La enredadera
da sus flores al sol,
y tú, la escondes;
dejála en libertad
cuando abran las magnolias.⁶

El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios


Tomada del fb
Vivía en cierto lugar del bosque un león llamado Madotkata y erán sirvientes suyos un tigre, un cuervo y un chacal.
Corriendo de aquí para allá, vieron cómo pasaba delante un camello, de nombre Kathanaka. Entonces, el cuervo le dijo al tigre:
-¡Míra qué animal más raro! ¡Vamos a ver que cosa es!.
Entonces los tres animales fueron a verle y se lo llevaron al león, pensando que el inocente camello sería una excelente cena para el rey. Pero cuando le revelaron sus intenciones al rey, el les dijo:
Quién mate al que llega a su casa, confiado y sin temor; comete el mismo crimen que si matará cien brahmanes ( es por eso qué no es bueno comerte a las visitas)
Y así, el camello se salvó de ser servido con guarnición.
Pero un día, el león se enfrentó al elefante, por qué éste le debía dinero; y resultó muy mal herido.
Entonces sus sirvientes comenzaron a buscarle algo de comer, pues solo así se recuperaría el soberano. Al no encontrar nada, desesperados sugirieron al león hacer uso del camello ; pero el león lo volvió a rechazar, y los reprendió enérgicamente, diciéndoles que la única forma de hacerlo sería si este se ofreciera voluntariamente, por lo que los sirvientes idearon un plan.
En presencia de todos el cuervo se ofreció como alimento y hasta sugirió una receta: cuervo a la campirana; pero el león le dijo que dado su tamaño pequeño sería un sacrificio inútil ya que su poca carne no alcanzaría a saciar su hambre, pero que se podía ir en paz por qué había demostrado serle fiel.
Luego el chacal se ofreció para que lo comiera en forma de brochetas, pero lo rechazó argumentando que no le podía servir de alimento un animal con garras, pero sin embargo se podía ir en paz ya que le había demostrado su fidelidad.
Finalmente, el tigre se ofreció para qué lo hiciera unas costillas agridulces; pero el felino lo rechazó, en idénticas condiciones.
Entonces el confiado camello se ofreció al león; pensando en que también correría con la misma suerte, en cuanto termino de hacer su ofrecimiento los animales se le abalanzaron encima y se lo comieron.
*

Un fragmento
Escrita en 1921. Un investigador anónimo narra la historia de AQ, un personaje del que no se sabe nada con certeza (explica) ni con el sustento de los documentos históricos; es decir, que es un personaje más mitológico que histórico. Se sabe que AQ son las iniciales de su nombre y apellido pero tampoco se conocen éstos. AQ es un hombre pobre y muy trabajador, vive de labores domésticas que hace en las casas de los burgueses del pueblo de Weichuang. Es constantemente destratado por los mismos e, incluso a veces, cruelmente golpeado. Y así vive, en un infierno constante entre duras jornadas laborales y golpizas que él, tras un complejo proceso intelectual de raigambre confucionista, consigue volver a su favor, creyéndose victorioso. Pero al igual que las novelas picarescas (Lazarillo de Tormes, El Buscón, Abul F´ath de Alejandría, etc.) AQ tendrá “desventuras” y “venturas”. Al volver a Weichuang tras un viaje a la ciudad en busca de una vida diferente, consiguió hacer una pequeña fortuna y su posición fue otra. Fue hipócritamente respetado hasta que la fortuna terminó; entonces volvió al yugo de sus prójimos. Cansado de su vida, sueña con la revolución, que se percibe incipiente. Cuando esta llega, sueña con la contrarrevolución y las consecuencias de su inestabilidad emocional y de la búsqueda de su verdadero ser resultan fatales. Si bien la historia es entretenida, el discurso es denso en varias ocasiones. No descarto que pueda ser por la traducción, que ni siquiera está firmada.
Breve recuento de las victorias de A Q
No sólo son inciertos el apellido de A Q, su nombre y su lugar de origen; aún mayor es la oscuridad que reina en relación con sus antecedentes. Ello es debido a que la gente de Weichuang sólo empleaba sus servicios personales, o le tomaba como hazmerreír, sin prestar la menor atención a sus antecedentes. El propio A Q jamás dijo nada sobre el particular; sólo cuando discutía con alguien decía a veces, lanzando una mirada furiosa:
—Nuestra situación era mucho mejor que la tuya. ¿Qué te crees?
A Q no tenía familia y vivía en el Templo de los Dioses Tutelares de Weichuang. Tampoco tenía empleo fijo; hacía trabajos ocasionales para otros: si había trigo que segar, lo fiaba; si era necesario moler arroz, ahí estaba A Q para hacerlo; si se precisaba un botero, él remaba. Si el trabajo duraba…
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Las lleva el viento,
parecen mariposas;
y son, solo hojas.

.
Diane Wei Liang es periodista y es china; una de tantos intelectuales que han abandonado el país por diferencias con el Sistema Comunista Chino. Ciertamente, aquellos autores y creadores disidentes de algún tipo de régimen totalitarista cumplen en cierta medida, (con sus lógicos matices), con las siguientes premisas, que siempre aparecen reflejadas en su obra : crítica (más o menos evidente) al Gobierno del país de origen, un costumbrismo social que refleje la relaciones de aquellos que no aceptan el Sistema frente a los que se ven beneficiados por éste, y nostalgia por la patria perdida.
Una revolución cultural que es impuesta es toda una condena para ella misma. De hecho, imágenes como esta… ¡uf! dan bastante miedito.
