La peste de Atenas

Una de las epidemias más devastadoras de la antigüedad fue la peste de Atenas que se propagó en el año 428 a.C. narrada por Tucídides en su obra “La guerra del Peloponeso”. Afirma el historiador que la peste procedía de Etiopía y que se producía en las grandes aglomeraciones de las ciudades, los grandes calores y las guerras. El relato que dejó de esta epidemia es tan rico en informaciones que merece ser conocido en el texto original, del cual entresacamos estas líneas:

“en el principio del verano, los peloponesios y sus aliados invadieron el territorio da Ática. (…). Pocos días después, sobrevino a los atenienses una terrible epidemia, la cual atacó primero la ciudad de Lemos y otros lugares. Jamás se en parte alguna azote semejante y víctimas tan numerosas; los médicos nada podían hacer, pues de principio desconocían la naturaleza de la enfermedad además fueron los primeros en tener contacto con los pacientes y morían en primer lugar. A ciencia humana se mostró incapaz; en vano se elevaban oraciones en los templos. Finalmente, todo fue renunciado ante la fuerza de la epidemia…(…) En general, el individuo no gozo se veía súbitamente presa de los siguientes síntomas: sentía en primer lugar violento dolor de cabeza; los ojos se veían rojos e inflamados; la lengua y la faringe asumían aspecto sanguinolento; la respiración se tornaba irregular y el aliento fétido. Se seguían espiros y ronquidos. Poco después el dolor se localizaba en el pecho, acompañándose de tos violenta; cuando atacaba al estómago, provocaba náuseas y vómitos con regurgitación de bilis. (…) La mayor parte moría al cabo de 7 a 9 días consumidos por el fuego interior. (…) Los pájaros y los animales carnívoros no tocaban los cadáveres a pesar de la infinidad de ellos que permanecían insepultos. Si alguno los tocaba caía muerto”.

Cuenta Tucídides que de 29.000 hoplitas murieron 4.400 y de 12.000 soldados de caballería murieron 3.000. No se sabe con certeza qué peste fue, si fue peste bubónica, tifus, tifoidea, escarlatina o dos infecciones juntas. Lo que queda claro es que las consecuencias de la peste fueron desastrosas para Atenas. Una de las víctimas de la epidemia fue el gran estadista Pericles.

La epidemia que devastó Atenas

En la primavera del año 430 a.C. se declaró en Atenas una mortífera epidemia. Pericles fue una más de sus víctimas. En la imagen La plaga de Atenas, por Michael Sweerts. siglo XVII. Museo de Arte del Condado de Los Ángeles.

 

Blanco Móvil Poesía: 100 años de surrealismo

Eduardo Mosches ha dedicado el número 145/146 de su revista, Blanco Móvil, a celebrar los primeros cien años del movimiento surrealista.

Los primeros pasos

[…] Ese movimiento de vanguardia que vino a detonar la ruptura de postulados soberbios y rígidamente académicos ante la postura de que el arte tiene un deber social que es el de dar salida a las angustias de su época. Citando a otro poeta [André Breton] leemos: … Abierto el camino de la libertad por la poesía, se establece automáticamente su acción subversiva. La poesía se convierte entonces en un instrumento de lucha en pro de una condición humana en consonancia con las aspiraciones totales de los hombres…
Entrelazado, en un posible remedo de escritura automática, entrego un collage de imágenes de algunos poetas iniciando con [Ricardo Molinari]: … El lecho es esa tierra dorada donde germinan las plantas ardientes del amor/ con sus raíces flotando entre las espumas de la memoria/ un espejo que reflejaba la serenidad, la pureza, la suave alegría, la claridad que la ineluctable sombra se ha tragado./ Soñadores que se toman de la mano como ciegos atraviesan la plaza./ El paraguas de las estrellas se cubre de labios./ El cielo entre las hojas aparecía huraño y duro como una libélula./ Tuve tiempo de apoyar mis labios/ en tus muslos de vidrio./ La noche ha cerrado su llaga de corsario por donde viajaban extraños fuegos de artificio entre el pavor sostenido de los perros./ Aquellos que miran sufrir al león en su jaula se pudren en la memoria del león./ Palabra y vida, incendio y sueño se mezclan/ recojamos la cosecha de labios/ abandonemos el diente olvidado en el mordisco del amor/ para buscar la calma hay que predicar el desorden.
Así abrimos este amplísimo paisaje de diálogos florecientes de imágenes y metáforas, cargados de rupturas, de impaciencias poéticas, de indispensables acciones transgresoras, en un mundo pleno de angustias, de humanos buscando edenes inexistentes, pero buscando incansablemente.

