Refelexiones de un escritor o el escritor de novelas de Jorge Ibargüengoitia*

Según parece, en los Estados Unidos el número de personas que han escrito una novela es monstruoso. Muchas veces mayor, por supuesto, al número de personas que han publicado una novela. En nuestro medio, inclusive, a pesar del elevado índice de analfabetismo que tenemos, el número de personas que creen que podrían escribir una novela con las experiencias que han tenido en su vida, es tremendo. Un soneto es algo mucho más difícil, porque hay que aprender a rimar y a contar las sílabas. Pero una novela, ¡en prosa!, es la cosa más fácil del mundo. Basta con sentarse frente a un hoja de papel y contar todo lo que nos ha pasado en nuestra vida, que es tan interesante. Lo malo es que no tiene uno tiempo, porque hay que trabajar para sostener a la familia, llevar a los niños a la escuela, ir a fiestas, lambisconear al jefe, etcétera. En realidad, escribir novelas es un trabajo de ociosos. Pero eso no quita que la mayoría de la gente tenga un talento novelístico innato o, mejor dicho, literario. La prueba está en las composiciones que hacíamos en la escuela y las dedicatorias que poníamos el día de las madres. Eran geniales.
Esta situación, la de vivir en un medio de novelistas potenciales, no frustrados, porque nunca han intentado ejercitar sus talentos, ni fracasado en el intento, hace que las personas, como yo, que no hacemos más que lo todos podrían hacer, seamos considerados como una raza parasitaria, superflua y, francamente, de muy poco talento, porque nos cuesta un trabajo horrible hacer lo que todos harían en sus ratos de ocio.
Por otra parte, esto de usar para expresarse un medio que todos conocen a la perfección desde primero de primara, hace que los escritores tengamos una cantidad de críticos exactamente igual al número de personas que saben leer y escribir. El de lectores, en cambio, es mucho más reducido, porque la mayoría de los críticos son apriorísticos.
– ¡Novelas, las mías! -dicen, y no compran las nuestras.
Criticar a un pintor o a un músico es más difícil. Al primero, porque sus cuadros no los ven más que los culteranos que van a las exposiciones, y porque, además, ése sabe mezclar los colores que requiere cierta ciencia; al segundo, porque nadie sabe leer música. Esos son desechados por locos que, en nuestro medio, es lo mismo a ser desechado por genio. Pero nosotros, los escritores, estamos en la línea de fuego.
– Oye, ¿cómo no me habías dicho que eras escritor? – me preguntó una mujer con quien he tenido la desgracia de trabajar varias veces en congresos. – A ver qué día me regalas tus libros.
Ha de creer que uno tiene que andar anunciándose, y que los libros los escribe uno para regalarlos. Yo nunca le pregunté si era casada, y si me enteré que tenía una tortillería automática, fue por boca de terceros. Además, nunca se me hubiera ocurrido pedirle una tortilla.
– Oiga, patrón, ¿cuándo escribe un libro de veras bueno? – me preguntó una mimeografista a quien cometí la torpeza de regalarle un libro -. Digo, porque ése es de relajo.
Pasa uno muchas vergüenzas.
– Tus libros me parece superficiales – me dijo una culta y, por supuesto, mal educada -, pero mi yerno dice que tienen mucho porvenir, y él es argentino.
Fue un consuelo.
Pero veamos cómo se comportan los demás profesionales. Un ingeniero se pone Ing. antes del nombre, y cuando su mujer llega a la casa, le pregunta a la criada:
– ¿Ya llegó el ingeniero?
Ninguna esposa de escritor le ha preguntado nunca a ninguna criada si ya llegó el Escritor. Entre otras cosas, porque lo más probable es que no tenga criada, y porque sabe que su marido no ha salido; está en su cuarto, frente a la máquina, devanándose los sesos.
Un lic., un arq., un dr., un ing. antes del nombre, o un CPT después, son signo de que alguien se ha pasado años leyendo libros que no leería de motu propio. ¿Pero nosotros? Para escribir novelas no se necesita más que leer novelas, qué, después de todo, se supone que la gente lee por gusto. Así que además de parásitos superfluos somos hedonistas.
Pero como para adquirir prestigio no podemos recurrir a la aridez, porque sería contradecir los principios mismos de nuestro arte, podemos acudir a otras profesiones, que además de lo difícil del estudio tengan otras características que provoquen respeto por parte del público.
Un psicólogo, por ejemplo, es, en sociedad, mucho más aplastante que un ingeniero, aunque sea más difícil calcular un edificio que sentarse media hora a escuchar lo que dice un pariente. Todo le tienen miedo, porque creen que les va a encontrar un defectazo. La mecánica de este proceso es que el ignorante no sabe qué signos pondrán en evidencia qué cosa. La magia del psicólogo está en que él descubre lo que nadie ve y llega a conclusiones que nadie entiende. La base del prestigio es la incomprensión.
Esto puede ser la salvación del escritor. Si, por ejemplo, en vez de contar la novela de principio a fin, la cuenta del fin al principio, si repite la misma escena desde tres puntos de vista diferentes, si quita del diálogo los nombres de los interlocutores, si describe una mesa como si fuera un paisaje, y un paisaje como una mesa, logrará confundir completamente al lector. Es posible que éste nunca termine de leer la novela, pero respetará al que la escribió.
De ahora en adelante escribiremos así y dejaremos de ser parias.

