Doce recursos para hacernos sonreir por Dolores Koch

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Microrrelatos: Doce recursos más para hacernos sonreír

Se han hecho muchos estudios sobre el humor, pero todavía su verdadero origen se nos escapa. A veces podemos distinguir entre un simple chiste y un microrrelato humorístico. La minificción es ingeniosa, y cuando el lector capta un alarde de ingenio de parte de un escritor, en general sonríe de satisfacción. Satisfacción frente a ese ingenio, y satisfacción propia al poder captarlo.
Pero el intento de ese ingenio es complejo: lúdico y desacralizador, a veces nos hace reflexionar con un insospechado punto de vista, o nos hace examinar de nuevo algún concepto pasivamente aceptado. Es curioso que estos recursos son los mismos, no importa el país de procedencia. Debe subrayarse que los autores de microrrelatos no se han valido de ninguna preceptiva. Estos recursos se han destilado de la práctica de este subgénero, esto es, a posteriori.
El ingenio es usualmente rebelde o simplemente juguetón. Un sinnúmero de estrategias se han utilizado para lograr la sonrisa (a veces variaciones de estas estrategias). Para detallar estos recursos utilizados que encontré, con varios ejemplos cada uno, he necesitado dos ensayos independientes. En este veremos doce de ellos, que a veces combinan en su breve exposición dos o más de estas estrategias.
Los ejemplos serán necesariamente muy breves, de autores famosos y, con mayor frecuencia, de autores poco conocidos.
Veamos el Recurso # 1. Transgresión de géneros. Una de las características del microrrelato es que es «proteico», a decir de Violeta Rojo, o sea, que salta las barreras genéricas tradicionales entre la narrativa, la poesía y a veces el ensayo. Lola Díaz nos ofrece un buen ejemplo poético en Fertilidad:
A punto de terminar su relato, una ráfaga de viento se llevó las palabras. Cayeron en tierra fértil, y en primavera brotaron cuentos de colores.
La fantasía poética aparece combinada con la narrativa en este ejemplo, de Miguel Gomes:
Apenas despierto, sin motivos aún para pensar, descubro la séptima cara del dado. Está junto a las otras, en medio de ellas, y a un lado. Allí donde no llega el Azar.
Veamos otro juego con la fantasía poética en Tortugas y cronopios, de Julio Cortázar (1990). Nótese de paso que el autor utiliza palabras sin acento ortográfico:
Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural.Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan.Los cronopios lo saben; y cada vez que encuentran una tortuga, sacan de la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga, dibujan una golondrina.
Recurso # 2. Sorprender al lector con una lógica inesperada.Veamos un ejemplo de Raúl Brasca (2005):
Me abandoné a la placidez del sueño y, cuando regresé a la vigilia, me vi empapado y temblando de miedo. Me perdí detrás de una mujer, y cuando me di cuenta, estaba desnudo y sin un centavo. Me dejé flotar en el vaivén de las olas, y cuando volví en mí, me hacían respiración artificial. Definitivamente, no puedo dejarme solo.
Y otro ejemplo, también de Julio Cortázar (2001), Amor 77:
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Veamos también La fuerza del destino, de Julia Otxoa:
El perro riñe al gato, el gato al ratón, el ratón a la musaraña, la musaraña a la araña, la araña a la mosca, la mosca a la hormiga, la hormiga a la pulga, pero la pulga, como es tan pequeña, no tiene nadie más pequeño a quien reñir, así que, indignada, prepara la revolución para derrocar al perro.
Recurso # 3. Realizar un cambio sorpresivo de contexto. A veces se crea una expectativa, tratando de despistar al lector. Veamos Pista falsa de Ana María Shua (1992):
Seguir el reguero de manchas, ¿no será peligroso? ¿Cómo saber que conducen al cadáver, y no hasta el asesino? (Pero las manchas son de tinta y llevan hasta la palabra fin).
Veamos otro ejemplo, Antropofagia, de Isabel Segura Boutry:
Sus incontables victorias no le impidieron sucumbir a los encantos de la exótica reina negra. Ella, siguiendo ancestrales ritos, no dudó en comérselo. El rey había olvidado que era el blanco del tablero.
Recurso # 4. Contrastar presente y pasado. Ayuda en este recurso hacer referencia a personajes conocidos. Veamos, también de Shua (1981), un fragmento de un relato más largo, Princesa, mago, dragón y caballero, que remeda una historia medieval:
[…] El caballero Arnulfo amaba y deseaba ya la princesa Ermengarda (a su imagen) como un chico ama y desea su primera, no poseída bicicleta […].
Veamos Post-operatorio, de Adolfo Bioy Casares:
―Fueran cuales fueran los resultados –declaró el enfermo tres días después de la operación–, la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos, que sanaban con encantamientos y con bailes.
Y uno más moderno, Bagdad, de María Elena Lorenzín (inédito):
Érase una vez una ciudad de ensueño, una legendaria ciudad de las Mil y una Noches. Ahora es la ciudad de las mil y una pesadillas.
Recurso # 5. Concretización de una metáfora o dicho popular. Veamos En legítima defensa, de César Antonio Ilurralde:
Sustrajo el pan, y su condena fue perpetua por haber matado el hambre.
De Fernando Aínsa, Olvido confirmado:
Recuérdalo, por las dudas: todos los escritores inmortales se han muerto.
Veamos otro ejemplo, Despertar, de Norberto Costa:
Despertó cansado, como todos los días.Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima.Abrió un ojo y no vio nada.Abrió el otro y vio las vías.
Recurso # 6. Escamotear el significado de una frase hecha. Veamos otro de Fernando Aínsa, un microrrelato que es parte de De eso se trata ahora:
Su amor por la patria no tiene fronteras.
A veces el lector tiene que completar el significado. De José Antonio Martín, veamos un buen ejemplo:
Cuento que me contó una vez mi hija Adriana, fastidiada que le pidiera un cuento: Había una vez un colorín colorado.
Recurso # 7. Utilizar un formato popular, no literario. Un formato moderno al que recurre el microrrelato con frecuencia es el anuncio clasificado. Veamos Clases de gimnasia, otra vez de Shua (1996):
