Eran diez. Éramos diez. Cinco mujeres. Cinco hombres. A ninguno le importaba el género ni el romance. Estábamos concentrados en un objetivo. Ninguno sobrevivió. Queríamos burlar al destino burlándonos de él y de nosotros mismos. Y nos arrasó la desgracia del amor, en una tormenta de la que ninguno pudo rescatar más que unos pocos objetos rotos. Queríamos reír. Y no sobrevivimos.
Víctor Hugo López Salas (Santiago, 1955 – Bankok, enero 2017)
Rehabilitación Contiguo a la cárcel había un polígono de tiros, pertenecía a la fábrica de armamentos militares. De lunes a viernes después de las seis de la tarde y los sábados en la mañana, practicaban con revólveres y pistolas de todos los calibres. Me entretenía identificar las armas, según el sonido de los disparos. En la celda a la hora de sus prácticas, tomábamos té con canela, fumábamos tabaco negro, releía libros de espionaje, escuchábamos discos compactos con una selección de rock sinfónicos, que nos habías enviado. En las mañanas se oían ametralladoras, subametralladoras, fusiles automáticos. Se apreciaba la calidad de los tiradores. Los fusiles automáticos son muy sensibles, al pulsar el gatillo algunos disparan veintiún balas, que se escuchan como si fuesen una. Un buen tirador logra disparos de tres en tres. Lo mejor que logré fueron tiros de a siete, muy efectivos por lo demás. Con uno de esos me fundieron el intestino. No alcanzaste a dar aviso que nos estaban esperando dentro del banco, en los cubículos de los ejecutivos de cuenta. Habían interferido por meses las llamadas telefónicas, así supieron del día que haríamos «la recuperación». Me condenaron a cuarenta años; a los doce, por un indulto presidencial, salí del recinto penitenciario. Fui visitarte al servicio de rehabilitación traumatológica. Enmudecí al saber que una semana antes, mientras dejabas sobre la cama el uniforme de cajera, tu esposo te disparó en la pelvis. Por mucho tiempo había estado leyendo los mensajes de texto, en tu teléfono móvil.
Víctor Hugo López S. Poeta, narrador e ingeniero informático. Reconocimientos: Primer lugar Concurso «Palabras para el Hombre», Agrupación Cultural Universitaria (ACU), Universidad de Chile, 1982; Mención honrosa Concurso «Vicente Huidobro», Universidad de Santiago, 1985; Mención honrosa Concurso «La Usach tiene cuento», Universidad de Santiago, 2014. Incluido en la antología Árbol de los libres. Poetas de la Generación NN en Chile, Guadalajara, México, 2010.
Nota de la E.: Víctor Hugo me envió su texto vía correo electrónico el 8 de diciembre de 2016. Estaba en Italia. En enero de 2017 falleció esperando un vuelo a Camboya, en el aeropuerto de Bankok, Tailandia. Sigues viajando, esta vez sin ataduras, querido Víctor Hugo. Que las estrellas iluminen tus caminos. Mis más profundos respetos a su familia y amigos/as.
El marionetista, ebrio, se tambalea mal sostenido por invisibles y precarios hilos. Sus ojos, en agonía alucinada, no atinan la esperanza de un soporte. Empujado o atraído por un caos de círculos y esguinces, trastabilla sobre el desorden de un camerino, eslabona angustias de inestabilidad, oscila hacia el vértigo de una inevitable caída. Y en última y frustrada resistencia, se despeña al fin como muñeco absurdo. La marioneta –un payaso cuyo rostro de madera asoma, tras el guiño sonriente, una nostalgia infinita- ha observado el drama de quien le da transitoria y ajena locomoción. Sus ojos parecen concebir lágrimas concretas, incapaz de ceder al marionetista la trama de los hilos con los cuales él adquiere movimiento.
Recogió la mesa. Eran más de las once. Supo que él no llegaría a cenar ni a dormir. Otra de esas muchas veces que él decía que no se enfadara, que no son más que bromas, que los matrimonios bien avenidos funcionan así. Tú puedes hacer lo mismo. Sal con tus amigas, disfruta. A ella se le había pasado el hambre. Regresó al salón y se quedó de pie junto al acuario. Le gustaba observar el movimiento pausado de los peces, sus ojos redondos e inexpresivos. Ajenos a todo, ellos no sufrían. El pececillo nuevo era rojo, brillante y gordo. Se lo había regalado él para compensar sus continuas ausencias. Ella le sonrió cuando se lo dio, le besó cariñosamente. Sacó del bolso una bolsita transparente y depositó su contenido en el agua. Una sonrisa satisfecha iluminó su tristeza al comprobar el voraz apetito de la piraña.
