El hombre-parafraseando una idea de Borges

Antes de cerrar la puerta, su hijo le lanzó un beso chasqueando la lengua. Rosa entrecerró los ojos y vio nítida la imagen de su esposo que hace dieciocho años partió a un viaje de negocios. Lo recuerda con el ceño fruncido, la ceja levantada y aquella sonrisa indefinible. No era extraño que él se ausentara algunos días. había sido una semana fría, lluviosa cuando se le vio por última vez. Vivían en un condominio donde los edificios parecían idénticos.
Lo define como buen compañero, sin embargo, eran evidentes sus ausencias que tenía que golpearlo para volverlo a la realidad. Lo sueña en ocasiones. Ella piensa que lo mataron, tal vez por robarle, tal vez… Había ordenado vestido, y al ir bajando la escalera, se preguntó: ¿qué tanto me amará mi mujer?, sería bueno saberlo. En vez de irse a la estación, se dio a buscar un cuarto de renta. Lo encontró y se quedó a vivir. En unos minutos estaba relativamente cerca de su casa, y podría decirse que era vecino de sí mismo. No salió durante un mes. Su barba creció. Compró ropa holgada de colores oscuros y un sombrero que abarcaba hasta sus ojos. Meses después vigilaba el edificio donde vivía su familia. La seguía cuando iba a comprar la comisaría. Oculto, podía observar su mirada sin brillo y el rostro adelgazado. Pasó el tiempo, la esposa siempre sola, y con una rectitud ejemplar. Cierta vez coincidieron en algún puesto del mercado y escuchó alguna conversación con la verdulera. Su voz era suave, susurrante, parecía hablar consigo misma. Recién casados su voz comunicaba viveza, alegría.
Casi por cumplir los veinte se dio cuenta que Rosa era íntegra; ahora estaba seguro de que no lo reconocería e intentaría enamorarla. Procuró coincidir con ella, logró sacarle algunos monosílabos, y hasta pudo entablar una charla en la soledad de un parque arbolado, donde sin rodeos le habló como la primera vez. Su compañera apretó sus manos, supo que una cicatriz se había roto. Aquellos ojos tristes volvieron a prenderse, se llenó de una fina lluvia. Sobrevino un relámpago, sintió que tenía algo mágico en aquel varón y al verlo con los labios entreabiertos lo tomó de la mejilla y lo besó con descaro. Reconoció el sabor del hombre que se ausentó y dio gracias a Dios por habérselo regresado. Él se retiró ofuscado, perdiéndose en los vericuetos de la gran ciudad y nunca más volvió a verla.

