Toda ella es un mar encrespado. El ronco murmullo de las caracolas en mi oreja lo hace más real. Ansiosos, mis labios se cierran sobre su pezón erecto: el sabor salino de su leche embravecida inunda mi boca, prolongando mi excitación. Siento el andar inquieto de sus manos que bajan por mi cuello… Le cuento que las amazonas nos amputamos un seno para tensar el arco mejor, pero que yo me quité los dos.
José Manuel Ortiz Soto (Jerécuaro, Guanajuato, 1965). Pediatra y cirujano pediatra. Libros de minificción publicados: Cuatro caminos, Las metamorfosis de Diana/Fábulas para leer en el naufragio, Cava de minificciones. Es antólogo de El libro de los seres no imaginarios. Minibichario y, coantólogo de Alebrije de palabras. Escritores mexicanos en breve y El Tótem de la rana. Catapulta de microrrelatos.
En el primer caso policial de la existencia también podríamos observar el tópico del misterio del cuarto cerrado (aunque se haya llevado a cabo bajo el cielo abierto y primigenio del mundo). Tres son los sospechosos: Eva, quien ya tiene antecedentes criminales; Adán, cómplice habitual de la mujer, y por último tenemos a Caín que despreocupado ara la tierra para plantar sus frutos. Dios pone el sol sobre la cabeza de los sospechosos y los interroga. No puede tomar declaraciones de Eva, quien llora desconsolada la muerte de su hijo; Adán también se quiebra al enterarse del suceso. Cuando llega el turno de Caín, este se muestra hosco y le contesta a Yavhé. —¿Acaso soy yo el custodio de mi hermano? Dios en ese momento vislumbra una mancha oscura y pegajosa en el azadón de Caín. Luego, hace llover torrencialmente sobre los cultivos y poco a poco se desentierra una mano y un torso. De esta manera el creador tiene los elementos policiales básicos: un sospechoso, un arma y un cuerpo. Rápidamente sentencia con su justicia divina y manda al criminal al exilio. No se sabe bien por qué Dios llevó a cabo esta investigación ya que en definitiva si creemos en la omnipresencia del creador, este ya sabía todos los cómo, los cuándo y los porqué. Sólo nos queda pensar 48 que él, a la imagen de los hombres, también disfruta de una buena intriga policial.
Gajes del oficio
Mutilé mi cuento original, le cercené desde el encabezado hasta el pie de página. En el camino enterré a tres posibles protagonistas que nada valían y por último (con un exceso de cólera) encerré perpetuamente a un personaje sin nombre en este microrrelato que nunca terminaré de escribir… Quizás así es el infierno.
Juan Manuel Montes.
Escritor, profesor de Grado universitario en Lengua y Literatura por la U.N.Cuyo. Miembro de Triple-C (La Cofradía del Cuento Corto) y de «La trampa: escritores independientes». Ha publicado en 2008 La soledad de los héroes, y en 2012 Relatos desde Liliput; sus textos aparecen en diversas antologías como: Con la literatura no se juega (2012), Brevedades (2013), El mundo de papel (2014), Antología Trinacional de minificción Borrando fronteras (2014) y Minimalismos (2015).
O dispara usted o disparo yo recoplilacion de Lilian Elphick
Conoce los clientes del bodegón, sabe que debiera cantar otras canciones pero esta noche el hastío llegó temprano. El viejo hastío que, hasta hoy, siempre lo había atacado una vez puesta la llave en la cerradura de su casa, después de la actuación y de los tragos. Ahora no canta, sólo puntea la guitarra. Al primer chiflido se baja del escenario. —Otra como ésta y olvidate —dice el mandamás. —Traeme lo de siempre —replica con indiferencia mientras pone sobre la mesa el sombrero que calza cuando cumple el rol de artista. Para el sexto vaso, no sabe si es vedad que alguna vez fue un gran vocalista a quien el éxito acercó una multitud de admiradoras serviciales. —¿Cómo pudo aquel tipo terminar cantando por monedas en un bar de mala muerte? Quisiera responder a su pregunta pero el whisky adulterado no combina bien con el hastío prematuro. —¡Quietos! —ruge alguien, un pibe con cara de loco, parece tener menos años que su propia pistola. Lo acompañan otros dos que podrían ser sus gemelos. La adrenalina provoca el milagro, siente que la vida regresa para correr por sus venas, sonríe. —Vos, el del sombrero. ¿Qué te pasa? Mirá quien viene a reparar en el sombrero. Algo se agita en la boca de su estómago, tarda en reconocer la risa que asciende. —¿Che, puto de mierda, querés que te queme? —el delincuente tiembla de rabia y lo apunta. La carcajada es incontrolable.