De la antología » o dispara usted o disparo yo» compiladora Lilian Elphick
Tenía una camisa blanca, corbata suelta, zapatos negros, pantalón azul y su vestón del mismo color colgaba en una silla. Reposaba a lo largo con las piernas abiertas cayendo del diván. En el televisor, la hermosa mujer de la meteó anunciaba que la canícula continuaría el fin de semana. Cuando llegaron los dos primeros policías le preguntaron al detective cómo podía soportar el olor putrefacto del cadáver. —En la calle Principal, la primera pregunta sería: ¿hace cuánto tiempo ocurrió esta muerte? Y se puso de pié el investigador. Uno de los policías le afirmó que todo sucedió hace exactamente 43 horas. El superior bebió el último sorbo de cerveza, aplastó el cigarrillo en el cenicero y ordenó a los policías que limpiaran el vaso y el cenizal. Esperó, puso la mesa de centro sobre sus cuatro patas y depositó los objetos sobre el título de un libro censurado. —Llamen a los periodistas de esta lista, fue una fuga política — dictaminó. Fuera de la casa, en calles de menor importancia, el agente indagó la hora de la noche y encendió un cigarrillo.
Pareces una niña, escucha la mujer que se dicen entre hombres y mujeres, como si no supieran que una niña es la fogata que antecede al incendio de una mujer.
El francotirador El francotirador se arrastró un par de centímetros y se quedó quieto. Su cuerpo se confundía con la arena del desierto. Tomó su fusil Mosin-Nagant y apuntó al blanco ubicado a 120 metros. «Sigilo y paciencia», murmuró. A través de la mira podía adivinar el latir del corazón del hombre que se movía constantemente en un ir y venir febril. «Los dioses están conmigo», murmuró. El blanco se detuvo alzando los brazos en señal de victoria. El francotirador apuntó con cuidado al punto vulnerable. Pasó la bala a la recámara. Dejó de respirar. Su pulso se afirmó en la quietud y jaló del gatillo. La flecha salió rauda en dirección al talón de Aquiles dando en el blanco. Paris, envuelto por una densa neblina propiciada por Afrodita, regresó raudo a la protección de los muros de Troya.
El último fumador de la aldea
Era el último fumador de la aldea. Y lo detestaban. El hombre fumaba fuera del límite del poblado, bajo un árbol. Luego regresaba a sus asuntos. Aun así la gente de la aldea lo detestaba. Cierta tarde una turba se dirigió en dirección al árbol: con improperios y los brazos abiertos le cerraron el paso; luego tomaron las piedras y lo lapidaron pese a los gritos del hombre. Nadie recogió su cuerpo hasta que la carne, polvo; los huesos, cal; y el último fumador de la aldea, olvido.
Pe d r o G u i l l e r m o Ja r a .
V i ve e n l a c i u d a d d e Valdivia desde 1973. Es director, editor y periodista de la revista de 120olsillo Caballo de Proa. Sus últimas publicaciones son: El Korto Cirkuito (Afiche-literario) (2008); Tres disparos sobre Valdivia, de Peter William O’Hara (2009); La bala que acaricia el corazón (2010); Kasaka, (libroobjeto, 2011); Patagonia Blues (2013) y Telegrama (2016).
LÁGRIMAS PASAJERAS …. Mi compañera de viaje duerme acomodada en el asiento del bus. No la conozco y de vez en cuando observo a hurtadillas su perfil, sus manos entrelazadas, su piel blanca, su cabello largo y castaño. Creo escuchar su respiración acompasada. Es hermosa, no sé su nombre y no conozco su destino. Observo el paisaje que se desplaza esta mañana de otoño. En un prado un álamo con sus hojas oro-viejo resplandece con furia. De pronto una lágrima comienza a rodar por la mejilla de mi compañera de viaje: se desliza con lentitud en búsqueda de las concavidades y pliegues del rostro hasta desaparecer en el mentón. Luego aparece otra lágrima. Tomo mi pañuelo y las enjugo. Ella no se da cuenta porque continúa dormida y soñando. No sé si son lágrimas de pena, de despedida, de separación, de ruptura. Mientras tanto sus lágrimas ruedan y se cobijan en mi pañuelo. Mi compañera de viaje llega a su destino, desciende. La observo desde la ventanilla. Habla por celular. El bus parte. El asiento está vacío. El álamo resplandece. Duermo.
