En Gamud de Antonio Fernández Molina

En Gamud, cuando se da una fiesta en honor de la hija de la casa, la madre se escapa con el invitado más viejo y repulsivo. Aunque es una costumbre admitida que nadie trata de impedir, lo hace de una manera secreta o simulando cualquier pretexto.
La hija, en cuanto nota la falta de la madre, pregunta afectando un aire de inocencia:
-¿Dónde está mamá?
A esta pregunta, que repite varias veces, invariablemente le contestan:
-¿Tu mamá? Está haciendo el amor.
El que así habla recibe un beso de la joven y él le entrega una moneda.
Algunas muchachas consiguen besar de una manera turbadora y si son previsoras y hermosas llegan a reunir una fortuna.

Cómo limpiar monedas para su conservación

Texto tomado de Fb

 

El pozo de Luis Mateo Diez

El pozo

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. «Este es un mundo como otro cualquiera», decía el mensaje.

Luis Mateo Díez, en Albanito, amigo mío y otros relatos. Incluido en Antología del microrrelato español (1906-2011).

Ciencias de la Tierra y M.Ambientales: Pozo artesiano

Bernardino de Ana María Matute

Siempre oímos decir en casa, al abuelo y a todas las personas mayores, que Bernardino
era un niño mimado.
Bernardino vivía con sus hermanas mayores, Engracia, Felicidad y Herminia, en “Los
Lúpulos”, una casa grande, rodeada de tierras de labranza y de un hermoso jardín, con
árboles viejos agrupados formando un diminuto bosque, en la parte lindante con el río.
La finca se hallaba en las afueras del pueblo y, como nuestra casa, cerca de los grandes
bosques comunales.
Alguna vez, el abuelo nos llevaba a “Los Lúpulos”, en la pequeña tartana, y, aunque el
camino era bonito por la carretera antigua, entre castaños y álamos, bordeando el río,
las tardes en aquella casa no nos atraían. Las hermanas de Bernardino eran unas
mujeres altas, fuertes y muy morenas. Vestían a la moda antigua -habíamos visto
mujeres vestidas como ellas en el álbum de fotografías del abuelo- y se peinaban con
moños levantados, como roscas de azúcar, en lo alto de la cabeza. Nos parecía extraño
que un niño de nuestra edad tuviera hermanas que parecían tías, por lo menos. El
abuelo nos dijo:
-Es que la madre de Bernardino no es la misma madre de sus hermanas. Él nació del
segundo matrimonio de su padre, muchos años después.
Esto nos armó aún más confusión. Bernardino, para nosotros, seguía siendo un ser
extraño, distinto. Las tardes que nos llevaban a “Los Lúpulos” nos vestían
incómodamente, casi como en la ciudad, y debíamos jugar a juegos necios y pesados,
que no nos divertían en absoluto. Se nos prohibía bajar al río, descalzarnos y subir a los
árboles. Todo esto parecía tener una sola explicación para nosotros:
-Bernardino es un niño mimado -nos decíamos. Y no comentábamos nada más.
Bernardino era muy delgado, con la cabeza redonda y rubia. Iba peinado con un
flequillo ralo, sobre sus ojos de color pardo, fijos y huecos, como si fueran de cristal. A
pesar de vivir en el campo, estaba pálido, y también vestía de un modo un tanto
insólito. Era muy callado, y casi siempre tenía un aire entre asombrado y receloso, que
resultaba molesto. Acabábamos jugando por nuestra cuenta y prescindiendo de él, a
pesar de comprender que eso era bastante incorrecto. Si alguna vez nos lo reprochó el
abuelo, mi hermano mayor decía:
-Ese chico mimado… No se puede contar con él.
Verdaderamente no creo que entonces supiéramos bien lo que quería decir estar
mimado. En todo caso, no nos atraía, pensando en la vida que llevaba Bernardino.
Jamás salía de “Los Lúpulos” como no fuera acompañado de sus hermanas. Acudía a la
misa o paseaba con ellas por el campo, siempre muy seriecito y apacible.
Los chicos del pueblo y los de las minas lo tenían atravesado. Un día, Mariano
Alborada, el hijo de un capataz, que pescaba con nosotros en el río a las horas de la
siesta, nos dijo:
-A ese Bernardino le vamos a armar una.
-¿Qué cosa? -dijo mi hermano, que era el que mejor entendía el lenguaje de los chicos
del pueblo.
-Ya veremos -dijo Mariano, sonriendo despacito-. Algo bueno se nos presentará un día,
digo yo. Se la vamos a armar. Están ya en eso Lucas, Amador, Gracianín y el Buque…
¿Queréis vosotros?
Mi hermano se puso colorado hasta las orejas.
-No sé -dijo-. ¿Qué va a ser?
-Lo que se presente -contestó Mariano, mientras sacudía el agua de sus alpargatas,
golpeándolas contra la roca-. Se presentará, ya veréis.
Sí: se presentó. Claro que a nosotros nos cogió desprevenidos, y la verdad es que
fuimos bastante cobardes cuando llegó la ocasión. Nosotros no odiábamos a
Bernardino, pero no queríamos perder la amistad con los de la aldea, entre otras cosas
porque hubieran hecho llegar a oídos del abuelo andanzas que no deseábamos que
conociera. Por otra parte, las escapadas con los de la aldea eran una de las cosas más
atractivas de la vida en las montañas.
Bernardino tenía un perro que se llamaba “Chu”. El perro debía de querer mucho a
Bernardino, porque siempre le seguía saltando y moviendo su rabito blanco. El nombre
de “Chu” venía probablemente de Chucho, pues el abuelo decía que era un perro sin
raza y que maldita la gracia que tenía. Sin embargo, nosotros le encontrábamos mil,
por lo inteligente y simpático que era. Seguía nuestros juegos con mucho tacto y se
hacía querer en seguida.
-Ese Bernardino es un pez -decía mi hermano-. No le da a “Chu” ni una palmada en la
cabeza. ¡No sé cómo “Chu” le quiere tanto! Ojalá que “Chu” fuera mío…
A “Chu” le adorábamos todos, y confieso que alguna vez, con mala intención, al salir de
“Los Lúpulos” intentábamos atraerlo con pedazos de pastel o terrones de azúcar, por
ver si se venía con nosotros. Pero no: en el último momento “Chu” nos dejaba con un
palmo de narices y se volvía saltando hacia su inexpresivo amigo, que le esperaba
quieto, mirándonos con sus redondos ojos de vidrio amarillo.
-Ese pavo… -decía mi hermano pequeño-. Vaya un pavo ese…
Y, la verdad, a qué negarlo, nos roía la envidia.
Una tarde en que mi abuelo nos llevó a “Los Lúpulos” encontramos a Bernardino
raramente inquieto.
-No encuentro a “Chu” -nos dijo-. Se ha perdido, o alguien me lo ha quitado. En toda la
mañana y en toda la tarde que no lo encuentro…
-¿Lo saben tus hermanas? -le preguntamos.
-No -dijo Bernardino-. No quiero que se enteren…
Al decir esto último se puso algo colorado. Mi hermano pareció sentirlo mucho más
que él.
-Vamos a buscarlo -le dijo-. Vente con nosotros, y ya verás como lo encontraremos.
-¿A dónde? -dijo Bernardino-. Ya he recorrido toda la finca…
