La danza

danzLlueve. Una cortina cubre el horizonte. El viento corre, las gallinas corren, y la ropa vuela en los tendederos.Gotas gruesas,  pesadas, tamborilean en las láminas de zinc. Al golpear,  fraguan un ritmo de sabanas prehistóricas. El cielo tiene la oscuridad del sexo.

 Las chachalacas gritan  y  van de árbol en árbol buscando cobijo. Yo sigo sentado en la poltrona. Me gusta el relajo que arma la lluvia. Me desatiendo de  los gritos que hacen las mujeres y solo me concentro en la danza de las gotas.

 Imagino bailar pintado de sombras y caliza entre un grupo de negras. En ese momento exudo calor y soy  un macho cabrío que afila las pezuñas en las vetas de la roca.

 ¡Qué lejos se oyen los gritos de las viejas,de los guajolotes y chachalacas!Con los ojos entrecerrados  sigo meciéndome,  mientras la lluvia me tira sus cubetas de agua y la danza del vigor me estremece.

Esos amores

mujer-joven-mirando-hacia-fuera-al-mar-6078515Mientras aseo la vivienda, tropiezo con un detalle que abre la memoria. Los recuerdos vuelan alrededor de mi mente, pero no van a ninguna parte; siempre vuelven al refugio. ¡Nunca duermen! Muevo la cabeza, y me digo: ¡basta! ¿Cuándo llegará el desapego?

Todas las tardes salgo y miro el horizonte, el mar, el ocaso y no veo una luna diferente, ni astro que sirva de señal. ¡Dios, el barco que espero tarda demasiado!

El mar rumia cuando azota la roca. Si quitara el mar y la roca, seguiría oyéndolo dentro de mí. El barco tarda, y el desapego no llega.

EL REGALO

Nuestra amiga Gaviota nos ha invitado a participar en un juego, se trata de escribir un pequeño relato y publicarlo en su blog: Gaviotas con amor.

Las personas que participen, además de publicar el relato, deben elegir a seis compañeros para que hagan lo  mismo. El mejor texto se llevará el premio honorifico: El Corazón de Chocolate.

Los amigos que han ivitado son los mismos amigos que tengo.

piedraEs media noche y por la ventana se cuela una brisa que llega de un mar lejano. Frente al monitor, ella lee un poema en voz baja. Visualiza las imágenes y piensa en su juventud. Inquieta, va hacia la cocina para tomar un vaso de agua fresca. Regresa y vuelve a leer. Con prisa escribe un comentario al autor.  Al ducharse el agua que cae sobre la piel,  la asocia a un fragmento del poema leído. Apaga la luz y sabe que mañana será un día de trabajo duro.

En un punto distante, él da lectura a los comentarios que su poema ha motivado. Uno de ellos dice: “La forma en que ofrece sus versos se aparta de lo clásico, pero es más audaz. El contenido es de un erotismo que sacude sin que tropiece con lo vulgar”. Sonríe y contesta dándole las gracias. La invita a intercambiar opiniones, por lo que añade su dirección electrónica.

Después de caminar, desayuna e inicia labores de supervisión en una compañía distribuidora de libros infantiles. Él es un agente viajero que se dedica a la venta de refacciones para autos. A ambos les queda algún tiempo libre que lo disfrutan contestando mensajes de agradecimiento a las personas que reseñan sus escritos, después, coinciden ocasionalmente para platicar por el messenger. Ella en su casa, él sólo cuando encuentra el servicio en los pueblos que visita.

VEINTICINCO AÑOS ATRÁS.

Los turistas salían en grupo; a ella le decían la pequeña. Cuando no la veían, la buscaban.

La tarde vieja se iba. Ella miraba en los aparadores: el vestido, la bolsa, el zapato, y la orfebrería trabajada en plata, pero había un collar que no estaba en ninguna vitrina. Lo vendía un artesano que los tejía con hilos y cordones de luna y, poco a poco, iba forjándolos con grecas, cruces y tejos entreverados de colores; es el amarillo el color que mejor resalta.
– Es la piedra de tigre, así le decimos allá de donde vengo. Mire, tiene forma de corazón y será de buena suerte para el amor. Cómpremela güerita.

Se colgó el collar y el corazón atigrado lucía bien en el nacimiento de sus pechos. Las mujeres maduras  aplaudían el buen gusto. Caminaban en grupo mirando las estatuas que adornan la banqueta y llegaron a una parte muy arbolada donde un saltimbanqui actuaba. Era una alameda.

