Hayku de Gonzálo Marquina

Sendero

Hace poco, un estudiante me preguntó si el haiku era una suerte de impresionismo poético y yo le respondí que no. Sin embargo, he pensado mucho en lo corta que fue mi respuesta y, desde entonces, sigo reflexionando sobre este tema.

Pienso que, ciertamente, el haiku puede ser contemplado como un «poema impresionista» (instantes convertidos en versos). Sin embargo, si nos apoyamos en la historia literaria, resulta evidente que esta concepción solo aplica sobre un tipo o estilo de haiku en específico y no sobre el haiku como género en su totalidad.

El estilo descriptivo/realista (tan en boga actualmente en nuestro medio hispanohablante) adquirió relevancia durante las últimas décadas del siglo XIX por obra y gracia del crítico/poeta Masaoka Shiki y sus seguidores. Es importante recordar que en aquel tiempo, el Impresionismo ya era conocido en Japón: los jóvenes leían a Mirbeau, Proust y Chéjov (muchas veces en su idioma original) y conocían bien las obras de Monet, Renoir y Van Gogh. Por eso, Shiki se inspiró en varios conceptos pictóricos y literarios de aquella corriente artística occidental para elaborar su famosa Teoría Shasei (shasei-ron – 写生論), la cual postulaba al haiku como una suerte de «Dibujo» o «Esbozo» de la vida misma. Además, se sabe que Shiki tuvo influencia del Realismo (sobre todo de la novela realista), abrazó ciertos postulados filosóficos del Empirismo y el Positivismo y, paralelamente, apoyó sus reflexiones poéticas sobre los principios del shintō (神道), religión autóctona del Japón, así como también sobre algunos preceptos de la filosofía taoísta de Chuang Tzu (puntualmente, sobre el estudio estético de la palabra). Esta es la razón por la cual el estilo de Shiki aparenta ser una «pintura» o un «cuadro» hecho con palabras. La poética de Shiki priorizó la belleza distanciándose notablemente de la religiosidad y/o el misticismo; sus haikus contienen una riqueza maravillosa a nivel de detalles sensoriales, son objetivos e impersonales, entre otros rasgos que, poco a poco, fueron convirtiéndose en sinónimos de «buen haiku».

Más tarde, los poetas franceses de las décadas del ’10 y el ’20, maravillados por el estilo descriptivo/realista impulsado por Shiki, difundieron en Europa la idea del haiku como «fotografía del instante» y, luego, autores como José Juan Tablada hicieron lo mismo en Latinoamérica durante el resto del siglo XX (de hecho, según Ōta Seiko, se sabe que Tablada conoció al haiku por medio de la lectura de autores angloparlantes y franceses como W. G. Aston, Michel Revon, Paul-Louis Couchoud, B. H. Chamberlain, etc.). Sin embargo, todo apunta a que esto sucedió por mera ignorancia del resto de estilos o, más bien, por mera conveniencia para lograr la resproducción del género en este lado del mundo. Pensemos: el estilo descriptivo planteado por Shiki era mucho más aprehensible y, por lo tanto, emulable para los autores occidentales de aquella época, ávidos por experimentar con nuevos formatos poéticos y quienes, de alguna forma, estaban mucho más empapados del Impresionismo y demás corrientes que antaño habían alimentado al haiku descriptivo/realista». Lamentablemente, estas acciones dieron paso a la difusión y establecimiento de la idea errónea del «haiku único» o «haiku puro».

Así, tenemos que el «haiku impresionista» o «haiku realista» representa un estilo y no la totalidad del género. No existe un solo tipo de haiku, definitivamente. Sin embargo, en nuestro medio hispanohablante, pareciera que esto ha sido olvidado (o ignorado, convenientemente).

Desde hace más de un siglo, el estilo impresionista/realista/descriptivo ha ido posicionándose hasta adquirir la apariencia de «canon» (algo que, a mi criterio, no es conveniente). Por eso, creo, lo importante para quienes estamos interesados en este género es recordar siempre que estamos tratando un arte cuya característica principal es la pluralidad, la diversidad y los cambios permanentes (cambios que siguen sucediendo hasta el día de hoy). Se trata de comprender y aceptar como comunidad hispanohablante abocada al género que durante un largo tiempo hemos cultivado uno, dos o tres estilos de haiku y que, necesariamente, para dar el siguiente paso, es decir, para lograr el desarrollo y establecimiento a posteriori del haiku en español (no solo como práctica, sino también como concepto), es imprescindible no enfrascarnos en un solo tipo de composición, sino contemplar con alegría y emoción nuevos horizontes en la distancia y/o volver sobre aquella parte del camino recorrido que todavía no explorado.

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