Pesadilla de nunca acabar

De la escritora Brasileña Marcia Batista Ramos

Ayer los noticieros, dijeron que hubo un aumento de contagiados y muertos por el coronavirus en El Alto, la ciudad más joven del país. Sabemos cómo autoridades que somos, que está saturado el sistema de salud y también los servicios funerarios. En cuestión de días, la explosión de la mortalidad abrumó a las autoridades nacionales, y cientos de cuerpos comenzaron a acumularse en hospitales, morgues, hogares y en las calles. No hay más espacio en el infierno, digo cementerio, los muertos están sobre la tierra. Los vecinos claman para que las autoridades lleven los cuerpos. Estamos haciendo todo lo posible. Los medios muestran imágenes de cuerpos abandonados acumulados en las aceras. Cómo autoridades tratamos de recoger en camiones los cuerpos (como si de basura se tratara) para incinerarlos o enterrarlos. De cualquier manera, las funerarias, sin ataúdes, usan cajas de cartón de las mercancías que llegan de contrabando. La pandemia afecta a todos, pero los sectores más pobres, los que carecen de todos los recursos, son los más problemáticos. La debilidad de los servicios públicos de salud es una realidad que se suma a la ignorancia de aquellos que pensaban que el virus no atacaría a quien estaba bien alimentado. Hasta ayer las calles de El Alto, estaban abarrotadas a pesar de las medidas restrictivas. La gente hablaba que era mentira de la derecha. ¿Pueden creerlo? ¿Se acuerdan de los que se enfrentaban a la policía? Ahora, muchos de esos están en las aceras envueltos en plástico, dejados en las puertas de sus casas por sus propios parientes. Ahora que tantos mueren, recién empiezan a respetar el confinamiento. Vecinos de la ciudad de El Alto, como alcaldesa estoy obligada a recordarles que estamos haciendo todo lo posible, hoy, de cada cuatro personas tres están infectadas, por no lavarse las manos, no usar barbijo, no mantener la distancia social. Ustedes saben que siempre las pesadillas asechan por la madrugada, cuando el silencio es total y la oscuridad envuelve todo. Uno trata de despertar y no lo logra, siente alguien ahí, sentado ahí, al lado de la cama y no puede despertar. ¡Entiendan señores vecinos! ¡Nuestra situación es una pesadilla de la que no podemos despertar! Les digo como alcaldesa. Hagamos lo que hagamos, ahora es tarde. Cuando cierro mis ojos, tengo miedo de abrirlos. Porque esa es una pesadilla colectiva. Una pesadilla de nunca acabar.

Márcia Batista Ramos,

nació en Brasil. Licenciada en Filosofía. Es gestora cultural, escritora, poeta y crítica literaria. Es columnista en la Revista Inmediaciones, La Paz, Bolivia y en el periodismo binacional Exilio, Puebla, México. Publicó: Mi Ángel y Yo; La Muñeca Dolly; Consideraciones sobre la vida y los cuernos; Patty Barrón De Flores: La Mujer Chuquisaqueña Progresista Del Siglo XX; Tengo Prisa Por Vivir; Escala de Grises – Primer Movimiento; Rostros del Maltrato en Nuestra Sociedad; Dueto; Escritoras Cruceñas, Caballero, Reck & Batista; Escritoras Contemporáneas Bolivianas, Caballero, Decker & Batista; “Caspa de Ángel – antología de cuentos, crónicas y testimonios del narcotráfico” Batista Ramos & Carvalho Oliva. Colaboradora en diversas revistas internacionales.

De la metámorfosis de Diana

José Manuel Ortiz Soto

Creer en sapos y viajar

El sapo dijo que no habría poder en la charca que lo hiciera cambiar de parecer.

—La vida aquí se ha vuelto insoportable, todos me acosan por mi fealdad; es momento de irme, de recorrer el mundo ―concluyó.

El sapo se enfundó en los pantalones de mezclilla deslavada que tanto le gustaban, calzó zapatos tenis y se echó a la espalda una mochila de lona con sus escasas pertenencias. Dio a su madre y hermanos un último beso pegajoso y se marchó a encontrar el resto de su vida.

Luego de mucho caminar, el batracio llegó a un estanque donde se criaba peces de colores. Fue tal el asombro que le causó la reverberación efervescente del agua, que no dudó en externar a los desconocidos:

—¡En verdad que son ustedes bastante raros, por no decir otra cosa!

