El mar… RGG

 

 

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Por la noche, cuando duermo escucho un mar embravecido, y eso perturba mis latidos. En sincronía aparece un calor inusitado, me sofoca y despierto. Soñoliento, creo ver una sombra que huye y mi pulso brinca. Algunas veces me hago el dormido y el mar está en calma.
Fueron dos semanas de zozobra.
El día de ayer sentía ahogarme, pero fui capaz de despertar sin sobresalto. Descubrí el misterio y era el pinche gato que dormía ronroneando a un lado de mi cabeza

Los Tiempos Verbales en la Narración de Analia Hernández

Alguna vez me ha sucedido encontrarme con alguna narración de un alumno que decía algo así: «entonces fue hacia su casa, abrió la puerta y su madre le dice (…)» Obviamente que la primera corrección de mi lapicera era: «no se pueden alternar los tiempos de la narración, ya que los dos primeros verbos están en pretérito y el último en presente». Lo cierto era que al alumno mucho no lo convencía esto y digamos que a mí tampoco, como si de alguna manera lo lingüísticamente correcto se peleara un poco con lo que «no sonaba tal mal» y que era bastante verosímil si vamos al caso.

Hay una realidad. Los tiempos verbales en la narración refieren a un mundo narrado, por un lado, y a un mundo comentado por el otro. Los tiempos del pretérito se utilizan para el primero y los del presente, para el segundo.

Cortázar, por ejemplo, grafica muy bien esa alternancia en su cuento «Las babas del diablo«:»  Esta biografía era la de un chico y la de cualquier chico, pero a este lo veía aislado, vuelto único por la presencia de la mujer rubia que seguía hablándole. (Me cansa insistir, pero acaban de pasar dos largas nubes desflecadas…).
Magistralmente, por un lado la narración; por el otro, el comentario a cargo de un mismo narrador desdoblado.
Sin detenernos en un análisis literario del cuento, vemos claramente cómo un tiempo presente se puede incrustar en una historia en pasado.
Si bien, claro está, no era este el efecto estilístico de mi alumno del principio, entendí sin embargo que ese presente podía bien justificarse, hasta que investigando hallé que, precisamente, cuando un tiempo en presente se incrusta en un relato contado en pasado tiene un cierto efecto.
Y me quedo con el matiz de tensión y dramatismo. Creo que al actualizarlo, el narrador le otorga mayor apariencia de validez, precisamente porque el tiempo presente es donde nos movemos con mayor confianza. No es casual que para referirnos al pasado debamos disponer de más tiempos verbales  y en presente, nos baste solo con uno.
Pensaba en un discurso escolar, por ejemplo.
No es lo mismo decir que «San Martín nació en Yapeyú y se educó en España», que utilizar el presente histórico: «San Martín nace en Yapeyú y se educa en España». En este segundo caso, se nota el matiz de mayor veracidad.

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Comentarios al  margen del texto

NARRACIÓN EN PRESENTE, TAMBIÉN LLAMADA SIMULTÁNEA. Puede que sea la más sencilla, esta indica que la acción se realiza en el mismo momento en que se expresa. Ejemplo: *Los ejemplos que pondremos a continuación serán en primera persona, ya hablaremos en otra ocasión con más detalle de eso*

“Estoy tumbada en la silla de la habitación con espejos. Cuando inclino la cabeza hacia atrás, veo a Tori detrás de mí. Ella aprieta los labios y se saca los electrodos de la cabeza.”

         Divergente por Veronica Roth

 Narrar en Presente:

  • Sensación de cercanía entre el lector y el narrador. Cuando lees en presente llegas a tener la impresión de que todavía cualquier cosa puede suceder y que no hay un final escrito.
  • Intensifica las emociones: El lector puede identificarse con el narrador y los protagonistas más fácilmente.
  • Es menos flexible: Narrar en tiempo presente puede llegar a ser más complicado puesto que los cambios en los tiempos se perciben de forma más brusca.
  • Es más difícil de elaborar: Es por eso que es recomendado más para obras de constante acción o cuyos hechos sucedan en un margen de tiempo corto.

Últimamente vemos muchas narraciones en presente en las novelas juveniles, esto se debe a que al narrar en presente hay menos pausas en descripciones a detalle y, por lo tanto, la lectura puede resultar más ligera. NARRACIÓN EN PASADO, TAMBIÉN LLAMADA ULTERIOR. Esta narración es un poco más compleja, pues hay varias formas de expresar que la acción fue realizada en el pasado. Una es a través del Pretérito Perfecto Simple: Este indica que la acción se realizó en el pasado, en un momento determinado del tiempo, y que ya concluyó. Ejemplo:

Cuando desperté por la mañana, me dije que tenía que hacer más ejercicio y comencé en el acto. Practiqué varias flexiones.

Pregúntale al polvo, por John Fante.

Otra forma es a través del Pretérito Imperfecto: Este expresa que la acción se realizó en un tiempo no determinado. Aporta información complementaria y se emplea también en las descripciones. Ejemplo:

“Odiaba lo que traía puesto, mi ropa era tan ligera que el frío se colaba por mi piel erizándola por completo.”

         Se solicita novio urgente por Lia Belikov

Narrar en Pasado:

  • Es el tiempo al que las personas estamos más acostumbradas: Debido a que siempre que contamos una anécdota o cualquier otra narración oral, se hace en pasado.
  • Más fácil de escribir: Por la misma costumbre resulta un poco más natural.
  • Suele ser más monótono: Al ser más común, la narración no suele causar impacto a corto plazo.

