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Archivo del autor: Rubén Garcia García - Sendero
Médico recién jubilado.Nací en Álamo, Veracruz, en 1946, vivo en la ciudad de Poza Rica,. Egresado de la UNAM. Trabajé en la facultad de medicina de la Universidad Veracruzana.
Las historias:
La danza de las fuerzas libro de ficción breve cuya autoría es Rubén García García
He sido antologado en Cien fictiminimos,( Edit.Ficticia)
Alebrije de la palabra, (Universidad Autónoma de Puebla)
Minibichiario, (edit. Ficticia)
Lectura de locos,( edit. GH)
Cuentos pequeños grandes lectores. 2015
Eros y afrodita Edit. Ficticia 2017
O dispara usted o disparo yo
Textos en libros de primaria de la editorial Sm de Puerto Rico y en revistas tanto de papel como electrónicas.
Al abrazarte, te percibo lejana. ¿Qué te preocupa? Solo sonríe y percibe. ¿La lejanía de tus hijos? Entiendo. La soledad como en las paredes se ha incrustado; el salitre brota y serpea. El hombre dientes de sable se fue. No te valoró; y será tarde mañana. El duelo no es eterno; la vida sigue. Solo es cuestión de que des el primer paso. Atrévete, que la soledad es buena consejera cuando está de visita, pero si se queda a vivir contigo es un cáncer.
Nadie vendrá a tocar a tu puerta, eres tú quien debe de tomar la decisión. Y, ya basta de llorar, una vez pasa, pero todos los días no es saludable.
Le ordenaron reposo y tranquilidad. Rentar una choza a la orilla de un lago, le pareció buena idea. Dos días después se instalaba. Los moscos fueron un suplicio. Los ruidos de un monstruo que rompía el agua los escuchaba bajo la cabecera. Con los ojos vidriosos y ojeras profundas se levantó a prepararse un café, al primer sorbo llegó una parvada de patos haciendo un ruido infernal.
Ya descansa. Su fosa quedó entre un gritón de la lotería y un vendedor ambulante que no se cansa de gritar: bara bara…
Duerme a ratos, carraspea, se despierta. Abre sus ojos, me ve. Pregunta por doña Chica, le digo que soy Rubén y le tomó su mano lacia y la llevo a mi cara para que sienta mi barba áspera. Se queja y trata de espantar su cansancio. La peino con mis dedos. Su pelo ralo y blanco. Me toma de la mano y hace por apretarla. Sé que tiene el hastío y el temor saliéndose de la piel. Solo cierra los ojos. No duerme. Ella sabe que el fin se aproxima. También yo. La espera es un fino estilete que duele. El quejido es a saltos, el dolor es una pisada en el pecho sin poder evitarlo. Solo hay que estar a su lado y que lenta pasa la madrugada sin sollozar.
El quejido: es alguien que toca la puerta; y sé quién es.
Recuerdos con mi madre que el cinco de junio 2022 nos dejó
La cocina de mamá
Las gotas frías caen sobre la hoja de plátano y el ruido monótono en mis oídos.
—Esta silla es mía.
—¿Quién te la va a quitar, tú?
—¡Mis hermanos, mamá, mis hermanos!
—Deja de hacerte el chistoso, pues bien sabes que no tienes hermanos.
Mamá se arrima al fogón, sopla con fuerza para que la lumbre baile alrededor de la sartén y escucho el chirriar del aceite. Al rato llega un rico olor a plátanos fritos y ese aroma que despierta ansias: el café. A mí me lo dan con leche porque los chiquitos no deben tomarlo solo. Me froto las manos para quitarme el frío y mamá me dice cuando sorbo: «Te vas a quemar». Si supiera mi mamá que cuando ella se descuida me lo tomo caliente y negro.
En la cocina de mamá se está rebien: hay plátanos, galletas y café. Ella a cada rato me acaricia y me pregunta: ¿No quieres más?
Afuera la hoja de plátano tiembla y su tac tac se escucha cuando caen las gotas, una a una, del tejado.
