La (verdadera) visión poética de las cosas

Excelente, buena lectura

Avatar de BorgeanoEl Blog de Arena

Pensamiento mágico

El pensamiento mágico tiene dos grandes virtudes: es bonito y no se necesita un cerebro para aceptarlo. El pensamiento racional, por otra parte, requiere cierto esfuerzo y, no pocas veces, requiere un gran esfuerzo, lo cual no lo hace muy apto para las conversaciones casuales. Lo que sí puedo asegurar es que el pensamiento racional es mucho más bonito que el pensamiento mágico, sólo que éste se presenta ya vestido de fiesta, mientras que al otro hay que ayudarlo a vestirse.

Todos conocemos las diferentes versiones del pensamiento mágico: astrología, tarot, energías positivas y negativas, psicoanálisis, física cuántica mal entendida, buenas ondas, etc. Tal vez la frase que mejor sintetiza esta tontería es la por demás conocida de Paulo Coelho: «Cuando realmente se desea algo, el universo conspira para que lo consigas». No pocas burlas ha generado esa tontería, pero Coelho no está solo en estos asuntos y tampoco…

Ver la entrada original 415 palabras más

La flauta mágica RGG

El intérprete aceptó los términos. Al finalizar su tarea recibiría sus honorarios. Por la mañana recorrió el pueblo tocando la flauta, y detrás de él, las ratas empezaron a seguirlo. Lo que nunca imaginó es que al final de la hilera estuviese el presidente municipal.

Trance de Luis Héctor Gerbaldo

Un disparo la despertó, el corazón parecía explotarle, vio la sangre y su esposo exánime. Intentó calmarse. Dinero bien gastado, pensó.

Las pesadillas no son tan malas como crees: ¿y si te ayudasen a ...

O dispara usted o disparo yo Selección de Micros por Lilian Elphick

XL de Adriana Azucena Rodríguez


La cuarentena se extendió los siguientes cuarenta meses, a los que
se sumaron cuarenta años de claustro. Y se llegó a decir que
cuarenta siglos nos aguardaban. Estamos encerrados en forma de
apuntes de un futuro libro sagrado.

Adriana Azucena Rodríguez [Torres] es Doctora en Literatura Hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México cell (colmex). Ha impartido clases de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México ffyl (unam), la Universidad Autónoma de Chiapas unach y en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México uacm. Actualmente, es Profesora investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Como resultado de sus actividades de investigación, ha publicado varios artículos, reseñas y notas. También cuenta con publicaciones de obras de creación literaria.Obra de consulta: Enciclopedia de la literatura en México

Programa 129 – Adriana Azucena Rodríguez – 2° bloque by Alfonso ...

Epitafio de Begoña

“Hoy dices de mi lo que mañana dirán de ti. Ha muerto.” En la puerta del
cementerio de las Calzadas de Mallona en el barrio bilbaíno de Begoña.

La voz femenina y la Sonora Santanera

Fragmentos históricos

Tras firmar contrato con Columbia, la Sonora Santanera lanzó su trabajo debut La Boa / Los Aretes De La Luna (1960), sencillo que en poco tiempo se convirtió en un total éxito, dando así a conocer a la nueva Santanera. En ese entonces el grupo estaba conformado por: Carlos Colorado, Juan Bustos, Silvestre Mercado, Andrés Terrones, Rodolfo Montiel, Josué Ramos, Antonio Casas, Héctor Aguilar, David Quiroz, Sergio Celada y Armando Espinoza; formación que cambiara con el paso de los años.  Un año después de su debut, se unió a la agrupación Sonia López, quien ese entonces era menor de edad. Ésta debutó con la agrupación en 1961, a través del álbum ¡A Gozar! (1961), trabajo discográfico de doce canciones, entre las cuales estaban incluidas: Saca La Botella, Botecito De Vela y Por Una Cosa, tema que fue interpretado a dúo por López y Bustos.