‘Las baladas del ajo’ es una especie de Romeo y Julieta en la China de finales de los 80. Se desarrolla en un entorno rural en pleno régimen comunista, y creedme, no tiene nada de romántico. De primeras y como rasgo más obvio, la historia de Gao Ma y Jijun resulta bastante cruda (atención a los detalles amigos, porque estos tortolitos viven, para mayor escarnio, en el Condado Paraíso. Un no te digo ná y te lo digo tó). Aunque eso es precisamente lo que uno espera cuando algo ha leído acerca de las condiciones laborales y vitales de los campesinos de la China más profunda. Ciertamente, no se trata de un relato dulce y placentero; como digo, tampoco se espera nada con este enfoque. No obstante, es sabida la cercanía de Mo Yan para con el régimen comunista chino, por lo que sorprende en cierta medida el enfoque que se le da al sistema en ‘Las baladas del ajo’
.
En un análisis un poco más profundo, y por más que Mo Yan nos quiera transmitir la dureza de esta realidad…, ¿de verdad era necesario darle un toque tan… escatológico? Bien es cierto que, rebuscando un poco, podemos encontrar esos matices tan poéticos de los autores asiáticos, esas preciosas metáforas cuando describen a las personas, por ejemplo. Recuerdo un “tenía la cara redonda y blanca, como un huevo de cisne”; o también cuando relata la historia de una mujer a la que sus vecinos llamaban tapa de tetera por su gran belleza. ¿Bonito o no? Bien amigos, pues preparad vuestros estómagos, porque durante el resto de páginas de ‘Las baladas del ajo’encontraréis montones de epítetos tales como heces, ventosidades, vómito, mucosidad, sangre, escupitajo, excrementos, pus, sudor. Casi siempre acompañados de adjetivos tan descriptivos como sucio, denso, maloliente, caliente, espumoso, infecto, hediondo, pringoso o nauseabundo. Creedme: no los cito al azar.
Dejando de lado el estilo y en lo que respecta al argumento de ‘Las baladas del ajo’ propiamente dicho, me gustaría realmente saber si existe un atisbo de exageración en algunos de los detalles que se vislumbran en las tramas de los personajes. Como sucede a menudo, especialmente en las historias que se desarrollan en localidades pequeñas como Condado Paraíso, al final las vidas de sus habitantes de cruzan inevitablemente. De sus relaciones aprenderemos mucho de la concepción de la vida en la China más profunda. Aunque, ciertamente, algunos pequeños detalles suscitan mis dudas sobre su absoluta realidad. Por ejemplo: ¿será lo normal ese trato, físico y psicológico hacia los hijos?; esas condiciones de vida, ¿están sobredimensionadas por Mo Yan para dramatizar aún más en lo que nos cuenta?; ¿es cierta esa falta de higiene?; ¿hasta qué punto son habituales algunas de esas absurdas costumbres? No puedo dejar de pensar que la acción se desarrolla en 1.987… eso es casi S.XXI.
No obstante todas estas preguntas, creo firmemente que existen verdades incontestables en lo que vemos en ‘Las baladas del ajo’. Esas personas viven condicionadas de forma irremediable por un omnipresente y totalitario gobierno, reflejado en cada uno de los funcionarios y servidores del régimen, que controlan en nombre del Estado los movimientos de aquellos a los que, supuestamente, han liberado. Es dramático. Pero además existe, intangible pero evidente, un mundo de tradiciones y supersticiones que rigen sus destinos, y que a los occidentales (insisto, en pleno 1.987) se nos escapa un poco. Lo cual no hace que sea menos auténtico.
Para quien no lo sepa, Mo Yan es un seudónimo del autor, cuyo nombre real es Guan Moye, y que significa “El que calla”. Viene siendo una declaración de intenciones. Fue Premio Nobel en 2.012.
Si queréis leer algo diferente, tanto en contenido como en forma, no lo dudéis: “Ilustrado” no os va a decepcionar. Se trata de la primera novela de Syjuco, hasta entonces un desconocido autor filipino que rompió todos los moldes con esta obra desde su publicación, obteniendo el Man Asia Literary Prize 2008, entre otros.
A pesar de su complejidad estructural, la superposición de estilos, y sus juegos con la fragmentación del tiempo, Syjuco logra mantenernos firmemente intrigados con la historia de Crispín Salvador, un escritor filipino en horas bajas, misteriosamente desaparecido, que ha dejado inconclusa su obra maestra. Aquí es donde empieza lo bueno, porque el auténtico protagonistade “Ilustrado” es un joven y debutante escritor, amigo personal, aprendiz y protegido del malogrado Crispín, y (agarraos los machos) que no es otro que el propio Miguel Syjuco.
Jugando de esta manera a combinar hasta el paroxismo realidad con ficción, en cuanto comienzas a dejarte seducir por la historia, no llegas a diferenciar cuándo comienza la una y termina la otra.
Todo esto con una ciudad – Manila -, desvirtuada, corrupta, vencida tras el post-colonialismo, como telón de fondo. Realmente esa decadencia poética de su ciudad natal, (ese recurso que tanto gusta a algunos autores), hace de Manila una protagonista más.
Es mejor no ser muy pródigo contando detalles del argumento de “Ilustrado”, para no arruinarle a nadie la intensa sensación de tenerlo en sus manos y descubrir cómo la novela negra podía llegar a reinventarse a través de un jeroglífico que mezcla vida real y literatura de forma tan correctamente dimensionada (OMG! visto está que esta crítica está inspirando mi expresividad), dejándote un agradable mareo final, como cuando miras más tiempo del debido un caleidoscopio.
