La huída de Rubén García García

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Con un portafolio bajo el brazo y una pequeña maleta abrió la puerta con precaución. Dio una última mirada a su casa. Dormían. Antes de cerrar escuchó la voz de su hija.
—Por qué te vas? —La luz del foco resbaló por su bata y delineó la silueta de una mujer en plenitud. Se acercó para darle un abrazo y decirle al oído:
—Me proponen un negocio y veré de que se trata.
—No mientas papá, pero respeto tu decisión. —ella sabía que no era cierto, intuía el porqué. Más de alguna vez sintió en su espalda el peso de su mirad
a.

El astrónomo que diseñó el primer vehículo a vapor de la historia en 1672, como un regalo para el emperador de China

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Mis mejores tiempos ya se fueron de Rubén García García

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Por la madrugada escuché pasos felinos y sin levantarme tomé la Smith y disparé. Una sombra desapareció por la escalera de emergencia. Había escondido como parte de la suela del zapato la memoria donde estaban grabadas las pruebas contra el senador Quin, un narcopolítico. Por la mañana, a punto de abrir el enfriador, un ruido extraño me alertó y sin pensarlo me tiré por la ventana. Segundos después una explosión sacudía la vivienda. Escapé por el traspatio. “ya no estoy para estos trotes; me dije. Dejé el libro negro, y me rehíce en la poltrona para descansar del atrevimiento.

Gabriela Mistral

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No había visto antes la verdadera imagen de la Tierra. La Tierra tiene la actitud de una mujer con un hijo en los brazos (con sus criaturas en los anchos brazos).
Voy conociendo el sentido maternal de las cosas. La montaña que me mira, también es madre, y por las tardes la neblina juega como un niño por sus hombros y sus rodillas.
Recuerdo ahora una quebrada del valle. Por su lecho profundo iba cantando una corriente que las breñas hacen todavía invisible. Ya soy como la quebrada; siento cantar en mi hondura este pequeño arroyo y le he dado mi carne por breña hasta que suba hacia la luz.

Minificción, nuevas posibilidades en Juan José Arreola y Édgar Omar Avilés por Por Maritza Flores Hernández

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Abril 05, 2022 / Por Maritza Flores Hernández

Los ultimos dos años (de pandemia), sumados a las clases, el trabajo, las compras y las comunicaciones en línea, suponen el motivo por el cual, ahora, los lectores prefieren los cuentos cortos, los poemas breves, las noticias en cápsulas o en tiktok; sin embargo, hay algo de artificio en esto. Por cierto, ¿cuál es su minificción favorita?

Existen mificciones que levantan la ceja de cualquier lector, por ejemplo:

Doxografía de Francisco de Aldana:

No olvide Usted, señora, la noche en que nuestras almas lucharon cuerpo a cuerpo.

Minificción de Juan José Arreola—publicada en su libro Palindroma, en 1971— que devuelve al lector la posibilidad de pensar, imaginar y hasta soñar con la imagen de dos almas que luchan cuerpo a cuerpo.

O más bien, ¿se tratará de que los dos cuerpos contienden mutuamente y luego, en esa brega, las almas se juntan y pugnan una contra la otra?¿O el alma de un cuerpo se bate contra el cuerpo de la otra alma?

¿Acaso, en esta minificción, hay duplicidad de lenguajes, de significado de las palabras?

Entonces cabe especular que este autor mexicano se esté refiriendo a la posibilidad de que, al batallar los cuerpos, sean las almas las que se tocan; porque no existe contacto carnal que no implique la revelación espiritual de y entre los hombres, pués aun en el amor erótico, lo auténticamente sensible está en el interior de lo humano y no en la materia.

Así, Arreola —originario de Jalisco— reúne en una imágen poética la ficción y la realidad, ya que ante la posibilidad de que la fricción entre dos cuerpos caiga en el olvido, es la memoria quien viene al rescate, gracias a la huella indeleble que un alma deja en la otra.

Por otra parte, paralelamente, podría ocurrir que, conociendo al célebre poeta del amor cortesano, Francisco de Aldana, se cuestionase: ¿somos seres trascendentes?