-Pues afuera -contestó mi hermano-. Vente por el otro lado del muro y bajaremos al
río… Luego, podemos ir hacia el bosque. En fin, buscarlo. ¡En alguna parte estará!
Bernardino dudó un momento. Le estaba terminantemente prohibido atravesar el
muro que cercaba “Los Lúpulos”, y nunca lo hacía. Sin embargo, movió
afirmativamente la cabeza.
Nos escapamos por el lado de la chopera, donde el muro era más bajo. A Bernardino le
costó saltarlo, y tuvimos que ayudarle, lo que me pareció que le humillaba un poco,
porque era muy orgulloso.
Recorrimos el borde del terraplén y luego bajamos al río. Todo el rato íbamos llamando
a “Chu”, y Bernardino nos seguía, silbando de cuando en cuando. Pero no lo
encontramos.
Íbamos ya a regresar, desolados y silenciosos, cuando nos llamó una voz, desde el
caminillo del bosque:
-¡Eh, tropa!…
Levantamos la cabeza y vimos a Mariano Alborada. Detrás de él estaban Buque y
Gracianín. Todos llevaban juncos en la mano y sonreían de aquel modo suyo, tan
especial. Ellos sólo sonreían cuando pensaban algo malo.
Mi hermano dijo:
-¿Habéis visto a “Chu”?
Mariano asintió con la cabeza:
-Sí, lo hemos visto. ¿Queréis venir?
-Bernardino avanzó, esta vez delante de nosotros. Era extraño: de pronto parecía
haber perdido su timidez.
-¿Dónde está “Chu”? -dijo. Su voz sonó clara y firme.
Mariano y los otros echaron a correr, con un trotecillo menudo, por el camino.
Nosotros les seguimos, también corriendo. Primero que ninguno iba Bernardino.
Efectivamente: ellos tenían a “Chu”. Ya a la entrada del bosque vimos el humo de una
fogata, y el corazón nos empezó a latir muy fuerte. Habían atado a “Chu” por las patas
traseras y le habían arrollado una cuerda al cuello, con un nudo corredizo. Un
escalofrío nos recorrió: ya sabíamos lo que hacían los de la aldea con los perros
sarnosos y vagabundos. Bernardino se paró en seco, y “Chu” empezó a aullar,
tristemente. Pero sus aullidos no llegaban a “Los Lúpulos”. Habían elegido un buen
lugar.
-Ahí tienes a “Chu”, Bernardino -dijo Mariano-. Le vamos a dar de veras.
Bernardino seguía quieto, como de piedra. Mi hermano, entonces, avanzó hacia
Mariano.
-¡Suelta al perro! -le dijo-. ¡Lo sueltas o…!
-Tú, quieto -dijo Mariano, con el junco levantado como un látigo-. A vosotros no os da
vela nadie en esto… ¡Como digáis una palabra voy a contarle a vuestro abuelo lo del
huerto de Manuel el Negro!
Mi hermano retrocedió, encarnado. También yo noté un gran sofoco, pero me mordí
los labios. Mi hermano pequeño empezó a roerse las uñas.
-Si nos das algo que nos guste -dijo Mariano- te devolvemos a “Chu”.
-¿Qué queréis? -dijo Bernardino. Estaba plantado delante, con la cabeza levantada,
como sin miedo. Le miramos extrañados. No había temor en su voz.
Mariano y Buque se miraron con malicia.
-Dineros -dijo Buque.
Bernardino contestó:
– No tengo dinero.
Mariano cuchicheó con sus amigos, y se volvió a él:
-Bueno, pos cosa que lo valga…
Bernardino estuvo un momento pensativo. Luego se desabrochó la blusa y se
desprendió la medalla de oro. Se la dio.
De momento, Mariano y los otros se quedaron como sorprendidos. Le quitaron la
medalla y la examinaron.
-¡Esto no! -dijo Mariano-. Luego nos la encuentran y… ¡Eres tú un mal bicho! ¿Sabes?
¡Un mal bicho!
De pronto, les vimos furiosos. Sí; se pusieron furiosos y seguían cuchicheando. Yo veía
la vena que se le hinchaba en la frente a Mariano Alborada, como cuando su padre le
apaleaba por algo.
-No queremos tus dineros -dijo Mariano-. Guárdate tu dinero y todo lo tuyo… ¡Ni eres
hombre ni… ná!
Bernardino seguía quieto. Mariano le tiró la medalla a la cara. Le miraba con ojos fijos
y brillantes, llenos de cólera. Al fin, dijo:
-Si te dejas dar de veras tú, en vez del chucho…
Todos miramos a Bernardino, asustados.
-No… -dijo mi hermano.
Pero Mariano gritó:
-¡Vosotros a callar, o lo vais a sentir…! ¡Qué os va en esto? ¿Qué os va…?
Fuimos cobardes y nos apiñamos los tres juntos a un roble. Sentí un sudor frío en las
palmas de las manos. Pero Bernardino no cambió de cara. (“Ese pez…”, que decía mi
hermano). Contestó:
-Está bien. Dadme de veras.
Mariano le miró de reojo, y por un momento nos pareció asustado. Pero en seguida
dijo:
-¡Hala, Buque…!
Se le tiraron encima y le quitaron la blusa. La carne de Bernardino era pálida,
amarillenta, y se le marcaban mucho las costillas. Se dejó hacer, quieto y flemático.
Buque le sujetó las manos a la espalda, y Mariano dijo:
-Empieza tú, Gracianín…
Gracianín tiró el junco al suelo y echó a correr, lo que enfureció más a Mariano.
Rabioso, levantó el junco y dio de veras a Bernardino, hasta que se cansó.
A cada golpe mis hermanos y yo sentimos una vergüenza mayor. Oíamos los aullidos
de “Chu” y veíamos sus ojos, redondos como ciruelas, llenos de un fuego dulce y
dolorido que nos hacía mucho daño. Bernardino, en cambio, cosa extraña, parecía no
sentir el menor dolor. Seguía quieto, zarandeado solamente por los golpes, con su
media sonrisa fija y bien educada en la cara. También sus ojos seguían impávidos,
indiferentes. (“Ese pez”, “Ese pavo”, sonaba en mis oídos).
Cuando brotó la primera gota de sangre Mariano se quedó con el mimbre levantado.
Luego vimos que se ponía muy pálido. Buque soltó las manos de Bernardino, que no le
ofrecía ninguna resistencia, y se lanzó cuesta abajo, como un rayo.
Mariano miró de frente a Bernardino.
-Puerco -le dijo-. Puerco.
Tiró el junco con rabia y se alejó, más aprisa de lo que hubiera deseado.
Bernardino se acercó a “Chu”. A pesar de las marcas del junco, que se inflamaban en
su espalda, sus brazos y su pecho, parecía inmune, tranquilo, y altivo, como siempre.
Lentamente desató a “Chu”, que se lanzó a lamerle la cara, con aullidos que partían el
alma. Luego, Bernardino nos miró. No olvidaré nunca la transparencia hueca fija en sus
ojos de color de miel. Se alejó despacio por el caminillo, seguido de los saltos y los
aullidos entusiastas de “Chu”. Ni siquiera recogió su medalla. Se iba sosegado y
tranquilo, como siempre.
Sólo cuando desapareció nos atrevimos a decir algo. Mi hermano recogió del suelo la
medalla, que brillaba contra la tierra.
-Vamos a devolvérsela -dijo.
Y aunque deseábamos retardar el momento de verle de nuevo, volvimos a “Los
Lúpulos”. Estábamos ya llegando al muro, cuando un ruido nos paró en seco. Mi
hermano mayor avanzó hacia los mimbres verdes del río. Le seguimos, procurando no
hacer ruido.
Echado boca abajo, medio oculto entre los mimbres, Bernardino lloraba
desesperadamente, abrazado a su perro.

