Es media noche,
y los fantasmas cuentan
cosas de vivos.

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Es media noche,
y los fantasmas cuentan
cosas de vivos.

Coordinadora de la antología Paola Tena
Superación personal
Desde pequeña practiqué el fino arte de la falsificación de firmas en reportes, permisos y materias reprobadas. A los 17 años me superé en la técnica del engaño; para recoger una boleta de calificaciones con cinco materias reprobadas, llevaba ropa y maquillaje en la mochila. A la hora de la entrega, entré al baño y me pinté la cara. Me puse en la fila de padres de familia y al llegar a donde las secretarias entregaban las boletas, dije que era la hermana de la irresponsable alumna. Creo que no me creyeron,
pero por los niveles de desesperación que habrán notado en mí, aguantaron la risa y finalmente dijeron: Firme aquí.

Antólogos José manuel Ortiz soto y chris Morales
Mucho juego
El pulgón toboganeaba en los jacintos. Aburrido ya de jugar, se subió al colectivo y abandonó la plaza. En la esquina del colegio descendió y a paso lento ingresó a la iglesia. Se acomodó entre los faldones que halló en primera fila y se dispuso a escuchar misa. De cabeceo en cabeceo, se fue durmiendo. Cuando quiso saber, estaba en un ropero.
Ricardo Bugarín (Argentina, 1962).
Publicó Bagaje (poesía, 1981).
En el género de la microficción ha publicado: Bonsai en compota
(Macedonia, Buenos Aires, 2014) , Inés se turba sola (Macedonia,
Buenos Aires, 2015), Benignas Insanías (Sherezade, Santiago de
Chile, 2016), Ficcionario (La tinta del silencio, México, 2017) y
Anecdotario ( Quarks, Lima, Perú, 2020).
Tomado de la antología » o dispara usted o diparo yo» Lilian Elpick antologa
Los medios explicaron que a la bella la mató la ciencia; las
cirugías que le estrecharon la cintura también le iban quitando poco la
respiración, hasta que una madrugada murió de asfixia. A la bella la
mató su psiquiatra. Cuenta que cuando lo llamaron de emergencia por
lo del frasco pastillas, él se acercó al disimulo a la cama y le comprimió
fuertemente la nariz con toda la palma, hasta que estuvo pálida.
«Muerta antes o muerta después», dijo a la prensa, «¿qué diferencia
habría si se iba a morir de amor tarde o temprano?» A la bella la
asesinó él gobierno, el agente Norman Hogdes, en sus últimas horas
testifico haberle inyectado Nembutal entre los dedos de pie izquierdo
mientras dormía. «Nunca había matado mujeres», confesó mientras se
relamía los labios secos por guardar tantos secretos de estado, pero
siempre hay una primera vez; a la bella la mató su último amigo, un
pedazo de carne joven que había enganchado en un bar y que se agarró
tan fuertemente a sus costillas que las fracturó en un abrazo. A la bella
confesaron haberla envenenado su nana; su chofer de limosina; su
masajista; alguien que no estaba en el país esa noche; un astronauta; un
extraterrestre que no podía ser penalizado por las leyes humanas y un
viajero del tiempo… La fila de los que decían ser culpables logró dar
varias veces la vuelta a la estación de policía y eran mucho más celosos
que sus amantes en vida, los que decían haberla recibido la primicia de
su último aliento.
Todos equivocados, para entrar en un estrecho vestido de
pedrería, antes de cantar el cumpleaños para el presidente, la bella en
un complicado procedimiento hecho en una clínica cubana, se había
hecho extraer el corazón. Anticipándose a su destino fatal de diva,
desde 1960 estaba muerta, pero era buena actriz.
Solange Rodríguez Pappe.
Obtuvo su licenciatura en Letras
en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil con un trabajo
dedicado al microrrelato en el Ecuador. Es profesora de ramas afines a
la Comunicación y al Lenguaje, al tiempo que ha incursionado en el
periodismo, el ensayo, la ficción audiovisial y talleres de creatividad. Ha
publicado los volúmenes de cuentos Tinta sangre (Editorial Gato
Tuerto, 2000), Dracofilia (Quelonio Editores, 2005) El lugar de las
apariciones (Edino, 2007) contiene textos que merecieron el primer lugar
en el Concurso Hispanoamericano de Microrrelato Escrito en las
Estrellas y Balas perdidas (2010) ganador del premio Joaquín Gallegos
Lara a la mejor producción de relatos de ese año. También ha realizado
estudios en Literatura posmoderna y microrrelato, siendo antologadora
del tomo de minificción ecuatoriana Ciudad Mínima (2011).