Comencé este libro con muchas ganas. Ya sabéis: eso siempre te predispone a un resultado positivo, pero corres el riesgo de crear unas expectativas que finalmente pueden no llegar a cumplirse.
Llegué a Orhan Pamuk -como a tantos otros escritores no occidentales- a través de la concesión del Premio Nobel de Liteartura en 2.006. Esto, que a priori puede parecer una garantía, nos puede llevar a conocer los más áridos rincones de la Literatura. Porque no siempre lo considerado mejor es lo más fácil de consumir, en fin, el debate de siempre: calidad versus divertimento, y bla, bla, bla…
Y es que es totalmente cierto: hay novelas y autores imposibles, infumables para la mayoría; mientras que muchas obras que han conseguido grandes éxitos de ventas nos pasan por delante de nuestras narices sin que les prestemos atención, sólo porque las consideramos mayoritarias. Esto se resume en una sencilla palabra: los prejuicios.
Pero bueno, estamos aquí para hablar de “Estambul”, la original autobiografía de Pamuk que, sí, finalmente terminó por engancharme y dejar en mí ese sabor de boca tan especial que (afortunadamente) no se ha ido con los años.
Para los que no conozcáis Estambul os diré que es una ciudad fascinante, incluso para un primer contacto como turista estándar, puede dejarte embelesado en cuatro días con sus contrastes y su combinación de tradición y modernidad. Las calles, las casas, las zonas menos transitadas, y las más turísticas también… todo tiene un encanto especial si sabemos verlo. Así pues, éste fue otro elemento que me hizo llegar a este libro de lo más receptiva.
Ahora bien, aunque reconozco que me atrajo en un principio el hecho de que no se trata de una biografía al uso, y que la vida de Pamuk tampoco es que sea moco de pavo, según iban pasando los capítulos sí que se me hacía cada vez más denso el recorrer de su mano (es un decir, amigos) esta ciudad que tan bien conocía él, y que descubrí que tan, pero tan poco conocía yo. Orhan Pamuk es un científico de su ciudad natal, un auténtico fan fatal, entregado a recorrer sus avenidas y plazas una y otra vez desde su más tierna infancia, a fotografiar sus casas, dibujar las fachadas, los cruces de caminos, las calles menos pavimentadas, los restos arqueológicos menos conocidos, y los rincones más secretos. Esto le hace un erudito de Estambul aunque cueste unas cuantas de cientos de páginas darse cuenta. Sabe de lo que habla, y no se limita en exclusiva a contar lo que sabe de sí mismo, que también, sino a enmarcarlo de una forma milimétrica en la ciudad que tanto ama, y que fue testigo de todo cuanto relata.
Como digo, la vida de Orhan Pamuk no tiene desperdicio (¿por qué esta gente casi nunca tiene vidas aburridas?). Hijo de una familia acomodada pero cuyos padres vivieron una relación insatisfactoria e infeliz, el autor acaba marcado por esa ciudad tan mediterránea y oriental al mismo tiempo, mucho más de lo que yo misma puedo decir de que me marcó mi propia ciudad (y eso que, inevitablemente todos estamos marcados de alguna forma por el lugar donde crecimos).

De verdad: es que este hombre es un virtuoso de Estambul (si se puede usar esta expresión) desde su más tierna juventud, con una entrega hacia su propia ciudad que no estamos acostumbrados a vivir. Será que suele deslumbrarnos más lo que hemos descubierto en nuestra vida adulta. Lo mejor de todo es que, cuando uno termina el libro, ese largo paseo que supone su lectura nos deja la sensación de compartir con Pamuk la pasión que, año tras año de su existencia y arropándole en cada capítulo de su vida, el autor vive por su ciudad. Llegamos a identificarnos con sus gustos, que recién descubiertos por nosotros, podemos llegar a comprender y compartir: el arte del detalle en los dibujos de Melling, por ejemplo, o sin lugar a dudas, las fotografías antiguas de las calles sucias, de los barrios pobres, sin pavimentar, mal iluminadas, los palacetes derruidos, consumidos por las llamas…

Empecemos diciendo sobre esta obra que no se trata de una novela erótica, como hasta hace poco ha solido ser considerada por muchos. Tiene muchos calificativos, pero desde aquí queremos reivindicar, al igual que el propio Nabokov en su día, que Lolita no es una sucesión de escenas de contenido erótico y que por lo tanto, nunca podría encajar en este tipo de estilo literario, sino que más bien se nos relata una historia tensa, dolorosa, destinada al fracaso, casi enfermiza, de amor. Un amor nada convencional, desde luego. Para empezar, por no correspondido, lo que lo hace injusto, dominante e inútil. No obstante, en este contexto que hemos descrito, podríamos afirmar que Lolita es en mayor medida una sucesión de escenas “románticas”, si se me permite el epíteto (desde luego, no se atienen a los cánones del amor romántico tal y como lo canta Luis Miguel), por el hecho de que hablan más de amor que de erotismo.