(Guanajuato, 1928 – Mejorada del Campo, 1983) Escritor y periodista mexicano, considerado uno de los más agudos e irónicos de la literatura hispanoamericana y un crítico mordaz de la realidad social y política de su país.


Jorge Ibargüengoitia

Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y fue becario del Centro Mexicano de Escritores y de las fundaciones Rockefeller, Fairfield y Guggenheim.

Su obra abarca novelas, cuentos, piezas teatrales, artículos periodísticos y relatos infantiles. Su primera novela, Los relámpagos de agosto (1965), una demoledora sátira de la Revolución mexicana, lo hizo merecedor del Premio Casa de las Américas. A ésta seguirían Maten al león (1969), Estas ruinas que ves (1974), Dos crímenes (1974), Las muertas (1977) y Los pasos de López (1982), en las que echó mano del costumbrismo para convertirlo en la base de historias irónicas y sarcásticas.

En el terreno del cuento publicó La ley de Herodes (1976). Entre sus piezas teatrales destacan Susana y los jóvenes (1954), Clotilde en su casa (1955) y El atentado (1963). Murió trágicamente en un accidente aéreo.

 

Cuando los patos tiran a las escopetas de Abrham Nuncio

La insinuación de que los patos le puedan tirar a las escopetas, fue una idea urdida por las propias escopetas para hacer ver a los patos como agresores y pasar ellas por blancos inermes. Ante el hecho cada vez más frecuente de que los patos escaparan a sus perdigones, quienes más se empeñan en difundirla fueron los de doble cañón. Era una manera astuta —alardeaban— de matar dos pájaros de un tiro: seguir participando en el viril deporte de perforar patos sin riesgo de desprestigio y, en caso de conflicto, emplear el recurso de culparlas por trastocar las reglas del juego.

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Tomado del cuento revista de imaginación

El cuadro de Roberto de Francesco

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El autor del cuadro es Roberto de Francesco. Una noche pasé a su domicilio, lo encontré cuando salia de su departamento. levantó las manos como haciendo figuras en el aire, «Chico que voy de salida», en breve le dije que salía de la ciudad de México y que estaría encerrado en un hospital realizando el internado de pregrado y le solicitaba uno de sus creaciones, se lo pagaría cuando recibiese mi sueldo. Entró, me lo dio enrrollado. «Cuando llegues a tu casa lo miras» Seis meses habían pasado cuando  me encontré al Yuca, un amigo en común y me dio la triste noticias que un día después de haberlo visto tomó la decisión de quitarse la vida.

En edad madura, Italiano, Poliglota, hijo de doplomáticos. Había expuesto en  Australia, Nueva York, Venezuela, México. Ya lo alcanzaré.