Para aumentar la flexibilidad del tronco y ramas, evitando así quebraduras provocadas por ráfagas intempestivas, clase de gimnasia para árboles se ofrecen, individuales y a domicilio. Precios especiales para bosques.
Y otro ejemplo, Aviso oportuno, de Vetusta Morla:
Se solicitan fantasmas para devolver la capacidad de asombrar.Interesados, favor de presentarse sorpresivamente.
Veamos, de Armando Páez, Designio que parafrasea el muy conocido Génesis:
Entonces dijo: «¡Que se haga el automóvil!». Y la ciudad se deshizo.
Recurso # 8. Utilizar una lógica desviada. Puede llevar a una paradoja o al absurdo. Veamos el #17, de Andrés Rivero:
Decía que amaba tanto a su esposo que tenía que engañarlo con otros hombres; uno, para probarse a sí misma todo lo que quería al marido; dos, para destrozarle la ilusión a esos que algún día podrían rivalizar con su cónyuge.
Con frecuencia este recurso envuelve además una inversión de ideas o de palabras. Veamos Una realidad (inédito), de Fabián Vique:
Me desperté a las tres de la madrugada sobresaltado, bañado en sangre, con un puñal clavado en el medio de mi pecho. «¡Menos mal!», me dije, «es sólo una realidad». Y seguí durmiendo.
Y otro de Vique, también inédito, Melómano:
Tanto le gustaba la música que le había puesto a su teléfono móvil, que nunca atendió una llamada.
Recurso # 9. Hacer falsas atribuciones. Este recurso fue utilizado frecuentemente por Jorge Luis Borges, antes de que su superchería fuera descubierta. Marco Denevi tiene un grupo de minificciones muy sutiles atribuidas a Leopoldo Garnerius en Aphorismata (Róterdam, 1720). El título de su colección, Falsificaciones, nos avisa debidamente. Algunos de estos microrrelatos son muy conocidos. Recordemos su Veritas odium parit:
–Traedme el caballo más veloz –pidió el hombre honrado–. Acabo de decirle la verdad al rey.
Y Ana María Shua firma la introducción a su Botánica del caos con el nombre de Hermes Linneus, El clasificador.
Recurso # 10. Hacer uso de la ironía. Este recurso consiste en decir lo contrario de lo que se quiere significar, lo que el lector deberá captar. Veamos un ejemplo de Luisa Valenzuela, quien le ha dado, como a veces acostumbra, un largo título: Fracaso de Don Juan al encontrar a la Bella Durmiente:
Porque nunca ha logrado aprender cómo despertar lo suficiente sin despertar del todo.
Ayuda usar la visión individual de la primera persona, que acerca la narración al ensayo y al poema. Veamos Libertad, de Juan José Arreola:
Hoy proclamé la independencia de mis actos. A la ceremonia sólo concurrieron unos cuantos deseos insatisfechos, dos o tres actitudes desmedradas. Un propósito grandioso que había ofrecido venir envió a última hora su excusa humilde. […]
Algunos de ustedes habrán notado la posible influencia de Macedonio Fernández. No hay duda que Macedonio podría haber sido un gran microrrelatista. Veamos uno más, El sueño y la vigilia, de Gabriel Jiménez Emán:
Había confundido tanto la vigilia con el sueño que antes de acostarse clavaba con un alfiler cerca de su cama un papelito que decía: Recordar que mañana debo levantarme temprano.
Desde luego, este brillante ejemplo de Augusto Monterroso, Fecundidad, goza de gran popularidad:
Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.
Recurso # 11. Desacralización de personajes conocidos. Hay algo de burla en esta intertextualidad. Veamos el elíptico Drácula, de Diego Muñoz Valenzuela:
El conde Drácula no soporta más el dolor de muelas y decide tratarse con un especialista.
Veamos además Pecado, de Luis Felipe Fernández:
Al convertirse en hermoso cisne, el patito feo comprendió que su madre había sido adúltera.
Por último, veamos otro microrrelato inédito de Fabián Vique, Si Penélope:
Si Penélope, señores Diputados, en lugar de tejer y destejer improductivamente hubiese sólo tejido, la industria textil de Itaka habría recibido un impulso fenomenal y Grecia ocuparía hoy un lugar más relevante en la Comunidad Económica Europea.
Recurso # 12. Crear una perspectiva infrecuente o única. Este es uno de los recursos favoritos de los microrrelatistas. Su propósito parece ser hacernos ver el mundo desde otro ángulo. Veamos Calidad y cantidad, de Alejandro Jodorowsky:
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.
Veamos el #108 (1984) de Ana María Shua:
Yo contra los huevos fritos no tengo nada. Son ellos los que me miran con asombro, desorbitados.
Veamos, de Alfredo Armas Alfonzo, el # 43:
Engracia Magna Pastora Toribia Rafaela le pusieron a la hora de las aguas, y no crecía; mamá lo atribuía a la carga de tanto nombre.
Y este, de Rogelio Guedea, En defensa del oficio:
Los que no escriben saben que escribir es fácil (… ). Sin embargo, los que escriben piensan todo lo contrario y si se empeñan en estar horas enteras frente a la página en blanco (…) es sólo porque quisieran encontrar finalmente esa verdad de que tan buena fuente saben los que no escriben.
Veamos por último otro ejemplo, muy sutil, de Raúl Brasca: Amor I:
A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está, su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras, muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado. Somos felices.
Después de hacer este repaso independiente, además de mi estudio anterior (que en conjunto cubren 24 recursos utilizados para lograr la sonrisa en el microrrelato), me parece comprobar que escritores de países y épocas distintas utilizan las mismas estrategias para hacernos sonreír y pensar. En nuestros días se destaca muy especialmente Ana María Shua, con el mayor número de agudezas humorísticas donde la superficialidad es sólo aparente. Después de cuatro volúmenes de microrrelatos, ha decidido que prefiere lograr la reflexión a lograr sólo la sonrisa. Pero muchos escritores nos hacen sonreír. Y desde luego, quien pueda reírse de sí mismo, podrá más fácilmente sobreponerse a sus propias desgracias.
En conclusión, puede asumirse que percibir el absurdo del mundo y el nuestro propio es saludable. Además, los microrrelatistas tienen en general algo de rebeldes y gozan de pensar por sí mismos por caminos no trillados. Perciben el universo como un lugar donde impera el absurdo y están fascinados por su arbitrariedad, la que no cesan de señalar, suscitando nuestras sonrisas.
Autora: Dolores M. KochFuente: Literaturas.com