 La encontramos en un montón de libros: Harry Potter, El señor de los anillos, La guerra y la paz, Se solicita novio urgente, Pandemia y muchos más. En nuestro día a día como correctoras solemos encontrarnos (con mucha frecuencia) escritos que empiezan narrando en pasado pero que en algún momento indefinido pasan a estar en el presente (y viceversa) dejándote sin saber en qué momento su protagonista viajó en el tiempo. Y hay otros casos, más especiales, donde al parecer los verbos no se pueden decidir en qué tiempo quieren que suceda la acción, puesto que cada uno está conjugado en un tiempo verbal distinto y muy seguramente nada acorde con lo que se está intentando contar, quitándole toda la coherencia al texto. Esto nos demuestra lo común que es este problema, sin embargo, es un tema de corrección. No queremos que te preocupes por los tiempos mientras la creatividad viene a ti, lo verdaderamente importante es la espontaneidad, después, la literatura viene con la práctica y la revisión. Mientras estés escribiendo, pues eso, escribe. Después, siempre habrá tiempo para pulir. Entendemos que nuestro querido idioma tiende a ser un poco confuso, nosotras mismas también nos confundimos a veces (hay que ver la cantidad de pretéritos, por dios) pero es necesario que antes de dejar que cualquier mortal lea tu escrito te asegures de revisar que por lo menos, los tiempos sean entendibles, que sientas que funcionan para la historia que estás contando y que tú te sientas en comodidad con ellos.  

       Lilyth

Verbo, tiempo y narrativa por Daniel J. Oropeza

El espectro narrativo tiene numerosas aristas y coyunturas desde la que puede ser analizado un texto. Ya sea desde el tipo de narrador que usa, pasando por el tipo de lenguaje, el tema y hasta llegar a los tiempos de la narración. Como todos sabrán, narrar es el acto de contar algo; citando al DRAE, narrar es «contar, referir lo sucedido, o un hecho o una historia ficticios». Lo que, dicho en otras palabras, no es más que la necesidad humana de contar a sus compañeros algún hecho que, a diferencia de lo que diga la RAE, puede o no ser ficticio. Narrar va desde decirle a papá cómo nos caímos cuando teníamos tres años, hasta escribir un libro de gran extensión contando una historia épica de algún mundo lejano e imaginario.

Ahora bien, dentro de la narración como acto literario, nos encontramos con una amplia gama de aspectos que analizar y tomar en cuenta –como ya mencioné–, y uno de ellos vienen a ser los tiempos en la narración. ¿Qué es el tiempo narrativo? Sin ir demasiado lejos, el tiempo en una narración está determinado, a priori, por el tiempo verbal empleado y se divide en tres categorías: pasado – presente – futuro. Esos nombres son los más descriptivos, pero a lo largo de los años varios autores han propuesto otros nombres y una de las denominaciones más aceptadas son las usadas por Gérard Genette, que les llama narración ulterior, anterior, simultánea –análogas a los sustantivos que he utilizado respectivamente– y la simultánea.

Sin embargo, independientemente del término que se utilice, lo cierto es que un texto puede tener tres tipos diferentes de tiempos –que no son excluyen el uno al otro, puesto que se pueden combinar más de un tiempo en algún texto. Esto último, aunque no sea muy recomendado, resulta interesante para marcar con más énfasis algún paso del tiempo o jugar con la línea temporal, entre otros– y estos, a su vez, se corresponden al tiempo verbal pasado, presente y futuro.

Narración ulterior

Cuando en tu vida cotidiana le cuentas a alguien más alguna aventura o anécdota, ¿qué tiempo verbal sueles utilizar? Sí, todos aquellos tiempos que corresponden al pasado puesto que, en el mayor de lo casos, ya la anécdota habrá pasado y tú, como protagonista, necesitas dejar esa distancia temporal clara. Este tiempo verbal puede considerarse el más natural a la hora de contar alguna historia porque le da la sensación al lector de que el narrador está enterado, muy de antemano, de todo lo que va a suceder.

El siguiente extracto de «Cien años de soledad» de Gabriel García Márquez lo ejemplifica:

Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Como podrán apreciar, en la novela el tiempo verbal está en pasado («Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas»).

Narración anterior

Esta narración es la que ocurre en un tiempo verbal futuro y es la menos común de todas. Su nombre viene a que se supone que el narrador está en un espacio-tiempo anterior al momento en el que ocurre la historia y, por lo tanto, decide narrarla en futuro. Genette no brinda ningún ejemplo de alguna novela narrada en su totalidad de esta manera.

Abrirá los ojos y lo verá metido hasta lo más profundo de las entrañas de la casa, que se lo estará comiendo sin ninguna clase de apuro, sin ninguna clase de presión. Y luego morirá en un charco inagotable de sangre espesa y viscosa debajo de ella.

Narración simultánea

Corresponde al tiempo verbal presente y su nombre se debe a que la historia ocurre a medida que el narrador la cuenta. Les lauriers sont coupés (1886) se toma como la primera representante del tipo e cuestión. El siguiente extracto de «Todos mis sueños, tuyos», de Sofía Olguín, lo ejemplifica:

A veces me gustaría poder desconectarme. Tener un botoncito rojo en el cuello, como los robots en las películas, y poder apagarme: no escuchar nada, no sentir nada, no ver nada. Sí, Alexis… eso existe: se llama dormir. No. No se llama dormir. Se llama morir, que es apagarse para siempre.

Narración intercalada

Ésta, añadida por Genette, no se corresponde a priori con ningún tiempo verbal y se refiere a la, también llamada, narración epistolar. Es decir, a la narración se hace de manera fragmentada y se inserta en distintos momentos de la acción. Suelen ser textos en forma de diario o una novela epistolar (en donde uno o más personajes cuentan la historia a través de cartas que se envían los unos a los otros). Un ejemplo de esto es la novela «Las ventajas de ser un marginado», de Stephen Chbosky.

