Hubo un momento en mi vida que mis piernas se sintieron aladas. Corrí entre el naranjal, a las orillas del río; dejé huellas en la playa y en mi cara el recorrido de la brisa. El sudor bajaba de mi frente y fluía con sus regatos. Desde la cima divisaba los viejos senderos, y alguna vez bajo la lluvia, con el trueno y el relámpago alcanzaba a ver el trote de los caballo y el rechinar de las carretas. Cuántos pensamientos dejados a la vera.  La vida va y viene, se llora, se ríe. Todo entra en el mismo paquete.

¿Cuantas pisadas

han arado el paisaje?

¿rumora el río?

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