—¡En verdad que tú eres más que horrible! ―replicaron los peces, ofendidos, pero sobre todo desconcertados, pues en su breve y cautiva existencia no habían visto sapo alguno.

—Quizá no sobresalgo por mi belleza ―contestó el visitante, inmutable―. Pero a diferencia de ustedes que destilan hermosura en el estanque, yo admiro y poseo la belleza de los lugares por donde voy. ¡A pesar de ser feo he estado en tantos sitios!

Sin nada más que decir, el sapo se dispuso a continuar su camino.

Indignado por la actitud del anuro, y desoyendo a los patriarcas del estanque, un joven y pendenciero pez salió del agua y fue tras el sapo. Pero apenas el calor abrasivo del mediodía cayó sobre su cuerpo escamoso, el pececillo comenzó a boquear desesperadamente y murió. Mientras el alma abandonaba el cuerpo reseco del pescado, todavía tuvo algunas palabras para el sapo: ―¿Quién dijo que no se puede ser bello y viajar?

Vectores de stock de Peces cartilaginosos, ilustraciones de Peces  cartilaginosos sin royalties | Depositphotos®

O dispara usted o disparo yo.

Tomada de la antología coordinada por Lilian Elphick

El último retorcimiento del cuchillo de Cristobal Zapata

En la nevera el cuchillo reposa su larga siesta de invierno.
Separado de mi mano, descansamos. Cuando lo despierte derretirá su
hielo en la caliente linfa de tu ombligo. Quiero escuchar cómo se
quiebra tu sangre en su glacial cubierta hasta ahora intacta, helada,
llena de amor.

Alberto Blanco Rubio (Salamanca, 1987)

El asesino se confundió con su víctima para matar las horas de
tedio».
«Aquella pista le llevó a comprender que el único final que
verían sus ojos tendría el perfume de la sangre».

Don Francis - ¿Dispara Usted o Disparo Yo? | Facebook

Mini poema

Rubén García García

Lava la ropa,

atiende a los hijos,

y se levanta por la noche y los besa.

Él duerme a pierna suelta.

Madre e hijo en la cama, mamá besa a su hijo, sentimientos, relación de  madre e hijo, | Foto Premium

Tómese una quintilla de minificciones al día: Shua, Tena, Arreola, Ildiko, Dorrego

Buen provecho, Sendero

La que no está

de Ana M. Shua

Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está. Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia. Los que preguntan por ella terminan por conformarse con otra cualquiera, a la que toman distraídos, tratando de imaginar que tienen entre sus brazos a la mejor, a la única, a La Que No Está.
(De Casa de Geishas)

Rebajas

de Paola Tena

Empezaron las rebajas. Vi el que me gustaba colgando de una percha pero otra mujer se me adelantó y lo aferró de una manga. Se lo llevó al probador y la esperé por fuera, pensando que si no le gustaba lo dejaría por allí. «¿Se lo lleva?», le pregunté cuando la vi salir. «Sí», me contestó con un tonito engreído. Así son las rebajas, me dije intentando consolarme, quien lo ve primero… Meses después volví a la tienda, buscando los saldos de invierno. Lo vi ahí, otra vez en la percha; la mujer lo había devuelto después de todo. El hombre me miró con ojitos esperanzados, como pidiendo «llévame a mí», pero no sé, ¿seré rara?, ahora que nadie lo quiere ya no me resulta tan atractivo.

Parricidio

de Ildiko Nassr
Siempre me declaré más proclive al incesto que al parricidio. Prefiero acostarme con los padres que matarlos. Prefiero la convivencia a la ausencia (perdón por la cacofonía). Aborrezco a quienes salen de cacería de padres. Prefiero un aquelarre a una masacre. Sin embargo, me he retirado. No me caso con nadie. Abandoné a los padres en su cama y me encerré en una biblioteca..