En fin, Usted, querido lector, seguramente ya estará dilucidando el verdadero sentido de esta obra que involucra no sólo la concision del idioma, sino del pensamiento, hasta el punto de tratar de conjeturar el por qué de la frase inicial: “No olvide Usted, señora, la noche en que…”

La minificción es un género literario que, según los expertos, surge y crece en el siglo XX, gracias a escritores como Augusto Monterroso, Juan José Arreola y Salvador Elizondo, cuando ni siquiera había computadoras y nada acontecía on line.

Antes y ahora, el éxito de la microficción se debe a que resulta graciosa, amena. Se trata de genuinos juegos de sutilezas y destrezas entre el escritor y el lector. Que, además, no requiere de ningún tipo de preparación previa; bastando tener la disposición para leer y divertirse, usando la propia experiencia de vida.

Édgar Omar Avilés narra:

El Pueblo del puerto

Luego del tsunami, en el pueblo del puerto hay sirenas peinándose en las bañeras, otras nadan en el fondo de los vasos de tequila, los conductores las ven reflejadas en los espejos retrovisores, las amas de casa las encuentran al abrir una lata de sardinas, en la radio la cumbia se interrumpe y se escucha el enigma de sus cantos, los niños las descubren jugando escondidillas, el párroco asegura que en las noches de lluvia un ejército de ellas va a la iglesia y seduce a los ángeles.

Luego del tsunami, el pueblo del puerto quedó sumergido, y a las sirenas les aterra que los fantasmas humanos persistan bajo el mar.

Esta minficción, publicada en el libro Yo no canto, Ulises, cuento, dedicado a “La sirena en el microrrelato mexicano” (Ediciones Fósforo, México, 2008, bajo la compilación de Javier Perucho), refiere toda una historia con el antecedente de cómo era el pueblo antes de la llegada del tsunami.

Igualmente, advierte que los tsunamis, fenómenos naturales, traen desastres y cosas imprevisibles para los hombres de tierra, entre otros las sirenas, seres fantásticos y, muchas veces, monstruos temibles.

¿Recuerda Usted, querido lector, la antigua frase: “se dejó llevar por el canto de las sirenas”?

Según el conocimiento popular, esta frase conlleva que quien resulta hechizado por el canto de las sirenas es llevado al fondo del mar y devorado por estas; otros, no quieren ni pensar en el horrible destino de sus víctimas.

Mas, ¿qué pasa con los habitantes de ese pueblo que las hallan por doquier?

El narrador, Avilés, nacido en Morelia, Michoacán, deja ver que todos escucharon el canto de las sirenas porque se hacían oír a través de la radio en lugar de las cumbias o del reguetón o de lo que Usted prefiera imaginar.

No obstante, los niños jugaban a las escondidillas con ellas y las mujeres las encontraban hasta en las latas de sardinas o se les veía en las bañeras.

A la anterior extrañeza, se debe observar, no hay sirena con cola de pescado paseando por las calles ni cruzando la sala de la casa para darse un baño en la bañera. Eso no existe, no es posible. Salvo que se tenga presente a “La sirenita”, película estrenada en México en noviembre de 1989, de los realizadores John Musker y Ron Clemens, y guion de Roger Allers. Producción de Disney basada en el cuento del mismo nombre, del autor danés, Hans Christian Andersen, publicado en 1837, dentro del libro Cuentos de hadas contados para niños, tercer volumen.

En términos generales, cuentan que la sirenita, enamorada de un príncipe humano, renuncia a su cola de pescado para tener piernas y caminar sobre el suelo; aspirar el oxígeno del aire con sus pulmones y no del océano con sus branquias.

Hans Christian Andersen, en su cuento, precisa que la sirenita conversa con su abuela:

suponiendo que los hombres no se ahoguen —preguntó la pequeña sirena— ¿viven eternamente? ¿No mueren como nosotras, los seres submarinos?

La abuela le informó, los humanos viven menos que las sirenas, pero su alma es eterna. Tanto en el cine como en el libro, el final de la protagonista puede resultar trágico y aleccionador al mismo tiempo.

Ahora bien, continuando con el cuento, el párroco se queja de que los ángeles se han dejado seducir por las sirenas.

