Los archivos del zapatero

Un amigo ordenando sus cosas encuentra un recibo de unos zapatos que mandó a arreglar hace 8 años y que nunca recogió. Piensa
-Será que paso a ver si todavía existe la zapatería y¿ si me tienen esos zapatos?

Al día siguiente llega y la zapatería existe aún, le pasa el recibo al zapatero y éste dice:
-Jueeeputa…………….mae…… esto si es viejo, dejáme a ver si están, pero lo dudo.

El tipo se mete y pasa 15min, 1/2 hora, 1 hora, 2 horas.. y sale todo mugriento, sudado, y le dice:

-Puta man !TENÉS SUERTE guevón……………… sí los encontré. ¡Pero están p’al jueves!

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Hodler

Transformación

Abrió el libro,
un enjambre de sabores,  sílabas,
encimaron sus sentidos.
El corazón duro se hizo dulce y suave;
empezó a latir.
Había terminado el tedio de los días.

dali.

Salvador Dalí

mujer y niña

Tu voz de mujer niña.

Eres más.

Hay que sentir,

para intuir que tienes una sabia oculta,

que vuela, enternece y da sosiego.

Eres inefable, no se ve… pero irradia.

Abro los árboles y ya no estás.

Afuera llueve finito y despierto.

crepusculo

Homenaje a los hermanos Domínguez, entrevista a la hija de Alberto. Destino Dalí Disney Dora luz

Saldaña es una institución en sus años finales rescató cantantes y compositores para darlos a conocer a los jóvenes . El programa «Añoranzas» . En éste, se encuentra la hija de Alberto domínguez que cuenta  la historia de algunas de sus canciones «mala noche».  Se  da reconocimiento a Abel y Alberto Armando,  hermanos y compositores que dejaron un legado de sentimiento y arte.  Tenor invitado Garcel, de Colombia. Si tiene tiempo, es romántico, y tiene algo frío en la mano, pues disfrútelo.

El resto de los vídeos,  ser´na dedicados a los hermanos Domínguez.

1-DES

 

Un hallazgo Canta la hija de Alberto Dominguez

 

 

 

 

 

 

 

La cantante se llama Dora Luz, fue un proyecto de Disney y Salvador Dali

Ahora puedo sonreír y decir Destino Mi corazón estaba triste y solo Al saber que solo Podías traer mi amor a mí Destino Este corazón mío está emocionado ahora Mis brazos vacíos están llenos ahora Como deberían ser Para llegaste Fuera de un sueño Recuerdo que viniste Para responder a mi llamado Sé que ahora eres mi destino Seremos como uno solo porque conocemos Nuestro destino de amor Destino, destino, destino, siempre que sigo, sigo, sigue mi Destino …

Tarde seducida

En ese silencio,
el coraje se tuerce al reclamo de una tarde seducida por las aves.
Nada es cierto, ni el sol, ni el silencio ni la tarde.
Sólo el peso del mar con sus olas revueltas y bravas.
Mi palabra es un polen mudo flotando en el radio de una rendija.

paisaje con nubes monet claude

Claude Monet

La rana sensual

Caminaba un viejito por el bosque cuando escuchó una débil voz a sus pies. Se agachó y descubrió que quien le hablaba era una ranita.
«Soy una princesa hermosa, erótica y sensual, diestra en todos los placeres de la carne y el amor.
La reina mala, envidiosa de mis encantos, me convirtió en rana, pero sí me das un beso volveré a ser bella.
Entonces te daré todos los goces y deleites que mi voluptuoso temperamento puede producir». Sin decir nada, el viejito levanta la rana, se la echa al bolsillo y sigue su camino… Desconcertada, la ranita asoma la cabeza y le pregunta:¿Qué?¿No me vas a besar?
-¡Por supuesto que no! «A mi edad es mucho más divertido tener una rana que habla, que una pinche vieja loca, maniática sexual, y que me chingue mi pensión……ni madres!

Perfidia y Frenesí Alberto Domínguez

Dichas canciones han sido grabadas internacionalmente en diferentes ritmos, entre ellos el rock y el jazz. Algunos de sus intérpretes más reconocidos son Frank Sinatra, Dave Brubeck, George Shearing, Erroll Garner, Oscar Peterson, Gerry Mulligan, Cal Tjader, Woody Herman, Benny Goodman, Nat King Cole, B. B. King, Sarita Montiel, Javier Solís, Vikki Carr, Simone, Raphael, Raúl di Blasio, Marcel Azzola, Andrea Bocelli, Plácido Domingo, Filippa Giordano, Café Tacvba y Luis Miguel, así como grandes bandas, grupos de música popular, orquestas sinfónicas —las cuales han realizado arreglos especiales para estas obras— y muchos artistas más quienes han hecho posible que la música del maestro Domínguez siga vigente hasta nuestros días.