valentin serov

Simón Camila Reimers

Una tras otra las contracciones quebraban mi espalda, pero mi niño no tenía apuro, no deseaba salir de su escondite. Hijo, rosa blanca del jardín de mi sueño, no tengas miedo, yo sé quien eres, te estoy esperando, ven, asoma tu cabeza entre mis piernas, vive.
rosa-blanca
La cara de la enfermera, cubierta con una mascarilla, se acerca a la mía asegurándome que todo está bien, yo siento su voz tan lejana como la luz del quirófano que me ciega y atrapa las lágrimas que insisten en salir.El filo de otra contracción me corta la espalda.
Inspire y expire rápido- repite la enfermera.
Simón, niño mío, ven pronto, deja mecerte en mis brazos.
Y mientras el dolor me abruma, recuerdo el olor dulzón de las rosas que se infiltraba en mi sueño,mientras me daba vueltas en mi cama, durmiendo, pero tal vez despierta, al menos si mis ojos estaban cerrados y mi cabeza descansaba sobre la almohada, mis sentidos seguían abiertos porque el olor de las flores impregnaba el jardín con el que yo soñaba.El día se despedía, atardecer de rosas rojas, tallos verdes, espinas, pétalos colorados, cielo oscuro.Todas rojas, grandes y rojas, pequeñas y rojas, redondas, ovaladas y rojas.
-Todas iguales – pensé Yo – todas iguales.
-Mira a tu derecha – dijo la voz de mi sueño, y cuando obedecí la
orden, mis ojos se encontraron con un color diferente, en medio del rojo vergel, se levantaba humilde y bella,la única flor blanca del jardín.
-Ese es tu regalo- dijo la voz -cuídalo.
En ese momento supe que estaba embarazada, también supe que era un niño y su nombre sería Simón.
-Él es diferente – continúo la voz -viene de muy lejos, de un planeta que no tiene mar ni atardeceres, es por eso que cuando llegue a este mundo, se encontrará perdido y alguien tendrá que mostrarle la diferencia entre el amanecer y el final del día.Te hemos observado por muchos años – hablaba la voz de mi sueño- y te hemos elegido, eres tú quien tendrá que recibirlo.
-No comprendo- respondí, mientras la noche cubría las rosas y las estrellas empezaban a asomar sus caras en el cielo inmenso.De pronto una estrella empezó a bajar, en un rayo de luz que se conectaba con la rosa blanca, la única rosa blanca del jardín, corrí a mirar para ver que es lo que el rayo había depositado en el centro de la rosa y encontré a mi niño de carita redonda y ojos almendrados.
Aún estaba oscuro cuando desperté y me asomé a la ventana, las estrellas seguían titilando, miles, millones de ellas, sin embargo reconocí a la que se había conectado conmigo.Era la más grande, y la más brillante, era la que me había enviado un regalo, era la estrella que me había mostrado a Simón.
-Siga pujando señora- me dice la enfermera –ahí viene la cabeza, tiene pelito negro.
-Si sé- pensaba yo –ya lo vi en mi sueño.
Entonces en un instante comprendo el dolor y la alegría de la vida, grito, tan fuerte que mi desgarro abraza al mundo atravesando el tímpano del universo, grito para avisarle a una estrella que su regalo ha llegado, que mi hijo ha nacido.
Es un niño dice el médico.
Es un varoncito, confirma la enfermera.
Simón llegó un día de primavera, trayendo consigo la esperanza y el amor que yo había buscado por vida.Tardó en emitir su primer llanto para prepararme a que todas sus reacciones siempre tardarían en llegar.
El médico lo examina y observa su abultada lengua gráfica, la forma de su entrecejo, sus orejitas, reflejos y líneas en las palmas de las manos y de los pies,luego me mira con tristeza –señora- me dice, su niño está enfermo, tiene síndrome de Down.
Hay doctores que no entienden ni de planetas ni de jardines fragantes.
– No está enfermo-le respondo sonriendo -es diferente, es una rosa blanca en un jardín de rosas rojas.Me lo trajo una estrella porque sólo yo le puedo mostrar este mundo.
La enfermera deposita a mi hijo desnudo sobre mi vientre, lo tomo de la mano, admiro sus dedos pequeñitos, le doy la bienvenida y empezamos a caminar.

Camila Reimers

Camila Reimers nació en AntofagastaChile, el 14 de abril de 1951 y salió del país en 1975. Vivió en Caracas, por cinco años y llegó a Canadá el primero de julio de 1980.

Durante los ochenta vivió en varias ciudades –Vancouver, Montreal, Sudbury– antes de establecerse en Ottawa con sus dos hijos, en 1990. Durante los noventa tuvo también la oportunidad de visitar y vivir por algunos meses en la India.

Tomado de Puro cuento http://www.teecuento.wordpress.com

Vamos por un traguito? Parte 2. Cerebro Alcóholico

Así que si tu te embriagas rápido, ten un cuidado especial porque eres propenso a desarrollar la adicción.

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Epigrafe: el cerebro de un alcohólico se ve peor que su hígado

Hoy iremos al grano, sin muchas previas y veremos cómo el cerebro pasa de un estado normal a una degradación alcohólica, cuando regresar a la normalidad es la tarea casi inhumana. Una de las cosas que recuerdo de los tiempos cuando vivía con mis padres, es lo que repetía mi papá, que fue un médico: el alcoholismo femenino es mucho más difícil para vencer que el de los hombres. Así que el miedo al consumo del alcohol se me quedó hasta ahora. Hoy no veremos particularidades del alcoholismo en los géneros, sino, el cuadro general. La accesibilidad del alcohol lo convierte en un enemigo secreto que con la sonrisa de un amigo entra a nuestras vidas y las arruina.