FOTOGRAFÍA de Julie Sopetrán, Mónica Pereiro y José Luis Cabellos
POEMAS de Julie Sopetrán
Verderón
La Sierra Norte de Guadalajara, España, es patrimonio natural y cultural. Un parque natural de gran belleza. La fauna, el paisaje y el arte se combinan. En esta página lo que pretendo es dar a conocer a mis lectores, a vista de pájaro, su hermosura, su patrimonio cultural, su hechizo, su riqueza, sus pueblos… Atienza, Riofrío del Llano, Tamajón, Sigüenza, Pueblos Negros… etc. Se necesita tiempo para descubrir cada rincón pero merece la pena intentarlo. Lo componen treinta y cinco municipios a cual más bello. Mostraré algunas imágenes de los que fui visitando, aunque nunca termina de sorprenderme su magia. Esta página está dedicada especialmente a los amantes de la Naturaleza, a las personas que defienden el Medio Ambiente, a la Asociación de la Sierra Norte de Guadalajara, a los niños, a la gente que cuida y sabe disfrutar de nuestros paisajes. A todos, mi deseo es que lo disfruten. Y también a José Luis Cabellos que aporta algunas fotos y a Mónica Pereiro, pintora y admiradora del paisaje.
Ermita de San Bartolomé – Románico de Atienza
La arquitectura negra es un tipo de arquitectura popular que emplea como elemento constructivo principal la pizarra, compuesto mineral de tonos grises, violetas, azulados, pardos, plateados o negruzcos.
Disfraz o vestido ridículo y de varios colores usado en representaciones teatrales o en mascaradas y fiestas similares. También es la persona que lleva esos disfraces o vestidos.
Monasterio Cistercience de San Salvador de Pinilla de Jadraque – Ahora en ruinas.
Las salinas de Imón eran las mayores salinas de la zona y durante mucho tiempo las de mayor producción en la península ibérica. A día de hoy abandonadas.https://es.wikipedia.org/wiki/Salinas
Tumba de Martín Vázquez de Arce. Catedral de Sigüenza (Guadalajara España) Una de las más bellas esculturas del gótico tardío español. Se atribuye al escultor Sebastián Almonacid (1486) Foto: Julie Sopetrán
Tórtola
Mariposa azul encontrada en los campos de Atienza,
Tomillos en flor – monte
Castillo de Jadraque
Piedra entre la nieve
la Arquitectura Negra, se encuentra en período de declaración por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, debido a extraordinario valor etnográfico, arquitectónico y paisajístico.
El nízcalo, níscalo o robellón, de nombre científico Lactarius deliciosus, es un hongo basidiomiceto comestible, de la familia Russulaceae. En la Sierra Norte de Guadalajara, se pueden encontrar en abundancia.
Boletus es un género de hongos, que incluye más de 100 especies. Este género fue definido y descrito originalmente por Elias Magnus Fries en 1821, agrupando a todos los hongos que presentan himenio con poros.
video de los “pueblos negros”, guadalajara (españa) – mari tere.
FAUNA Y FLORA DE LA SIERRA NORTE (Fotografía de José Luis Cabellos)
Las mujeres se reúnen en la cocina y hablan. Es una conversación caótica y divertida. Hablan de los hombres. Les inventan apodos ofensivos y las emociones se vuelven más fuertes y surgen algunas carcajadas incómodas. En la cena, ellos sentirán algo extraño y la comida les sabrá diferente y amarga.
Ha publicado los siguientes libros de microrrelatos: “Placeres cotidianos” (Editorial Macedonia, 2007, 2011 y 2017), “Animales feroces” (2011), “Ni en tus peores pesadillas” (2016), “Los hermanos mayores” (2017), “Urgencias, disimulos y rutinas” (2019) y en coautoría “Hilos Dorados” (2017). Sus microrrelatos han sido incluidos en las mejores antologías del género.
Encuentro la importancia en lo insignificante los detalles suman la totalidad de ser, de estar, de sentir y la expresión es belleza al alcance de las circunstancias…
Es la mariposa que revuela el tiempo de las contradicciones en su oscilación mi pensamiento danza independiente la grandeza de sentirse libre.
Y no hay dato preciso que trascienda todo es más o menos la duda de esto mejor que aquello o tal vez nada aquella flor, el sueño, el beso, la belleza arriba, abajo, el viento que choca con los muros de piedra prisión de voces donde en silencio valoro la consecuencia del espíritu…
Y sé que es el amor sólo el amor lo que ratifica la esencia.
Silvina Ocampo fue una escritora y pintora argentina (Buenos Aires 1903-1993) que escribió esencialmente cuentos y poesía (y algunas novelas que no habrían sido publicadas), pero también escribió piezas teatrales e hizo traducciones. Es la menor de las seis hermanas Ocampo, entre ellas de Victoria, su hermana mayor, una conocida escritora y editora bonaerense. Silvina fue esposa de Adolfo Bioy Casares, el gran amigo de Jorge Luis Borges. Se puede decir que entre su esposo, Borges y su hermana Victoria, Silvina se vió bastante apocada aunque se decía de ella que era la más inteligente de las hermanas Ocampo. En su juventud estudió dibujo en Paris con Giorgio di Chirico y Fernand Léger y no dejó nunca de dibujar aunque no expuso sus obras.
Recibió dos veces el premio Nacional de Literatura y fue decorada en Francia con la orden de las Artes y las Letras en 1985.