La nave de los locos: Dolores Koch, pionera en el estudio del microrrelato
Ha muerto en Nueva York, la profesora, pionera en el estudio del microrrelato, Dolores M. Koch, a quien conocíamos como Lolita. Su nombre de pila fue Dolores Mercedes Gonzalez (La Habana, 1928), pero tomó el apellido de su marido, Gerardo R. Koch, al casarse en 1949. Junto a su familia, abandonó Cuba, para afincarse en los Estados Unidos, a principios de 1961. En 1986 se doctoró en Literatura Latinoamericana, en la Universidad de Nueva York (CUNY), especializándose en el microrrelato. Ha traducido al inglés, entre otras muchas obras, Antes que anochezca y una antología de cuentos de Reinaldo Arenas; y la novela Isla de la pasión (HarperCollins), de Laura Restrepo. Ha sido coautora del libreto de la ópera, Before Night Falls, basada en las memorias de Reinaldo Arenas, del compositor cubano Jorge Martin, de la que existe también una cantata, «Stronger than Darkness», estrenada en New Jersey. Pero, como decía, su principal contribución a los estudios literarios ha sido en el campo del microrrelato, en el que en fechas muy tempranas, 1981, publicó ya un trabajo sobre «El microrrelato en México: Torri, Arreola y Monterroso» (Hispamérica, X, 30, pp. 123-130), autores -¡qué bien elegidos!- a los que dedicó también su tesis doctoral, todavía inédita. Estudió después el microrrelato venezolano y las aportaciones al género de Borges, Cortázar y Marco Denevi. Su última contribución a la materia fue el monográfico dedicado al microrrrelato, en el 2009, por la Hostos Review (CUNY), siendo la coordinadora. La conocí en el Congreso Internacional sobre el microrrelato, celebrado en Salamanca, y luego mantuve correspondencia con ella, pues como persona generosa y afable era apreciada y querida por todos sus colegas de profesión, escritores y profesores, que hoy no dejan de intercambiarse correos lamentándose por la pérdida. Descanse en paz.
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Niebla, de M. de Unamuno —

Una “nivola” escrita por el mismo creador de este género: no tendrá más seguidores, pero marcó un modo de escribir relacionado con la metaliteratura. La historia parece de lo más cotidiana dada la época en que se desarrolla: Augusto, joven huérfano y bien posicionado, se ha enamorado de una pianista, Eugenia, que le rechaza con […]