La imagen puede contener: bebida e interior
foto tomada en el restaurante Blue Moon, Lima.

Entonces, de pronto alguien empieza a tomar sistemáticamente, las dosis regulares…

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Una Artista de Ema Wolf

Mi abuela Eugenia ama las artes. Todas las artes. Cualquiera.
El año pasado descubrió que podía pintar y eso la puso muy contenta. Se fabricó un caballete. Compró telas, pinceles y pomos de óleo.
Decidió que lo mejor era empezar pintando fruta, como habían hecho todos los artistas célebres. A eso se le llama “naturaleza muerta”. Consiste en poner unas cuantas frutas dentro de una frutera y pintarlas de modo que salgan lo más parecidas posible.
Cuando llegó el otoño juntó manzanas y peras de la quinta. Las acomodó en la frutera, puso la frutera sobre la mesa del comedor y pintó.
Le festejamos mucho el cuadro. Ella se entusiasmó.
El invierno lo pasó pintando cítricos. No dejó una naranja, un pomelo, una mandarina, ni un quinoto sin pintar.
A fines de octubre ya había pintado todo lo que se podía cosechar en casa. La fruta variaba con el correr de los meses; la frutera era siempre la misma.
Colgó las telas de su pieza y organizó visitas de parientes para admirarlas.
Llegó noviembre, que es el mes de los nísperos.
En casa no hay nísperos. El único que los tiene es don Cosme, que vive al lado.
No sé qué habrá pasado por la cabeza de mi abuela aquel día fatal de primavera. Siempre la tuvimos por una persona seria. Pero debe ser cierto que cuando el arte se le mete a alguien adentro, es capaz de hacer cosas que nadie imaginó.
Aquel día mi abuela se coló en el terreno de don Cosme por un agujero de la ligustrina y fue derecho al árbol de los nísperos.
Lo vi todo. Espantoso.
El vecino la pescó justo cuando se descolgaba de una rama baja con el delantal anudado lleno de nísperos suyos.
Me acuerdo de los ojos desafiantes de mi abuela y de sus zapatillas de lana balanceándose a ras del suelo. Don Cosme la miraba petrificado, apoyado el cuerpo en el rastrillo para no derrumbarse. Así estuvieron un rato.
Rojo de vergüenza ajena, don Cosme se metió por fin en el edificio de su casa y mi abuela volvió a la nuestra por el agujero, ofendida porque la habían descubierto.
Rápidamente se puso a pintar los nísperos. Pintó sólo un puñado y completó al frutera con unos cuantos carozos brillantes.
Yo pensé que la cosa quedaba ahí y que nadie más se enteraría.
Pero al día siguiente el vecino mandó llamar a mi papá.
Le contó lo que había hecho mi abuela. Le dijo que la vigilara, que nunca la había creído capaz de portarse así y que era un mal ejemplo para nosotros.
Mi papá volvió furioso. La retó.
A ella el reto le entró por una oreja y le salió por la otra. Estaba cada vez más indignada con el vecino: antes porque pensaba que no era de caballeros pescar a una dama en un momento así; ahora por alcahuete.
Mi papá la obligó a regalarle a don Cosme el cuadro se sus nísperos; al menos eso. Ella obedeció de mala gana. El vecino no supo si agradecerlo o qué.
Desde ese día mi abuela le tomó el gusto al asunto y empezó a visitar otras quintas de la manzana. Siempre con motivo de su arte, se dedicó a levantar fruta madura, bien elegida. Todo a la luz del día, sin esconderse ni ocultar siquiera las huellas de sus zapatillas.
En eso está ahora mi abuela.
Los vecinos se quejan a gritos. Por ellos, ya hubieran guardado todos sus árboles en los dormitorios.
Notamos que cada vez es más lo que se lleva y menos lo que pone en la frutera. Pero sigue pintando.
Van mal las cosas. Debo decir que está completamente sublevada.
La sorprendieron trepada a las medianeras eligiendo fruta con prismáticos, huyendo por debajo de los alambrados y arrojando granadas, que son duras, para retrasar a sus perseguidores. Mi papá tiene pesadillas en las que mi abuela capitanea una banda de forajidos.
Estamos a mediados de enero.
Ella sabe bien que en febrero maduran los higos y no se va a perder el pintar una naturaleza muerta con higos; especialmente esos de cáscara oscura, muy dulces, que crecen en la casa del fondo. Se prepara, creo, para dar el gran golpe.
Armó un artefacto ingenioso para cortar los higos altos: una vara con una tijera en la punta accionada por un piolín y una pequeña red abajo. También consiguió una escalera alta porque la medianera del fondo es alta. Se la pidió prestada al dueño de los higos; el hombre está horrorizado.
Hay que evitar a toda costa que llegue a febrero con esos planes.
Estamos tratando de convencerla de que pinte otras cosas. El mar, por ejemplo, que no molesta a nadie. El problema es que donde vivo no hay mar.
Ella dice que cuando acabe con la fruta va a seguir con los animales.
Eso puede ser peor. No me animo a contárselo a mi papá, pero la encontré dibujando los planos de los gallineros del barrio.

