El pulgón toboganeaba en los jacintos. Aburrido ya de jugar, se subió al colectivo y abandonó la plaza. En la esquina del colegio descendió y a paso lento ingresó a la iglesia. Se acomodó entre los faldones que halló en primera fila y se dispuso a escuchar misa. De cabeceo en cabeceo, se fue durmiendo. Cuando quiso saber, estaba en un ropero.
Ricardo Bugarín (Argentina, 1962).
Publicó Bagaje (poesía, 1981). En el género de la microficción ha publicado: Bonsai en compota (Macedonia, Buenos Aires, 2014) , Inés se turba sola (Macedonia, Buenos Aires, 2015), Benignas Insanías (Sherezade, Santiago de Chile, 2016), Ficcionario (La tinta del silencio, México, 2017) y Anecdotario ( Quarks, Lima, Perú, 2020).
Tomado de la antología » o dispara usted o diparo yo» Lilian Elpick antologa
Los medios explicaron que a la bella la mató la ciencia; las cirugías que le estrecharon la cintura también le iban quitando poco la respiración, hasta que una madrugada murió de asfixia. A la bella la mató su psiquiatra. Cuenta que cuando lo llamaron de emergencia por lo del frasco pastillas, él se acercó al disimulo a la cama y le comprimió fuertemente la nariz con toda la palma, hasta que estuvo pálida. «Muerta antes o muerta después», dijo a la prensa, «¿qué diferencia habría si se iba a morir de amor tarde o temprano?» A la bella la asesinó él gobierno, el agente Norman Hogdes, en sus últimas horas testifico haberle inyectado Nembutal entre los dedos de pie izquierdo mientras dormía. «Nunca había matado mujeres», confesó mientras se relamía los labios secos por guardar tantos secretos de estado, pero siempre hay una primera vez; a la bella la mató su último amigo, un pedazo de carne joven que había enganchado en un bar y que se agarró tan fuertemente a sus costillas que las fracturó en un abrazo. A la bella confesaron haberla envenenado su nana; su chofer de limosina; su masajista; alguien que no estaba en el país esa noche; un astronauta; un extraterrestre que no podía ser penalizado por las leyes humanas y un viajero del tiempo… La fila de los que decían ser culpables logró dar varias veces la vuelta a la estación de policía y eran mucho más celosos que sus amantes en vida, los que decían haberla recibido la primicia de su último aliento. Todos equivocados, para entrar en un estrecho vestido de pedrería, antes de cantar el cumpleaños para el presidente, la bella en un complicado procedimiento hecho en una clínica cubana, se había hecho extraer el corazón. Anticipándose a su destino fatal de diva, desde 1960 estaba muerta, pero era buena actriz.
Solange Rodríguez Pappe.
Obtuvo su licenciatura en Letras en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil con un trabajo dedicado al microrrelato en el Ecuador. Es profesora de ramas afines a la Comunicación y al Lenguaje, al tiempo que ha incursionado en el periodismo, el ensayo, la ficción audiovisial y talleres de creatividad. Ha publicado los volúmenes de cuentos Tinta sangre (Editorial Gato Tuerto, 2000), Dracofilia (Quelonio Editores, 2005) El lugar de las apariciones (Edino, 2007) contiene textos que merecieron el primer lugar en el Concurso Hispanoamericano de Microrrelato Escrito en las Estrellas y Balas perdidas (2010) ganador del premio Joaquín Gallegos Lara a la mejor producción de relatos de ese año. También ha realizado estudios en Literatura posmoderna y microrrelato, siendo antologadora del tomo de minificción ecuatoriana Ciudad Mínima (2011).
Las hojas del pasado cubren el lecho de los fallecidos, y el otoño, hoy, cubre nuestros sentimientos de amor y añoranza por nuestros seres queridos. “Los tiempos pasan pero la memoria permanece. Tú eres amado y recordado todos los días”. Hago mía esta hermosa inscripción que figura en un cuaderno sempiterno depositado sobre una humilde […]
Solos. A la deriva. De noche. Salíamos a pescar con mi papá. La corriente nos iba llevando. Llegaba un momento en que las olas crecían y ya no era cómodo y hermoso. Podía sentir su miedo. Una cierta desesperación y ese hombre fuerte y seguro, que tanto había vivido, tenía un instante de vacilación. Acaso recordaba cuando tuvo que dejarlo todo, huyendo del enemigo en otra guerra. Era un segundo eterno. Las olas nos llevaban donde ellas querían. Y estábamos solos en esa lancha pequeña, en medio del agua, sin nadie alrededor. Durante años tuve sueños y pesadillas sobre ese lugar y ese terror en la mirada de mi padre era el punto cúlmine que me despertaba. Echábamos anclas. Una a cada lado del bote y nos quedábamos fijos en un lugar. Nuestra pesca continuaba como si nada. Pero yo seguía con miedo. Por él y por mí.