Institución musical sobresaliente de México

Ese mismo año, la agrupación publicó su tercer LP titulado Sonora Santanera (1961), disco en el que Sonia o la Chamaca de Oro, como seria conocida desde entonces, interpretó éxitos como: Mi caprichito y De México a La Habana. Este trabajo fue seguido por Baile A Los Ritmos Tropicales De Sonora Santanera (1961) y Sonora Santanera Canta Sonia López (1962), álbum que llevaría al grupo a la cima. Este último fue interpretado íntegramente por La Chamaca de oro, constó de doce canciones e incluyo éxitos como: Ya No Vuelas Conmigo, Corazon De Acero, Besame Por Favor, Canela Pura, El Ladron y Semana De Amor.  El éxito de este trabajo fue tal, que a partir de entonces la Santanera dedicó un espacio en cada presentación para introducir algunos de los temas del álbum interpretados por la Chamaca de Oro. En 1963, López abandonó la banda para iniciar su carrera como solista.

 

 

 

 

 

 

 

 

La esperanza Villiers de L’Isle Adam

Al atardecer, el venerable Pedro Argüés, sexto prior de los dominicos de Segovia, tercer Gran Inquisidor de España, seguido de un fraile redentor (encargado del tormento) y precedido por dos familiares1 del Santo Oficio provistos de linternas, descendió a un calabozo. La cerradura de una puerta maciza chirrió; el Inquisidor penetró en un hueco mefítico, donde un triste destello del día, cayendo desde lo alto, dejaba percibir, entre dos argollas fijadas en los muros, un caballete ensangrentado, una hornilla, un cántaro. Sobre un lecho de paja sujeto por grillos, con una argolla de hierro en el pescuezo, estaba sentado, hosco, un hombre andrajoso, de edad indescifrable.

Este prisionero era el rabí Abarbanel, judío aragonés, que -aborrecido por sus préstamos usurarios y por su desdén de los pobres- diariamente había sido sometido a la tortura durante un año. Su fanatismo, “duro como su piel”, había rehusado la abjuración.

Orgulloso de una filiación milenaria -porque todos los judíos dignos de este nombre son celosos de su sangre-, descendía talmúdicamente de la esposa del último juez de Israel: Hecho que había mantenido su entereza en lo más duro de los incesantes suplicios.

Con los ojos llorosos, pensando que la tenacidad de esta alma hacía imposible la salvación, el venerable Pedro Argüés, aproximándose al tembloroso rabino, pronunció estas palabras:

-Hijo mío, alégrate: Tus trabajos van a tener fin. Si en presencia de tanta obstinación me he resignado a permitir el empleo de tantos rigores, mi tarea fraternal de corrección tiene límites. Eres la higuera reacia, que por su contumaz esterilidad está condenada a secarse… pero sólo a Dios toca determinar lo que ha de suceder a tu alma. ¡Tal vez la infinita clemencia lucirá para ti en el supremo instante! ¡Debemos esperarlo! Hay ejemplos… ¡Así sea! Reposa, pues, esta noche en paz. Mañana participarás en el auto de fe; es decir, serás llevado al quemadero, cuya brasa premonitoria del fuego eternal no quema, ya lo sabes, más que a distancia, hijo mío. La muerte tarda por lo menos dos horas (a menudo tres) en venir, a causa de las envolturas mojadas y heladas con las que preservamos la frente y el corazón de los holocaustos. Seréis cuarenta y dos solamente. Considera que, colocado en la última fila, tienes el tiempo necesario para invocar a Dios, para ofrecerle este bautismo de fuego, que es el del Espíritu Santo. Confía, pues, en la Luz y duerme.

Dichas estas palabras, el Inquisidor ordenó que desencadenaran al desdichado y lo abrazó tiernamente. Lo abrazó luego el fraile redentor y, muy bajo, le rogó que le perdonara los tormentos. Después lo abrazaron los familiares, cuyo beso, ahogado por las cogullas, fue silencioso. Terminada la ceremonia, el prisionero se quedó solo, en las tinieblas.

*

El rabí Abarbanel, seca la boca, embotado el rostro por el sufrimiento, miró sin atención precisa la puerta cerrada. “¿Cerrada?…” Esta palabra despertó en lo más íntimo de sus confusos pensamientos un sueño. Había entrevisto un instante el resplandor de las linternas por la hendidura entre el muro y la puerta. Una esperanza mórbida lo agitó. Suavemente, deslizando el dedo con suma precaución, atrajo la puerta hacia él. Por un azar extraordinario, el familiar que la cerró había dado la vuelta a la llave un poco antes de llegar al tope, contra los montantes de piedra. El pestillo, enmohecido, no había entrado en su sitio y la puerta había quedado abierta.

