Ema E. Valdelamar, la dama del bolero

Emma Elena Valdelamar Casarín se une a dos grandes compositoras:  María Greever y Consuelo Velázquez. Nace en la Cd. de México en 1925. Desde su infancia da muestras de su talento artístico. Termina sus estudios comerciales y labora como cajera y contadora.
 En primer grado de secundaria Ema Elena compone su primera canción: “te olvidé”, aunque su pasión por el arte le trajeron diferencias con su madre quien no compartía la idea de que su hija fuera cantante; afortunadamente contó con el apoyo de su padre, detalle que agradeció toda su vida.
A sus 17 o 18 años de edad Ema Elena, brilla con luz propia, alternaba en un ambiente de hombres. En esa época estaban en boga Agustín Lara, Ignacio Fernández Esperón Tata Nacho, José Sabre Marroquín, Mario Talavera y Federico Baena, entre otros, e inicia cantando —a principios de la década de los cuarenta— en programas radiofónicos de la XEB, XEQ y XEW.
Dos memorables canciones continúan vigentes en el gusto del público: Devuélveme el corazón y Mil besos, que triunfan en intérpretes como María Victoria y Los Bribones, quienes las graban y se hacen acreedores a discos de oro. después vendrán “mucho corazón” y “cheque en blanco” que se convierte en un himno para las mujeres.
Su obra ha sido interpretada por destacados cantantes tales como Pedro Vargas, Daniel Santos, Amalia Mendoza, Los Violines de Villafontana, Julio Jaramillo, Javier Solís, Viruta y Capulina, Lucha Villa, Chelo Silva, Los Panchos, Paquita la del Barrio, Marco Antonio Muñiz, Daniela Romo  Armando Manzanero, Aranza, Tania Libertad, Manoella Torres, Lupita D’Alessio, Juan Gabriel, Luis Miguel, Vicente Fernández, Lola Flores, Sara Montiel y Massiel, Nilla Pizzi y orquestas de todo el mundo, sólo por mencionar. En el ámbito cinematográfico, sus canciones están presentes en películas como Kid Tabaco, Santitos, Sexo, pudor y lágrimas, Tívoli, La señorita, Los reyes del mambo y Una movida chueca. En 2008 le otorgan el reconocimiento por sus 50 años y más… como compositora.Ema Elena Valdelamar Casarín falleció el 23 de diciembre de 2012.
Detalles contados por ella:
—Me recibió un señor, que dijo que ya se iba y me preguntó qué quería. —¿Qué trae bajo el brazo? —Le contesté que unas canciones y que ojalá pudiera oír una o dos, para que me dijese si servían, si no para dejar de hacer esto.
—¿De quién son?, —me preguntó.
—Son mías’, —respondí.
—¡Ah, son de una mujer! ¡Entonces no sirven!’, dijo. —me enojé. Le pregunté:
—¿Qué, usted es hijo de hombre?’ Me contestó que yo lo estaba insultando. Esa persona estaba casada con Chelo Velázquez. -la autora de “bésame mucho” se trataba de Mariano Rivera Conde, muy bueno en lo suyo, en eso de escoger canciones. Era peleonero, pero yo también era gallo. Me mandó al cuerno. Después compuse Mil besos. Mi papá me dijo que iba a haber un concurso de canciones y que convenía enviar esa nueva canción. Así lo hice; la registraron con el número 96. Ganó el primer lugar. Yo le había puesto Te seguiré amando, pero la gente la pedía como Mil besos.  Sigue contando:
…”Rivera Conde me llamó por teléfono, porque Los “Bribones” deseaban grabar esa canción. Puse una condición: estar presente en la grabación. Se molestó y le argumenté que era para que no me cambiaran la melodía ni la letra. Y que no. ¡Pues no me la grabe, y me voy! Me colgó. Al rato me volvió a llamar. ‘¿Ya lo pensó bien?’, preguntó. Le repetí mi condición. “Los Bribones” iban a grabar “Mil besos” y “Devuélveme el corazón”, en el mismo disco. Tampoco accedió. A los dos días volvió a llamar y dijo que me esperaba al día siguiente, a las 10 y media de la mañana. Fue un exitazo de Los Bribones; recibieron dos discos de oro y se hizo internacional. A la fecha, Mil besos tiene 900 versiones, y Devuélveme el corazón, 300. La pieza que tiene más es Mucho corazón”.
Otro detalle, fue cortejada por Adolfo López Mateos, que posteriormente sería el presidente de México.