Bien, hecha esta puntualización empecemos a analizar esta fascinante, fascinante historia. Para nada es lo que, personalmente, había imaginado que sería. Aviso a navegantes (como hacemos en otras ocasiones) que la prosa de Nabokov no es fácil, sino que tiene cierto toque de complicación por sofisticada y compleja. Puede resultar un tanto confusa en tanto en cuanto la descripción de las emociones, pero también de los paisajes. No en vano estamos hablando de uno de los mejores autores del S.XX. De todas formas, es cuestión de acostumbrarse en las primeras cuatro páginas, ya que el mensaje es sencillo y llega al lector sin problemas. Sobre esta cuestión hemos de decir que este escritor se había desenvuelto hasta el momento de escribir Lolita siempre en ruso, su legua materna. Y que se propuso escribir en inglés después de trasladarse a EE.UU.
Para ello decidió retomar una historia que ya había dejado perfilada en ruso, aunque introduciendo no pocos cambios en la misma con posterioridad, hasta llegar a nosotros tal y como la conocemos.
Con respecto a lo dicho sobre las descripciones de los paisajes (ya que Lolita se trata de una historia de carretera), estos tienen su importancia puesto que imprimen la percepción del propio Nabokov como extranjero en aquellas tierras, que podríamos denominar la “América profunda”. Veamos un ejemplo de este tipo de descripciones: “Poco a poco los modelos de esas rusticidades elementales se fueron haciendo tanto más extraños ante mis ojos cuanto más de cerca los conocía. Más allá de la llanura cultivada, más allá de los tejados de juguete había una lenta difusión de inútil encanto, un sol bajo, en medio del halo platinado, de tintes tibios, color durazno pelado, que invadía el borde superior de una nube bidimensional, gris-paloma, medio fundida con la distante niebla amorosa.” Ahí es ná… ¿Entendéis ahora lo de la prosa sofisticada?
Sin embargo no toda la novela está escrita con tal vocabulario, sino que en realidad es fácil que la historia llegue a arrastrarnos como en los casos de los mejores best-sellers. Tiene suficiente fluidez, y el testimonio de Humbert, el desdichado protagonista agobiado por la culpa, primero, y por el recuerdo, después, resulta tan auténtico y desgarrado, que consigue hacernos llevar y dejarnos profunda huella. Este pobre hombre – fascinado hasta el tuétano por las nínfulas– se debate entre sus más bajos instintos y la intención más ferviente de no corromper a su “víctima”.
Y ésta es otra de las grandes sorpresas de la novela: la propia Lolita. Según se mire, no tiene mucho de víctima, en realidad. Aunque se ve inevitablemente arrastrada por esta historia de la que termina participando, un poco por necesidad, y un poco también por interés.
Esta forma de tratar una relación pedófila, semi-incestuosa, procurar explicar los motivos, las distintas intenciones de sus protagonistas, conocer los deseos más íntimos y egoístas de cada uno de ellos, así como el tirón y la profundidad de los personajes (todo ello resultan grandes sorpresas para el lector que no conozca mucho de esta novela), ha llevado a varias adaptaciones al cine de Lolita: una primera de Kubrick, de 1.962, y otra posterior de 1.997, de Adrian Lyne. Los enlaces a las pelis son de Filmaffinity. En la primera versión, al castigado por la culpa Humbert lo protagoniza un enorme James Mason. Mientras que en la segunda, a Jeremy Irons Humbert se le queda en un pobre hombre con cara más triste que Bambi en el día de la madre . Sin embargo, con las Lolitas pasa, en mi opinión, al contrario: Dominique Swain clava a esa niñata maleducada, desgarbada, sucia y definitivamente sexual. En fin, para gustos los colores, aunque como es habitual, creo que ambas desmerecen la calidad de esta obra.
Me confieso públicamente fan-fatal de Murakami. Lo cierto es que aún no he leído todas sus novelas, y he de reconocer también que llegó a mí un poco de rebote (por no contar la historia “larga” de que llegó a casa y no fuí yo quien había escuchado hablar de él. Vamos, en la inopia total). Sin embargo el hecho de que El fin del mundo… fuera una edición de Tusquets ya me olía bien. Así que me dispuse con mucha curiosidad a ver de qué iba esto de los autores japoneses. Bien es verdad, y lo digo por si hubiera alguien interesado en iniciarse con este autor, que no tiene muchas coincidencias con otros autores japoneses contemporáneos que yo conozca. Porque… cómo explicarlo… Murakami es capaz de crear universos enteros en cada una de sus novelas. Y eso no lo digo yo, que soy una pobre bloggera aficionada a la lectura. Se le ha catalogado como el escritor más cool del mundo, o como artífice del pop art literario. Casi ná. Anda que también los críticos literarios tienen sus días de máxima inspiración…
Os aconsejo fervientemente leer este “retrato robot” sobre el escritor que realizó el periódico The Times, y que encontraréis traducido aquí gracias a Papel en Blanco. Vamos, que es todo un personaje.
Como decía, como pers
ona este señor debe ser ciertamente especial. Tiene ciertas fijezas con algunos de sus hobbies como dejó bien claro con la obra De qué hablo cuando hablo de correr, una especie de diario profesional de lo que son sus entrenamientos, sus dietas, sus marcas, las maratones en las que ha participado (debidamente documentado y acompañado de fotografías), así como las sensaciones que le proporciona esta actividad, anotadas con todo detalle, como suele hacer siempre que un tema le interesa y le produce cierta fascinación. Pero no engañarse: no es una novela. De hecho es un libro que me veo incapaz de llegar más allá de hojear. Demasiado atletismo para ser leído.
Lo que quiero decir con esto es que Murakami… is different.