Niebla, de M. de Unamuno —

MÚSICA DE CÁMARA — manologo

Tenía un tío que era músico, pero a los siete años no imaginaba que era serlo, hasta que un día le preguntó a su mamá, que era lo que el tío Julián hacía, porque sabía que Pedro, su papá, manejaba un camión. “Toca música en una orquesta de cámara”, le dijo orgullosa de que su […]

MÚSICA DE CÁMARA — manologo

Reseña: Luis Ignacio Muñoz, rebasando la ficción y lo inverosímil, por Márcia Batista Ramos

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Comparto mi último libro de relatos — M&A BOOKS

Hola amigos, hace tiempo que no les escribo. Esta ocasión es singular pues he decidido compartir con ustedes, queridos lectores y amigos, mi libro titulado “Relatos para un viernes sin Dolores”. Espero que lo disfruten. Compartiré dos capítulos por semana hasta completar los dieciocho que lo conforman. NO olviden dejarme sus comentarios. PRÓLOGO Imagino a […]

Comparto mi último libro de relatos — M&A BOOKS

Después — Stephen King / Later by Stephen King — David, earth planet , knopfler and a humble man

Veo muertos. Que yo recuerde, siempre ha sido así. La cosa, sin embargo, no va como en la peli de Bruce Willis. Puede ser interesante, puede ser aterrador (como con el tío de Central Park), y puede ser un coñazo, pero la mayoría de las veces es lo que es, sin más. Como ser zurdo […]

Después — Stephen King / Later by Stephen King — David, earth planet , knopfler and a humble man