Mar, un cuento de Ana María Matute - Zenda

Ratones de Lydia Davis

 

Hay ratones que viven en nuestras paredes pero nunca entran a nuestra cocina. Estamos contentos pero no podemos entender por qué no vienen a nuestra cocina donde tenemos trampas puestas, y sí van a las cocinas de nuestros vecinos. Aunque estamos contentos, también estamos un poco tristes, porque los ratones se comportan como si hubiera algo malo con nuestra cocina. Lo que hace esto todavía más misterioso es que nuestra casa es mucho menos ordenada que las casas de nuestros vecinos. Hay más restos de comida en nuestra cocina, más migajas en la barra y restos sucios de cebolla pateados por debajo de la alacena. De hecho, hay tanta comida suelta en la cocina que solo se me ocurre pensar que los ratones mismos se sienten intimidados por ella. En una cocina limpia, es un reto para los ratones encontrar suficiente comida noche tras noche para sobrevivir hasta la primavera. Pacientemente cazan y mordisquean hora tras hora hasta quedar satisfechos. Pero en nuestra cocina se encuentran frente a algo tan fuera de su experiencia habitual que no pueden contra ello. Pueden aventurarse y dar algunos pasos, pero al enfrentarse a los abrumadores monumentos y olores, vuelven resignado a sus hoyos, incómodos y apenados de no poder husmear como deberían…
▷ ¿Por qué aparecen las Ratas y Ratones en la Casa?

