Dos cuentos de… O dispara usted o disparo yo


Patricia Odriozola

Nació el 8 de julio de 1957 en Nueva York. Vive en la Argentina desde los dos años. Es Licenciada en Comunicación Social y Magíster en Escritura Creativa. Se define como escritora de ficción, periodista y creativa publicitaria. Publicó novelas, cuentos y un ensayo breve en la Argentina, España y los EE.UU. También recibió premios y distinciones en estos tres lugares. Es casada. Tiene una hija y tres gatos.

El parto

No quiero despertarme.
Acá está calentito, y estoy bien.
¿Salir? ¿Qué es eso? Prefiero los adentros.
Yo me quedo aquí, con el hermano de la muerte, y la fantasía sin tiempo ni epitafio. Porque son redondos, suaves, mullidos, los sueños que me abrigan y me salvan de la luz insoportable y supuestamente bienvenida de los días de sol.
Voto por este todo es posible; lejos, bien lejos de esa puta realidad que voltea castillos y erige la nada.
Hay uno que dice -nunca me acuerdo el nombre- que la vigilia es lo real. Si es así, entonces no es más que una superposición de aristas, de cuadrados, de tijeras. Sin color. Como esa sala de partos, con los focos esperando confesiones de inocentes, y la sargentona autoproclamada enfermera, y el fascista
del médico ordenando que hay que llorar para vivir. Como esa angustiante disfonía de ruidos profanos.
De sucesiones de horas y minutos. De figuras recortadas, no de anfibios.
Afuera hace frío. Tengo miedo. No quiero abrir los ojos -no voy a abrir los ojos- por más que
me sacudan por enésima vez en veinticuatro horas.
Es la anestesia susurran, y enseguida: «pobrecita»; se sonríe. «No
sé cómo vamos a decirle que la chiquita no sobrevivió».
Como si no supiera bien que fui yo quien te anudó el cordón al cuello.
Fue mami la que te salvó, hija mía. Y por eso estoy sonriendo.

Agua

¿Lavarse, lavar…? Qué más da, decíamos; la higiene, un anhelo burgués. ¿Beber? Nuestra cava guarda el sueño de tantas botellas como puntos hay en una línea. ¿Infusiones? ¿Quién las necesita? Mientras las manzanas no nos mezquinen su gloriosa acquavit…
La llanura se ajó como un pergamino. El cielo perdió el azul subido y empalideció hasta volverse grisáceo. Los animales se consumieron: el brío del caballo y la temeridad del puma cedieron su
cetro a una cohorte de alimañas que crujían al andar. Ebrios de alcohol y de ansiedad, le dimos una aparatosa bienvenida a la estepa y permitimos que avanzara sobre nuestros cuerpos una nueva forma de supervivencia.
Un atardecer, el más anciano de nosotros se extinguió con la misma dulzura con que el sol bajaba sobre el horizonte. Recién entonces nos dimos cuenta de que las lágrimas también se habían acabado. Habíamos sido seres humanos. Ahora, no más que un tesoro de taxidermista.

Patricia Odriozola


El último vagón

Sergio Isaac Porcayo

Traspasa el último acceso. Él avanza (corbata suelta, maletín y saco bajo el brazo) entre cuerpos ausentes que lo ven sin mirarlo. El animal se sacude y penetra la oscuridad.

Otra estación, el aguijón se inunda de cuerpos parasitarios sin destino. La masa compacta de zombis sedientos se funde evasiva. Él, indiferente, les da la espalda. Al arranque siente, sin inmutarse, el contacto tibio sobre su cadera. Inmóvil ve las luces escapar por la entraña de la ciudad mientras otra piel se escurre debajo del pantalón como paladeando. La dermis extraña inicia un frotamiento sobre el canal de las nalgas, aumentando hasta terminar en la embestida del áspid que repta por otro canal, más frágil y aromático que los entresijos de la ciudad.

Anónima creatura cava los pliegues de su íntima oscuridad. Su mirada y su mente se ausentan. El sudor y otras humedades manchan su frente y corbata, hasta que repentinamente el vivaz invasor se retira furtivo. Antes de llegar a la estación arregla su camisa. Sale del gusano, y desde el otro lado de la compuerta cerrada reconoce los duros ojos amarillentos que lo poseen invasivos, incluso después de que veloces desaparecen del andén.

Sergio Isaac Porcayo (Toluca, Estado de México, 1987). Licenciado en Filosofía y especializado en Estética. Ha publicado en diversas revistas sobre temas literarios y filosóficos, centrándose en la visualidad, la sensibilidad contemporánea y las masculinidades.