Dentro de la narración no es exclusivo utilizar un solo tipo. Y por esto mismo tampoco se les llama de acuerdo a los tiempos verbales que más utilizan puesto que, por ejemplo, en la narración simultánea se usan con frecuencia los tiempos verbales futuro y presente. Y cualquier tipo de narración puede tener, en algún punto, una narración intercalada compuesta por una carta que el narrador quiere que el lector lea en su totalidad, algún extracto de periódico o de libro, entre otros. Y, a pesar de que la unión reiterada y constante puede ser desaconsejada y, en algunos casos, mal vista, no hay ninguna regla escrita que prohíba la unión y utilización de tiempos verbales simultáneamente.

 

Fuente: Daniel J. Oropeza para La cueva del escritor.

Piensa en mí, una canción de todos los tiempos de Agustín Lara

Luz Casal – Piensa en mi

  

Han sido muchos los ejemplos de canciones que han reivindicado su calidad o han vuelto a la actualidad de la mano de su inclusión en una banda sonora cinematográfica. El bolero ‘Piensa en mi’ es una de ellas. Porque el tema que escribió el maestro mexicano Agustín Lara en 1935 renació para la audiencia en 1991, gracias a que Pedro Almodóvar –con su habitual buen ojo para la música– la eligió para dar sonido a su producción ‘Tacones lejanos’.

La magnífica interpretación, dulce y romántica, la firmó la asturgalaica Luz Casal. En el filme, fue Marisa Paredes la que encarnó la reaparición artística de la cantante y actriz Becky del Páramo tras años alejada de los escenarios españoles.

La voz desgarrada de Luz esparce al aire una letra profunda y verdadera que recoge los tópicos del desamor: una entente imposible, un corazón roto, perennes ganas de llorar, amores malos, soledad eterna, un alma torturada… para conformar un tema eterno que está por encima de modas.

Porque, pertenezcamos a la generación que pertenezcamos, nos transmite emoción y miles de sentimientos. Y es que, ¿quién no ha llorado alguna vez por amor, por la nostalgia del ser amado que se ha ido, pero que sigue esculpido en nuestras mentes evitando cualquier intento de consuelo?

Una composición, en suma, que nunca produce indiferencia porque nos habla de experiencias vitales que pudieron ser nuestras, que tal vez pasaron por nuestra existencia cargadas de emoción y que todavía reviven en nuestro interior pese al paso de los años y de que ya tenemos una vida detrás.

Un bolero clásico que nos habla de la soledad y el sufrimiento que queda cuando el amor se fue, de los que te remueve por nada y por todo. Musicalmente, la versión de Luz quiso huir de ello. No pretendió dar un nuevo matiz o actualizar el estilo con nuevos arreglos sino que buscó repetir el original. Para ello, se volvió a grabar con instrumentos propios de la época original. La voz, la suya personal, es símbolo de una presencia vocal y humana única, según dijo alguien a quien no recuerdo.

Esta composición se escuchó en el entierro de la mujer más rica de España, Rosalía Mera, la primera esposa de Amancio Ortega, el fundador de Zara. La interpretación, que tuvo lugar en el cementerio de la parroquia coruñesa de Santa Eulalia de Liáns, en Oleiros, corrió a cargo del grupo de música Luar na Lubre. Luz Casal también estuvo presente, aunque no llegó a cantar.

Si tienes un hondo penar, piensa en mí…
si tienes ganas de llorar, piensa en mí…
ya ves que venero tu imagen divina,
tu párvula boca que siendo tan niña
me enseñó a pecar

Piensa en mí cuando sufras,
cuando llores también piensa en mí,
cuando quieras quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti

Piensa en mí cuando sufras,
cuando llores también piensa en mí,
cuando quieras quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti

Piensa en mí cuando sufras,
cuando llores también piensa en mí,
cuando quieras
quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti

Piensa en mí…

VERSIONES

Justo es ofrecer en primer lugar la interpretación original del propio AGUSTÍN LARA.

Impresionante, por desgarrada y cruel, la revisión que firmó CHAVELA VARGAS.

LOS PANCHOS, como siempre, dieron su deliciosa visión del clásico mexicano.

La cantante mexicana EUGENIA LEÓN, de gran prestigio en su país, quiso aportar su matiz a este clásico.

El puertorriqueño DANNY RIVERA pretendió dotar a la canción de un aire más moderno. Cuestión de gustos.

LUZ CASAL nació en Galicia (La Coruña, 1958), pero se crió en Asturias, donde formó sus primeros grupos. Al cumplir la mayoría de edad –entonces se alcanzaba a los veintiún años– decidió apostar firmemente por la música y se encaminó hacia Madrid en busca de una oportunidad.

Su voz rasgada hizo coros hasta que consiguió grabar un single lleno de insinuación y erotismo que le permitió ser telonera de Miguel Ríos en 1983. Aún se la recuerda por su lunar en la mejilla derecha y su afición a los vestidos extravagantes con colores rojo y negro.

Se hizo con un nombre que ya la encaminó hacia una carrera sólida con una docena de trabajos en el marcado. Inicialmente cultivó el rock y luego las baladas desgarradas, como la que hoy analizamos. De hecho, su interpretación de ‘Piensa en mi’ supuso un punto de inflexión en su andadura profesional.

