Los nombres propios y Basho

 

A pesar de la niebla

es bello 

 el monte Fuji

Basho*

Los nombres propios tienen una fuerza especial. Al leer el nombre del nombre del Monte Fuji, cualquier lector que lo conozca recordará inevitablemente su forma cónica y la nieve en la cima.
Esa forma y esa nieve están en el haiku, aunque Bashō no lo diga.
Cuanto más concreta es una palabra (y un nombre propio es el sumo de la concreción) más información contiene. No es lo mismo hablar de un edificio, que de una catedral, que de Notre-Dame.
Usa palabras concretas. Dirás mucho más con mucho menos.

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LOS VIEJOS VILLANCICOS

muy parecido a lo que viví

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Villancicos eran aquellos que sonaban cuando yo era chico (muy chico) y cerca al día de Navidad salían de discos de 78rpm, que un tocadiscos “Garrard” hacía sonar a través del parlante de una radio “Saba” a la que estaba conectado, instalados ambos en un mueblecito especial, con puertas que se mantenían cerradas, gracias a un imán.

Eran villancicos españoles que mi madre ponía al caer la noche y cerca estaba la mesa donde se armaba el nacimiento al que se le ponían velitas de colores (rosa, celeste, amarillo y blanco) en unos pequeños “pies” o soportes de madera que tenían forma de estrella y estaban pintados de dorado; además había floreritos de vidrio transparente, con jazmines, que perfumaban maravillosamente el ambiente.

El nacimiento lo formaban imágenes más o menos grandes de San José, la Virgen María, un burro y una vaca rodeando un montoncito de paja que estaba vacío…

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El suspenso por Eduardo Benavides

En contra de lo que se cree comúnmente, el suspense no sólo es un género literario derivado del Romanticismo, sino «un procedimiento narrativo basado en una diferencia informativa entre personaje y espectador, donde este último conoce datos fundamentales que desconoce el personaje», como señala Prosper Ribes en su estupendo libro «Elementos constitutivos del relato cinematográfico». Ello es perfectamente válido para una narración literaria. De hecho, el paso entre un acontecimiento y otro en el esquema narrativo de una ficción se formula generando en el lector esa urgencia por confirmar que lo que piensa que va a ocurrir ocurrirá, o bien desmintiendo tal convencimiento con un último giro argumental. Pongamos atención: mediante el suspense no se trata de sorprender al lector de manera manifiesta sino de sugerirle la posesión de un conocimiento del hecho narrativo que no está en manos del o de los personajes. El mejor ejemplo de esto es la Crónica de la muerte anunciada de García Márquez, que tomamos como muestra por ser también un libro conocido por todos o casi todos. No se trata aquí de saber si van a matar o no a Santiago Nassar, sino cuándo y cómo van a coincidir sus asesinos con él, pues desde el principio, desde el mismo título, sabemos que así va a ocurrir.

Ernesto de la peña

“Ebrio de sus poderes, en un primer intento de revisión demográfica, el arsénico se consumió a sí mismo y murió, espumoso y cárdeno, en la primavera de su única nostalgia”

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Siempre hay uno — El Blog de Arena

. Siempre hay uno. Siempre hay uno que es el que «da la nota»; el que «quiere hacerse notar»; el que «se cree diferente a los demás». Todos conocemos a uno de ellos. A veces es un amigo cercano, un familiar e, incluso, y si la fortuna tuvo la decencia de fijarse de esa manera […]

a través de Siempre hay uno — El Blog de Arena

Monterroso

Tomado de la revista de Tardesamarillas.com

Texto de la sutoria de Patrcia Nasello

El 21 de diciembre conmemoramos el 97º cumpleaños de AUGUSTO MONTERROSO (Tegucigalpa, República de Honduras)
Si, como afirma León Gieco, «todos (los cantantes) mencionamos a Pugliese», entonces yo me tomo la libertad de afirmar que todos los minificcionistas mencionamos a Monterroso. Por mi parte, confieso que cuando tomé contacto por vez primera con su obra La oveja negra, percibí, maravillada, que entraba la luz del sol y un aire fresco perfumado a eucaliptos a través de una ventana que yo nunca hasta ese momento había advertido.
La obra de la cual tomo las palabras que comparto es su novela fragmentaria Lo demás es silencio. Donde el escritor nos cuenta la biografía ficticia del Doctor Eduardo Torres.