Eduardo Mosches (1944)
Blanco Móvil Poesía: 100 años de surrealismo
145/146, México, otoño-invierno 2019-2020

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Somos mujeres: el mito de feromonas, ovulación oculta y agresión femenina.

Avatar de AlonaDeLarkNeurociencias divertidas

En Rusia, y en todo el territorio del ex- Unión Soviético, el 8 de marzo sorpresivamente no había sido una celebración ideológica. Ya que no existía una fecha especial para el día de la Madre, entonces, el 8 de marzo se convirtió en una celebración universal de la feminidad en su amplia expresión, ante todo, como madre, también una madre en potencial, las niñitas de todas las edades, las adolescentes y adultas siempre recibían y siguen recibiendo los saludos, flores y todo tipo de halagos. Ser madre, ser esposa, ser enamorada, ser bella.  

Que nos hace mujer?

Muy simple

Las hormonas.

Y hoy,una oda a las hormonas femeninasque mandan en este mundo, aun detrás de unaburka.Felizmente, este medio me permite expresar las ideas libremente. Pero no se trata de la política ni la ideología, se trata de nuestra fisiología.

Todos sabemos que lashormonas sexuales

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Párabola budista para afrontar la muerte

Un monje tenía siempre una taza de té al lado de su cama. Por la noche, antes de acostarse, la ponía boca abajo y, por la mañana, le daba la vuelta. Cuando un novicio le preguntó perplejo acerca de esa costumbre, el monje explicó que cada noche vaciaba simbólicamente la taza de la vida, como signo de aceptación de su propia mortalidad. El ritual le recordaba que aquel día había hecho cuanto debía y que, por tanto, estaba preparado en el caso de que le sorprendiera la muerte. Y cada mañana ponía la taza boca arriba para aceptar el obsequio de un nuevo día.

El monje vivía la vida día a día, reconociendo cada amanecer que constituía un regalo maravilloso, pero también estaba preparado para abandonar esté mundo al final de cada jornada.”

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Kali decapitada de Margarita Yourcenar

Kali, la terrible diosa, merodea por las llanuras de la India.

 Puede vérsela simultáneamente en el Norte y en el Sur, y al mismo tiempo en los lugares santos y en los mercados. Las mujeres se estremecen al verla pasar, los hombres jóvenes, dilatando las ventanas de la nariz, salen a la puerta para verla, y los niños recién nacidos ya saben su nombre. Kali, la negra, es horrible y bella. Tan delgada en su cintura que los poetas que la cantan la comparan con una palmera. Tiene los hombros redondos como el salir de la luna de otoño; unos senos turgentes como capullos a punto de abrirse; sus muslos ondean como la trompa del elefante recién nacido, y sus pies danzarines son como tiernos brotes. Su boca es cálida, pronto se mira en el bronce de la noche como en la plata de la aurora o el cobre del crepúsculo, y se contempla en el oro del mediodía. Pero sus labios no han sonreído jamás; un collar de huesecillos rodea su alto cuellos y en sus rostros, más claro que el resto del cuerpo, sus grandes ojos son puros y tristes. El rostro de Kali, eternamente mojado por las lágrimas , está pálido y cubierto de rocío como la faz inquieta de la mañana.

  Kali es abyecta. Ha perdido su casta divina a fuerza de entregarse a los parias y a los condenados, y su rostro, al que besan los leprosos, se halla cubierto de una costra de astros. Se aprieta contra el pecho sarnoso de los camelleros procedentes del Norte, que nunca se lavan a causa de los grandes fríos; se acuesta en los lechos infectados de piojos con los mendigos ciegos; pasa de los brazos de los Brhamanes al abrazo de los miserables- raza fétida, deshonra de la luz- encargados de bañar los cadáveres; y Kali, tendida en la sombra piramidal de las hogueras, se abandona sobre las tibias cenizas. Ama así mismo a los barqueros, que son fuetes y ásperos; acepta hasta a los negros que sirven en los bazares, a quienes se azota más que a las bestias de carga; frota su cabeza contra sus hombros, cuajados de rozaduras por el ir y venir de los fardos. Triste como una enferma con fiebre que no consistiera encontrar agua fresca, va de pueblo en pueblo, de encrucijada en encrucijada, a la busca de los mismos monótonos deleites.

  Sus piececitos bailan frenéticamente, moviendo las ajorcas, que tintinean, pero sus ojos no cesan de llorar, su boca amarga nunca besa, sus pestañas no acarician las mejillas de los que la abrazan, y su rostro permanece eternamente pálido como una luna inmaculada.