No obstante
El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. No lo detuvieron un par de metros antes de llegar a su puesto de trabajo. No estaban sus hijos en casa rodeando, desconsolados, el cuerpo sin vida de la madre. Su esposa no fue asesinada de un balazo en la frente, disparado, tal como los carabinieri sospechaban, con el arma del comandante. La buena mujer no murió para que el homicida tuviese el camino despejado para perpetrar el magnicidio.
Pa t r i c i a N a s e l l o . P u b l i c ó l o s l i b r o s d e microrrelatos Nosotros somos eternos, 2016, y El manuscrito, edición de autor, 2001. Miembro, junto a Sergio Astorga, del Comité de Redacción de Brevilla, Revista de Minificción. Dirige: Profesora Lilian Elphick. Posee trabajos publicados en periódicos, revistas culturales y antologías de cuentos en Argentina, España, México, Venezuela, Rumania, Perú y Bolivia
Mi madre aborrece a los gays sin saber que en casa tiene a uno que se junta con otro, cuya madreaborrece a los gays sin saber que en casa tiene a uno que se une a otro en las noches frías o calurosas, que se abrazan, se besan, se muerden y se funden en un solo cuerpo, sin siquiera sospecharlo nuestras mamás.
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Chris Morales (Ciudad de México, 1983). Actor, productor, docente, creador de historias para un escenario, para leerse en un libro, revista o monitor. Estudiante de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y gusta de emprender y participar en proyectos incluyentes.
La mujer me dijo que necesitaba contarme su historia para recordar su esencia, y al hacerlo ha recobrado la memoria: Nos han llamado ángeles, dioses, superhéroes, y de muchas formas —según la época y la cultura—, lo único que sé es que soy una semilla y que un día me convertiré en un árbol. Han tratado de podar nuestras ramas y de contener nuestras raíces, han tratado de exiliarnos del paraíso, pero al fin he recordado que el único paraíso reside dentro de nosotros.
Katalina Ramírez Aguilar (México). Licenciada en Literatura y Filosofía por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Ha trabajado como editora en diferentes editoriales, y de manera independiente. Ha publicado microcuentos y poemas en siete antologías internacionales, y en revistas nacionales. Ha publicado un libro de poesía, “Lengua soy” (3 norte y Universidadberoamericana), y uno de microficción, “Música primigenia” (BUAP, 2019)
Mientras se enfunda en su ajustado vestido negro, que tan bien resalta sus curvas perfectas, piensa adónde irá ahora. Se siente sexy, deseable, pero necesita comprobar que aún puede enloquecer al hombre que ella elija. Se peina sus rojos cabellos y sonríe pensando que si los demás lo pensaran un poco, se darían cuenta que tienen el color del peligro. Luego retoca sus labios rojos, rojos como el demonio que se esconde en su interior, bajo ese falso aspecto inocente. ¡Los hombres son tan crédulos! Enseguida están dispuestos a imaginar que una está lista para caer en sus brazos en cuanto ellos lo decidan. ¿Y para qué? ¿Para después desechar a la mujer como a un objeto sin valor? Su sed de sangre renace incontrolable. Lanza una última mirada de desprecio al hombre que yace inerte en la cama. Esconde la navaja en su cartera. Ya puede volver a la cacería.
Mirta Mineo.