La metaficción en la minificción por Laura Elisa Viscaíno

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Minificción metaficcional: personajes y discursos fragmentadosPor Laura Elisa Vizcaíno MosquedaUniversidad Nacional Autónoma de MéxicoEn lo que corresponde a mi investigación, atiendo a estudiar narrativa muy breve, escrita recientemente y que presenta rasgos metaficcionales. Suele ocurrir que, cuando uno estudia el género de la minificción, el microrrelato o la narrativa ultrabreve, hay una tendencia por concentrarse únicamente en la forma, o en legitimar el género frente a otras narrativas de larga extensión. Sin embargo, últimamente he puesto atención en el tratamiento que reciben los personajes, porque ¿qué tanto esfuerzo o tiempo se le puede dedicar a personajes que ocupan un escenario tan corto? Los lectores apenas los empezamos a conocer cuando ya se están yendo. De ahí que me interese provocar la reflexión sobre los protagonistas de ficciones muy breves que, además, con rasgos metaficcionales hacen más profunda la meditación sobre ellos.En cuanto a la minificción, este es un género literario de gran relevancia en países hispanohablantes. No se trata de un nuevo tipo de literatura, porque la brevedad narrativa existe desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, en la actualidad está cobrando fuerza y atrapando la atención de muchos lectores. Al hablar de minificción, eje estructurador de este estudio, me refiero en concreto a textos literarios hiperbreves que tienen una dominante narrativa.Asimismo, la metaficción tampoco es reciente; rasgos de ella se encuentran en novelas como El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha o en Tristram Shandy. Pero es evidente que en la actualidad es más común encontrarla, si no en su totalidad, al menos en parte en el cine, en el teatro y, por supuesto, en la literatura. En este trabajo, al hablar de metaficción, me estaré refiriendo al texto literario, ficcional, con predominante narrativa que devela el modo como se construye la ficción, pero sin dejar de ser ficción. Es decir, no se trata de ensayos literarios, sino de ficciones que ficcionalizan los andamiajes del texto; como si en una obra de teatro el escenario fueran los vestidores que, sin embargo, no dejan de ser escenario. Esto se puede lograr, desde mi punto de vista, uniendo el fondo con la forma o la estructura con el tema. ¿Cómo es esto? Considero que hay tres temas constantes que suelen aparecer cuando el texto es metaficcional: la escritura y el autor, la lectura y el lector, y el texto. Esto no quiere decir que por emplear estos temas el texto ya sea metaficcional; lo que ocurre es que estos ejes temáticos son los que preparan el escenario para que la metaficción pueda construirse en escena. Ahora bien, si a estos ejes temáticos se les suman ciertos recursos formales como la intertextualidad, la metalepsis o el mise en abyme, entre otros más, la metaficción cobrará forma.En concreto, la metaficción es un recurso formal que engloba otros recursos formales, pero también es un recurso temático: para que la ficción literaria pueda hablar sobre la ficción literaria, necesita tematizarla en primer término y, en segundo, cada elemento formal debe apuntar hacia el mismo objetivo: exponer a la ficción.Una vez presentados estos puntos, vale la pena preguntarse por qué la metaficción y la minificción cobran fuerza en la actualidad. Y para responder, hay que tocar el asunto de la posmodernidad, el cual trataré aquí como una consecuencia de la modernidad en la que se hicieron promesas e ilusiones, pero todo lo que se esperaba perdió credibilidad, sobre todo, a partir de la Segunda Guerra Mundial. Esto trae como consecuencia una pérdida de fe ante el progreso, ante grandes relatos e importantes autoridades. Como un claro ejemplo de la descredibilidad, se aprecia la ausencia de héroes: los textos literarios se pueden dar el lujo de prescindir de los héroes y engolosinarse mejor con los antihéroes o, como ocurre con la minificción, con personajes tipo: actantes que se pueden sostener gracias a los códigos en común que comparten autores con lectores. Los personajes tipo son reconocibles porque los lectores podemos entender cuál es la clase de sujeto al que apunta el autor; sin embargo no son personajes profundos ni complejos.Para definir al personaje tipo, Francisco Álamo lo explica como: «un personaje que sintetiza lo individual y lo colectivo, dado que encarna en sí mismo toda una categoría de personajes del universo ficcional construida a partir de unos determinados rasgos comunes» (214). En concreto, podríamos decir que los personajes tipo se encuentran en una primera dimensión, en un primer trazo que se dibuja gracias a los denominadores en común entre autor y lector, pero que carecen de fondo y complejidad. Esto trae como consecuencia que los lectores prestemos más atención al discurso que al personaje; situación que parecería negativa al principio, pero al final, como veremos más adelante, no lo es.Esta idea de bocetos y líneas delgadas también es reconocida por José Luis Fernández, quien menciona que en el microrrelato «la imposibilidad de caracterizar personajes o desarrollar atmósferas a través de pausas descriptivas, se vuelve oportunidad, en tanto se diseñan estrategias elípticas o alusivas, para bocetar una coordenada temporo-espacial o delinear el rol que desempeña un actante» (138). Es importante destacar que un personaje bocetado es una oportunidad, y en ningún momento es un obstáculo o una falla.¿Cuál es la consecuencia de que los héroes sean suplantados por personajes tipo, carentes de fondo? La situación provoca que los textos se acorten y empequeñezcan, porque si los grandes personajes ya no son detallados sino esbozados, la extensión se achica.A su vez, John Barth en su artículo «Unas pocas palabras sobre el minimalismo» considera que la ficción puede ser minimalista de tres maneras: en la forma, en el estilo y en el material; en este último entran los «personajes mínimos, mínima exposición de hechos, puestas en escena mínimas, mínima acción, trama mínima» (49). Para fines de este estudio es importante traer a cuento la idea de personajes mínimos, ya que su construcción minimalista es lo que les resta profundidad, pero no por ello interés, su atractivo radica en la situación en la que se encuentran.Por otro lado, si el autor esboza personajes a partir de elementos en común entre él y su lector, entonces trae como consecuencia una mayor responsabilidad que ahora descansa en el lector. Es él quien tiene que activar su memoria, sus experiencias de vida y el recuerdo de otras lecturas para entender a aquellos personajes apenas