Hace mucho tiempo, Kali, nenúfar de perfección, se sentaba en el trono de Indra como en el interior de un zafiro: los diamantes de la mañana brillaban en su mirada y el universo se contraía o se dilataba según los latidos de sus corazón.
  Pero Kali, perfecta como una flor, ignoraba su perfección y, pura como el día, no conocía su pureza.

  Los dioses acecharon a Kali una noche de eclipse, en un cono de sombra, en el rincón de un planeta cómplice. Fue decapitada por el rayo. En vez de sangre, brotó un chorro de sangre su nuca cortada. Su cadáver, dividido en dos trozos y arrojado al Abismo por los Genios, rodó hasta llegar al fondo de los Infiernos por donde se arrastran y sollozan aquellos que no han visto o han rechazado la luz divina. Sopló un viento frío, condensó la claridad que se puso a caer del cielo; una capa blanca se acumuló en la cumbre de las montañas, bajo unos espacios estrellados donde empezaba a hacerse de noche. Los dioses de múltiples brazos y múltiples piernas, semejantes a una ruedas que dan vueltas, huían a través de las tinieblas, cegados por sus aureolas, y los Inmortales, despavoridos, se arrepintieron de su crimen.

   Los dioses contritos bajaron del Techo del Mundo hasta el abismo llenos de humo por donde se arrastran los que existieron. Franquearon los nueve purgatorios; pasaron por delante de los calabozos de barro y de hielo en donde los fantasmas, roídos por el remordimiento, se arrepienten de las faltas que cometieron, y por delante de las prisiones en llamas donde otros muertos, atormentados por una codicia vana, lloran las faltas que no cometieron. Los dioses se sorprendían al hallar en los hombres aquella imaginación infinita del Mal, aquellos recursos y aquellas innumerables angustias del placer y del pecado. Al fondo del osario, en un pantano, la cabeza de Kali sobrenadaba como un loto, y sus largos y negros cabellos se extendían alrededor como raíces flotantes.

  Recogieron piadosamente aquella cabeza exangüe y se pusieron a buscar el cuerpo que la había llevado. Un cadáver decapitado yacía en la orilla. Lo cogieron, colocaren la cabeza de Kali encima de aquellos hombros y reanimaron a la diosa.

  Aquel cuerpo pertenecía a una prostituta, ajusticiada por haber intentado entorpecer las meditaciones de un joven Brahman. Sin sangre aquel cadáver parecía puro. La diosa y la cortesana tenían ambas, en el muslo izquierdo, el mismo lunar.

   Kali no volvió, nenúfar de perfección, a sentarse en el trono del cielo de Indra. El cuerpo, al que le había unido la cabeza divina, sentía nostalgia de los barrios de mala fama, de las caricias prohibidas, de los cuartos en donde las prostitutas meditan secretas orgías, acechan la llegada de los clientes a través de las persianas verdes. Se convirtió en seductora de niños, incitadora de ancianos, amante despótica de jóvenes, y las mujeres de la ciudad, abandonadas por sus esposos y considerándose ya viudas, comparaban el cuerpo de Kali con las llamas de la hoguera. Fue inmunda como una rata de alcantarillas y odiada como las comadrejas de los campos. Robó los corazones como si fueran un pedazo de entraña expuesto en los escaparates de los casqueros. Las fortunas licuadas se pegaban sus manos como panales de miel. Sin descanso, de Benarés, a Kapilavistu, de Bangalor a Srinagar, el cuerpo de Kali arrastraba consigo la cabeza deshonrada de la diosa, y sus ojos límpidos continuaban llorando.

  Una mañana, en Benarés, Kali, borracha, haciendo muecas de cansancio, salió de la sala de las cortesanas. En el campo, un idiota que babeaba tranquilamente sentado en un montón de de estiércol se levantó al verla pasar y se echó a correr tras ella. Ya sólo le separaba de la diosa la longitud de su sombra. Kali aminoró el paso y dejó que el hombre se acercara.