La coma, ese dolor de cabeza

El uso de la coma | De Boca en Boca

Debo de confesar que mis dolores de cabeza empiezan y nunca terminan. He finalizado cuentos, narraciones  que cobijo y corrijo: alguna palabra o  tengo dudas en la puntuación y es la humilde coma la que me saca las canas verdes, que ya se pusieron blancas. Encontré en la red este texto y como es seguro que muchos padezcamos del mismo mal,  lo tomo y lo comparto. Por supuesto dando el crédito: https://parles.upf.edu/llocs/cr/casacd/coma5cs.htm#l

  • Errores más frecuentes

En muchas ocasiones la coma aparece donde no tendría que aparecer y el uso de la coma es excesivo. Los errores por exceso son los siguientes:

a) Coma entre sujeto y verbo
b) Coma entre verbo y complementos
c) Coordinación de elementos en una enumeración
d) Elisiones verbales
e) Cambios de orden
f) Oraciones subordinadas adverbiales
g) Ausencia de coma antes de los nexos adversativos y consecutivos
h) Vocativos
i) Cláusulas adjetivas explicativas
j) Aposiciones
k) Construcciones absolutas
l) Conectores
m) Adverbios que complementan a todo un enunciado
n) La coma después de luego
o) La coma después del adverbio mientras
p) La coma y como
q) La abreviatura etc.

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a) Coma entre sujeto y verbo. No es posible colocar una coma entre el sujeto y el predicado, a menos que se introduzca un inciso. En este caso, son necesarias dos comas: una para abrir el inciso y otra para cerrarlo (RAE, 1999:5.2.12). Es incorrecta, por tanto, la puntuación del siguiente ejemplo:

*La intervención de los países extranjeros en otros míseros, se debe a los cuantiosos intereses de una zona.

Sin embargo, el siguiente ejemplo es correcto:

Aznar, y no Matutes, viajará a Argentina.

Tornar adalt

b) Coma entre verbo y complementos. No hay que colocar coma entre el verbo y uno de sus complementos fuertes (complemento directo, complemento indirecto y complemento preposicional, o atributo en el caso de los verbos copulativos). No resulta adecuada una puntuación como la siguiente:

*Esto dificulta, que estas personas que tienen sus raíces natales fuera del territorio español puedan instalarse en nuestro país con libertqad para poder disfrutar de un estado de bienestar, de unas condiciones dignas para poder vivir con un mínimo de garantías.


c) Coordinación de elementos en una enumeración.
 Una de las funciones básicas de la coma es la de separar los elementos individuales de una serie. En los siguientes ejemplos, las comas coordinan componentes que forman parte del mismo conjunto (es decir, se trata de entidades homogéneas). Un error muy común es colocar una coma antes de las conjunciones que unen los dos últimos elementos de la serie ( yenio).

Filósofos, místicos, científicos y artistas han debatido la naturaleza del color.

Sentados sobre almohadones de lino y seda, pueden hacer una pausa para degustar higos secos, jugar una partida de ajedrez o tocar el laúd.

Sin embargo, la coma se puede emplear en lugar de la conjunción cuando la serie es abierta:

Al igual que el texto de la Gesta episcoporum cameracensium que durante siglos fue prolongado, copiado, modificado.

Restricciones a la regla:

La Academia señala que cabe la posibilidad de emplear una coma antes de la conjunción, si la secuencia que sigue tiene un significado (consecutivo, temporal…) diferente al del segmento anterior. Por ejemplo:

Ya en Occidente, el último factor económico, el capitalismo, ha servido de arma a la masonería, y ahora los judíos se han apropiado diestramente de ese arma.
Al poco de regresar a Viena, Gödel sufrió una grave crisis mental. Se recuperó a tiempo para retornar a Princeton en el otoño de 1935; al mes de su llegada sufrió una recaída, y no volvió a impartir enseñanza hasta la primavera de 1937, en Viena.

 

d) Elisiones verbales. Es necesario tener en cuenta que cuando en una secuencia se elimina el verbo (o el verbo y algunos de sus complementos), es preciso emplear una coma en el lugar que ocuparía el elemento si estuviera explícito. Veamos algunos ejemplos:

Primero se desprenden los Países Bajos y el Milanesado; luego, Nápoles.

Kurt Gödel demostró que los sistemas matemáticos son esencialmente incompletos: no se puede demostrar que sea verdadero todo cuanto lo es. Más avanzada su vida, volvió la atención hacia otros problemas; entre ellos, la teoría de la relatividad.

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e) Cambios de orden. Puede ocurrir que algún elemento de la frase aparezca antepuesto (es decir, se haya alterado el orden habitual de los elementos). En estos casos, se separa el elemento desplazado por medio de una coma. Por ejemplo:

*A través de una carta del mismo Federico sabemos que Hildegarda fue pronto invitada a verle a su palacio de Ingelheim.
A través de una carta del mismo Federico, sabemos que Hildegarda fue pronto invitada a verle a su palacio de Ingelheim.

*El retraso en el envío de ayuda a la zona lo justificó el vicepresidente del Gobierno apelando a las limitaciones de Albania y Macedonia para canalizar las aportaciones internacionales.
El retraso en el envío de ayuda a la zona, lo justificó el vicepresidente del Gobierno apelando a las limitaciones de Albania y Macedonia para canalizar las aportaciones internacionales.

Cabe destacar que la puntuación en estos casos es fluctuante. Lo más común es que, si el complemento colocado al principio es largo, el segmento que ha cambiado de orden se separe del resto del enunciado con una coma.

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f) Oraciones subordinadas adverbiales. Las oraciones subordinadas de tiempo, lugar y modo también pueden aparecer al principio de la secuencia. Como se trata de complementos largos y pesados, es necesario delimitarlos por medio de una coma:

*Cuando una caída u otro tipo de fuerza producen una fractura o una luxación de la columna los cuerpos vertebrales que, en condiciones normales, rodean y protegen la médula espinal pueden aplastarla.
Cuando una caída u otro tipo de fuerza producen una fractura o una luxación de la columna, los cuerpos vertebrales que, en condiciones normales, rodean y protegen la médula espinal pueden aplastarla.