El pastor Jeremías

El pastor Jeremías Steepek se disfrazó de mendigo y fue a la iglesia de 10 mil miembros donde iba a ser presentado como pastor principal por la mañana. Caminó alrededor de la iglesia por 30 minutos en cuanto ella se llenaba de personas para el culto. Solamente 3 de cada 7 de las 10.000 personas decían «hola» para el mendigo. Para algunas personas, Él les pidió monedas para comprar comida. Nadie en la Iglesia le dio algo. Entró en el templo e intentó sentarse en la parte de adelante, pero los diáconos le pidieron que se sentase en la parte de atrás del templo. Él saludaba a las personas que le devolvían miradas llenas de asco y de desprecio al mirarlo de la cabeza a los pies.
En cuanto estaba sentado en la parte de atrás del templo, escuchó los anuncios del culto y luego en seguida un líder subió al altar y anuncio que se sentía emocionado en presentar al nuevo pastor de la congregación: «Nos gustaría presentarles a ustedes al Pastor Jeremías Steepek». Las personas miraron alrededor aplaudiendo con alegría y ansiedad. Fue cuando el hombre sin hogar, el mendigo que se sentaba en los últimos bancos, se colocó en pie y comenzó a caminar por el corredor. Los aplausos pararon. Y todos lo observaban. Él se aproximó al altar y agarró el micrófono. Se contuvo por un momento y dijo:
“Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.»
Después de haber leído el texto de Mateo 25:34-40, Miró a la congregación y les contó todo lo que había pasado aquella mañana. Muchos comenzaron a llorar, muchas cabezas se inclinaron por la vergüenza. El pastor dijo entonces: «Hoy veo una reunión de personas, y no a la Iglesia de Jesucristo. El mundo tiene suficientes personas, pero no hay suficientes discípulos. ¿Cuándo ustedes se convertirán en discípulos?», pregunto. Luego de una pausa, cerró el culto y se despidió: » ¡hasta la semana que viene»!
Ser cristiano es más que algo que usted defiende. Es algo que se vive y comparte con otras personas.

Mendigo

Tomado de Fb Radio esperanza

Hay una balanza… de María Mateos Galán

Hay una balanza que se inclina a la margen izquierda de mi latido.
Hay instantes tatuados en la piel que cubren mis heridas.
Hay ausencias que gritan la presencia en ese brindis a la vida.
Me acurruco en el verso, en mi cuerpo revestido de primavera sin puertas, sin bruma, con la asonancia a este año, la consonancia a quienes han estado tan cerca, tan lejos, con frontera, sin horizonte… y me encuentro con una mirada que rompe la luz del silencio, que quiebra la memoria de la tristeza, que nombra cada uno de esos pliegues que han arrullado un segundo de su vida en mí.
Somos verbo efímero, estación que culmina en un tañido de esperanza.
¡Feliz Año. Feliz Vida Nueva!

 

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Trotando

Hubo un momento en mi vida que mis piernas se sintieron aladas. Corrí entre el naranjal, a las orillas del río; dejé huellas en la playa y en mi cara el recorrido de la brisa. El sudor bajaba de mi frente y fluía con sus regatos. Desde la cima divisaba los viejos senderos, y alguna vez bajo la lluvia, con el trueno y el relámpago alcanzaba a ver el trote de los caballo y el rechinar de las carretas. Cuántos pensamientos dejados a la vera.  La vida va y viene, se llora, se ríe. Todo entra en el mismo paquete.

¿Cuantas pisadas

han arado el paisaje?

¿rumora el río?

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El pino azul del blog de Gissele Mosto

EL PINO AZUL – 03 SECRETOS DE LA MONTAÑA PARA LÍDERES

Foto: Oscar Manrique.

Blog: Oscar Manrique Blog, Montaña, Aventura y Viajes.

 

Para Jorge,

por compartir el secreto.

 

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“Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, frío extremo, largos meses de completa oscuridad, riesgo permanente. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.”

 

Con este aviso, publicado en el Times; el capitán Ernest Shackleton, aseguraba el calibre de espíritu de quienes lo acompañarían en aquella histórica expedición a la Antártida, cuyo fracaso lo situó entre los mejores líderes de todos los tiempos.

Buscaba héroes y la respuesta de los marinos ingleses fue abrumadora. Sabían que a falta de mapas, serían guiados por simples balbuceos cartográficos y aun así, la fila frente al número 4 de la Calle Burlington superaba las 55,000 personas.

¿Qué hace que un ser humano, acepte embarcarse hacia un destino inhóspito, en tiempos convulsionados de preguerra, con pésimas condiciones de salario, navegación y ninguna garantía de volver a casa con vida?

¿Era la única actividad a la que podía aspirar el común de los hombres de la época? ¿Garantizaba el prestigio de Shackleton, un trabajo estable posterior? ¿pretendían huir, de enrolarse en una inminente guerra, con cierta dignidad?

O quizá, lo que atraía a esos hombres, como el llamado de un carnyx celta a la batalla, era la promesa de contemplar por vez primera, algo que – por siglos – el mundo había tenido por imposible y ser considerado un héroe, por ello.

¿ 6 GRADOS DE SEPARACION?