Corresponde preguntarse, (Sí, Usted también, querido lector): ¿normalmente los ángeles se dejan ver?

Para este punto, ya se está inmerso en el escenario natural de las sirenas; es decir, en el fondo del mar. Por si a alguno se le escapó, el autor precisa: “luego el pueblo quedó sumergido”, empero las sirenas están aterradas, los fantasmas de los humanos persisten.

Dicho de otro modo, ¿cuál es el estado del párroco, de los niños, de las personas en ese pueblo? Si se sabe que a las sirenas les gusta cazar a los humanos, atrayéndolos con sus cantos, ¿qué es lo que hacen con ellos, una vez, en el fondo del mar? ¿Cuáles fueron las consecuencias del tsunami? ¿Alguna vez, en el cuento, el pueblo recuperó su forma original y anterior al tsunami? ¿Cómo arribaron las sirenas al pueblo? ¿Cuál es el tamaño de una sirena en relación a un humano? ¿Quiénes son realmente los seres sobrenaturales?

Claro, la minificción apuesta en favor de un texto breve, lúdico, basado en una doble escritura y lectura, soportados en la memoria, palabras, oraciones, párrafos, leyendas, cuentos, refranes propuestos tanto un autor perspicaz como por un lector astuto. Son historias para disfrutarse a pequeños sorbos, para releerse y reflexionarse hasta dar con nuevos detalles.

¿Y qué pasa si no se conocen las historias de las sirenas ni se sabe nada del poeta Francisco de Aldana? La respuesta es fácil: se disfruta del juego de las extrañezas producto de la convivencia entre ángeles y sirenas; y de la lucha entre dos almas y dos cuerpos; o aprovechando la existencia del internet, se apropia de nuevos conocimientos para acrecentar la microficción y sus posibilidades.

Como siempre, la última palabra la tiene Usted, querido lector.

Maritza Flores Hernández

Cuentista, ensayista y también abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestría en Literatura y Creación Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antología de cuentos “Cuarentena 2020”.

La mariposa parda de Rubén García García

Sendero

La mariposa tenía colores pardos y soltaba una pelusilla gris cada vez que se posaba en una flor. Volaba como si tuviese un ala rota, en tanto las amarillas lo hacían como breves fogatas sobre las olas del mar. Oculta tras un viejo árbol veía con admiración la fuerza de las monarcas; a ella le dolía el ala.

«reumatismo juvenil», -le había dicho su mamá, «es cosa de familia». Hacía interrupciones en el vuelo y eso molestaba a las flores ya que manchaba sus pétalos. «Esa mariposa tiene mucha caspa» Cuchicheaban. Ella dejó de volar sobre ellas y lo hizo de árbol en árbol.

Las flores doradas se enfermaron de palidez y arrugas. En silencio sollozaban al verse ajadas y polvorosas. La mariposa fue hacia ellas y aún así tuvieron fuerza para decirle: «llévate tu caspa a otra parte». Una flor infante, le dijo: «acomódate a mi lado y cuéntame de la vida que no conozco el mundo»

Le habló de la montaña, del viento, de la alegría del pájaro y del viejo cedro que fue su confidente. Los días siguieron como la gota de rocío que rueda. A la flor niña la llenó de su caspa gris. Hasta que la flor le pidió que la peinara y la mariposa fea vio que el color y la tersura llegó de nuevo a sus pétalos…

Un Clarín cantaba a lo lejos.

«i will come to see you again» – Nayana Nair — it rains in my heart

. and when i come to meet youthere are oranges buried in snowand grenades in fruit bowls.there is your smile that is lockedin a room filled with flammablesyour new bedroomyou tell me as you turn away.i take steps towards this ruined shrineand a ghost, wearing all the dead roses of our world,holds a spear of […]

«i will come to see you again» – Nayana Nair — it rains in my heart

EL MÚSCULO DE MI LEALTAD — palabras a flor de piel

No deja de crecerme en los adentros.             La universidad fue decisiva en mi formación. Llegué a C. U. desmantelada, venía de un contexto opresivo: la castración sectaria como recurso para dominar. El miedo al cuestionamiento. En los cuatro años más desgreñados que puedo recordar me reconstruí mientras cursaba la licenciatura en Letras Hispánicas. En […]

EL MÚSCULO DE MI LEALTAD — palabras a flor de piel

ECOS — Pippo Bunorrotri

En los ecos de la noche, cuando la luna ilumina ilusiones y anodinas promesas, que cuelgan del hilo de las horas que pasan, destellos de adrenalina hostigan la pasión de la fantasía de un deseo mortecino en las brasas de una añoranza que fue un… La entrada ECOS se publicó primero en Pippo Bunorrotri.