Juan J. Arreola en Prosodia

A principios de nuestra era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos, las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

Peor que usted

Jose M Dorrego

Se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar: ese es, básicamente, el Modelo 1, señor. Y créame que impresiona tanto como deprime. El modelo 2 también se ovilla y tiembla, pero añade unos gemidos entrecortados que ponen los pelos de punta, permítaseme la frase hecha. Cuesta algo más, claro está, pero compensa el sacrificio económico. El modelo 3, añade a sus predecesores un llanto con lágrimas hiperrealistas que le estremecerán. Junto a él, comprenderá lo que significa realmente la desolación. Todos incluyen garantía de cinco años, piezas y mano de obra incluidas. Créame, señor, si busca alguien más desdichado que usted, nuestros modelos son el complemento ideal: su aciaga y desdichada existencia harán que sus problemas le parezcan una bendición.

Agustín Cadena en Pequeficciones

Los mejores amigos


Milo y el monstruo que dormía bajo su cama se hicieron amigos porque
ambos tenían miedo de las arañas.
Antes, Milo tenía miedo del monstruo. Sus padres trataron de
convencerlo de que existía sólo en su imaginación, pero él no les
creyó.
Una noche en que había luna llena y la luz entraba por la
ventana, vieron cómo una araña grande, negra y peluda bajaba por la
pared y se escondía bajo la cama. Milo no se atrevió a llamar a sus
padres; ya lo habían regañado por miedoso. Pero el monstruo sí se
atrevió a salir de su escondite. De un brinco ya estaba sobre la cama,
metido entre las sábanas, abrazado a Milo y tiritando de susto. Milo
correspondió al abrazo, sintiendo que aquella enorme masa de
peluche verde no era tan terrible como pensaba.
Así nació esa amistad que duró mucho tiempo, hasta que el
monstruo creció y dejó de tener amigos imaginarios.

Agustín Cadena (México).

novelista, cuentista, ensayista, poeta y traductor, además de profesor universitario de literatura. Ha publicado más de treinta libros y ha recibido varios premios nacionales e internacionales. Parte de su obra ha sido antologada y traducida al inglés, al francés, al italiano, al griego, al portugués, al húngaro y al urdu.

Agustín Cadena - Detalle del autor - Enciclopedia de la Literatura en  México - FLM - CONACULTA

Paola Tena y El mundo, tomado del microDecamerón

El último texto del libro virtual que deje a propósito como reconocimiento a la coordinadora y participante del libro.

El mundo


Según la tradición, Dios vivía en el bosque y gustaba de acoger a los peregrinos, ofrecerles alojamiento y regar sus viandas con los vinos mejores, por lo cual mereció fama de magnificente. Mucho
después el Demonio –que vivía en el desierto– quiso imitarlo y construyó un hogar más grande, de camas blandas y los banquetes más profusos, pero aún así nadie hablaba de él con tanta
admiración como de Dios; por eso, siendo joven e impulsivo, decidió ir en su búsqueda y matarlo.
Cuando llegó a la casa de Dios, se encontró con un anciano encorvado paseando en el jardín, que lo escuchó con tanta paciencia que el Demonio le confió sus angustias y planes. El anciano le aconsejó lo que debía hacer: acudir una noche sin luna al claro en el centro del bosque, donde habría de encontrar a Dios sin defensa. El Demonio, haciendo así, se armó con su puñal de oro y llegado al lugar encontró al anciano sentado sobre una piedra lisa, contemplando los astros. Entonces, comprendiéndolo todo, cayó a sus pies e imploró perdón.
–Eres joven –le dijo Dios, acariciándole la cabeza. –Y yo estoy viejo y cansado, pero joven como tú quisiera volver a ser. Entonces Dios le propuso intercambiar sus moradas. Y aquí termina la historia; no sabemos qué pasó después. Algunos creen que Dios sigue en el bosque, y otros afirman que esa noche se marchó al desierto. Pero lo que de verdad nos preocupa es ser incapaces de distinguir la diferencia.

Tutorial Escritura Creativa Microrrelatos - YouTube
Paola Tena. (México, 1980). Pediatra de profesión y escritora por vocación. Ha publicado algunos de sus microcuentos en antologías de minificción (Señales mínimas , Ediciones Idea, Tenerife, 2012; Érase una vez… un microcuento, Diversidad Literaria, Madrid, 2013; Saborea la locura, Chiado Editorial, Barcelona, 2013; Vamos al circo, BUAP, Cd. de México, 2017; Las musas perpetúan lo efímero, Micrópolis, Lima, 2017). Ha publicado sus microcuentos en diversos blogs y revistas digitales, participando de manera activa en las redes sociales. Las pequeñas cosas es su primer libro.