“Seis grados de separación” más allá, al pie de las montañas nepalíes, los Sherpas me contaban que, los primeros emigrantes del Tibet dejaron las tierras bajas rumbo a Shangri-La, la morada perdida de la felicidad plena.

Ellos creen en dioses y demonios, y están convencidos de que estos espíritus custodian tesoros y valles ocultos en montañas, cuevas y bosques de todo el planeta y que para hallarlos, la persona debe estar atenta y dispuesta a la mudanza.

¿Es Shangri-La, un lugar físico o está formado por cada momento en el que fuiste feliz y la esperanza de sentirte igual? ¿Está fuera de ti? Según los ancianos del lugar, la felicidad, es inmutable. Muda el viajero, lo que entró en su mochila, se queda allí.

Un líder de cordada sabe que el secreto para llegar, está en el camino, y que, como intuían la tripulación del Endurance o los tibetanos que partieron hacia las montañas, cada quien lleva su mapa retratado en los ojos.

Encontrar que tu patria estuvo siempre en tu mente, el único lugar donde tu fondo insobornable es capaz de sonreir sinceramente, ha de ser el hallazgo más extraordinario en la vida de alguien. De un viaje así, no se regresa.

Quizá, la más valiosa lección de Shangri-La, pasa por asumir que, si el reino de tu cabeza es inexpugnable también lo será tu corazón. Si quieres motivar a otros a iniciar su viaje, necesitas mudarte al camino y empezar a andar, sobre él.

LA GRAN PREGUNTA: ¿EL LÍDER NACE O SE HACE?

El concepto de Continuum, defiende que el ser humano -en esencia, ejecutivo – tiende a hacer lo que otros esperan de él. Si le damos herramientas a un niño y le enseñamos que confiamos en él y en que sabrá cuidarse solo: lo hará.

El líder nace en el momento en que su mentor, le permite explorar en un entorno seguro y lo socorre sólo cuando lo pide o necesita. Este proceso, reduce al mínimo las heridas de batalla, físicas y emocionales, que genera el conocido “ensayo-error”.

Jean Liedloff, autora de “El Concepto del Continuum”, explica que el ser humano nace evolutiva y biológicamente preparado para vivir acunado y hacer la transición al mundo, paso a paso, desde aquel lugar seguro.

Los brazos del Líder, son el lugar idóneo para que el aprendiz de montañero adquiera experiencia: en ellos se moverá, adaptará a distintas temperaturas, ritmos, sonidos, sabores y sinsabores. Crecerá seguro, observando, meditando y experimentando.

Un día decidirá que está preparado para guiarse a si mismo, integrarse a un equipo y tomar en brazos a otros y lo hará, como el mejor. Tengamos en cuenta en este punto, que así como nace y se hace ¡un líder también se deshace!

TODOS BUSCAMOS EL ARCA PERDIDA

Cuando en 1981, Spielberg, Lucas y Kasdan, eligieron la búsqueda de un arca como tema y título para su famosa película, le añadieron un irresistible y poderoso ingrediente a las expectativas de su futura audiencia.

Un arca, evoca en la memoria, retazos significativos de pasado: objetos, personas y hechos, conectados con momentos sustanciales de nuestras vidas que, no fueron oportunamente procesados y asimilados por el cerebro.

¿Recuerdas el antiguo baúl de cuero o madera que contenía los tesoros de tu infancia? ¿o aquella caja de cartón que convertiste en refugio, velero y en donde cabían tus afectos, sueños y el mundo entero?

¿Vamos por más?

Alguna luz en la memoria colectiva ilumina cavernas y tupidos bosques. En el alba de la humanidad, la necesidad de formar parte del grupo se desarrolló al amparo del instinto de supervivencia y, con el tiempo, del aprendizaje social.

La plena sensación que produce el sentido de pertenencia, de no ser más la pieza que no encaja en el rompecabezas (aunque nuestra individualidad grite lo contrario), impulsan el deseo de compartir el secreto que el grupo custodia.

Un secreto da poder, nos hace parte y crea entre custodios, vínculos de complicidad indestructibles. ¡La de cosas que estuvimos dispuestos a hacer (e hicimos) para ser aceptados en el club secreto de la escuela o del barrio!

¿Y CUANDO EL GRUPO NO ES SUFICIENTE?