El rabino arriesgó una mirada hacia afuera.

A favor de una lívida oscuridad, vio un semicírculo de muros terrosos en los que había labrados unos escalones; y en lo alto, después de cinco o seis peldaños, una especie de pórtico negro que daba a un vasto corredor del que no le era posible entrever, desde abajo, más que los primeros arcos.

Se arrastró hasta el nivel del umbral. Era realmente un corredor, pero casi infinito. Una luz pálida, con resplandores de sueño, lo iluminaba. Lámparas suspendidas de las bóvedas azulaban a trechos el color deslucido del aire; el fondo estaba en sombras. Ni una sola puerta en esa extensión. Por un lado, a la izquierda, troneras con rejas, troneras que por el espesor del muro dejaban pasar un crepúsculo que debía ser el del día, porque se proyectaba en cuadrículas rojas sobre el enlosado. Quizá allá lejos, en lo profundo de las brumas, una salida podía dar la libertad. La vacilante esperanza del judío era tenaz, porque era la última.

Sin titubear se aventuró por el corredor, sorteando las troneras, tratando de confundirse con la tenebrosa penumbra de las largas murallas. Se arrastraba con lentitud, conteniendo los gritos que pugnaban por brotar cuando lo martirizaba una llaga.

De repente un ruido de sandalias que se aproximaba lo alcanzó en el eco de esta senda de piedra. Tembló, la ansiedad lo ahogaba, se le nublaron los ojos. Se agazapó en un rincón y, medio muerto, esperó.

Era un familiar que se apresuraba. Pasó rápidamente con una tenaza en la mano, la cogulla baja, terrible, y desapareció. El rabino, casi suspendidas las funciones vitales, estuvo cerca de una hora sin poder iniciar un movimiento. El temor de una nueva serie de tormentos, si lo apresaban, lo hizo pensar en volver a su calabozo. Pero la vieja esperanza le murmuraba en el alma ese divino tal vez, que reconforta en las peores circunstancias. Un milagro lo favorecía. ¿Cómo dudar? Siguió, pues, arrastrándose hacia la evasión posible. Extenuado de dolores y de hambre, temblando de angustia, avanzaba. El corredor parecía alargarse misteriosamente. Él no acababa de avanzar; miraba siempre la sombra lejana, donde debía existir una salida salvadora.

De nuevo resonaron unos pasos, pero esta vez más lentos y más sombríos. Las figuras blancas y negras, los largos sombreros de bordes redondos, de dos inquisidores, emergieron de lejos en la penumbra. Hablaban en voz baja y parecían discutir algo muy importante, porque las manos accionaban con viveza.

Ya cerca, los dos inquisidores se detuvieron bajo la lámpara, sin duda por un azar de la discusión. Uno de ellos, escuchando a su interlocutor, se puso a mirar al rabino. Bajo esta incomprensible mirada, el rabino creyó que las tenazas mordían todavía su propia carne; muy pronto volvería a ser una llaga y un grito.

Desfalleciente, sin poder respirar, las pupilas temblorosas, se estremecía bajo el roce espinoso de la ropa. Pero, cosa a la vez extraña y natural: los ojos del inquisidor eran los de un hombre profundamente preocupado de lo que iba a responder, absorto en las palabras que escuchaba; estaban fijos y miraban al judío, sin verlo.

Al cabo de unos minutos los dos siniestros discutidores continuaron su camino a pasos lentos, siempre hablando en voz baja, hacia la encrucijada de donde venía el rabino. No lo habían visto. Esta idea atravesó su cerebro: ¿No me ven porque estoy muerto? Sobre las rodillas, sobre las manos, sobre el vientre, prosiguió su dolorosa fuga, y acabó por entrar en la parte oscura del espantoso corredor.