Retomemos El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Esta obra me dejó fascinada. Tanto, que aunque he seguido leyendo a este autor, aún no he encontrado otra de sus obras que me dejara con la boca igual de abierta. Eso sí: no es una novela que yo aconseje a principiantes. Es árdua de leer al menos en sus primeros capítulos. Porque su estructura, como ocurre en algunas otras de sus novelas como Kafka en la orilla (de la que hablaremos en otra ocasión), se repite eso de las dos historias paralelas que se alternan y que aparentemente no tienen puntos coincidentes. Hasta que llega un momento en que ambas convergen, bien a través de los personajes, bien a través de las situaciones. Y entonces todo empieza a encajar. O todo lo contrario. Pero lo que sí puedo asegurar es que la trama llega a ser hipnótica (y esta palabra no está elegida al azar), enganchándonos con la historia aunque no seamos capaces de entender muy bien qué narices está pasando. Murakami dosifica las explicaciones de manera que llegues a sentir un poco esa ansiedad y desorientación que están sufriendo sus protagonistas. Personalmente, creo que no es una sesación fácil de provocar a través de las palabras. Y en eso le doy un 10.
A través de historias que parten de personajes atormentados, perdidos, en plena búsqueda de respuestas, este autor consigue meternos en mundos que pasan de la intriga propia del género policíaco, a la pura ciencia ficción. Pasando por la Filosofía.
Porque he encontrado ciertos rasgos que aparecen en numerosas de sus novelas, como suele pasar cuando hay temas que preocupan e inquietan de forma particular a algunos autores. En el caso de Haruki Murakami son la Literatura, la Filosofía, el amor más platónico, la muerte. Cuando trata más ampliamente estos temas es cuando podéis encontrar que sus novelas se hacen un poco más… densas. También hay detalles (menos profundos, no va a ser todo ponerse intelectual) que aparecen en varias de las obras de este señor: las bibliotecas, los gatos (¡!), el mundo más espiritual (incluyendo aquí a los espíritus y personajes malignos), el sexo, la comida o la higiene personal. Me gusta especialmente cuando describe con tanta precisión cómo cocinan o se asean sus personajes. Le queda todo tan pulcro y tan bien contado, que te da por pensar en si él hace este tipo de cosas tan mecánicamente. ¡Cuánto detalle en tan pocas palabras!
Por lo demás remarco aquello de que consigue imbuirte en un mundo totalmente personal, único, y profundamente asocial, así que si en algún momento buscáis una lectura un poco más sofisticada, un libro que os haga revolveros en el sofá, disfrutar de la turbación y las historias imposibles, Murakami es vuestro autor.

https://comunidadlectora.wordpress.com/category/autores-asiaticos/

¡ah! Los fantasmas,
que habitan en los pinos
cuidando el monte.

Van las montañas
con su joroba calva
mirando al cielo.

MIRIAM TEY.— Gao, usted acaba de terminar una película, ¿cuál es su título?
GAO XINGJIAN.—El duelo de la belleza; es el mismo título de un poema que publiqué hace ya tres años, que son los que he tardado en realizar esta película.
¿Qué tenía que decir en esta película que todavía no hubiese dicho?
Es un largo poema, la película también lo es, dura dos horas, es una crítica profunda de nuestra época, de nuestra sociedad. La belleza ha desaparecido.
¿Por qué cree usted que la belleza ha desaparecido?
Porque solo hay política, porque la política lo invade todo, y por otra parte los mass media y la ley del mercado están en todas partes. Ya no hay lugar para la belleza. Incluso en el arte digamos contemporáneo ha desaparecido la belleza, solo hay ideas, conceptos, marketing, diseño, pero la belleza, aquella imagen que nos conmueve, ha desaparecido.
Una película como la suya es de difícil comercialización en Europa y no podría ni siquiera ser estrenada en China por ser usted el director. Pero, ¿cuál de los dos sistemas impone más dificultades al desarrollo y la divulgación del arte, las leyes que imponen el consumismo capitalista o la dictadura comunista?
Las dos, también en el comunismo la política lo invade todo, además está la censura, no hay libertad, y ahora en los países excomunistas, aunque haya una cierta libertad más bien es puro marketing, el arte contemporáneo es puro marketing, en mi opinión es el fin de la belleza; pero no es algo reciente, la belleza ya desapareció a mediados del siglo XX. Son las leyes del mercado las que manipulan, las que controlan la creación del arte. El verdadero lugar del artista ha desaparecido. Por eso mi película es una llamada a los artistas, para que vuelvan a la verdadera creación, al sentido de la belleza, el arte no puede estar al servicio de la moda, de la política o del mercado.
¿Se puede dar verdadero arte en una sociedad que resulta ser un medio hostil para el artista?
Las condiciones de los artistas siempre son difíciles, pero nunca han resultado tan difíciles como hoy en día, en el pasado, por supuesto existía la presión política, pero antes las leyes del mercado no eran tan fuertes, actualmente la ley del mercado está por todas partes, y la corrección política se ha convertido en la verdadera presión política, porque tanto en los países democráticos como en los países excomunistas la intervención de la política está siempre presente, pero de diferente manera. Por ejemplo, en un país de régimen democrático, como Francia o España, los gobiernos no pueden forzar a los artistas a seguir sus políticas, pero existe una ideología detrás de la política y de los partidos políticos, es la ideología de lo políticamente correcto que se impone, y si el artista no sigue esa línea de lo políticamente correcto es excluido del horizonte; pero los artistas tienen que tener la fuerza de oponerse a esta imposición, de resistir y mantenerse independientes en su pensamiento y en su creación, sin convertirse en portavoces de una u otra política. Por otra parte, si el artista busca vender está obligado a seguir las corrientes de moda del mercado; en ese momento es la ley del mercado la que conforma al artista. Si los artistas resisten y siguen su propia voz, su verdadera creación, sin someterse a la corriente, a la publicidad o a la moda, a todo eso que es tan fuerte, y conservan su libertad que está en su mano, si el artista es verdaderamente consciente de las influencias, de las intervenciones que llegan de todas partes, si resiste con su propia voz, él puede perfectamente continuar creando; es por eso que esta película es una llamada a un nuevo renacimiento que quiere decir una vuelta al sentido de lo bello, vuelta al juicio estético, vuelta al sentido humano, vuelta a enfrentarse a las verdaderas cuestiones existenciales. Este es, creo yo, el verdadero trabajo del artista de nuestros días.