Cuando mejor situada estaba en el panorama musical hispano le fue diagnosticado un cáncer. Entonces inició una nueva lucha, una batalla sin cuartel que finalmente se saldó con una victoria. A nadie le extrañó que triunfara sobre la enfermedad, porque Luz siempre ha sido un símbolo de fuerza.

Sedoka a la rosa RGG

Roja montaña;

lugar de roca y cabra,

de niebla, lluvia y frío.

 

Entre las piedras,

brota con esplendor,

el fuego de una rosa.

 

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Tres visiones sobre la soledad — El Blog de Arena

Desde hace un tiempo se ha puesto de moda hablar de la soledad y de los beneficios que en ella se encuentran. En general, lo que he leído no es más que lo que habitualmente estamos obligados a ver y leer; es decir, ideas correctas, pero malinterpretadas por las nuevas generaciones; que son las que […]

a través de Tres visiones sobre la soledad — El Blog de Arena

El narrador en primera persona

El narrador en primera persona es uno de los más utilizados por escritores noveles.

Con el narrador en primera persona uno de los personajes de la historia (por lo general el protagonista, pero no siempre) actúa como narrador y los lectores siguen el desarrollo de la narración a través de los ojos de ese personaje.

Este narrador resulta fácil de identificar porque el personaje o narrador habla a los lectores en su propia voz, con frecuencia utilizando el pronombre «yo».

Había pasado la tarde tranquilamente leyendo en mi habitación. Ya casi era de noche y estaba a punto de levantarme para encender la luz cuando llamaron a la puerta. Extrañado, acudí a abrir.

Como hemos dicho, este es uno de los puntos de vista preferidos por los escritores noveles porque resulta sencillo de manejar.

Solo tienes que meterte en la piel del personaje y contar qué es lo que ve y piensa.

Sin embargo, el narrador en primera persona presenta sus complejidades y es frecuente caer en al menos cuatro errores al usarlo.

Vamos a ver esos errores y cómo manejar la narración para no caer en ellos.

1. El don de la ubicuidad

A menos que tu personaje tenga el don de la ubicuidad, no puede estar en todas partes.

Además, recuerda que este tipo de narrador tampoco suele ser omnisciente.

Eso significa que tendrás que tener muy en cuenta qué información puede o no puede manejar.

Por ejemplo, no puede saber lo que piensan el resto de personajes a menos que estos se lo hayan dicho expresamente. Tampoco lo que han hecho.

Si quieres que narre con total conocimiento una escena, tendrá que haber participado en ella. Y a veces no es posible que tu personaje esté en determinados lugares.

¿Cómo puede saber Luis, tu narrador masculino, que Marta y Estela se han peleado en el vestuario de mujeres? De ninguna manera, a no ser que alguien que sí estuviera presente en el vestuario se lo cuente.

Pero contar algo de oídas, no porque el narrador lo ha experimentado en primera persona, le puede quitar bastante hierro a la escena. Tenlo en cuenta antes de decantarte por este tipo de narrador.

Además, ya hemos dicho que un personaje, aunque actúe como narrador, no puede saber lo que el resto de personajes piensan. Así que incluso aunque Luis hubiera logrado colarse en el vestuario de chicas, no podría saber lo que sienten y piensan Marta y Estela cuando se enzarzan en su pelea. Puede suponerlo, pero nada más.

De modo que nada de «Marta estaba asustada». Lo correcto sería «Marta parecía asustada».

Para que tu narrador en primera persona pudiera estar en todas partes y conocer lo que sucede en la cabeza del resto de personajes tendría que ser dios o tener algún tipo de superpoderes.

Así que si se trata tan solo de una persona normal, mucho ojo con estos detalles.

2. El tiempo

Por lo general, el narrador en primera persona narra su historia en tiempo pasado.

Es esa distancia lo que le permite tener todos los datos sobre los acontecimientos que cuenta. La historia ya ha concluido y el narrador, que sabe lo que ha pasado (comienzo, desarrollo y desenlace), puede narrarla.

Pero esa distancia elimina parte de la tensión de la narración. Si, por ejemplo, se trata de una novela de acción o suspense, el lector sabe que el narrador ha sobrevivido a todo lo narrado porque, a fin de cuentas, lo está contando.

Si estás escribiendo una novela de acción o suspense y te has decidido por un narrador en primera persona, tienes varias opciones para que la tensión se mantenga.

  • Puedes usar el tiempo presente en tu narración. Resulta un poco chocante, pero Suzanne Collins lo ha hecho en Los juegos del hambre con el éxito que todos sabemos.
  • Puedes hacer que el narrador haya dejado su historia escrita (en primera persona, naturalmente) y sea una segunda persona quien la lee. De esta manera hasta el final no se sabe si el manuscrito se interrumpe porque algo le sucedió al escritor que le impidiera concluirlo, lo que te asegura poder jugar con la tensión.
  • O puedes hacer que tu narrador no corra riesgo de muerte. Aunque se trate de una novela de acción, hay otras cosas importantes que pueden estar en juego: la vida de un ser querido, la estabilidad mental del protagonista, su libertad… Se trata de pensar un poco.

3. La retención de información

Como tu narrador en primera persona conoce la historia de principio a fin, jugar con la retención de información es algo más complicado.

¿Qué motivo podría tener el narrador para no revelar todo lo que sabe y andarse con misterios?

Pero tú necesitas el misterio y que tu narrador se guarde algún as en la manga para mantener la tensión narrativa y, con ella, el interés del lector.

La solución es sencilla.

Como hemos visto, el narrador en primera persona no es un narrador omnisciente. Así que se trata de ir revelando la información a medida que el personaje la averigua.

Para ello debes ceñirte muy bien al orden cronológico de la historia y hacer que el lector vaya conociendo lo que sucede a la par que el personaje narrador.