delineados por un autor que le está tirando la bola al lector.Ahora bien, esto ayuda a explicar, de cierta manera, por qué la tendencia a la brevedad: hoy en día, ya no son necesarios grandes relatos ni héroes; en su lugar hay personajes tipo que requieren menos espacio. Por esto, la minificción va cobrando fuerza en esta época.Por otro lado, ¿qué ocurre con la metaficción? Esta también es común en la posmodernidad, porque si el lector ya no tiene grandes personajes con los cuales identificarse, ¿a qué se enfrenta?, ¿qué es lo que puede atraerlo hacia la lectura? Una vez más, la identificación no se da con los personajes, sino con el discurso en sí mismo, con la situación. Y lo más importante, con poner en duda convenciones marcadas. En concreto, con la metaficción se cuestionan las convenciones de ficción y las convenciones de la realidad.Otro rasgo sobresaliente de la posmodernidad es cuestionar la modernidad, la tradición, la convención y la repetición de paradigmas. «La posmodernidad se niega a ser novedad, y rechaza la idea de “sentido profundo”» (Cifre Wibrow, 51); a diferencia de la modernidad, el objetivo no está en lo nuevo, sino en el cuestionamiento hacia el pasado. Una forma de lograr esto en la literatura es cuestionar las ideas que se tienen de ficción y las ideas añejas de la realidad; por ello la metaficción encuentra un escenario acogedor en la época actual, donde, además, no es necesario profundizar en personajes.En concreto, gracias a que la modernidad nos falló, ahora hay una falta de credibilidad frente a grandes héroes y grandes relatos, de ahí que pueda darse la brevedad narrativa. Y, afortunadamente, esta descredibilidad provoca el cuestionamiento del pasado, que en literatura se manifiesta cuestionando la misma literatura, reflexionando sobre ella y proponiendo su propia crítica, en ocasiones su propia poética, y por ello puede darse la metaficción.Para observar de cerca estos aspectos, propongo centrar la atención en los personajes y en cómo están tratados; para lo cual retomaré ejemplos de minificciones metaficcionales. Considero que son constantes tres tipos de personajes en la narrativa hiperbreve que cuestiona la ficción literaria, estos son: los personajes autores y lectores, los personajes prestados de otras obras, y los personajes que son el mismo texto o la misma palabra.1. Personajes autores y lectoresComo es de esperar, la tematización de la literatura que construye textos metaficcionales da lugar a personajes que escriben y/o que leen. ¿Esto qué trae como consecuencia? Primero observemos un ejemplo que trata al autor; sin embargo, un autor nunca deja de ser un espectador.Un sueñoEn un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma del círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular… El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben (Borges, 112).Esta minificción demuestra que sin ahondar en el perfil de un personaje, este puede ser construido, identificado y apropiado, siempre y cuando haya un elemento en común con el lector, y ¿qué más común puede ser que la figura misma del autor?En este ejemplo aparecen varios personajes para ser un texto tan corto; sin embargo, estos se repiten sin cansancio ni final; cuesta trabajo ponerles un rostro diferente a cada uno porque sus acciones son las mismas y el mismo protagonista habla de su similitud. Aunado a esto, cuando el personaje es un autor, los lectores no podemos evitar relacionar al autor real con el ficticio. Esto no quiere decir que Borges esté hablando exactamente de él; pero en algún momento, quizás un instante, no podemos dejar de relacionarlo con el protagonista y así poner su rostro en los otros hombres que escriben en celdas circulares, como si un espejo se reflejara sobre otro infinitamente.Asimismo, podría parecer que los personajes no tienen importancia, porque no tienen nombre y porque se les dedica un espacio sumamente breve para describirlos o hablar de ellos. «En narraciones de una o media página, el escritor no dispone ni de tiempo ni de espacio para caracterizar a los personajes, estos pocas veces tienen nombre propio y apenas están perfilados» (Andrés-Suárez, 168). Sin embargo, aunque no están delineados, los lectores podemos terminar de dibujar sus rostros.Ahora bien, estos personajes sin forma fija no carecen de peso, pero sí permiten que nuestra atención se dirija más hacia otros aspectos que tienen que ver con la forma como están construidos; es decir, la brevedad y el tema de la escritura.El siguiente ejemplo muestra cómo la brevedad también puede crear personajes tipo que nos hablan directamente a nosotros, ya que se trata del personaje-lector.IspahanEn Ispahan hay tres jardines. Uno dedicado a los jóvenes, otro a los viejos y el tercero a los que aún no nacen. Los jóvenes juegan al amor, los viejos los observan a distancia. Estos son torturados por la memoria de su propia juventud; aquéllos por la certeza de lo que les espera. El significado del tercer jardín es un enigma. Resolverlo es tarea del viajero: el lector (Pacheco, en línea).En primer lugar, los personajes jóvenes, viejos y lectores de esta minificción están construidos a través de códigos en común entre el autor real y nosotros: lectores reales; por lo que son un buen ejemplo de personajes tipo. A grandes rasgos, nosotros sabemos quiénes son los jóvenes, los viejos y los lectores. En el mejor de los casos, podemos identificarnos fácilmente con unos o con otros; pero, sin duda, nos identificaremos con ese último personaje que se menciona al final: el lector, en el cual nos reconocemos en el momento mismo de la lectura.Lo importante aquí es el papel que cumplimos los lectores. No somos simples espectadores, formamos parte del espectáculo. En sí, las minificciones metaficcionales tienen la ventaja y la genialidad de presentar rápida y fugazmente a los actores que conforman la literatura: el autor, el lector (papel que nos corresponde) y el texto. Si bien no hay grandes héroes, el formato breve y el tema literario son una forma directa de hablarnos a nosotros, los lectores, de incluirnos, activarnos y hacer evidente nuestra participación. En otro tipo de lecturas por supuesto que también participamos, pero ¿qué mejor que hacerlo lo más consciente posible?Como vemos en estos dos ejemplos, los textos son breves, fragmentados, los personajes carecen de nombre y, sin embargo, gracias a su cualidad metaficcional, nos afectan directamente. Si retomamos la frase filosófica de Descartes, «pienso luego existo», podríamos decir que en este tipo de narrativa leemos y luego somos; porque al leer estas brevedades metaficcionales nos hacemos conscientes de lo que somos y nuestra participación