Profesora de francés, artista plástica y escritora argentina. Tiene más de 180 obras publicadas en Argentina y en España, en ambos países ha ganado premios y menciones especiales. Su obra incluye cuentos, poemas, micro ficciones, haikus, nanorrelatos, cartas y crónicas. También ha ganado premios en pintura. Blog: http://laplumebleue.blogspot.com.ar/
“La humanidad no es como nos contaron nuestros abuelos. Han pasado a la historia esos bárbaros procesos de reproducción, como el de aparearse entre hombres y mujeres. ¡Nada más asqueroso!”, predicaba con vehemencia el catedrático. “Afortunadamente la tecnología ha reemplazado a los zánganos heterosexuales por varones homosexuales y mujeres libres, haciendo de este mundo un lugar mejor para vivir”.
Los alumnos escuchaban embelesados al docente, que a su vez esquivaba sus miradas. No podía resistirse a mirar de reojo hacia la segunda ventana del aula. Mientras seguía con su perorata, veía el escote de una de sus alumnas. Aterrado, se dio cuenta de que tenía una erección: sabía que la heterosexualidad manifiesta era causal de pena capital.
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José Carlos Monroy (Ciudad de México, 1983). Traductor y poeta bilingüe náhuatl-español. Ha publicado en ambas lenguas, en medios electrónicos e impresos; y traducido para dependencias públicas y privadas.
El viento agita mi vestido de playa mientras me acerco hacia él. Cuando estamos cerca, decido sentarme en la arena y es él quien viene a mí. Cuando llega y toca mis pies, mi piel tiembla. Sube por mis piernas, levanto mi vestido para que nada se interponga entre mi deseo y él. Me acaricia y penetra intenso entre mis muslos. Olas de placer me inundan.
(Ciudad Obregón, Sonora). En la primavera de 2008 visitó Buenos Aires y nació como minificcionista. Desde entonces es hacedora y promotora de ese maravilloso género. Sus libros de minificción son: Goza la gula, Las dos caras de la luna, Abecé sexy, Mínimos deleites y Cuestión de tiempo. Ama a los Cronopios, cultiva un bonsái y sueña con habitar en Liliput. Minificciones suyas han sido incluidas enuna veintena de antologías.
Un hombre sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que jamás en su sueño d ..b .b…. alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a .lado y el hombre descubre, decepcionado, que ya es suya. (Microrrelato número 92; de La sueñera)
Un enajenado contador público de Chicago, Illinois, desencadenó una masacre cuando disparó a quemarropa, con una pistola Smith & Wesson, sobre seis de sus siete empleadas. Sucedió en su despacho, durante el balance de fin de año. La sobreviviente quedóen estado de conmoción. Antes de ser trasladada por la ambulancia, logró balbucear al oído del detective: —Fue un ajuste de cuentas…
Eduardo Mancilla. Escriba incipiente. De Rosario, Argentina. Participaciones en Historias de El Cairo y ¡Basta! 100 hombres contra la violencia de género. Blog: Letra Chica.
En alguna parte leí que, si se conoce la etimología de una palabra, se retiene mejor el significado y es casi imposible olvidarlo. Exactamente eso fue lo que me sucedió cuando conocí el origen de la palabra antología: del griego ανθολογία, antologia, de άνθος, ántos, «flor» y λέγιεν, légein «recoger»; de ahí que […]
Lo peor son las puertas que se van cerrando detrás tuyo. El sonido de los cerrojos que se cierran a tu paso. Ese laberinto que se va formando mientras caminás para llegar a tu lugar de trabajo. Te cruzás con personas a las que no mirás. Son solo uniformes que se desplazan y rara vez responden tu saludo. Te sentís insegura. Como si algo te faltara. Como si no pudieras pedir ayuda. Como si cada puerta que se cierra fuera una posibilidad menos de escapar. Acaso la sensación será similar a la que el Dante le dio a sus círculos del infierno. Acá no son círculos, son pasillos interminables, cuyas puertas se cierran después de que las atravesás. No hay vuelta atrás. No hay lugar para los débiles aquí. Quienes no tienen la fortaleza de seguir, pierden la chance de salir.