Él llegó a la ciudad para hacer un curso sobre ventas. Éste había finalizado y tendrían una ceremonia con algunos empresarios. Faltaban aún dos horas y decidió dar un paseo por la alameda. Poco después, se encontraba entre la gente que aplaudía las gracias del bufón.
Cuando  terminó, cayó un aguacero. Él encontró una saliente de un pequeño kiosco y ella también. Estaba inquieta, nerviosa, viendo para todos lados tratando de encontrar a las compañeras de viaje. Él se percató.
— ¿Busca a sus familiares?
Ella no supo qué contestar, pues ignoraba las intenciones de él.
— No desconfíe, —dice— sólo trato de ayudar.
Ella sonrió nerviosa.
— Gracias. Dijo despacio.
El chubasco no cede y la humedad redobla el frío. Ella temblaba. Él sacó el paraguas.
— ¿Desea que vayamos al café que está enfrente?
Los dos, bajo la sombrilla, tenían que mirarse, y él vio el color azulado de su iris.
—Sus ojos tienen la belleza del cielo.
Ella salió del paraguas y miró hacia arriba. Él, sorprendido, irrumpió en una franca carcajada.
—Es usted muy irónica. Sólo quise decir del cielo limpio, no éste.
Casi llegaban al restaurante:
—Lléveme a dar una vuelta, hay una estatua que no pude verla —pidió ella.
— Nos vamos a mojar más.
— ¿Es de sal? –inquirió ella.
Se van perdiendo entre el agua y el correr de la gente. Sonríen. Al salir de la arboleda, ella escucha que su nombre es pronunciado a coro.
—Allí están mis amigas. ¡Es usted muy gentil!
Corre hacia ellas.

Él se quedó atónito. Tocaba su boca sin creer aún que los labios de ella lo habían besado. Ella se perdió de su vista cuando alcanzó al grupo de amigas.

PRESENTE 

Es un correo electrónico que ella lee.
“Este día ha sido pesado. Tuve que internarme entre los pueblos del valle con temperaturas hasta los cuarenta grados, o más. La venta fue pobre; regresé al hotel empanizado por el polvo, cansado y pidiendo a gritos un baño. Tu correo es un estímulo para no enojarme con la vida. La lectura que me ofreces de la visión del principito me produce una emoción plena, me hace verte rodeada de niños, escuchando atentos las historias que les cuentas”.

Ella le hace llegar una serie de fotos. Una llama su atención: es una joven demacrada de mirada ausente. Está recostada en una poltrona. Explica en el correo que un día antes tuvo vómito, que recién había llegado de un largo viaje.

En la noche, entre sueños, veía los ojos de la joven: parecía un ave que entraba y salía por la ventana de su mente. En la mañana decide ampliarla y observa que el vómito no puede dar una mirada tan lejana. Se lo refiere. “Eres muy imaginativo” -le contesta. Él no insistió, pero a hurtadillas veía la foto y descubría la sensación de haberla conocido antes, sin embargo, meditó que la confusión era lógica, pues tenía fotos actuales de ella.

La ocupación de ella era adiestrar a los trabajadores para facilitarles la venta de los libros, así como supervisarlos en el campo. Ese día terminó su actividad. Estando cerca de la casa de sus padres fue a visitarlos. Su mamá salía del baño. Sentada en el tocador le ordenó:
-Por favor, ve a mi recámara y tráeme mi collar de oro. Si no lo encuentras allí, mira en el guardajoyas que me regalaste.
Efectivamente, no estaba en el primero, y miró en el segundo: era una canasta de mimbre de colores, y recordó el obsequió que hizo a su mamá. Tomó el collar de su madre, pero arrastró otro al mismo tiempo. Al observar los cordones de plata que servían para mantener fijas las obsidianas, recordó el viaje, la compra, la tormenta. Se percató que la piedra atigrada del collar había desaparecido. Sutil, le comentó:
– ¿No te acuerdas? ¡Qué memoria tienes! Me dijiste que te lo guardara y eso hice, allí está, como me lo diste. Nunca más lo volviste a mencionar, pero si deseas, llévatelo- le contestó su mamá.

Tanto para él como para ella, el tiempo corrió como los trenes subterráneos. Los sueños se quedaron en alguna parte de la vida y llegaron los deberes y la crianza de la prole. Muchas alegrías se abrieron a medida que los hijos crecían. El tiempo era un constante caer de hojas en las que las obligaciones entraban temprano y salían muy tarde. Es como estar en un permanente claroscuro, o como si los días hicieran la misma coreografía.

Ella estaba unida con un corredor de bolsa, hombre prudente, sin tacha, que le exigía atención. Él, en otro punto de la tierra, se percató que el sueldo que ofrecía una empresa sólo es para subsistir, por lo que intentó abrirse paso por sí mismo, pero las condiciones del país no favorecían. Salía muy temprano y dormía en hosterías pobres para no excederse en gastos. El tiempo se le iba en visitar pequeños talleres y ofrecerles su mercancía.

En los últimos años los días empezaban con ese gris sucio. A medida que volaban las horas, la mácula iba dejando lugar a pequeños brotes que llegaban pálidos. Por la noche, toman un tono verde incierto. Leer los correos que intercambiaban los hacía mecerse en otro espacio, salirse del tiempo. Para Navidad habían acordado intercambiar regalos, sin tener que comprarlos. Algo de ellos.

Al abrir los paquetes, él se encontró con un collar de obsidianas sujetos por hilos de plata. Ella con una piedra en forma de corazón con un ámbar trozado por rayas negras que le recordaba los destellos amarillos de las lámparas y la penumbra parda de los álamos.

piedra

Genio y figura

velatorio Velaba a su esposa cuando se abrió la tapa del ataúd y salió con la facilidad de un cadáver joven. Dio dos vueltas al féretro, lo golpeó y volvió a introducirse. Paneó la mirada y cerró el ataúd suavemente. Señal inequívoca de que estaba satisfecha.