se activa positivamente. La conciencia también puede activarse en una novela metaficcional, pero cuando el texto es tan breve, la evidencia de nuestra participación es más inmediata y podemos atraparla en un instante. Los personajes y relatos de minificciones metaficcionales están esbozados para que nosotros, lectores les demos la forma.2. Personajes prestados¿Qué tan fragmentados son los personajes que provienen de otros relatos? Para identificarlos solo hace falta el nombre y algún que otro rasgo que nos asegure que ya conocíamos al personaje desde un texto anterior. Por ende, las líneas que lo dibujan ya estaban trazadas con anterioridad. Así ocurre en el siguiente ejemplo:Franz KafkaAl despertar Franz Kafka una mañana, tras un sueño intranquilo, se dirigió hacia el espejo y horrorizado pudo comprobar quea. seguía siendo Kafka,b. no estaba convertido en un monstruoso insecto,c. su figura era todavía humana.Seleccione el final que más le agrade marcándolo con una equis (Avilés Fabila, 128).Aquí el protagonista proviene de un relato histórico por su contribución a la literatura: se trata de un autor real, pero ficcionalizado en este texto. A veces, de manera automática, se relaciona a Kafka con el protagonista de su famosa obra La metamorfosis. Dentro de esta microficción el autor histórico se solapa con un personaje literario creado por él mismo. Gracias a la intertextualidad donde un texto anterior se ajusta en otro, la fragmentación que podría dibujar un personaje deformado se equilibra con la inclusión de personajes ya conocidos. De manera que el trazo de los personajes depende de la memoria del lector. Asimismo, al final se le habla a otro personaje que, una vez más, somos nosotros los lectores. Y nuestra participación en el texto es tan central que tenemos la importante tarea de elegir entre tres opciones. En consecuencia, es momento de considerar que una literatura breve y fragmentada no traza con exactitud a los participantes de las acciones porque no es necesario, ya que los participantes somos nosotros mismos, nosotros somos quienes delineamos a otros personajes mientras ocupamos nuestro lugar en el escenario.3. Personajes texto o palabraPor último, ¿cómo se dibuja el personaje que resulta ser el mismo texto? Para ello presento el siguiente ejemplo:NacimientoNací a una nueva vida cuando era solo una frase acurrucada en el fondo de un poema. Un hombre que había reparado en mí me repetía con cariño, en esos momentos que preceden al sueño de los humanos. Comenzó también a jugar conmigo: a veces me quitaba algunos de mis ornamentos, y otras me escondía bajo una guirnalda de palabras. Un día me anotó en una libreta que llevaba consigo y me otorgó un título, como el que ahora pongo a estas líneas. A partir de ese momento fui un ser distinto, y no me extrañó que un día me colocara, con mucho cuidado, en medio de otros textos recién escritos. Los días en que era apenas un fragmento de poema habían quedado para siempre atrás (Lagmanovich, 11).A diferencia de los ejemplos anteriores, este personaje está construido a través de metáforas. Esto se debe a que un texto hecho personaje remite a la figura de la prosopopeya, donde el objeto se personifica para poder convertirse en personaje. A su vez, esta transformación permite que la concentración descanse sobre el texto, la palabra y el lenguaje, ya que tautológicamente el discurso es el mismo protagonista. El texto es el mismo personaje. La minificción que leemos es el mismo personaje hablando de sí mismo.Por la brevedad del texto no hay oportunidad de profundizar en el personaje, pero esto se contrarresta con la transparencia de la metaficcionalidad que expone sin tapujos al texto. La prosopopeya permite que el texto hecho personaje tome la palabra y se exponga sobre el escenario; parecería que el texto se ha puesto un disfraz que lo materializa. Así, una vez más, la brevedad y la fragmentación no delinean con exactitud a los personajes, pero existen otros medios para que ellos cobren forma, los cuales dependen de los códigos comunes entre autor y lector. Y aunque no sean actantes profundos, ni héroes, ni estén perfectamente delineados, hablan de lo que son: literatura.En conclusión, los personajes podrán estar fragmentados, deformados o poco delineados, debido a los formatos cortos que los contienen. Pero, por un lado, estos personajes muchas veces somos nosotros mismos, los lectores; o, por otro, somos nosotros quienes terminamos de delinearlos. Y, finalmente, la poca profundidad de los personajes no es un obstáculo, sino un medio para que el discurso y la forma obtengan el papel estelar, y para que los lectores participemos activamente.La fragmentación del discurso y del personaje exige una participación activa del lector que sucede de forma inmediata con los textos breves, ya que estos se caracterizan precisamente por la inmediatez y por dejar fuera mucha información que el receptor debe completar. A su vez, la metaficción consigue una identificación directa y aprehensible entre el lector y la situación del discurso.Con las minificciones metaficcionales, tanto el autor, el texto, como los lectores tenemos la posibilidad de reflexionar sobre la literatura y el papel que nos invita a ejercer; de tal modo que las convenciones literarias se refrescan.Obras citadasÁlamo, Francisco. (2010). «El microrrelato. Análisis, conformación y función de sus categorías narrativas». En Poéticas del microrrelato. Comp. David Roas. Madrid: Arco libros. 209-229.Andrés-Suárez, Irene. (2010). «El microrrelato: caracterización y limitación del género». En Poéticas del microrrelato. Comp. David Roas. Madrid: Arco libros. 155-179.Avilés Fabila, René. (2001). «Franz Kafka». En Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves. Comp. Clara Obligado. Madrid: Páginas de espuma. 128.Barth, John. (2010). «Unas pocas palabras sobre el minimalismo». En Poéticas del microrrelato. Comp. David Roas. Madrid: Arco libros. 45-55.Borges, Jorge Luis. (2001). «Un sueño». En Por favor, sea breve. Antología de relatos hiperbreves. Comp. Clara Obligado. Madrid: Páginas de espuma. 112.Cifre Wibrow, Patricia. (2005). «Metaficción y postmodernidad: interrelación entre dos conceptos problemáticos». Revista Anthropos (Barcelona) 208: 50-58.Fernández, José Luis. (2010). «Hacia la conformación de una matriz genérica para el microcuento hispanoamericano». En Poéticas del microrrelato. Comp. David Roas. Madrid: Arco libros. 121-153.Lagmanovich, David. (2010). Memorias de un microrrelato. Buenos Aires: Macedonia.Pacheco, José Emilio. «Ispahán». Documento de Internet disponible en <http://e-kuoreo.blogspot.co.il/…/Escritores%20mexicanos>. Fecha de consulta: 22.09.2014.