Esto te obligará a trabajar muy bien los tiempos de la novela, meditando cuándo es mejor que se revele un determinado hecho. Durante la revisión será el momento ideal para prestar especial atención a estos detalles.

4. Situaciones dramáticas

En algún momento de tu novela el narrador tendrá que afrontar un momento de gran tensión dramática.

¿Cómo abordarlo?

En los momentos decisivos de nuestra vida es difícil pensar con claridad. Solo al cabo del tiempo podemos analizarlos con relativa frialdad y explicarlos de una forma razonable.

Manejar la narración de uno de estos momentos desde un punto de vista en primera persona presenta dos dificultades.

Si el narrador es demasiado emocional, los hechos pueden presentarse de manera confusa, desordenada, demasiado temperamental.

El que debería ser un momento culminante de la novela puede acabar siendo una escena caótica que saque al lector de la narración.

O puede suceder justo al contrario.

Para evitar caer en cierta confusión sentimental, el narrador analizará los acontecimientos de una forma demasiado fría y racional.

Y sacará también al lector de la novela porque este no entenderá cómo es posible ser tan frío ante hechos tan impactantes.

La solución pasa por alcanzar el equilibrio.

No es nada fácil, pero puedes intentarlo alternando la narración de los acontecimientos y la forma impactante en que el narrador los vivió, con sus reflexiones a posteriori tratando de comprender y asimilar los sucesos.

De este modo crearás un relato que sirva de contrapeso al otro, logrando así la armonía entre un desbordamiento de sentimientos y una excesiva frialdad o distanciamiento.

 

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Los cuatro errores más comunes con tu narrador en primera persona

Alice Munro Nobel canadiense

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Debo confesarlo: para mí, Alice Munro, era una total desconocida. Nunca
había escuchado de ella, nunca la  había leído, ni siquiera sabía que es canadiense y
que lleva más de cuarenta años escribiendo, sobre todo, cuentos. Mi pobre acercamiento parte, por un lado, de mi desconocimiento de Canadá, de la rica y diversa literatura de ese gigantesco país, con el que, particularmente, guardamos alguna identidad latinoamericana con la provincia de Quebec, y que para mí ha llegado como un
reflejo, pasado por Estados Unidos, de un país helado, lejano, en el que se habla francés e inglés y que, según las recientes estadísticas, está entre uno de los diez países con mejor calidad de vida.
No en vano, gran parte de la migración reciente de nuestro país ha decidido irse a Canadá, pues es desde hace algunos años el nuevo sueño americano. Y es que ante una vasta región tanpoco habitada, las expectativas de obtener un trabajo, un espacio y la posibilidad de una mejor vida son inmediatas. Llegué a Canadá no como inmigrante, sino
como lector. Le debo el tiquete a la literatura de