Ema E. valdelamar

 

 

 

 

 

Sólo para bohemios y amantes del bolero en el programa de rodrigo cadena. Homenaje a Ema E. valdelamar, con la presencia de su hijo contando anecdotas de la gran compositora..

Etgar Keret: mi primera historia

“Escribí mi primera historia hace veintiséis años en una de las bases del ejército con más seguridad de Israel. Por aquel entonces tenía diecinueve años y era un soldado espantoso y deprimido que contaba los días para terminar su servicio militar obligatorio. Escribí la historia durante un turno especialmente largo en una sala de ordenadores aislada y sin ventanas, en las profundidades de las entrañas de la tierra. Me quedé de pie en medio de esa sala helada y miré fijamente la página impresa. No podía explicarme a mí mismo por qué la había escrito y qué propósito se suponía que tenía. El hecho de que hubiera tecleado todas esas frases inventadas era emocionante, pero también me daba miedo. Sentí como si tuviera que encontrar a alguien que leyera la historia enseguida, e incluso si no le gustaba o no la entendía, podría tranquilizarme y decirme que haberla escrito era perfectamente normal y no otro paso más en mi camino hacia la locura.

 

El primer lector potencial no llegó hasta catorce horas más tarde. Era el sargento picado de viruelas que se suponía que tenía que relevarme y hacer el siguiente turno. Con una voz que intenté que sonara tranquila, le dije que había escrito un cuento y que quería que lo leyera. Se quitó las gafas de sol y dijo con indiferencia: «Ni de coña. Que te jodan».

 

Subí unos cuantos pisos hasta la planta baja. El sol que acababa de salir me cegaba. Eran las seis y media de la mañana y necesitaba un lector desesperadamente. Como suelo hacer cuando tengo un problema, me encaminé a casa de mi hermano mayor.

 

Pulsé el botón del portero automático a la entrada del edificio y la voz somnolienta de mi hermano respondió. «He escrito una historia —dije—. Quiero que la leas. ¿Puedo subir?» Hubo un breve silencio, y entonces mi hermano dijo con voz de disculpa: «No es buena idea. Has despertado a mi novia y se ha cabreado». Tras otro momento de silencio, añadió: «Espérame ahí. Me visto y bajo con el perro».

 

Unos pocos minutos más tarde apareció con su pequeño perro de aspecto desteñido. Estaba feliz de poder ir a pasear tan temprano. Mi hermano me quitó la página impresa de la mano y empezó a leer mientras caminaba. Pero el perro quería quedarse quieto y encargarse de sus asuntos en el árbol cercano a la entrada del edificio. Trató de atrincherarse con sus pequeñas garras en la tierra y resistir, pero mi hermano estaba demasiado inmerso en la lectura para percatarse y, un minuto después, me encontré a mí mismo intentando alcanzarle mientras bajaba a paso rápido por la calle, arrastrando al pobre perro tras él.

 

Por suerte para el perro, la historia era muy corta, y cuando mi hermano se detuvo dos manzanas después recuperó el equilibrio y, volviendo a su plan inicial, se encargó de sus asuntos.

 

—Esta historia es impresionante —dijo mi hermano—. Alucinante. ¿Tienes otra copia?

 

Le dije que sí. Me dedicó una sonrisa de hermano-mayororgulloso-de-su-hermano-pequeño, después se inclinó y utilizó la página impresa para recoger la mierda del perro y la tiró al cubo de la basura.

 

Y ese es el momento en el que me di cuenta de que quería ser escritor.