Entonces, ¿usted cree que el artista tiene una responsabilidad frente a la realidad, a la verdad, a la injusticia, que la voz del artista tiene que hacerse oír, o un artista puede permitirse vivir de espaldas a la realidad?
Un verdadero artista no puede vivir sin ser consciente, al menos el escritor no puede; por otra parte, si su escritura no se somete a la moda, es verdaderamente difícil vivir de la escritura. Si persistimos en una escritura que no sea sumisa, que no siga la moda, que no sea para vender, es realmente difícil. Si uno escribe asumiendo las verdaderas dificultades existenciales, como don Quijote —ese caballero… en mi película también se evoca la imagen de ese caballero pobre, delgado que se enfrenta a la tormenta—, el artista no puede hacer nada; esa es una imagen en la que profundizar porque es la imagen de la posición de los artistas en nuestros días.
Si tomamos la creación artística como la moda, entonces eso pasará muy rápido, no será gran cosa, pero si queremos que el arte permanezca como un patrimonio de la humanidad, como los grandes maestros de la Antigüedad, deberá reflejar la verdadera reflexión profunda e independiente de los artistas. Pero en el arte de hoy en día, incluso el arte contemporáneo expuesto en los museos, se aprecia la influencia de una ideología que supone la subversión, que supone la revolución del arte, que supone hacer tabla rasa con todo lo que antes era bello…, en el fondo todo esto es muy marxista, y esta ideología persiste todavía entre nuestros artistas.
Usted habla a menudo de la libertad en el arte, pero, ¿cree usted que, hablando en el sentido más profundo del término, el hombre puede ser libre?
Sí, yo creo que el hombre tiene su libertad, si somos conscientes de la necesidad de ser independientes, si el hombre es capaz de reflexionar con su propia cabeza, si es capaz de encarar este mundo, tantas veces absurdo, con sus propias experiencias y responder a las condiciones existenciales, encarando todas las dificultades humanas, entonces sí. De hecho, ese es el tema que afronta siempre lo que considero el verdadero arte; el arte no es una reacción temporal, inmediata, políticamente correcta, el gran arte no es eso. El artista tiene libertad a condición de que sea consciente de esa necesidad de libertad, pero no hablamos de libertad para conseguir un provecho material o político; es por eso que, en el fondo, la libertad nunca nos es dada por otro, ni nos la da la sociedad, ni siquiera en un país de régimen democrático hay libertad si no somos conscientes. Si somos conscientes de ello, si pensamos con nuestra propia cabeza y escuchamos nuestra propia voz, sin asociarla a intereses materiales o políticos, en ese caso la libertad está ahí. Pienso que en nuestros días tenemos necesidad de coger la libertad con nuestras propias manos, sin pedírselo al poder político, ni al mercado, por supuesto, que es ciego y nos hace crear solo para vender.
¿Cómo interviene o qué influencia tiene en su arte, en cualquiera de sus expresiones artísticas, el dolor, el sufrimiento?
Más bien es una soledad, es decir cuando estamos en soledad, en esa soledad escogida, pienso que la soledad no es negativa. Cuando estamos en esa situación, en soledad y somos conscientes, en ese momento empezamos a reflexionar verdaderamente, sin seguir las corrientes del pensamiento en boga, sin seguir ciegamente lo que dicen los mass media, entonces la libertad está ligada a esta soledad despertada por los artistas.
El espíritu y el alma son dos conceptos que aparecen continuamente en su obra literaria, en sus novelas, en su teatro, poesía o ensayos. ¿Qué significan para usted estas dos palabras?
Es la consciencia. El espíritu o bien el alma son para mí una consciencia, una lucidez que se enfrenta a este mundo tantas veces absurdo; si somos conscientes, si tenemos esa consciencia lúcida, tenemos su fuerza, y somos capaces de afrontar todas estas dificultades, sin someternos a ningún interés.
Y ¿cree usted que la situación actual, la sociedad en la que vivimos, pone al hombre en una mayor dificultad para vivir su espíritu, para vivir de acuerdo a su alma, de acuerdo a la consciencia? ¿O las dificultades son las mismas de toda la vida, las que ha tenido siempre el hombre a lo largo de los tiempos?
Es difícil, hay muy poco espacio para el pensamiento verdadero, todo está ocupado por la política, actualmente la política no es un asunto de todos, es más bien la política del escrutinio, cada partido político quiere llevar a cabo sus políticas para conseguir votos, para conseguir el poder en el siguiente gobierno; no hay belleza en la política, no hay política de visión a largo plazo, con perspectiva, hoy los políticos tienen una visión muy corta, solo miran los escrutinios de la opinión; creo que la política es lamentable, esta política es la que ha conducido a la crisis profunda en que está sumido Occidente, porque esta política es la que ha empujado a los países al declive.