*Donde fueron localizados los restos del naufragio los submarinistas encontraron una importante colonia de corales.
Donde fueron localizados los restos del naufragio, los submarinistas encontraron una importante colonia de corales.

Estas subordinadas pueden aparecer intercaladas en el enunciado. En tal caso, requieren aparecer delimitadas por comas:

Se negó a retirar la demanda y, tan pronto como cobró la indemnización, desapareció sin dejar ni rastro.

Las oraciones condicionales, causales, concesivas, finales, adversativas, etc., también pueden ser objeto de un cambio de orden. En tal caso es necesaria una coma para separarlo del resto del enunciado:

Aunque somos conscientes de que es extremadamente difícil mantener con el tiempo la intensidad sexual original, la pérdida o incluso la disminución de la pasión puede ser devastadora para la supervivencia de la pareja.

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g) Ausencia de coma antes de los nexos adversativos y consecutivos. Generalmente estos nexos van precedidos de coma. Veamos unos ejemplos:

*Vida y cultura no deberían ser cosas diferentes pero si llegaran a serlo y hubiera que elegir, uno preferiría quedarse con la cultura.
Vida y cultura no deberían ser cosas diferentes, pero si llegaran a serlo y hubiera que elegir, uno preferiría quedarse con la cultura.

*La Sociedad de las Naciones, de la que Abisinia era miembro desde 1923, impuso sanciones económicas a Italia aunque estados no miembros, como Alemania y EE.UU., no las cumplieron.
La Sociedad de las Naciones, de la que Abisinia era miembro desde 1923, impuso sanciones económicas a Italia, aunque estados no miembros, como Alemania y EE.UU., no las cumplieron.

h) Vocativos. Los vocativos tanto si aparecen al principio o al final, se separan por medio de una coma del resto de la secuencia. En caso de que se inserten en el interior del enunciado, hay que delimitarlos entre dos comas:

No es preciso que te preocupes por nada, Alberto.
José Luis, no es preciso que te preocupes por nada.
No es preciso, Andrés, que te preocupes por nada.


i) Cláusulas adjetivas explicativas. 
A diferencia de las cláusulas adjetivas especificativas, las explicativas se separan de la oración subordinada con una coma.

*Este formulario tiene un solo botón de pulsación que cumple las siguientes funciones: […].
Este formulario tiene un solo botón de pulsación, que cumple las siguientes funciones: […].

La inexistencia de comas entre la subordinada adjetiva y su antecedente (botón) convierte la adjetiva en especificativa; se dice, pues, que hay un solo botón de esa clase, con lo que se sobreentiende que hay otros de otra clase. Pero lo que se quería expresar es que hay un solo botón y que éste tiene determinadas funciones. Se trata, por tanto, de una subordinada explicativa que introduce una cualidad de dicho botón. Es necesario marcarlo con comas.

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j) Aposiciones. La coma toma un alto valor en el caso de las aposiciones; es decir, aquellas que, desde el punto de vista del significado, definen al sujeto o lo complementan:

El presidente del Gobierno, José María Aznar, declaró ayer […].

En este caso la aposición (José María Aznar) equivale a todo el grupo el presidente del Gobierno. Por tanto, estamos hablando de un presidente del Gobierno al que adjudicamos un artículo determinado; y eso implica que tanto el emisor como el receptor saben de qué presidente del Gobierno se trata. En este caso, sabemos que se trata del actual presidente, y que el Gobierno del que hablamos es el español. Y sólo una persona reúne todos esos requisitos: José María Aznar.

Veamos ahora otro ejemplo:

*El jugador del Real Madrid, Davor Suker, viajó ayer a Croacia.

Si bien es cierto que el jugador del Real Madrid equivale a Davor Suker, nótese que, en efecto, estamos hablando de el jugador, no de un jugador. Y de ahí se rompe la lógica de la frase tal como estaba expresada, ya que previamente no teníamos establecido que el jugador del Real Madrid ha de ser necesariamente Davor Suker (al contrario de lo que pasaba con José María Aznar, donde no cabía más opción). Así que es necesario eliminar la aposición:

El jugador del Real Madrid Davor Suker viajó ayer a Croacia.

Sí habría servido, en cambio, la aposición si hubiéramos utilizado el artículo indeterminado:

Un jugador del Real Madrid, Davor Suker, viajó ayer a Croacia.

Porque Davor Suker es, en efecto, un jugador del Real Madrid. No el jugador. Hay más jugadores, y por tanto no podemos establecer el acuerdo tácito de que nos referimos precisamente a él.


k) Construcciones absolutas. 
Estas construcciones son segmentos autónomos desde el punto de vista sintáctico que presentan un participio. Este tipo de construcciones deben delimitarse con comas. Por ejemplo:

Situados los corredores en el punto de partida, puede empezar la competición.
Los trabajadores, vista la situación, decidieron declararse en huelga.

 

l) Conectores. Se producen muchos errores en el uso de los signos de puntuación, ya que los estudiantes raramente los marcan con comas. Se trata de un caso especial que aparezcan siempre separados del resto de la secuencia por medio de una coma; si, por el contrario, están situados en mitad del enunciado, es necesario emplear dos comas.

El que, en efecto, quiere luchar, empieza por creer que el enemigo existe, que es poderoso; por tanto, respetable.