Glenn Miller lo llamaba Musicalizador de las Segunda Guerra Mundial debido a que, según palabras de Miller: “Cuando llegaba con mi espectáculo musical a los diferentes frentes que visitaba para distraer a los soldados, la canción que más solicitaban era Perfidia”, comentaba el jazzista estadounidense.

Nace en San cristobal de las casas Chiapas en 1905. falleció el 2 de septiembre de 1975 siendo Vicepresidente de la Sociedad de Autores y Compositores de México, de la que también fue socio fundador. Su cuerpo fue inhumado en el Lote de Compositores del Panteón Jardín.

alberto

 

Teoría de la minificción Alberto Chimal

Todavía se puede encon­trar en inter­net un artículo del escritor español Andrés Ibáñez, pub­li­cado el 22 de marzo de 2009 en diario español ABC. Es un texto con­tra la minific­ción: una invec­tiva que desar­rolla el viejo tema de que el micror­re­lato —así lo llama Ibáñez— es sólo un chiste sin mayor mérito, una ocur­ren­cia que pre­fieren quienes no quieren o no pueden esforzarse en escribir algo más mer­i­to­rio, es decir, una nov­ela. El texto estaba escrito para indig­nar y lo con­siguió, a juz­gar por la respuesta de un buen número de ciber­nau­tas españoles que dis­cutieron la cuestión, en muchas oca­siones de forma airada, mien­tras le duró la novedad.
He aquí los dos pár­rafos ini­ciales del texto de Ibáñez:
 ¿Cono­cen ust­edes la anéc­dota de Tol­stoi y los micror­re­latos? Después de escribir varias nov­e­las de inmensa lon­gi­tud (Guerra y paz, Anna Karen­ina, Res­ur­rec­ción), un peri­odista le pre­guntó al anciano escritor que por qué no intentaba el género del micror­re­lato. Y Tol­stoi, que nunca tuvo pelos en la lengua, con­testó: “Porque son muy aburridos.”
Me parece una exce­lente respuesta. Los micror­re­latos, en efecto, son muy abur­ri­dos. Y no es ese, prob­a­ble­mente, el peor de sus defec­tos. Me atrevería a decir que los micror­re­latos son a la lit­er­atura lo que un sobrecito de ketchup es a la ali­mentación humana. En otras pal­abras, que los micror­re­latos no son en real­i­dad lit­er­atura porque no son, en real­i­dad, nada. No son un género lit­er­ario. No son un relato muy breve. No son “el resul­tado de una enorme depu­ración expre­siva”. En el 99.99 por ciento de los casos no son más que chor­radas. Y chor­radas llenas de clichés, además. Micror­re­lato: la mín­ima exten­sión que puede alcan­zar una obra lit­er­aria de cal­i­dad pésima.
 Como se ve, la entonación es más impor­tante que la argu­mentación en el artículo; no repro­duzco el resto porque sigue más o menos la misma línea y, en real­i­dad, no ofrece argu­men­tos que no se hayan repro­ducido en cien oca­siones: los lugares comunes, por otra parte, incluyen la riqueza mayor de los tex­tos abun­dantes y lo “fácil” que es escribir breve. En el fondo el texto no es más que una bra­vata: la man­i­festación de una pose más o menos estu­di­ada, como tan­tos que se pub­li­can en todas partes.
Me interesa más notar el hecho de que el arranque del texto de Ibáñez, la anéc­dota de Tol­stoi, es una mala minific­ción: un chiste con­ser­vador. Parte de un lugar común —reducir a Tol­stoi a la car­i­catura de “el tipo que escribía libros gor­dos”— y entonces, sin ninguna ironía, agrega la sug­eren­cia de que le divertía escribir­los y, tal vez, tam­bién leer­los: poco más podemos inferir de que el micror­re­lato aburra al per­son­aje. Ni siquiera se aprovecha el anacro­nismo de que el con­cepto de la minific­ción se inventó después de la muerte de Tolstoi.