Las líneas 8 y 9 del Metro de la Ciudad de México ya tienen WiFi ...

Noticias escritas

De Rogelio Ramos

Ayer ocurrió un «accidente doméstico», según dice el diario de
hoy con total objetividad: «Muerte casual». Resulta que maté a mi
esposa. Todo sucedió cuando subí a una silla para buscar una lata de
arvejas que estaba en el último estante de la alacena. La silla falló (estas
porquerías de plástico no aguantan nada) y la lata le cayó directamente
sobre la mollera.
Estábamos preparando el almuerzo, así que guardé el revólver
para otra oportunidad. Por supuesto que el accidente me quitó las
ganas de comer.

Rogelio Ramos Signes. Nació en San Juan, en 1950. Reside en
Tucumán desde 1972. Publicó un libro de cuentos, tres de ensayos, tres
de poesía, uno de microrrelatos (Todo dicho que camina) y cinco novelas.
Colabora con publicaciones nacionales y extranjeras. Parte de su poesía
ha sido traducida al francés, al portugués y al rumano; parte de su
narrativa, al inglés y al húngaro. Ha recibido numerosos premios y
distinciones. Es miembro fundador de la «Asociación Literaria Dr.
David Lagmanovich».

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O dispara usted o disparo yo…Brevillia

Las Kareninas

Del Microdecamerón por Carmen de la Rosa


Ana ya no añora el corazón de Vronsky palpitando contra su
pecho, ni sus abrazos, ni la borrachera de sus besos. Ya no. Hace
meses que atravesó Rusia, oculta en un carruaje con su hijo mayor,
Seriozha, y la pequeña Ana. Cruzó la frontera suiza. Vendió sus
joyas y compró la casa. En San Petersburgo se rumoreaba que
unos asaltantes los habían asesinado, a ella y a los niños. Poco a
poco fueron llegando las otras. Huyeron de sus maridos y de los
amantes apuestos que las intercambiaban como si fueran muñecas
vestidas de seda y tafetán.
Las extranjeras, así llaman los habitantes de Brienz a las
mujeres que viven con sus hijos en la casa del lago, que persiguen
luciérnagas en el jardín, descalzas, en las noches de verano. Ya
acabó para ellas el encierro y la locura y el daño. Su desesperación
de bellas fieras enjauladas. Ningún Karenin les podrá negar el
divorcio, ni arrebatarles sus criaturas.
A veces Ana despierta en la madrugada, escucha el silbido
de una locomotora que se acerca, el traqueteo de las vías de un
tren fantasma y siente el vértigo de evitar, en el último segundo,
la muerte.

Anna Karenina (2013) Película - PLAY Cine

Carmen de la Rosa (España). Escritora y médica rehabilitadora.
Sus relatos y microrrelatos aparecen en los libros “Entre humo y
cuentos”, “Todo vuela“, “Acordeón”, las antologías: “Somos
Solidarios”, “99 crímenes cotidianos”, “Ellas”, “Eros y Afrodita
en la minificción”, “Perdone que no me calle”, “Antología
española de Minificción en redes” “100 palabras para mamá”; en
varias revistas y blogs. Ganó el I y el X premio de relatos breves
“Mujeres” del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Atributo de la minificción

El microrrelato ha de ser capaz de condensar una historia a pesar de no contar con muchas palabras. Esto no quiere decir que tengamos que resumirla. Más bien todo lo contrario: el microrrelato es tan solo la punta del iceberg de una historia mayor. Consiste en sugerir al lector para que sea él quien rellene los huecos, quien imagine todo lo que no contamos. El lector es parte activa.

Escenario y Hermanos

Ildiko Nassr

Escenarios

Las dos hermanas viajan en transporte público. Es hora pico y el espacio es reducido. Todos los días una rutina similar. Pasan por un campus universitario algo desolado, pero lleno de árboles.
—Este es el escenario perfecto para una película de terror—comenta una, como al pasar.
—Yo no podría matar a nadie —replica la hermana distraída.
-—Yo sí —y asienta la puñalada fatal.