Es un hecho, sin embargo, que los ciudadanos no se sienten obligados, en el sentido moral del término, con la mayoría de las leyes que emanan de los gobiernos democráticos.

m) Adverbios que complementan a todo el enunciado. Como ocurre con los conectores, los adverbios de modo que se emplean para valorar o calificar el contenido global del enunciado deben estar separados del resto de la secuencia por una coma. Se trata de adverbios como desgraciadamenteefectivamentelamentablemente, etc. Obsérvese la diferencia de significado entre las siguientes cláusulas:

Afortunadamente, ha acabado el trabajo. (Creo que es afortunado que haya acabado el trabajo)

Ha acabado el trabajo afortunadamente. (Ha acabado el trabajo con éxito)

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n) La coma después de luego. Es necesario hacer una distinción entre el significado de estos dos enunciados:

He ido sin comer. Luego, volveré hambriento.
He ido sin comer. Luego volveré hambriento.

En el primer caso, luego funciona como conjunción consecutiva (igual que lo haría por tanto). En el segundo, estamos ante un adverbio temporal (equivalente a después) que tiene capacidad para ocupar otro lugar en la oración: Volveré hambriento luego. La coma resulta fundamental para distinguirlos.

o) La coma después del adverbio mientras. Igual que sucede con luego, el adverbio mientras puede tomar valor de conjunción según se ponga o no una coma. Veamos la diferencia entre los siguientes enunciados:

Mientras tú vienes.
Mientras, tú vienes.

La falta de cuidado en ese detalle conduce muchas veces a que el lector no entienda nada, como en estos casos:

*Mientras Jordi Mollà, Nancho Novo y Carlos Fuentes resultan mucho mejor que Juan Diego Botto, que funciona con un registro menos convincente que el resto de sus compañeros del amplio, atractivo y bien conjuntado grupo.

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p) La coma y como. 
Éste es uno de los errores en los que caen los estudiantes, ya que la ausencia o la introducción de coma puede alterar el mensaje.

He venido como me dijiste.
He venido, como me dijiste.


q) La abreviatura etc
Si la enumeración no está cerrada, se suprime la conjunción copulativa y la oración acaba con la abreviatura etc. (precedida de coma) o con puntos suspensivos (no precedidos de coma), recursos que no pueden aparecer nunca simultáneamente.

*Existen diversas razones para odiar a ese individuo: desdén, grosería, malhumor, etc…
Existen diversas razones para odiar a ese individuo: desdén, grosería, malhumor, etc.
Existen diversas razones para odiar a ese individuo: desdén, grosería, malhumor…


ERRORES MÁS FRECUENTES (Continuación) / VÍNCULOS

 

Primero nada, después poco a poco Miriam Cairo

En el bar encuentro a la muchacha rubia con vestido negro y gesto de hoja que se desprende del árbol. Encuentro a la morena alta, de cabellos cortos y dedos largos. Entre las mesas se abren pequeñas calles humeantes y mal iluminadas. Ellas las recorren de tal modo que siempre las pueda ver. Yo evalúo cuestiones de peso e ingravidez. Cuando todos se marchan, me dan de comer frutos fuera de estación y bebemos ron con sabor a pelo de montaña. Las tres usamos las bocas para algo más que pronunciar palabras. La rubia me llena el crepúsculo con pétalos viejos para que yo no sueñe con músicos ni
con boxeadores. Hago todo para que la morena no hable mientras mete sus dedos en mi madrugada.

Mi debilidad por las meseras jóvenes y la escritura en espiral es simétrica e ingobernable.

El Universal - Nación - Los afanes de los solteros

La caricia Patricia Nasello

 

Quizá se debió a un ansia inconsciente de elevarme hasta encontrarte, o a un efecto de la desesperación; el caso es que comencé a volar.

Sostener mi cuerpo en el aire, orientarme según los vientos, descubrir en las alturas un presagio de tormenta fue un aprendizaje arduo, un proceso peligroso que ocupó mi tiempo y dio sentido a mi vida.

En las montañas la vista es maravillosa y el silencio casi perfecto. Los cóndores ya no recelan mi presencia, sin embargo bajo a diario al llano. Visito el camposanto. Recorro con mis yemas las letras de tu nombre.

 

Otro día en la nieve - El baile de la Victoria

Patricia Nasello

PATRICIA NASELLO (Argentina), Magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca (USAL) y Contadora Pública por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).Publicó la micronovela «Acabemos con ellos de una vez» (Alción, 2019), los libros de microrrelatos «Qué buen disfraz de leona» (Micrópolis, 2019), «Una mujer vuelta al revés» (2017, Macedonia), «Nosotros somos eternos» (2016, Macedonia) y «El manuscrito» (2001, edición de autor, microrrelatos y cuentos breves).Participó en antologías, periódicos y revistas culturales (soporte papel) en Argentina, México, España, Perú, Rumania, Venezuela y Bolivia.Trabajos suyos han sido traducidos al francés, italiano, rumano e inglés.Desde el año 2014 administra Piedra y nido, antología digital de minificción (más de trescientos escritores/as publicados/as de veintisiete países). http://piedraynido.blogspot.com

 

Alada satisfacción Nanim Rekacz

Ciento un pájaros volando y mis manos felizmente vacías.

Nanim Rekacz nació en Argentina y reside en Puerto Rico desde el año 2015. Es bloguera, escritora y autora de los libros de microficción Jardín Felino y Lluvia de arañas publicados en Macedonia Ediciones, Argentina. Se define como aficionada a la fotografía.