ECOS — Pippo Bunorrotri

La mariposa parda de Rubén García García

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La mariposa tenía colores pardos y soltaba una pelusilla gris cada vez que se posaba en una flor. Volaba como si tuviese un ala rota, en tanto las amarillas lo hacían como breves fogatas sobre las olas del mar. Oculta tras un viejo árbol veía con admiración la fuerza de las monarcas; a ella le dolía el ala.

«reumatismo juvenil», -le había dicho su mamá, «es cosa de familia». Hacía interrupciones en el vuelo y eso molestaba a las flores ya que manchaba sus pétalos. «Esa mariposa tiene mucha caspa» Cuchicheaban. Ella dejó de volar sobre ellas y lo hizo de árbol en árbol.

Las flores doradas se enfermaron de palidez y arrugas. En silencio sollozaban al verse ajadas y polvorosas. La mariposa fue hacia ellas y aún así tuvieron fuerza para decirle: «llévate tu caspa a otra parte». Una flor infante, le dijo: «acomódate a mi lado y cuéntame de la vida que no conozco el mundo»

Le habló de la montaña, del viento, de la alegría del pájaro y del viejo cedro que fue su confidente. Los días siguieron como la gota de rocío que rueda. A la flor niña la llenó de su caspa gris. Hasta que la flor le pidió que la peinara y la mariposa fea vio que el color y la tersura llegó de nuevo a sus pétalos…

Un Clarín cantaba a lo lejos.

Ver «LOS SONIDOS DEL SILENCIO – Sergio Denis (Versión Español)» en YouTube — El Blog de Joaquín Sarabia

Os la dedico Abrazos

Ver «LOS SONIDOS DEL SILENCIO – Sergio Denis (Versión Español)» en YouTube — El Blog de Joaquín Sarabia

El ganador de Anderson Imbert

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El ganador

Bandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse al otro lado de la frontera, pero mientras tanto pasan la noche en una casa en ruinas, abandonada en el camino. A la luz de las velas juegan a los naipes. Cada uno apuesta las prendas que ha saqueado. Partida tras partida, el azar favorece al Bizco, quien va apilando las ganancias debajo de la mesa: monedas, relojes, alhajas, candelabros… Temprano por la mañana el Bizco mete lo ganado en una bolsa, la carga sobre los hombros y agobiado bajo ese peso sigue a sus compañeros, que marchan cantando hacia la frontera. La atraviesan, llegan sanos y salvos a la encrucijada donde han resuelto separarse y allí matan al Bizco. Lo habían dejado ganar para que les transportase el pesado botín.

ENRIQUE ANDERSON IMBERT (Argentina 1910-2000)

fuente:https://wordpress.com/read/feeds/38444421/posts/3896493461

El hayku y el aware

Sendero Tomado del Fb

«Es objeto de haiku lo que es sentido con Aware (哀れ); y es sentido con Aware el mundo en su originalidad (en tanto que cada cosa proviene del origen y es absolutamente original, irrepetible). Tanto más Aware tenga un haiku, tanto mejor será. Es decir, más capacidad tendrá de hacernos sentir la experiencia última que el poeta sintió. El mundo está hirviendo. El poeta de haiku es capaz de sentir en determinados instantes esa temperatura de lo real y de contagiarla al lector de su haiku. Eso es el Aware: la incandescencia íntima que nos contagia la experiencia del mundo. Ninguna comprensión, ningún Satori (悟り). Sólo sentir el mundo como fuego, como dinamismo que desbarata la realidad y la recompone en cada instante (…) El Aware es la palabra clave… la piedra angular del haiku.»

–Fragmento del prólogo de «Haiku Tsumami-Gokoro. 150 haikus inmortales» de Vicente Haya (2008).