Por reparación
Saldré unos días de circulación. me quitarán una cabellera húmeda que los oftalmólogos llaman catarata. Ya me despedí de ella. En su lugar me pondrán un cristal, como aquellos que de niños llamaba canicas. Espero tener el tiempo de más para ponerme al corriente con sus bellos textos. Un abrazo a la cofradía de blogeros. Rub
El sueño de Eunice
Durante la noche tuvo un sueño inquieto. Miraba las cosas como las ve el pasajero que va dentro de un tren en movimiento. Se despertó cuando la máquina se detuvo, pero volvió a dormir. La máquina había tomado de nuevo el paso.
Bailaba en un salón con lámparas de cristal con un sujeto sin rostro. Dejó a su pareja y fue hacía el jardín. El riachuelo fluía rápido. Se sentó en la banca, sobre ella había un árbol y al lado un farol.
Una voz la sacó de sus cavilaciones y sintió miedo. Instintivamente se volteó.
—Buenas noches… perdona ¿te asusté?
—No —contestó ella, con fingida serenidad.
—Disculpa, es que te vi sola.
—Disfruto la noche.
— ¿Me puedo sentar a tu lado?
—Ya me iba.
—No quiero importunarte, acabo de llegar y me agradaría platicar, pero si no lo deseas, me retiro.
Con pasos cortos, el individuo comenzó a retirarse; se sintió descortés y le gritó:
— ¡Espere!Sigue leyendo «El sueño de Eunice»
La compañera
La siesta
El sol salió tímido. Hay rodajas de neblina por los cerros y en el imaginario meteorológico se piensa que el astro se pondrá bravo después de la media mañana. Atormentará a la rosa, y a los azares del limonero que caen como copos de nieve, los trastornará hasta volverlos tristes y amarillos. Todo se volverá silencio cuando el bochorno cruce la pierna y fume su puro.
La barca
Tirémonos en la alfombra y dejemos nuestra ropa. Vivo en tu interior y sueño en tu boca. Seamos viento y flauta. Llevo mis manos por tu cintura y en la media luz de tu espalda la doblaré con la fuerza de un tango. Seré barca en tu mar y sobre tu vientre desnudo mi agitación. Tu ombligo redondo y profundo de pétalo curvado. Mi lengua y mi aliento, carruaje de fuego que se vuelca hacía tu precipicio.
A tu flor me acercaré hasta que la fiebre la impulse a mirarme. La envolveré como la luna hace con la hierba. La barca en el atracadero rechina y rechina…
La cobija
Sigue lloviendo. El agua inexorable cae como lanzas sobre las hojas de los árboles y divide los poros de mi piel. Ya nada se puede hacer, es irremediable su llegada. El viento frío del norte está por arribar. No son buenas noticias para las plantas enanas, flácidas y tiritantes. Las cubro con un abrigo rojo para que combine con el anaranjado de sus retoños.
Visiones
La luz del faro aluza al viento que persigue a la red, las sirenas y las olas. Tiemblan los peces. En la memoria de la noche se oyen pasos de viejos naufragios. El mar contempla a las almas que abrazadas al viejo tablón sucumben al ojo espumoso del remolino.
Entre la roca que todo mira, se oye el asma de un tren en la montaña.
Chiquito y picoso
En el quicio, los pichones picotean sus plumas, y esperan a la mujer que canturrea salga a darle de comer a los cotorros. Las perras dormitan y no hacen nada por espantar a las palomas que rodean hambrientas la jaula de los pericos. Saben las perras que su alimento no será tocado. Un día las descaradas pagaron cara su osadía y una de ellas fue traspasada por sus colmillos.
Hay un perico pequeño con el que tampoco se meten y es que él eriza sus plumas y ladra como el perro doberman del vecino.