Mi jockey de Lucía Berlin

Me gusta trabajar en Urgencias, por lo menos ahí se conocen hombres. Hombres de verdad, héroes. Bomberos y jockeys. Siempre vienen a las salas de urgencias. Las radiografías de los jinetes son alucinantes. Se rompen huesos constantemente, pero se vendan y corren la siguiente carrera. Sus esqueletos parecen árboles, parecen brontosaurios reconstruidos. Radiografías de San Sebastián.
       Suelo atenderlos yo, porque hablo español y la mayoría son mexicanos. Mi primer jockey fue Muñoz. Dios. Me paso el día desvistiendo a la gente y no es para tanto, apenas tardo unos segundos. Muñoz estaba allí tumbado, inconsciente, un dios azteca en miniatura, pero con aquella ropa tan complicada fue como ejecutar un elaborado ritual. Exasperante, porque no se acababa nunca, como cuando Mishima tarda tres páginas en quitarle el kimono a la dama. La camisa de raso morada tenía muchos botones a lo largo del hombro y en los puños que rodeaban sus finas muñecas; los pantalones estaban sujetos con intrincados lazos, nudos precolombinos. Sus botas olían a estiércol y sudor, pero eran tan blandas y delicadas como las de Cenicienta. Entretanto él dormía, un príncipe encantado.
       Empezó a llamar a su madre incluso antes de despertarse. No solo me agarró de la mano como algunos pacientes hacen, sino que se colgó de mi cuello, sollozanzo «¡Mamacita, mamacita!»*. La única forma de que consintiera  que el doctor Johnson lo examinara fue acunándolo en mis brazos como a un bebé. Era pequeño como un niño, pero fuerte, musculoso. Un hombre en mi regazo. ¿Un hombre de ensueño? ¿Un bebé de ensueño?
       El doctor Johnson me pasaba una toalla húmeda por la frente mientras yo traducía. La clavícula estaba fracturada, había al menos tres costillas rotas, probablemente una conmoción cerebral. No, dijo Muñoz. Debía correr en las carreras del día siguiente. Llévelo a Rayos X, dijo el doctor Johnson. Puesto que no quiso tumbarse en la camilla, lo llevé en brazos por el pasillo, estilo King Kong. Muñoz sollozaba, aterrorizado; sus lágrimas me mojaban el pecho.
       Esperamos en la sala oscura al técnico de Rayos X. Lo tranquilicé igual que habría hecho con un caballo. «Cálmate, lindo, cálmate. Despacio… despacio.» Se aquietó en mis brazos, resoplaba y roncaba suavemente. Acaricié su espalda tersa. Se estremeció, lustrosa como el lomo de un potro soberbio. Fue maravilloso.

Lucía Berlin

Lucia Brown Berlin, conocida como Lucia Berlin, fue una escritora estadounidense cuyo estilo ha sido comparado con el de Raymond Carver o Charles Bukowski.  Hija de un ingeniero de minas, nació en Juneau, Alaska, el 12 de noviembre de 1936. Publicó sus primeros relatos a los veinticuatro años en ‘The Atlantic Monthly’ y en la revista ‘The Noble Savage’.  Siguió escribendo esporádicamente hasta los años ochenta y, tras la insistencia del poeta Ed Dorn, decidió publicar su primer volumen de relatos, Angels Laundromat.
Sus historias se inspiran en sus propios recuerdos: su infancia en distintas poblaciones mineras de Idaho, Kentucky y Montana, su adolescencia entre la alta sociedad de Santiago de Chile, sus estancias en El Paso, Nueva York, México o California, sus tres matrimonios fallidos, su alcoholismo, o los distintos trabajos que desempeñó para mantener a sus cuatro hijos: enfermera, telefonista, limpiadora, profesora de escritura en distintas universidades y en una cárcel.
Publicó seis libros de cuentos, pero casi toda su obra se puede encontrar en Homesick: New and Selected Stories (1990, galardonado con el American Book Award), So Long: Stories 1987-1992 (1993) y Where I Live Now: Stories 1993-1998 (1999). Falleció en 2004 en Marina del Rey, California, el día de su cumpleaños. Manual para mujeres de la limpieza, con prólogo de Lydia Davis e introducción de Stephen Emerson, es una exhaustiva selección de sus mejores relatos, editados por primera vez en español. En 2018 Alfaguara publicó una nueva selección titulada Una noche en el paraíso. El relato de cinco párrafos «Mi jockey» ganó el Jack London Short Prize de 1985.
Comentario
En el magistral “Mi jockey”, la narradora trabaja en las Urgencias de un hospital donde a menudo acuden jockeys con los huesos rotos, que describe de la siguiente forma: “Sus esqueletos parecen árboles, parecen brontosaurios reconstruidos. Radiografías de San Sebastián” (2016: 63). No se puede añadir nada más, con muy pocas palabras construye imágenes cargadas de significado. Y cuando ella acuna al jockey entre sus brazos como a un bebé para intentar calmarlo, escribe: “Acaricié su espalda tersa. Se estremeció, lustrosa como el lomo de un potro soberbio. Fue maravilloso” (2016: 64).
Rosa María Navarro Romero
LUCIA BERLIN | Casa del Libro
Alaska 1936-2004