Cuando él la dejo, emprendió de nuevo el camino hacia una ciudad desconocida. Un niño le pidió limosna; ella no le aviso que una serpiente dispuesta a morder entre dos piedras entre dos piedras. Sentía un gran furor contra todo ser viviente y al mismo tiempo un deseo atroz de aumentar con ello su sustancia, de aniquilar a las criaturas saciándose con ellas. Se la pudo ver en cuclillas junto a los cementerios; su boca masticaba los huesos como los dientes de las leonas. Mató como el insecto hembra que devora a sus machos; aplastó a los hijos que paría como una cerda que se revuelve contra su camada. Y a los que exterminaba, los remataba después bailando encima de ellos. Sus labios, maculados de sangre, exhalaban el mismo olor insípido de las carnicerías, pero sus abrazos consolaban sus víctimas y el calor de su pecho hacía olvidar todos sus males.

  En la linde del bosque, Kali tropezó con el Sabio.

  Se hallaba sentado, con las piernas cruzadas, con las palmas unidas, y su cuerpo descarnado estaba tan seco como la leña preparada para encender la hoguera: Nadie hubiera podido adivinar si era muy joven o muy viejo, sus ojos que todo lo percibían, apenas eran visibles por debajo de sus parpados medio cerrados. La luz se disponía en torno a él en forma de aureola, y Kali sintió subir de las profundidades de sí misma el presentimiento del gran descanso definitivo, parada de los mundos, liberación de los seres, día de bienaventuranza en que la vida y la muerte serían igualmente inútiles, edad en que todo se resorbe en Nada. Como si esa pura nada que acababa de concebir se estremeciera en ella a la manera de un futuro hijo.

   El Maestro de la gran compasión levantó la mano para bendecir a la que pasaba.

  -Mi cabeza fue soldada a la infamia- dijo ella-. Quiero y no quiero; sufro, y, no obstante, gozo; me da horror vivir y miedo morir. 

 -Todos estamos incompletos- dijo el Sabio-. Todos nos hallamos divididos y somos fragmentos, sombras, fantasmas sin consistencia. Todos creemos llorar y gozar desde hace siglos.

  -Yo fui Diosa en el cielo de Indra- dijo la cortesana.

 -Y tampoco estabas libre del encadenamiento de las cosas, y tu cuerpo de diamante no estaba mas resguardado de la desgracia que tu cuerpo de barro y carne. Tal vez, mujer sin ventura, al errar deshonrada por los caminos te hallás mas cerca de accede a lo que no tiene forma.

  -Estoy cansada- gimió la diosa.

  Entonces tocando las trenzas negras y manchadas de ceniza con las puntas de los dedos, dijo el Sabio:

 -El deseo te enseñó la inanidad del deseo; el arrepentimiento te enseño la inutilidad de arrepentirte. Ten paciencia, ¡Oh, Error!, del que todos formamos parte… ¡Oh imperfecta!, en quien la perfección toma conciencia de sí misma, ¡Oh, Furor!, que no eres necesariamente inmortal.
  

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Sobre el mar de nubes — El Blog de Arena

Alguna vez titulé una entrada en este blog con una frase que no es mía pero que me apropié de una vez y para siempre: «Para modernos, los clásicos». Fiel a ella por convicción y costumbre, encuentro en la lectura de aquellos textos que tienen más de algunos siglos encima una fuente inagotable […]

a través de Sobre el mar de nubes — El Blog de Arena

Consejos para escribir. E. A. Poe (1) Así lo interpreto, RGG

Conoce de antemano el final

Se breve

Tienes que saber de antemano el efecto que quieres conseguir

 

Cuando Edgar nos dice que seamos breves, tampoco nos dice que seamos lacónicos. Brevedad de ninguna manera quiere decir síntesis. Si a un cuento de mil palabras le restamos doscientas palabras y no altera la belleza y función de la prosa, nos habla de que dichas palabras estaban sobrando.

Tome un párrafo y trabaje con sustantivos, pode todo adjetivo y adverbio y si funciona que mejor, pero si no es así, piense muy bien que adjetivo o adverbio puede insertarse. De tal manera que al leerlo se distinga por claridad, sencillez y un aroma que su estilo le de.

Cuando Edgar Allan nos refiere que debemos de  conocer  de antemano el final. Algunos escritores, así lo hacen. Yo, no siempre conozco el final, algunas veces sí, pero no es seguro que lo escriba tal cual lo imaginé.

cuando Po  refiere que hay que saber de antemano el efecto que quieres conseguir, inmagino que se refiere a lo que dice David Olier:

«…Una vez que ya tienes tu tema, conviene que pienses en el efecto que quieres transmitir. No me estoy refiriendo a que pienses en su género (aunque conviene que tengas claro por dónde vas a ir), sino a que te preguntes si quieres asustar a tu lector, si quieres que se ría, hacer una crítica social que haga reflexionar a tu lector… O si quieres que se pregunte todo el rato qué es lo que pasa y mantenerle en vilo hasta el final.»

https://cabaltc.com/como-escribir-relato-corto

Su comentario es valioso, seguramente lo agradecerán los que se inician en el placer de escribir y escribir bien.