 

Incluso si no era consciente de ello, mi hermano me había dicho algo: que la historia que escribí no era el papel arrugado y untado de mierda que ahora descansa en el fondo del cubo de la basura de la calle. Esa página solo era un conducto por el que podía transmitir mis sentimientos de mi mente a la suya. No sé cómo se siente un mago la primera vez que consigue realizar un hechizo, pero probablemente es algo similar a lo que sentí en ese momento; había descubierto la magia que sabía que me ayudaría a sobrevivir los dos largos años que me quedaban hasta que me licenciara.”

 

Por Etgar Keret, del libro Los siete años de abundancia (DeBolsillo, 2014)

et.keret

CÓMO MANTENER SOBREPESO Y SEGUIR ENGORDANDO. Parte 1. — Neurociencias divertidas

¿Qué podemos hacer para mantener el sobrepeso, y con este adorable carga conseguir la presión alta, la varices, la alteraciones hormonales, grasita en el hígado para que poco a poco sus células vitales se transforman en los tejidos fibrosos que a lo largo cambien el trabajo de este órgano importante y nos dejen morir en sufrimientos? Qué podemos hacer para apuntarnos a la diabetes, graves problemas coronarios, la artrosis y, por qué no, la infertilidad?

a través de CÓMO MANTENER SOBREPESO Y SEGUIR ENGORDANDO. Parte 1. — Neurociencias divertidas

Escritores del medio oriente*

En entradas anteriores, colgué cuentos escritos por rusos, de Japón, ahora meteré mis narices sobre el medio oriente. Quién haya seguido la serie, deseo que hayan gozado como lo hago.  Sucede que los cuentos son breves y no es complicado aprovechar unos minutos y alimentar el espíritu, otros requieren de más tiempo y concentración y si solo hay un instante, no es recomendable iniciar si se tiene trabajo quehacer. Nada complicado es copiar el cuento y pasarlo a un archivo y desues, con algo frío en la mano o un aromático puede degustarlo.

 

Yo me siento explorador de letras. A veces la presa llega solita. Le brindo mi domicilio y lo hago dormir en un archivo.  Los autores del siglo XX y otros que nacieron en el XIX se les encuentra con cierta facilidad, pero son cuentos extensos y la pantalla no es lo mejor para darles lectura, así que, vuelvo a la carga hasta encontrar un cuento corto. Los escritores exitosos y actuales los encuentras a la vuelta de la esquina, solo que no hay cuentos de ellos, hay propaganda, reseñas para adquirir sus libros. Encontrar un cuento de ellos, es pegar de gritos y decir » Eureka», en otras decido poner fragmentos de su obra, al menos un aroma de su inteligencia y estilo.

 

Me pregunto si países tan extensos como china, la India no tienen maestros de la palabra, ¡ Claro que debe de haber!  pero nos llegan a cuenta gotas. Por ahora les comparto a Etgar Keret*

Pizzería Kamikaze

“Creo que ella lloró en mi entierro; no es que quiera dármelas de listo pero estoy casi seguro de ello. A veces hasta consigo imaginarme cómo le habla de mí, de mi muerte, a alguien cercano a ella. De cómo me bajaron a la tumba, tan menudo y desamparado, como una tableta de chocolate rancio. De cómo, en realidad, nunca llegamos a hacerlo del todo. Y después de eso él se la folla brindándole un polvazo que es todo consuelo.”

*Nacido en Israelí, este hombre ha sabido ganarse a sus lectores, gracias al uso del lenguaje y por hacer de historias cotidianas, algo verdaderamente fuera de sentido y asombroso. No contento con ser uno de los grandes representantes de la literatura en su país, Keret también se dedica  a la cinematografía y hasta el momento, en prometedora su carrera en este rubro. Sus libros se han traducido a más de diez idiomas y la razón más fuerte por la que debes leerlo, es porque sus cuentos rayan en lo surrealista, logra hacer de una cotidianidad un gran suceso.