Él llama dos veces

cart¡Nada como una carta de amor! -, dijo el enamorado.
No una, sino dos al día escribiría a su amada.

Tiempo después ella  se fugaba con el cartero.

Idea tomada de la entrevista que le hicieron a Shimon Peres

De los premios

Sendero  tiene el honor de recibir el premio “El Blog del año 2013″

Quiero agradecer y felicitar a Rotze Mardini (Creadora del blog «En algún lugar de mi alma») por haber sido premiada y concederle a mi blog el premio ya mencionado.

En esta ocasión, voy a aprovechar esta nominación para premiar y mencionar mis blogs favoritos del 2013.  Los nominados son:

http://palagrafias.wordpress.com/

http://cristinafra.wordpress.com/

http://eduardojcastroviejo.com/

http://diariodepalabras.wordpress.com/

http://florialv.wordpress.com/

http://annefatosme.com/

Los invito a que visiten cada uno de ellos porque merece la pena.

Gracias nuevamente.  Un abrazo fuerte a todos.

Efectos secundarios

 Entrada de animalesA las moscas  les valió madre  que no hubiese letreros en el arca dándoles la bienvenida.  Se posaron sobre la mierda  y empezaron a proliferar. Al mes, era tal su cantidad que  su asedio  se volvió intolerable.

Noé habló  y  días después  un viento gélido envolvió  la nave y casi acabó con ellas. Otras especies valiosas y bellas  murieron.

En un lugar

elotesTomaré la ruta de oriente, y en el claroscuro  detendré mis ojos en los pescadores que buscan en las aguas turbias al pez bobo. Las sombras se agazapan en los  sembradíos de caña.  Las flores  mueven  su cabeza.  A lo lejos se divisa la serranía,  y los botones blancos del caserío. En la ladera del cerro verde florecen los cafetos que rompen la monocromía del verde y tejen una macula almidonada.

Hay un claro, es una familia de campesinos que  improvisaron una  fogata  y en las brasas tendieron una  cama de elotes. El hombre atiza la lumbre y los niños abrazan a su madre y la besan.

Éxodo

Carlos Ortega
Carlos Ortega
Los perros caminan y se detienen. Dilatan su nariz,  gruñen y  ladran. Los perros de la aldea tienen hambre y en manada van  hacía otra población. Los hombres salieron ayer.

Mariposas

maripVuelan y vuelan

 con caderas de barca:

 son mariposas.

 Las mariposas

 embriagadas de estanque

 pintan el agua

 Las mariposas

 son hojas que vivieron

 en otro tiempo.*

 

*sendero y show

Marina

mujer dormidaEn la madrugada me vieron en la playa. El cielo era un cultivo de dalias anaranjadas, y en la lejanía un barco silbaba. De rodillas y con las palmas sobre la arena, sentí sepia la curva sudorosa de mi talle, y mi popa parecía puerto.

A cada empuje, las manos de él detenían mi cadera, y yo profería un gemido de buque. Arropaba sus labios en mi nuca y mis oídos fueron depósito.
Tienes —me dijo—, veneros en la espalda. Deja sembrarte aromas.

Desperté asombrada entre mis almohadas y al tomar mis pechos, se desperdigó un aliento a madera.

Cuando la manzana caía

manzaLa pulga recriminó desde el hombro del sabio a una avecilla que gorjeaba en el manzano: ¡cállate! ¡No ves que estamos calculando!

Medusa

medus.Se mueve con la gracia de un felino, sus ojos son el día y la noche, su mirada es un reto. Todo el tiempo la contemplo y si ella me tocara, sentiría el galope de mi corazón de granito. A hurtadillas llegué a su palacio,  le declaré mi amor. Pensó que me burlaba de ella y que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era quitarle la vida. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua.
Ayer vino Perseo. Uno más que será transformado en piedra, musité, Nunca imaginé que él le daría muerte.   El otoño llega lúgubre y gélido. Me envuelve el viento, pero  ni eso puede congelar la tibieza de su recuerdo.

Chipiripi

el puebloEn el camino solo hay yuyos  decolorados. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. A la luz de la luna había un árbol y un pájaro que gritaba:¡Chipiripi! ¡Chipiripi!

 la vieja cubrió mi cuerpo con hojas y el humo adormeció  mi vigilia. Cuando desperté colgaban pellejos  de mi cara  y de las verrugas salían vellos enrulados.  Caminamos. El sol rompía intenso, pero mi alma era júbilo y menta.

El sueño

mujer junto al marSoñé con el mar y con una mujer que corría en contra de la brisa. El viento revolvía sus rizos castaños y la blusa se esponjaba, comiéndose a bocanadas el aire. La falda era un par de alas y veía su cuerpo de garza en vuelo. Rojo de trapos, canela de piel, me llevo tan lejos que solos quedamos y cuando mis manos rozaban su pelo de cobre, se perdió en el murmullo monótono de las olas. En el patio la perra ladraba.