Era demasiado bueno para durar… — té de café

Una cajetilla de cigarros y un poco de alcohol nos abrió la puerta a hablar de vivencias ajenas que hacemos propias y propias que decimos ser ajenas … ¡Vaya que la vida nos hace jugarretas! Me decía Ernesto que todos somos pescadores pero algunos de nosotros sin los conocimientos para ver la tormenta desde lejos, […]

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Corazón

Aletea.
Brinca.
¡Busca!
 ¡salta!
Que afuera atardece y los niños juegan gritándole a la lluvia.

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Tocando mi corazón de Oscar Galván

Maná de Ambroce Bierce

 Alimento dado milagrosamente a los israelitas en el desierto. Cuando no lo recibieron más, se afincaron y labraron la tierra, fertilizándola, por regla general, con los cadáveres de sus primitivos ocupantes.

Choca al marino

Viejo marino
cansino y encorvado,
que con brújula en mano
miras el mar,
rompiendo espuma y agua
para ser horizonte.
decepción y tristeza

LOS CLAVOS EN LA PUERTA — ME CUIDO

“ HABÍA UNA VEZ, UN JOVEN QUE TENIA MUY MAL CARÁCTER“. “Un día su padre le regaló una bolsa de clavos y le dijo, cada vez que pierdas la paciencia, clava uno de ellos detrás de la puerta. El primer día clavó muchos clavos”.

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Noticias de género

El hombre le pregunta a Dios Hombre:- «¿Por qué has hecho a la mujer tan bella?» Dios:- «Para que te enamores de ella» Hombre:- «Y entonces, ¿por qué la has hecho tan tonta?» Dios:- «Para que se enamore de ti»
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Cara a cara

Ella vive en un pueblo donde los varones son lampiños y las féminas de abultados pechos. Él, mora muy distante y los hombres son de pelo en pecho, con mujeres de escaso busto.
Después de meses de plática con el Messenger, se vieron en la pantalla. Ella escruta su pecho y él disfruta al verla con vestidos de profundos escotes.

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La consecuencia

Solo,
desfalleciente.
Sin deseo,
sin fuego .
Tirado en las afueras de un bar,
escucha un viejo jas,
el mismo que escuchó antes de abandonarla.

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Historia verídica de Julio Cortázar

A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.
Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

anteojos

 

 

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Una pasión en el desierto de josé de la Colina

El extenuado y sediento viajero perdido en el desierto vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando una ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
—¡Por Alá —gritó—, dime que esto no es un espejismo!
—No —respondió la mujer sonriendo—. El espejismo eres tú.
Y en un parpadeo de la mujer el hombre desapareció. 

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El tono del discurso

Las palabras dan emociones, pero, en cualquier vuelo literario, las emociones nacen desde la voz del narrador. Pueden ser voces irónicas, cínicas, desafiantes, persuasivas, desconfiadas, enamoradizas, vengativas, melancólicas…
La voz del escritor sobrevuela el texto desde el momento en que elegimos narrar un relato desde ahí, desde nuestro particular punto de vista, pero lo que cuenta el narrador, “cómo lo dice” (tono del discurso), es tan importante -o más- que “lo que dice” (argumento).
“En literatura, no oímos al narrador y, por tanto, debemos estar atentos a otros índices de su actitud”, explica Enrique Anderson Imbert en su libro Teoría y técnica del cuento.
Una frase literaria, dicha en tono satírico, no significa lo mismo que expresada en tono frío o distante. Es como un chiste: será más o menos gracioso no sólo por la anécdota en sí, sino más bien por cómo la transmite la persona que la cuenta.
Por tanto, el tono de un relato es la actitud emocional que el narrador mantiene hacia el argumento y hacia los protagonistas.
La entonación crea un efecto de empatía en el lector, porque, según el tono la trama argumental, puede expresar diferentes sentimientos.
No es el mismo discurso afirmar que lloverá, dudar si lloverá o no lloverá o amenazar a alguien con que le lloverá encima.
El tono del relato, en definitiva, puede modificar la historia y forma parte del punto de vista desde dónde quiere narrar el escritor. Cuando éste comienza un cuento, opta por una narración concreta, elige desde qué narrador va a contarla (primera, segunda o tercera persona), pero también desde qué sentimiento (tono) lo enuncia.
  • Tomado de una página electrónica » Al vuelo»    mujer leyendo

Choka a la muerte

Trémulas hojas,
medrosas por la lluvia.
gota más gota
penetra la humedad.
la breve flor
que hizo brotar el sol;
perfumará la tierra.

flor bajo el agua