“El irlandés Edward John Moreton Drax Plunkett, XVIIIº barón de Dunsany, más conocido por la posteridad literaria como Lord Dunsany, es considerado un maestro del relato y uno de los padres de la fantasía moderna, aunque su talento va mucho más allá de cualquier etiqueta con la que se le quiera encasillar. Los elementos oníricos y maravillosos de sus narraciones se conjugan de una manera sugerente, extraña e inconfundible. Amigo de Yeats, admirado por Jorge Luis Borges, la huella de Dunsany puede rastrearse en una larga lista de autores en la que se encuentran Tolkien o el cineasta Guillermo del Toro, sin olvidar a H. P. Lovecraft, que consideraba a Dunsany su máxima influencia, junto con Poe”.
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Laura Nicastro
EN CASA DEL HERRERO
La lima reinaba en la herrería porque ningún metal podía con ella.
Un día entró una vieja serpiente y empezó a roerla. Creyendo que el reptil se la quería comer, la lima le dijo riendo:
– ¡Qué tonta! Si yo deshago el mismo hierro, ¿cómo vas a romperme?
A lo que contestó la serpiente:
– Sólo estoy afilando mis colmillos gastados.
Y se fue, sinuosa.
MEDICINA MODERNA
Le dolía la cabeza al caminar. Por error, le hicieron una radiografía de la cadera.
– Hay que operársela –diagnosticaron.
Le sacaron la cabeza de fémur. Ahora camina sin dolores y sin memoria.
POLIZONTE EN EL UNIVERSO
Era una partícula, una nada, suspendida por un rato entre el cielorraso y el vacío, colgada de su hilo plateado. Alpinista invertida sin montaña, empezó a hipar metódicamente ese hilo que surgía de los laberintos microscópicos de su plexo. ¡Acróbata loca, motita roja con sus ocho levísimas patas: hay que tener agallas para ser tan poca araña! Abajo, los papeles, la alfombra, la aspiradora, la muerte.
Un dedo índice intercepta su liana vertiginosa. Otro destino, sí, pero ¿cuál? Sin práctica, es muy arduo ser Dios.
Hay un macetón coronado por un enorme helecho. Allá va el dedo, con liana y tejedora. En cuanto ella toca terreno firme, se larga verde abajo por el puente vegetal. ¡Rápido, a cumplir con su sino!
Cuando días después casi invisibles arañitas bermejas se afanan entre los tallos, surge la pregunta: ¿igual a nosotros?

De laura Nicastro: «La omisión del evangelio»
Argentina
Según el Evangelio de San Marcos, Capítulo 10, versículo 25, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de los cielos.
Antiguamente se llamaba “ojo de aguja” a una puerta estrecha, secundaria, abierta en las murallas de las ciudades. Se utilizaba durante la noche tras haber sido clausurado el portalón principal. Fuertemente custodiada, después de la caída del sol permitía el ingreso individual a los viajeros rezagados para que no quedaran expuestos a los salteadores. El “ojo de aguja” sólo podía ser franqueado por viajeros de a pie, sin armas y sin equipaje. Ningún evangelista hizo esta aclaración pues jamás sospecharon que las ciudades cambiarían su diseño.
Ahora los ricos pueden abrigar nuevas esperanzas: es cuestión de que se enteren.