De pronto sintió frío sobre las manos que apoyaba en el enlosado; el frío venía de una rendija bajo una puerta hacia cuyo marco convergían los dos muros. Sintió en todo su ser como un vértigo de esperanza. Examinó la puerta de arriba abajo, sin poder distinguirla bien, a causa de la oscuridad que la rodeaba. Tentó: Nada de cerrojos ni cerraduras. ¡Un picaporte! Se levantó. El picaporte cedió bajo su mano y la silenciosa puerta giró.

*

La puerta se abría sobre jardines, bajo una noche de estrellas. En plena primavera, la libertad y la vida. Los jardines daban al campo, que se prolongaba hacia la sierra, en el horizonte. Ahí estaba la salvación. ¡Oh, huir! Correría toda la noche, bajo esos bosques de limoneros, cuyas fragancias lo buscaban. Una vez en las montañas, estaría a salvo. Respiró el aire sagrado, el viento lo reanimó, sus pulmones resucitaban. Y para bendecir otra vez a su Dios, que le acordaba esta misericordia, extendió los brazos, levantando los ojos al firmamento. Fue un éxtasis.

Entonces creyó ver la sombra de sus brazos retornando sobre él mismo; creyó sentir que esos brazos de sombra lo rodeaban, lo envolvían, y tiernamente lo oprimían contra su pecho. Una alta figura estaba, en efecto, junto a la suya. Confiado, bajó la mirada hacia esta figura, y se quedó jadeante, enloquecido, los ojos sombríos, hinchadas las mejillas y balbuceando de espanto. Estaba en brazos del Gran Inquisidor, del venerable Pedro Argüés, que lo contemplaba, llenos los ojos de lágrimas y con el aire del pastor que encuentra la oveja descarriada.

Mientras el rabino, los ojos sombríos bajo las pupilas, jadeaba de angustia en los brazos del Inquisidor y adivinaba confusamente que todas las fases de la jornada no eran más que un suplicio previsto, el de la esperanza, el sombrío sacerdote, con un acento de reproche conmovedor y la vista consternada, le murmuraba al oído, con una voz debilitada por los ayunos:

-¡Cómo, hijo mío! ¿En vísperas, tal vez, de la salvación, querías abandonarnos?

Jean-Marie Mathias Philippe Auguste, Conde de Villiers de l’Isle-Adam; Saint-Brieuc, 1838-París, 1889) Escritor francés. Autor de cuentos considerados como obras maestras del género, que presentan una novedosa síntesis de cuento filosófico, relato de terror, ciencia ficción y esoterismo, sus primeras obras (Dos ensayos de poesía, 1858; Primeras poesías, 1859) no permiten deducir lo que fue su producción posterior, una vez que hubo conocido a Charles Baudelaire (1859) y a Stéphane Mallarmé (1864), y descubierto la filosofía de Hegel. En 1866 colaboró en el Parnasse Contemporain. En 1867 fundó la Revue des Lettres et des Arts y escribió El Intersigno, su primer «cuento cruel». En 1870 tomó partido por la comuna; en 1883, la publicación de sus Cuentos crueles le valió cierta notoriedad, pero sus condiciones de vida siguieron siendo precarias hasta su muerte. Entre sus restantes obras destacan las novelas Isis (1862) y La Eva futura (1886), la novela corta Claire Lenoir (1867) y el drama Axël (1890).

Soñar es bello de Dina Grijalva


En una ciudad lejana, Elisa y Miguel se enamoraron locamente y empezaron a vivir en una fiesta perenne. Gozaron la gula, la lujuria, la pereza y otros placeres. Pronto fueron un ejemplo y
todas las mujeres y hombres de esa villa les imitaron. Allí, la naturaleza también resplandece: los abedules parecen querer tocar el cielo, las amapolas inundan con sus flores rosas todo lo que los
ojos ven, las aves cantan desde el alba hasta el siguiente amanecer. Por amor a la vida dejaron de comer animales así que vivieron felices para siempre sin comer perdices.

Casa de Campo de ensueño con piscina en la Vera - Cabañas en renta ...