Adriana Azucena Rodríguez: He terminado el Microdecamerón.

Abuelo precavido vale por dos

Rubén García García

Antes de morir el abuelo le dice al hijo “pon en mi caja un frasco de pastillas azules, no sea que me tope con alguna de las once mil vírgenes que viven en el cielo».

Base de Datos Digital de Iconografía Medieval

Dicen los que saben, atributos de la minificción de Paola Tena

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=4678622638875414&id=100001831719500&sfnsn=scwspmo

Tomado del libro Metámorfosis de Diana de José Manuel Ortiz Soto

José Manuel Ortiz soto

Un futuro prometedor

El hombre inspiró profundo, retrajo el mentón y apuntó seguro a la distancia. El gargajo salió silbando por los aires para estrellarse contra el piso de mármol, metros adelante. «¡Un tiro perfecto!», dictaminó su instinto, anticipándose al aplauso de los espectadores. El guardia encargado de acordonar la zona ―impecable uniforme de gala con botonadura dorada, zapatos negros relucientes, solemne—, inició la medición:

—Siete pasos, tres cuartas, nueve dedos. ¡Nueva marca nacional! —anunció con voz potente a los cientos de curiosos que colmaban los andenes.

Estalló la ovación de los usuarios. Tal vez sofocadas por el calor veraniego que comprimía el lugar, quizá arrobadas por la emoción del momento, varias jovencitas fueron presa del desmayo.

Después de firmar el libro de personajes ilustres, el desconocido contendiente recibió de manos del jefe de estación el diploma que lo acreditaba ganador del certamen:

El Metro, un espacio público para la cultura y el deporte…

Primer lugar en lanzamiento libre de gargajo bajo techo…

Ciudad de México a los 28 días del mes de agosto del año… Augurándose una larga y brillante carrera deportiva, el nuevo campeón se alejó carraspeando y escupiendo a lo largo y ancho del andén. «Ojalá que el metro no se tarde o llegaré con retraso al trabajo», murmuraba.

Karla barajas en el MicroDecamerón

Coordinadora de la antología Paola Tena

Superación personal

Desde pequeña practiqué el fino arte de la falsificación de firmas en reportes, permisos y materias reprobadas. A los 17 años me superé en la técnica del engaño; para recoger una boleta de calificaciones con cinco materias reprobadas, llevaba ropa y maquillaje en la mochila. A la hora de la entrega, entré al baño y me pinté la cara. Me puse en la fila de padres de familia y al llegar a donde las secretarias entregaban las boletas, dije que era la hermana de la irresponsable alumna. Creo que no me creyeron,
pero por los niveles de desesperación que habrán notado en mí, aguantaron la risa y finalmente dijeron: Firme aquí.


Su reciente libro  Cuentos desde la Ceiba, es una plaquette perteneciente a La Tinta del Silencio, Colección bocanada Número 7. Ahí se publicaron alrededor de 20 relatos, cuentos y minificciones, distribuidos en 56 páginas en total. Refleja las modificaciones sociales contemporáneas en su narrativa mediante el estilo que la caracteriza con relatos, cuentos y minificciones.
Así también, agrega humor y acidez a sus escritos, en donde sutilmente aborda temas de género, social y cultural. Leerla en Chiapas, no significa que sus escritos estén situados en esta zona geográfica sino más bien, son la extensión de un país, de un continente, en dónde se encuentran esas voces que diariamente son escuchadas pero ignoradas.


AC ¿Por qué le diste el título Cuentos desde la Ceiba a tu reciente libro?
KB: Desde pequeña me llamó la atención cómo se construían personajes femeninos en las películas de terror, las escenas en las que sentía empatía y que no olvidaba eran aquellas en las que existían atmósferas cercanas a mí, como puede ser una habitación y que dentro de ella viviera una paciente con una enfermedad terminal.


En cementerio de mascotas una mujer adulta llamada Rachel recuerda el sentir hacia su hermana Zelda, quien tenía una discapacidad que le impedía salir de la cama y permanecía acostada el día entero. A través del diálogo, el personaje manifiesta cuál era su visión y sentir como niña frente a la enfermedad y muerte. Ese era un recuerdo que escondía, intentaba reprimir y que se convierte en un trauma en la etapa adulta.