Cuando adolescentes, Lucho y yo éramos bien románticos y musicales; en realidad el que hacía música era él que tocaba guitarra y no yo que, aunque me gustaba la música, ya conté más de una vez que de chico me pidieron que “cantara en mudo” el himno nacional, porque desorejaba a todo el colegio: […]
Cuando era chica incurrí en uno de esos horrores casi irreversibles. Por un error de audición confundí la palabra pecado con pescado, y aunque me aclararon muchas veces el malentendido, quedé anclada en aquella primera idea. Así llegué a pensar que quebrantar la ley de Dios era equivalente a sacar algo comestible del agua y fue por eso que nunca me tragué la historia de la manzana.
Sandra Bianchi (Argentina).
Es profesora en Letras, docente, escritora, crítica literaria, editora y gestora cultural. Es jefa de edición en Ediciones Santillana Argentina y se dedica al estudio y difusión de la microficción. Además de escribir artículos críticos y prólogos, ha elaborado las antologías Arden Andes. Microficciones argentinochilenas, Cartón lleno I y II y la versión argentina de ¡Basta! cien mujeres contra la violencia de género y ¡Basta! cien hombres contra la violencia de género (en colaboración).
. . Cuando me topé con las primeras fotos de estos árboles, pensé que se trataba de una especie particular de… eso, un árbol (soy un negado absoluto con respecto a la dendrología, que es como se llama el estudio de los árboles y los arbustos. Con suerte distingo un pino de un sauce, pero […]
Tomado del libro «La metamorfosis de Diana» de José Manuel Ortiz Soto
Después del naufragio
Luego de siglos a la deriva, la botella fue arrojada por el mar hacia la costa. Aturdido por el fuerte impacto, el náufrago vio resquebrarse el muro de la prisión milenaria. «¡Soy libre! ¡Soy libre!», oyó a su voz decir entre el romper de las olas. Pero al júbilo inicial siguieron dudas, apartarse de los restos de la antigua cárcel exigía de reflexiones que terminaban por hacerlo desandar sus pasos. Un día, sin embargo, tiritando bajo el fragor de la tormenta, echó a caminar tierra adentro. Cuando parecía que su destino errabundo no tendría fin, el viajero se detuvo frente a la enorme pared de la caja en que su mundo estaba contenido.
José Manuel Ortiz Soto (Jerécuaro, Guanajuato, México, 1965). Es médico cirujano egresado de la UNAM, con especialización en Pediatría y Cirugía Pediátrica. Ha publicado los libros de poesía Réplica de viaje, poemario (2006) y Ángeles de barro (2011); antologa El libro de los seres no imaginarios. Minibichario (2012) y junto con Fernando Sánchez Clelo, Alebrije de palabras: Escritores mexicanos en breve (2013); participa en las antologías Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia (2012), I Antología Triple C Microrrelatos reunidos (Argentina, 2012) y De antología, la logia del microrrelato (España, 2013), entre otros. Es tallerista en la Marina de Ficticia y miembro del comité editorial de la revista especializada en microrrelato Internacional Microcuentista y tallerista en la Marina de Ficticia. Administra el blog Cuervos para tus ojos y coordina la Antología Virtual de Minificción Mexicana.
. . Hace un par de semanas se hizo público el Premio Nobel de Literatura, el cual este año le fue otorgado a la poeta Louise Glück. Digo desde ya que no conocía ni siquiera de nombre a dicha señora y, por supuesto, nunca había leído algo de ella, ni siquiera en una antología o […]
¿Quién mató al susodicho?Cuando me fui a comprar la carne, él estaba escuchando a todo volumen el concierto de rock y sobre el buró estaban los cigarros. Con seguridad tenía uno prendido y se durmió. La humazón se hizo al quemarse la sábana y el colchón. —¿Y por qué no abrió la puerta? —Lo intentó. Pero yo me llevé las llaves del cuarto.—Mire nada más y él, siendo tan buen cerrajero.