Alice Munro. En esta visita, guiada por la delicada narrativa de la cuentista, descubrí algunas zonas inesperadas, sorprendentes. Entre estas sorpresas descritas en El amor de una mujer generosa, conjunto de cuentos, descubrí esa zona del Sur Oeste de Ontario llamada Southwest, espacio primordial en el que se desenvuelven muchas de las historias de Munro, también algo de la isla y la ciudad de Vancouver, lugares que Munro
conoció muy bien. En sus historias se reconoce con claridad la zona que rodea el Lago Hurón: las granjas, el lago y sus caminos fangosos, una ciudad al límite de ser pueblo, en el que la calma y el sosiego es natural; o la ciudad de Vancouver y la distancia, la lejanía de las preocupaciones delas urbes ruidosas. Más que los lugares geográficos, cuando me
acerqué a la narrativa de Munro, me encontré con una serie de personajes que revelaban una condición de anhelo persistente, una inconformidad. Acaso sea esa circunstancia tan pasiva de la vida canadiense expuesta por la autora, todo
tan seguro y tan fácil, lo que atosiga a sus mujeres protagonistas de las historias, quienes al en-contrarse en una situación extrema deben dar un salto mortal y ver si al caer pueden sobrevivir.
El libro contiene ocho cuentos. El primero, de casi 80 páginas, “El amor de una mujer
generosa”, del cual se ha tomado el título del libro1, trata el hallazgo de un automóvil en medio de un río, en el que se encuentra el cadáver del optometrista Willens, quien al parecer fue asesinado. Sin embargo, el eje central de la historia no radica fundamentalmente en el homicidio ni en los probables asesinos, sino en la culpa. La culpa de Enid, enfermera que ayuda a personas con enfermedades terminales; la culpa de la cómplice de asesinato, en este caso la señora Quinn, la enferma terminal y la posible culpa de Rupert, esposo de la señora Quinn y por quien Enid siente una fuerte atracción. A partir del asesinato y la posterior confesión de la señora Quinn en su lecho de muerte, Enid empezará a cuestionarse si es conveniente para su vida o no saber la verdad, si estaría bien que aquella mujer muriera y qué podría pasar si ella
misma delatara a Rupert. Sin embargo, resumido de esta forma, creo que no soy justo con la historia. El cuento es mucho más profundo. Recuérdese: estamos hablando de un cuento de ochenta páginas.
Quisiera señalar que en este primer cuento tenemos una compleja arquitectura en la estructura, tenemos una elaborada precisión en la creación de cada uno de los detalles, tenemos largas digresiones que aportan para entender las tremendas honduras de cada uno de los personajes; es decir, en esta pieza de filigrana narrativa, Munro es en extremo delicada. Sin duda, su detallado trabajo funciona a la perfección, pues la tensión del lector no se inclina hacia el asesinato, sino hacia los sentimientos y preocupaciones de la enfermera Enid. Desde mi punto de vista, es en estas aguas en las que Munro se mueve mejor: en la fina descripción de las angustias, sentimientos y preocupaciones
de una mujer, sabe cómo entrar en sus deseos, en sus inquietudes. Lo mejor es que no cae en sentimentalismos, ni en ideas románticas, al contrario, las protagonistas de sus historias generalmente viven una encrucijada en la que deben
reconocerse a sí mismas para salir de la monotonía, para quebrar ese mundo, a veces insulso, que han tenido que sufrir por años.
Este es el tema de “Yakarta”, la segunda historia del libro, allí que un par de amigas echadas de la biblioteca en la que trabajaban, en la década de los sesenta, cerca de Vancouver, viven de cerca la farsa de la sociedad de entonces y desean, a su vez, poder escapar de aquella farsa, a pesar de los hijos y la vida de amas de casa a la
que se han adaptado de manera natural.
“La isla de Cortés” es una narración en primera persona exquisita de una joven aspirante a escritora que empieza a vivir con su esposo en  una nueva ciudad. El eje central no es la ciudad ni el drama de empezar de cero, sino la relación que la escritora establece con la señora y el señor Gorrie. La señora Gorrie es una vieja chismosa; el señor Gorrie es un paralítico. La historia se desenvuelve en la relación que establece la joven mujer con el señor Gorrie, quien una tarde le revela un secreto. En esta historia se ve una de las premisas de Munro: reconocerse en el otro. Se trata de reconocer que, algunas
veces, somos aquello que tanto odiamos. Por otra parte, es usual en las historias de
Munro que un secreto revele la posibilidad de que los personajes se desarrollen y así se encuentren. El secreto les permite entrar en contacto, descubrirse entre sí e iniciar nuevos caminos.
Quizás uno de los temas fundamentales de Munro en todas las historias es la complejidad en las relaciones familiares. En “Salvo el segador” encontramos este complejo dilema: entender que las relaciones con los hijos, a pesar de ser
tan estrechas, una vez ha pasado el tiempo, ya no serán las mismas. En esta historia, tenemos a una mujer mayor, Eve, una actriz, quien tuvo una relación muy cercana con su hija Sophie, pero con el paso del tiempo la propia hija empieza a distanciarse. Eve descubre que es incluso una molestia para su hija. Es una historia con un tono, al
principio, nostálgico, que luego se transformará en extraño, pues la trama se enreda hasta generar una situación de tensión al final, pues hay un giro inesperado que da una vitalidad enorme a la historia. Es una de mis favoritas.
“Las niñas se quedan” es otro enfrentamiento entre Pauline, una joven madre de dos niñas pequeñas, ante la decisión de continuar su vida monótona o encontrar una pasión que inflame su vida. Aquella pasión se encarna en Jeffrey, el director de teatro comunitario con quien Pauline empieza a relacionarse, pero sobre todo por la
oportunidad de actuar, pues Pauline se convertirá en actriz aficionada, y así podrá convertirse en otra mujer. La obra en la que la joven es protagonista, Eurídice de Jean Anouilh, se presenta como metáfora de la misma vida de Pauline: cala plenamente en la vida patética de esta madre que encuentra en su esposo y en sus hijas el infierno
del que tal vez un Orfeo la rescate.
“Asquerosamente rica” es la historia de una preadolescente, Karin, hija de divorciados,
quien vive un tiempo con su padre y otro con su madre. Karin visita a su mamá, Rosemary, una histérica correctora de texto, quien parecía empezar a formar una pareja con un escritor vecino y amigo, Derek. Sin embargo, la relación de los adultos no funciona y esto afecta a la chica, quien ya se había acostumbrado a Derek. El
tema es el divorcio y la importancia de reconfigurar la familia. Aún así, considero que la historia no alcanza el nivel de profundidad de las otras. Otros no estarán de acuerdo.
“Antes del cambio”, a diferencia de la anterior, para mí fue una de las historias más fuertes, profundas e intensas elaboradas por Munro. Se trata de una joven que regresa a casa de su padre, un médico que se descubrirá que ha ejercido como abortista, y cómo este secreto puesto al descubierto, cambiará la relación de la hija con el padre. Uno de los hechos más importantes es que no aborda el tema del aborto desde el discurso moralista, ni defensivo; el tratamiento es delicado, natural. Uno de los mejores cuentos.

“El sueño de mi madre” es una estupenda historia contada desde la voz de una joven mujer que relata cómo fue la relación de su madre
con ella antes y después de su propio nacimiento. Por supuesto, está focalizada en la madre, Jill, y se da un efecto muy interesante: una primera persona que narra como testigo de la vida de su propia mamá. El cuento reúne una gran cantidad de dificultades que debe afrontar Jill. La primera es que debe mudarse y vivir con sus cuñadas y
suegra, pues perdió a su esposo en la Segunda Guerra Mundial y ellas la obligan a dejar su mínimo apartamento para poderla ayudar y cuidar; por otra parte, ella necesita encontrar un espacio para tocar el violín, pero, ante todo, es la dificultad de tener una hija por primera vez. Esta jovencita, como muchas madres primerizas,
no tiene la más mínima idea de cómo cuidar a un bebé, cómo dormirlo y mucho menos cómo tratarlo. Una de sus cuñadas, Iona, asume el rol de madre, a tal punto que el día que debe dejar a su sobrina y su cuñada solas entra en shock. Hacia el final hay tal enredo de emociones, tal el nerviosismo, que Jill es capaz de llegar a
decisiones extremas para hacer que esa bebé, posterior narradora de la historia, pueda descansar y dejar a la propia madre en paz.