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Del Chōka al Haiku: Una muy breve incursión en la poesía japonesa por Arquímedes Ruiz Columbié

Quién pudiera ser poeta”
J.L. Borges
Todo para indicar que los especialistas en literatura japonesa disfrutan de una suerte sólo
reservada a muy pocos expertos: ellos conocen muy bien los años de sus primeras
publicaciones. Como ha ocurrido siempre, dicha literatura fue precedida por una oralitura
cuyos orígenes se pierden en el tiempo, pero hoy se puede asegurar que la primera
antología de poemas japoneses, el Manyōshū, fue publicada en el año 759 ne. Sólo dos
publicaciones precedieron a dicha antología: el Kojiki (712 ne), un compendio de
mitología, y un libro de crónicas llamado Nihon Shoki (720 ne). Pareciera que con la
publicación relativamente tardía de versos, aquella lejana literatura marcaba una
anticipada diferencia con la aún por descubrir literatura occidental.
Otro de los grandes contrastes entre la literatura occidental y su homóloga japonesa es la
presencia temprana en esta última de mujeres creadoras, pues como ya ha sido señalado
por diferentes autores (1)
, a pesar de la presencia en el Manyōshū de un número mayor de
hombres y un consecuente tono masculino, a lo largo de la historia posterior las autoras
lograron recuperarse de esa desventaja inicial y establecieron una fuerte impronta,
especialmente entre los siglos VIII y XII. Vale apuntar también que los hombres
2
presentes en la mencionada antología escribieron principalmente chōkas o poemas largos,
de cincuenta a cien versos, los cuales destacan por un tono externo, sin lugar para las
emociones y los asuntos íntimos. Por oposición, las poetisas mostraron poco interés por
el chōka, y preferíeron el tanka, un poema breve de cinco versos con métrica 5-7-5-7-7,
donde desplegaron su sensibilidad femenina. Los primeros tres versos del tanka, el
kaminoku o frase alta, evolucionaron eventualmente hacia lo que sería el haiku.
Por si fuera poco, un accidente de carácter socio-lingüístico parece haber producido aún
mayor extraneza en la evolución literaria del Nihon. Si bien la introducción del kanji o
caracteres de escritura china hizo posible el surgimiento en Japón de las obras escritas,
esto implicó también que muchos autores decidieran escribir en lengua china, lo cual fue
entonces considerado de buen gusto (algo semejante pasaba casi al unísono en Europa
con el uso del latín en detrimento de las lenguas “vulgares”). La alta sociedad nipona
decidió competir con la vecina civilización continental, algo que aún ocurre en nuestros
días aunque a la inversa, e impuso como norma y condición de ascenso la composición
literaria en lengua china. Todos sabemos que ese tipo de imposición tiende a empobrecer
al arte y a la literatura, los cuales sólo florecen en un ambiente de auténtica libertad. Los
autores que se ciñeron a dichas normas terminaron escribiendo obras eruditas aunque sin
energía, mientras que las mujeres, a las que entonces no se les exigía ninguna aspiración
social, se mantuvieron escribiendo en la lengua vernácula y lograron expresar con
naturalidad y belleza sus emociones y experiencias. Mientras los hombres insistían en
escribir en chino, las mujeres incluso aceptaron al kana (escritura silábica introducida en
el siglo IX), y salvaron a la literatura nacional de una decadencia irreversible a la que la
supeditación foránea irremediablemente hubiera llevado. Es el caso de las literaturas
coreana y vietnamita, donde lo vernáculo fue desplazado por la invasión cultural china (2)
.
Hay una grandeza y un caracter único en esa hazana cultural realizada por las escritoras
japonesas. Una hazana al parecer sin paralelos en la literatura occidental. En particular,
puede hablarse de una época de oro para las poetisa de la corte Heian, en el ya
mencionado período (siglos VIII al XII), cuando impusieron al tanka como la expresión
poética clásica genuinamente nacional, relegando el chōka al olvido. Está claro que la
brevedad intrínsica del tanka no permitía espacio para la elaboración de temas muy
profundos, y para esos menesteros los escritores parecieron preferir la prosa, pero en ese terreno también destacaron las novelistas, y como consecuencia la posición de las
mujeres alcanzó niveles sólo superados en años recientes. El régimen feudal japonés
(shogunato, finales del siglo XII hasta 1868) cerró el período Heian, y no es hasta la
Constitución de 1947, bajo la ocupación aliada, que a las mujeres se les restaura la
igualdad de derechos. No obstante, los ya mencionados siglos dorados marcaron para
siempre a sus obras con un sello femenino indiscutible donde la melancolía devino la
emoción primordial (al parecer en cinco versos de muy corta métrica no hay espacio para emociones más dolorosas). Un ejemplo extraído del Manyōshū pudiera ilustrar aún
mejor cuanto hasta ahora he intentado resumir (traducción al español del autor):
Kimi matsu to Esperándote
waga koioreba con enorme anhelo
waga yado no esas persianas
3
sudare ugokashi de mi ventana vibran
aki no kaze fuku. con el viento de otoño.
(autora: Princesa Nukada, 630- 690, “Pensando en el Emperador Tenji”)
Se puede descubrir de inmediato la ausencia de rima en los versos de este tanka, aunque
sí un respeto por la norma métrica (5-7-5-7-7); sólo la anáfora en los versos segundo y
tercero (repetición de la palabra waga al inicio de dichos versos) pudiera semejar a lo que en lenguas romances entendemos como parte del ejercicio poético. La clave a semejante problema la ofreció Jorge Luis Borges cuando declaró:
…Cuando yo era joven todos sentíamos la gravitación de Lugones.
Lugones había dicho que la metáfora era un ingrediente esencial
de la poesía. Ultimamente, se ha estudiado, a través del inglés y
el alemán, la poesía japonesa. No hay una sola metáfora, como
si sintieran que cada cosa es única, que no puede ser transformada
en otra…es la ausencia de la metáfora…Creo que lo esencial en el
verso es la cadencia. El verso tiene que tener, esencialmente, música,
música verbal. El verso tiene que ser grato al oído. Para los chinos
y japoneses, el verso tiene que ser grato a la vista…(3)