Sólo hay una o dos cosas en las que Ibáñez acierta, y una de ellas es que no hay muchas bue­nas minific­ciones. La de él es un ejem­plo. Por otro lado, eso sig­nifica que la nar­ración debe ser real­mente fácil de mejo­rar. Intentémoslo.
Ten­dríamos que empezar por con­sid­erar el remate. Como no se trata de mostrar fidel­i­dad a la real­i­dad histórica ni a ningún dogma lit­er­ario, sino de crear un texto intere­sante, podemos quedarnos con el anacro­nismo de oír a Tol­stoi opinando sobre la minific­ción, pero tam­bién podemos bus­car una paradoja autén­tica: la paradoja, en una buena minific­ción, acos­tum­bra ser un modo de con­frontar las ideas pre­con­ce­bidas del lec­tor, y no de reforzarlas. Dig­amos, sólo por seguir con el juego, que a Tol­stoi no le dis­gusta­ban las minific­ciones sino que le encanta­ban, pero no las escribía porque no era capaz. Una nueva ver­sión de la anéc­dota con este cam­bio paradójico podría ser:
 ¿Cono­cen ust­edes la anéc­dota de Tol­stoi y los micror­re­latos? Después de escribir varias nov­e­las de inmensa lon­gi­tud (Guerra y paz, Anna Karen­ina, Res­ur­rec­ción), un peri­odista le pre­guntó al anciano escritor que por qué no intentaba el género del micror­re­lato. Y Tol­stoi, que nunca tuvo pelos en la lengua, con­testó: “Porque son muy difíciles.”
 Está un poco mejor, tal vez, pero ahora hace falta elim­i­nar la pal­abr­ería: nada de pre­senta­ciones del autor (”Cono­cen ust­edes”, etc.) y nada de expli­ca­ciones: si alguien no sabe quién fue Tol­stoi lo apren­derá mejor de Guerra y paz o Ana Karen­ina, de un libro sobre el escritor o de Wikipedia. Y pre­cisa­mente el sen­tido de una buena minific­ción es jugar con lo que su lec­tor ya sabe: el efecto de las rela­ciones inter­tex­tuales llega al máx­imo posi­ble en la minific­ción porque ape­nas hay más que esas rela­ciones ante la vista del lec­tor. Así que la sigu­iente revisión podría ser:
 Un peri­odista le pre­guntó a Tol­stoi que por qué no intentaba el género del micror­re­lato. Y Tol­stoi, que nunca tuvo pelos en la lengua, con­testó: “Porque son muy difíciles”.
Pero todavía no es sufi­ciente. La acotación “que nunca tuvo pelos en la lengua” podría haber servido en la “denun­cia” de la minific­ción que está en el fondo del texto de Ibáñez, porque la frase hecha sug­iere que se habla de una per­sona valiente, que no tiene miedo de inco­modar a otros con sus opin­iones. A esta altura, sin embargo, la declaración de Tol­stoi ya no es un “atre­vimiento” en el sen­tido que pre­tendía tener en el texto de Ibáñez. La acotación se puede quitar, por lo tanto, y junto con ella puede elim­i­narse tam­bién la men­ción explícita del peri­odista, que tam­poco sirve de nada pues la pre­gunta podría hac­erla Tur­guéniev, Dos­toievsky, el Dalai Lama, cualquiera. Una nueva iteración podría ser, por tanto:
Le pre­gun­taron a Tol­stoi por qué no intentaba el género del micror­re­lato. Él contestó:
—Porque es muy difícil.
Pero todavía no es sufi­ciente. Como en este caso la opinión paradójica de Tol­stoi se ha vuelto más lla­ma­tiva que cualquier otra cosa, la inter­ven­ción del nar­rador podría elim­i­narse por com­pleto para que no le estorbe y el texto podría quedar así:
—Señor Tol­stoi, ¿por qué no intenta el género del microrrelato?
—Porque es muy difícil.
O más enfáticamente:
—Señor Tol­stoi, ¿por qué no escribe minificciones?
—¡Porque son muy difíciles!