Aprendiendo de Ana María Shua dos de Rosa Navarro Romero

Con respecto a los personajes, en el microrrelato muy pocas veces son descritos o caracterizados psicológicamente. Suelen ser anónimos, pero es muy frecuente el uso de personajes conocidos, ya sean bíblicos, mitológicos, literarios, históricos o legendarios. Esto permite una mayor brevedad, ya que ni siquiera es necesario describir el contexto. En un texto de La sueñera (Shua, 2009: 260), Ana María Shua nos sorprende con personajes procedentes de diversos mundos, como la Biblia, la Ciencia y la Literatura y los une en el terreno de la ficción. Esto suele hacerse, en muchas ocasiones, con el fin de desacralizarlos, para dar “la vuelta a la historia” o para dotar al texto de un sentido humorístico o irónico. La ironía se activa en el acto de lectura, desmoronando las certidumbres del lector. Se consigue así una ruptura de expectativas, sobre todo a través de finales sorpresivos e inesperados. También es frecuente mantener oculta la identidad del narrador hasta el final, cambiando así todo el significado del texto. Es el caso de la microficción Acerca del vampirismo (Shua, 2009: 554), en la que es el Conde Drácula el que da consejos para curar el vampirismo, a través de un lenguaje médico-científico que acaba teniendo un efecto ridículo.  Además de la técnica de mantener la identidad del narrador oculta, también es habitual presentar un doble del narrador, como en el siguiente texto donde, al descubrirse espiándose a sí misma, la narradora se regaña por su descuido:

Pelando zanahorias me corto un dedo. De la herida brotan gotas de alquitrán que manchan el parquet. Tratando de limpiarlo, hago un agujero en el piso. En el departamento de abajo hay una reunión de cátedra. Entre los profesores estoy yo. Al levantar la vista me descubro espiando. Eso te pasa por pelar zanahorias, me digo, muy enojada (Shua, 2009: 42).

Otro de los rasgos de la minificción, el juego lingüístico, aparece constantemente en la obra de Shua. El lenguaje se lleva al límite de sus posibilidades y, muchas veces, nos sorprende con una lógica inesperada que suele desembocar en el absurdo, la paradoja o la ironía. La ambigüedad y la metáfora son muy frecuentes y se juega con los refranes, las frases hechas o los dichos populares, normalmente dando la vuelta a su significado. El juego lingüístico está relacionado con el humor, y la elección de determinado vocabulario puede llegar a desembocar en un chiste o final sorprendente, como en el siguiente texto:

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio (Shua, 2009: 127).

El carácter lúdico en la microficción es extremo. La autora parte con frecuencia de frases hechas, también para darles la vuelta y cambiar su significado, o incluso de canciones populares infantiles, que nos cuentan finales muy distintos de los que conocemos:

Todos los patitos se fueron a bañar y el más chiquitito se quiso quedar. Él sabía por qué. El compuesto químico que había arrojado horas antes en el agua del estanque dio el resultado previsto. Mamá Pato no volvió a pegarle: a un hijo repentinamente único se lo trata     –es natural− con ciertos miramientos (Shua, 2009: 259).

 

Ana María Shua es especialista en valerse de la polisemia del lenguaje para alterar la realidad. Así, narrativiza frases hechas o refranes rompiendo la lógica del lector. La literalización de metáforas también produce un efecto humorístico y encontramos ejemplos en los que la autora intenta doblegar militarmente a las manchas rebeldes o sentarse al borde de un sueño. De este modo consigue invertir el sentido común y crear paralelismos inesperados, como el de atraer lombrices al tocar la flauta:

 Interpretando con mi flauta dulce una vieja melodía, atraigo a tres lombrices que viven en la maceta del gomero. Toque algo de los Vétales, me piden, respetuosas pero con ganas de bailar. Como yo no sé más que el arrorró, las tres se quedan dormidas sobre el parquet. Antes de despertarme las vuelvo a poner en la maceta y las arropo bien con tierra suelta (Shua, 2009: 54).  

La ironía nos lleva a elegir un camino, a decidirnos por un sentido y excluir el otro, estableciendo así un juego entre el autor y el lector. Algo parecido ocurre con el doble sentido: las microficciones

3 Boccuti, Anna, “Humorismo y fantástico en la micro-ficción argentina: Raúl Brasca, Rosalba Campra, Ana María Shua”, leído por la autora en el marco del VI Coloquio Internacional Literatura Fantástica «Lo fantástico: norte y sur», Universidad de Gotemburgo, Suecia, 27-30 de junio 2007. Disponible en http://goo.gl/0OZSL (07/01/2013).

Ana María Shua: Argentine writer - Biography and Life

 

Respirar de Sabina Berman G

https://www.eluniversal.com.mx/opinion/sabina-berman/respirar

Sabina Berman

 

BIOGRAFÍA

Sabina Berman Goldberg nació el 21 de agosto de 1955 en la ciudad de México, donde reside. Estudió psicología y letras mexicanas en la Universidad Iberoamericana.

En 1995 fue codirectora de la película Entre Pancho Villa y una mujer desnuda, con Isabelle Tardan. También escribió y coprodujo la película de Backyard, la cual representó a México en la ceremonia de los Oscar del 2010.

 

Entre otros éxitos se encuentra sus obras de teatro Entre Pancho Villa y una mujer desnuda, Muerte súbita, Molière, Feliz nuevo siglo Doktor Freud, eXtras Escribió la película The History of Love para Alfonso Cuarón y la película Light para Alejandro González Iñarritu.

Su más reciente novela La mujer que buceó dentro del corazón del mundo, se ha publicado en 11 idiomas y más de 33 países.

Actualmente es conductora del programa de televisión Sha la lá que se transmite por Televisión Azteca, en el Canal 13.

Berman es escritora, dramaturga, narradora, ensayista, directora de teatro y directora de cine mexicana. Es reconocida como la dramaturga «más prolífica, original y atrevida de su generación en el idioma español. Ha sido ganadora cuatro veces del Premio Nacional de Dramaturgia en México y el Premio Juan Ruiz de Alarcón, así como ha ganado en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo (1999 y 2007).

https://www.escritores.org/biografias/9687-berman-sabina