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Dos cuentos breves de Etgar Keret

  • Los cuentos los encuentran en la categoria de GRANDES MAESTROS

México, Breton y Dalí

Existe una genial anécdota que nos cuenta cómo es que André Breton, el francés considerado como fundador del surrealismo, llegó a la conclusión de que México era el país más surrealista del mundo. La historia cuenta que en 1938, cuando Breton visitó México y maravillado por la refinada artesanía que distingue al país, quiso encargar a un carpintero local una mesa artesanal. Como sugería el protocolo cartesiano, bocetó la silla que quería, en perspectiva, por lo cual el cuerpo resultante era una especie de rombo descompuesto. Días después de haber entregado su boceto, Breton recibió una mesa exquisitamente manufacturada, bien montada y con un acabado espléndido. Solo que el carpintero mexicano, con plena naturalidad, había mantenido una completa fidelidad al modelo bocetado por el francés, por lo cual la mesa, de tres patas cada una de distinta altura, era más bien un cuerpo amorfo –una abstracción mobiliaria–.
A raíz de este episodio Breton no dudó en proclamar a México como “el país más surrealista del mundo”. Eventualmente Salvador Dali, quien también visitó México, respaldaría a Breton, advirtiendo que jamás regresaría a este, un país más surreal que sus pinturas.
Así que, independientemente de que México sea o no el país más surrealista del planeta, lo que queda claro es que aquí la metáfora es, con frecuencia, una realidad palpable –lo cual ofrece un encanto incomparable–.

El día que André Breton declaró a México el país más surrealista del mundo

breton

 

Carta

Me ha extrañado tu silencio…
es como si cada dia que pasa
caminaras más lejos de mí.
¿Aún escalas el agobio?
¿O das de vueltas y vueltas
sin que la gravedad pueda detenerte?
El día que pares;
asombrame con la imagen de un helecho
que haya crecido en la imaginación de Neruda… .

helechoss

Foto tomada del Google.

poema de RGG

La danza

Motiva y me da alegría que mi labor poética se extienda en el blog de «piedra y nido» de la escritora argentina Patricia Nasselo. Aquí el enlace: http://piedraynido.blogspot.com/search/label/Rubén%20García%20García?fbclid=IwAR2wDynxOB5onOMsiV9bHa-CvdhZLfOvxWkJMmIjZwt631EVd_1JF3N7WbI

aguacero

Nasrudín* y el sabio gramático

A veces Nasrudín trasladaba pasajeros en su bote. Un día, un exigente y solemne sabio alquiló sus servicios para que lo transportara hasta la orilla opuesta de un ancho río. Al comenzar el cruce, el erudito le preguntó si el viaje sería muy movido.

-Eso depende talvez según…- le contestó Nasrudín.

-¿ Nunca aprendió usted gramática ? –

– No- dijo el Mulá Nasrudín.

– En ese caso, ha desperdiciado la mitad de su vida.-

El Mulá no respondió.

Al rato se levantó una terrible tormenta y el imperfecto bote de Nasrudín comenzó a llenarse de agua. Nasrudín se inclinó hacia su pasajero:

– Aprendió usted alguna vez a nadar ?

– No – contestó el sabio gramático.

– En ese caso, amigo, ha desperdiciado TODA su vida, porque nos estamos hundiendo !!!

*.-El Mullah Nasrudín es reconocido dentro de la tradición sufí como una especie de sabio idiota. Las apreciaciones que se hacen sobre él son variadas y curiosas. Se lo presenta como muy estúpido, increíblemente inteligente, o poseedor de secretos místicos. Los derviches utilizan sus enseñanzas para ilustrar las ridículas características que puede llegar a tener la mente humana. Para el sufismo, el verdadero conocimiento comienza por aceptar el hecho de aparentar ser un idiota frente al promedio de la gente normal. Solamente si pasamos por la práctica de asumir nuestra idiotez y mostrarla frente al mundo, podemos llegar a percibir la verdadera realidad. El Mullah Nasrudin es considerado un gran maestro del sufismo, justamente por tener el perfil de un loco, aunque siempre enseñe —con su supuesta locura— los verdaderos secretos de la vida.