Ki no Tsurayuki (紀貫之), poeta mayor del fastuoso Periodo Heian (794-1185 d. C.), explica en el prólogo del Kokin Wakashū (古今和歌集) que la poesía es algo inherente a todo ser vivo, es decir, algo que surge por instinto y hasta por necesidad Así, cuando la emoción es tanta que desborda -a esto nos lleva las maravillas del mundo-, aparece «la canción». ¡Qué hermoso concepto! La poesía como una canción Este concepto es, además, interesante porque se encuentra en clara sintonía con el resto de «canciones» que podemos hallar a nuestro al rededor, en la naturaleza: la «canción» del mar y las montañas, la «canción» de las arboledas y las flores, la «canción» de los animales grandes y pequeños, alados, acuáticos y terrestres… Tal vez, por eso, de las casi 5 000 «palabras de estación» (kigo – 季語) existentes en el mundo del haiku, casi un tercio de ellas se encuentran vinculadas al mundo de los insectos (mushi – 虫)
Tarde de lluvia que humedece y escarba. ¿Cómo fue posible que escaparas? dan ganas de seguirte, pero eso es imposible. Eras la más bella de todas, virgen aún. Se fueron como aves entre cinco y diez mil dolares. Aún no me repongo.
En un hospital, las tres de la mañana es el momento en que la tensión da un respiro a los trabajadores.En el servicio de atención de urgencias ginecoobstétricas los médicos de pregrado y enfermeras estaban de pie, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Solo es un instante, como si la maquinaria del gran hospital se detuviese y diera su lugar a un profundo silencio.
Todos intentaban aprovecharlo. Un relax, un pestañeo, eran renovadores y daban el impulso para las siguientes horas, que suelen ser más intensas. Los que tomaban las decisiones tenían un cuarto privado y se les llamaba en caso de ser necesario.
En el segundo piso estaban hospitalizadas las mujeres que iniciaban con dolores de parto. No hay nadie a su lado; sólo ellas y sus hijos por nacer. Las enfermeras platican con ellas solo cuando les toman los signos vitales, es un instante, y se van con la siguiente parturienta.
El puente entre la mujer que está en espera y el hospital eran los médicos internos o de pregrado, que revisaban a las señoras y ordenaban a la enfermera a transportarlas al servicio de atención obstétrica. Para tal hecho se requería que el cuello de la matriz estuviese con cuatro centímetros de dilatación, Algunas, ya con varios hijos el proceso fluía con rapidez y no daba tiempo a los camilleros de llevarla al servicio, por lo que el parto se atendía en la cama. A este hecho se le conocía como «Camacho». Por lo tanto, el prestigio de un médico de pregrado era no tener «Camachos».
A las tres de la mañana, a esa hora crucial, preparaban al Dr Durazo. Él tenía un abdomen con el radio de un embarazo gemelar. Lo caracterizaron para ser llevado a la unidad toco-quirúrgica: un turbante para resguardar el cabello, la bata, vendas en las piernas que le ocultaban los pelos, y botas de algodón cubriendo sus pies; una sábana húmeda con restos de yodo para que simulara sangre y un suero clavado en la vena.
Guiábamos la camilla con la mayor rapidez a la sala de partos. El jefe Durazo en el silencio del hospital daba alaridos tan desgarradores, que más bien parecía una puerca a punto de sacrificio.
–¡Camacho! ¡Camacho! –anunciábamos alzando la voz.
El escándalo alertó a los compañeros, médicos de pregrado, que salieron del sopor de la madrugada. Los auxiliares y enfermeras se movían preparándose para la atención del parto. Los de la guardia de pediatría tambien estaban listos para recibir al nuevo ser. y los encargados de obstetricia con atención máxima.
Se pasó la “parturienta” a la mesa, y alzaron sus piernas para que las apoyase en las pierneras y situarla en posición ginecológica.
Mientras tanto, otros dábamos consuelo.
–Ya, señora. Todo va a salir bien.
El médico interno encargado de atender el parto retiró la sábana para hacerle el tacto. Se quitó los guantes y encabronado dijo:
–¡Esta mujer tiene huevos y no está rasurada!
Nadie se contuvo. Todos reímos a carcajada abierta y sonora.
El jefe Durazo escapó de un salto; todavía tuvo el humor para caminar como patito y, sujetándose el vientre, se perdió entre los pasillos del hospital.
La escalera es uno de los elementos que me cautiva en muchos de los lugares a los que he viajado. En primer lugar, no puedo dejar de referirme a la escalera de doble espiral del Castillo de Chambord en Francia, obra atribuida a Leonardo Da Vinci. (Siglo XVI) En esta entrada incluyo algunas imágenes de […]