Del microdecamerón

De la educación filial por Rodolfo Modern

(Buenos Aires, Argentina, 22.07.1922 – Buenos Aires, 22.03.2016)

La señora de Sei, que había enviudado muy joven, adoraba a sus hijos y no permitió que nadie, excepto ella, se pusiera en contacto con los mismos hasta llegar a la pubertad. Cuando los hijos de la señora de Sei llegaron a la pubertad, el mayor se hizo monje anacoreta, el segundo entomólogo y la hija menor fue a dar, luego de ciertos hechos que no vienen al caso, a un burdel donde concedió sus favores a monjes anacoretas y entomólogos.

Mujer, trabajo y cuidado de los hijos: dilemas en la China actual ...

El unicornio

Vimarith Arcega-Aguilar

Para Florentino González

Llego todos los sábados a medianoche para ver el espectáculo. La música acelera, las luces disminuyen hasta quedar el escenario en excitante oscuridad, y de entre el público aparece César, el unicornio. Camina hasta el tubo que se eleva firme en el centro y comienza a subir uno, dos, tres metros; se sostiene de un brazo y lanza la cadera al aire, quedando en una posición más contorsionada que creíble. Por primera vez nota mi presencia entre el público; me lanza una sonrisa traviesa y al pasar me susurra: “te espero en el camerino, guapo”.

Más tarde descubro por qué le dicen “unicornio”.

Vimarith Arcega-Aguilar (Colima, Colima). Estudiante de la maestría en Estudios Literarios de Universidad Autónoma del Estado de México. Crítica literaria. Tallerista sobre diversidad sexual. Activista y performer Drag King. Sirena, híbrida, bestia.

Las cinco empresas unicornio que mueven Europa | BBVA

El ilusionista de mjberistain

Veo a un hombre joven, alto, delgado, sombrío como un enigma, de los que cuando te miran sientes que estás ante algo misterioso, alguien que resulta inabordable; es poco posible que alguien pueda acercarse a su mente, mucho menos delatarle…

No lleva chistera. Aparece en el escenario en mangas de camisa —blanca— remangado. Su presencia — sentado con corrección en una sencilla silla, su espalda erguida apoyada en el respaldo, sus piernas abiertas y sus manos sobre las rodillas— es de una fuerza espectacular y poderosa. Su mirada es lenta y larga, pasional, oscura, inteligente; impenetrable. Su imagen, su figura, su postura me hacen pensar en una energía imprevista y volcánica. Momento de fascinación.

Creo en él. Percibo la verdad del poder de su personaje; de su propio poder representando al mago. Aunque hay un límite borroso entre él y yo. Me resulta difícil distinguir entre realidad e ilusión. El, sin embargo, defiende su magia —nada es lo que parece—, mientras un escalofrío recorre mi espalda cuando nos recuerda que quizás existen poderes superiores a los del hombre, sea él o nó quien los posea, o que es posible que todo sea un simple truco de magia.

¿Qué pasa si un mago realmente hace magia?

¿Y si realmente es capaz con su actuación de trasladarnos al oscuro y agitado corazón del mundo mágico?

____________

Se llama Edward Norton. Era uno de mis actores preferidos y en este caso he quise referirme, no a su mejor película, sino a la caracterización en el personaje del mago Eisenheim en “El Ilusionista”.

Nota: actualizado 2020

@mjberistain
adaptado de LaButaca.net
fotografía maribelubeda.org

Los galanes y el bing bang

El viento movía las ramas y la tarde despedía al bochorno.

Bajo el árbol de caimito esperé el ocaso.

Las ramas parecían brazos caídos.

Se cerraba el día.

Me imaginé al sol con su sombrero hasta las orejas.

la luna de cobre y en su ombligo el conejo agazapado.

Las ramas iban y venían al son del viento.

Yo, me entregaba al bing bang de la mecedora,

la misma que me conoció el trasero de niño.

Mañana lloverá. me dijo el grillo,

así es, dijo la chicharra apretando sus alas.

A un costado, pegados a la cerca, los galanes tenían su fiesta;

y cada vez que abría la flor,

se escuchaba la gritería de:otro, otro otro…

.mañana lloverá suave y sin rencor.

Galán de la noche Jazmin de noche: Cuidados, reproducción y más