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Fragmentos: «una extraña historia al este del río» de Nagai Kafu 

Una extraña historia al este del río (fragmento)

«Desde los dieciséis años hasta hoy, a los diecinueve, Kimie había sido perseguida por las demandas incesantes de esas frivolidades. No había tenido tiempo de considerar profundamente qué clase de emoción era el amor serio. De vez en cuando dormía sola en la habitación alquilada, pero su principal deseo en esas noches era compensar su falta de sueño crónica. Al mismo tiempo, empezaba a imaginar los nuevos placeres por venir, que, naturalmente, iba a disfrutar una vez recuperada de su fatiga. En ese círculo vicioso, una vez dormida, la impresión de cualquier otro tema por muy grave que fuera, se convertía en tenue e insustancial, como si estuviera soñando. Cuando se despertaba, trataba de diferenciar qué era realidad y qué era sueño. Para Kimie, nada resultaba tan agradable en esos momentos como esa mezcla de sentimientos y sensaciones.
Ese día, Kimie también se hundía en ese placer tras despertarse de su ligero sueño, y se resistía a levantar la cabeza de la almohada, a pesar de ser consciente de que eran casi las tres de la tarde. Miró a su alrededor, y vio en el suelo el quimono y el obi que ella misma había arrojado desordenadamente la noche anterior. A esa habitación de cuatro tatamis y medio de la parte posterior del primer piso, después de haberse ido el bailarín Kimura, había llegado el importador de automóviles Yata y este se había ido dejando una contraventana corrediza abierta. La lámpara del techo que Yata se había olvidado de apagar proyectaba la sombra del arreglo floral en la pared del tokonoma, igual que la noche anterior. Junto a los sonidos lánguidos de alguien que ensayaba una canción y las voces de los vendedores ambulantes, una brisa se colaba por la estrecha abertura de la ventana y acarició un lado del rostro que Kimie había apoyado directamente sobre el tatami. En un momento dulce como este, deseó que Yata o cualquier otro hombre estuviera ahí. De ser así, lo provocaría con todo el ardor de su cuerpo. Se sintió desgarrada por sus fantasías, que iban en aumento. Cerrando suavemente los ojos, se abrazó a su propio pecho con todas las fuerzas. Acto seguido, dio un profundo suspiro y se retorció. En ese instante, se oyó deslizar silenciosamente la puerta. Un hombre entró en la habitación y se puso delante del biombo. Era Yoshio Kimura, el mismo en quien Kimie había estado pensando con pesar desde la noche anterior. «

El Poder de la Palabra
epdlp.com 

 

Kimie dejó la postura formal, deslizando las piernas a un lado para acomodarse, y apoyó el codo en el alféizar de la ventana. Con la mejilla apoyada en la palma de la mano, volvió el rostro hacia el interior de la habitación, dejando que la brisa soplara contra su cabello. Kawashima, que estaba bajo los efectos del alcohol, al observar a Kimie desde donde él estaba sentado, no pudo evitar que una imagen fugaz atravesara su mente: el cabello de la chica cayendo desordenadamente de la almohada al suelo