Tal vez el resul­tado tam­poco es tan bueno. Un lugar común en el que tam­bién acierta el texto de Ibáñez es el de que muchos creen que hacer minific­ción es fácil. Pero aquí, como en el tra­bajo habit­ual de la minific­ción, tal vez todo lo que queda, luego de tan­tas podas y mod­i­fi­ca­ciones, es tirar el texto a la basura. Algo que no siem­pre se ve es que la minific­ción no trata de lograr la brevedad por la brevedad misma; quienes bus­can el cuento más corto del mundo (típi­ca­mente se plantea así: el que supere en brevedad a “El dinosaurio” de Mon­ter­roso) cor­ren el riesgo de caer en una suerte de machismo al revés (“a ver quién la tiene más chica”) y pro­ducir meros jue­gos deriv­a­tivos, gestos imposi­bles de leer sin una larga glosa… y en efecto, abur­ridísi­mos; esto es el otro juicio con el que Ibáñez, si no con­sigue ser orig­i­nal, al menos tiene razón.
Por otra parte, hay algo que Ibáñez, y algu­nas de las (pocas) per­sonas que lo defendieron razon­able­mente, no tienen en cuenta en ningún momento: la may­oría de las minific­ciones que valen la pena exis­ten acom­pañadas, pero no de un aparato de lec­tura a modo, sino de otras minific­ciones: se escriben y se pub­li­can en series y su propósito no es que ten­gan la con­tun­den­cia de un cuento tradi­cional sino que logren, por acu­mu­lación, una impre­sión de vastedad dis­tinta a la que logra una nov­ela: la de las varia­ciones que se pueden crear sobre un con­cepto, una idea, una ref­er­en­cia inter­tex­tual, un tema. Quienes ata­can la minific­ción declarando que no cono­cen buenos libros com­ple­tos de la espe­cial­i­dad deberían aso­marse, por dar sólo unos pocos ejem­p­los, a la obra de Ana María Shua, de José de la Col­ina, de Mario Lev­rero, de José Luis Zárate…, todos llenos de este tipo de series. Es muy difí­cil escribir, desde luego, bue­nas colec­ciones así, porque cada “tér­mino” de la serie debe pro­poner efec­ti­va­mente alguna novedad y no quedarse en el refrito o el chiste fácil. Pero puede hac­erse. A lo mejor algún microcuen­tista de tal­ento podría, incluso, crear una sexta ver­sión de Tol­stoi y colo­carla en un con­junto que ironizara sobre ideas recibidas, que hablara de las espe­cial­i­dades literarias…
Todo esto tiene el propósito de sug­erir que la “depu­ración” en la que Ibáñez no cree sí es posi­ble. Hay quienes la lle­van a cabo y han pro­ducido, luego de muchos tra­ba­jos, tex­tos extra­or­di­nar­ios. Es cierto que la mayor parte de las per­sonas que escribe minific­ciones no se toma nada de este tra­bajo y pro­duce (y pub­lica, dios nos asista) pura por­quería. Pero tam­bién es una por­quería la mayor parte de los grandes y gor­dos nov­el­ones, las esbeltas nou­velles, los dis­cur­sos de los políti­cos, los planos arqui­tec­tóni­cos, las com­posi­ciones musi­cales, los peina­dos en el salón de belleza, los planes de gob­ierno, etcétera.
Una última obser­vación: si a usted le interesa leer y no le gusta la minific­ción, no la lea. Así de fácil. Déjenos leer en paz a los demás y no habrá ningún prob­lema. Pero si le interesa escribir y no le gusta la minific­ción, entonces léala de todos modos: busque buenos ejem­p­los, aunque le cueste (aunque haya tan­tos tex­tos malos por ahí, aunque no se sienta cómodo en his­to­rias de menos de 500 pági­nas) porque de lo que se trata en su caso es de enter­arse de todo lo que hay, de ir un poco más allá de lo que ya conoce. Vea los des­fig­uros de quienes lo rodean y se dará cuenta de que usted está, aunque sea por poco, en el grupo de los más ame­naza­dos por los pre­juicios y los clichés.
Pub­li­cado en la edi­ción 149 de Crítica