Fragmentos literarios de Emmanuel Carrére, Limónov
Sendero
“A nosotros, que vamos, venimos y tomamos aviones a nuestro antojo, nos cuesta comprender que la palabra emigrar, para un ciudadano soviético, significaba un viaje sin retorno. Nos cuesta comprender estas palabras tan simples como un hachazo: para siempre. Y no hablo aquí de los tránsfugas, de artistas como Nureyev y Barýshnikov, que aprovecharon una gira por el extranjero para pedir asilo político: de aquellos de los que en Occidente se decía que habían «elegido la libertad» y a los que Pravda calificaba de «traidores a la patria». Hablo de la gente que emigraba de forma totalmente legal. En los años setenta era posible emigrar, aunque difícil, pero el que solicitaba el pasaporte sabía que, si se lo daban, nunca podría volver. Ni siquiera de visita, ni siquiera para una estancia corta, ni siquiera para abrazar a su madre moribunda. Lo cual te hacía reflexionar, y por eso muy pocos querían partir, y sin duda el poder lo tenía previsto cuando abrió esa válvula de escape.
Los últimos días eran desgarradores. Reír con un amigo, sentarse debajo de un tilo, subir entre las filas de hachones la escalera mecánica de la estación de metro Kropótkinskaia y salir al aire libre, entre los quioscos de floristas, con el olor de la primavera en Moscú: te percatabas con una especie de estupor de que todo esto, que habías hecho miles de veces sin darte cuenta, lo hacías por última vez. Cada partícula de este mundo tan familiar estaría pronto y definitivamente fuera de tu alcance: sería un recuerdo, una página pasada que no podrás releer, un objeto de nostalgia incurable. Abandonar la vida que siempre habías conocido y partir hacia otra de la que esperabas mucho pero no sabías casi nada, era una forma de morir. Y los que se quedaban, si no te maldecían, se esforzaban en estar alegres, pero a la manera de los creyentes que acompañan a sus allegados hasta las puertas de un mundo mejor. ¿Había que alegrarse porque serían más felices allá que aquí? ¿O llorar porque no volverías a verles? Ante la duda, bebían. Algunas de estas rondas de adioses se transformaron en zapói tan frenéticos que los candidatos a partir sólo emergían de ellas, aturdidos, después de despegar el avión. Ya no habría otro, la puerta se había cerrado y no volvería a abrirse, sólo quedaba beber otro trago sin saber si era para ahogar una desesperación ya sin remedio o, como repetían los amigos, dando fuertes empellones, agradecer el haberse librado de una buena. «Se está mejor aquí, ¿no? Juntos. En casa.»”
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Limónov
Emmanuel Carrère

El capitán de Köpenick – Arturo Pérez-Reverte
«El capitán de Köpenick – Arturo Pérez-Reverte» https://www.zendalibros.com/perez-reverte-el-capitan-de-kopenick/
RELACIONES SINTÁCTICAS — Escribir sobre la punta de la i

Érase una frase impersonal que, lejos de subordinarse a normas gramaticales, se citó con un sujeto al que le gustaba predicar con el ejemplo. Se enamoraron en el primer acto y se fueron a vivir juntos a un soneto, pero su vida empezó a ser un poema y, hartos de versos empalagosos y rimas cuadriculadas,…
RELACIONES SINTÁCTICAS — Escribir sobre la punta de la i
Ana María Shua reflexiones
Argentina
En algunos de mis propios textos hay más relación con la poesía, (pero no en todos), sobre todo en su construcción, porque los microrrelatos exigen un tipo de perfección que sólo se puede comparar con el de un poema. Cada palabra tiene que estar calibrada y ajustada. No se trata sólo del sentido, el micro debe tener un ritmo, un sonido redondo y perfecto. En tanta brevedad no hay margen para el más mínimo error, desliz, disonancia. Así es como después resultan tan difíciles de traducir.

Los secretos de Thomas Wolfe para escribir novelas
«Los secretos de Thomas Wolfe para escribir novelas» https://www.lavanguardia.com/cultura/20210502/7422673/secretos-thomas-wolfe-escribir-novelas.html

Reflexiones al vuelo de Gabriel Ramirez Lozano
Tomado de Fb
«A medida que pasa el tiempo, cuando uno se siente maduro, las emociones son otras. He aprendido que la grandilocuencia de las ideas, las prisas por llegar y la belleza como último objetivo, es cosa de jovencito atolondrado. He aprendido que saber estar solo, asumirlo y disfrutarlo, es una excelente forma de vida. He aprendido a preguntarme quién soy sin encontrar respuesta, a escuchar a otros cuando hablan de mí sin dar la más mínima importancia a lo que dicen. Lo que llega de fuera ha dejado de tener importancia salvo en contadas excepciones. Lo que sale de dentro buscando refugio en otro es un grito de socorro al que nadie acudirá. Lo pequeño que está dentro debe quedarse donde está porque es el soporte de uno mismo. Lo pequeño es lo nuestro, lo más íntimo; eso que a nadie le interesa, eso que nadie conoce ni debería conocer jamás. Lo pequeño que llega de fuera es eso que interiorizamos con rapidez poniendo a salvo un sonido, la imagen que otros nunca verán o la angustia de todos para hacerla propia. Ahora, sentirse vivo cuenta. Antes estar vivo era suficiente. Todos somos iguales. Seres que se buscan en respuestas improbables, que sobreviven gracias a que las emociones van cambiando y haciendo soportable esto de vivir. Todos somos iguales, se pongan como se pongan. Uno por uno intentamos hacer realidad la vieja meta de llegar vivos al instante siguiente, al lugar en el que las pequeñas cosas de cada uno sean lo importante. A medida que pasa el tiempo siento menos miedo por algunas cosas. Por mí mismo, por el futuro, por un éxito que nunca llegará, por los fracasos ya vividos. Y siento mayor atracción, casi obsesiva, por las cosas que parecen insignificantes. A medida que pasa el tiempo me hago viejo y siento que es así; ahora si lo percibo con claridad. Soy capaz de colocar cada cosa en el lugar que más me gusta. Ajeno al resto, pero sabiendo que mi importancia es la de todos, que el mundo funciona porque uno a uno lo hacemos. A medida que pasa el tiempo renuncio a lo que creía esencial y me quedo con lo que necesito para tirar de la palanca que mueve mi mundo.