Nagai Kafu

Abandonarse a la pasión de Hiromi kawakami-fragmento-

Te llevaré a comer unas galeras riquísimas—me dijo Mezaki. Yo creía que la galera sólo era un crustáceo oscuro, una mezcla entre gamba e insecto, pero en el restaurante donde me llevó las hacían deliciosas. Las hervían enteras y las servían con cáscara. Luego les quitábamos la cáscara, que nos quemaba los dedos, y nos comíamos el bicho. Tenían un sabor ligeramente dulce, de modo que ni siquiera hacía falta aliñarlo con salsa de soja.
Así fue pasando la noche. De repente, no podíamos volver a casa. Cuando nos dimos cuenta de la hora que era, además de que ya no pasaban trenes estábamos en un lugar por el que apenas circulaban coches. En cuanto cerró el restaurante, el único local que había en los alrededores, no encontramos nada más en todo el trayecto. Era uno de esos caminos en los que hay alguna farola de vez en cuando que sólo sirve para que la noche sea aún más oscura, un camino bordeado de árboles y matorrales de los que parece que en cualquier momento puede salir un caballo o una vaca.
No hubo más remedio que echar a andar, uno al lado de la otra, por aquel camino, que por mucho que avanzáramos no se estrechaba ni se ensanchaba.
No sé cuántos años tiene Mezaki. Sea cual sea su edad, parece mayor que yo, aunque también podría tener mi edad. Siempre habla de cosas sin sentido, como de un día que, en cierta ciudad, vio a un artista ambulante que escupía fuego por la boca y que ponía la misma cara que su abuelo cuando se quemaba la lengua; o de un amigo suyo que sufría una misteriosa enfermedad hasta que un día, de golpe y porrazo, le cambió la cara, se curó, se volvió más honrado y parecía otra persona. Son historias sin pies ni cabeza que Mezaki explica poco a poco, como si fueran interesantes.
Desde que nos conocimos en una reunión, sin saber cómo empezamos a coincidir en los mismos lugares. A veces, intercambiábamos cuatro palabras entre la muchedumbre, mientras que otras veces no nos decíamos nada, sólo nos mirábamos. Más adelante, Mezaki empezó a contarme aquellas historias sin sentido que tan interesantes le parecían, y se me acercaba cada vez que nos encontrábamos. Sin embargo, nunca habíamos estado los dos solos hasta el día que fuimos a comer galeras. No fue una cita planeada de antemano, simplemente coincidimos por enésima vez y, de repente, me invitó.
Cuando Mezaki me llevó al restaurante, creo que era bastante tarde. Ya habíamos bebido mucho, quizá no hasta el punto de perder la memoria, pero nos encontrábamos en un estado en que las horas pasaban deprisa y despacio a la vez, hasta que terminamos por perder la noción del tiempo. Mezaki caminaba delante de mí, meneando las caderas arriba y abajo. Yo lo seguía con paso vacilante y pensaba en las galeras.
El restaurante era un local pequeño donde sólo estaban el dueño y un camarero joven. Mezaki se sentó en la barra, justo enfrente del dueño, que no parecía conocerlo. En cualquier caso, si se conocían, debía de ser uno de esos restaurantes donde tratan a todos los clientes por igual.
—Unas galeras, un sake y verduras en salmuera para picar—le pidió Mezaki al dueño. Acto seguido, se volvió hacia mí y me sonrió arrugando la frente. Mezaki tiene la costumbre de sonreír arrugando la frente—. ¿Tú cómo comes los huevos crudos, Sakura?—me preguntó Mezaki, aprovechando un descanso entre cáscara y cáscara. Mientras pelaba las galeras, no decía nada. No es que habitualmente sea muy parlanchín, pero como pelar las galeras era bastante laborioso, cuando lo hacía hablaba menos que de costumbre.
—¿Los huevos crudos? Nunca me han entusiasmado—le respondí. Enseguida me acordé de que mi tío soltero, que vivía en casa de mis padres, solía hacer un agujerito en la cáscara de los huevos. Cuando me levantaba en mitad de la noche para ir a beber agua, lo encontraba de pie frente al fregadero sorbiendo un huevo crudo. Era un soltero cuarentón que no encontraba pareja a pesar de que le habían concertado varias citas con mujeres. «Te llevaré a caballito, Sakura», me decía cuando era pequeña. Yo me sentaba en sus anchos hombros y él me paseaba por todo el comedor. En los umbrales colgaban fotografías de mis abuelos y bisabuelos, y me daba miedo acercarles la cara. Pero no me atrevía a decirle que quería bajar. Mi tío nunca se cansaba de llevarme a caballito. «¿Quieres bajar?», me preguntaba al final. Entonces yo fingía protestar un poco y él me bajaba al suelo. Mi tío no tenía trabajo. Cuando ya había cumplido los cuarenta y cinco, se casó con una mujer diez años mayor que él, se fue de casa y dejó de visitarnos a menudo. Se ve que ahora es pescador y vive con su mujer en casa de su patrón, en una preciosa zona junto al río.