Internacional Microcuentista -: Breve entrevista a Laura Elisa Vizcaíno

Metalepsis y subjetividad: la astucia narrativa de ‘Maricón perdido’ — Cuerpos Periféricos en Red

Por José García La situación habitual en una narración ubica al narrador en un nivel distinto al de los personajes y los elementos del universo ficticio que está construyendo con su relato, por lo cual no existe la posibilidad de romper la subordinación o jerarquía entre estos y aquel. El mantenimiento de este orden de […]

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De aquellos polvos de metaficción y narradores interpuestos, estos lodos de metacrónicas y “presencias” insospechadas — Blog y taller literario del grupo de escritores: Primaduroverales

Por: Luis Fernando Jiménez (en nombre de la escritora) “Muy pronto en mi vida, fue demasiado tarde” M. Duras Mi curiosidad siempre estuvo por encima de mi pudor. No he podido contener la  tentación de colarme en vuestra clase, sin permiso. Hace ya veinticinco años que abandoné vuestra dimensión y me hace muy feliz saber […]

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La tía Gertrudis de Rubén García García

Sendero

La tía Gertrudis no puede ver una puerta abierta de la alacena porque se enoja, pero ella deja abierta la de su dormitorio.

La puerta del estante, se entiende, se meten las pipiliacas que se comen el chile de mole. La de su recámara no sé, quizá extraña a su difunto esposo. La escucho llorar y creo que por sofocarlo se oye como un quejido.

—¡Flaco, flaco! ve con don Demetrio y pides un kilo de bistecs y medio de chorizo.

Buscó el dinero y no lo encontró.

—Dile que te lo apunte, luego voy y se lo pago.

—Me dijo el carnicero que más tarde pasa a cobrarle.

Hizo un gesto de rechazo y luego la cambió a una sonrisa forzada.

Yo no vi que don Demetrio llegara ni por la tarde, ni por la noche. Algunos susurros en la madrugada y los quejidos de mi tía antes de que cantara el gallo.

Lo que recuerdo es que nunca faltó en la mesa un trozo de carne. Aún me timbra en el oído su voz aflautada:

» No desperdicien nada, ni se la den al gato, que no me la regalan»

Consejos e inspiración | El Mejor Nido

Despedida de Rubén García García

Sendero

La miraba sin que ella se percatara, fingía ver los rulos de su pelo. Observaba la tensión de la piel del entrecejo. Percibía su inquietud, esa mirada que no se aquieta ni se detiene. “la que te habla de que tu compañera desea que te vayas”. Sí esa que tienes que ocultar, para ser cortés”Hubo tiempos que resguardaba su mano entre mi mano. Las veces que la conducía al cruzar las avenidas entre la muchedumbre; ella caminaba o se detenía a la sutil orden de un apretón sobre el dorso de su mano. La luz de su mirada respondía a mi contacto. “Sí. Platicaba con ella sin mediar palabra. Hasta que un día llegó la tenuidad. No fueron coincidencias, sabía que deseaba alejarse de mí. “Tampoco tú te percatas de los gestos que haces, que vio en ti que ella prefirió huir”. Nunca le di motivos y eso no está bien… Aquella media noche la reconocí por su caminar, en una mano su equipaje y la otra suelta; como lo hace una mariposa con el ala rota. ¿Ayer me abrazaba? y se iba… Acepté que se fuera, si solo mediaba el hastío, era mejor que se fuese. La ayude con las maletas, y solo la empuje a las vías cuando pasaba el tren de las doce.

Tren en marcha | Myriam | Flickr

VOCES DE OTOÑO — POESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

Originalmente publicado en Eltiempohabitado’s Weblog: Cuando la vida es paso que seduce al tiempoy el viento se estremece en la ventanaescuchando las voces de los pájaros… Cuando el silencio juega con los sueñosy la tarde se aleja por el puente colgantedel intervalo que mueve sus caudales… Cuando el musgo se abraza a las piedrasy…

VOCES DE OTOÑO — POESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

Camino al volcán de Rubén García García

´Sendero

Ayer con reproche me dijiste que me había apropiado de la frazada. En finales del otoño, los fríos de la montaña se cuelan. Los dos nos hacíamos una sola bolita y tus pies fríos se calentaban entre mis piernas. Esta mañana vi en tus ojos un reclamo amargo. Dejamos de abrazarnos, cada uno comenzó a abrigarse con su cobija de lana. Se que no puedes conciliar el sueño, no encuentras el acomodo a canela. Yo me cubro de pies a cabeza; hay una oscuridad de menta. Afuera los pinos se golpean y el búho repite la monotonía de su canto.

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