Por Alberto Chimal
Alberto Chi­mal es un escritor mex­i­cano. Autor de más de una docena de libros de nar­ra­tiva, ensayo y dra­matur­gia; colab­o­rador fre­cuente de revis­tas y suple­men­tos, y pro­fe­sor y coor­di­nador de talleres con larga expe­ri­en­cia, Chi­mal ha sido con­sid­er­ado “uno de los escritores más orig­i­nales y enér­gi­cos” de su país (de acuerdo con CNN en español) y uno de los 100 mex­i­canos más desta­ca­dos de su gen­eración (según la revista Día Siete). Además es el primer autor de su gen­eración en ser objeto de un vol­u­men de estu­dios académi­cos: la colec­ción Mito, fan­tasía y recep­ción en la obra de Alberto Chi­mal, com­pi­lada por Samuel Gor­don y pub­li­cada por la Uni­ver­si­dad Iberoamericana.

Guadalajara de Pepe Guízar (1906-1980)

Pepe guizar

Esta gran canción fue compuesta por Pepe Guizar en 1954, nacido en Guadalajara en 1912; decidió fotografiar con palabras la belleza de la que consideraba la ciudad más mexicana. La fidelidad y poesia con las que describió esta región, le valieron su apodo de Pintor Músical de México con el que fue reconocido cuando trabajó en la XEW de México.

Guizar nos lleva en esta canción a las colonias y municipios de Guadalajara, en especial a Zapopan, pasando por Tlaquepaque y la laguna de Chapala. Nos habla de su lluvia y el sonar de las campanas, nos describe olores, comida y tradiciones como los gallos y el mariachi. (http://tusamigosenmexico.tumblr.com/post/25576383588/nuestras-canciones-guadalajara)

Estudió leyes pero;

«Una vez, me acuerdo, cuando cursaba el tercer año, me tocó acompañar a un actuario para llevar a cabo un deshaucio. Me dio tanta pena que fui a casa, robé dinero de la caja fuerte de mi padre y liquidé el adeudo de aquella familia que iba a ser echada. Yo no serviría para abogado.”

Para el pueblo de México Pedro cada día canta mejor. Libertad Lamarque  cino de la pampa argentina y  nos deja su recuerdo. Lo que verán está tomado de una película.

La inauguración de los juegos panamericanos  fue una fiesta de folklor. Tb se canta Guadalajara y algo más con Vicente Fernández.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sucedió en un gallinero

El granjero sale de compras, regresa con un gallo viril. El nuevo inquilino mira a su alrededor, camina hacia el gallo viejo.

– llegó la hora de retirarte.

– Vamos, no me digas que tú vas a poder con todas ¡Mírame a mí? ¡Como me han dejado! ¿Por que no me dejas dos gallinas ?»

– ¡Piérdete viejo. estás acabado!

– Hagamos una cosa jovencito. Vamos a echar una carrera alrededor de la finca. El que gane se queda con el control absoluto del gallinero.

El gallo joven se echa a reír y le dice:

– «Vamos viejo, tú sabes bien que vas a perder. Pero para no ser injusto, te voy a dejar que salgas primero.

El gallo viejo arranca a correr. A los 15 segundos el gallo joven sale corriendo detrás de él. Le dan la vuelta al portal de la casa corriendo y el gallo joven cada vez está mas cerca. Ya está a sólo 5 metros detrás del gallo viejo y cada vez se le acerca más.

La mujer del granjero, grita a su esposo.

– ¡Mira! , el gallo joven anda persiguiendo al gallo viejo.

El granjero enojado saca su pistola y mata al gallo joven, y dice:

– ¡No puede ser!, el tercer gallo maricón que me sale en esta semana”.

gallo.

 