Juan José Arreola tres cuentos
Sendero
Max Aub: hacía un frío
Sendero
Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juán de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno las siete y media, lo mismo da las ocho. Tengo un criterio amplio para todas las cosas. Siempre he sido un hombre muy tolerante: un liberal de buena escuela. Pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas no obliga a los demás sino hasta cierto punto; pero ustedes reconocerán conmigo que ese punto existe. Ya dije que hacía un frío espantoso. Y aquella condenada esquina está abierta a todos los vientos.
Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez. Las ocho. Es natural que ustedes se pregunten que por qué no lo dejé plantado. La cosa es muy sencilla: yo soy un hombre respetuoso de mi palabra, un poco chapado a la antigua, si ustedes quieren, pero cuando digo una cosa, la cumplo. Héctor me había citado a las siete y cuarto y no me cabe en la cabeza el faltar a una cita. Las ocho y cuarto, las ocho y veinte, las ocho y veinticinco, las ocho y media, y Héctor sin venir. Yo estaba positivamente helado: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo. La verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiera sucedido nada. Pero esas son cosas del destino y les aseguro que a las tres de la tarde, hora en que salí de casa, nadie podía suponer que se levantara aquel viento. Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto. Transido, amoratado. Llegó a las nueve menos diez: tran quilo, sonriente y satisfecho. Con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados:
-¡Hola, mano!
Así, sin más. No lo pude remediar: lo empujé bajo el tren que pasaba. Triste casualidad.
Max Aub
La otra mirada – Antología del relato hispánico. – Menoscuarto Ediciones
Circe
Sendero
A Circe, Julio Torri
¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.
¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.
La alusión explícita a la Odisea es una apelación al lector, para que derive las correferencias desde su propia competencia lectora. En otras palabras, sólo un lector informado en la epopeya griega puede realizar interpretaciones transtextuales coherentes. Asimismo, se ha de tener en cuenta el recorte significativo del texto épico, la omisión de contenidos y la conversión del género hipertextual. El receptor se encuentra sólo con un fragmento del sentido épico, y con un narrador antiépico, con un Ulises errante cuyo deseo es el extravío. El lector ha de desinstalar la noción de personaje heroico y desestructurarla para completar una visión humana angustiante y desgarradoramente inútil que no concuerda con el epos griego. El microcuento ha invertido y parodiado el sentido heroico, y ha instalado el contracanto. El texto se ha construido en base a la parodia y a la parábola que promueve un régimen de lectura ejemplar (Suleiman 1977, 1983), cuya regla de coherencia no se encuentra en la historia sino en el nivel pragmático.
fuente
La minificción por Lauro Zavala
Sendero vídeo
!OJO!/ Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas

El canto de los pájaros me despertó suavemente, al abrir los ojos percibí un rayo de sol que se filtraba a través del ojo de la cerradura en la vieja ventana de mi recámara, la mañana ya estaba transcurriendo; es demasiado tarde, deduje, debo apresurarme para llegar a tiempo y que mi mamá no piense […]
!OJO!/ Maricarmen Delfín Delgado — Los escribas
BBC Mundo: «El universo es la cosa más simple del universo»: Neil Turok, el físico que desafía la teoría del Big Bang
BBC Mundo – «El universo es la cosa más simple del universo»: Neil Turok, el físico que desafía la teoría del Big Bang https://www.bbc.com/mundo/noticias-56738199

