Sueño que duermo abrazado a tu talle; que te despierto y grito y te asustas.
-¡No eres mi esposo!
¡ ni tú, mi mujer!
Después de la sorpresa seguimos durmiendo.

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
Sueño que duermo abrazado a tu talle; que te despierto y grito y te asustas.
-¡No eres mi esposo!
¡ ni tú, mi mujer!
Después de la sorpresa seguimos durmiendo.

La pitahaya es una muñequita con pecas, gorda; vestida con olanes de rosa con ribetes color maíz.

Estoy desordenado, confuso. Sentía a deshoras que tus cabellos danzaban sobre mi cuerpo. Entresoñando olía tus manos y encontraba el aroma que respiramos juntos. con gritos de silencio lo negaba; pero hubo noches que percibía tus pasos recorriendo mis latidos y me levantaba habitado de ti.
En la mañana cantaron los Jilgueros, los mismos que silbaban en nuestra cita de las tardes. Sé que nada es cierto, es mi torpeza o mi cuerpo desatento. ¡Qué difícil es negar que aún te espero!

Llegaron los recuerdos como un sub que arriba a la estación con las puertas abiertas. Encontré sabanas, soledad, gente que subía a la montaña, otra que venía e iba a la ciudad buscando trabajo. Me vi correr en la pradera; dándome de vueltas sobre la hierba mojada, imaginando tener bajo mi vientre el peso de una piel diferente a la mía.
Con el tejido en manos, me pregunto. ¿por qué no lo hice? Sigo siendo la mujer sin mancha que todas las tardes toma camino hacia la iglesia al repiqueteo de las campanas, mientras en el atrio los niños juegan con las palomas.
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Amábamos a Lía. Ella nos contaba cuentos con su voz, sus manos y nos hacía reír. Era mucho o poco dependiendo del humor del jefe de guardia. Las horas pasaban sin sentir. Nuestros hijos volaban a paraísos y tierras de misterio. Para dilatar el horario algunas presas, las más bellas, dejaban sus senos a la mirada y otras cruzaban y descruzaban sus piernas, así los soldados, dejaban transcurrir el tiempo. Lía era un viento fresco… en aquella cárcel donde habían nacido nuestros hijos. Hijos de la reja y el fusil.
El hecho de que hagamos una fila extensa cada quien cargando la sagrada manutención, de ninguna manera quiere decir que lo estamos sustrayendo cínicamente, por eso interponemos una queja y a nombre de todas mis compañeras levantamos la voz para que de su vocabulario desaparezca la despectiva frase de robo-hormiga.

La marcha fúnebre se detiene, se abre el ataúd, corroborado que el cuerpo está, se prosigue. Y no es para menos Harry Houdini tiene fama de ser el mejor escapista del mundo.

Después del carnaval.
Y me la lleve al río creyendo que era mozuela, y no… Era mi mujer. Y me dijo la muy masoquista: pégame, humíllame, muérdeme… Se denudo y me dio el látigo. Lo levanté para azotarla, pero no lo hice… mañana te doy, -le dije. y salí rumbo a la ciudad silbando.

Sobre el tejado del portón, se ha desparramado “la copa de oro”.Se enjuta si el sol de agosto achicharra sus retoños. Cuando la luna emerge, ella mitiga sus ardores y crece. Sobre su cielo armaron una espiral de púas, con el deseo de impedir que los mañosos penetren a la residencia. Ella, que tiene miles de manos y maneras, cubre con sus hojas la cerca de alambre. Días de verano lastiman su tejido, pero las noches alunadas la robustecen. Al tiempo, cubrió el metal y el sol de septiembre la ve erguida, fogosa de flores de un amarillo rabioso, con hojas verde limón.

Antes morías en casa rodeado de tus familiares. Ahora mueres entre sonidos de ambulancia, luces intensas y batas blancas. Antes los viejos tenían la alegría de mirar el paisaje y sus recuerdos, meciéndose en la poltrona. Ahora los achaques lo comentas con otros ancianos en el asilo. Hoy, todos los hijos con su pareja están insertos en el trabajo diario.
Hemos cambiado. Los bebes de ahora desde los tres meses están guardados, porque los adultos laboran. Que no extrañe que estos bebes, el día de mañana estén firmando el convenio para que los padres sean enviados al asilo.
Ese es nuestro presente y futuro.

Iba descalza. Las huellas de sus pies estaban marcadas en el camino que conduce del baño hacia su recámara. Sin la menor duda la seguí. Había dejado la puerta entreabierta. Buscaba su ropa interior y la toalla amenazaba con caerse. El olor del champú se desprendía como mariposas al vuelo. Leve fue su resistencia y grande el placer de ambos. Hoy que lo recuerdo, acepto que caí en su trampa. Dos hijos, diez años de casado y el dinero que no alcanza.

Degas
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Por la noche, cuando duermo escucho un mar embravecido, y eso perturba mis latidos. En sincronía aparece un calor inusitado, me sofoca y despierto. Soñoliento, creo ver una sombra que huye y mi pulso brinca. Algunas veces me hago el dormido y el mar está en calma. |
Decidió amarla con las alas puestas. Al día siguiente la novicia amaneció muerta. ¿quién puede prever que ella fuese alérgica a las plumas?

Tiene ojos negros, de mirada aromática. Sé que soñó con una calle desierta y una arboleda con una cabaña que olía a posada. He caminado por las hosterías que conviven bajo la sombra vegetal buscando sus ojos negros. Regresé cabizbajo a casa y al chirriar la puerta me sobrecoge la posibilidad que me esté esperando en una calle desierta.

Tiene ojos negros, de mirada aromática. Sé que soñó con una calle desierta y una arboleda con una cabaña que olía a posada. He caminado por las hosterías que conviven bajo la sombra vegetal buscando sus ojos negros. Regresé cabizbajo a casa y al chirriar la puerta me sobrecoge la posibilidad que me esté esperando en una calle desierta.