Y ¿por qué cree usted que la política ha perdido la belleza que tuvo una vez en el pasado, por qué cree usted que ahora la política es peor de lo que fue?
Esta es una verdadera pregunta y muy profunda que debemos responder y que no pueden responder solamente los artistas. Hace falta un nuevo pensamiento, lo que yo llamo el «Nuevo Pensamiento», un nuevo Renacimiento. Si nos instalamos en la rutina de lo que nos dicen los mass media todos los días, no puede haber lucidez, repetimos las mismas cosas y el discurso va empeorando; es la crisis cada vez más grave que hay en todo Occidente porque falta una verdadera política, una política clarividente que vea dónde se dirige la humanidad que sigue unas leyes de mercado ciegas o una política de escrutinios. Hace falta un Nuevo Pensamiento, hacen falta pensadores, hacen falta filósofos, artistas, escritores que reflexionen; no podemos esperar eso de los políticos en este momento. Esta es la verdadera y profunda cuestión de nuestros días.
Entonces, aún queda esperanza, según usted. ¿Se puede crear un espacio donde este Nuevo Pensamiento tome forma y se desarrolle? Y teniendo esta esperanza frente a nosotros, ¿cuál es su verdadera ambición ahora? ¿Cuál es su próximo sueño por cumplir?
Mi película El duelo de la belleza no es simplemente sobre la creación artística, una crítica del arte contemporáneo, o mejor dicho del marketing del arte contemporáneo. Hay muchos artistas que trabajan independientemente fuera de estas leyes y, aunque es difícil, persisten en mantenerse fuera del horizonte de los mass media, fuera del marketing, porque se trata del espíritu, y siempre han existido artistas así. Y con respecto al pensamiento, siempre ha habido también pensadores que se sitúan más allá de la política, más allá de lo políticamente correcto, porque el verdadero pensamiento no ha nacido nunca dentro de lo que responde solo a la actualidad, donde no hay tiempo para la reflexión, pero puede haber un verdadero debate que afronte las verdaderas dificultades de nuestros días. Por ejemplo, por qué esta crisis profunda ahora en Occidente, ¿por qué? Bueno, hace falta reflexionar profundamente, hace falta otra política y, claro, hace falta el debate, pero ¿dónde está el lugar para que se dé este tipo de debate, esta reflexión pública, este verdadero pensamiento? Pensadores, filósofos, siempre ha habido gente que piensa, que reflexiona, pero no tienen medios para dar a conocer su pensamiento, este es el problema, y no somos suficientemente conscientes; yo busco a los verdaderos pensadores contemporáneos, los busco.
¿Y los ha encontrado?
Es raro, porque en las relaciones, en mis relaciones personales, a menudo aparecen en conversaciones, pero en la prensa, en las publicaciones encontramos muy poca cosa.
¿Y puede usted darnos algún nombre?
No.
¿Y cree usted que Internet puede ser una plataforma en la que estos verdaderos pensadores sin medios encuentren un espacio donde expresarse?
Sí, puede ser un medio a través del que comunicarse, pero el verdadero pensamiento no se da en Internet, no lo creo. Efectivamente, podemos crear un blog y publicar ahí, pero entonces faltan los medios para darse a conocer. El verdadero pensamiento no puede darse en unas pocas líneas, en unos minutos, concentrarse en un pequeño mensaje, el pensamiento no es eso. Además hoy en día se lee muy poco, todos los jóvenes tienen su móvil y los mensajitos se apoderan de todo el tiempo y eso ocupa el espíritu, se lee mucho menos que antes; este es también el problema actual, este desarrollo de la tecnología no empuja verdaderamente a la sociedad hacia el pensamiento. Es por eso que es necesario que los verdaderos pensadores creen un Nuevo Pensamiento que despierte a la gente.
En su literatura, en su cine, en su teatro, en su pintura, el hombre que usted retrata parece perdido, parece que está siempre buscando algo. ¿Qué es lo que busca el hombre representado en su arte?
El hombre está siempre de cara a la dificultad y, por ejemplo, en mi anterior película, la que hice con Círculo de Lectores, Después del diluvio, se afrontan los problemas ecológicos, el deterioro de las condiciones de la naturaleza, el diluvio es un símbolo, es como una fábula en la que se muestra la angustia que vivimos en la actualidad frente a nuestro mundo.
¿Qué es lo que se siente usted más esencialmente: un escritor, un pintor, un hombre de teatro, un cineasta?
No, yo lo amo todo, yo practico todo y lo amo todo, para mí el escritor, el pintor, el cineasta, el teatro no son una profesión para ganarme la vida. Si no tomamos todas estas creaciones artísticas como profesiones, todas son lo mismo, son simplemente la pasión que te empuja a hacer eso. Desde que era niño me ha interesado todo, la poesía, el arte, la pintura, la escritura, también el cine, el teatro… He organizado mi pequeña compañía con estudiantes, y yo mismo actúo, hago la escenografía… Yo soñaba con realizar mis propias películas, y El duelo de la belleza es el resultado de mi reflexión sobre el cine durante más de cincuenta años. Cuando era estudiante leí la obra de Eiseinstein, el cineasta ruso, en la que hablaba sobre el montaje, fue él quien lanzó verdaderamente «la gramática» del cine y es así como el cine se convierte en un arte, comenzó con él, por su concepción sobre el montaje, se trata de una obra estética. Yo soñé cuando era muy joven que se podría hacer cine de la misma manera en que se escribe poesía, desembarazándose de la narración, yo soñé con hacer ese tipo de películas. Una película como esta no está destinada a un fin comercial, nunca estará a la venta. En estas condiciones sí me puedo expresar lo mejor posible, puedo crear buen cine, mi género de cine, y me lo tomo como una verdadera creación artística.