El ser humano es inmenso, como su necesidad de búsqueda, de develar misterios, de pertenecer a un espacio cada vez más grande y al mismo tiempo, más acogedor e íntimo. Y entonces, decide responder al aviso de Shackleton…

…como lo hace un líder montañero de la vieja escuela, la romántica: no por un récord, no por inscribir la hazaña en el currículo; si, por nutrirse de su montaña interior, con la confianza de quien es amamantado y luego, poder guiar a otros.

Es poco probable que un montañista invierta su tiempo en un libro sobre Liderazgo: lo escribe y los líderes corporativos y maestros, tenemos mucho por aprender de quien corona y especialmente, de quien aprendió a descender de su montaña.

LA MADRE DEL SECRETO

El Everest Chomolungma “madre del universo”, para los tibetanos; es la montaña más alta de la tierra, si se mide a nivel del mar. La verdad es que, medida desde su base, el Kilimanjaro y el volcán Mauna Kea, la superan en tamaño.

Hace 400 años, la placa continental de la India chocó con Asia, con tal violencia que la placa india entró bajo la zona donde está enclavado el mítico monte y elevó su masa al cielo. Aún no se detiene. ¡El Everest sigue creciendo!

Esto es posible porque, como algunos líderes, tiene alma de granito que es una de las rocas más fuertes del mundo y por ello, puede manejar el desgaste y la erosión propia de la edad, asi como los terremotos que amenazan su integridad.

El paso del tiempo ha obsequiado al Everest, respeto y majestuosidad. Ha ganado cada grieta en su piel, cada hilo de plata en su preciada cima y ésto, sólo consigue aumentar su belleza y la admiración que por el Gran Centinela, siente el mundo.

¿Te recordó a alguien que conoces? A mi, si.

 

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SABIDURÍA DEL CAMINO, EL PINO Y EL MONJE

Un sabio poema de Jalil Gibrán, advierte con dulzura: “Si revelas tus secretos al viento, no lo culpes por revelarlos a los árboles”. El pino azul, escuchó la historia del monje Gerhu. En ella, le contaba que tiempo atrás, sus manos dibujaron bendiciones.

Y le contó, cómo había remendado los mejores retazos de su corazón y equipado el morral con lo preciso para el viaje. En el bolsillo más grande, acomodó su canción favorita y al sol, que había tejido para soportar el invierno más frío, solitario y cruel.

Durante la marcha, Gerhu recordó a la abuela. ¡De buena gana hubiera hecho espacio en el morral, para su pan de mijo! Ella, la dama que sabía detener el tiempo, le había ayudado a entender que éste no transcurre, frente a una inmortal catedral de tierra.

Nunca antes coronó cima en invierno. Aquella fría noche grabó en su espíritu, la sensación de ser un invisible punto medio entre dos universos. Su humildad lo agradeció pues, a más de 5,000 mts. de altura, todo lo que conocía parecía estar bajo sus pies.

Finalmente, el monje reveló al intrépido pino, que había sido elegido para custodiar tres secretos. Se los confió, mas, olvidó pedirle que guardara silencio. Transformado en viento, Gerhu escondió los arcanos y entró en la montaña.

LOS TRES SECRETOS DE LA MONTAÑA

Una tradición inglesa, siembra árboles de Tejo en los camposantos. Se cree que sus raíces llegan a la boca de cada difunto para robarles los secretos, éstos suben cual savia hasta sus hojas y desde allí, son liberados al viento.

Si abrimos los oídos al camino, los árboles nos contarán cosas. En especial, el pino azul del Himalaya, él, lo ha visto casi todo, se ha deleitado con la música que otros no escuchan y se ha alzado en donde otros no subsistirían.

He aquí, las tres revelaciones de la montaña:

  1. EL MUNDO INTERIOR

Las Sendas del Dragón, una de las primeras leyendas sobre el mundo intraterreno, llega desde la Gran Bretaña prehistórica. Los druidas, las consideraban vías de energía espiritual, que se deslizaban bajo la tierra como serpientes.

Nacían del tránsito acuífero del subsuelo, el magma volcánico y la fricción entre las grietas telúricas. Sobre ellas, enclavaban monumentos sagrados: Glastonbury, o la Catedral de Chartres, erigida sobre un antiguo bosque sagrado de los celtas galos.

Antiguos registros, afirman que Montserrat, en Cataluña, además de ser una montaña hueca con un lago subterráneo, es un vórtice magnético. Esta, posee una actividad energética mirífica, que le ha valido su mágica reputación.