abuela pintora

 

Tomado de puro cuento http://www.teecuento.wordpress.com

Soledades por Ernesto Ortega Garrido

A veces, coge el teléfono y marca su número. Cuando salta el contestador, deja grabadas todas esas cosas que nunca se atrevió a decir. Otras, en cambio, cuando no puede más, llama directamente al buzón de voz y escucha todo eso que le hubiese gustado que le dijesen.

alma

 

Día de la mujer que debe de ser todos los días.

Gracias por preservar la especie. Por amamantarnos.
Por enseñarnos la caricia, el abrazo y las canciones que trae el señor de los sueños.
Gracias por su beso nocturno y cubrirnos, de levantarse a deshoras y comprobar si la noche transcurre con bondad. Por tomarme de la mano y enseñarme las estrellas, la luna, por cultivar mi fantasía. Desvelarse con mis enfermedadades, por abrazarme en mis días grises.
Gracias por darme hijos, por la flor del consejo, y enseñarme a caminar en soledad, por vencer el miedo y saber que nada es para siempre.
Sin la mujer el mundo estaría sin flores y manco.

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Vamos por un traguito? Parte 1. Cerebro y alcohol.

Tomo una botella de vino
Y me voy a beberla entre las flores.
Siempre somos tres,
Contando a mi sombra y a mi amiga, la luna.
Cuando canto, la luna me escucha,
Cuando bailo mi sombra también baila.
Terminada la fiesta…
Los invitados deben partir.
Yo, desconozco esa tristeza.
Cuando marcho a mi casa,
Siempre somos tres,
Me acompaña la luna y me sigue mi sombra.

Li.Po

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¡Bebe vino! Lograrás la vida eterna.

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El vino es el único capaz de restituir la juventud.

¡Divina estación de las rosas, del vino y de los buenos amigos!

¡Goza del instante fugitivo de tu vida!

