Acerca del haiku tomado de fb

Sendero

 En realidad, este tema no tiene que ver con ser o no ser académico. Simplemente, se trata de no mezclar las cosas: una cosa es el haiku como vivencia y otra cosa es el haiku como poema, algo que los autores del siglo pasado mezclaron a conveniencia. El primero es un tema subjetivo (pues, depende de cómo voluntariamente decidamos vivir el haiku: como camino espiritual, como género artístico, como línea de investigación, como costumbre…), mientras que el segundo es un tema totalmente objetivo (pues trabaja sobre cuestiones que, definitivamente, se encuentran dentro del plano literario: la verosimilitud, el tratamiento de la lengua, las imágenes, la musicalidad, la intertextualidad, etc.). Por eso, resulta necesario comprender qué identifica al haiku frente a otros género, no solo como práctica sino también como concepto.

Justamente, el voltear el rostro ante temas como este por considerarlos demasiados complejos es la razón principal del estado del haiku en nuestro medio a la fecha. Pero no hay por qué tener miedo

 

Acerca del Hayku traducción de Gonzálo Marquina

Sendero

«La escuela realista/naturalista argumenta que el objetivo del haiku es describir las cosas del mundo tal y como son. ¿Nada más? O sea, ¿debemos asumir que la labor del haijin consiste solo en imitar y/o registrar por escrito aquello que sucede en la naturaleza? Pues, no. Este tipo de procedimiento pertenece al mundo de las ciencias, ¡no al mundo de las artes! Por ejemplo, imaginemos que un científico y un poeta contemplan la misma flor… Bueno, la flor será siempre una flor… El científico (ceñido a un método definido), escribirá sobre la «verdad natural» que encuentra en aquella flor: el color de sus pétalos, el aroma que posee, el lugar donde crece, el tamaño que tiene, etc. Pero, el poeta ¡nunca busca registrar solo «lo real»! Al poeta (haijin) le interesan otro tipo de cosas. Por eso, a diferencia del científico, buscará escribir sobre todas las impresiones y sentimientos posibles que aquella flor le ha generado. Es decir, el poeta construye con palabras un nuevo objeto, una «nueva flor» basada no solo en «lo que es», sino también en «los efectos que produce» (…) Entonces, existe un tratamiento estético de lo contemplado, una nueva realidad que va más allá de lo meramente objetivo; digamos que se trata de otro tipo de «verdad», una «verdad literaria» (…) Así, pues, científico y poeta son, definitivamente, observadores minuciosiosos del mismo objeto. Sin emabrgo, cada quien apuntan a cuestiones distintas: uno pretende solo una descripción exacta de la flor y no tiene necesidad de involucrarse con ella, mientras el otro intenta poner en palabras aquello que siente o piensa a partir del contacto con la flor (o, incluso, esto puede partir de un recuerdo) (…) El haijin es quien se involucra plenamente con la flor (…) Entonces, podemos decir que el haijin no apunta a la reproducción exacta de la realidad, sino que apunta a la construcción de una belleza, en gran medida, subjetiva. Por eso, el haiku no es un «retrato» fiel del entorno, sino un retrato fiel de las propias emociones del haijin (…) ¡Esta es la diferencia entre la «verdad natural» y la «verdad literaria»! (…) Y es que si todo el objetivo de escribir haiku consistiera exclusivamente en aprender a captar la «verdad natural», entonces los/las haijin no necesitarían estudiar para obtener nuevos conocimientos ni tendrían que esforzarse en lo más mínimo ¿No les parece? Solo tendrían que vagar todo el día con un cuadernito y un bolígrafo en el bolsillo, siguiendo la sombra de una nube».

–Fragmento del ensayo «Verdad natural y verdad literaria» (shizen no shin to bungei jō no shin – 自然の真と文芸上の真), publicado en la revista «Ashibi» por el poeta Mizuhara Shūōshi en 1931. / Trad. Gonzalo Marquina

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