Vale la pena señalar que como lector de sexo masculino debo perderme mucho de las
sensaciones que estos personajes femeninos exhalan. Por ejemplo, en estos dos últimos cuentos, la historia está tan ligada a la mujer con su cuerpo, con sus sensaciones y relaciones con la maternidad que creo que es poco probable que yo pueda sentir la historia de la misma manera que una mujer que ha vivido un aborto o que ha
sido madre. Honestamente, no veo esto como una barrera, al contrario, me parece inquietante que la narrativa de Munro comunique estas sensaciones y que haya cosas en ella que pertenecen exclusivamente a la naturaleza y la realidad de la mujer.

Por otra parte, quisiera llamar la atención sobre las protagonistas de las historias: mujeres lectoras, músicas, actrices, escritoras; es decir, mujeres vinculadas con el arte o la cultura como alter ego de Munro. Pero esta misma condición hace que sus personajes crezcan, sean sensibles y reconsideren sus posibilidades como creadoras. Por esta misma condición, las protagonistas se preguntan sobre cuál camino tomar, sobre si
deben seguir su condición como madres o amas de casa o arriesgarlo todo para ser, ante todo, dueñas de sí mismas. Además, hay que señalar que los personajes de Munro están muy bien configurados. Algunos ejemplos de trabajo tan exquisito estarían en las otras mujeres que no necesariamente son protagonistas: la señora Quinn, la señora Gorrie, la tía Iona… personajes que sin duda dan contrapeso a las historias y
que ayudan a la construcción de cada una de los protagonistas.

Finalmente, quiero señalar que la propuesta estética de Munro me parece arriesgada y por lo mismo emocionante. Es poco común encontrar cuentos de 80 páginas. Y quiero remarcar que no estamos ante novelas cortas. No, la propuesta es escribir cuentos con un mínimo de personajes y con una trama específica. Munro apuesta a entrar en detalles sobre la vida cotidiana, sobre la naturaleza misma de los personajes, construirlos a profundidad y no limitarse a la anécdota, ni a una serie de acciones que sorprendan. Munro le apuesta al cuento, a darle un salto a las posibilidades orgánicas del género, sin
obligarlo a convertirse en novela y así le da una dimensión superior. El cuento acepta digresión, profundos saltos temporales, flujo de conciencia y una arquitectura compleja.
Vale la pena echarle una mirada atenta a la literatura de la autora canadiense, quien ya
cuenta con una obra extensa  y quien puede ser candidata al premio Nobel de Literatura de este año. Cruzo los dedos.

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El hayku por Rubén García García

El HAYKÚ por Rubén García García

La palabra nos remite a la literatura japonesa. Ésta tiene más de mil años de vida.  El japonés no gusta del poema extenso. Lo esencial no es decir, sino sugerir.  O bien lo importante no es lo que se dice, sino lo que no se dice; lo que queda detrás de las palabras o después de ellas. Lo que sugieren las imágenes, pero no dicen.

 

Los temas son los mismos que se tratan en la poesía universal: el amor, la muerte, el paisaje, el tiempo, la eternidad Etc.  Por razones idiomáticas, pensamiento y sensibilidad prefiere el poema corto, concentrado. No es exagerado decir que el japonés prefiere la captura del instante, del momento presente.

 

Un haiku es un poema corto, la métrica es de 5-7-5-. Habla de la naturaleza, del cambio de estación, de cosas cotidianas, de la emoción al captar el instante, no admite subjetivismos, ni lirismos, los poemas japoneses no llevan rima jamás. Tiene kigo que significa: estación del año, ya sea de manera directa ( invierno, primavera…) o indirecta (nevada, cerezos…) y kireji o corte de pensamiento, es decir, la tercera frase debe cortar a las dos segundas, hablando de otro tema.

El haiku es serenidad, paz, vivir el momento, dejando atrás el pasado y viviendo cada paso como algo único, hermoso, impoluto e irrepetible.

 

Las silabas son cinco en el primero y tercer verso y siete en el segundo. Esta métrica es la utilizada en otras formas poéticas como el senryu, choka, tanka hokku. Cada una de las formas tiene sus propios atributos. Cada ejecutante convoca la que más le guste. A mí me gusta el senryu, el hokku, el choka y el hay-ku y alguna vez el tanka.

 

El hay-ku y el senryu se conforman con tres versos (5-7-5) la diferencia se encuentra en que la senryu ataca solo una idea y habla del hombre y su alma, angustias y deseos, pero no habla de la naturaleza. el Hay-ku  confronta, ataca o refiere a dos ideas, que se nombra Kireji o corte de pensamiento. El senryu da más libertades, admite subjetivismos. Ambas no deben de tener rimas y ejecutarlas en tiempo presente.

 

Autores refieren que para que sea hay-ku debe de tener las características mencionadas, otros admiten más libertades, por lo que todo lo que tenga tres versos ya con más de siete silabas o menos le nombran hay-ku. Pienso que la poesía se encuentra en lo clásico o en lo actual. Cuando ésta se asoma, se logra.  es inefable verla en una u otra forma.

 

Finalizo con la opinión dura de Octavio Paz y una exaltación a esta forma poética de Héctor Daniel Guzmán Carrillo.

 

el haiku es “un organismo poético muy complejo. Su misma brevedad obliga al poeta a significar mucho diciendo lo mínimo. Desde un punto de vista formal, el haikú se divide en dos partes. Uno da la condición general y la ubicación temporal y espacial del poema (otoño o primavera, un ruiseñor); la otra, relampagueante, debe contener un elemento activo. Una es descriptiva y casi enunciativa; la otra, inesperada. La percepción poética surge del choque entre ambas. La índole misma del haikú es favorable a un humor seco, nada sentimental. El haikú es una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente”.