La no existencia de rima tiene que ver con el hecho claro de que todos los versos
terminan en vocal. Tanto el tanka como el derivado haiku son siempre poemas muy
breves donde deben confluir, para ser eficaces, la sencillez del lenguaje impuesta por la
brevedad con la complejidad de lo sugerido a través de la imagen “visual”. Estas
características parecen estar vinculadas a aspectos muy profundos de la relación
pensamiento- lenguaje y como ésta se realiza en la cultura que aquí nos ocupa. Sin la
intención de profundizar demasiado en este asunto, podría enunciarse que la lengua
japonesa posee un sistema ideofónico mucho más amplio que las lenguas occidentales, y
usa palabras de origen onomatopéyico con mucha más extensión y trascendencia en la
escritura (4)
. Incluso, las vocales aisladas y en combinación pueden formar palabras y
frases enteras. Tales recursos resultan ajenos al hacer poético occidental (5)
.
El haiku crece entonces en un contexto muy peculiar. El año de 1868 fue muy
importante para la historia y la literatura del Sol Naciente. El emperador Meiji asume el
poder absoluto y promete acabar con la ignorancia y modernizar el país al mejor estilo
occidental. Ya antes de ese año, los poetas que reaccionaban con el entonces agotado
tanka escogían entre dos formas fundamentales de expresión: el haiku, y la escritura en
lengua china. La primera alternativa era auténticamente nacional, la segunda estaba
finalmente condenada a desaparecer ante los embates de la cultura occidental. Al inicio
hubo imitación, mientras los poetas japoneses se adaptaban a las nuevas influencias, mas el gusto tradicional por la alternancia de versos de 5 y 7 sílabas sobrevivió, mientras
abrían el espectro temático en reacción contra los agotados asuntos medievales. Llama la
atención que fue el simbolismo francés la corriente literaria de mayor impacto en la
4
nueva poesía, tal vez por el encanto parisino de aquella época, pero sobre todo por las
excelentes traducciones de los poemas irrepetibles de Baudelaire, Mallarmé y Verlaine.
Francia era entonces el sueño dorado de todos los poetas alrededor del mundo. Habría
que apuntar también que existía cierta semejanza entre los cánones estéticos del
simbolismo francés y el entonces ascendente haiku: ambos pretendían empujar al lector a un estado emocional similar al que había tenido el autor de los versos: la explicación del poema resultaba intrascendente, lo que importaba era el estado emocional que el poema generaba. Ambas escuelas basaban sus expectativas en la ambigüedad del habla y de sus símbolos. La lección aún está vigente en nuestros días.
Desde de un punto de vista formal el haiku tradicional es definido como un poema de tres versos con métrica 5-7-5 para totalizar 17 sílabas. Es importante destacar que ya aquí hay una ligera simplificación occidental, pues la sílaba como la entendemos nosotros es mucho más larga de pronunciar que el análogo onji japonés. Los japoneses pronuncian sus vocales mucho más rápido que nosotros las nuestras, y las traducciones en promedio son casi sistemáticamente más largas al recitarse. Se estima que para equiparar los tiempos de lectura, el haiku occidental debería tener de 10 a 12 sílabas. Tal brevedad impondría mayores retos a la composición, y lo que la mayoría de nosotros vería como una limitación podría convertirse en mayor espacio creativo para el lector. El haiku tradicional tiene además otro ingrediente formal que es a menudo ignorado. Se trata del kireji, una palabra que sirve como pausa para dividir el haiku en dos partes, una de 12 onjis y otra de 5. Junto al kigo, la palabra que marca la estación del año, el kireji es una remembranza del renga, un tipo de poema largo de composición colectiva y franco caracter lúdico que precedió al haiku. Una pequeña muestra de tres autores de haiku tradicional servirá para ilustrar lo antes expuesto (7):
Furike ya Vieja fuente…
kawazu tobikomu una rana salta hacia
mizu no oto tu acuoso ruido
(Bashō)
Fuji hitotsu Fuji en soledad
uzumi nokoshite alta presencia imponen:
wakaba kana ¡las hojas nuevas!
(Buson)
Kumo o fumi ¡Andan las nubes
kasumi o sūya robando toda niebla!
agehibari la alondra asciende
(Shiki)