Para mí, lo más terrorífico de la historia, era la escena de la mujer diciendo: “Voy a torcerte la espalda, como la mía, para que no vuelvas a salir de la cama nunca”, porque era una metáfora de la acumulación de miedo, culpa y abandono que vivió una niña hasta la etapa adulta. Existe lo ominoso, aquello que hace de lo íntimo y lo doméstico: confortable, amigable, que nos brinda la sensación de familiaridad y a la vez puede producir angustia y horror. Puede existir locura en esos espacios en los que habitamos y un efecto siniestro. Eso es lo que me a mí me atrae.


Richard Billigham, a través de la fotografía explora la miseria y el alcoholismo en la intimidad familiar. En David Lynch la dimensión doméstica, también es recurrente. Lo que se obtiene al final es una sensación de angustia. A mí me angustia la realidad porque tiendo a extraer lo más oscuro de ella, aunque intente no hacerlo.


Cuentos desde la Ceiba es un plaquette que conjunta minificciones, cuentos y relatos en que los que sin importar el número de palabras, contarían en cada uno, partes de la historia de un pueblo imaginario llamado San Cayetano y de lugares cercanos a él, desde esa visión que es cotidiana, en una dimensión doméstica y a la vez puede resultar perturbadora o maravillosa en algunos casos. Finalmente me di cuenta que para mis fines era mejor usar los lugares que dados sus usos, costumbres y tradiciones dotarían verosimilitud a mis historias.



Por ello inicialmente la plaquette se iba a llamar; historias de San Cayetano y otros lugares. Cuando iba a la mitad del proyecto escuché un poema de la autora Artemisa Zamudio, el cual decía: “Dios te salve Ceiba mía/ llena eres de gracia”, la palabra ceiba como deidad, como un cimiento cultural del sur se me hizo  bellísima y escribí un cuento para encarnar a esa ceiba, se llama: La Herencia, el cual será publicado en la II Antología de Escritoras Mexicanas, y no está incluido en la plaquette. Influyó también, la escritora Sue Zurita con quien Karla Gómez, Merly Macías y yo trabajaríamos un proyecto donde la ceiba tendría un lugar fundamental, por lo que estaba continuamente pensando en historias alrededor del árbol. La plaquette llama Cuentos desde la ceiba porque son cuentos desde mis cimientos culturales.


AC: ¿Cómo surgieron las historias de tu libro?
KB: Creaba minificciones y cuentos con lo que observaba y escuchaba; extraía tanto lo más oscuro, como lo más luminoso arraigado en tradiciones y creencias de diversos lugares. Por ejemplo, en la minificción de La Mapacha, la cual mencionas, dice:


¿Otra vez metida en el negocio? Encontré tu ropa brillosa, los calzones con lentejuelas, las medias, las botas a la rodilla. ¡Hija, no tienes necesidad de estar metida en esas cosas! No es de mujeres decentes estar rodeada de hombres gritándote:
¡Dale duro, Mapacha, dale con todo!
Lo que haces no es de Dios, recapacita, deja esas tonterías de ser luchadora.


Es una historia que nos contó una mujer que nació en una colonia del municipio Venustiano Carranza, en donde se educa de manera tradicional; sí se estudia, pero regularmente lo principal es dominar los quehaceres domésticos, brindar cuidados, formar una familia y trabajar. Además de estudiar una licenciatura, ella trabajaba; había sido modelo, vendedora, miembro de una asociación de escritores, siempre era un gusto escucharla y verla plena. El día que nos contó su historia como luchadora vi  un diamante en ella. La escribí, años después, Delphine Nimmo eligió la minificción y la tradujo al francés.
Hablo desde mi terruño pero la condición humana es universal, apelo a ella en cada historia.


Hay por otro lado cuentos como Recuerdos, que se conforman justamente de fragmentos de infancia, como era ir a los circos que se ponían afuera del estacionamiento de Blanco Sol, oler las palomitas, tomarse una fotografías, tocar a un elefante, cuando era niña no pensaba en el maltrato animal, sólo en la emoción de ir al circo y quería que el tono de la historia quedara impregnado de esa emoción.


AC: ¿Qué presencia ha tenido para ti la tinta del silencio?