Hermanos


Los dos tenían el mismo nombre. Los habían separado en un tiempo del que no tenían memoria. Se reconocieron por la marca en la frente. Uno había vivido rodeado de una familia amorosa. El otro, en
la calle, con el crimen como único sostén. En eso estaba cuando se encontraron. Lo miró fijamente a los ojos. El mimado le sostuvo la mirada. Lo hacía extrañado, como si no lo conociera. ¿Cómo podía ser
eso posible? ¿Acaso nunca le habían hablado del Brian que estaba en las calles y era su gemelo? La bronca y el resentimiento lo invadieron. Sacó el arma. Apuntó, sin dejar de mirarlo fijamente. Y disparó directamente a esa mancha que él veía todos los días cuando se miraba al espejo.
El disparo quebró la quietud de la siesta y alivió al delincuente, que huyó con la satisfacción de quien despierta de una pesadilla y vuelve tranquilamente a su realidad.

Ildiko Nassr.

Nació en Río Blanco, Jujuy, en 1976.
Publicó los siguientes libros de microficción: Placeres cotidianos (Ed.
Perro Pila, Jujuy, 2007). Animales feroces (Ed. Macedonia, Buenos Aires,
2011) y Ni en tus peores pesadillas (Ed. Macedonia, Buenos Aires, 2016).
Ha sido incluida en varias antologías del género. Escribe, también,
poesía y publicó varios libros del género. Tiene una columna en el
diario digital Enlace Cultura.
Estos microrrelatos fueron producidos especialmente para esta
convocatoria.

REVISTA DE ARTES - LITERATURA - POESIA- ILDIKO NASSR

Mejor, imposible

Rubén García García

La señora está cansada. “mañana lavo los trastos” le dice a su esposo en voz alta. Apaga la luz y se dirige al dormitorio. A los quince minutos regresa, enciende el foco y con horror mira sobre la mesa cientos de cucarachas. Con insecticida en spray rosea abundante. Algunas yacen boca arriba y el resto quedan inmóviles. “eso querían desgraciadas” Si hablé con voz alta fue para que salieran todas. Apaga el foco y satisfecha se va hacia su recámara.

Las cucarachas empiezan a moverse y las que están paradas ayudan a las que se encuentran patas arriba. Todas están sobre los platos disfrutando las sobras de la cena.

Todo salió a la perfección “mejor imposible” dijo una de ellas. Ellas ya son inmunes a los insecticidas. El teatro que hicieron fingiéndose muertas es una actitud aprendida de los humanos.
Tal vez un día…

trucos para eliminar las cucarachas de la cocina

Eva y la serpiente

De Alejandra P. Cruz

EVA Y LA SERPIENTE

—Todos sabemos por qué se nos desterró del Jardín del Edén —dijo la maestra en plena conferencia—, pero ¿qué pensarían si les dijera que la serpiente que tentó a Eva fue una hermosa y sensual mujer? —Todo el auditorio soltó una carcajada, pero ella continuó—: ¿Y si el fruto prohibido que probó Eva no fue una apetitosa manzana sino una jugosa papaya? No deberíamos descartar esa posibilidad, después de todo, la Biblia no fue escrita por la mano de Dios, sino del hombre.

Los aplausos no se hicieron esperar y ella fue despedida esa misma tarde.

***Alejandra P. Cruz (Aguascalientes, Aguascalientes, 1995). Estudia actualmente la carrera de Letras Hispánicas, en donde también es miembro del grupo LGBT+ de la universidad CUIR UAA. Su poema “Porque tenía que escribir de algo más” fue publicado en la revista Pirocromo. Ha sido mesera, niñera y vendedora.

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De lo perdido del Minidecamerón

Adriana Azucena Rodrígues


Nunca se recupera lo que amamos porque se queda siempre con nosotros. Lo que ocurre es que no lo sabemos y por eso lo creemos perdido. Hasta que, a veces, un día…

Adriana Azucena Rodríguez [Torres] es Doctora en Literatura Hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México cell (colmex). Ha impartido clases de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México ffyl (unam), la Universidad Autónoma de Chiapas unach y en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México uacm.
Actualmente, es Profesora investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Como resultado de sus actividades de investigación, ha publicado varios artículos, reseñas y notas. También cuenta con publicaciones de obras de creación literaria.
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Sólo se van los buenos

de Paola Tena tomado del Microdecamerón



Era Dimas de tan mala calaña y peores pulgas que no le hacía
ascos ni a los asuntos más turbios: se aseguraba siempre de saldar
sus deudas con billetes falsos, comer sin pagar aunque fuera una
manzana en el mercado y robar las monedas de la canasta de los
mendigos ciegos. Nunca se negaba si lo invitaban a participar de
crímenes jugosos aunque tuviera que desplazarse y fue en uno de
estos viajes cuando, cargado con una pequeña enfermó
repentinamente en un pueblo alejado de la mano de Dios;
agonizando, entregó hasta el último de los malhadados billetes
para que lo sepultaran en una tumba con su nombre, porque
siendo niño su abuela lo asustaba contándole que las almas de los
enterrados en la fosa común no encuentran descanso.
Creyendo que se trataba de una donación, los habitantes
del pueblo construyeron una escuela, ampliaron el centro de salud
y reformaron la ermita, donde desde entonces veneran a Dimas
como a un santo. Lo único que lamentan estas buenas personas
es no haber tenido tiempo de postularlo como candidato a
gobernador del Estado, o como mínimo, diputado al muy
honorable Congreso de la Nación.