—¿A ti te gustan los huevos crudos, Mezaki? ¿Los sorbes a través de un agujero en la cáscara?
—Primero casco el huevo, separo la yema de la clara y bato sólo la clara hasta que queda espumosa, así. —Mezaki me lo enseñó moviendo rápidamente la mano derecha, en la que sujetaba los palillos. Al final de la demostración, se llevó una galera a la boca y dio un trago de sake—. Cuan
do he terminado de batir la clara, bato también la yema y la mezclo con la clara hasta obtener un líquido uniforme, como si fuera agua. Luego añado un poco de salsa de soja. —El montón de cáscaras iba creciendo al mismo ritmo que disminuía el de las galeras. Entonces Mezaki me acercó la cara—. ¿Tú sorbes directamente los huevos crudos, Sakura? Por tu cara diría que sí. Lo haces, ¿verdad?
—No, no lo hago.
Empezamos a repetir la misma pregunta y respuesta: «¿Lo haces?», «No, no lo hago», mientras la mesa se llenaba de botellas de sake vacías. «Vamos a cerrar», nos avisó el dueño, pero aún nos quedamos bebiendo un rato más, y no nos levantamos hasta que hubo quitado la cortinita que colgaba en la puerta de entrada, apagado los fogones y limpiado la barra. Cuando salimos al camino bordeado de farolas, la luna brillaba arriba en el cielo, redonda.
—Aquí no hay nada, vamos a dar un paseo—dijo Mezaki mientras echaba a andar delante de mí meneando las caderas, como cuando habíamos llegado al restaurante. Cada vez que pasaba bajo una farola, su sombra aparecía detrás de él, y luego se proyectaba delante de su cuerpo. Cuando salía del círculo luminoso, la sombra desaparecía en la oscuridad. Yo también meneaba las caderas, como él.
—Tengo un poco de miedo, Sakura—me dijo al cabo de un rato, y se puso a mi lado—. Me da miedo la oscuridad. Antes creía que de la oscuridad podía salir cualquier cosa, por eso me daba miedo. Ahora la temo porque sé que no hay nada en su interior. —Mezaki tenía la costumbre de acercarme la cara al hablar, y notaba su aliento en mi mejilla. Recuerdo que, cuando nos conocimos, decidí que no me caía bien. Pero luego, a medida que me iba contando aque
llas historias que le parecían tan interesantes, fui cambiando de opinión. Su aliento era dulce y húmedo como el de un perrito—. Dondequiera que vayas, en los lugares oscuros sólo hay oscuridad, y eso me da miedo. ¿A ti no, Sakura?
—No. No especialmente. A mí lo que me da miedo es…—dije, y me di cuenta de que había olvidado qué era. Lo tenía en la punta de la lengua, pero no me acordaba. Un perro ladró lejos de allí. Cuando uno empieza a ladrar, los demás lo imitan, como si le respondieran. Quizá no era un perro doméstico. Quizá ni siquiera era un perro, sino algún tipo de animal salvaje que no sabíamos identificar. Cuando los ladridos cesaron, las ranas empezaron a croar. Sus voces surgían de los márgenes del camino. Se oían tan cerca que parecía que pudiéramos alcanzarlas alargando el brazo.
—Las ranas tienen una voz muy potente para su tamaño, ¿no crees? Si las personas tuviéramos ese tono de voz, seríamos insoportables—rió Mezaki mientras me cogía la mano. Sus manos estaban calientes, y me di cuenta de que yo las tenía muy frías. Siempre tengo las manos, la espalda y la frente frías.
—¿Todavía tienes miedo, Mezaki? ¿Te sientes mejor si te doy la mano?
Él rió de nuevo. Eran unas carcajadas guturales que sonaban como el tañido de una campanilla de porcelana. Ya no había casas y las farolas escaseaban cada vez más, pero el camino no parecía tener fin. Me pareció distinguir una montaña entre la oscuridad que se expandía frente a nosotros, pero tal vez sólo fuera una ilusión óptica.
—¿Dónde estamos, Mezaki?
—Pues… no lo sé, lo mismo me preguntaba yo, pero no sabría decirlo. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Una vez, cuando era pequeña, me perdí. Mi tío, al que he mencionado antes, me llevó al hipódromo. Un mar de gente
http://www.acantilado.es/cont/catalogo/docsPot/Extracto_Abandonarse_a_la_pasion.pdf
hiromi