KB: La Tinta del Silencio es una editorial independiente, presidida por Anais Blues y Luis Ramos, quienes con recursos propios han publicado autoras y autores que escriben poesía, cuento y minificción, en América Latina; además de promover el trabajo de sus autores en filiales, escuelas y encuentros de escritores.
En el 2013, una minificción de mi autoría fue publicada en la Antología Cuéntame un blues; ese fue mi primer acercamiento con la editorial y es cuando me enteró que Ana es chiapaneca, egresada de la Universidad Autónoma de Chiapas, lo cual me llenó de alegría porque debido a su trabajo son un referente en la industria editorial dedicada a la publicación y difusión de la minificción.
En el 2017, tuve la fortuna de publicar La Neurosis de los bichos, en el número siete de la Colección Minitauro; y en este año, en el número 7 de la Colección Bocanada: Cuentos desde la Ceiba. Para mí, esto es un aliciente porque la editorial me ha respaldado desde el 2013,  ha confiado en lo que escribo, pienso y siento; y han tenido ese detalle de darme un lugar en su casa editorial y llevarme con ellos. Se los agradezco.


AC:¿De qué se nutre Karla Barajas?


KB: De las lecturas una se nutre y con el paso del tiempo lees nuevas propuestas de las cuales aprendes, disfrutas, y que te muestran otros caminos. En mi caso lo que hago es leer y/o escuchar autores u autoras que me interesan. Hoy en día es sencillo porque comparten fragmentos de obra en revistas electrónicas, cuentos o minificciones en antologías, posteriormente busco sus libros, no siempre se encuentran, por ejemplo tengo pendiente conseguir: Dientes blancos, de Zadie Smith.
Leí Si lo propio del cuerpo es ajeno, publicado en la Revista de la Universidad de México, luego busqué los libros del autor y encontré Un Diccionario sin palabras y tres historias clínicas, y los ensayos que realiza el doctor Jesús Ramírez Bermúdez, me llevaron recientemente a leer: El hombre con su mundo destrozado, de Alexander Romanovich Luria, y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks (no lo he terminado).




Otra manera es a través de diplomados, voy haciendo listas con recomendaciones y buscando material. Me interesa leer a Ingrid Solana por la manera en que abordó una clase acerca de Chantal Maillard. La última es por recomendación de amistades, ahorita estoy leyendo: Largueza del cuento corto chino.  Recopilación, prólogo, traducción y notas, de José Vicente Anaya, por prescripción de Edgar Núñez.


AC:¿Quiénes son tus influencias?


KB: Disfruto leer la poesía de Wislawa Szymborska, Olga Gutiérrez García, Rosario Orozco, Óscar Oliva. Me gusta  leer los cuentos de Julio Cortázar. En materia de minificción he ido leyendo a diversas autoras y autores, siguiendo las recomendaciones que hacen en sus libros entre ellos: Ricardo Bugarín, Fernando Sánchez Clelo, Javier Perucho, José Manuel Ortiz Soto, Miguel Antonio Lupián, Agustín Monsreal, Gabriel Ramos, Laura Elisa Vízcaíno, Dina Grijalva, Pía Barros, Marcia Ramos, Angélica Santa Olaya, Gloria Ramírez, Adriana Azucena, Azucena Franco, José Luis Zárate… El maestro Ricardo Bugarín y Fernando Sánchez Clelo han tenido la generosidad de orientar y mostrarme cómo puedo mejorar lo que escribo.  Y hay páginas como la Antología Virtual de minificción y, libros como los de Violeta Rojo y Ana María Shua, Javier Perucho, que me permiten buscar otras bibliografías como: Opio. Diario de una desintoxicación, de Jean Cocteau.


AC: ¿Qué significa para ti leer y escribir?


KB: La lectura y la escritura son un refugio, en el cual recupero la calma que a diario se desgasta. La escritura es ese lugar donde ordeno mis ideas, emociones, cuando lo que escribo se publica y alguien lo lee, siento como si se sentara a escucharme y hablar conmigo sin necesidad de tener otro estímulo visual o sonoro más que los que guardé en mi historia. Cuando esas historias son compartidas siento una satisfacción muy grande porque lo que escribí está acompañando a alguien, por alguna razón, en algo se habrá identificado esa persona y quizás logré hacer sentir lo que a mí me hizo comenzar a disfrutar historias: sentir que no era la única niña que temía a la enfermedad y la muerte, ahí estaba Rachel.