En las tres traducciones, los signos de puntuación al final de los versos simulan el kireji.
El lector debe notar también como una imagen visual es fácil de extraer, y esas imagenes
visuales ofrecen la pista sobre el kigo o estación del año.
5
Es imposible agotar en pocas cuartillas toda la diversidad que el haiku posee. Baste decir
que éste ha sido cultivado con fruición en Occidente, con variaciones ocasionales de
métrica, pero siempre intentando evocar a los sentidos, crear esa imagen visual apelativa
que exige la tradición, y con intención inconfesa de arrastrar al lector a completar los
versos. Como cultivadores en español merecen mención especial Jorge Luis Borges y
Mario Benedetti (6)
, quienes parecieron jugar cuando lo incursionaron. Entre nuestros
contemporáneos existen aproximaciones por parte de aquellos que exploran el ripio
literario y el epigrama, en los cuales se pretende también la colaboración del lector para
recrear el poema. Sin embargo, por su naturaleza el epigrama suele ser mucho más
tendencioso que el haiku, con más espacio para la subjetividad y sin una métrica estricta,
en tanto que el ripio literario se toma aún mayores libertades (8)
.
Cierro esta muy breve exploración del haiku con uno de mi propia cosecha, a la espera de
que los lectores lo disfruten y puedan identificar los elementos formales antes descritos,
pero sobre todo la imagen visual que le antecedió. Es tiempo para ustedes.
Un viento leve
arrulla a la hojarasca,
bendito sueño.
Arquímedes Ruiz Columbié, San Angelo, Texas, Agosto- Septiembre del 2009
Referencias y Notas
(1) Donald Keene: La Literatura Japonesa entre Oriente y Occidente, El Colegio de
México, Guanajuato, 1969, 154 páginas. En particular, el capítulo 3, página 36
(2) Donald Keene, ibid, página 41
(3) Jorge Luis Borges, 1985: Literatura/ Sueño/ Realidad, La última conferencia de
Borges, Colegio Ward, Gran Buenos Aires, Septiembre 5 de 1985;