«… el haiku demanda más que una ofrenda de sangre, demanda apertura de mente, una sensibilidad extraordinaria para convertir a la naturaleza en palabras y una claridad imprescindible, para de esa forma, dejar una enseñanza e invitar a la reflexión, que a fin de cuentas es el propósito del haiku». Hector Daniel  Guzmán Carrillo.

 

Sueño infinito de Pao

 

Los autores japoneses escribían hokku, el haykú tal como lo conocemos es una idea poética de Masaoka Shiki (1867–1902)

 

 

AUTORES JAPONESES

 

¿Una flor caída

volviendo a la rama?

Era una mariposa.

Arakida Moritake (1473–1549)

 

Este camino

ya nadie lo recorre

salvo el crepúsculo.

Basho 1644-1694

 

En un jarrón roto

floreció frágil

la blanca flor de los pantanos

 

Uejima Onitsura.(1661-1738)

 

¡Luciérnagas!

En el río

las tinieblas pasan

 

Fukuda Chiyo-ni (1703–1775

 

Lluvias de mayo.

Y enfrente del gran río

un par de casas.

 

Yosa/Taganuchi Buson (1716–1783)

 

 

El ladrón se fue

olvidó solo una cosa –

la luna en la ventana.

 

Ryōkan Taigu (1758-1831)

 

“Cuando no estás,

el bosque me parece

interminable.”

Kobayashi Issa (1763–1827)

 

 

 

Al son de los insectos

sale la luna.

El jardín oscurece

 

Masaoka Shiki (1867–1902)

 

AUTORES MEXICANOS

 

José Juan Tablada

 

Tierno sauz

casi oro, casi ámbar.

casi luz…

 

Es mar la noche negra;

La nube es una concha,

La luna es una perla.

 

Coyoacán, al pasado muerto

el coyote de tu jeroglífico

lanza implacable lamento…

 

Octavio Paz(1914-1998)

 

Aguas petrificadas,

El viejo Tláloc duerme, dentro,

soñando temporales.

 

 

Hecho de aire

entre pinos y rocas

brota el poema.

 

 

Luna reloj de arena

la noche se vacía

la hora se ilumina.

 

Sobre la arena

escritura de pájaros

memorias del viento.

 

De José Rubén Romero(1890-1952, mexicano)

 

Sesión permanente,

los viejos del pueblo discuten

la honra de toda la gente.

 

Elías Nandino(1900-1993, mexicano)

 

Una gota de rocío

y dos pétalos de rosa

¡hacen una mariposa!

Luis Gabriel Vázquez: Niño tabasqueño y actual ganador del premio ‘Haikú para niños del mundo’ de la Fundación de Aerolíneas de Japón. Descrito como impecable.

Amo la lluvia

cuando besa la tierra

siembra su aroma

 

 

OTROS AUTORES

 

¿Es un imperio

esa luz que se apaga

o una luciérnaga?

 

tiembla el rocío

y las hojas moradas

y un colibrí.

 

Una campana

tan sólo una campana

se opone al viento.

 

Mario Benedetti (1920-2009, uruguayo)

 

Encuentro lo que no busco:

las hojas del toronjil

huelen a limón maduro.

 

De Antonio Machado (1875-1939, español)

 

Lejos un trino.

El ruiseñor no sabe

que te consuela.

De Jorge Luis Borges(1899-1986, argentino)

 

 

Rubén García García

 

La gota de agua

da música al silencio,

al cimbrar la hoja.

 

 

Cae la niebla,

 

y sobre la ciudad

 

se escucha un sax.

 

 

Afuera llueve;

rueda sobre el papayo

la gota fría.

 

 

En la montaña,

la niebla se transforma

en barcos de humo

 

 

 

Encajonado

por el muro rocoso;

el río pasa.

 

 

Gota tras gota

van cayendo los años;

en las iglesias.

 

 

 

¡El mar, el mar!

por mi barca, la luna

viste de espuma.

 

 

Por el camino,

 

una rama esquelética

 

me dice adiós.

 

 

El frío cruje,

y adentro de la choza

llora un bebé.

 

A ras del agua

van volando los pájaros.

Giran las hojas.

 

 

llegó el otoño

y ya en mi rosaleda…

hay flores muertas.

 

Bajo la luna,

y al compás de las olas;

marchan los cangrejos.

 

Es religioso,

contemplar las montañas

en procesión.

 

Ha entrado el tren

al túnel misterioso;

todo se oscurece

 

El mar, el mar;

se hunde el velero

en el ocaso.

 

Estas luciérnagas,

son pequeños cometas

entre los árboles.

 

 

 

 

 

 

 

 

Páginas consultadas

 

https://experienciakirei.com/blogs/mundo-kirei/10-haikus-para-san-valentin

http://destellosdehaijin.blogspot.com

https://www.oshogulaab.com

Desde <http://amediavoz.com/buson.htm&gt;

https://www.historiajaponesa.com/kobayashi-issa-motivos-recurrentes/&gt;

Desde <http://destellosdehaijin.blogspot.com/2012/03/masaoka-shiki.html&gt;

Desde <https://wsimag.com/es/cultura/23060-haikus-con-acento-mexicano&gt;

http://institutoculturaldeleon.org.mx/icl/story/6702/Hakken-Haik-Mexicano#.XfL-TT3VKUk&gt;

<https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/630806.los-grandes-del-haiku.html

<https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/630806.los-grandes-del-haiku.html&gt;