Los espeleólogos penetran la tierra, provistos de cascos, botas y lámparas; la curiosidad y el afán pionero, los hace reptar durante horas, entre  estalactitas y maravillas; ropa, piel y espíritu, cubiertos de barro, arañazos e ilusión.

Como las montañas, los humanos, muestran un cariz superficial y otro profundo al queOrtega y Gasset, llamabafondo insobornable, que es la base de nuestra personalidad, es irrenunciable y suele ser ignoto, aún para el mismo sujeto.

El líder de una expedición espeleológica, sabe que así como la luz del anhelo por llegar a la siguiente, lo sacará de la caverna, en ocasiones, necesitará de ejercicio, silencio y soledad, para descifrar de qué madera está hecho.

Como en el mundo subterráneo, la esencia de una persona permanece intacta e impele al mismo, a ciertos actos y búsquedas, a aglutinarse con otros. ¡Somos un inagotable yacimiento de promesas, desdenes y posibilidades!

  1. HISTORIAS DE VIDA

Mantener la vida ha sido por milenios, la primera ley humana. También lo es en montañismo. El líder de cordada sabe cuándo anteponer la seguridad a la aventura, cuándo es el momento de no avanzar más o decidir darse la vuelta.

La montaña es testigo del deseo del hombre por trascender su zona cómoda, explorarse a si mismo y ganar voluntades y nuevas cumbres, y también, de historias imprudentes que nunca serán contadas pues la prisa las confinó al abismo.

Megalitos, naturaleza trunca, fuselaje de aviones, los objetos de alguien, cuerpos que yacen bajo la nieve o entre las grietas: historias que el frío extremo y el aire seco han momificado, como lo hacían las resinas y aceites entre los antiguos egipcios.

El sol, se confabula con quien espera atisbar el pasado. Los antes gélidos y aún abruptos escenarios, develan su misterio por capítulos: cierran pendientes, y penosas historias familiares, recomponen el quehacer de hombre y naturaleza, en épocas idas.

Cada vestigio habla del rol humano en la gran novela universal: guerras que siempre dejan pérdida, quema de libros y cacería de brujas, amores en la sombra, gloriosas travesías, geniales descubrimientos, heroicos actos cotidianos.

Las huellas del paso humano por la tierra, son infinitas. Solemos dirigir nuestra atención hacia lo oculto y sin embargo, en la mayoría de los casos, los más preciosos tesoros son tan evidentes y espontáneos, que nos negamos a observar.

Las lecciones de la Historia, recuerdan a los líderes que, si en lugar de exacerbar las diferencias y el ego, se dedican a potenciar las ventajas de la diversidad y lo que ésta significa para una comunidad, habrán encontrado el camino de oro.

  1. LA FLOR DE LAS NIEVES

El secreto más caro y protegido por el viento de la montaña, nace durante el frío invierno y florece entre los roquedos más recónditos y altos de la cordillera europea. Allá, donde sólo el coraje o la inmortalidad, te llevarían.

Aparenta fragilidad mas, su resistencia a condiciones extremas es casi tan inverosímil, como su extraña y serena belleza. El origen de su nombre refiere nobleza, pureza y honor, y hay quien dice que la misma luna, le dio su color.

Su dificultad para llegar a ella, luego de escalar montañas y retar al frío, ha nutrido, desde la edad media, leyendas vivas, relacionadas con el amor que nunca se marchita. Lo cierto es que ella, la musa, Edelweiss, es real.

En Nepal, comparan la sabiduría con un espejo que devuelve la imagen de la realidad tal como es, transparente, magnética y magnificada a través de la experiencia. Los tesoros más valiosos los guardan la mente y el corazón.

Un escritor sensible e inteligente, diría que Edelweiss, es una flor preciosa, que no abunda y es mejor apreciarla intacta. Diría también, que los hallazgos afortunados cuando buscabas otra cosa, hacen sorprendente la vida.

Y todos, aprendices de líder y buscadores, sabemos que las sorpresas, ¡son la esencia de la vida! Quien elija coronar una montaña, ha de saber que ello es sólo la mitad del camino: la otra, más importante, es saber descender de ella. Es lo que prueba a un líder.

Un suave soplo del viento, llevará al pino azul, el perfume del Edelweiss: el aliento de la musa, que recordará al escritor y montañero de la vida, que la inspiración, el secreto más caro que guarda la montaña, está en su corazón, y es inmortal.

El sabor de boca de los muertos

Por el camino
brota entre la maleza
como si fueran
florecitas del campo
los insepultos;
los que nunca dijeron adiós.

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