Omar Khayyam, 1048 – 1131

Las bebidas alcohólicas existían en todas las culturas, y , junto con la comida, participaron siempre en todos los acontecimientos importantes de la vida de las personas. La bondad del vino, el carácter bonachón de la cerveza, la nobleza del whisky, lo atrevido del ron, todas estas frases expresan nuestra estrecha relación con el alcohol y las capacidades casi antropomórficas atribuidas a éste por la humanidad. La palabra alcohol, para variar, tiene el origen árabe. Sin duda alguna,  los árabes habían construido una super civilización, una pena que ahora todo se esfumó. Los árabes destilaban el vino, mejorando los procesos empleados por los griegos, aquellos griegos del Mundo…

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Minerva de Felipe Garrido

Treinta años esperé a Minerva. En un tiempo la aguardaba a la puerta de la iglesia, la seguía en la calle, podía pasar la tarde frente a su casa. Su padre detestaba mi timidez y en cuanto hubo un pretendiente serio la casó.
Soy hombre cabal. Si antes no le había hablado, entonces menos. Si ella pasaba por mi tienda, yo veía a otros clientes y mis empleadas la atendían. Nada tuvo que reprocharme su marido. Guardé una soltería impoluta, hasta que enviudó por segunda vez. Cuando la primera, yo estaba en los Estados Unidos; Minerva tenía tres niños y la gente aprobó su matrimonio con un ganadero ocho años menor que ella. Regresé con fortuna, volví a verla y suspiré de nuevo. Para entonces Minerva tenía otros tres hijos y estaba más bella que nunca.
Volvió a enviudar y, terminado el luto, empecé a cortejarla. Nos casamos rodeados por sus hijos y nietos. He ido envejeciendo; veo mal, tengo una digestión difícil, uso bastón. Minerva está rozagante, firme, esbelta. Dicen que espera volver a enviudar.

arabe

Tomada del Fb

Bio de Felipe Garrido

 

Estudió la licenciatura en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde ha sido profesor desde 1975. Ha sido director de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, de la Unidad de Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública; gerente de producción del Fondo de Cultura Económica, de Literatura de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Colaborador de diversas publicaciones periódicas, entre ellas, la Casa del Tiempo, Diálogos, Diálogo Cultural entre las Fronteras de México, El Heraldo Cultural, El Machete, El Siglo de Torreón, La Gaceta del FCE, La Luciérnaga, La Palabra y El Hombre,  Libros de México, Mascarones, Memoria de Papel, México en el Arte, Paréntesis,  Pie de Página, Proceso, Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, Revista de Bellas Artes, Revista Universidad de México, Sábado, Siempre!, y Tierra Adentro.
Narrador, ensayista y cronista. Entre sus obras destacan Con canto no aprendido, 1978; Tajín y los siete truenos, 1982; Cómo leer (mejor) en voz alta: guía para contagiar la afición a leer, 1990; La musa y el garabato, 1992; Se acaba el siglo, se acaba…, 2000Para leerte mejor: mecanismos de lectura y de la formación de lectores, 2004; Asombro del Nuevo Mundo, 2008; La patria en verso, 2012; El Quijote para jóvenes, 2013; El coyote tonto, 2013 y El buen lector se hace, no nace, 2014. También ha incursionado en la traducción, con El camino de EleusisTeonanácatl, el hongo prodigiosoLos confines de la cristiandad, y Quizás.
Ha sido galardonado con los premios: Juan Pablos 1982; el de Traducción Literaria Alfonso X 1983, y el de la Organización Internacional para el Fomento del Libro Infantil 1984; lista de honor del IBBY, del libro infantil Lección de piano escrito en 2004. Premio Los Abriles, por La urna y otras historias de amor, y, en 2011, el Premio Xavier Villaurrutia por Conjuros. En 2015 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de lingüística y literatura y, en 2016, el Premio Nacional de Letras de Sinaloa.
garrido felipe

 

Torrencial

Llegó la lluvia,
el sol se ocultó
en su sombrero de nubes.
Llegó arrebatada.
Los gallos se pusieron de frac y subieron al tejado.
Hoy no pusieron las gallinas.

Detrás de la montaña

Espacio de gigantes
de fuego y fragua,
que en días de septiembre,
rompen el cielo
con el hacha, el yunque;
la lumbre, y el rayo.
debajo de las montañas
la luna descruza las piernas.

paisaje.luna

Por fin solos

Se que el viento te sesgó.
Tal vez quieras tomar una siesta a mi lado.
Mi lecho es confortable
y arriba las margaritas no dejan de florear.