 

Envío a Elena Poniatowska
Dios
Si Dios no existiera habría que inventarlo. Muy bien, ¿y si existiera?
El Heraldo, «Agnósticos de aldea»

 

Imaginación (2)
Lograr con la imaginación la apariencia de realidad y con la realidad la apariencia de imaginación.
El Heraldo, «Sobre Carlos Rincón»

 

Inteligencia (1)
Como casi todas las cosas, la inteligencia se democratiza en tal forma que ha dejado de ser privilegio de las clases pobres.
El Heraldo, «La hora de todos»

 

Justicia
Cuando la justicia y la razón estén de tu lado procura que pasen al lado de tu enemigo que entonces sí podrá perseguirte con razón y justicia, y seguramente perderá.
El Heraldo, «Catalina Sierra y la Historia»

 

La calumnia
No hay peor calumnia que la verdad, lo que no deja, como un vientecillo que crece, de ser calumnioso para la verdad.
El Heraldo, Homenaje a Rossini

 

Monterroro A. (1996) Cuentos, fábulas y Lo demás es silencio. Prólogo Domingo Ródenas de Moya, Posición 3882, 3966, 3967, 3973, 3974, 398, 3986, Barcelona, edición digital RBA Libros.

AUGUSTO MONTERROSO 1    MONTERROSO LIBRO

http://www.tardesamarillas.com/index.php?option=com_content&view=article&id=884%3Apatricia-nasello&catid=22%3Acolumnistas&Itemid=25&fbclid=IwAR1h3rxE0u_AR_Vv8NVkw5S_PBwf2S122hoY6LDBSJJnT26IuVOhI1slMeg

El tiempo en la narración continuación de Eduardo Benavides

Es frecuente que en nuestro taller, como en muchos otros, se hable de estructuras narrativas… aunque a menudo no sepamos bien a qué nos estamos refiriendo. Y encontrarán muchos libros sobre los que se hable de manera más o menos profusa, más o menos profunda y más o menos clara de ello. Pero a nosotros por ahora nos basta con saber que al hablar de estructura narrativa básicamente nos estamos refiriendo a la correlación articulada de lenguaje, composición argumental y esquema de este último, que a su vez comprende (1) las situaciones iniciales, (2) los conflictos o complicaciones, (3) la resolución y (4) el desenlace o situación final. La estructura de una narración es pues su andamiaje, aquellas líneas de tensión sobre la que se sustenta la historia. Necesitamos así un umbral o marco narrativo que es la presentación de los personajes y del escenario donde se desarrolla la acción. Este se propone como el espacio para el acontecimiento desencadenante, la chispa que genera los acontecimientos al romper el equilibrio formulado al principio de la narración y desencadena el conflicto y las acciones que se manifiestan para resolver este último (ya vimos en clases pasadas este núcleo) y finalmente el desenlace al que se llega una vez superado el conflicto. Por supuesto, este planteamiento teórico nos puede ayudar a entender mejor el mecanismo interno de una narración, pero de ninguna manera nos ayudará a formularlo. Para lograr esto último, lo mejor es proponerse alguna tarea práctica que nos ayude a entender mejor esta situación, además de analizar algún cuento y acertar con su arquitectura.

 

Bartolt Brecht

Un hombre que desde hacía mucho no veía al señor K, lo saludó con estas palabras:
—No ha cambiado usted nada.
—¡Oh! —exclamó el señor K, palideciendo.
Bertolt Brecht

Basho

La primera nieve
Las hojas de los narcisos
apenas se inclinan

Bashō tenía un talento especial para los detalles minúsculos.
Como el efecto de la nieve sobre las hojas de los narcisos.
Me lo oirás decir muchas veces: la importancia de los detalles es capital y, si están bien elegidos, permiten mostrar una escena de forma más clara y verosímil.
Bashō no solo se fija en como la nieve se acumula sobre las hojas, sino también en la «leve inclinación» que su peso les provoca.
Dar este nivel de detalle obliga al lector a imaginar la escena de un modo más intenso. ¿Acaso no has sentido, al leer el poema, la necesidad de «acercarte» más a las hojas para poder percibir esa «leve inclinación»?
Si un pasaje de tu texto resulta demasiado abstracto o es difícil de imaginar, añádele un buen detalle y este se encargará de darle vida.