Llueve. Mucho. Con furia desatada. Junto a la jardinera, un reguero desemboca en la nada. Tus margaritas cabecean impulsadas por la lluvia. En verano se deshojan, mueren, crecen y se agostan por el calor. Veo todo el proceso desde esta impenitente ventana. Y ahora esta agua triste que lo arrastra todo a su paso, excepto la memoria. Llevo más de un mes encerrada en esta casa, sintiendo el frío y la incertidumbre, agostándome, como las margaritas, en esta espera marchita. Desde esta ventana que me cruza el alma. Recordando que me prometiste cuidar lo que amabas. Pero va pasando el tiempo. Y tú no vas a regresar, ni siquiera he podido despedirme de ti. Recordaremos este tiempo, quienes sobrevivamos. Quizás aprendamos algo. Quizás seamos mejores, aunque lo dudo. Quizás el mundo se aplaque y se cumplan tus deseos. Siempre fuiste optimista. Pero no lo verás y yo te lo contaré en sueños. Ahora llueve. Mucho. Llueve.
ELENA CASERO VIANA (València, 1954) es Técnico de Empresas Turísticas y ha trabajado hasta su jubilación en la multinacional Ford España SL. Ha publicado las novelas Tango sin memoria (Mira Editores, 1996 y reeditada en 2013 por Talentura Libros), Demasiado Tarde (Mira Editores, 2004), Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros, 2009), Donde nunca pasa nada (Talentura Libros, 2014), Las óperas perdidas de Francesca Scotto (Talentura Libros, 2018), el libro de relatos Discordancias (Talentura Libros, 2011 y, el libro de microrrelatos Luna de perigeo (Enkuadres, 2016) Ha colaborado en distintos libros colectivos de relatos publicados por Editores Policarbonados, Mira Editores y Generación Bibliocafé. Y sus microrrelatos han sido publicados en Grandes microrrelatos 2011 (Internacional Microcuentista), De antología – La logia del microrrelato (Talentura Libros, 2013), Despojos del ReC, La Microbiblioteca (relatos ganadores y finalistas, 2013, 2014 y 2016) Lectures d’Espagne, une anthologie Vivante (Auteurs espagnols du XXI Siècle).
A la hormiguita le contaron que Noé había fabricado un arca para salvar una pareja de animales de cada especie antes de que empezara el diluvio universal. Corrió mucho pero cuando llegó, ya había otras dos por lo que Noé no la dejaba subir. Desesperada, se puso a llorar. Un oso que también se había quedado fuera la vio tan triste que se ofreció a ser su pareja. El primer oso hormiguero no se haría esperar.
Elena Bethencourt (España).
Filóloga. Primer Premio de “La pobreza en cien palabras” de EAPN España, 2018 y 2019; ganadora de Junio 2019 de “Relatos de abogados” de la Abogacía Española; Ganadora de noviembre 2018 y 2019 de “Relatos en Cadena” de la Cadena Ser; Primer Premio del Concurso de Microrrelatos AMIR, México, 2019; Primer Premio del Concurso de Microrrelatos Redpal de Andalucía; Primer premio de Cuentos de Navidad de Zenda, 2020.
No entiendo cómo nos ponemos la meta de las Navidades. No entiendo que se cierren las mentes, solo y únicamente, en esa dirección. Sin pensar en nada más. Solo estamos mirando las navidades, nada más, es algo inaudito. Navidades!!! Joder que hay 40.000 muertos!!! Y subiendo!!! Y habrá en aquellas fechas y después más si […]
La flaca. Nunca la olvidaré. Su cara triangular, profunda y misteriosa, como las ruinas del Macchu Picchu. Su piel de película quemada. Sus ojos espesos y abatidos. Se parecía a los amores de Gardel. Lástima que no vivió nunca. Explotó como una pompa de jabón en el momento en que Adriana me despertó para el desayuno.
Raúl Pérez Torres.
Narrador, poeta y periodista. Algunas de sus publicaciones son: Novela: Teoría del desencanto (Quito, 1985); Cuento: Da llevando (Quito, 1970); Manual para mover las fichas (Quito, 1973); Micaela y otros cuentos (Quito, 1976); Musiquero joven, musiquero viejo -Premio Nacional «José de la Cuadra»- (Guayaquil, 1977); En la noche y en la niebla -Premio Casa de las Américas, La Habana, 1979- (Quito, 1980); Un saco de alacranes (Quito, 1989); Sólo cenizas hallarás -Premio Juan Rulfo, Francia, y Premio Julio Cortázar, España (Quito, 1995); Los últimos hijos del bolero (Quito, 1997); Poesía: Poemas para tocarte (Quito, 1994). Teatro: La dama de rojo (Quito, 1983). Ensayo: Indice de la narrativa ecuatoriana -coautor- (Quito, 1992).