foto de la señora con sus grandes ojos a punto de salir de sus órbitas, siendo acogotada por la mujer que lanzó aquel grito. Al lado su marido tratando por todos los medios de calmar su furia. Y al fondo una montaña de gente dividida en dos enormes grupos: Quienes querían a toda costa lincharla, versus los más pacíficos entre los que se contaban uno o dos religiosos, vegetarianos varios, y demás yerbas.

Así, descalza y desgreñada, nuestra protagonista llegó a duras penas a su casa donde -según declaró a los medios- a partir de ahora verá de instalar un cine personal.

Resultado de imagen de Un día lluvioso en Nueva York"

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