Guiso de gallina de Paola Tena. El microdecamerón – SENDERO BLOG

La elipsis en la minificcion

El microrrelato, o minificción aunque sí tiene una estructura, no cuenta con espacio suficiente para la clásica distribución de presentación-nudo-desenlace. En el microrrelato saltamos directamente dentro de la acción, del acontecimiento. A veces, incluso dentro del clímax. De nuevo: no lo cuentes todo, solo lo estrictamente necesario para crear una imagen en la mente del lector.

Camila de los Volscos

De José Manuel Ortiz Soto

Toda ella es un mar encrespado. El ronco murmullo de las caracolas en mi oreja lo hace más real. Ansiosos, mis labios se cierran sobre su pezón erecto: el sabor salino de su leche embravecida inunda mi boca, prolongando mi excitación. Siento el andar inquieto de sus manos que bajan por mi cuello… Le cuento que las amazonas nos amputamos un seno para tensar el arco mejor, pero que yo me quité los dos.

José Manuel Ortiz Soto (Jerécuaro, Guanajuato, 1965). Pediatra y cirujano pediatra. Libros de minificción publicados: Cuatro caminos, Las metamorfosis de Diana/Fábulas para leer en el naufragio, Cava de minificciones. Es antólogo de El libro de los seres no imaginarios. Minibichario y, coantólogo de Alebrije de palabras. Escritores mexicanos en breve y El Tótem de la rana. Catapulta de microrrelatos.

Narrativa breve de José Manuel Ortiz Soto

El primer crimen

De Juan Manuel Montes


En el primer caso policial de la existencia también podríamos
observar el tópico del misterio del cuarto cerrado (aunque se haya
llevado a cabo bajo el cielo abierto y primigenio del mundo). Tres son
los sospechosos: Eva, quien ya tiene antecedentes criminales; Adán,
cómplice habitual de la mujer, y por último tenemos a Caín que
despreocupado ara la tierra para plantar sus frutos.
Dios pone el sol sobre la cabeza de los sospechosos y los
interroga. No puede tomar declaraciones de Eva, quien llora
desconsolada la muerte de su hijo; Adán también se quiebra al
enterarse del suceso. Cuando llega el turno de Caín, este se muestra
hosco y le contesta a Yavhé.
—¿Acaso soy yo el custodio de mi hermano?
Dios en ese momento vislumbra una mancha oscura y pegajosa
en el azadón de Caín. Luego, hace llover torrencialmente sobre los
cultivos y poco a poco se desentierra una mano y un torso. De esta
manera el creador tiene los elementos policiales básicos: un
sospechoso, un arma y un cuerpo. Rápidamente sentencia con su
justicia divina y manda al criminal al exilio.
No se sabe bien por qué Dios llevó a cabo esta investigación ya
que en definitiva si creemos en la omnipresencia del creador, este ya
sabía todos los cómo, los cuándo y los porqué. Sólo nos queda pensar
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que él, a la imagen de los hombres, también disfruta de una buena
intriga policial.

Gajes del oficio
Mutilé mi cuento original, le cercené desde el encabezado hasta
el pie de página. En el camino enterré a tres posibles protagonistas que
nada valían y por último (con un exceso de cólera) encerré
perpetuamente a un personaje sin nombre en este microrrelato que
nunca terminaré de escribir… Quizás así es el infierno.


Juan Manuel Montes.

Escritor, profesor de Grado
universitario en Lengua y Literatura por la U.N.Cuyo. Miembro de
Triple-C (La Cofradía del Cuento Corto) y de «La trampa: escritores
independientes». Ha publicado en 2008 La soledad de los héroes, y en
2012 Relatos desde Liliput; sus textos aparecen en diversas antologías
como: Con la literatura no se juega (2012), Brevedades (2013), El mundo de
papel (2014), Antología Trinacional de minificción Borrando fronteras
(2014) y Minimalismos (2015).

O dispara usted o disparo yo recoplilacion de Lilian Elphick