Haz clic para acceder a 210109_0043.pdf

(4) (5) En 1985, Dr. Tadanoku Tsunoda publicó un polémico libro titulado “El cerebro
japonés: su unicidad y universalidad” en el que planteó el papel primordial que juega
el lenguaje en la activación de los hemisferios cerebrales. En su teoría, basada en
experimentos realizados con sujetos de diferentes culturas, Tsunoda sostiene que en las
respuestas a los sonidos en los hemisferios cerebrales japoneses difieren claramente de
las respuestas observadas en sujetos occidentales. El hemisferio cerebral izquierdo
japonés procesa un amplio rango de sonidos, tanto lingüísticos (vocales y consonantes)
como no lingüísticos (expresiones emocionales, sonidos naturales), mientras el rango de
sonidos recibidos por su homólogo occidental resulta ser mucho más estrecho, limitado
6
fundamentalmente a lo lingüístico, dándole más oportunidades al hemisferio derecho para
trabajar en los otros tipos. En promedio, el hemisferio cerebral derecho en los japoneses
resulta ser muy poco usado. La actividad cerebral en ellos parece asemejar a la de los
estudiantes en vísperas de un examen difícil: el hemisferio izquierdo sufre sobrecargas.
(6)http://www.terebess.hu/english/haiku/borges.html;
http://www.terebess.hu/english/haiku/benedetti.html
(7) Harold G. Henderson: An Introduction to Haiku, Doubleday Anchor Books, NY,
1958, 179 páginas. Matsuo Bashō (1644 – November 28, 1694) fue el poeta japonés más
famoso del período Edo (1600- 1868). Es reconocido hoy como un maestro del haiku
tradicional; Taniguchi Buson (1716-1784), fue poeta y pintor, solo segundo de Bashō en
el arte del haiku; Masaoka Shiki (1867- 1902) lidereó la renovación de la poesía
japonesa a finales del siglo XIX. Otra referencia importante para aquellos que se inician
en estos menesteres es William J. Higginson: Haiku Handbook, Between Two Rivers,
NY, 1985, 331 páginas.
(8) Le debo a los lectores un análisis más profundo de ese comentario final sobre los
puntos de contactos entre el haiku y otras formas más occidentales. Considero que
aquellos que cultivan la poesía breve intentan resaltar la existencia de un diálogo autorlector, el cual insiste en el carácter cuasi-colectivo de la creación literaria. La poesía
breve, el textículo y el miniensayo parecen ser elementos de una tendencia de algunos
escritores contemporáneos por escribir pensando en el lector y el poco tiempo que éste
tiene para los “ladrillos literarios”. Hace unos años llamé a esta tendencia extremo
minimalismo, pero Rosa María Muiña acuñó lo que creo es un mejor término: miniminimalismo. Eventualmente algo tendremos sobre el tema.

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Borges y la poesía japonesa

…Cuando yo era joven todos sentíamos la gravitación de Lugones.
Lugones había dicho que la metáfora era un ingrediente esencial
de la poesía. Últimamente, se ha estudiado, a través del inglés y
el alemán, la poesía japonesa. No hay una sola metáfora, como
si sintieran que cada cosa es única, que no puede ser transformada
en otra…es la ausencia de la metáfora…Creo que lo esencial en el
verso es la cadencia. El verso tiene que tener, esencialmente, música,
música verbal. El verso tiene que ser grato al oído. Para los chinos
y japoneses, el verso tiene que ser grato a la vista…

Algo me han dicho

la tarde y la montaña.

Ya lo he perdido.

 .

¿Es o no es

el sueño que olvidé

antes del alba?

 .

La vasta noche

no es ahora otra cosa

que una fragancia.

.

Bajo el alero

el espejo no copia

más que la luna.

 .

¿Es un imperio

esa luz que se apaga

o una luciérnaga?

 .

La luna nueva.

Ella también la mira

desde otra puerta.

 .

Lejos un trino.

El ruiseñor no sabe

que te consuela.

 

Jorge Luis Borges

 

Descuartizados

Avatar de Marti LelisCEREMONIA DE PALABRAS

Descuartizados

Marti Lelis

Había abusado de ella. Ahora la tenía inmóvil sobre la mesa. Tomó el cuchillo y comenzó la tarea de amputar las manos, los brazos. Tuvo dificultades con las piernas. Dejó la cabeza al último. En cualquier momento podrían descubrirlo y eso le arrancaba una sonrisa nerviosa. La tomó de los cabellos y comenzó a cortar la cabeza. Al final, contempló el cuerpo desmembrado. Jamás la encontrarían. Arrojó las partes a la bolsa que tenía preparada bajo la ventana.

    Sintió hambre. Fue al comedor, aún con el cuchillo en la mano. Ahí se topó con su hermana, quien le preguntó desconsolada: “¿Tomaste otra vez mi Barbie? Te voy a acusar con mamá cuando llegue del trabajo”. “Acúsame. No tienes pruebas” respondió socarrón al tiempo que hundía el cuchillo en el frasco. En la otra mano tenía lista la rebanada de pan blanco; comenzó a untar…

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La Pitaya o Pitahaya

La pitahaya es una muñequita con pecas, gorda; vestida con olanes de rosa con ribetes color maíz.

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Las mariposas

Alrededor

de la flor del ciruelo

liban las mariposas.

sobre sus alas

resaltan los colores

de Van Gogh o Picasso

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