Desde las alturas

El sol cubrió los volcanes.
¡Qué majestuosidad!
La alegría del escalador al llegar a la cima.
¿Qué sentirán?
El aliento al límite,
el pulso saltón, rápido.
La mirada recorriendo el valle.
Ser águila entre riscos.
¡Creerse Dios un millonésimo de segundo!.
Gratitud, humildad, colmarse de paz.
La vida tiene montañas.
He decidido ser trepador, admirar la belleza desde el cielo; qué importa si no soy ave, nube o cometa.

patagonia chacabuco

Luci y el monstruo de Ricardo Bernal

Querido Monstruo:
Ya no te tengo miedo. Mi papi dice que no existes y que no puedes llamar a tus amigos porque ellos tampoco existen. Cuando sea de noche voy a cerrar los ojos antes de apagar la luz del buró y voy a abrazar bien fuerte a mi osito Bonzo para que él tampoco tenga miedo. Si te oigo gruñir en el clóset pensaré que estoy dormida. No quiero gritar como siempre. No quiero que mi papi se despierte y me regañe.
Ya sé que me quieres comer, pero como no existes nunca podrás hacerlo; aunque yo me pase los días pensando que a lo mejor esta noche sí sales del clóset, morado y horrible como en mis pesadillas… Mañana, cuando juegue con Hugo, le voy a decir que te maté y que te dejé enterrado en el jardín y que nunca más vas a salir de ahí. Él se va a poner tan contento que me va a regalar su yoyo verde y me va a decir dónde escondió mis lagartijas (siempre ha dicho que tú te las comiste, pero eso no puede ser porque mi papi me dijo que no existes y mi papi nunca dice mentiras).
Voy a dejarte esta carta cerca del clóset para que la leas. Voy a pensar en cosas bonitas como en ir al mar, o que es navidad, o que me saqué un diez en aritmética.
¡Adiós, monstruo!, que bueno que no existas.
Carta
firma:
LUCY
Mi pequeña Lucy:
¿Cómo que no existo? Tu papi no sabe lo que dice.
¿Acaso no me inventaste tú misma el día de tu cumpleaños número siete? ¿Acaso no platicabas conmigo todas las noches y te asustabas con los extraños ruidos de mis tripas?
Todas las noches te observé desde el clóset y tú lo sabías… Aunque nunca me viste conocías de memoria mis ojos, mi lengua y mis colmillos; pues todas, todas las noches me soñabas.
Por eso cuando leí tu carta sentí tanta desesperación. Por eso destrocé tus juguetes y me comí de un solo bocado a tu delicioso osito Bonzo.
Lo juro Lucy, tú ya estabas muerta.
Tenías los ojos abiertos y cuando toqué tu barriguita estaba más fría que mi mano. Seguramente te mató el miedo y yo no pude comerte pues no me gusta el sabor de los niños muertos. Lo único que hice fue regresar al clóset y llorar de tristeza hasta quedarme dormido… ¡Pobre Lucy! ¡Pobre Lucy y pobre monstruo solitario!
Ahora tendré que salir de aquí, alejarme de los adultos que cuidan tu pequeño ataúd y dejar esta carta donde puedas encontrarla… Necesito la risa de un niño y necesito el miedo de un niño para seguir vivo.
Por cierto Lucy, ¿dónde dices que vive tu amigo Hugo…?

luci y el monss

Diario de una mujer 4

Algo me recorre, la grama está húmeda, mullida para el retozo. Los trompos de lumbre solo pueden ser colmados por dedos hábiles, por una lengua ávida o un falo sublime que frote. Mis labios exigen besar, besarte de principio a fin hasta tener en mi boca el recipiente exacto de tus germinales. Todo me hace insaciable. Atrás quedó mi dulzura, la mujer juiciosa y socialmente impoluta.

Del diario de una mujer 3

Jugábamos en la puerta del baño. Abrí la llave de la regadera aquella mañana fría, las gotas cayeron sobre tu cabello, la camisa mojada se pegó a tu espalda. Me llevaste a tu lado, tomé tus caderas. Hielo derretido que nos cortaba la respiración. Erectos mis botones. Del agua nieve, pasamos a la pasión que azuzó la lava de tu boca, saciaste tu sed con la plenitud de mis pechos, me llené de contracciones. tomé de tu geografía la península y la anexé como un territorio conquistado. Sonaba el agua, el suspiro y mi pierna subía y bajaba sofocando tu cintura.
Derretimos al frío.

 

sex

 

 

Olores de pimiento

Las mañanas agresivas me hacen tiritar.

Camino cuando aún está oscuro,
aprovecho para mirar mi entorno a media luz.

Todo se ve misterioso.

He estado aprendiendo a comunicarme con los recuerdos en el silencio.

Trabajo no como antes.
Ahora es con la certeza de la necesidad íntima.

Vivo de manera austera , me preparé para ella.

En las tardes camino hacia casa
pisando las hojas de otoño, silbando una canción de rocola.

Espero los domingos para gozar de la familia
Mi casa tiene risas infantiles
olores de pimiento
tequila reposado que rueda por mis venas.

La música entumece el presente, mientras la poltrona se mueve
al compás de un vientecillo renuente.

mecedora