Ricardo Bugarín en pequeficciones

Antólogos José manuel Ortiz soto y chris Morales

Mucho juego

El pulgón toboganeaba en los jacintos. Aburrido ya de jugar, se subió al colectivo y abandonó la plaza. En la esquina del colegio descendió y a paso lento ingresó a la iglesia. Se acomodó entre los faldones que halló en primera fila y se dispuso a escuchar misa. De cabeceo en cabeceo, se fue durmiendo. Cuando quiso saber, estaba en un ropero.

Ricardo Bugarín (Argentina, 1962).

Publicó Bagaje (poesía, 1981).
En el género de la microficción ha publicado: Bonsai en compota
(Macedonia, Buenos Aires, 2014) , Inés se turba sola (Macedonia,
Buenos Aires, 2015), Benignas Insanías (Sherezade, Santiago de
Chile, 2016), Ficcionario (La tinta del silencio, México, 2017) y
Anecdotario ( Quarks, Lima, Perú, 2020).

Ilustración de Plagas De Pulgón y más Vectores Libres de Derechos de  Cuadrado - Composición - iStock

Matar a la bella de Solange Rodríguez

Tomado de la antología » o dispara usted o diparo yo» Lilian Elpick antologa


Los medios explicaron que a la bella la mató la ciencia; las
cirugías que le estrecharon la cintura también le iban quitando poco la
respiración, hasta que una madrugada murió de asfixia. A la bella la
mató su psiquiatra. Cuenta que cuando lo llamaron de emergencia por
lo del frasco pastillas, él se acercó al disimulo a la cama y le comprimió
fuertemente la nariz con toda la palma, hasta que estuvo pálida.
«Muerta antes o muerta después», dijo a la prensa, «¿qué diferencia
habría si se iba a morir de amor tarde o temprano?» A la bella la
asesinó él gobierno, el agente Norman Hogdes, en sus últimas horas
testifico haberle inyectado Nembutal entre los dedos de pie izquierdo
mientras dormía. «Nunca había matado mujeres», confesó mientras se
relamía los labios secos por guardar tantos secretos de estado, pero
siempre hay una primera vez; a la bella la mató su último amigo, un
pedazo de carne joven que había enganchado en un bar y que se agarró
tan fuertemente a sus costillas que las fracturó en un abrazo. A la bella
confesaron haberla envenenado su nana; su chofer de limosina; su
masajista; alguien que no estaba en el país esa noche; un astronauta; un
extraterrestre que no podía ser penalizado por las leyes humanas y un
viajero del tiempo… La fila de los que decían ser culpables logró dar
varias veces la vuelta a la estación de policía y eran mucho más celosos
que sus amantes en vida, los que decían haberla recibido la primicia de
su último aliento.
Todos equivocados, para entrar en un estrecho vestido de
pedrería, antes de cantar el cumpleaños para el presidente, la bella en
un complicado procedimiento hecho en una clínica cubana, se había
hecho extraer el corazón. Anticipándose a su destino fatal de diva,
desde 1960 estaba muerta, pero era buena actriz.

Solange Rodríguez Pappe.

Obtuvo su licenciatura en Letras
en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil con un trabajo
dedicado al microrrelato en el Ecuador. Es profesora de ramas afines a
la Comunicación y al Lenguaje, al tiempo que ha incursionado en el
periodismo, el ensayo, la ficción audiovisial y talleres de creatividad. Ha
publicado los volúmenes de cuentos Tinta sangre (Editorial Gato
Tuerto, 2000), Dracofilia (Quelonio Editores, 2005) El lugar de las
apariciones (Edino, 2007) contiene textos que merecieron el primer lugar
en el Concurso Hispanoamericano de Microrrelato Escrito en las
Estrellas y Balas perdidas (2010) ganador del premio Joaquín Gallegos
Lara a la mejor producción de relatos de ese año. También ha realizado
estudios en Literatura posmoderna y microrrelato, siendo antologadora
del tomo de minificción ecuatoriana Ciudad Mínima (2011).

Revista Librujula - Solange Rodríguez Pappe: en Ecuador, las escritoras  mandan