Los mejores haikus de Matsuo Bashō (y lo que puedes aprender de ellos)

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El tiempo y la estructura narrativa de Eduardo Benavides

El tiempo, como hemos estado viendo hasta ahora, es el primer elemento de una estructura narrativa, después del lenguaje. Así, los acontecimientos de una narración, temporalmente hablando, pueden presentarse de múltiples formas, atendiendo a la elección que hagamos de nuestro tiempo cronológico y de nuestro tiempo narrativo o estructural. De manera que una  historia puede escribirse de manera alternada, gracias a la técnica del contrapunto, que nos va contando dos historias intercaladas y por lo general diferenciadas entre sí gracias al uso de episodios o capítulos alternos. También puede presentarse fracturando su tiempo, intercalando fragmentos de la historia sin seguir un orden cronológico, como si fuera un collage temporal. Tan pronto vemos una escena del presente, como una del pasado remoto u otra del pasado inmediato, generando en el lector la necesidad de reorganizar cronológicamente los hechos.  De igual modo, podemos contar la historia desde una múltiple perspectiva temporal, en la que cada personaje es seguido desde un tiempo distinto a  fin de que sea el lector, nuevamente, el que organice la secuencia cronológica de los acontecimientos… Naturalmente estas organizaciones temporales se dan más bien en las novelas, cuya extensión permite este tipo de desenvolvimientos narrativos, pero sobre todo atienden a una estructura mucho más compleja habida cuenta de la participación de más personajes y tramas más arborescentes.  Y a veces, esta perspectiva modifica también la apreciación de los hechos ocurridos o la de los propios personajes, pues alterando el ángulo desde donde se observan las cosas, estas pueden no parecer las mismas… Por ello, creemos necesario recomendar la lectura de La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, Mientras agonizo, de William Faulkner y Quién de nosotros, de Mario Benedetti.
Es frecuente que en nuestro taller, como en muchos otros, se hable de estructuras narrativas… aunque a menudo no sepamos bien a qué nos estamos refiriendo. Y encontrarán muchos libros sobre los que se hable de manera más o menos profusa, más o menos profunda y más o menos clara de ello. Pero a nosotros por ahora nos basta con saber que al hablar de estructura narrativa básicamente nos estamos refiriendo a la correlación articulada de lenguaje, composición argumental y esquema de este último, que a su vez comprende (1) las situaciones iniciales, (2) los conflictos o complicaciones, (3) la resolución y (4) el desenlace o situación final. La estructura de una narración es pues su andamiaje, aquellas líneas de tensión sobre la que se sustenta la historia. Necesitamos así un umbral o marco narrativo que es la presentación de los personajes y del escenario donde se desarrolla la acción. Este se propone como el espacio para el acontecimiento desencadenante, la chispa que genera los acontecimientos al romper el equilibrio formulado al principio de la narración y desencadena el conflicto y las acciones que se manifiestan para resolver este último (ya vimos en clases pasadas este núcleo) y finalmente el desenlace al que se llega una vez superado el conflicto. Por supuesto, este planteamiento teórico nos puede ayudar a entender mejor el mecanismo interno de una narración, pero de ninguna manera nos ayudará a formularlo. Para lograr esto último, lo mejor es proponerse alguna tarea práctica que nos ayude a entender mejor esta situación, además de analizar algún cuento y acertar con su arquitectura.

El sembrador de dátiles

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.
Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
-Que tal anciano? La paz sea contigo.
– Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.
-¿Qué haces aqui, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
-Siembro -contestó el viejo.
-Qué siembras aqui, Eliahu?
-Dátiles -respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.
-¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.
-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.
– No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…
-Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?
-No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé.. lo he olvidado… pero eso, ¿qué importa?
-Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
-Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
-Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste – y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
-Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

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