Cuando mamá se distraé

No requería mucho tiempo. Teníamos un clima alimentado por caricias ocultas. Nuestro problema era distraer a la mamá.
Subir las escaleras burdas por la oscuridad del pasillo. Llegaba al penúltimo escalón con el resoplo de un caballo viejo.
La mamá veía películas en ingles, era sorda.
Siempre apoltronada. Un mueble que por su tamaño servía de división entre la sala y la cocina. Nosotros preferíamos la cocina, sentados frente a frente en un comedor de cuatro sillas, situado a espaldas de la señora. Yo llevaba bocadillos, refresco y cerveza fría.
Bajo la mesa teníamos un juego de pies. Ella ascendía por mis piernas, hasta localizar mis ingles y después frotaba y frotaba hasta que conseguía alterarme, se retiraba y seguía, se retiraba y seguía. Por mi parte respondía con fragor y pausa. Así que después de una hora de retozo los ojos brillaban, como un reflejo de lo que dentro ardía.
La mamá la llamó, sin quitar los ojos de la televisión. Interrumpimos el juego y ella se recargó en el filo del sofá, quedando su cuerpo en forma de arco. Su cara pegada a la mejilla de su progenitora, que le daba indicaciones en voz baja. Traía una falda corta, que dejaba ver con alegría la redondez de sus muslos y por la manera en que estaba, se miraban los pliegues y el color de las bragas.
Me situé detrás de ella, con las yemas de los dedos las deslice suave por la piel blanca, turgente. Volteó, me hizo una seña con la cara de que me calmara; eso levantó mis ansias y recargué mi cuerpo sobre el de ella. Con la mano quiso apartarme, topó con mi dureza y cuando creí que me daría un pellizco, empezó a deslizarme su mano de un extremo a otro dándome unos apretones prolongados, luego lo puso entre sus muslos y los abría y cerraba como las alas de una mariposa; mientras, seguía hablando con su mamá; su figura ocultaba la mía.
Era casi la media noche, la mamá decidió ver otra película porque se le había ido el sueño. Con la efervescencia en mis ojos acepté que nada se podía hacer, así que al despedirme de la señora, sin que se percatara tomé un almohadón de la sala y me lo llevé hacia la salida. Me acompañó; en la oscuridad del pasillo no evitamos el contacto e iniciamos con frenesí una nueva ronda de caricias, besos sin control y abrazos asfixiantes. Minutos después su ropa interior quedaba sobre los escalones. Sus brazos  recargaban sobre la pared y yo detrás de ella con las manos sujetando la cintura. No fue suficiente, el desnivel de la escalera se tornó molesto e incómodo. Así que tomando el almohadón le pedí que se hincara, ella entendió y justo cuando nuestros gritos se confundían se escuchó la voz de la mamá llamándola:
— ¡Ya súbete! ¡y por favor no maltrates el almohadón!, que es el que hace juego con el color de la sala.

mujer Alejandra Galvalisi

Alejandra Galvalisi

La Bikina Rubén Fuentes

 Tomado del blog de Sonia luz https://hablasonialuz.wordpress.com/2011/01/10/la-leyenda-de-la-bikina/#comment-10623
Muchos conocemos la canción, está inspirada en una leyenda de una época convulsa de la historia mexicana, que tiene su origen en el Estado de Jalisco, a inicios del siglo XX, durante el enfrentamiento del gobierno  y los Cristeros, movimiento armado que combatió la política laica del presidente Plutarco Calles.
Cuenta la leyenda que una noche de tormenta, un lucero chocó con la cima de un monte. Un campesino indígena divisó la luz y se dirigió al lugar y encontró a una  recién nacida abandonada. Compasivo, la recogió y la llevó a su humilde morada donde su mujer, que acababa de ser madre, la cuidó y amamantó.
Pasó el tiempo pero a pesar del cariño que le tenían, temerosos de ser acusados de robo de la criatura, confiaron a la pequeña a un sacerdote, que a su vez la entregó a las monjas de un convento carmelita.
La niña fue cuidada con esmero y se convirtió en una bella joven y vivía en paz hasta que un día estallaron los problemas del Estado con la iglesia – en 1925 el presidente Calles inició la persecución de los cristeros por todo el país y especialmente en Jalisco donde este movimiento había cobrado mayor fuerza – llegaron a perturbar la paz.
Un pelotón del ejército llegó al convento, derrumbó la puerta con furia y destruyó todo lo que encontraba. En medio de la violencia la madre superiora fue asesinada delante de las monjas  cuando trataba de impedirles el paso.
La niña resulto el blanco de los abusos de los hombres  hasta que uno la tomó en vilo y la sacó del lugar: era el capitán Humberto Ruiz. Estuvo inconsciente durante días, pero contó con los cuidados y la ternura del capitán, que atento y servicial  se limitó a curarla respetuosamente .
Sin embargo, poco después,  capitán desapareció. La muchacha vagó triste y sin habla por pueblos y aldeas, trabajó en tareas domésticas, no sonreía y no dejaba que ningún hombre se acercara a ella.
Pasado un tiempo, quiso el destino que se encontrara  frente a ella el capitán Ruíz. La joven lo reconoció, le  sonrió, no necesito decirle nada y aceptó caminar para siempre a su lado. Vivieron una noche de amor y al amanecer la muchacha lo abandonó, subió a la montaña y se perdió en el firmamento.
La  historia inspiró a la gente del lugar que empezó a llamarla La Bikina. Leyenda que en 1964 fue convertida en canción por el compositor mexicano Rubén Fuentes.
De mi tocayo Rubén fuentes que tiene 400 canciones escritas es una leyenda viviente como dijo Armando manzanero. Lo han grabado distinguidos cantantes, nacionales e internacionales y de a pocas hablaré de él

 

 

 

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