Y en su cine ¿cuál de estos factores es esencial, a cuál le daría prioridad: al color, al movimiento, a la música, a los actores, a la palabra…?
Efectivamente, yo tengo una pasión por el cine porque el cine puede movilizar todos los medios de creación artística. Está la actuación de los actores, no podemos minusvalorar el papel de los actores, está la danza, la música, está también la pintura, el arte cinematográfico en sí mismo, los planos, el zoom, los encuadres… Esta tecnología del cine puede asimilar todos los géneros de creación artística, es por eso que considero el cine como un arte total, y esta película no es una película de ficción, donde se cuenta una historia, con una forma de narración, no, el cine es tan rico que he podido meter todas mis formas de expresión artística en esta película, convirtiéndola en lo que yo llamo, de hecho es mi sueño, un arte total.
Y por último, podría darles un consejo a los jóvenes artistas que empiezan ahora, de cómo afrontar este difícil mundo que les espera?
Sí, a los jóvenes de hoy en día les puedo aportar mis propias experiencias, cuando yo tenía dieciocho años soñaba con hacer mi cine, pero no tenía los medios para hacerlo, pero esta idea, esta reflexión, esta estética del cine ya la tenía bien formada, bien alimentada, bien reflexionada, y más de cincuenta años después he realizado mis películas. Si tuviese que darles un consejo a los jóvenes artistas les diría que encuentren una profesión con la que ganarse la vida, pero que no mezclen el arte con la profesión. No hay que mezclar el arte con la vida material, el arte es otra cosa. Si tienes una forma con la que ganarte la vida, entonces haz tu arte aparte de tu profesión, tu verdadero arte, realizar tu verdadera búsqueda es posible, yo lo he hecho así. Cuando estaba en China, ser traductor era mi profesión, y aunque no podía hacer otra cosa continué escribiendo a escondidas, y después de la muerte de Mao Tse Tung logré publicar, aunque siempre tuve problemas de censura, ataques…, continué escribiendo. Después vine a Occidente donde existen otro tipo de problemas, depresiones. Si tuviese que dar un consejo a los jóvenes artistas les diría ganaros la vida, a través de cualquier profesión, camarero en un restaurante, si yo fuese joven lo haría, pero por las noches, los domingos, durante las vacaciones, hacer vuestro arte. Así podemos ser libres, así somos independientes, así los artistas podemos hacer lo que queremos.

El escritor chino Mo Yan es el nuevo Nobel de literatura «por su realismo alucinatorio, que une el cuento, la historia y lo contemporáneo», según la Academia sueca. Y es cierto: los cinéfilos recordamos con admiración la adaptación que en 1987 realizó Zhang Yimou de su novela Sorgo rojo.Curiosamente era la primera novela de Mo, la primera película de Zhang y la primera vez que aparecía en pantalla la actriz Gong Li, protagonista del filme. El drama obtuvo el Oso de Oro de Berlín en 1988 y supuso el lanzamiento internacional de la pareja Zhang-Li.
En aquella Berlinale, Ángel Fernández-Santos salió maravillado del pase y escribió: «Ayer, hablar aquí de cine chino sonaba a eso mismo, a chino, a asunto de marcianos. Hoy, después del estreno de Sorgo rojo, este entuerto se ha enderezado en parte. Ya hay aquí, al alcance de amantes del buen cine, una película china, y son muchos los que van a quedar sorprendidos ante la sensación de cercanía que les va a causar esto que ayer era para ellos cosa extraterrestre […].
No es este filme —aunque tiene características de interpretación, tiempo y ritmo que chocan con la educación occidental— un ejemplo de exotismo. Por el contrario, sorprende de él su ajuste con las leyes del clasicismo cinematográfico, tal como son universalmente entendidas. Tratándose de un asunto argumental local, lo es a la, manera de los grandes westerns: un localismo perfectamente inteligible desde cualquier latitud del planeta.
Una hermosa, enérgica y, al mismo tiempo, sutil película. Hecha en nuestras antípodas, parece de aquí al lado, nos concierne, nos habla en nuestro propio murmullo profundo, el que parece empujar, oculto detrás de las sábanas blancas de las pantallas, sobre las evidencias de lo que ocurre encima de ellas, dando así hondura a su horizontalidad. Excelentes actores componen tipos totalmente veraces, que saben combinar suavidad y dureza —Sorgo rojo contiene, junto a desgarros épicos y líricos, un sólido ejercicio visual sobre la violencia— en esa delicada tierra de nadie que proporciona magia y densidad al escaso, cine que sabe encontrar los accesos a la crucial zona intermedia que hay entre lo oculto y lo evidente en una pantalla».
Es religioso,
contemplar las montañas
en procesión.
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Los hombres y los peces tienen en común que los grandes hombres y los grandes peces han desaparecido todos. Bien se ve que el mundo no está hecho para ellos.
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Ninguna alegría. La alegría no existe más que en relación a la tristeza.
Solo cae la nieve.
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Aparentar que se comprende, pero de hecho no comprender nada.
En realidad, no comprendo nada, pura y simplemente nada.
Así es.