Las hojas del pasado cubren el lecho de los fallecidos, y el otoño, hoy, cubre nuestros sentimientos de amor y añoranza por nuestros seres queridos. “Los tiempos pasan pero la memoria permanece. Tú eres amado y recordado todos los días”. Hago mía esta hermosa inscripción que figura en un cuaderno sempiterno depositado sobre una humilde […]
Recuerdo a nuestros fallecidos — Apalabrando los días
Tomado del Microdecamerón
Solos. A la deriva. De noche. Salíamos a pescar con mi papá. La
corriente nos iba llevando. Llegaba un momento en que las olas
crecían y ya no era cómodo y hermoso. Podía sentir su miedo.
Una cierta desesperación y ese hombre fuerte y seguro, que tanto
había vivido, tenía un instante de vacilación. Acaso recordaba
cuando tuvo que dejarlo todo, huyendo del enemigo en otra
guerra. Era un segundo eterno. Las olas nos llevaban donde ellas
querían. Y estábamos solos en esa lancha pequeña, en medio del
agua, sin nadie alrededor.
Durante años tuve sueños y pesadillas sobre ese lugar y
ese terror en la mirada de mi padre era el punto cúlmine que me
despertaba. Echábamos anclas. Una a cada lado del bote y nos
quedábamos fijos en un lugar. Nuestra pesca continuaba como si
nada. Pero yo seguía con miedo. Por él y por mí.


Cuando adolescentes, Lucho y yo éramos bien románticos y musicales; en realidad el que hacía música era él que tocaba guitarra y no yo que, aunque me gustaba la música, ya conté más de una vez que de chico me pidieron que “cantara en mudo” el himno nacional, porque desorejaba a todo el colegio: […]
ROMÁNTICOS Y MUSICALES — manologo
Antologos: José Manuel Ortiz soto y Chris Morales
Cuando era chica incurrí en uno de esos horrores casi irreversibles.
Por un error de audición confundí la palabra pecado con pescado, y
aunque me aclararon muchas veces el malentendido, quedé anclada
en aquella primera idea. Así llegué a pensar que quebrantar la ley de
Dios era equivalente a sacar algo comestible del agua y fue por eso
que nunca me tragué la historia de la manzana.
Sandra Bianchi (Argentina).
Es profesora en Letras, docente,
escritora, crítica literaria, editora y gestora cultural. Es jefa de edición
en Ediciones Santillana Argentina y se dedica al estudio y difusión de la
microficción. Además de escribir artículos críticos y prólogos, ha
elaborado las antologías Arden Andes. Microficciones
argentinochilenas, Cartón lleno I y II y la versión argentina de ¡Basta!
cien mujeres contra la violencia de género y ¡Basta! cien hombres
contra la violencia de género (en colaboración).


. . Cuando me topé con las primeras fotos de estos árboles, pensé que se trataba de una especie particular de… eso, un árbol (soy un negado absoluto con respecto a la dendrología, que es como se llama el estudio de los árboles y los arbustos. Con suerte distingo un pino de un sauce, pero […]
Daisugi, o el arte del bonsai gigante — El Blog de Arena
Rubén García García
Tardes de invierno
motivan tu recuerdo.
Esta memoria
bien lo comprende,
y corre perturbada
sin que pueda evitarte.
Tomado del libro «La metamorfosis de Diana» de José Manuel Ortiz Soto
Después del naufragio
Luego de siglos a la deriva, la botella fue arrojada por el mar hacia la costa. Aturdido por el fuerte impacto, el náufrago vio resquebrarse el muro de la prisión milenaria. «¡Soy libre! ¡Soy libre!», oyó a su voz decir entre el romper de las olas. Pero al júbilo inicial siguieron dudas, apartarse de los restos de la antigua cárcel exigía de reflexiones que terminaban por hacerlo desandar sus pasos. Un día, sin embargo, tiritando bajo el fragor de la tormenta, echó a caminar tierra adentro. Cuando parecía que su destino errabundo no tendría fin, el viajero se detuvo frente a la enorme pared de la caja en que su mundo estaba contenido.


. . Hace un par de semanas se hizo público el Premio Nobel de Literatura, el cual este año le fue otorgado a la poeta Louise Glück. Digo desde ya que no conocía ni siquiera de nombre a dicha señora y, por supuesto, nunca había leído algo de ella, ni siquiera en una antología o […]
Flores de invierno y otros dos poemas de Louise Glück — El Blog de Arena
Rubén García García
¿Quién mató al susodicho?Cuando me fui a comprar la carne, él estaba escuchando a todo volumen el concierto de rock y sobre el buró estaban los cigarros. Con seguridad tenía uno prendido y se durmió. La humazón se hizo al quemarse la sábana y el colchón. —¿Y por qué no abrió la puerta? —Lo intentó. Pero yo me llevé las llaves del cuarto.—Mire nada más y él, siendo tan buen cerrajero.

El pozo del tiempo
Llueve. Mucho. Con furia desatada. Junto a la jardinera, un reguero desemboca en la nada. Tus margaritas cabecean impulsadas por la lluvia. En verano se deshojan, mueren, crecen y se agostan por el calor. Veo todo el proceso desde esta impenitente ventana. Y ahora esta agua triste que lo arrastra todo a su paso, excepto la memoria. Llevo más de un mes encerrada en esta casa, sintiendo el frío y la incertidumbre, agostándome, como las margaritas, en esta espera marchita. Desde esta ventana que me cruza el alma. Recordando que me prometiste cuidar lo que amabas. Pero va pasando el tiempo. Y tú no vas a regresar, ni siquiera he podido despedirme de ti. Recordaremos este tiempo, quienes sobrevivamos. Quizás aprendamos algo. Quizás seamos mejores, aunque lo dudo. Quizás el mundo se aplaque y se cumplan tus deseos. Siempre fuiste optimista. Pero no lo verás y yo te lo contaré en sueños. Ahora llueve. Mucho. Llueve.

Tomado de la antología pequeficciones
Orígenes
A la hormiguita le contaron que Noé había fabricado un arca para salvar una pareja de animales de cada especie antes de que empezara el diluvio universal. Corrió mucho pero cuando llegó, ya había otras dos por lo que Noé no la dejaba subir. Desesperada, se puso a llorar. Un oso que también se había quedado fuera la vio tan triste que se ofreció a ser su pareja. El primer oso hormiguero no se haría esperar.
Elena Bethencourt (España).
Filóloga. Primer Premio de “La pobreza
en cien palabras” de EAPN España, 2018 y 2019; ganadora de Junio
2019 de “Relatos de abogados” de la Abogacía Española; Ganadora
de noviembre 2018 y 2019 de “Relatos en Cadena” de la Cadena Ser;
Primer Premio del Concurso de Microrrelatos AMIR, México, 2019;
Primer Premio del Concurso de Microrrelatos Redpal de Andalucía;
Primer premio de Cuentos de Navidad de Zenda, 2020.
